LAS VERDADES
Podía oír la voz de Jasper al fondo de mi mente. Hablaba de manera pausada e intentaba imprimirle un toque de confianza. Era así en cada sesión. Sabía de memoria lo que decía y tenia mejores cosas en las que pensar como ¿Dónde estaba Bella?
Ella no estaba en la sesión hoy.
Después del fin de semana en su casa no habíamos tenido comunicación, así que no había forma de que supiera que yo vendría hoy, ¿podía ser eso el motivo de su ausencia aquí?
Intente calmarme. Ella no podía estar molesta.
A pesar de su negativa ante mi pequeño deseo no estaba molesto con ella. Herido, tal vez, si. Pero no molesto, jamás con ella.
Aun rememoraba con alegría ese domingo, cada uno de los momentos que pasamos. La gran sorpresa que me dio, inclusive me había ayudado en mi perspectiva hacia el futuro. Me había abierto una puerta hacia algo en mi vida. Y me había dado cuenta de otra cosa aun más importante. Era con ella con quien deseaba pasar cada momento, era con ella con quien quería estar. Y tal vez no sería pronto, algún día cuando ella lo desease tanto como yo.
― ¿Quieres empezar tu, Edward? ― pidió Jasper y mi expresión horrorizada debió delatar el hecho que no tenía idea de lo que me estaba pidiendo.
― Perdón…. no sé qué…
― ¿Dr. Withlock puedo empezar yo? ― apunto Tanya.
― De acuerdo, hazlo tú. ―acordó Jasper.
― Me llamo Tanya Denali y bueno estuve interna en esta clínica tres meses. Yo….
― No es necesario que digas tus razones, Tanya, hazlo solamente si te sientes lista.
― Lo estoy doctor. ― Su voz sonaba segura pero sus manos temblaban en su regazo. Jamás la había visto tan vulnerable y a la vez tan fuerte. ― Ya saben cómo es la escuela, presiones sociales, indiscriminación por esto o aquello, rumores y chismes. A algunos afortunados esto no les afecta en lo mas mínimo, viven su vida en las sombra. Eso no me paso a mí. Llegue a esta "maravillosa" escuela nueva donde todos querían ser mis amigos, pero nadie lo quería en realidad. Las chicas decían amar mi ropa, mi estilo, que era hermosa pero a mis espaldas era otra cosa. Se empezaron a rondar chismes y rumores sobre mí. Que era una zorra, una golfa y muchas otras cosas. ― Rio sarcásticamente― al principio no le di importancia. Pero después las palabras se volvieron maltratos, bromas crueles, humillaciones. ― unas cuantas lágrimas se deslizaron por su mejilla, se abrazaba a sí misma para evitar temblar. ― Llegue a un punto que estaba aterrorizada de ir a la escuela, pero no quería decirle nada a mis padres. Ellos ya tenían suficientes problemas sin los míos. No tarde mucho en empezar a odiar mi vida, a odiar a cada persona que me rodeaba, a desear desaparecer. Hasta un día intente hacerlo. Tome un cuchillo de cocina y subí a mi habitación. Corte mis muñecas casi con apuro y me quede tendida en mi cama esperando que todo acabara.
Paso su mano por sus llorosos ojos quitando las lagrimas. Yo también sentí la humedad invadiendo mis ojos. Ella también había sufrido. ¿Pero quién en esta sala no lo había hecho?
― Desperté en una cama de hospital, con mis padres llorando junto a mí. Me sentí peor por hacerles eso. Pase un tiempo hospitalizada, un psiquiatra hablo conmigo y sugirió que me internasen por unos pocos meses. Obviamente así fue, pero no fue tan malo como yo pensé. Al menos las enfermeras hablaban y reían conmigo. Hice un amigo― dijo dirigiéndome una sonrisa a mi ― Y creo que he superado un poco del miedo que se formo en mi.
― ¿Cómo has sido acogida en tu casa? ― cuestiono Jasper.
― Papá y mamá hablan conmigo cada noche, me sofocan un poco pero sé que es que se preocupan. Mis hermanas Kate e Irina también se han acercado a mí. Me cambie de escuela porque mis padres temían que volvieran a molestarme. Estoy bien en mi nueva escuela y creo que seguiré estando bien. ― concluyo Tanya.
― Muy bien Tanya, me alegra escuchar como tu familia te ha apoyado. Has sido muy fuerte para superar eso― agrego Jasper.
― Edward ¿quieres seguir tú? Es tu decisión si quieres compartir tu historia con nosotros.
Apreté las manos en señal de ansiedad.
¿Estaba preparado para contar la historia que conocía por fragmentos? ¿Qué aun no asimilaba del todo?
― Creo que sí. Me llamo Edward― suspire audiblemente― estuve interno durante diez años.
La mayoría de los reunidos me miraron sorprendidos. Sí, creo que nadie estuvo tanto tiempo y luego salió de nuevo.
― Se me diagnostica algo como "disociación de la realidad", no sé muy bien que trata, jamás lo entendí. ― comente rememorando la única vez que Carlisle hablo de mi condición conmigo ― Cuando tenía siete años yo….― trague el nudo que había en mi garganta, era ahora o nunca. ¿Lo has superado o no, Edward? ― Presencia el asesinato de mi madre. Debido a ello tuve cierto shock y las personas responsables pensaron que estaría mejor viviendo en un orfanatorio en vez de llevarme con mi tío que era el único pariente que tenía vivo. No recuerdo mucho eso, es tan borroso e incompresible. Tiempo después pude ir a vivir con él y su esposa aunque después fui internado aquí. Al parece años después y aun no salía del shock. ― resumí no quería dar detalles de mis primeros cinco años aquí, ya estaba lo suficientemente horrorizados. ― Aquí mi único alivio era dibujar y la compañía de la pequeña muñeca de porcelana que había adoptado como una figura con vida. ― Me sentí tonto hablando de eso, pero era parte de mi historia ― Había pertenecido a mi madre y en mi desesperación infantil la había cogido conmigo. Yo… muchas cosas pasaron aquí, conocí a alguien que me ayudo a despertar de ese sueño tan bizarro en el que vivía. Una persona extraordinariamente buena y gentil que no huyo de mí a pesar de todo. ― pensé en mi Bella y todo lo que ella era para mí. Absolutamente todo lo feliz que me hizo y que me hace y no pude evitar sonreír por ella ― Conocí a un doctor que tuvo su parte de ayuda en mi caso. ― Mire a Jasper y le sonreí, el también tenía merito a pesar de lo que el mismo creía ― Hice una buena amiga― busque a Tania él es circulo para también sonreirle ― Y recobre una parte de la familia que había perdido. Volví con mis tíos y ellos hacen lo posible por cuidarme, de verdad los amos, a pesar de todo. Mi novia y yo nos amamos y también tengo su apoyo. Y creo que tengo un buen futuro por delante.
Cuando termine note mis manos aun fuertemente apretadas, mojadas por el sudor. La sequedad en mi garganta delataba el esfuerzo con el que había relatado parte de mi historia, y las pocas lágrimas que surcaban mi cara me decían que tanto había dolido el recordar, pero también lo liviano que me sentía me decía que ya no sería tan difícil como ahora. Agradecía el hecho que Bella no hubiera estado aquí, ella también hubiese llorado y yo no soportaba verla llorar.
Jasper farfullo algunas palabras alentadoras para mí pero lastimosamente mi pulso seguía atronándome en los oídos y me impedía escuchar bien.
Jasper volvió a preguntar quién mas quería participar con su historia. La mayoría ya lo había hecho, solo quedaban los gemelos.
La chica, Jane, no parecía ansiosa por hablar, pero su hermano levanto la mano.
― ¿Quieres hablar Alec? ― El asintió.
― Me llamo Alec Vulturie― crispe los dedos al reconocer el apellido. Vulturie, como Aro Vulturie. ― Yo estuve internado en una clínica en Italia. Yo….
― Alec, si no te sientes bien no lo hagas ― le pidió Jasper. Y es que podías notar como el muchacho temblaba. Su hermana le tomaba de la mano pero el parecía no tranquilizarse con ese gesto.
― Esta bien doctor. Por una vez quiero ser valiente― susurro. Su hermana le dijo algo al oído.
"Tu siempre has sido valiente"
― Mi padre era un doctor. Irónicamente un psiquiatra. Y mi madre un mujer enferma. Ella padecía constantes jaquecas que le impedían levantarse de su cama y cuidar de mi hermana o de mí. Al principio papá intentaba ayudarla pero se canso y la dejo a su suerte. Una tarde el volvió y fue a su habitación, mi hermana no estaba. Escuche que discutían y fui a ver. Yo tenía quizás cinco años pero recuerdo claramente los gritos. Ella no podía levantarse y creo que se desmayo por el dolor de cabeza. El seguía furioso. Tiro cosas contra las paredes, decía maldiciones una y otra vez y yo lo miraba desde la puerta, tomo una botella de whisky y se la tomo de un solo trago luego el me miro y yo me quede congelado. Me arrastro hasta su despacho y me dio una golpiza― las lagrimas corrían por el rostro de Alec. Su hermana le suplicaba que no siguiera contando nada pero él se negó.
― Después de ese día el empezó a desquitar conmigo todo lo mal que le iba. Decía: "Si no es contigo seria con Janie. ¿Tu no quieres que golpee a Janie, verdad Alec?" Yo no quería que la golpease como a mí. Janie era más delicada, yo era su hermano mayor. Yo debía cuidarla.
― Inevitablemente mamá murió. Pero las palizas no disminuían, hasta que una ocasión su hermana, tía Dídima, nos visito de sorpresa. El no me golpeaba de manera que podía ser visto tan fácilmente, pero ella lo hizo.
"¿Quién te golpeo Alec?" me pregunto alarmada. Le conté la verdad y ella pregunto porque nunca había dicho nada.
"Porque no quería que lastimara a Janie" dije llorando de miedo solo de pensar que la lastimase.
Ella se soltó a llorar, me tomo en brazos y tomo a Janie y nos saco de la casa en que vivíamos. Nos alejo de él, nos llevo con su esposo a Italia. No volvimos a saber de papá.
― Te he dicho que no le llames así ― le reprendió Jane mientras ella seguía intentándolo calmar.
― Me llevaron a un hospital donde me revisaron, pero yo no podía dejar que me tocasen. Tenía miedo que alguien me lastimase otra vez. Chillaba, pataleaba y lloraba. Solo tía Dídima y ´Janie me calmaban. Un doctor les dijo que sería bueno que me internasen unos días para poder monitorearme, pero tía Dídima no los dejos. Dijo que había sufrido mucho y que no me dejaría sufrir más. Pero con el tiempo mi estado empeoro, tenia pesadillas y no podía soportar el contacto físico con otra persona además de mi hermana. Así que el esposo de mi tía, Marcos, le insistió para que pudiera ver a un psiquiatra. Estuve unos meses interno pero no soporte estar ahí y rápidamente volví a casa. Aun hoy no puedo soportar estar cerca de mucha gente, me pongo ansioso y no puedo evitar sentir pánico.
La voz de Alec se apago en un murmullo.
Mi mente procesaba lentamente toda esa información. Aro Vulturie no solo había arruinado vidas de extraños. También había arruinado la de su hijo.
Jasper se levanto para atender a Alec, aunque hizo todo lo posible de no acercarse mucho. Unos minutos después Alec se calmo y Jasper siguió. No escuche bien a las demás personas que siguieron porque no pude evitar seguir viendo a los gemelos. Me apenaba su pasado, pero aun más que no lo superaran aun.
― Ha sido un gusto haber estado con ustedes― recito Jasper al terminar la sesión― Esta será la última sesión que tendrán conmigo, regresare a Inglaterra pronto, pero quiero decirle que cada uno ha tenido un gran progreso y me alegro por ustedes.
Las personas que estaban ahí se levantaron pero yo no pude hacerlo.
¿Se iba? ¿Se había rendido con Alice?
Estaba dispuesto a seguirlo para preguntarle cuando note que Jane y Alec seguían sentados. Algo en mi se removió al verlos. Ellos sufrían como yo o quizás más. Su propio padre los lastimo y dejo cicatrices en ellos.
― ¿Están bien? ― pregunte sin acercarme mucho a ellos.
― Estamos bien ― respondió Jane secamente. Y luego me ignoro― Iré a ver si ya vinieron por nosotros, ¿si? ― le dijo con cariño a su hermano.
― Fuiste muy valiente― comente al quedarme solo con él.
― ¿Por qué? ― cuestiono aun nervioso.
― Por cuidar de tu hermana de esa manera.
― La quiero mucho, jamás hubiese dejado que nadie la lastimara. Pero ahora dice que ella no dejara que nadie me lastime a mí.
― Ella también te quiere
― Si. Ella ha sido muy buena conmigo. Aunque algún día podría aburrirsese de cuidarme, no la culparía.
― Ella te quiere eso jamás cambiaria. Además, cuando te pongas bien tú podrás volver a cuidarla.
El se rio.
― Eres la primera persona que usa "cuando te pongas bien", además del doctor Cullen.
― ¿De verdad?
― De verdad, el ha estado tratándome durante unos meses. Y es el único optimista con respecto a mi caso.
― El tiene razón
― Podría ser. ― comento con incredulidad.
Su hermana se acerco a grandes zancadas a nosotros y me miro con enojo. Alec se puso de pie y se despidió de mí con un gesto de su mano.
― Adelántate ― le pido Jane y él lo hizo.
―Ni mi hermano ni yo queremos tu lastima ― espeto una vez Alec se fue.
― No es lástima. Yo simplemente quise ser amable.
― Gracias, pero una vez más no lo necesitamos. Nuestra madre murió y nuestro padre es un bastardo que espero hoy día se esté pudriendo en una cárcel, pero aun así seguimos hacia adelante. Intento hacerlo por mi hermano y por mí. Así que una vez mas no necesitamos amabilidad. ― dijo de manera agria. Se giro en sus talones y regreso a la calle.
Yo solo me quede ahí viéndola irse.
Alec no era el más dañado de los dos. El odio y la furia corroían a Jane y quizás eso no era mejor que tener un trastorno mental. Pero aun así, no la culpaba por eso.
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Carlisle conducía a casa y ambos íbamos en total silencio. Regularmente no era así, pero en esta ocasión tenía muchas cosas en la mente. Había tantas preguntas que quería hacerle así que empecé con la primera en mi mente.
― ¿Bella no fue hoy? ―
― Tiene unos días libres
― Ya veo― conteste aliviado. Siguiente pregunta ― ¿Por qué no me habías dicho que tratabas a Alec Vulturie?
Note que se tenso ante mi pregunta.
― ¿Te molesta?
― Claro que no― conteste ofendido ― Solo quiero saber porque me entere hasta hoy.
― No pensé que te interesara, ya tienes suficientes problemas en tu vida como para que algo mas te molestara.
― Es que no me molesta. Me sorprendió saber quiénes eran, me sorprendió aun más su historia pero en ningún momento he sentido rechazo hacia ellos. Ellos sufren igual que yo, quizás más.
― Entonces….― cuestiono aun sin entender mi punto. El seguía con la vista fija en el camino pero completamente atento a mí.
― No me gusta que me ocultes cosas. Sé que lo haces. Todo el mundo lo hace y no me gusta.
― ¿Por qué lo piensas?
― Te he escuchado hablar con Esme, con Jasper de cosas que no me dices.
― Escucha Edward, se a lo que te refieres y por eso….― el auto se detuvo y note que estábamos en un lugar desconocido para mí. ― …. Estamos aquí.
Había estacionada el auto frente a una casa enorme, no era parecida a la suya. Esta parecía una pequeña mansión.
En silencio bajo del auto y yo lo seguí sin comprender. Pasamos por el extenso campo que debía ser el jardín pero no había ninguna flor. Parecía abandonado desde hacía mucho.
Llego a la gran puerta de madera y saco la llave. Lo mire interrogante.
― Hace algún tiempo Esme te menciono la idea de que podrías vivir en la casa que fue de tus padres. Quiero que conozcas el lugar antes de que tomes una decisión. ― dijo ante de empujar la puerta.
El corazón se me encogió. A pesar que esa idea ya no era muy llamativa para mí no quise contradecirle, yo quería conocer esta casa. Yo lo deseaba a pesar que nunca lo había expresado deseaba recobrar una parte de lo que fueron mis recuerdos junto a mis padres.
Camine sigilosamente detrás de Carlisle mientras nos pasábamos por la que debió ser la sala. Había pocos muebles y los que estaban cubiertos por mantas blancas y polvo.
― Nadie ha entrado a esta casa en años. ― comento Carlisle mientras empezábamos a recorrer los salones.
Sentía que debía recordar algo, cualquier cosa de esta casa pero todo me parecía tan desconocido.
― En esta casa tus padres tuvieron los mejores momentos de su vida. Aquí empezaron su vida juntos y aquí empezaste tu vida, también.
Las habitaciones vacías no me decían nada, la tapicería deteriorada, los muebles arrinconados, nada me hacía referencia a un hogar.
― Nada se me hace conocido ― dije con la voz extrañamente ronca.
― A mi tampoco ― respondió Carlisle ― Después que tus padres se fueron esta casa ya no me pareció lo mismo. Puedes subir, si lo deseas. ― señalo las escaleras.
Dubitativo subí el primer escalón, y el siguiente y el siguiente, hasta que sin darme cuenta estaba corriendo en las escaleras.
Llegue a la segunda planta y el lugar era similar a la parte de abajo. Polvo y desolación.
No sabía que esperaba hallar, solo sentía que debía correr arriba.
Recorrí las habitaciones sin saber lo que buscaba, tal vez un indicio que en algún momento estuve aquí, que en algún momento fui feliz aquí pero no encontraba nada.
Finalmente llegue a la habitación mas grande, era la que habían ocupado mis padres. Sorprendentemente los muebles seguían en su sitio. La gran cama ocupaba el centro de la habitación, había un pequeño tocador en una esquina. Me acerque a él y moví algunos tarros que habían ahí, llenos de polvos pero era una escena conocida. Esa habitación, me era familiar. Moví mis manos recorriendo las cosas del tocador hasta que toque algo que me llamo la atención. Una pequeña cajita circular, la tome entre mis manos y la abrí. Una melodía empezó a sonar al abrirla e inmediatamente la recordé.
Esa cajita era de mamá, lo ponía junto a mí para hacerme dormir, recordaba la melodía. Era lo que tarareaba el día que me encontraron, era lo que tarareaba a Bella cuando estaba dormida.
― Me imagine que te detendrías aquí―escuche la voz de Carlisle a mis espaldas. ― La única habitación que sigue más o menos intacta.
― La única en la que encuentro recuerdos. ― dije mostrando la cajita de música.
― Ah, la preciada caja de tu madre. Casi me volvió loco cuando tu padre se la regalo. Fue su primer regalo y a pesar que era tan humilde ella lo amo.
― ¿Puedo llevarlo conmigo?
― Claro que puedes ― contesto con voz paternal.
Pase unos minutos más revisando la habitación pero no había nada mas, así que Carlisle y yo salimos de la casa sin decir palabra.
― ¿Qué piensas? ― pregunto Carlisle cuando estábamos por subir al auto.
― En nada realmente. Simplemente pensé que al entrar a esa casa recordaría muchas cosas de mis padres. Pero no fue así, me siento decepcionado.
― Bueno, no era ese el objetivo de que vinieses, pero al menos tienes un pequeño recuerdo ¿no lo crees?
― Creo que si ― dije apretando la cajita en bolsillo. ― ¿entonces cual era el objetivo de venir?
― Quería saber cual sería tu decisión.
― No quiero vivir ahí ― conteste sin pensar. La casa no era mía, no me daba ningún recuerdo malo o bueno. Pero simplemente no era mi casa.
― Entiendo. Cuando decidas donde te gustaría vivir buscaremos un lugar para ti.
― Carlisle, le pedí a Bella vivir con ella. ― comente antes que siguiera con sus planes para mí.
No comento nada, parecía como si la idea le molestara.
― ¿Te ha dicho que no, verdad?
― Así es. ― comente triste.
― Es lo mejor ― mascullo entre dientes y eso me hizo molestarme.
― ¿Por qué es lo mejor?
―Edward, debes entender que aun eres un poco inestable en tus cambios de humor.
― Si ¿y?
― Qué puedas tener algún tipo de crisis ¿No temes en algún momento puedas dañar a Bella mientras estas molesto?
La simple idea me horrorizo.
― ¡Jamás la dañaría! ― conteste con más fuerza de la que quería. ― No sé cómo puedes pensar eso. Es lo único que jamás haría.
Sus ojos me veían llenos de contradicción.
¿El está consciente de su última crisis? ― recordé lo que había preguntado Jasper en aquella ocasión.
¿Qué crisis?
― ¿Carlisle que paso en mi última crisis en el hospital? ― pregunte deseando una verdadera respuesta y temiendo su negativa a dármela.
― ¿Por qué lo mencionas?
― Hace algún tiempo tú y Jasper hablaron de eso. Dijiste que no lo recordaba.
― Es mejor que no lo hagas ― rápidamente respondió.
― Quiero saberlo. Deja de ocultarme cosas.
― Quiero protegerte― dijo con la voz en un murmullo
― ¡No necesito que me protejas! ¡Quiero la verdad! ¿Qué tanto te cuesta darte cuenta que entra mas me mientas y más me ocultas menos confiare en ti?
Sus manos se apretaron contra el volante, sabía que había llegado a un punto de angustia para ambos.
― No soportarías la verdad.
― ¡Dime la verdad! ― rugí colmado por la angustia. Mis manos temblaban sin que pudiese controlarlas. Algo en mi mente conectaba los puntos de los que hablábamos pero temía el resultado.
― No
Apreté los dientes para no gritar. Entonces lo que tanto había deseado mientras estaba en esa casa sucedió.
Un flash de memoria me golpeo. Pero no un recuerdo de mis padres, no un buen recuerdo.
Bella tenía el miedo pintado en su rostro. Quería soltarse de mi agarre. Me pidió que la soltara. Ella lloraba.
Mi aliento se atoro en mis pulmones mientras repentinamente el entendimiento acerca del miedo de Carlisle me atravesó.
― Ya la he lastimado ¿verdad? ― pregunte con voz angustiada― Esa vez, en el hospital. La acorrale contra la pared y….
― No, Edward, no. No fue tu culpa…..― decía Carlisle mientras intentaba mantener su atención en la carretera cosa que le era difícil teniendo su atención puesta en mi.
Pero no escuchaba más porque la escena se repetía una y otra vez en mi cabeza. Como un video.
Con dolor apreté mis dedos en contra de mi brazo. Era el mismo dolor que le había causado a Bella.
Llegamos a casa y Carlisle casi tuvo que arrastrarme fuera del auto.
El seguía negando todo. Que no había sido mi culpa. Pero claro que no era verdad.
Carlisle me llevo a uno de los sillones de la sala y fue a buscar su maletín. Pero yo no lo espere. No era con él con quien yo deseaba hablar. Mis pies me llevaron hacia la puerta.
Sabía lo que debía hace.
Tenía que ir con Bella.
Ella era la única que podía decirme la vedad de cómo habían pasado las cosas. Aunque estaba seguro de lo que había pasado. Lo único que en verdad necesitaba era verla.
Las calles de Chicago estaban heladas pero en esta ocasión no lo note, mi único pensamiento era llegar con Bella. Llegar y….
¿Qué más? ¿Qué le diría?
De solo recordar su cara de temor hace que se me revuelva el estomago.
Llegue al edificio de Bella en automático y subí las escaleras casi inconscientemente. Al estar de pie frente a su puerta las manos me temblaron pero necesitaba verla.
Toque la puerta con fuerza.
Escuche los pasos al otro lado y luego la cerradura abriéndose.
La mirada de Bella se ilumino al verme pero casi de inmediato noto mi semblante oscuro.
― Edward, que sorpresa. Entra― pidió un poco nerviosa.
Ella se acerco a mí y me beso.
― ¿Qué pasa? ― pregunto aun confundida.
― ¿Es porque temes que vuelva a lastimarte que no quieres que viva contigo? ― solté sin pensar. Era la idea que se había formado en mi cabeza mientras caminaba, y no podia evitar pensar que esa era la razon.
Sus ojos me miraron con turbación y agonía. Lo que menos deseaba era lastimarla.
Pero necesitaba su respuesta. Necesitaba saber la verdad.
Penúltimo capitulo. El siguiente el final y después el epilogo.
Espero les haya gustado.
Que tengan felices fiestas. Que la pasen genial con su familia y amigos. Y cuidense ya saben, si manejan no tomen.
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Ahora sí.
Gracias por haber llegado hasta aquí.
Nos leemos pronto.
