Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto
Capítulo 37 – Por mi culpa
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—¿La encontraron?
—No.
—¿Y ustedes?
—Tampoco.
—Es como si se la hubiera tragado la tierra.
Shikamaru apretó los puños con fuerza y maldijo ante las respuestas de sus compañeros de equipo. Horas atrás, cuando vieron que Ino no llgaba a la reunión de esa noche, pensaron que de seguro se estaba demorando en cambiarse de ropa o algo por el estilo, pero cuando vieron que el tiempo seguía pasando y ella seguía sin aparecer, comenzaron a preocuparse por ella. Y ahora ya llevaban más de dos horas recorriendo toda la ciudad de Suna en su busqueda, sin lograr ningún resultado positivo.
Y ya era más de media noche…
—¿Y pudieron encontrar a Matsuri?
Los de Konoha negaron nuevamente. A ella tampoco habían logrado ubicarla.
Según Neji, esa tarde habían detectado a la ex–alumna de Gaara siguiéndolos en la zona sur de la ciudad, pero no le había prestado mayor importancia al hecho. Ahora que Ino estaba desaparecida, cualquier pista podía servir de utilidad.
—¿Estás seguro que ella estaba siguiendo a Ino? —preguntó nuevamente el Nara, aún no muy convencido. No entendía que tendría que ver Matsuri en ello, aún la recordaba como una joven honesta y bastante dulce.
—Sí—contestó el de ojos nacarados—Ino misma me lo confirmó. Lleva más de una semana siguiéndola.
—¿Y crees que esa chica le pudo hacer algo a Ino? —preguntó a su lado Tenten.
—No, lo creo—contestó Hyuuga— No parecía representar problema. A demás, solo es una gennin y no tiene grandes habilidades. Ino es más fuerte que ella.
Apenas el shinobi dijo lo último, la castaña lo miro boquiabierta y los colores se le fueron del rostro. A su lado, Kiba hizo el mismo gesto que la castaña, pero con cierto toque cómico a su rostro.
—Vaya, no es común escucharte haciendo cumplidos a la gente—ironizó finalmente.
El genio Hyuuga cerró los ojos por unos instantes e ignoró las palabras del "chico perro".
El Nara frunció el ceño con molestia antes de hablar.
—No debiste dejarla ir sola—acusó, casi en forma involuntaria.
—Ella me dijo que iría a la mansión a tomar una ducha. No vi peligro en ello.
El genio tuvo que darle crédito al Hyuuga por lo que acababa de decir. A decir verdad, él tampoco hubiera encontrado problemas en que Ino regresara sola a la mansión. Pero eso no le restaba culpa al shinobi…
—Bueno, ¿Y ahora que vamos a hacer? ¿Pelear entre nosotros y esperar a que Ino aparezca de la nada? ¿O seguir buscando?
El castaño miró a la experta en armas y luego asintió. Ella tenía razón, nada ganaban peleando.
—Podríamos…—estaban por decir algo, cuando de pronto dos sombras se les aparecieron repentinamente. No hizo falta esfuerzo alguno para reconocerlas.
—¿Y ya se dignó en aparecer la rubia tonta?—fue lo primero que dijo Temari al llegar, asegurándose de darle a su voz un tono lo suficientemente irritante como para ocultar en ello su preocupación.
—No—contestó Shikamaru—ni ella ni Matsuri han dado señales.
—Demonios…—Kankuro frunció el ceño y luego desvió la mirada hacia la ciudad, preocupado. Si Gaara se entera, vamos a tener problemas…
Desde su posición, Shikamaru miró a sus compañeros y luego frunció el ceño con molestia. Tenía en su grupo a dos usuarios de Byakugan, el olfato desarrollado de Kiba, y a dos residentes que conocían Suna mejor que nadie. Y aún así, no lograban dar con su amiga.
Necesitaban ayuda, y pronto.
Dirigió la mirada a Kankuro, y de pronto un pensamiento llegó a su mente. Ahora que lo pensaba, era muy extraño que Gaara no estuviese ahí. A decir verdad, había imaginado que el shinobi vendría de inmediato apenas supiera que Ino estaba desaparecida. Aún podía recordar cómo el Sabaku No movió cielo y tierra y acabó con todo un ejército para salvar a Ino durante el último ataque a Suna. Claro que esa ocasión casi pierde el control del Shukaku y…
De pronto, levantó la mirada y observó con los ojos dilatados a Kankuro y Temari.
¿Acaso Gaara…
—¿Entonces qué haremos? —interrogó nuevamente la experta en armas.
Shikamaru sacudió la cabeza y se obligó a enfocarse en la desaparición de su amiga. Lo que hubiera ocurrido con Gaara, tendría que esperar para más tarde.
—Volvamos a peinar la zona. Recorran el camino que debió tomar Ino hacia la mansión y busquen pistas.
Apenas el Nara terminó de hablar, los shinobis asintieron y comenzaron con la búsqueda.
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En medio de la oscuridad, y luego de haber estado por horas en estado de semiinconsciencia, Gaara abrió los ojos lentamente y miró a sus alrededores con dificultad, confundido y mareado. Al principio, no pudo descifrar donde se encontraba. Solo sabía que estaba en un sitio frío, sin luz y silencioso, que olía a tierra húmeda, flores y naturaleza.
Un sitio que le recordaba a Ino.
"El invernadero…"
Ino…
De pronto, los recuerdos de lo que vio la noche pasada en las calles de Suna llegaron a su mente. La imagen de Ino sujeta al brazo del Hyuuga, mientras éste el tomaba del mentón y se acercaba a ella le hizo parpadear por unos segundos y apretar los puños con fuerza de la ira. Pero justo cuando comenzaba a dejarse llevar por la furia, otro recuerdo lo obligó a detenerse…
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—¡Gaara, tienes que escucharme! ¡Gaara!
El pelirrojo gruñó enfurecido y apretó la mandíbula con fuerza, listo para empujar a su hermano y desatar su ira. Kankuro insistió.
—Escúchame—le dijo mirándolo a los ojos, e ignorando el dolor en sus brazos—Lo que acabas de ver es una farsa. Ino y Neji solo están fingiendo que salen. Tuvieron un problema fuera de la ciudad y no les quedó otra alternativa que inventar que eran novios. ¡No es real!
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"No es real…"
No es real, no es real, no es real… se repitió una y otra vez en su mente, mientras respiración agitado y se obligándose a reaccionar. Los ojos se le habían puesto rojos y las manos le temblaron por varios segundos, pero luego de un gran esfuerzo logró recuperar la calma. Le debía una a Kankuro.
Una vez recuperado, respiró hondo y se cogió las sienes por unos instantes. Sentía como si la cabeza le fuera a estallar del dolor y las extremidades las tenía entumecidas, pero eso era todo.
Aún mareado, se levantó con lentitud y caminó torpemente por la habitación. Tropezó un par de veces y decidió prender los interruptores para poder ver por donde iba, pero en cuanto lo hizo, terminó quedándose boquiabierto. El invernadero estaba hecho un desastre. Las mesas estaban amontonadas, varios maceteros yacían quebrados en el suelo, y había tierra por todas partes. Y en el fondo de la habitación, justo en el lugar donde se había despertado, podían verse los sellos que él mismo había dibujado con la ayuda de su hermano para controlar al Shukaku.
Era una suerte que lo hubiera logrado.
Aún desorientado, se dio la vuelta y se dispuso a partir, pero al tocar la perilla de la puerta una sensación incómoda le hizo detenerse. De pronto, una serie de imágenes borrosas llegaron a su mente… todas relacionadas a Ino.
Sí, había estado ahí. Ella entró al invernadero para hablar con él. ¿Qué ocurrió luego? Si mas no lo recordaba, ella dijo algo. No podía recordarlo… pero ella habló. Quiso preguntar por el. Estaba preocuada… por él.
¿Y qué pasó después? Cerró los ojos e hizo un intento por recordar lo que ocurrió luego, pero cuando lo hizo abrió los ojos de golpe y se quedó boquiabierto.
Sí, ahora lo recordaba todo. Ino encendió las luces del invernadero e intentó acercarse a él, y él… la lanzó fuera del invernadero. Ella lo había mirado con esos hermosos ojos azul cielo llenos de preocupación, y en ese momento el Shukaku clamó por su sangre. Lo único que pudo hacer para salvarla, fue sacarla de ahí.
Arrojándola como si fuera un objeto inservible…
Ino…
Diablos, qué hice…
Obligándose a reaccionar, sacudió la cabeza y abrió la puerta de golpe, derribó el muro de arena que él mismo había levantado el día anterior, y salió del lugar.
Una vez en el exterior, caminó por los antiguos pasillos de la mansión con rapidez y se dirigió a la parte en que éstos se conectaban con la zona habitada de la edificación, para atravezarla. En cuanto llegó al pasillo principal, siguió derecho hasta llegar a la parte en donde se dividía en zona de invitados y zona de residentes, y tomó el pasillo que lo debía llevar a las habitaciones de Ino, pero apenas dio un par de pasos, se detuvo.
Ella no estaba ahí.
Es más, no había nadie en la zoona.
¿Dónde pueden estar?
Entrecerró los ojos y se concentró, y pronto lo tuvo todo claro. Aún era de noche, la noche antes de la ceremonia de ascenso a Kazekage, lo que solo podía significar una cosa: tanto sus hermanos como los de Konoha estaban en el exterior, investigando.
En el acto, desapareció en una nube de arena y salió de la mansión…
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Luego de recorrer Suna por tercera vez en la noche, los shinobis volvieron a reunirse a las afueras de la ciudad, cansados y descorazonados.
—¿Encontraron alguna pista? —fue lo primero que preguntó Shikamaru apenas recuperó el aliento. Era obvio que no habían encontrado a Ino, pero tal vez habían encontrado alguna pista. Lamentablemente, no recibió la respuesta que esperaba.
Todos negaron en el acto y miraron al suelo, sin saber qué decir. El tiempo seguía corriendo y no había rastro de su compañera, ni siquiera una pista. Ni de ella, ni de Matsuri.
Al ver que no estaban llegando a nada, Shikamaru pidió a todos que se sentaran y luego él hizo lo mismo. Una vez en el suelo, apoyó los codos en las rodillas y colocó las manos en forma circular frente suyo, para luego cerrar los ojos y comenzar a meditar. Un par de minutos pasaron antes de que abriera los ojos de repente, llenos de angustia y preocupación.
En efecto, no había duda de que Ino había sido secuestrada. Ahora, la pregunta era, ¿Por qué alguien secuestraría Ino, que era una simple kunoichi de Konoha, si podían haber hecho lo mismo con un alto mandatario de su ciudad? ¿O de las otras ciudades? Después de todo, Suna estaba repleta de peces gordos a los que podían sacarle mucho más provecho. ¿Qué podía tener Ino en particular?
Solo había una respuesta a sus preguntas: Gaara…
¡Maldición!
Preocupado, el castaño estaba por hablar, cuando de pronto un remolino de arena se alzó alrededor de todos, cubriéndolos por completo y tapando su visión.
Para cuando la arena se asentó, frente a ellos apareció una figura de cabellos rojos encendidos, cubierta por una capa que flotaba con el viento, los brazos cruzados a la altura del pecho, un enorme bulto en la espalda, y una mirada gélida que de inmediato despertó el sentido de alerta de todos los presentes...
Solo le tomó unos instantes a Kankuro y Temari antes de reconocer a la presencia que acababa de aparecer frente a ellos.
—Gaara…
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Apenas estuvo frente a todos, el poderoso shinobi escaneó al grupo con sus afilados ojos verde aguamarina, como si estuviese pensando en algo que nadie podía descifrar. Su aura era innegablemente poderosa y su mirada imponía respeto, y también algo de temor. Era como si estuviese en su elemento, como si nadie pudiera doblegarlo.
Sin embargo, lo que ocurría dentro de su mente era otra historia…
Por otro lado, la presencia del shinobi hizo que todos se tensaran aún más, si acaso fuera posible. Al verlo, Shikamaru supo en el acto que la presencia del shinobi podía traerle más problemas que beneficios. Lo mismo con Chouji. Temari maldijo y Kankuro sintió como si acabara de perder todas sus fuerzas. Neji y Hinata fruncieron en ceño y luego se miraron el uno al otro con preocupación; ambos notaron una extraña anomalía en el flujo de chacra del de la arena. Y en cuanto a Kiba y Tenten, aunque ellos no tenían conocimiento sobre la relación entre Gaara e Ino, no dejaron pasar por alto la tensión que se formó en el ambiente.
Luego de mirar a todos, el pelirrojo fijó su mirada en el castaño y frunció el ceño.
—¿Qué sucedió? —preguntó, rompiendo con la tensión del momento. O tal vez aumentándola.
Kankuro miró a su hermano y tragó saliva, preocupado. ¿Cómo iba a reaccionar su hermano si le contaba que Ino estaba desaparecida?
Mierda…
—Ehhh…
—No sabemos dónde está Ino— Shikamaru se adelantó a contestar, firme en sus palabras—Llevamos buscándola varias horas y no hemos podido dar con ella. Creemos que ha sido secuestrada.
El shinobi abrió los ojos y dio un paso hacia atrás en señal de preocupación, pero mantuvo la calma. A decir verdad, la noticia no le estaba cogiendo por sorpresa. Minutos atrás, cuando sintió que sus hermanos y los de Konoha corrían hacia un punto en común, se apresuró a seguirlos mientras identificaba quienes eran cada uno de ellos. Al darse cuenta que Ino no estaba entre ellos, supo que algo andaba mal. No la había sentido en la mansión, ni tampoco cuando recorrió toda la ciudad, buscándola. Si ahora no estaba con su equipo… solo podía haber una explicación: que hubiera sido secuestrada.
Pero en cuanto el castaño le confirmó sus dudas con aquellas palabras, sintió un enorme vacío en su interior. Un dolor. Angustia, desesperación, y un sinfín de emociones que no había conocido con anterioridad. Emociones que pronto se obligó a disimular…
—¿Saben quién la tiene? —preguntó, haciendo esfuerzo por no mostrarse tan preocupado. Algo en su interior le decía que debía mantener la calma y no mostrar sus emociones, por el bien de Ino.
—No—esta vez, Kankuro tomó la palabra—simplemente desapareció. Nadie se ha intentado comunicar con nosotros.
—¿Pudieron ser los guerrilleros? —siguió preguntando.
—No lo sabemos.
El shinobi frunció el ceño ante la respuesta. Tenían que ser los guerrilleros, ¿O no? Y si no eran ellos, ¿Quien más podría haber sido?
—Matsuri también desapareció—dijo de pronto Temari, mirando seria a su hermano.
—Creemos que pudieron secuestrarlas a ambas.
Esta vez, Gaara no pudo evitar mostrar su confusión. Ahora no solo estaba preocupado por Ino, estaba intrigado.
—¿Pero… por qué harían algo así? —el pelirrojo preguntó más para sí mismo que para el grupo.
—No lo sabemos—dijo Shikamaru a modo de respuesta—solo sabemos que Matsuri ha estado siguiendo a Ino los últimos días, y ahora ambas han desaparecido.
La confusión en el rostro del menor de los Sabaku fue más que evidente. ¿Por qué Matsuri estaría siguiendo a Ino? Se preguntó una y otra vez. Aquello no tenía sentido, ¿O si?
Estaba buscando una respuesta a sus dudas, cuando de pronto recordó que en una ocasión vio a Matsuri e Ino caminando juntas en la ciudad, hacia el hospital de Suna. En aquel momento le pareció extraña la escena ya que pensó que no se conocían, pero luego le restó importancia. ¿Podría ser que desde ese entonces ya estaba siguiendo a su novia? ¿Y por qué lo estaba haciendo?
Tal vez alguien se lo había encargado…
De pronto, tanto Kankuro como Gaara reaccionaron y se miraron el uno al otro. La respuesta llegó a su mente como un disparo. El Concejo…
En el acto, ambos se miraron y estaba por partir hacia la ciudad para encarar a los ancianos del Concejo, cuando de pronto las palabras de Shikamaru los detuvieron.
—¡Diablos! Como no lo pensé antes—gritó de pronto el Nara
—¿Ya sabes qué ocurrió? —preguntó a su lado Temari.
—Dame un minuto.
De inmediato, él castaño cerró los ojos y volvió a colocar las manos frente suyo en forma de círculo. Gaara reconoció de inmediato el gesto del que Ino ya le había hablado noches atrás, por lo que esperó pacientemente. Luego de varios segundos, el shinobi abrió los ojos de golpe y miró a todos con terror en los ojos.
—Las señales que vimos en la ciudad, ¿Las recuerdan? Los agujeros que vieron Hinata y Kiba, el espacio hueco que encontraron Kankuro y Tenten, el mirador…
—¿Qué hay con eso? Descartamos que tuvieran relación el ataque de mañana porque eran muy pocas señales.
—En efecto, esas marcas no fueron hechas para un ataque a la ciudad. Las hicieron para infiltrar a un grupo reducido.
—Un grupo reducido para…
—Para secuestrar a Ino—dijo finalmente—. Matsuri debe haber estado cerca y la terminaron secuestrando para no dejar testigos.
Apenas Shikamaru terminó de hablar, un incómodo silencio se formó en el ambiente.
Al principio, habían asumido que las pistas encontradas eran para el ataque a Suna, pero luego las descartaron por ser demasiado pocas, hechas por un grupo de máximo quince personas que seguramente no representaban peligro para ciudad. Pero ahora, todo tenía sentido.
Solo quedaba un detalle por resolver…
—¿Y por qué harían tanto trabajo solo para secuestrar a Ino? Digo, no me lo tomen a mal pero ella es solo una kunoichi.
Todos se miraron en silencio ante el comentario del Inuzuka, no pudiendo evitar mostrar su incomodidad en el rostro. Solo Kiba y Tenten no comprendían lo delicado de la situación.
Y en cuanto a Gaara…
La culpa lo estaba carcomiendo.
Eso, y una inmensa preocupación que no le cabía en el pecho.
—¿Y ahora qué haremos?
El castaño resopló antes de hablar
—Kankuro, Tenten, lleven a Hinata al lugar que encontraron esta tarde y que parecía una bóveda subterránea, e investiguen. Kiba, llévate a Temari y a Chouji contigo y muéstrales las marcas que vieron ayer. Neji, tú vienes con Gaara y conmigo, vamos al mirador.
Luego de dar las indicaciones, los grupos asintieron y partieron.
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Luego de varios minutos saltando sobre los techos de Suna, el equipo formado solo por varones llegó al mirador. En el acto, el Hyuuga sacó un mapa que había sido marcado anteriormente por Shikamaru y comenzó a hacer unos trazos.
—En este punto—dijo, señalando un lugar cerca a donde estaban—noté que alguien nos seguía. Luego llegamos acá y vi a Matsuri tras unos árboles escondida.
—¿Matsuri los estuvo siguiendo todo ese tiempo?
—No solo ella. Alguien más nos estaba siguiendo.
—Ese alguien estaba esperando a que Ino estuviera sola para atacar.
Los de Konoha miraron de reojo al de Suna apenas éste tomó la palabra. Casi imperceptible, podían sentir la preocupación en el tono de su voz, mismo que se reflejaba en sus ojos verdes aguamarina, ahora opacos.
Shikamaru sabía que no era bueno que Gaara estuviese así. Aún podía recordar lo mal que se puso cuando casi pierde el control del Shukaku, Por eso mismo le había pedido que viniera con él, para poder mantenerlo controlado; y había escogido a Neji para completar su grupo esperando que éste pudiera leer su flujo de chacra, y les advirtiera de cualquier anomalía que pudiera ocurrir.
A demás, no podía negar que era interesante averiguar que tanto podían descubrir los tres juntos…
—Bien. Entonces, estos son los puntos donde los chicos encontraron las marcas, y éste es el suelo hueco que sintieron Kankuro y Tenten—siguió Shikamaru.
—Marquen en el mapa el camino que debió tomar Ino para regresar a la mansión.
Shikamaru le dio el mapa a Neji y éste comenzó a hacer lo que pidió el Sabaku No. Cuando lo hizo, los tres miraron serios el pedazo de papel frente suyo. Era como si se alinearan a la perfección.
Sin decir más, los tres se levantaron y comenzaron a hacer una inspección minuciosa del lugar donde se encontraban. El Hyuuga activó su Kekke genkai y comenzó a escanear la zona. Gaara, por su parte, cerró los ojos y dejó que la arena de su calabaza saliera a recorrer la zona. Shikamaru se acercó al borde del mirador y se quedó mirando el panorama frente a sí mientras analizaba lo ocurrido.
—Estuvieron aquí luego de que Ino y yo nos fuimos—dijo de repente el Hyuuga.
—¿Cómo lo sabes?
—Borraron sus huellas accidentalmente cuando borraban las de ellos—se adelantó a contestar el Sabaku.
—¿Saben? Es curioso que desde este sitio, puedan verse todos los lugares marcados en el mapa.
Tanto Neji como Gaara reaccionaron en el acto y se acercaron al Nara a ver el panorama. En efecto, podían distinguirse los sitios marcados por sus compañeros desde ese lugar.
—Un grupo partió tras Ino—dijo de repente, señalando hacia el camino que su amiga debió tomar hacia la mansión—otro grupo partió hacia la bóveda bajo el suelo que encontraron Tenten y Kankuro—dijo después, señalando el siguiente punto.
—¿Crees que la tengan ahí? —preguntó en el acto Gaara.
Sin contestar a la pregunta del de la arena, el de Konoha continuó.
—El último grupo partió hacia las marcas encontradas por Kiba y Hinata. Esas marcas son su clave para saber por dónde comenzar.
—¿Dónde comenzar qué? —preguntó Neji.
—Su fuga.
Apretando los puños con fuerza, Gaara cerró los ojos y respiró profundo. Cada vez se le hacía más dificil mantenerse calmado y centrado, pero ahora sabía que debía hacerlo cueste lo que cueste. Si sus enemigos llegaban a notar lo importante que Ino era para él, ella iba a correr más peligro… y todo iba a ser culpa.
Luego de respirar hondo un par de veces más, el shinobi abrió los ojos y se tranquilizó. O al menos eso aparentaba desde afuera.
—Vamos.
Los shinobis estaban por partir, cuando de pronto una kunai pasó cerca al rostro de Shikamaru y terminó clavándose en una columna de madera cerca de donde estaban. El arma tenía una carta atada al mango.
Cuando éste se acercó a recogerla, pudo ver a quien estaba dirigida.
—Toma—le dijo serio a Gaara, entregándole el sobre—es para ti.
En silencio, el shinobi cogió la pieza de papel y comenzó a leerla detenidamente. Para cuando terminó, estaba más pálido que nunca.
—Tenemos que atrapar al que lanzó esta carta—dijo de repente, reaccionando y volteándose hacia el lugar de donde sintieron venir el arma. Sin decir más, partió hacia dicho lugar.
Los otros dos reaccionaron en el acto y lo siguieron. En cuanto lo alcanzaron, Shikamaru se le acercó y le habló.
—¿Qué decía la carta? —preguntó, bastante preocupado. El pelirrojo lo miró de reojo por unos instantes, luego le entregó la carta.
—Diablos…—fue todo lo que dijo el Nara antes de continuar.
Neji fue el último en tener la carta en sus manos. Cuando la vio, se quedó paralizado.
"Si quieres saber dónde está tu novia, atrápame…"
Obligándose a reaccionar, corrió tras los otros dos hasta alcanzarlos, y luego habló.
—¿Saben que es una trampa, verdad?
—Lo sé—contestó en el acto Gaara—pero también sé que ese tipo nos puede dar una pista sobre dónde está Ino.
Sin otra opción, los de Konoha asintieron a las palabras del de Suna y siguieron avanzando.
Continuaron corriendo por la ciudad por varios instantes, hasta que llegaron a un punto cerca al centro de la ciudad, donde se detuvieron y miraron a sus alrededores.
Neji activó su Byakugan y buscó a su presa con detenimiento. Terminó mirando fijamente hacia un punto al Oeste, con el ceño fruncido.
—Hacia allá—dijo, señalando la zona Oeste de la ciudad—se dirigen hacia donde está Hinata-sama con Kankuro-san y Tenten.
Apenas escucharon eso, los tres partieron a toda prisa. Si el shinobi que acababa de amenazarlos era tan bueno como lo aparentaba, sus amigos corrían peligro. Más aún, cuando en su grupo tenían a un shinobi con los brazos vendados, al que sus compañeras tendrían que proteger...
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Acelerando el paso, Neji corrió tras el enemigo mientras éste se dirigía hacia donde estaba le grupo de su prima. En cuanto pudo verla, la encontró con su Kekke Genkai activado, parada sobre un campo vacío con su compañera de equipo y el hermano de Gaara. Siguió derecho y esperó paciente hasta entrar en el campo de visión de ella, y luego llamó su atención.
En cuanto Hinata vio que su primo se acercaba a ellos levantó la mirada y la dirigió a él. En el acto, el Hyuuga le hizo una seña y luego le indicó un punto entre ambos. Ella dirigió su mirada hacia ese punto, y de inmediato su rostro se ensombreció. Sin embargo, justo cuando les iba a advertir a sus compañeros, los tres dieron un respingo al sentir que el suelo sobre el que estaban parados, comenzaba a resquebrajarse…
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Serio, Neji frunció el ceño mientras observaba lo que estaba ocurriendo con el grupo de su prima.
—La bóveda sobre la que están parados comienza a derrumbarse.
En el acto, Gaara soltó parte de la arena de su calabaza y la dirigió hacia donde se encontraban su hermano y las kunoichis de la aldea de la Hoja. La arena surcó el cielo y luego cayó en picada hacia el suelo, para terminar deslizándose hacia adelante, hasta aparecer bajo los pies de Kankuro y las chicas en forma de una capa sólida, evitando que se hundieran junto con la bóveda.
Pero justo cuando comenzaban a respirar aliviados, una serie de armas fueron lanzadas en su dirección.
Rápidamente, Hinata y Tenten se posicionaron delante de Kankuro y se prepararon para recibir el ataque. Hinata alzó los brazos y, haciendo gala de su Juuken, los deslizó en forma grácil alrededor suyo y desvió todas las armas que estuvieron a su alcance. A su lado, Tenten desplegó otro contingente de armas similares al que les fue lanzado, para contrarrestar el ataque. Kankuro hizo lo mejor que pudo evitando que las armas le hicieran daño, odiándose a sí mismo por no poder ser de mayor ayuda.
Cuando terminó el ataque, los shinobis respiraron hondo y luego miraron al cielo buscando al responsable. Sin embargo, terminaron encontrándose con otra sorpresa que no esperaban.
De pronto, vieron con horror que otro contingente de armas caía sobre ellos, sin darles opción a escapar. Pero justo cuando se preparaban para recibir el ataque, una pared de arena se alzó alrededor de los tres, hasta cubrirlos. Kankuro no tardó en identificar al artífice de su salvación.
A pocos metros de distancia, los varones estaban por llegar a la zona de los hechos, cuando de pronto Shikamaru se detuvo, y miró al Sabaku No con seriedad.
—Sácalos de ahí y luego deja que la bóveda se hunda.
Gaara observó incrédulo al novio de su hermana, pero hizo como éste le pidió.
De pronto, la arena que cubría a las kunoichis y a Kankuro terminó por cerrarse, hasta formar un capullo. Luego, hizo rodar la enorme esfera de arena hasta sacarla del lugar donde estaba. Finalmente, retiró la arena que había enviado para sostener el techo de la bóveda subterránea. Y luego de eso, esperaron.
Frente a sus ojos, los shinobis vieron como lo que antes fuera una bóveda subterránea, se convirtió en una especie de remolino de arena que succionaba todo a su alrededor. Poco después, vieron como una sombra que caía justo en el centro del remolino, desapareciendo.
Para cuando los shinobis llegaron a la zona, Gaara deshizo el capullo donde se encontraban las chicas y su hermano, y luego miró enfurecido a Shikamaru. Éste se apresuró en dar las explicaciones del caso
—Dejemos que escape, después de todo, ya sabemos a dónde va—dijo, señalando hacia donde estaban el grupo de Temari. Neji en el acto activó su Byakugan y terminó confirmando las palabras del castaño.
Sin perder más tiempo, los tres asintieron y corrieron lo más rápido que pudieron. Si tenían suerte, la arena iba a alentar el avance del espía y eso les daba ventaja. No querían que cogiera por sorpresa a sus compañeros.
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En pocos minutos, los tres shinobis atravesaron la ciudad oculta en la arena de Oeste a Este. A pesar que ya sabían era el destino de su rival, decidieron seguirlo desde la superficie con el Byakugan de Neji para no perderlo de vista.
Mientras corrían, el Hyuuga se quedó mirando serio el suelo por unos instantes, meditando...
—Veo una extraña red de chacra en esta zona—informó de repente.
—¿Cómo la que viste en la entrada de Suna durante el último ataque?
—Exacto.
Shikamaru frunció el ceño ante la información que le acababan de dar. Tal y como lo había pensado, estos shinobis poseían una extraña forma de manipular la arena, pudiendo crear túneles en el subsuelo para luego deshacerlos sin dejar rastro. Por eso es que podían infiltrarse fácilmente en cualquier sitio sin ser detectados…
Estaban ya a escasos metros del grupo que había partido al Este, cuando de pronto el shinobi espía se detuvo. Preocupado, Neji se detuvo y observó hacia el suelo el lugar donde debía estar el enemigo, pero no lo encontró. Estaba por decir algo, cuando de pronto algo que vio le hizo retroceder rápidamente.
—¡Una bomba!
En el acto, Neji y Shikamaru se hicieron a un lado y se resguardaron a modo de protección. Gaara actuó más rápido que ellos y selló la zona con su arena, evitando que la explosión hiciera algún daño. La distracción bastó para que su enemigo huyera…
—¿Dónde está? —le preguntó de inmediato al Hyuuga.
Neji activó nuevamente su doujutsu, y se quedó paralizado mirando hacia sus compañeros.
—Va a atacar a los chicos…
Apenas dijo eso último, cuando de pronto escucharon una explosión.
—Rayos.
Esta vez, el primero en correr fue Shikamaru. El castaño corrió hacia el lugar de donde había provenido intenso el ruido. No encontró rastro de ninguno de ellos, lo que significaba que habían escapado a la explosión.
—Allá—dijo de pronto Neji, quien acababa de llegar a su lado.
Apenas ubicaron a su rival, los shinobis se prepararon para atacar, pero justo en ese momento una fuerte ráfaga de aire llego desde otra dirección, lanzando al enemigo hacia el suelo.
En ese lugar fue recibido por las manos de Chouji, que se habían incrementado notablemente de tamaño.
—¿Lo hicimos bien, no? —preguntó de repente Kiba, apareciendo al lado de los tres.
Apenas acababa de hablar el Inuzuka, cuando otra explosión llegó directo desde las manos de Chouji, quien tuvo que soltar a su rival por el dolor.
—Maldición…
Sin embargo, justo cuando el espía se disponía a escapar del lugar, una fina capa de arena llegó hasta él y lo detuvo.
En el acto, Gaara llegó a la escena con la mirada seria fija en el enemigo.
—¿Dónde está Ino? —preguntó, mientras su arena comenzara a cubrirlo hasta llegar al cuello.
Los demás llegaron rápidamente hasta donde estaba el pelirrojo y esperaron una respuesta.
Terminaron esperando en vano.
El espía miró a los shinobis y comenzó a reír en forma burlona, como si le hubieran contado el mejor chiste de su vida. Incluso cuando Gaara hizo que la arena apretara con más fuerza sus extremidades y su tórax, siguió riendo.
—Te hice una pregunta—volvió a insistir el manipulador de la arena, intensificando la presión en su enemigo. Este comenzó a toser sangre, pero siguió riendo.
—Gaara…— su hermana se le acercó, preocupada—lo necesitamos con vida.
—Lo sé—contestó el menor.
—Vaya, vaya…— dijo de pronto el espía—parece que… —tosió un poco de sangre y luego continuó—sí valió la pena secuestrarla.
Shikamaru dio un paso adelante y habló.
—¿Para qué quieren a Ino?
El enemigo rió burlonamente
—Para…—tosió con fuerza bastante sangre, pero luego rió— hacer sufrir al niño que quiere ser Kazekage.
Gaara apretó los puños con fuerza y con eso la arena siguió apretando. En sus ojos, podía verse una ira infinita que no sería saciada con facilidad. Una ira que solo se calmaría… si mataba a alguien.
"Sí, mátalo..."
—¡Gaara! ¡No!
En el acto, Temari cogió del brazo a su hermano y abrió su mano con mucho esfuerzo, logrando que disminuyera en algo la presión sobre el enemigo. Luego, cogió a su hermano con las manos alrededor del rostro y lo miró fijamente.
—Gaara, tú no eres así…
El pelirrojo sacudió la cabeza y se obligó a reaccionar. No, no podía matar al espía. No si quería que le de información sobre Ino.
Respirando hondo, se obligó a mantener la calma.
—Te lo preguntaré una vez más, ¿Dónde está Ino?
El shinobi rió una vez más.
—En un sitio en donde nunca podrás encontrarla…
Gaara gruñó lleno de ira y una vez más apretó los puños, intensificando la presión de la arena alrededor del enemigo. El espía se puso primero pálido, luego colorado, y luego azul…
Pero justo cuando todos pensaban que terminaría matándolo, lo soltó.
Apenas la arena soltó al enemigo, éste terminó cayó al suelo con pesadez. Intentó incorporarse, pero no pudo a causa del dolor. De seguro tenía más de un organo dañado, eso sin contar la fractura que acababa de notar en la pierna derecha.
Shikamaru caminó hacia el espía y se acercó con firmeza a él.
—¿Qué quieren de nosotros para dejar ir a Ino?
El espía sonrió y luego se llevó la mano a la boca para comenzar a toser.
—Solo queríamos confirmar lo importante que es rubia tonta para el niño…—dijo, para luego fijar la mirada en Gaara.
De pronto, los ojos del espía se giraron hasta quedar blancos, y éste comenzó a toser y a convulsionar. Estuvo en ese estado varios segundos, antes de morir.
Aún parado frente al espía, Gaara dio un paso atrás mientras miraba impotente la escena frente a sus ojos. Las palabras que dijo antes de morir habían llegado hasta sus oídos, y lo habían golpeado con fuerza en el pecho. Ino estaba en peligro… y todo por su culpa. Por él. Y esta vez no había sido el Concejo.
No, todo había sido por él.
Acaso… ¿Acaso era una maldición? ¿Por qué todas las personas que se acercaban a él, tenían que sufrir?
. . .
Fin del capítulo.
Capítulo 37 arriba!
Hola a todos, espero que aún sigan ahí. La historia se complica, pero es porque se acerca el final. Gracias a todos por seguir leyendo aún hasta este punto, cuando el fic se ha hecho inmensamente largo. Gracias a los que se han unido en el transcurso de todos estos años, y les pido disculpas a los que dejarn el fic por aburrimiento (que seguramente ya no pasarán por acá)
Saludos a todos, y como siempre, gracias por leer.
