Impacté contra el suelo, bocarriba, y el golpe había sido tal que no sentí los siguientes. Sabía que el erizo ocultaba algo, no por nada permanecía tan cerca de Shadow, pero su fuerza era más de la que había imaginado.
Apenas pude levantar el rostro lo suficiente para verlo. Temblaba.
- Sonic… por favor… sólo dime… de qué se trata todo esto. ¿De Shadow? ... – Entreabrí los ojos. - … ¿Quién eres tú?...
- ¿Qué quién soy yo? – Repitió, molestándose una vez más. Era una mirada fuerte, insoportable. - ¡Quién rayos eres tú! ¿Una cara bonita? No lo creo. Eres una estúpida niña que… ¿qué? – No vi cuándo llegó. Desapareció de repente y, un segundo después, ya se encontraba frente a mí. Me pateaba, múltiples veces mientras hablaba. – Te la pasas siempre con él, como un parásito. ¿Tienes sentimientos por él o sólo juega contigo? – Lo disfrutaba, pero no parecía moverlo el sadismo. En realidad, era como si tuviera una furia ciega y la desahogara conmigo. Volvió a lanzarme con fuerza, esta vez estrellándome contra el tronco de un árbol. No quise ni intentar moverme esta vez. – No… puedo sentirlo… Tú estás en su contra… ¿Por qué siempre estás ahí?
- … ¿Quiénes son ustedes?...
Pero no me escuchaba.
- Sea cual sea la razón, no dejaré que te sigas acercando a él.
- Veo que no me explicarás de qué se trata todo esto, pero puedo garantizarte que no soy ni un parásito ni una distracción… – Perdí el equilibrio y caí, apoyaba mis manos contra el suelo. – Y, lo creas o no, ¡yo nunca traicionaré a Shadow!
Pero él no me escuchaba, simplemente no lo hacía.
- ¿Sonic?... - Él seguía con el mismo discurso, la misma exaltación. De cierta manera, todo se volvía más claro, y la idea me entristeció. Traté de contenerme. No sabía qué ocurría, cuándo ocurrió. Un momento reíamos, confiábamos, y ahora… - ¿Qué te importa a ti todo esto? ¿Querías sacarme alguna clase de información? ¿Qué es Shadow para ti…? - Agaché la cabeza, resignada. – Tú… ¿en serio eres uno de ellos? … ¿Eres un espíritu?
Tragué saliva
- Bingo.
Sonrió. Su rostro se llenaba de malicia, crecía conforme alzaba su brazo y me apuntaba con su mano. Se burlaba mientras formaba una bola de energía roja.
- Ojalá no fueras tan débil. Creía que, al menos, algo tendrías de interesante.
Me levanté como pude, una mano contra mi vientre y la otra sobre mi brazo. Me tomó un tiempo antes de poder alzar la mirada, antes de verlo. Sonreí, reí…
- No pienso pelear contra ti.
- Qué decepción.
Y aunque en su rostro se podía apreciar un gran odio hacia mi persona, era cierto; yo no pelearía contra él.
- Tal vez no nos conocimos lo suficiente…
Al escuchar mis palabras, bajó su brazo por unos instantes, desconcertado.
- Tal vez, tal vez… – Mas pronto volvió a alzar el brazo, firme. – En realidad, no podría interesarme menos. En fin…
- En fin… - Repetí, mi voz siendo casi inaudible, bajando la mirada.
- Vaya, ¿ni siquiera lo vas a intentar? Qué patético. – Sonrió, aunque su ceño seguía fruncido. – Bueno, menos mal. Quizá no eres tan tonta como yo pensaba.
La bola de energía aumentó de tamaño en un abrir y cerrar de ojos, era un poder inmenso. El viento soplaba con gran furia, mi cabellera no me dejaba ver nada. Todo se iluminó de repente.
Atacó.
Inhalé… me concentré y alcé la mirada.
- ¡O quizá tú me estás subestimando!
Una gran cantidad de energía salió desprendida de mi cuerpo, actuando como una especie de escudo. Por unos instantes, pude ver en su rostro temor. Temblaba; se había puesto nervioso.
Lamentablemente, no había sido tan gran cantidad como yo hubiera querido.
Su molesta sonrisa volvió a marcarse en su rostro cuando culminó la enorme explosión y pudo ver mi cuerpo tirado al final de un gran camino de suelo erosionado.
- Admito que estoy admirado… pero dime, ¿qué rayos fue eso? ¡Cómo demonios lo hiciste!
- Yo también tengo mis secretos… - Respondí con mucho esfuerzo, sosteniendo una pequeña sonrisa orgullosa, sin poder siquiera mirarlo.
- Sabía que ocultabas algo extraño, tu simple presencia me resultaba repugnante. ¿Quién eres?
- No diré… nada sobre mí… hasta que no me digas… qué rayos eres tú, y qué quieres…erizo…
- No lo entiendo, ¿qué mueve tanto esa curiosidad? – Preguntó acercándose unos cuántos pasos al frente, moviendo sus cejas con desagrado. - ¿Qué de interesante podría… tener yo?
- Sonic… - Hice un último esfuerzo, logré retroceder un poco y apoyarme contra una piedra, haciendo igualmente un gran esfuerzo para alzar la mirada y para abrir mis ojos. Para verlo. – Nadie puede ser tan lindo y amable un momento… y al siguiente ser un completo imbécil.
- ¡Ja! ¿Qué dices? Bueno, no importa. Ahora, no me veas con esa cara. – Dijo habiendo llegado a mí, tomando de mi rostro y acercándose a él. – Dicen que perro que ladra no muerde, ¿verdad, perrito? – Apretó y, burlándose, se alejó nuevamente unos pasos. - Además, a veces es mejor no saber algunas cosas… Pero eso no te incluye a ti. – Regresó a verme de súbito. – Habla.
No respondí.
- ¡Bien! Como sea… ¡Hasta nunca, fenómeno…!
Sentía el calor incrementar en todo mi cuerpo. Estaba confundida, estaba triste, ¿cómo había llegado a esto? …Shadow… Él tampoco lo sabía, ¿o sí? … ¿Por quién me dejaba engañar? ¿Quién… qué era Sonic?
Al instante, el calor se fue y volvió a helar. Abrí los ojos de súbito, incrédula… tan feliz como podría estarlo cuando… bueno… Él.
- Ella no es el único fenómeno, fenómeno.
Detenía de su muñeca con fuerza, seguro. Molesto.
Reí.
- ¿Cómo es que siempre eres tan oportuno, Shadow?
- Miracle. – Regresó a verme por un breve instante, regalándome una sonrisa calma, llena de alivio. – Ya habrá tiempo para disculparme. Te prometo que volveré inmediatamente.
Extrañada por su actitud y sus palabras, no pude hacer más que abstenerme a ver y a escuchar.
- ¿Qué… qué está pasando? ¿Tú…? – Al regresar la mirada y ver a Shadow, el erizo se contentó de una manera impresionante. Eso no podía ser actuado, era honesto, pero aunque era auténtico, así no era Sonic. Lástima que el desagrado que Shadow tenía por él también era auténtico.
- Es lo que quisiera preguntarte yo.
- Vamos, tú no te preocupas por ella, ¿o sí? … ¡Por qué te preocupas por ella! ¡Qué importancia tiene ella para ti! ¡Por qué! ¡Responde!
- Ja… - Le regaló una pequeña sonrisa, cerrando sus ojos por unos instantes, tomándolo de sus manos y acercándose a su rostro. – Para mí, ella no significa nada.
- ¡Y entonces por qué actuaras como si se tratara de un ser extraordinario!
- Porque, idiota, lo es. Ella también tiene uno de esos molestos espíritus dentro de su cuerpo. Ella también está poseída.
- ¿Ella también?
- ¿Yo también? Quieres decir que Sonic…
Shadow alzó la mirada, observándome de reojo, interrumpiéndome.
- Ese no es Sonic.
- Eso explica tanto… - Dijo incrédulo, regresándome a ver con los ojos bien abiertos. – Pero… eso en realidad no la hace importante, ¿verdad? – Empezaba a exaltarse, acercándose a Shadow, tomándolo de sus hombros. Igualmente él lo tomó de los suyos, y aunque un momento Sonic sonreía, al siguiente se veía más bien preocupado, con miedo.
- No era muy difícil adivinarlo, ¿o sí? – Shadow hizo una mueca, agachando la mirada, con los ojos cerrados. Empezó a arrastrar las palabras, se sostenía con dificultad, y el otro erizo se preocupó por él. – Ahora… ¡sal del cuerpo de mi amigo!
Sosteniéndolo, firme, algo comenzó a iluminarse entre ellos dos; temblaba. Culminó en una especie de explosión, pero algo había tenido de diferente. Sonic, sin haber quitado los pies del suelo, derrapó unos metros hacia atrás, retrocediendo. Shadow respiraba con agitación, sus manos contra sus rodillas. Humo salía tanto de sus manos como de los hombros de Sonic. Ambos respiraban con dificultad.
- Ya veo. Y tú no eres él, ¿verdad? – Rio, después de haberse puesto serio. – Porque, incluso pudiendo ver a través de estos ojos, decido todavía verte con los míos. – Dijo cubriendo su rostro con una de sus manos. – Y él definitivamente está cerca. Está en ti.
- ¿Shadow?
Regresé a verlo, finalmente de pie, retrocediendo hasta detenerme con un árbol, temerosa, viéndolo directamente al rostro. A diferencia de Sonic, su semblante seguía siendo el mismo de siempre, pero ahora todo se volvía confuso. Desde que lo conocí, él ha tenido esa misma mirada y esa misma actitud. Ha sido tanto tiempo…
- Sí, lo está… - Dijo colocando una mano sobre su pecho, sobre su corazón. – Y, si no quieres que se vaya, será mejor que me regreses a Sonic.
- No lo harías…
- ¿Lo haría? – Respondió escéptico. – Porque, créeme, yo no tengo que hacerlo. Él lo haría porque sé, siento, lo mucho que le repugna tu mera presencia.
- ¿Lo sabes? – Respondió volviendo a soltar una pequeña carcajada, dando unos aplausos, pero sabíamos que lo hacía para ocultar su verdadero temor. Sus piernas flaqueaban. – Interesante. Bien jugado, bien jugado, aquel al que llaman Shadow… ¿Pero sabes? No eres el único que puede hacer eso, yo también pienso lo que este sujeto piensa, y también puedo sentir lo que alguna vez sintió… o siente. – Sonriendo y, con una mano cubriendo sus ojos, alzando el rostro, añadió mientras que un humo comenzaba a desprenderse de su cuerpo. – Te felicito, no te atreviste a destruir este cuerpo. Se necesita gran fuerza de voluntad para ir en contra de los deseos de tu contraparte fantasmagórica. - Descubrió uno de sus ojos, mirando a Shadow con una sonrisa bastante intimidante, deformada. - Y, en realidad, eso me alegra mucho porque significa que yo no tendré que hacer nada, sólo dependo de sus débiles partes humanas y el resto se hará solo. – Cayó al suelo, sosteniéndose con dificultad con ambas manos. Alzó a ver a Shadow una última vez, con una sonrisa de oreja a oreja, tenebrosa. Reía. – Me alegra que sea recíproco.
Finalmente, se dejó caer totalmente contra el césped, como si así hubiera dado fin a una terrible pesadilla. O al menos un respiro de ella.
- Es todo lo contrario, y lo sabes, maldito enfermo mental. – Shadow retrocedió un paso, sin poder separar sus dientes al hablar, sus manos echas puño. Estaba furioso a tal punto que se había puesto rojo. No obtuvo respuesta.
- Shadow…
Volteó a verme de inmediato, en un principio sorprendido, como si lo hubiera traído de regreso al mundo. Al siguiente, se mostraba relajado.
- Vi esa gran explosión a lo lejos y sabía que estabas en problemas. – Soltó una carcajada, irónico. - Siempre lo estás… Lamento haber llegado tan tarde. – Y aunque su rostro develaba lo que aparentaba ser angustia, desconfiaba de su mirada.
- Shadow…
Sin embargo, antes de que pudiéramos añadir algo más, regresamos la mirada al escuchar su voz de nuevo. Después de no mucho tiempo, Sonic volvió a levantarse.
- Shadow… - Hablaba con dificultad, arrastrando las palabras. - ¿Qué acaba de suceder? ¿Por qué me duele tanto mi cuerpo?
- Porque eres débil. – Dijo alzándolo de la chamarra, mirándolo cada vez con más odio, como si la mirada con la cual lo había visto segundos atrás nunca hubiera existido.
- No te entiendo, ¿qué sucede?
- Lo que me faltaba. – Añadió lanzándolo contra el suelo, dándonos la espalda por unos momentos.
Me lancé como pude, tratando de atrapar al erizo, pero fue él quien me atrapó a mí.
- Miracle, no sé qué es lo que sucedió, sólo sé que te debo unas disculpas de aquí hasta que muera…
- No, no te preocupes, Sonic. No fuiste tú, ¿verdad? – Lo abracé con un brazo, mis ojos cerrados con fuerza. – Me alegra tanto que no hayas sido tú. – Susurré.
Me devolvió una sonrisa, pero veía en su mirada que él no estaba del todo convencido. De hecho, intentó apartarse de mí, como si temiera que se pudiera repetir.
Nos vimos interrumpidos cuando escuchamos a Shadow alzar la voz. Regresamos a verlo, se mostraba sumamente molesto.
- Ahora él sabe quién soy yo.
- ¿Él… quién? – Preguntó Sonic, alzando la mirada.
- ¡Ozane! – Respondió de un grito, apuntando al erizo con su dedo. – El espíritu que tienes dentro.
- ¡Ozane! – Exclamó incrédulo.
- ¿Qué tiene dentro?
- Si, pero no recuerdas nada porque él no quería que lo supieras. – Se acercó a paso rápido, firme, con el ceño fruncido, lo cual por instinto me hizo retroceder, asustada. Nos señaló a ambos. - Miracle comparte su cuerpo con quien sea alma benevolente, o qué se yo, que emana un aura asquerosa de bondad a kilómetros de distancia. Hay que ser estúpido para no notarlo… - Dijo con una mano contra su rostro, soltando un suspiro. – O no tener esa molesta habilidad… Y tú... ¡Tú ahora compartes tu cuerpo con un lunático! – Se enfureció al vernos tan desconcertados. - ¡Dejen de comportarse como estúpidos! ¿Les tengo que explicar todo?
- Sí, Shadow. – Dije levantándome, acercándome a él, a paso lento, pero sin chistar. – ¿Cuándo entró este espíritu a su cuerpo? ¿Quién es ese tal Ozane?
- Él, estúpidos, es-
- El tucán con el que peleamos en Jewel City… - Interrumpió. - …Fue cuando atravesó mi cuerpo y, bueno… desapareció…
- Bien, bien, ya era hora de que comenzaran a pensar. Pero, como ya lo vieron, él no desapareció.
- Maldita sea.- Al escuchar sus palabras, Sonic se dejó caer contra la tierra, boca arriba.
- Sí, justamente así. Maldita sea.
- Y ahora él sabe quién eres. Pero… - Lo tomé de su brazo al notar que planeaba dirigirse al erizo. - … nosotros no lo sabemos. – Acerqué mi rostro contra el suyo, mi frente contra la suya. - ¿Quién eres tú?
- Miracle, ¿de qué estás hablando?
Al principio, me miró con desconcierto, pero al poco tiempo, empezó a reírse.
- ¿Otra vez con la misma pregunta? A veces eres muy adorable, por no decir ingenua. – Dijo como si ignorara, o más bien, como si mi actitud le divirtiera, pues únicamente me tomó de mis mejillas y sacudió mi rostro, entretenido. Luego, me dio la espada. – Ni modo, ya ni siquiera tiene caso ocultarlo. Soy lo que ves, Miracle… - Volteó a verme con una sonrisa distinta, pretendía ser optimista… pero era ajena, distante. Falsa. – Un erizo poseído por un demonio.
- Pero… cómo, cuándo… dónde…
- Creo que es mejor si respondo a eso en el orden invertido. – Dijo alzando el rostro, observando las estrellas. – Ocurrió en Downhood… ¿Tres meses atrás? Sí, aún no nos conocíamos… Y, fácil; la primera pelea en la que perdí, fue contra un espíritu.
…
- ¿No vas a preguntar quién era ese espíritu? – Soltó una carcajada. – Siempre ignorando los detallitos. ¿No sabes que las cosas grandes están conformadas por cosas pequeñas? – Viendo que no obtenía respuesta, su sonrisa se borró por completo de su rostro. – Ese día conocí a nadie más ni nadie menos que Hamadi.
- Pero… pero…
- Sí, te faltó preguntar "¿por qué?" – Interrumpió recargándose contra un árbol, cruzando de brazos y finalmente mirándome al rostro con la seriedad debida, con la seriedad que, en efecto, era característica de él. – Pensemos un poco, Miracle, como espíritus. ¿Puedes hacerlo, cierto? Es difícil andar sin rumbo por este mundo desconocido donde ni siquiera puedes salir de día, donde no importa cuánto intentes reponer energías, uno ya no tiene un cuerpo al cual alimentar. Por eso es que nos necesitan, somos un refugio para ellos. Supongo que ese sujeto vio en mí lo que necesita para lograr su objetivo, sea cual ese sea.
- Shadow… - Pasaron unos segundos antes de que me atreviera a añadir. – ¿Es por eso que a ti no te importa morir?
- Ja, ¿de qué hablas?
- Cuando pusiste tus manos sobre sus hombros, y tu mano sobre tu corazón… - Me interrumpió con la mirada, viendo de reojo al otro erizo. Segundos después, cuando se encontraba lejos, fue como si me diera una señal para continuar. - ¿Acaso tú también puedes-?
- ¿Expulsar esos estúpidos rayitos? – Rio. – No, pero eso no es algo que quiero que él sepa.
Su respuesta fue un alivio. Él no había pensado realmente en hacer esa locura.
- Y la espada… ¿Por qué no fue por ella?
- Porque el idiota tiene otras prioridades, él tiene un único objetivo. – Dijo cruzándose de brazos, agachando la cabeza y cerrando los ojos, amargo. – Ahora es el doble de insoportable…
No quise hacer más preguntas, todavía no me atrevía a hacerlo. Ahora comprendía que, mientras tuviera a este ser extraordinario dentro de mi cuerpo, me apoderaría un temor incondicional cada vez que me acercara a Shadow. Aunque, bueno, estaba acostumbrada a eso. Y aunque él lo notaba, empezó a acercarse a mí, pasos más, pasos más, y si no fuera por mi condición, no hubiera dejado que me alcanzara. En realidad, impidió que me cayera.
- Miracle, contrólate… Shadow sí existe. – Dijo tomándome de las manos, acercándose a mí, serio. – Lo sé porque yo soy Shadow. – Su rostro se ablandó, mostraba seguridad. – Y no dejaré que ningún estúpido espíritu me manipule… Te felicito por haber superado tu miedo incondicional. Gracias por confrontarme. – Me regaló una sonrisa distinta, amigable, orgullosa. - … No lo vuelvas a hacer. – Y, soltándome con brusquedad, apartándome, añadió. – Ahora, quítate esa estúpida idea de salir corriendo, que si tú no puedes confiar en mí, yo puedo menos en ustedes dos. – Añadió adelantando varios pasos al frente, deteniendo a Sonic del brazo, quien, en efecto, ya se había adelantado. – Porque, ¿sabes? Ya tuve suficiente de este idiota huyendo.
- Shadow, por favor… ¡Suéltame! – Se sacudía, como si acaso la mano de Shadow sobre su brazo lo quemara, o algo por el estilo. En serio se esmeraba en zafarse.
- No hasta que dejes de comportarte como una nenita. – Lo detuvo con firmeza, jalándolo tras de sí, comenzando a caminar. – Andando, estoy harto de todo esto.
- ¿Y a dónde vamos? – Cuestionó el erizo, nervioso.
- A tu casa, ¿a dónde más? – Respondió, acercándoselo al rostro y viéndolo con desagrado, con los ojos entre cerrados, sin ganas de seguir discutiendo. – Tú y yo tenemos que hablar…
- Shadow… - Y aunque Sonic parecía tener la intención de protestar, no pudo hacer más que tragar saliva.
Preferí evitarme un mal rato y obedecí los pasos de Shadow. Fui tras ellos.
La confesión creo muchísima tensión entre los tres, pero eso sólo era más razón para permanecer juntos. Así que, mientras una parte de nosotros seguía siendo de aliados, la otra parte, por lo que entendía, indicaba que todos éramos enemigos.
Y aunque no comprendía cuál era el verdadero objetivo de Hamadi, o el de ese tal Ozane, lo que más me preguntaba era cuál era el objetivo de ese anciano que habitaba mi cuerpo.
Lamentablemente, yo no podía sentir ni pensar como lo hacía mi huésped, así que pronto quedé excluida del secreto que existía entre esos dos.
Y cuando finalmente empezábamos a ser un equipo…
