Capítulo 38
«Regina, habla conmigo…mi amor, habla conmigo, por favor…»
«¡Dios mío! ¡Le han disparado! ¡Necesitamos una ambulancia ahora mismo!» exclamó Víctor.
«¿Cómo es posible que le hayan disparado? ¡No escuchamos nada!» dijo Ingrid, igualmente angustiada
«Regina…por favor…» murmuraba Emma, sin contener el llanto
«¡La ambulancia ya está en camino!» dijo Víctor, tras colgar la llamada «¡Es mejor que llamen a la policía!» añadió, asustado ante la cantidad de sangre que estaba perdiendo Regina.
«¡Marco, avise a los de seguridad de que hay alguien armado en la mansión! ¡Rápido! ¡Yo llamaré a la policía!» habló Ingrid
Lo que debía ser una fiesta acabó convirtiéndose en una pesadilla. Los invitados, asustados, comenzaban a dejar la mansión, y la desesperación de Emma solo aumentaba a medida en que Víctor intentaba, sin éxito, controlar la hemorragia de Regina. Minutos después, llegó la ayuda. Regina recibió los primeros auxilios de camino al hospital.
Mientras Regina era sometida a una operación para retirarle el proyectil, Anita, comisaria de la policía federal acompañada del comisario de la policía local, conversaba con Ingrid Swan sobre lo que parecía ser un intento de asesinato.
«Es evidente que el tirador ha usado un silenciador al disparar. ¿Me sabría decir si Regina Mills tiene algún enemigo?» preguntó Anita
«No que yo sepa…»
«David» dijo Emma
«Hija, no creo que…»
«¿Quién más podría haber sido, mamá? Comisaria, hay cámaras de seguridad en casa»
«¿Una de ustedes me acompañaría para revisar el sistema de seguridad?»
«No puedo dejar a Regina sola» dijo Emma
«El ama de llaves está en casa y puede ayudarla en lo que necesite. Yo me voy a quedar con mi hija» dijo Ingrid
«Está bien. Cualquier noticia, entraré en contacto» dicho eso, Anita se retiró.
Después de un rato, finalmente Víctor, acompañado de otro médico, apareciendo trayendo noticias, y aunque las expresiones que traían parecían tranquilas, Emma sintió una angustia tremenda que ni ella misma sabría explicar.
«Dr. Víctor…diga, por favor, diga que está bien…» murmuró Emma
«El proyectil será extraído sin dificultad, sin embargo, Regina ha perdido mucha sangre y necesita urgentemente una transfusión» dijo él
«Solo que hay un problema…su tipo sanguíneo es O- y no tenemos suficiente en este momento. ¿Alguna de ustedes tiene el mismo tipo?» indagó el médico, mirando a Cora y Zelena, parientes de la víctima.
«Desgraciadamente no» dijo Cora
«¡Joder, qué mierda!» exclamó Emma, ya que nadie de su familia tenía aquel tipo sanguíneo «Ruby, por el amor de Dios…»
«Lo siento mucho, Emma…» murmuró ella
«¿Y tú, Ariel?»
«Yo…no sé qué tipo tengo»
«¡Maldición! ¿Cómo no sabes una cosa de esas?» Emma gritó, claramente desesperada.
«¡Cálmate, Emma! ¡Perder el control no ayuda en nada!» exclamó Ingrid
«Podemos hacer la prueba si la señorita está dis…» dijo Víctor
«Claro que sí…» dijo Ariel, asustada ante la actitud de Emma.
«Acompáñeme, por favor…»
Cada dos segundos, Emma miraba su reloj angustiada por la tardanza. Aunque su madre tuviese razón, era imposible no desesperarse en un momento como ese, sobre todo al ver la tranquilidad de todos mientras la razón de su existencia se debatía entre la vida y la muerte. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Anna se pronunció.
«Perdóname, Emma…» dijo ella «Me siento culpable por lo que le ha pasado a Regina»
«¿Por qué dices eso? Tú no tienes culpa de nada» dijo Emma
«Sí, la tengo» dijo ella «Cuando la comisaria vino a la mansión buscando a David, yo lo alerté para que estuviera alerta»
«¿Cómo es eso? ¿Cómo fuiste capaz de una cosa de esas?» preguntó Emma, en tono exaltado
«Hija, ¿por qué hiciste eso? Has entorpecido el trabajo de la policía…» dijo Ingrid, perpleja ante la confesión
«Me dio pena…es mi hermano y…»
«¡Él no tuvo pena del inocente que murió carbonizado!» exclamó Emma «Escucha bien, Anna…si Regina sufre algún daño o…no lo resiste…serás la única culpable y juro que nunca te perdonaré»
«Emma, no quería que…»
«¡Suéltame!»
«¡Calma, Emma!» habló Ingrid
«Reza para que Regina salga bien de esta mierda que tú has provocado!» dijo ella, y antes de que la discusión se prolongase, Víctor regresó informando de que la sangre de Ariel era compatible con la de Regina.
«¡Gracias a Dios!» dijo Cora, y por unos instantes, Emma consiguió respirar aliviada. Anna, por su parte, continuaba temerosa, sobre todo por saber que su hermana la odiaría si algo peor le sucediera a Regina.
Algunos minutos después, Ariel volvió y a petición de Ingrid, ella y Anna regresaron a casa. El médico que había realizado la operación informó de que Regina estaba fuera de peligro, sin embargo, las visitas solo podrían realizarse al día siguiente.
«Mamá, ve a casa» dijo Emma «Señora Mills, yo me quedaré aquí, vaya a descansar» añadió mirando a Cora
«Es mi hija y debo quedarme con ella»
«Yo soy más joven y estoy segura que dormir sentada en una silla no me perjudicará tanto como…»
«¿Me estás llamando viaja, mocita?» la interrumpió
«No…solo quise decir que…»
«Mamá, Emma tiene razón. Yo me quedo con ella y tú te vas a casa» se pronunció Zelena
«Está bien…pero cualquier cosa, no duden en llamarme»
Tras la marcha de Ingrid y Cora, Zelena finalmente tenía la oportunidad de conversar a solas con Emma. Desde el incidente en el que ella había disparado contra su actual cuñada, ensayó muchas veces una petición de disculpa en su cabeza, sin embargo, las trabas que iban surgiendo a lo largo de los días y las circunstancias le habían impedido realizar tal acción.
«Viendo a mi hermana de esa manera, me doy cuenta lo inconsecuente que fui cuando te disparé. Y perdóname si nunca te pedí disculpas…»
«Tus disculpas no me interesan. Quien me interesa es Regina»
«¿Eres siempre tan grosera?»
«No. Pero has escogido un pésimo día para hablar conmigo»
«Ya, me he dado cuenta. Perdóname por eso también»
«Estás perdonada. Ahora, si me permites…» dijo Emma levantándose inmediatamente
Para Emma un día no había tardado nunca en llegar como lo había hecho esa mañana de sábado. Faltaban diez minutos para las seis y el horario de visitas comenzaba a las ocho en punto. Ella dejó escapar profundos suspiros ocasionados por la impaciencia y el cansancio que sentía, tras llevarse a la boca el café que segundos antes había comprado.
«¿Dormiste en el hospital?» preguntó Víctor
«Sí…no quería dejarla sola. Por cierto, ¿puedo verla?»
«El horario de visitas comienza a las ocho»
«Lo sé, pero…¿no puede hacer una excepción por mí? Más tarde su madre vendrá y también está su hermana…quiero quedarme un tiempo sola con ella»
«Está bien. Ven conmigo»
Emma no contuvo la emoción al mismo tiempo que esbozaba una gran sonrisa. Regina no se parecía en nada a aquella mujer fuerte y decidida que estaba acostumbrada a ser.
«Está bajo el efecto de algunos medicamentos, pero pronto debe despertar» dijo Víctor
«¿Puedo quedarme aquí con ella? Prometo no hacer ruido ni tocar nada» dijo ella
«Todo bien. Avisaré a la enfermera de que he autorizado tu entrada, permiso» dicho eso, se retiró
«Pareces una niña muy pilla convenciendo a tus padres para quedarte sola en una tienda de juguetes…» murmuró Regina, en un tono de voz muy débil
«Y tú eres la criatura más hermosa que mis ojos han tenido el placer y la suerte de contemplar…» dijo Emma, acercándose lentamente
«Y yo imaginándose que serias tú quien me ibas a arrancar el vestido de mi cuerpo…» dijo Regina, recibiendo una débil sonrisa
«Mi amor, ¿cómo te sientes?» preguntó
«Contrariada…imaginé que nuestra luna de miel sería en París, no en un hospital»
«Este universo se la pasa conspirando contra nosotras»
«Sucede en las mejores historias de amor»
«No quería que sucediera en nuestra historia»
«Tengo sed…»
«No sé si puedo darte agua, pero puedo darte un beso, ¿qué te parece?»
«Boba. No me he cepillado los dientes…»
«Después la boba soy yo»
«Sí, lo eres. E idiota también. Ahora dime, ¿cómo estás?»
«Algo más tranquila ahora que he podido verte…¿recuerdas lo que pasó?» preguntó Emma
«Más o menos…cuando te giraste diciendo que ibas a buscar una copa, había una luz roja en tu hombro, y quise empujarte hacia mí. Fue entonces que…»
«Señorita, ¿qué hace aquí?» preguntó una de las enfermeras
«Yo le autorice la entrada, Margaret» dijo Víctor «Regina, ¿cómo te sientes?» preguntó, acercándose
«Estoy bien, pero tengo sed…»
«Margaret, tráigale un poco de agua, por favor…»
«¿Cuándo saldré de aquí?» preguntó
«En breve…te quedarás en observación y mañana mismo te daremos el alta. Ah, la comisaria está ahí…quiere hacerte unas preguntas»
«Regina necesita descansar. ¿No puede venir más tarde?» preguntó Emma
«Está bien, mi amor. Dígale que estoy bien para dar mi testimonio, Dr. Víctor» dijo Regina
«Aquí está el agua…»
«Gracias, Margaret. Avise a la comisaria de que puede entrar»
Tras relatar exactamente lo que le había dicho a Emma, Regina, así como la comisaria y todos los que allí estaban, comprendieron que aquel proyectil no iba destinado a ella, ya que la mira láser del arma usada para efectuar el disparo estaba direccionada al cuerpo de Emma. Ese hecho se comprobaría más tarde con las cámaras de seguridad cuyas grabaciones ya estaba siendo enviadas para su análisis.
Minutos después, la comisaria dejó el hospital y la habitación se llenó con la presencia de los familiares. Emma salió para que Cora y Zelena pudieran conversar con Regina, y afuera, ella comentó con Ingrid sobre la verdadera diana en la ceremonia de su boda.
«Dios mío…solo puede haberse vuelto loco…» dijo Ingrid «No estaré tranquila hasta que no lo vea preso»
«Parece que su odio crece cada día un poco más. ¿Estás segura de que es hijo de mi padre? Porque es difícil asumir que alguien sea tan…monstruoso» dijo Emma
«Hablaré con la comisaria para que ponga dos policías aquí»
«No es necesario, mamá. Mañana Regina recibirá el alta y todo estará bien…»
A la mañana siguiente, según Víctor había informado, Regina recibiría el alta tras la visita del médico.
«¿El médico va a tardar mucho?» preguntó Regina
«No, señora. Su madre ya está hablando con él y enseguida vendrá» dijo la enfermera «¡Su hermana es una muchacha muy fuerte! Si es por ella, le hubiéramos sacado toda la sangre de su cuerpo» añadió en tono de broma
«¿Mi hermana?» preguntó Regina
«Sí, la que le donó su sangre»
«Emma…¿no me habías dicho que quien donó la sangre había sido Ariel?» murmuró Regina, claramente sorprendida
«Sí, era la única persona con el mismo tipo sanguíneo que tú» dijo Emma, tan sorprendida como ella
«¿Algún problema? ¿Usted no sabía que aquella muchachita era su hermana?» preguntó la enfermera, confusa
Mientras Emma y Regina se miraban asustadas con aquella revelación, Víctor, acompañado de Zelena entró en el cuarto. Al ser cuestionado sobre el parentesco de Regina y Zelena con Ariel, Víctor confirmó lo que hasta ese momento no pasaba de una sospecha.
«No puedo creer que Ariel sea la hija que papá tuvo fuera del matrimonio» comentó Zelena
«¿Qué es lo que has dicho, Zelena?» preguntó Cora «¿La nieta del pescador es la hija bastarda de Henry?» indagó, incrédula
«Sí, señora Mills. Cuando le sacamos la sangre para…»
«¡Ya sé lo que me va a decir! ¡Pero ya adelanto que no pretendo aceptar a esa bastarda en mi casa!»
«Mamá, por favor…este no es el lugar, ni el mejor momento» dijo Zelena
«¡El médico ya te ha dado el alta! ¡Vámonos de aquí ahora mismo!»
«Regina se vendrá a mi casa, Cora» dijo Emma
«¡De ninguna manera! ¡Es mi hija y se vendrá conmigo!»
«Es mi esposa y…»
«¡Emma! Por favor…las dos, paren ya con esto» interrumpió Regina «Creo que será mejor que me recupere en casa…tú tendrás que volver a la oficina y mientras yo esté de reposo, será mejor que me quede con mamá» añadió, agarrándole suavemente la mano.
«Está bien entonces»
Tras acompañar a Regina hasta su casa, Emma volvió a la mansión, sorprendiendo a Ingrid al revelarle la información sobre el parentesco de Ariel con la familia Mills. Aunque Ariel mereciese saber la verdad, Emma prefirió dejar que Regina o Zelena hablaran con ella sobre eso, a fin de cuentas, era un asunto de familia y solo les incumbía a ellas contárselo o no.
Al final de día, Anita apareció con nuevas informaciones sobre el intento de asesinato, y como ya imaginaban, David era el responsable de aquella casi tragedia.
«Llevaba ropa de camarero. Los cabellos están más largos y con barba, por eso consiguió pasar desapercibido entre los demás» explicaba Anita «Como ya había dicho, usó un silenciador y una mira láser para cometer el delito, y si Regina no se hubiera puesto en medio, el proyectil la hubiera alcanzado a usted, no a ella» añadió, mirando a Emma
«No va a descansar hasta conseguir lo que quiere» dijo Ingrid
«No se preocupen…estamos muy cerca de atraparlo, y por precaución, dos policías de paisano estarán circulando por las cercanías de la mansión y de las oficinas donde su hija trabaja»
«Gracias, comisaria…»
«No hay de qué, señora Swan. Quédese tranquila…y cualquier cosa, no dude en llamarme» se despidió y se marchó
«Mamá, voy a ver a Regina» dijo Emma
«¿Ariel va contigo?» preguntó Ingrid
«Sí…Regina me pidió que la llevara. Quiere agradecerle lo que hizo»
«Vale…pero no vengan muy tarde…me quedo preocupada»
«No te preocupes, mamá. Volveremos pronto»
Mientras conducía hacia la casa de la familia Mills, Emma se disculpaba con Ariel por la forma grosera en que le había hablado. Aunque intentaba evitarlo, cualquier asunto relacionado con Regina la turbaba, sobre todo tratándose de su integridad física.
«Llegamos» dijo Emma
«¿Por qué ustedes tenéis casas tan grandes para tan pocas personas?» cuestionó Ariel.
«Te deberé esta» respondió ella, apretando el timbre
«¿Qué está haciendo esta muchacha aquí?» preguntó Cora, en cuanto la puerta se abrió
«Regina me pidió que la trajera porque…»
«¡No quiero a esta bastarda aquí! ¡Salga de mi casa, ahora!
