Trucos de Salón
Cap. 37
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Sokka dejó escapar un suspiro de exasperación, mientras caminaba por el pasillo hacia la cocina.
-¿Podrías moverte o algo así?- preguntó por encima del hombro.
Katara, que había estado parada justo fuera de la puerta del dormitorio de Aang desde hacía varios minutos y que no parecía tener interés alguno en soltar su cuello, le arrojó un descuido "No quiero" entre besos. Sokka gimió y se metió en la cocina, estuvo a punto chocar con Toph, que estaba apoyada en el mostrador comiendo una manzana. Ella inclinó la cabeza hacia él un poco.
-No te hagas daño a ti mismo, Sokka- dijo en voz baja, tomando otro bocado.
Sokka frunció el ceño, incómodo.
-Lo siento- murmuró, dando un paso atrás de ella.
Ella simplemente le sonrió y de repente, el chico sintió que necesitaba salir de la casa.
-¿Sabes qué?, creo que me voy a dar un paseo por la ciudad.
Él se volvió y salió de la cocina sólo para detenerse en seco, debido a la escena que protagonizaba su hermana y cuñado, quienes se las habían arreglado para olvidar totalmente a los que estaban allí durante unos diez segundos.
-Uf, ¡suficiente!- espetó Sokka.
Ambos saltaron un poco sorprendidos, Aang se volvió hacia él y Katara suspiró fuertemente en irritación.
-¡Todo el mundo fuera de la casa!, vamos a dar un paseo.
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Era un hermoso día de verano en la ciudad. A pesar de eso, Sokka no había parado de quejarse y se negó a sacar a Susan del garaje, por lo que los cuatro iban a pie. Pero en el momento en que llegaban a la zona más tranquila, al sur de la ciudad, sus actitudes ya habían mejorado considerablemente.
-Así que... ¿te importaría iluminarnos?- preguntó Katara a la ligera, mientras su mano jugaba en la de Aang.
-¿Sobre qué?- respondió su hermano con un deje de inocencia.
Katara se limitó a sonreír un poco.
-¿Por qué decidiste que todos debíamos dar un paseo ahora?
Sokka se encogió de hombros incómodo, todos los ojos estaban posados en él con palpable curiosidad.
-Nos hace bien salir, todos podemos ejercitarnos- dijo evasivamente -Además estaba un poco... lleno de gente allí.
Katara y Toph rieron un poco. Aang, todavía está tratando de quedar bien con él (teniendo en cuenta su nuevo estatus de novio no grato), así que se limitó a sonreír nerviosamente.
-Lo siento si te hago sentir incómodo, Sokka- dijo Katara.
Sokka la miró escéptico.
-¿Qué es eso?, ¿Puedo detectar un atisbo de sinceridad?
Katara rodó los ojos.
-Sabes que estoy agradecida porque siempre trates de cuidar de mí, pero vamos- ella sonrió y apretó la mano de Aang -Sabes que él nunca te daría ninguna razón para dispararle.
-¿Dispararme?- repitió Aang, con la voz un poco quebrada.
Katara sonrió con cariño hacia él y Sokka suspiró un poco, rascándose la parte posterior de su cabeza.
-Sí, lo sé- admitió -Es por eso que acabo de decirles 'bien' ayer, ¿recuerdas?
-¿Cómo podría olvidarlo?- murmuró Aang -Pensé que ibas a matarme.
-Bueno, me gusta pensar que los cuatro somos amigos antes que nada, ¿verdad?- dijo a la ligera -Así que no te mataría. Aunque… si barajee la idea de dispararte.
Toph sonrió impresionada.
-Wow Sokka, eso fue sorprendentemente sentimental viniendo de usted- comenzó.
Él estaba a punto de responder cuando ella le dio un puñetazo en el hombro, lo que probablemente pensó que era un gesto amistoso, pero aun así le envió tambaleándose unos pocos pasos.
-No irás a ser suave con nosotros, ¿verdad?
Sokka no respondió mientras se frotaba el brazo con indignación. Katara por el contrario, les dirigió una mirada con los ojos entrecerrados.
-¿Qué pasa con ustedes dos?- preguntó con suspicacia.
Sokka se tropezó y se habría caído si Aang no le hubiera agarrado por el codo. Toph, por otra parte, no reaccionó en absoluto excepto para echar un vistazo a Katara, con las cejas levantadas en genuina confusión.
-¿Qué quieres decir?
Aang ayudaba a un nervioso Sokka a ponerse de pie, por lo que Toph simplemente movió el pie con impaciencia.
-Bueno, con una reacción como esa, no puedo imaginar el por qué lo pregunté en primer lugar- señaló Katara con sarcasmo, cepillando los hombros de Sokka.
Él la apartó, tirando del cuello de su camisa.
-¿Qué reacción?- murmuró –Tropecé.
Los tres de ellos lo miraron con dureza y él se congeló. Su voz tenía un acento chillón cuando dijo la última sílaba.
-¿Tú voz esta algo rasposa?- le preguntó Aang, claramente tratando de sofocar una carcajada.
-Eso sólo sucede cuando mientes- exclamó su hermana triunfante.
-¡No, no!
-¡Estafador!, ¡Lo has hecho desde que tenías siete!
-No sé de que estás hablando.
-¿A dónde vas Sokka? Pensé que estábamos tomando un paseo.
Katara persiguió a su sonrojado hermano por la acera, riendo mientras lo seguía. Aang y Toph apenas se miraron.
-Así que... en realidad, ¿hay algo que este pasando?- le preguntó Aang en voz baja.
Toph miró hacia abajo y para shock eterno de Aang, ella en realidad se sonrojó un poco.
-Nada que deba preocuparte pies ligeros- suspiró ella, luego reanudó su marcha -Se alejan, será mejor que nos apresuremos.
Y se marchó sin decir una palabra más. Aang la siguió en silencio, desconcertado. Cuando se encontraron con los hermanos, éstos estaban teniendo una acalorada discusión en un volumen bajo. Ambos parecían furiosos con el otro y Sokka estaba haciendo un montón de señales a los edificios de su alrededor.
-¿Chicos?- preguntó Aang cuando los alcanzó.
Ambos le sisearon, con los dedos a los labios. Katara le tomó la mano y tiró de él más de cerca.
-No hables demasiado alto- susurró -Como si estuviéramos... en algún lugar donde no deberíamos estar vagando.
-¿Vagando?- le susurró Sokka molesto -¡Esto es tu culpa!
-Oh cállate Sokka, ahora no es el momento...
-¿Dónde estamos?- les cortó Toph en voz baja -Nunca he estado aquí antes.
Aang finalmente se tomó un momento para mirar a su alrededor. Definitivamente nunca había visto esta parte de la ciudad. Todos los edificios eran altos y majestuosos, rodeados de vallas de hierro forjado y jardines perfectamente cuidados. Estaba casi completamente en silencio pues el sonido del tráfico, varias cuadras más allá, era amortiguado por setos impecablemente recortados.
-¿No saben dónde estamos?- les preguntó Sokka un poco incrédulo -Estamos con la mierda hasta el cuello, es en donde estamos.
-Territorio enemigo- confirmó Katara.
-Oh no... ¿Estamos en las alturas?- susurró Aang con los ojos ligeramente dilatados. Los hermanos asintieron con la cabeza vigorosamente.
-¿Qué?... En serio, ¿que está pasando?- repitió Toph molesta.
-El lado oeste de la ciudad, las Altas quebradas- explicó Sokka en un susurro apresurado -Esta es la parte más rica de la ciudad, siempre repleta de policías… pero no están aquí en busca de los malos, porque aquí es donde viven los malos.
-Aquí es donde viven los dragones- siseó Katara -Altas quebradas. Todas estas casas solariegas y bonitas, este césped perfecto… todo es una trampa. Es así como puede saber si alguien que no es de aquí.
-Todos ellos visten de rojo para que puedan distinguirse entre los de su propia clase. Si alguien mira por la ventana y nos ve a nosotros...
-Bueno, ¿no podemos simplemente irnos?- preguntó Aang inquieto -Lo hicimos todo el camino sin ser notados.
-Si no es broma, vámonos de aquí- murmuró Toph con los dientes apretados.
Los cuatro de ellos se volvieron lentamente, tratando de parecer casuales. La mano de Katara se aferró con más fuerza a la de Aang y él trató de darle un apretón tranquilizador, pero estaba tan nervioso como ella. Todos ellos estaban muy solicitados en las Altas quebradas y los cuatro llevaban su propio afiche de "los más buscados" para probar la cantidad exorbitante que valían. Pero no habían andado ni diez pies antes de que escucharan un estruendo de sirena en la misma calle.
-Maldita sea- dijo Sokka, congelándose -Tenemos que ocultar... nos.
Él señaló a través de unos barrotes el otro lado de la acera. Había una cerca alrededor del patio trasero de la casa pero daría sin duda a cualquier calle principal que fuera territorio neutral.
-Arriba y vámonos.
Katara le dirigió una mirada incrédula. La cerca era de seis pies de altura.
-Lo tengo- dijo Aang rápidamente -Toph, sube a mi espalda.
Ella no discutió, se encaramó a la parte posterior de Aang mientras él tomaba las manos de Katara y Sokka.
-Esto puede fracasar un poco- advirtió brevemente, antes de saltar dos metros en el aire y enviarlos a los cuatro justo por encima de la valla al jardín de frente, aterrizando en la hierba detrás de la casa.
Los cuatro se quedaron inmóviles durante unos instantes, respirando con dificultad hasta que oyeron el coche de la policía alejarse. Aang sin embargo esbozó una mueca de dolor, pues el esfuerzo le había recordado sus heridas aún latentes. Katara lo fulminó con la mirada antes de apresar su rostro con las manos y aliviar su dolor inmediatamente después, con la escasa agua que pudo convocar.
-Eres un idiota, ¿cómo puedes ser tan irresponsable?
-No fue la gran cosa...
-Cállate, no vuelvas a hacerme eso.
-Estoy bien cara de muñeca... tú tienes manos mágicas ¿recuerdas?
Ella le sostuvo una mirada dura por unos momentos más antes de rendirse y darle un beso corto que lo dejó con una sonrisa tonta en la cara.
-¿Podrían concentrarse en la situación? ¡Espíritus!- refunfuño Sokka.
-Estamos en problemas- accedió Katara en voz baja -No hay manera de que lo lograremos salir de aquí sin ser descubiertos.
-Oh, yo creo que si hay una manera- respondió Aang.
Todos se volvieron para mirarlo. Él estaba sonriendo mientras apuntaba a la línea de ropa cargada en el jardín. Había ropa de todos los matices de rojo secándose en el sol de la mañana.
-¿Cielos Aang, estás sugiriendo que robemos?- le preguntó Katara, fingiendo afrenta.
-Robar a los ricos para ayudar... a nosotros, si suena terrible- respondió con un encogimiento de hombros -Pero ya sabes, pensemos más como Robin Hood.
-Mejor que Robin Hood- resopló Toph.
-Trabaja para mí- se burló Sokka, poniéndose en sus pies y caminando furtivamente hacia la línea.
Él chico se agachó bajo las ventanas para evitar llamar atención no deseada desde dentro de la casa y los otros tres le siguieron en cuclillas, arrancando la ropa de la línea y llevándola de vuelta detrás de los setos. Todos ellos evaluaron sus adquisiciones.
-¿Por qué todas estas prendas son tan aburridas?- preguntó un Aang confundido -Las únicas piezas diferentes son los pantalones y las faldas…
De hecho, el montón de ropa estaba compuesta exclusivamente de chaquetas rojas y negras, chalecos grises, pantalones rojo oscuro o rojo y faldas grises con dorado.
-Deben ser uniformes- comentó Katara -Para la escuela privada llena de pequeños dragones en la parte superior de la colina.
Ella hizo una mueca, pero Sokka ya estaba cambiándose la camisa.
-Vamos a llevarlo puesto hasta que salgamos de aquí- razonó -Una vez que vean el color rojo, no les daremos un segundo pensamiento. Vamos a estar bien. Confía en mí.
Varios minutos después, todos estaban de vuelta en la acera con diversos estados de malestar. El dueño de los pantalones era exactamente del tamaño de Sokka y Aang, pero la chaqueta les quedaba un poco larga. La propietaria de las faldas era un poco más alta que Katara, por lo que tanto ella como Toph, tenían que pararse de puntillas. Aun así soportaban los disfraces, pues a cada paso se acercaban más a la libertad.
-Actúen natural- susurró Toph repente -El coche de policía está volviendo.
Y efectivamente, el coche se arrastraba de vuelta a la esquina. Los dos oficiales que iban dentro, los miraban a través de sus ventanas con recelo. Cuando sus ojos se posaron sobre los cuatro adolescentes que deambulaban por la calle, fue sólo cuestión de tiempo antes de que el coche rodara hasta detenerse en la acera junto a ellos.
-Oigan- dijo el oficial en el asiento del conductor.
Los cuatro se detuvieron y los observaron por encima de la ventana, tratando de parecer inocentes. Tanto que los oficiales conservaron el ceño fruncido.
-Los niños eran mucho más inteligentes en mis días.
-¿Qué quiere decir señor?- preguntó Aang con cautela.
-Cuando matábamos clases por lo menos teníamos el detalle de quitarnos el uniforme de la escuela- respondió el hombre -Ahora suban al auto todos ustedes.
Los cuatro obedecieron aturdidos y momentos después se encontraron enjaulados en la parte trasera del coche, todos iban en variados grados de silencio y pálidos, mientras el coche se daba la vuelta y los llevaba poco a poco lejos… y más lejos de donde se suponía que debían ir. Aang encontró la mano de Katara a su lado y ambos las entrelazaron con fuerza en un intercambio silencioso de inquietudes, pero a pesar de la situación en la que estaban, ninguno pudo evitar que las esquinas de su boca se tornaran en una pequeña sonrisa.
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Bueno, aquí estamos- dijo el oficial, al tiempo que el coche se detenía delante de un edificio en la parte superior de la colina.
El edificio en cuestión era mucho más grande y majestuoso que las casas de más abajo (y como muchas veces más imponente teniendo en cuenta las murallas y las gárgolas en el techo); los cuatro jóvenes salieron del coche y se pararon en la acera, seguidos por un oficial que los vigilaba escopeta en mano. El oficial frunció el ceño.
-Voy a estar aquí y veré que los cuatro caminen en línea recta hasta el edificio, ¿de acuerdo?- dijo rotundamente -Normalmente no me importaría tanto, pero hoy ha sido un día muy lento… ¡Ahora largo!
Sokka fue el primero en moverse, asintiendo con la cabeza y girando hacia el edificio, su rostro compuso una mueca desafiante mientras andaba rumbo a las escaleras de la puerta, los demás fueron detrás de él. Ninguno miró hacia atrás para ver si el funcionario estaba realmente vigilándolos. Sokka empujó la puerta y entraron, pero los cuatro se detuvieron en seco. El gran pasillo principal estaba lleno de estudiantes. Ninguno de ellos se salvó de un vistazo, pero nadie parecía notar la piel tostada de los Riversiders o los ojos velados de Toph, tampoco el arma oculta de Sokka ni las manos tatuadas de Aang.
-Whoa- dijo el último en voz baja.
-No es broma- respondió Sokka.
-En realidad... estamos mezclándonos- murmuró Katara -Eso casi nunca sucede.
-Que gusto... ¿y ahora qué?- preguntó Toph de mal humor.
-Hola.
Todos ellos se quedaron inmóviles esperando lo peor. Una niña (probablemente de la edad de Aang y Toph) se acercó a ellos con una sonrisa curiosa en su rostro.
-¿Son nuevos?, No creo haber visto a alguno de ustedes antes- dijo amablemente.
-Este es nuestro primer día- balbuceó Aang, los otros lo miraron y él se encogió un poco -Soy... Kuzon.
La muchacha sonrió y estrechó la mano de Aang.
-Encantada de conocerte Kuzon, me llamo Onji
Katara frunció el ceño y Toph no pudo reprimir una carcajada. Aang las miró y sonrió.
-Bueno Onji- comenzó suavemente -Éstos son Kaya- Katara sonrió mientras le tomaba la mano -Su hermano Lee- Sokka asintió un poco con la cabeza -Y nuestra amiga Sai.
Toph saludó y tomó a Sokka del brazo.
-Un gusto conocerlos- respondió la chica, sin dejar de sonreír -Probablemente debería averiguar en qué clase que se supone que van a estar... yo te llevaré a la oficina- le dijo a Aang.
Los cuatro siguieron en silencio a la joven a través del pasillo lleno de gente y llegaron a una puerta marcada como "oficina" con la suficiente rapidez, lidiando sólo con algunas miradas curiosas de los demás estudiantes. Después de una audiencia breve con una secretaria a la que no parecieron gustarle en absoluto (y menos aún Toph que no dejaba de quejarse acerca de cómo le molestaban las corrientes de aire en la sala y las frías baldosas del suelo), los cuatro fueron enviados a unirse a las clases con los estudiantes de su edad respectiva.
Con nada más que un gesto de Sokka, los cuatro captaron el mensaje de separarse en la puerta, y se fueron todos a mantener la cabeza abajo y escapar del infierno tan pronto como fuera posible.
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Aang se quedó fuera de la puerta del salón en el que tenía que estar, pues le acechaba una idea terrible. Nunca había ido a la escuela. Gyatso le enseñó todo lo que sabía, le enseñó a leer y escribir, matemáticas, historia, geografía, literatura y arte. Pero Aang nunca había sido obligado a poner los pies en una escuela. Gyatso le enseñó lo que necesitaba para sobrevivir en el mundo en que vivían… Y ahora estaba en una enorme escuela privada, llena de firebenders ricos... los hijos e hijas de los hombres que mataron a su familia. Esta idea terrible se le había metido en la cabeza con saña.
Aang respiró hondo y abrió la puerta. La sala ya estaba llena de estudiantes que estaban acomodados en algunos rígidos escritorios de madera. La maestra estaba en el frente de la sala, mirando a Aang como si él acabara de cometer un delito.
-Llegas tarde- dijo con frialdad.
Aang cerró la puerta detrás de él.
-Uh... lo siento señora, es mi primer día y eh...
-No digas 'uh' al principio o al final de una frase, ponte de pie con la espalda recta y mírame cuando estés hablando- replicó ella.
Aang inmediatamente hizo lo que se dijo.
-¿Cuál es tu nombre?
-Kuzon- dijo Aang inmediatamente.
-Siéntese allí, junto a Shoji. Yo soy la señorita Kwan y se dirigirá a mí sólo como Sifu Kwan. No señora, no Kwan, Sifu Kwan ¿Entendido?
Aang miró hacia otro lado. Un niño en la tercera fila inclinaba la cabeza hacia la mesa vacía junto a él. Aang sólo podría asumir ese era Shoji y estaba infinitamente agradecido por la sugerencia.
-Entendido Sifu.
Él rápidamente tomó su asiento y la clase continuó. La señora Kwan tomó un grueso libro y comenzó a dar conferencias sobre la Revolución. Aang miró a su alrededor. Algunos de los estudiantes lo miraban con curiosidad, pero nadie le parecía fuera de lugar. Shoji le sonrió y Aang le devolvió la sonrisa. Oyó que alguien tosía en voz baja detrás de él y por casualidad volteó, solo para ver a Onji sonriéndole también. Aang le dirigió una leve inclinación de cabeza y una sonrisa encantadora.
Ridículo. Se suponía que estas personas eran los hijos e hijas de firebenders enloquecidos. ¿Desde cuándo eran los asesinos tan agradables?
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-Oh, gracias al cielo.
Katara suspiro de alivio cuando Aang dio la vuelta en la esquina exterior casi a la puesta de sol.
-¿Qué diablos te tomó tanto tiempo?
-Pensamos que los minidragones te habían retenido- resopló Toph.
-Por el contrario- dijo Aang alegremente, besando la mejilla de Katara -Quiero volver mañana.
Los tres chicos lo miraron fijamente.
-¿Estás loco?- le gritó Sokka, lanzando sus manos en el aire -Katara, razona con él.
-¿Qué? ¿Quién te puso a cargo de mí?
-Si... creo que tú lo hiciste- le interrumpió Toph en voz alta. Los dos se pusieron mala cara el uno al otro.
-No entiendo cual es el problema- dijo Aang encogiéndose de hombros mientras empezaba a caminar hacia la destilería -Nos las arreglamos para pasar desapercibidos hoy. Es como si estuviéramos dentro... para obtener información. ¿Qué es tan malo?
-Aang- dijo Katara en voz baja, poniéndose al día con él y tomando su mano -Pasamos desapercibidos esta vez, pero no hay garantía de que va a suceder de nuevo. ¿Por qué quieres volver?
-Porque no son el enemigo- respondió con simpleza.
-¿Qué quieres decir? Por supuesto que son el enemigo- dijo Sokka con amargura.
-Eso es justo lo que pensé yo… que eran demasiado, pero los hijos no deben cargar con los pecados de los padres. Y fueron muy amables conmigo- dijo Aang con una sonrisa -Incluso hice un par de amigos.
-Déjame adivinar- dijo Katara con frialdad -¿Onji es una de ellos?
Aang le sonrió con picardía.
-Sip... pero tú no eres celosa, ¿verdad?- Ella le frunció el ceño.
-No empieces conmigo Sparky.
-Vamos- dijo alegremente, mientras le apretaba la mano -Sólo es una compañera de clase. Además… ¿crees que no me di cuenta de que todos los chicos en ese pasillo te estaban mirando a ti?
Katara se sonrojó ligeramente y desvió la mirada.
-No sé de que estás hablando- respondió a la ligera.
Sin embargo Aang podía ver su sonrisa burlona. Sokka se paró firme frente a ellos y con un gesto severo en el rostro.
-¿Podemos olvidarnos de su coqueteo disfuncional durante dos segundos y concentrarnos en el problema aquí?- preguntó con los dientes apretados.
-Sí, cabeza de aire- agregó Toph, luchando contra el enfado de Sokka y con su propia sospecha disfrazada de curiosidad -¿Por qué quieres volver?
Aang lo pensó por un momento.
-Supongo que siento como si pudiéramos enseñarles algo- dijo encogiéndose de hombros -Ya saben... poner nuestro granito de arena antes de que sus cerebros sean lavados por Dragones.
-¿Y qué?, ¿Vas a atar y amordazar a la maestra y decirles que todo lo que creyeron mientras crecían, está mal?- exigió Sokka.
-No- Aang se apagó pensativo, reanudando su caminar -Yo estaba pensando más en una fiesta de baile secreta.
-¿Una qué?
-Hm- tarareó Katara -Realmente me gusta cómo suena eso.
-¡¿Qué?!
-Suena divertido- coincidió Toph con un encogimiento de hombros.
-¡¿qué QUÉ?!
-Oh Sokka, cálmate ¿si?- suspiró Katara -Es sólo un baile, ¿Qué tiene de malo?
-¡Un baile con el enemigo!- siseó él -¡Son dragones en miniatura de quienes estamos hablando!
-Sí, ahora- lo interrumpió Aang -Pero si intervenimos… tal vez sólo pueden ser personas en miniatura.
Sokka farfulló para varios momentos mientras los otros tres le ganaban terreno por la acera.
-Bueno... pero... ¿dónde vas a tener una fiesta de baile secreta? ¡Estás seguro como el infierno de no puedes llevarlos a todos a la destilería!
-¿Qué crees que soy una especie de idiota?- respondió el chico indignado -Por supuesto que no- hizo una pequeña pausa y luego añadió -Vamos a arreglar uno de los antiguos bares de los Ases.
Sokka se quedó clavado en la esquina de la calle, mirando con la boca abierta, como sus tres amigos se alejaban lentamente por la acera.
-¡¿Se han vuelto locos?!- gritó detrás de ellos.
-Tú eres el que habla con nadie- llamó Toph por encima del hombro.
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Hola a todo el mundo!, ¿siguen ahí?, ojala q si uwu
Una enorme enorme disculpa por la tardanza, tuve algunos asuntos personales y las fiestas y ya saben, a veces pasa. PEEEeero, lo importante esque he vuelto de la tierra de los olvidados y nos acercamos al capítulo 40, jaja la verdad no pense q llegaría tan lejos, pense q no iba a agradar mucho el proyecto, sin embargo q bueno q a algunos si les este gustando. Muchas gracias por su apoyo y la paciencia, prometo que vale la pena nwn
Una gradecimiento especial a katara 2323, geraldine, fan-avatar, klan, marcos96 y liz, sus comentarios siempre me levantan el animo y me inspiran a continuar. Un abrazote a todos los lectores y un estupendo inicio de año! salu2
