Capitulo 18
Cuarta parte

Cuando entraron al lugar señalado por el joven, ella entro primero, él la siguió, cerró la puerta, la chica se volvió para verlo tratando de parecer casual, sin embargo el joven se notaba nervioso, se llevo la mano a la frente para secar algunas gotas de sudor en esta, dejo libre un suspiro, cerró los ojos… tomó aire, los abrió y luego poso su mirada en Candy. Ella lo mirada sorprendida, Gerard se notaba muy extraño.

- ¿Sucede algo Gerard? – Pregunto sin lograr evitarlo, su voz sonó preocupada.

- No, todo esta bien – Contesto con voz ronca – En realidad si… Candy yo… yo, la verdad no se como empezar, son tantas cosas las que deseo decirte… todo este tiempo he pensado… cada minuto he pensado como expresar todo esto que llevo aquí – Menciono señalándose el pecho y sus ojos se humedecieron – Como hacerte ver que todo esto es verdad, es real…

- Gerard… - Ella intento detenerlo pero él levanto la mano y le pidió que lo dejara continuar.

- Yo sé que tú estas clara en cuales son mis sentimientos, también que llegamos al acuerdo que solo podías ofrecerme tu amistad y yo lo acepte así… pero ya una vez te lo dije, yo puedo decidir e intentar con todas mis fuerzas llevar a cabo ese trato… pero ¿Cómo le explico al corazón? ¿Cómo le hago entender que no hay, ni habrá para él nada más? – Una lagrima rodo por la mejilla del joven y este la limpio con rapidez.

- Por favor Gerard no me hagas esto – Menciono Candy con voz apenas audible – No es justo… esto no es justo – Agrego con voz temblorosa.

- No, no es justo… créeme que lo sé, porque he sido yo él que ha pasado noches enteras deseando tus besos, aun sabiendo que tus labios no lo quieren, soñando un amor que en ti no existe… y lo peor, lo peor de todo es que aun sigo fijando mis esperanzas en algo imposible, sigo brindándome a ti por completo, sigo y sigo… ¿Sabes que es lo más triste? – Le pregunto mirándola a los ojos.

Ella negó con la cabeza al tiempo que una lágrima rodaba por su mejilla.

- Que sé que estoy solo en todo esto… que tú no me acompañaras nunca… pero era tan hermoso soñar, me engañaba… lo sabia y sin embargo continuaba haciéndolo… yo quise ser alguien importante para ti… no solo el amigo… ¡Por Dios Candy! Yo deseaba con todas las fuerzas de mi alma, que algún día tú despertaras y te dijeras… quiero comenzar de nuevo… quiero creer… - Él lloraba con total libertad.

- Gerard yo quisiera… de verdad quisiera… pero… no puedo, no puedo – Dijo entre sollozos y comenzó a llorar con amargura.

- Y eso me duele tanto como a ti… saber que no puedo hacer nada para enamorarte, que por más que me entregue a ti… nunca seré suficiente, lo sé… no hay nada… tengo tanto miedo Candy de quedarme atado a este sentimiento… de pasar mi vida amándote como un desgraciado y resignarme a renunciar a esto que siento… pero tampoco quiero que te acerques a mi por lastima, no creo merecerme eso… ¿Como haces para vivir cuando te falta algo? ¿Cómo puedes respirar sabiendo que cada respiro te duele porque estas luchando por vivir? No vives Candy… no puedes hacerlo… - El joven la miraba directamente a los ojos.

El llanto de ella se hizo más fuerte, se dejo caer en el sillón a sus espaldas, llevándose las manos al rostro. Él camino y se arrodillo frente a ella, le tomó las manos y con suavidad se las beso, la chica dejo libre un suspiro y abrió los ojos, mientras Gerard se llevo las manos a una mejilla dejándose llenar por la sensación de tenerla tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, esto le dolía… pero era necesario.

- Gerard yo… no quiero herirte… pero… - Él la detuvo colocando sus dedos en los labios de la chica, eso labios que invadían sus pensamientos noches y días. Candy se sorprendió ante el gesto, se congelo, tantas emociones le impedían pensar… reaccionar de manera correcta.

- Candy déjame continuar, solo un momento… jamás había sentido algo así, cada vez que estoy frente a ti me desconozco… tú me has cambiado tanto… la verdad no sé si es para bien, no lo sé porque me duele mucho y al mismo tiempo me haces sentir vivo, creí que la distancia y el tiempo se llevaría esto que tengo dentro del pecho… fui un iluso, solo basto mirarte de nuevo para caer… caer mucho más fuerte que antes ¿Cómo haces para tambalear mi mundo de esta forma? ¿Para voltearme la vida? – Le pregunto mirándola a los ojos.

Ella bajo la mirada apenada sin saber que decir, él coloco un dedo debajo de su barbilla y levanto su rostro para mirarla a los ojos, deseaba perderse en ellos… aunque fuese una sola vez en la vida.

- No existe una explicación coherente, solo se siente… no se razona, no se analiza… solo se siente, por eso no puedo culparte… si lo hago también tendría que culparme por sentir esto – Se quedo en silencio un minuto, viendo los destello que aun tras las lagrimas lograban brillar – Tú llegaste para hacerle justicia a todas las demás, pensar que tantas veces jugué con el amor de otras mujeres… que no supe apreciar lo que en ese entonces me ofrecían, fui egoísta, desleal… un miserable, ese era el Gerard Lambert que tú conociste, él que te invito a bailar cuando apenas te conocía… él que se quería adueñar de tu vida… y termine estrellándome contra un pared… una montaña, él mismo que te rogo como jamás lo había hecho a nadie, que acepto ser tu amigo con tal de tenerte cerca… aun sabiendo que esto solo me haría sufrir más… tú despertaste a ese hombre que nunca en mi vida pensé conocer, era tan arrogante… tan déspota, creo que estoy pagando todo lo que hice antes de conocerte – Menciono y se ahogo por el llanto.

Candy se acerco más a él y lo abrazo muy fuerte, dejando libre unas lagrimas al tiempo que el joven temblaba entre sus brazos.

- Es posible que todos estemos pagando errores de nuestros pasados, la pena que llevo conmigo es una carga que merezco, yo también fui egoísta Gerard, yo también desprecie el amor, lo mate… estoy condenada a vivir en el pasado, aferrada a algo que no existe… y aunque trato día a día de salir, de ser libre… la vida se empeña en golpearme una y otra vez, ya no solo son recuerdos… esto me asfixia, yo no tengo otra opción, para mi no hay salida… - Se separo un poco del joven y mirándolo a los ojos agrego – Tú tienes una vida por delante, la oportunidad de conocer a alguien que te llene, que aproveche eso bueno de ti que ahora conoces, estoy segura que vas a ser feliz, te lo mereces… - Él la detuvo de nuevo.

- Es lo que más deseo, poder salir adelante… sé que no será contigo, ahora lo sé… pero fue tanta mi esperanza, era tanto el amor que tenia… que tiene mi pecho que – Paró para buscar algo dentro de su bolsillo – Hasta compre esto – Dijo mientras le extendía una pequeña caja de terciopelo verde a la chica.

Candy se tenso y dudo en recibirla, la misma sensación que una vez sintiese con Neil cuando le obsequio el broche con el escudo de la familia Leagan llego hasta ella.

- Tómalo Candy, no te va a morder – Bromeo para aligerar la tensión en ella – Por favor, al menos quisiera saber que fui acertado en la elección – Agrego con una sonrisa, pero esta no llegaba a su mirada.

Ella abrió la caja con dedos nerviosos, en esta se encontraba un hermoso anillo de oro blanco, con un diamante en corte imperio, que daba deslumbrantes destellos cuando la luz se reflejaba en él, la banda se encontraba cubierta por diminutos diamantes hasta la mitad, una verdadera belleza.

- Es bellísimo Gerard – Menciono ella tomándolo entre sus dedos para admirarlo mejor.

- Te puedes quedar con el – Contesto el chico mirándola a los ojos.

- No puedo, sabes que no esta bien… es precioso pero… -

- Lo sé, lo sé… Candy te puedo hacer una pregunta – Dijo con voz temblorosa.

- Claro – Respondió ella animándolo… aunque se sentía nerviosa.

- ¿Qué sientes por mi? – Ella lo miro sin entender – Digo… cuando me ves ¿Nunca te sentiste atraída por mi? – Explico.

Ella se quedo en silencio por segundos que le parecieron una eternidad a él. Luego mirándolo bien.

- Gerard yo te quiero mucho, has llegado a ganarte mi aprecio… mi cariño, eres alguien muy especial, además de ser un chico muy guapo… tus ojos son muy lindos y también tu sonrisa – Mencionaba con tranquilidad, mientras en él se iban alejando las sombras que lo cubrían y su sonrisa se volvía mas grande – Eres el hombre que cualquier mujer desearía tener a su lado… solo que yo soy más complicada que la mayoría de las mujeres… y no puedo – Él la detuvo de nuevo.

- No puedes amarme, nunca pensé que escucharía esa frase de labios de una mujer tantas veces – Dijo con el ceño fruncido.

- Lo siento – Le dijo con tristeza y le dedico una sonrisa.

- Pero al menos no te fui indiferente del todo – Expreso y su sonrisa apareció de nuevo.

- No lo podrías ser para ninguna mujer – Contesto ella con la misma sonrisa.

- ¿Puedo darte un beso? – Pregunto divertido.

- ¡Gerard! – Exclamo ella asombrada y se alejo un poco.

- Es broma, no te asuste – Le dijo riendo.

- Creo que se acaba de despertar el viejo Gerard – Respondió ella en el mismo tono.

- No – Contesto él negando con la cabeza – No creo que él mismo regrese, no del todo… tú has creado uno mejor – Menciono mirándola a los ojos.

- Entonces… a ese si puedo darle un beso – Dijo ella con una sonrisa.

Él sintió como su corazón se acelero en segundos y su cuerpo se tenso ante la expectativa, la vio acercarse y cerró los ojos. Ella coloco sus manos en las mejillas del joven y se acercaba muy despacio. Gerard podía sentir el aliento de Candy sobre su rostro, el calor de sus manos… y un minuto después un beso en su frente, la suave piel de sus labios que recordaba con exactitud… y aunque no fue el beso que esperaba su corazón latía lleno de emoción, ella lo estaba liberando de todo el peso de un amor frustrado con este beso. La chica se separo muy despacio de él y pego su frente a la suya.

- Vas a ser muy feliz – Le dijo en casi un susurro.

En solo segundos, escucharon que alguien abría la puerta, sin darle tiempo a nada, sacándolos de golpe de la burbuja donde se encontraban…más el francés que ella.

- Disculpen… pensé que no había nadie – Se escucho la voz de Fabrizio Di Carlo quien observaba a la pareja con rabia – Estaba buscando a mi hermana… lamento si interrumpí algo – Menciono con desdén.

Candy se aturdió por completo al verlo allí, no coordinaba lo que sucedía… sus manos comenzaron a temblar y sus piernas no le respondían… sintió las lagrimas inundar su garganta. Gerard se coloco de pie y le extendió la mano para ayudarla a levantarse, en ese momento la caja con el anillo de compromiso rodo cayendo al suelo, captando de inmediato la mirada del italiano, quien sintió que su corazón se detenía.

- No se preocupe Sr. Di Carlo, todo esta bien – Menciono el francés quien también se encontraba turbado.

- Lamento mucho haberlos molestado – Logro decir el chico cuando encontró su voz, con la mirada fija en la rubia. Después de esto salió cerrando con fuerza la puerta.

Candy se volvió y camino hasta uno de los ventanales, Gerard la observo con cuidado en silencio. Luego tomó el anillo que se hallaba en el suelo y camino hasta donde ella se encontraba.

- Me recuerda tanto a tu prometido – Menciono con naturalidad, haciendo reaccionar a la chica.

Ella se volvió a mirarlo con los ojos a punto de salirse de sus orbitas, no encontraba palabras para responder al comentario de joven.

- Grandchester era igual… los polos apuestos se atraen… eso dicen las teorías – Agrego con una sonrisa triste. Se acerco un poco más a ella quien bajo la mirada apenada – Ahora entiendo muchas cosas – Dijo al tiempo que le daba un beso en la frente y salía de la habitación. Subió las escaleras despacio… evitando que las lagrimas lo traicionaran, entro a su habitación lanzo el anillo contra la pared y rompió a llorar.

Susana se levanto y camino hasta la ventana, la vista era hermosa desde este lugar, se podía ver gran parte del Central Park, el edificio donde funcionaba el hospital, la parte norte de Manhattan y más allá el inicio de la avenida de los museos, era una verdadera lastima que Nathan tuviese que venderlo, pero para poder comprar una casa adecuada tenia que hacerlo, este lugar era muy pequeño para una familia, eso sin mencionar lo difícil que resultaría para ella desenvolverse por si sola, hasta ahora no había tenido dificultad pues el ascensor siempre había funcionado bien, pero si este llegaba a faltar seria un verdadero suplicio.

- Ya estoy listo – Menciono Nathan a sus espaldas, sacándola de sus pensamientos.

- ¿Ya? – Pregunto volviéndose para mirarlo.

- Si – Respondió tomando la taza de manos de la chica.

- ¿Podrías prestarme el baño? – Inquirió de nuevo caminando tras él – Estoy hecha un desastre de seguro – Agrego con naturalidad.

- Por supuesto y luces hermosa como siempre – Contesto con una sonrisa caminando hacia ella.

Ella se respondió de la misma manera y camino con él hasta la puerta que daba a la habitación del chico, se encontraba un poco desconcertada, pues se refería al baño de visita que se hallaba a un lado del corredor. Nathan la abrió y le hizo un ademan para que continuase, ella sintió que unos nervios enormes se apoderaba de todo su ser, cuando su mirada fue atrapada por la enorme cama que se encontraba en el centro de la habitación, cubierta con hermosas sabanas azul rey. Desvió la mirada de inmediato.

- En el closet puedes encontrar algo para colocarte – Menciono intentando parecer tranquilo, aunque también se encontraba nervioso.

- Esta bien, gracias – Contesto dando gracias a su voz por sonar tranquila.

- De nada, si necesitas algo… estaré aquí en la sala – Dijo caminando para salir de la habitación.

Ella asintió en silencio y lo vio cerrar la puerta, dejo salir un suspiro que era mezcla de alivio y… la verdad no sabia como sentirse, todo esto era tan inusual… sin embargo aquí estaba – Camino hasta la puerta que de seguro daba al baño, la abrió con cuidado en efecto lo era, entró dirigiéndose al lavamanos, abrió el grifo y metió las manos bajo el chorro de agua, levanto la mirada… la imagen en el espejo era distinta… no era por el cabello desordenado… la ropa desarreglada… había algo en sus ojos que no lograba entender… un brillo diferente, se llevo las manos llenas de agua al rostro en varias ocasiones, acomodo su cabello, busco una toalla y se seco el rostro, saco de su bolso una polvera y se coloco un poco, también labial. Miro de nuevo su reflejo – Mucho mejor – Pensó y salió del baño, quiso salir sin fijarse en nada más… pero su mirada se poso de nuevo en la cama, sin siquiera darse cuenta sus pasos la llevaron hasta ella, extendió la mano que temblaba casi imperceptiblemente y roso la suave tela de las sabanas, el perfume que usaba Nathan estaba presente en todo el lugar. Ella cerró los ojos y respiro profundamente.

- Susana – Escucho la voz del chico al otro lado de la puerta.

- Si… si Nathan dime – Respondió con voz entre cortada presa de los nervios.

- ¿Todo bien? – Pregunto y en su voz se podía sentir un grado de perturbación.

- Claro – Menciono ella mientras caminaba para abrir la puerta. – Ya estoy lista – Agrego mirando al chico con una sonrisa.

- Perfecto… ¿Nos vamos? – Inquirió de nuevo.

Ella afirmo en silencio con una sonrisa nerviosa, él le dio un suave beso en los labios, solo un roce para confortarla, comenzaron a caminar y justo antes de salir de la habitación Susana se detuvo.

- Nathan… espera… - Le dijo tomándolo de la mano. Él se volvió a mirarla – Yo… yo… - La chica no encontraba las palabras para explicar todo lo que sentía.

Nathan se acerco hasta ella y tomó el rostro de la chica entre sus manos, bajo hasta rosar sus labios con los de ella. Las manos de Susana temblaban sobre el pecho del chico, podía sentir el latido de su corazón desbocado, el calor que emanaba de él, abrió su boca para ofrecérsela, tomando ella participación también del beso que se fue haciendo cada vez más intenso, sus manos ahora viajaban por las espalda de Nathan, las de él recorrían la de ella atrayéndola aun más a su cuerpo, acortando la distancia entre ambos. El aire comenzó a faltarles y sin poder evitarlo tuvieron que separarse un poco, sus miradas se fundieron de inmediato… el azul cielo de sus ojos se hizo más intenso, más brillante.

- Susana, Susana – Mencionaba él una y otra vez abrazándola y acariciando su espalda, sus cabellos, su rostro.

- Nathan… mi amor, mi amor – Decía ella hechizada por las caricias y las palabras del rubio.

- Te amo Susana… y te deseo… tanto amor, tanto – Le dijo mirándola a los ojos, buscando sus labios para perderse en un beso, uno mucho más profundo que los anteriores.

- Quiero quedarme contigo… para siempre – Le dijo después de un momento la rubia mirándolo a los ojos, mientras acariciaba el cabello del chico.

- Para siempre – Contesto él tomando sus labios con ternura.

Con esmerada calma, caminaron hasta la cama en el centro de la habitación, ella se sentó al borde de esta… Nathan se coloco de rodillas frente a ella y con suaves caricias recorría la cintura y las piernas de la chica, ella cerró los ojos y acariciando el cabello del rubio, él se acerco hasta ella y beso con delicadeza el cuello de la joven, hundió el rostro en el cabello de ella aspirando su perfume, embriagándose de él.

Ella acariciaba el cabello del joven, sus dedos se perdían en este, bajaban a su nuca, suaves caricias que comenzaban a despertar sensaciones en él, la respiración de ambos era agitada, su corazón latía con tanta fuerza que podían escucharlos. Nathan se coloco de pie, la tomó de las manos y la acerco hasta fundirse en un abrazo con ella, mientras sus labios se buscaban de nuevo. Comenzó a bajar la cremallera del vestido rosa que ella llevaba, mientras Susana con manos temblorosas fue deshojando uno a uno los botones de la camisa del rubio, él no llevaba camiseta y esto le permitió abrirse paso hasta la piel desnuda de su pecho, nunca ante lo había visto así, ni siquiera en las practicas de la piscina, abrió por completo la camisa del joven y la deslizo para quitársela, acariciando suavemente su pecho, sus hombros, sus brazos, sus manos, en tanto su boca seguía unida a la él. Un temblor recorrió todo su cuerpo cuando sintió las manos de Nathan deslizar el vestido, ella bajo las manos mientras él lo deslizaba, cuando sintió las manos del joven en sus caderas un gemido de sorpresa y placer salió de su garganta y su corazón latió con mucha más fuerza… como si eso aun fuese posible, ella quedo frente a él solo cubierta con su ropa interior, un suave camisón de seda rosa pálido, las manos del joven resbalaban al contacto con este, muy despacio subía y bajaba en un movimiento que la estaba volviendo loca, separo su boca de la suya y bajo para darle un beso en el cuello, acariciando con sus labios el cuello del joven, la mandíbula, sus hombros y después por instinto llego hasta su pecho, besando suavemente, leves caricias que hacían que el cuerpo de Nathan empezara a despertar. En respuesta el joven llevo las manos hasta los hombros de la rubia y con sumo cuidado comenzó a deslizar las tiras el camisón, mientras depositaba besos en el cuello y los hombros de la chica.

Sintió la tela caer al suelo, y un frio recorrió todo su cuerpo, estaba desnuda frente a él, el calor que comenzaba a nacer en su vientre se esparció en segundos por todo su cuerpo, mientras se aferraba a la espalda de Nathan para no caer, la sensación de sus pieles desnudas provoco que un temblor los envolviese a ambos, él acariciaba la espalda de Susana, bajando hasta la cintura de la chica mientras la besaba. Ella se pego a él en busca de acortar la distancia y pudo sentir una presión en su vientre, aunque en principio se asusto, fue consciente de inmediato del efecto que sus caricias habían logrado en el cuerpo del joven, algo dentro de ella se despertó de inmediato y deslizo sus manos por toda la ancha espalda del doctor, sus dedos buscaron el cinturón que sostenía el pantalón y con dedos nerviosos comenzaron a desabrocharlo… ella dudo un poco y subió sus manos de nuevo al pecho del joven. Nathan lo noto de inmediato y colocando sus manos sobre las de ella, la animo con continuar.

- Soy tuyo – Le susurro al oído, su voz era ronca… sensual, excitante.

Ella sintió un mareo, todo debajo de sus pies desapareció, no sabe si fue él o ella pero al fin el pantalón cayo al suelo, Nathan movió los pies para deshacerse de este, tomó en brazos a Susana y muy despacio la coloco sobre la cama, su respiración era cada vez más pesada, le costaba respirar, le costaba pensar, solo podía sentir… solo sentir. Sintió el peso del cuerpo del joven sobre la cama, cerró los ojos… Nathan comenzó a acariciar sus piernas, apenas eran roces, su piel se erizaba y gemidos comenzaron salir de su boca sin proponérselo, era como si su cuerpo buscase la manera de expresarse… pero no podía hacerlo con palabras, no había palabras que lograsen hacerlo.

Mis manos recorrían con suavidad su piel, piel de seda, piel de ángel… ella el Sol, mi Sol… mi universo entero giraba a su alrededor… mi vida entera se alimentaba de cada suspiro que de sus labios salía, el movimiento que hacían sus pechos en un esfuerzo por conseguir un poco de aire me tenia totalmente hipnotizado, su vientre temblaba como alas de mariposa… como pétalo de rosa cuando es bañada por el rocío de la mañana… no quería asustarla, no quería que esto fuese un error… que después todo cambiara entre nosotros… quería regalarle la eternidad, aunque decidí esperar, en este momento me era imposible, deseaba con todas mis fuerzas fundirme en ella, lo deseaba tanto que dolía.

Ella se tenso cuando sus manos llegaron hasta la prótesis… él levanto la mirada con ojos llenos de ternura le infundio seguridad, no había nada que temer, Nathan la conocía, él la amaba así… dejo por un momento su pierna y comenzó a besar el vientre, Susana sentía mil emociones bailar dentro de ella y las pulsaciones en su intimidad era cada vez mas fuertes… su cuerpo clamaba por sentirlo, por tenerlo… ni siquiera noto cuando el joven le quito la prótesis. Él busco de nuevo los labios de la chica que se encontraban secos, sedientos de sus besos, coloco su cuerpo sobre el de ella, dejando recaer solo parte de su peso… se separo un poco para verla a los ojos, mientras sus bocas juntas pero sin llegar a unirse por completo compartían el calor de sus alientos, de sus respiraciones… sus deseos que estaba a punto de llenarlos por completo.

Él empezó a acariciar con suavidad sus caderas mientras besaba su cuello, hizo un movimiento para buscar espacio entre las piernas de la joven, ella fue consciente de esto y cedió, sus pelvis muchos mas cerca ahora se rosaban con suavidad, Nathan busco de nuevo los labios de la chica mientras una de sus manos viajaba por la piel desnuda de su pierna, ella acariciaba con lentitud la espalda del joven, podía sentir la presión que ejercía su miembro sobre su vientre, cada roce la quemada, la excitaba al grado de llevarla acompañarlo en sus movimientos, él coloco ambas manos en las caderas de Susana y la subió un poco para acomodarla a su posición, el roce de sus senos y su piel desnuda lo estaba volviendo loco, coloco sus manos a ambos lados para apoyar su peso y sin dejar de mirarla a los ojos comenzó a entrar en ella.

Susana hizo un gesto de dolor y aferro sus manos con fuerza a la espalda del joven, el chico daba suaves besos en los labios mientras le proporcionaba el tiempo para que se fuese acostumbrándose a él, después de un minuto intento de nuevo empujando con un poco más de fuerza.

- Nathan – Menciono ella en apenas un susurro, pero eso le indico a él que debía detenerse.

- Lo siento amor – Le dijo rosando sus labios y fundiéndose en el cielo de sus ojos.

- Esta bien… esta bien… solo que… - Se detuvo desviando la mirada.

- Vamos a ir más despacio ¿Si? – Le dijo con una sonrisa. Susana asintió en silencio y comenzaron a besarse de nuevo.

Sus cuerpos pedían más acercamiento, el calor que los envolvía a ambos era cada vez más intenso… así como el deseo que los consumía. Él acariciaba de vez en cuando las caderas de ella para relajarla, la chica se movía incrementando el fuego en sus intimidades.

- Relájate Susy – Le decía al oído al tiempo que se lo decía a el mismo.

- Hazlo ya… estoy lista Nathan – Le dijo mirándolo a los ojos. Él vio que ella no dudaba, era mejor hacerlo de una sola vez, así pasaría mas rápido.

Se acomodo de nuevo sobre ella, busco sus labios de nuevo, besándola con ternura, con lentitud, un beso largo, profundo… la miro a los ojos.

- Te amo Susana – Le dijo con dulzura.

- Te amo Nathan – Contesto con una hermosa sonrisa.

Nathan la beso de nuevo y acercándose más a ella entro por completo, Susana dejo libre un gemido dentro de la boca de chico mientras sus uñas se clavaba en la espalda de él, Nathan la tomó por las caderas para evitar que ella lo rechazase, si se apartaba de él abruptamente solo se haría más daño, se quedo inmóvil esperando por ella, después de un minuto la chica comenzó a moverse muy despacio, Nathan recibió esto como una invitación y la siguió al mismo ritmo, él podía sentir como toda la húmeda en ella lo envolvía, como poco a poco comenzaba a dilatarse ofreciéndole mayor libertad, sus movimientos se hicieron más rápidos, ella también los acompañaba haciéndolo sentir maravillosamente bien, su respiración agitada y su cuerpo cubiertos de sudor creaban sonidos que eran como una hermosa melodías para sus oídos, se miraron a los ojos que brillaban llenos de deleite y pasión, ella podía sentir la necesidad de él de aumentar el ritmo, el dolor había comenzado a pasar… dejando lugar solamente a la satisfacción, sus manos recorrían la espalda sudada del joven, sus labios se buscaban con premura, ella cedió a lo que Nathan demandaba y comenzó a moverse al mismo ritmo de él, dejándose llevar por el frenesí de sentirlo tan cerca, tan suyo… de sus labios salía gemidos en descontrol, apretó aun mas sus caderas mientras sus movimientos se intensificaban, llevando no solo al chico a un estado de disfrute increíble… también lo hacia ella. Totalmente acoplados, sintiendo cada roce de sus cuerpos… comenzaron a viajar a universos llenos de colores, sabores, aromas… universos únicos y maravillosos. Sus bocas se unieron de nuevo y un temblor los recorrió por completo.

Eran cerca de las cinco de la tarde en la villa Lambert, los invitados se encontraban sentados en el jardín disfrutando de té, galletas y dulces, al tiempo que compartían una charla amena, los únicos ausentes eran Candy, Gerard y Fabrizio. La rubia se encontraba en su habitación pues un fuerte dolor de cabeza la había perturbado todo la tarde, el francés desapareció después de la conversación con la rubia y él italiano había subido a su habitación desde el almuerzo y no había salido de esta. Las mujeres se encontraban embelesadas con las historia de los viajes del rubio por el mundo, sorprendiéndose ante la sencillez con la cual este hablaba de cada lugar, era como si más que un extraño se sintiese parte de cada uno de ellos.

- Mi padre viajaba mucho, pero nosotros pocas veces lo acompañamos en sus viajes – Menciono Fransheska con tranquilidad – Solo conozco algunas parte de Europa, sobre todo de Francia e Italia, aunque no tanto como quisiera, pase gran parte de mi vida y nunca llegue a visitar Amiens – Agrego con nostalgia.

- Si, recuerdo bien cuanto querías ir a visitar la catedral, es en realidad una maravillosa obra arquitectónica, tantas veces que le insistimos a las monjas para que nos llevaran – Acoto Edith con el mismo sentimiento.

- En ese entonces no era seguro, la localidad era uno de los frente mas atacados por los alemanes – Señalo Denise.

- Se perdieron tantas cosas por esa situación, tantas vidas… aun no sé hasta donde puede llegar la avaricia y el ansia de poder del ser humano, lo peor de todo es que aunque el conflicto ya ceso existen grupos que aun siguen causando terror e intimidando a los pobres habitantes de estas localidades – Contesto la italiana con total seguridad.

- Es usted una mujer muy bien informada sobre esta situación Srta. Di Carlo – Menciono el senador admirado no solo la belleza de la chica, sino también su inteligencia.

- Digamos que no vivo en una burbuja Sr. Leblanc, aunque mi madre se esmere en mantenerme en una – Respondió con una sonrisa.

- Las mujeres cada vez se interesan más por asuntos que antes eran exclusivamente de hombres, aunque para muchos es una afrenta a mi me resulta fascinante – Acoto Albert dedicándole una sonrisa a la chica.

- Dentro de poco tendrán a mujeres senadoras, abogadas, arquitectas – Menciono con una sonrisa Edith – Solo dennos un pequeño espacio y será invadidos – Finalizo con una pequeña carcajada.

- En ese caso, será muy interesante ir todos los días al trabajo… ustedes serán un incentivo más – Le dijo el francés con una sonrisa mientras le tomaba la mano y le daba un suave beso. Ella le dedico una hermosa sonrisa.

Minutos más tarde vieron aparecer al francés, el semblante del joven era serio, pero al llegar a la mesa les dedico una sonrisa a los presentes, tomó asiento y se sirvió un poco de té, también les comento lo agradable de su estadía en el nuevo continente.

- ¿Gerard Amiens esta cerca de aquí no es así? – Pregunto su hermana.

- Si esta a una hora más o menos – Respondió el chico con naturalidad - ¿Por qué?

- Bueno es que… nos gustaría ir a visitar la ciudad, posee una de las catedrales más hermosas de toda Europa y hasta donde sabemos no fue afectada por los ataques durante la guerra, seria maravilloso ir hasta allá – Contesto mirándolo a los ojos.

- Podríamos planear una visita, puede ser mañana… es un lugar bastante tranquilo pero muy hermoso – Dijo el chico quien lo había visitado por su agenda política.

- ¿En serio podríamos ir? – Pregunto Fransheska emocionada como una niña.

- Por supuesto Srta. Di Carlo, saldríamos temprano para pasar todo el día recorriendo el lugar y regresamos en la tarde – Respondió el joven con una sonrisa.

- Seria estupendo – Menciono Edith emocionada al igual que la italiana – Debemos preparar todo si salimos mañana temprano – Agrego mirando su amiga.

Un visaje capto la imagen de los presentes, alguien cabalgada sobre uno de los caballos de la casa, la verdad lo hacia con maestría y elegancia al mismo tiempo, desplegaba fuerza, seguridad; brindándole un hermoso espectáculo, los primeros movimientos eran suaves, estilizados, de seguro probaba al animal, comenzó a apresurar el paso, iba de un lugar a otro... de pronto imprimo mas fuerza a la marcha y salió a todo galope sobre el caballo llevándolo hasta los limites de la propiedad, esta se encontraba sobre una pequeña colina, que permitía abarcar con la mirada los alrededores.

- Es Fabrizio – Comento Fransheska un poco apenada, ante la mirada interesada de todos los presentes - ¿Quién le habrá autorizado a tomar un caballo? – Se pregunto en pensamientos molesta.

- Lo hace bastante bien – Menciono Edith con una sonrisa. Jean Pierre Leblanc la observo con disimulo y se tenso.

- Al menos podemos decir que el Sr. Di Carlo esta disfrutando la estadía. – Agrego Gerard con un sarcasmo que no era característico en él.

- Todos estamos disfrutando la estadía Gerard – Acoto el rubio con una sonrisa, pero su mirada era seria, sabia que algo le sucedía a su amigo.

- El Sr. Di Carlo vio a los trabajadores pasear a Eriteo, se acerco hasta ellos y enseguida hubo empatía entre ambos, me pidió permiso para montarlo y se lo concedí – Dijo Denise con naturalidad.

- Mi hermano se lleva muy bien con los caballos… algunas veces hasta mejor que con las personas – Menciono Fransheska sin poder evitarlo.

Todos respondieron con una sonrisa aunque la de Gerard no llegaba hasta su mirada, el joven se puso serio por unos minutos, mirando al italiano desenvolverse como todo un experto.

Fabrizio se sentía totalmente libre, el aire golpeaba con fuerza su rostro, pero en lugar de incomodarlo lo disfrutaba, esta sensación de independencia, de fuerza, de vida… había encontrado en esto una especie de liberación, una salida a todo aquello que lo perturbaba… a todas las preguntas, las dudas, los miedos, las frustraciones… sentirse de esta forma lo llena, lo calmaba. Cerraba los ojos y aflojaba las riendas para dejar que fuese el animal quien lo guiase y no él, confiaba en los instintos de este y no en los suyos. Cuando se acerco de nuevo a la casa pudo ver a todos los invitados sentados en la terraza, no le provocaba hablar con nadie, no tenia ánimos para ser protocolar y menos con Lambert.

El francés vio como el italiano volvía sobre su marcha - ¿Lo estaba esquivando? – Pensó y una media sonrisa se dibujo en su rostro, mientras un brillo se instalo en sus ojos.

- Creo que acompañare al Sr. Di Carlo – Dijo sin mirar a los presentes se coloco de pie y salió bajo la mirada sorprendida de estos con rumbo a las caballerizas.

Minutos después el joven se encontraba sobre un bellísimo ejemplar, marrón con una hermosa mancha blanca en la frente, su pelaje era brillante, relucía ante los rayos del sol de la tarde que comenzaba a caer. Sin que el animal tuviese un previo calentamiento Gerard comenzó a correrlo con fuerza, quería atraer la atención de su contrincante. El joven sintió de inmediato el desafió en la actitud del francés y media sonrisa se dibujo en su rostro.

- Eres tan imbécil Lambert – Se dijo mientras retomaba el camino a la casa.

Paso de largo junto al hombre, fue bajando el paso y se detuvo frente a la terraza donde se encontraba su hermana y los demás invitados, las francesas se encontraba hipnotizadas ante la imagen del chico, se veía realmente hermoso, su cabello se mecía al compás de la suave brisa de primavera, el sol se estrellaba contra su figura resaltando los músculos de sus brazos, piernas y torso bajo la ropa, lucia deslumbrante… un verdadero sueño. Ambas tuvieron que suprimir un suspiro al mirarlo directamente a los ojos azul mar.

- Buenas tardes Señoritas, señores – Menciono con una sonrisa, después de esto se bajo del caballo y camino para tomar asiento.

Su hermana lo miraba con seriedad, le sirvió del té frio pues era evidente que la cabalgata lo había dejado sediento, él le agradeció el gesto con una sonrisa.

- Cabalga usted muy bien Sr. Di Carlo – Expreso Denise con amabilidad, dedicándole una sonrisa.

- Se hace lo que se puede Srta. Lambert, muchas gracias por permitirme usar a Eriteo, es un excelente ejemplar, posee mucha fuerza. – Contesto mientras le dedicaba una sonrisa a la francesa.

En ese momento llego Gerard quien también se notaba agitado por la cabalgata, hizo relinchar el caballo detrás de la silla donde se encontraba el italiano y sin bajar de animal se dirigió a él.

- Sr. Di Carlo ¿Ya lo canso Eriteo? – La burla era palpable en la voz de joven.

- No señor, por el contrario la cabalgata me ha llenado de energía – Menciono sin volverse a mirarlo – Tengo tantas que podría llevarme en este instante a su prometida – Pensó mientras se llevaba el vaso de nuevo a los labios con una sonrisa en ellos.

- Entonces no le importara si lo reto a una carrera – Dijo el francés sorprendiendo a todos menos al italiano.

Fransheska miro a su hermano con una suplica en sus ojos, conocía muy bien cual era la actitud de Fabrizio en estas situaciones, no era que temiera que algo malo le pasara, temía por la seguridad de Lambert.

- En lo absoluto Sr. Lambert – Menciono colocándose de pie y volviéndose a ver al francés a los ojos, con una sonrisa que abarcaba su rostro y sus ojos brillaban. – Que insistencia en hacer que te humille Lambert – Se dijo en pensamientos mientras caminaba para montar de nuevo.

Los invitados se sintieron emocionados por la situación, sin embargo ni Fransheska ni Albert se sentían así, algo les decía que todo esto acabaría mal, era evidente que este par solo buscaban la ocasión para desquitarse de Dios sabe que estupideces, la italiana no entendía la actitud de su hermano, porque esa antipatía en contra de un desconocido, apenas si había compartido con él, tampoco la actuación de Gerard, a no ser que… ¿Candy? ¿Todo esto era por ella? Pero… - Apresuro el paso para seguir a los demás que se detenían en un claro para ver mejor la carrera, ya los chicos se encontraban listos.

- Creo que deberíamos hacer esto aun más interesantes – Menciono el francés con desdén.

- Usted propuso la carrera, decida lo que desee – Contesto Fabrizio en el mismo tono.

- Corramos desde la pendiente de Roncesvalles, el terreno es escarpado y le darás mas emoción a la carrera, en vista que ambos somos buenos jinetes… no creo que le moleste un poco de riesgo – Dijo el chico señalando el lugar.

- Gerard no creo que sea buena idea, ese lugar es peligroso… la pendiente es muy fuerte – Menciono Denise que ya no veía con agrado la idea.

- Señores si lo que desean es solo divertirse creo que hacer la carrera aquí es lo mas apropiado, no veo que ganan con imprimir riesgo a esto – Acoto Albert mirando a los jóvenes.

- No veo peligro alguno en ese lugar, acabo de estar allí con Eriteo, ahora si usted gusta en hacerlo en ese lugar por mi no hay problema – Respondió el italiano obviando la alarma de los presentes.

- Fabrizio por favor, no es necesario correr riesgo por una carrera que se supone debería ser por diversión – Señalo su hermana con preocupación.

- No creo que exista riesgo alguno Fransheska, solo le dará un poco de emoción a todo esto ¿No es así Sr. Lambert? – Menciono el joven mirando al francés.

- Claro no veo porque tanta alarma – Respondió este con total tranquilidad.

- Gerard ese lugar no es apropiado ni siquiera para cabalgar, recuerda lo que le sucedió a Jules – Expreso el senador con seriedad.

- Son tonterías Jean Pierre – Menciono con una carcajada – Jules era un niño cuando eso sucedió, le estamos dando muchas largas a este juego, mejor empecemos de una vez – Agrego mirando de forma retadora al italiano.

Fabrizio asintió en silencio y salió con paso ligero al lugar señalado por el joven, seguido de inmediato por Gerard que imprimió mas fuerza para llegar primero. En ese momento habían llegado los sirvientes con varios caballos que Denise había enviado a buscar, ella sabia que no haría desistir a Gerard, con la ayuda de Jean Pierre subió en uno, Albert tomo uno de los animales y le ofreció la mano a Fransheska quien miraba absorta de todo la figura de su hermano.

- Fransheska – Dijo el rubio captando su atención – Vamos – Agrego mientras recibía la mano de la joven, la ayudo a acomodarse delante de él y puso en marcha al animal. Ella era consciente de la cercanía que había entre ambos, pero la preocupación por lo que podía suceder en la bendita carrera le impedía pensar en algo.

Edith y Jean Pierre hicieron lo mismo, minutos después todos se encontraban observando como los dos jóvenes se preparaban para la competencia. Las mujeres angustiadas al ver la pendiente por donde bajarían, los hombre sin lograr entender porque eran tan tercos… lo que estaba a punto de hacer era prácticamente un suicidio, cuando menos una gran caída con fuertes consecuencias.

- ¿Listo? – Pregunto Gerard con seriedad al italiano.

El joven solo asintió en silencio, bajo un poco y acaricio la crin de Eriteo, mientras le susurraba algo al oído para calmarlo, el animal se encontraba nervioso, no tanto como el que montaba Lambert, pero no quería que ninguno de los dos saliese lastimado. Se acomodo a la espera de la orden. La misma la dio Jean Pierre, aunque un poco renuente término por aceptar.

Poema de la Despedida

Te digo adiós si acaso te quiero todavía
Quizas no he de olvidarte... Pero te digo adiós
No se si me quisiste... No se si te quería
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.
Este cariño triste y apasionado y loco
Me lo sembré en el alma para quererte a tí.
No se si te amé mucho... No se si te amé poco,
Pero si sé que nunca volvere a amar así.
Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo
Y el corazón me dice que no te olvidaré.
Pero al quedarme solo... Sabiendo que te pierdo,
Tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.
Te digo adiós y acaso con esta despedida
Mi más hermoso sueño muere dentro de mí.
Pero te digo adiós para toda la vida,
Aunque toda la vida siga pensando en tí.

José Ángel Buesa

Continuara...