Atención: Después de decirlo 36 veces si no ha quedado claro que esto no es mío y no gano dinero con ello...

Notas del fic: tortura, violencia, intriga y acción. ¿Qué más podemos pedir?

Notas de la autora: Estoy tan excitada de compartir con vosotros la historia que no quiero decir nada. ¡A leer!

Este capítulo va dedicado a ULaLa, porque se lo merece.

Resumen: Tras la derrota de Voldemort, Snape escondió a Draco en la taberna Cabeza de Puerco. Encapuchado y con su marca oscura, no puede hacer magia para no ser detectado. Hermione Granger ofrece ayuda a Draco a través de La Orden del Fénix para ponerlo a salvo, usando el cuerpo de Potter. Al rechazarlo y volver a la taberna, el rubio ve que alguien la ha incendiado. Los aurores lo encuentran entre la nieve y lo llevan a Grimmauld Place, donde ha de vivir con Harry Potter, Hermione Granger, Remus Lupin y Nymphadora Tonks, que parecen tener interés en protegerlo. Harry Potter le ha devuelto su antigua varita a Draco. Los aurores lo mandan a una cabaña en el campo con la excusa de efectuar una peligrosa misión para rescatar a Severus Snape, de la que Harry sale malherido. Draco salva la vida del Chico que vivió con sus conocimientos en pociones, pero al regresar a Grimmauld hay otro problema: ahora los mortífagos persiguen a magos de renombre para cambiarlos por presos de Azkaban. Los magos se esconden en mundo muggle, donde Draco se encuentra con su antiguo amigo y camarada Blaise, quien enseguida entabla una relación con Harry. Los mortífagos perpetran otro ataque, siendo esta vez Hermione Granger quien sufre las consecuencias. Mientras La Orden del Fénix informa a los demás que la treta de los mortífagos era una tapadera, que realmente quieren crear un ejército de magos, Narcissa despierta del coma desmemoriada, y trata de averiguar cuáles son las intenciones de quienes la acogen hasta que consigue convencer a Harry con legeremancia. La relación de ambos abre una nueva brecha entre Draco y Harry, quienes, en medio de la pelea reciben una noticia: Blaise ha sido secuestrado.


POR AMOR A UN MORTÍFAGO

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PARTE V: LA ORDEN DEL FENIX

CAPÍTULO 37: DRACO MORTÍFAGO

Entonces, se separaron; algunos se trasladaron hacia La Madriguera, donde varios minutos después se desaparecieron en un barrio muggle. Arthur Weasley, Harry Potter y Remus Lupin entraron en un viejo edificio donde un señor calvo y enano los recibió calurosamente. Tenía unos aparatos extraños llenos de cables y botones, y mientras esperaban a que la llamada de Blaise se produjera, tomaron un té. Harry no podía llevarse nada a la boca, y estuvo yendo de un lado a otro de la estancia, preocupado. Blaise le había dicho que había salido a comprar y de repente varios encapuchados lo acorralaron, y no recordaba nada más. Estaba encerrado junto a otros jóvenes, y le habían quitado la varita para que no pudiera defenderse. Sin embargo, no debieron registrarle apropiadamente, y para cuando estaba en un sótano junto a los demás, comprobó que aún tenía su móvil, había cobertura y podía llamar.

—Harry, por favor, siéntate —dijo Remus consciente de la preocupación del joven.

Harry lo hizo, pero media hora después volvió a levantarse, esperando la llamada de Blaise, la cual no se produjo hasta una hora más tarde, cuando aún había luz.

La llamada había sido conectada a uno de los equipos de aquel señor para poder localizarla, y ahora Blaise hablaba con voz muy baja y bastante asustado.

—Blaise, soy el profesor Remus Lupin, vamos a intentar localizar la llamada y para ello necesito que hables hasta que yo te diga, ¿de acuerdo?

—¿Localizar la llamada? ¿Cómo?

—Con un aparato especial —añadió Arthur Weasley—. Un amigo mío nos ha prestado amablemente su ayuda. Es un amigo especial, trabaja en la policía.

Harry añadió algo para hacerle entender. Blaise lo captaría.

—Ya sabes, Blaise, esos que... te caen tan mal. Sé cuidadoso.

—Harry, hay un montón de chicos y chicas ya sabes... de nuestra edad, talentosos, pero están todos muy asustados. A veces, los imperian para que uno de ellos torture a otro, pero no siempre bajan a molestarles, a veces les dejan tranquilos, les traen comida y les dejan ir al baño. Estoy asustado, pero les he dicho que vais a venir a por nosotros. Porque vais a venir, ¿verdad?

—Claro que sí.

—¿Qué más, Blaise? ¿Algo del sitio que nos pueda reportar alguna pista? —preguntó Remus, sentándose en una silla.

—No sé, señor, cuando me desperté estaba aquí, así que no vi nada del exterior.

Harry y Arthur se miraron. Era cierto, el escondrijo de los mortífagos era imposible de localizar de forma mágica, incluso creían que se cambiaban de sitio cada cierto tiempo para no ser detectados. En la última reunión donde uno de los Inefables dijo que en alguna ocasión habían logrado detectar a una persona a través de un aparato muggle, a Arthur Weasley le faltaron pies para que el plan tomara forma cuando supo que Blaise llevaba un móvil. Él conocía a un policía muggle retirado que podía echarles una mano. Y si las cosas se ponían feas, siempre podrían obliviatearlo.

Harry estaba atento a la pantalla, donde había un mapa y una flecha moviéndose.

—¿Has podido ver algo más?

—Sólo a los mortífagos, pero llevan la careta y no puedo identificarlos.

—Blaise, por favor, no intentes nada estúpido, estaremos allí tan pronto como detectemos dónde estás —añadió Harry.

—Si me dan veritaserum, se acabó. Sabrán todo, Harry. Sabrán que estuve contigo, todo. Los chicos me han dicho que les dan veritaserum para ver si saben algo sobre ti.

—Era de preveer —murmuró Arthur, llevándose las manos a la cabeza.

—¿Qué es veritaserum? —preguntó el muggle, curioso.

—Dijimos que nada de preguntas, Louis —indicó Remus.

—Sois raros, ¿lo sabíais?

—¿Lo localizas? —inquirió Harry.

—Aún no, no debería tardar tanto...

Remus y Arthur se miraron, conscientes de que algún campo electromagnético hubiera sido alterado por la magia.

—Harry, no vengas, te buscan. Manda a tus compañeros, pero no vengas tú. Te matarán si no te torturan antes. A nosotros nos quieren vivos, pero de ti quieren venganza.

—Tendremos que recurrir al plan C —habló Remus—, nada que no nos esperásemos.

—Blaise, mantente a salvo, por favor.

—Tranquilo Harry, en mi agenda no apareces como Harry, y ahora borraré todos los registros de llamadas.

—Eso es... muy ingenioso, Blaise, ni siquiera yo sé hacerlo —sonrió Harry sintiendo de repente una necesidad de abrazarlo.

—¿Draco está bien? ¿Sigue contigo?

—Está bien, sí —y pensó que ahora no tendría muchas ganas de estar con él. Lo había dejado plantado para socorrer a Blaise. De seguro estaría enfadado.

—¡Lo tengo! —el muggle señaló la pantalla, donde la flecha había dejado de virar a un lado y a otro y ahora estaba fija, en un punto. Remus se levantó de golpe y Harry vio cómo ambos miraban el mapa, ansiosos por descubrir el escondite.

—¿Dónde está esto? —preguntó Arthur, sintiéndose algo inútil entre tanto cacharro muggle, y a la vez, fascinado.

—¡Joder, está en Manchester! Al noroeste del distrito de Peak...

—Márquelo en un mapa —indicó Arthur Weasley.

—No podréis llegar allí hasta mañana. Hay una estación, Chinley, que puede estar próxima, aunque está en mitad del campo —el muggle curioseó aquí y allá y dijo—. Hay ocho horas en tren, ¿cómo vais a llegar ahí?

—El avión quizá sea una opción —sugirió Harry, y recibió miradas de Remus y Arthur.

—Déjelo de nuestra parte, muchas gracias.

—Puedes colgar ya, Blaise. Os hemos localizado, iremos enseguida —aseguró Remus.

—Si no están aquí en dos horas, quizá esté perdido. Aún no me han dado veritaserum, pero no creo que tarden, los chicos me han dicho que en cuanto llegan son interrogados por uno de ellos.

—No debes preocuparte, tenemos un plan —dijo Arthur, y consciente de la mirada incrédula de su colega muggle, indicó—. No podemos darte más detalles, cuídate chico.

—Harry, no volveré a llamarte. Si me descubren con el móvil, lo más seguro es que trasteen con él y si no lo entienden, quizá me ordenen llamar a todos mis contactos, y ya sabes que no soy muy sociable, sólo te tengo a ti, a Pansy y a mi madre. No cojas ninguna llamada, sólo me comunicaré contigo a través de mensajes. Y por supuesto, no me mandes ninguno tú si antes yo no lo he hecho.

—De acuerdo —asintió Harry, impresionado por cómo en situaciones de riesgo lo más útil era tener una mente Slytherin.

—Y Harry, si me obligan a decirte algo y hay peligro, entonces diré las palabras "nadie lo entiende".

¡Acuérdate, Harry!

El moreno sintió sus ojos empañados. ¿Por qué demonios habían cogido a Blaise? Blaise era un chico muy inteligente, agradable y algo irónico; Blaise era el único Slytherin que lo había ayudado cuando descubrió su orientación sexual; Harry amaba a Draco por encima de todo, pero Blaise ocupaba un lugar especial en su corazón, lo querría siempre. Si los mortífagos supieran… si supieran que el mago secuestrado estaba tan cerca de Harry Potter… si él mismo se entregara, todos aquellos jóvenes podrían salir de allí.

—Harry, no quiero que hagas ninguna tontería —advirtió Remus como si le hubiera leído la mente—. Tenemos un plan para liberarlos, lo sabes, no es necesario que tú te sacrifiques.

—Además, ahora habrá que ir al Ministerio para crear un traslador —indicó Arthur, profundamente orgulloso de haber acudido a su amigo y vanagloriándose de que un aparato muggle hubiese jugado a su favor.

—Jamás hubiera pensado que el móvil de tu amigo nos diera la pista —sonrió Remus.

—Si no lo denuncian, no podremos buscarlos —indicó el muggle, que se había perdido en la primera frase.

—Ya te lo dije, Louis, nada de policía. Nosotros iremos allí.

—No podré poneros escolta —se lamentó el pobre de Louis.

—Nos has sido de gran ayuda, Louis, de verdad. Te agradezco que estés con nosotros para estas cosas —añadió Arthur—, te invitaría a tomar un té en mi casa, pero… ahora no es momento. Quizá quedamos otro día, en tu cafetería favorita.

—Hecho —dijo el hombre, satisfecho, entregándoles un papel con las coordenadas exactas del sitio.

Y salieron de la casa, volviendo a la Madriguera. Poco después Ron se marchó al Ministerio con los datos para crear el traslador y Hermione lo acompañó. Remus agarró el hombro del moreno y asintió:

—Han venido todos, Harry. Bill, Fleur, los Inefables del Ministerio… estamos preparados.

Harry tragó saliva. Bien, era hora de otra operación. En la última habían perdido a Ojoloco y esperó con el corazón no perder a nadie ahora, por Merlín, a nadie y menos a él.

—¿Draco? —preguntó.

—Draco está bien, con Narcissa, se han ocultado pero ninguno de nosotros sabe dónde. Por si se les ocurriera darnos veritaserum… tienen guardianes.

Harry asintió, sintiéndose culpable por haberse enfrentado por algo tan ñoño con Draco. De repente supo que podría perderlo y tuvo ganas de preocuparse por lo que de verdad importa. Entró para encontrarse con una horda de Weasleys; aún llevaba el móvil en la mano, y lo dejó en la mesa para entrar al baño. Luego, Molly lo llamó para repartir las posiciones. Después, Harry, con toda la tensión y ansiedad descargada por el secuestro de Blaise, o quizá porque el caldo de Molly Weasley era lo mejor en esas circunstancias, se quedó traspuesto sobre la mesa.


Cuando Harry despertó, tenía la boca seca y sentía la cabeza pesada. Se incorporó con el pelo revuelto y abrió los ojos.

"¿Qué ha pasado? ¿Me he dormido? ¿Cuánto tiempo he dormido? ¿Por qué no me han despertado?"

A su lado, notó una presencia. Se volvió para encarar a George Weasley, sonriéndolo.

—¿Qué ha pasado, George?

El pelirrojo señaló con la cabeza hacia una zona lejana. Harry notó entonces el viento entre los árboles, sus zapatillas manchadas de barro y vio que estaba en un bosque. O algo parecido.

—Han ido a probar el traslador al escondite de los mortífagos. Nos han dicho que nos quedemos aquí.

Harry se frotó la cabeza. ¿Quién lo había golpeado?

—No recuerdo nada. Estaba en tu casa y luego tu madre me dio un caldo. Ibamos a separarnos para ejecutar el plan.

—Creo que te desmayaste, por la tensión —George explicó, pero Harry lo miró extrañado—. Eso fue lo que me dijo mi madre. Te dejamos descansar unos minutos y luego nos desaparecimos para tomar cada uno el lugar según el plan.

—No recuerdo eso —dijo Harry.

—Sufriste despartición y te desmayaste —dijo George y alzó una pequeña botellita—. Nada que no se haya podido arreglar con esencia de díctamo.

—¿Despartición? —y Harry miró sus miembros uno por uno para ver qué era lo que faltaba.

—No siempre te dejas algo físico, Harry. También existe la despartición mental, en tu caso, por eso tienes lagunas.

Harry no quería discutir. Había algo más importante que ocupaba su mente ahora. Agarró su varita y dijo:

—¿Cuándo vamos a actuar?

—Nos darán una señal —y George alzó una moneda que a Harry le recordó vagamente el calendario hechizado por Draco para ir a ver a Blaise. Ellos también habían usado esas monedas en Hogwarts, cuando pusieron en marcha el Ejército de Dumbledore. El moreno se frotó los brazos: hacía frío fuera. George y Harry siguieron sentados en el césped hasta que la moneda se calentó.

—Vamos, Harry, es la hora. Ve a avisar a Remus y a mis padres, para que vengan a luchar.

—Pero, ¿cómo podremos entrar con las protecciones oscuras?

—Al parecer ya no hay protecciones, creo que algún Inefable las quitó. Necesitaremos más magos para combatir contra los mortífagos, date prisa, ve a La Madriguera, te esperaré.

Harry se levantó.

—¿Tú no vienes?

—No. Voy a asegurarme de que no me necesiten. Ve, Harry.

—¿Este era el plan?

George se encogió de hombros.

—Estar ocultos hasta que los Inefables vinieran con el traslador. Estarán aquí pronto, corre, avisa a Remus, para que vengan aquí y el traslador nos lleve a todos. Ron y Hermione se quedarán ocultos para vigilar, pero pronto los acompañaremos. Me desapareceré contigo.

George no dio opción a Harry a preguntar o a cuestionar nada. Lo desapareció y entonces estaban frente a La Madriguera. George volvió a desaparecerse y Harry se quedó solo. El viento danzaba entre los árboles, pero el chico no perdió el tiempo. Corrió varita en mano hacia la casa, donde había luz. Por precaución, entró por la parte de atrás. Había mucho silencio.

Harry empezaba a sentir que había algo que estaba mal, muy mal. Abrió la puerta, la cerró cuidadosamente y caminó hacia el salón; quizá estuvieran allí, junto a la puerta, y el corazón del muchacho se desbocó, esperando verlos sonriendo, hablando, aguardando el próximo paso. Sin embargo, cuando el joven vio el panorama, deseó no haberlo hecho; Los Weasleys estaban allí; Molly y Arthur, junto a Remus Lupin y Bill Weasley; pero ninguno de ellos sonreía. Los cuerpos de todos ellos se hallaban repartidos por el salón, y no parecían moverse. Harry corrió hacia el más cercano a las escaleras, Bill, llamándolo, lo zarandeó, sacudiéndolo, pero nada ocurrió. Después, Harry corrió hacia Lupin, con el corazón latiéndole a mil por hora. Remus no, por favor, Harry siempre escuchaba historias de los merodeadores de su boca, y Remus siempre le hablaba de sus padres y de las fechorías que cometían en Hogwarts. Pero Remus estaba tan inmóvil como Bill, y cuando comprobó su pulso, no había tal. Harry apretó los puños, de pie, junto a su cuerpo, y chilló. Las lágrimas se agolparon en sus ojos, mientras zarandeaba a los demás, sin éxito. Después, Harry recorrió la casa, en busca de algún otro miembro, comprendiendo que no había nadie más. ¿Qué había salido mal? ¿Y si habían apresado a Ron y a Hermione, llevándoselos, descubriendo la moneda y dándoles con ella una pista falsa? Eso debió ocurrir, para el ridículo ejército que trataban de formar, y es posible que ahora mismo, tanto Ron como Hermione estuvieran encerrados. George. Tenía que avisarlo, tendría que decirle que algo había ido mal, que los habían visitado… para matarlos. Aterrado, se dio cuenta de que el móvil no estaba en su bolsillo. Ah, sí, lo había dejado en la mesa antes de entrar al baño. Se acercó, buscándolo, pero no lo encontró. Una sensación de vértigo lo inundó. Genial, se había cargado su único modo de ponerse en contacto con Blaise. Harry no sabía qué pensar, sólo que la misión se había ido al traste. Sacó su varita, y se dirigió hacia el patio para rastrear las inmediaciones; si quedaban mortífagos, él los mataría. No dudaría. No después de que le hubieran arrebatado a su familia.

Sin embargo, cuando Harry estuvo a punto de abrir la puerta, otro la abrió antes que él desde el otro lado. Ilusionado, Harry quiso lanzarse a los brazos de aquel rubio, gritar que al menos él no estaba perdido, reclamar que por una vez, tenía a alguien por quien vivir. Pero Draco no pareció contento de verlo. Lo apuntó con la varita, murmurando algo, y sólo entonces Harry vio que el muchacho no venía solo.

—¿Draco?

Varios mortífagos enmascarados lo rodearon. Algunos se quitaron las caretas. A Harry le recordaron el momento en aquellas tumbas cuando Voldemort se sirvió de su sangre para renacer; también le recordó la batalla de Hogwarts. Podía entender por qué Draco los temía, con aquella aura de oscuridad envolviéndolos.

—Bueno, bueno, pero si tenemos aquí a Harry Potter —dijo un mortífago que el moreno recordaba de la última batalla de Hogwarts, Yaxley.

—Asegúrate de que no es alguien con poción multijugos —dijo otro, que Harry reconoció como el padre de Goyle.

Muy bien, si creían que todo iba a ser tan fácil, estaban equivocados. Harry dirigió su varita hacia ellos y entonces Draco gritó:

—¡Incárcero!

Y Harry Potter cayó al suelo con manos y pies atados. Lleno de estupor, y recuperado por la caída, el moreno elevó sus hermosos ojos verdes llorosos a través de sus gafas para contemplar al chico que amaba. Ahora todo tenía sentido: Draco había sido capturado, le habrían dado veritaserum y ahora les había revelado dónde estaban todos. Y lo estaban usando; lo imperiaban contra él.

Se resistió cuando uno de los mortífagos le deslizó el suero de la verdad por los labios. Tosió tratando de expulsarlo, y unos ojos llenos de ira reflejaron los suyos

—Dime tu nombre completo —exigió, tras unos segundos.

Harry elevó la vista, y Draco lo miraba muy atento. Harry tenía que matarlos, debía esforzarse en hacer un hechizo, pero las palabras se agolparon en su mente, y antes de que pudiera tener control sobre ella, su boca habló:

—Soy Harry James Potter.

—¿Y qué más? ¿Dónde estudiaste?

—Hogwarts.

—¿Quién es este? —el mortífago señaló a Draco.

Harry se mordió la lengua, porque no podía decir de ninguna de las formas que era su novio, su amante y la persona que amaba.

—Draco Malfoy.

—¿Y ese otro? —señaló el hombre a otro de los mortífagos presto a comprobar si había alguien más en la casa y quien inmediatamente se quitó su careta. Harry agrandó los ojos.

—Theodore Nott, Slytherin.

El aludido pareció hacer una mueca de disgusto, mientras Draco, vestido completamente de negro, sonreía.

—Os lo dije. Ya tenéis la prueba. Ahora dadme mi puesto.

—Encárgate, Goyle —dijo Dolohov, y este salió y se desapareció.

Harry frunció el ceño. ¿Qué puesto? ¿Qué le habrían prometido a cambio? ¿Draco no estaba imperiado? Harry trató de mirar más atento sus ojos, por si se parecían a los de Krum en la última prueba de los tres magos, pero no tuvo tiempo; Theodore Nott se acercó a él y le pateó. Harry gimió, y oyó que le decían:

—¡Eh, Potter! ¿Draco ha estado contigo? ¿Ha vivido en tu casa?

El moreno aún actuaba bajo el suero de la verdad. No pudo negar aquello.

—Nott, no trates de fastidiarme o te ataré como a él. ¿Qué más prueba necesitas? ¡Es el jodido Niño que vivió!

—¡Pues mátalo! —los ojos de Nott sí refulgían con furia—. ¿O acaso le has tomado cariño?

—Nott, mírame. No voy a matar a Potter, porque primero… lo torturaré. Lo torturaré por haber metido a mi padre en la cárcel, por haber hecho que mi vida se fuera la mierda, por haber hecho que nos tomara el pelo y por haber matado a Nuestro Señor.

Harry escuchó asombrado las palabras del rubio. Quería explicaciones, pero no podía pedirlas, su estado de shock se lo impedía. En lugar de eso, fijó la vista en Molly Weasley, cuyo cuerpo estaba retorcido junto al sofá. La mujer que jamás conocería a sus nietos... ni siquiera Remus podría conocer a su hijo. Esperaba que al menos Tonks estuviera bien y no se le ocurriera de ninguna forma venir aquí.

—¡Hazlo! ¡Quiero verlo! —la voz imperiosa de Nott lo sacó de sus divagaciones.

Harry no tuvo tiempo para suplicar al rubio. Un doloroso y certero crucio invadió todas sus células vivas, retorciendo su cuerpo maniatado. Desde el suelo, el moreno comprobó que los grises ojos de Draco eran los mismos de siempre, y aquello no le gustó.

—Lo desataré, quiero verlo retorcerse de dolor —dijo Draco, con una frialdad y pasividad que caló en lo más profundo del corazón de Harry. Y así, el segundo crucio parecía más intenso que el anterior, pero Harry, mientras gritaba, encontraba que ahora mismo, un crucio lo hacía sentirse vivo: porque su interior se desgarraba, no sólo ante los que yacían frente a él, sino al saber que su joven amante lo había engañado y usado para atraerlo como un jodido cebo hacia ellos. Al menos, nadie podía verlo retorcerse por los hechizos; siempre había puntos positivos.

Nott observaba cómo Draco, con su diestra, enlazaba un crucio tras otro. Quiso participar.

—¡Ahora yo! —y empujó al rubio, cuya máscara de frialdad se volvió de furia.

—¡No! —el empujón de Draco fue aún más certero, tirando a Nott al suelo—. ¡Es mío y lo torturaré yo!

—¿Y dónde pone eso? —se molestó Theodore, levantándose retador.

Draco hizo una de esas muecas que Harry tanto veía en Hogwarts y que llevaba mucho tiempo sin utilizar frente al moreno. Lo agarró por la sudadera y se la destrozó con la varita. Después, le mostró su espalda. Ahí, en la base de la nuca rezaba, en caligrafía perfecta, "Propiedad de Draco Malfoy".

Nott rió ante la respuesta de su compañero Slytherin.

—Draco, siempre había creído que lo tuyo con Potter era enfermizo y ahora, viendo esto, lo confirmo.

—¡Es mío y no dejaré que lo maten! —Draco soltó una carcajada—. Lo veré morir de locura mientras le aplico un crucio tras otro.

—Parece que Draco heredó mucho de su tía Bellatrix —comentó Avery, que había ido a verificar los cadáveres—. Vamos, Draco, quememos esto. Esta asquerosa casa huele mal.

Goyle volvía en ese preciso momento con una máscara mortífaga. Se la entregó a Draco.

—Tu padre nos falló. Haz que nos sintamos orgullosos de su descendiente.

—¡Un momento! —chilló Nott, alterado—. ¿Vais a dársela así, sin salir de aquí, sin llevárnoslo con nosotros? ¡Estamos en territorio enemigo!

—El pequeño Nott está celoso —dijo Draco, y agarrando a Potter del brazo, lo arrastró con él—. Sin embargo, puedo entenderle. Salgamos fuera y allí podremos desaparecernos, y por fin tendremos nuestro ejército de aurores y podremos levantarnos como los mortífagos poderosos que un día fuimos.

Harry se dejó arrastrar por el rubio, sin fuerza alguna para pelear o resistirse, débil después de aquellos crucios ejecutados por la mano que tantas veces lo había acariciado, lo había preparado. Hay un dolor superior al saberse ignorado por una persona; el saberse no correspondido después de haberlo dado todo por él. Los ojos de Draco seguían mirando firmes al horizonte, mientras los de Harry se iban cerrando, y ya por delirios parecían observar el brazo de Remus Lupin moviéndose sobre la mesa.


CONTINUARÁ

¿Crucios? ¿Felicitaciones? Recordad, nada de avadas. Hale, apretad el botoncito de "review" y dejadme vuestras impresiones. El próximo capítulo da por finalizada la parte V, pero aún nos queda la parte VI y última para disfrutar. ¡Besos!