Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.

Nota de autor: Capitulillo del domingo, como siempre. Rebeca, encanto gracias por la ayuda que nunca vienen mal. "insertar corazoncito". Aquellos interesados en las buenas historias, pasad por su perfil u/3953563/Sadder-than-Silence ;)


...

Peeta me hace caso y al final acabamos bajando al spa. En la recepción unas señoritas muy amables nos entregan prendas de baño y unas chanclas ya que no hemos traído nada de eso. A mí me dan un simple biquini, blanco con el logo del hotel en uno de los triángulos del pecho y con la parte inferior que se anuda a las caderas con dos lazos. El bañador de Peeta es solo un bóxer de color blanco impoluto, con el logo del hotel también.

Nos los ponemos rápidamente en los vestuarios y salimos por la parte que da al spa propiamente dicho. Peeta sonríe al verme, mirándome de arriba abajo. Me muerdo el labio y sonriendo estiro la mano para que me la coja. Otra chica nos cuenta que podemos hacer allí y como primera opción elegimos un masaje combinado con piedras calientes.

El masaje es de lo más relajante, y la chica que me lo realiza consigue que prácticamente me duerma en la camilla. Los cincuenta minutos del masaje se me pasan en un suspiro. Creo que a Peeta le parece igual de corta porque reprime un bostezo y murmura un "¿Ya?" que me hace reír suavemente.

Salimos de la sala de los masajes, y Peeta me propone que vayamos a tomar un baño en el jacuzzi que dispone el spa. Acepto porque un poco más de relajación junto a él no me molesta en absoluto. Entramos en la estancia donde se encuentra el jacuzzi y la estampa que veo me deja boquiabierta. Gale y Madge están haciendo algo más que tomar un baño relajante. Madge está recostada contra el pecho de Gale y los triángulos de la parte de arriba del biquini de Madge están ladeados casi bajo sus brazos, mostrando unos níveos y perfectos pechos, tiene los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, y puedo oírla gemir perfectamente mientras que Gale mordisquea su cuello y una de sus manos está perdida entre las piernas de Madge, supongo que bajo la braguita del biquini. Las sensaciones en mi pecho y mi cerebro se contradicen. Es una visión sumamente erótica, aún recuerdo nuestro baile de la noche anterior, y eso hace que me humedezca levemente aunque no quiera, porque Gale está dándole placer a otra sin que yo participe en ello. Mi cuerpo grita que me una a ellos, pero mi mente y mi corazón gritan más fuerte, gritan que deje de mirar, que salga de allí.

—Oh, vaya…— Dice Peeta, rompiendo el erotismo del momento haciendo que Gale aparte la cabeza del cuello de Madge y esta se hunda más en el agua para ocultar su semidesnudez. Los ojos de Gale se clavan en mí. Y yo no sé cómo mirarle, porque mis emociones se contradicen. Enfado y excitación son dos palabras que no casan bien.

— Sentimos la interrupción…— intento que mi voz suene firme aunque me tiembla un poco, ya que Gale no deja de mirarme—Podéis continuar chicos…

—¡No!, ¡Esperad!— Madge lo grita y parece desesperada.— Quedaros…

— Si nos quedamos será muy incomodo, Madge— Murmuro.— Me va a costar sacarme esa visión de la mente…— noto casi sin mirarle como Gale sonríe ante eso un microsegundo.

— Nosotros…vamos a la piscina…— Dice Peeta tirando de mí, noto como está un poco ruborizado. Me saca del cuarto casi arrastrándome.

— Tranquilízate Peeta, no es como si nunca hubieras los pechos de Madge…

— ¿Qué?

— me lo contó anoche mientras esperábamos a que cogierais las bebidas…

—Vaya…ehm…no sé qué decir…

— No digas nada…— le beso dulcemente.— No pasa nada por echar un polvo con una amigo de vez en cuando…¿no?

— Supongo…

— Supones…— Sonrío— Para mí lo importante es que ahora estás conmigo y solo conmigo. No me importan tus parejas anteriores, aunque sean muchas.

— No son muchas…—murmura él y le beso ahora me ha entrado la curiosidad.

— ¿Cuántas?— Le beso de nuevo en los labios rodeando su cuello con mis brazos.

—Si no te importan…— frota su nariz contra la mía,— ¿por qué quieres saber cuántas..?

— Curiosidad…— susurro parpadeando teatralmente. El sonríe.— sé que al menos han sido dos. Madge y la chica con la que lo hiciste la primera vez…

— Y qué pasa si Madge fue la primera…—le miro a los ojos y le doy un beso en la nariz.

— Madge no fue la primera…— sonrío—lo sé porque te conozco, a la primera no te la tirarías en una limusina…

— ¿también te conto eso?— asiento, recodando que he metido la pata porque quien me dijo eso fue Gale y no el "angelito".

— si tu sabes cuantas ha habido, quiero saber cuántos ha habito en tu vida…— me besa dulcemente.

— Me parece un buen trato…— me muerdo el labio, sé que no puedo decirle con cuantos hombres me he acostado, he tenido demasiado objetivos en estos años que llevo metida en la organización. ¿Cuántos han sido? ¿Diez? ¿Quince? Echo cuentas, he acabado con seis objetivos. Y he estafado a otros siete. A esos tengo que sumar a Gale y Johanna ¿entraría ella? Y a Finnick, que me ayudo a superar el momento de acostarme con el primer desconocido.

—Antes que tú ha habido cuatro más, contando a Madge.

— cuatro…— sonrío un poco— Creía que serían más…

—Yo no me acuesto con chicas por las que no siento nada…

—Entonces…— Murmuro— en Venecia…— él sonríe ruborizándose un poco.

—Ahora te toca a ti…— me separo de él sonriendo, no puedo decirle que he estado con quince hombres y una mujer, aunque no es un gran numero en los tiempos que corren, por lo que solo cuento a los que no he tenido que estafar.

— Eres el tercero…— miento descartando también a Johanna, creo que es lo mejor.

— ¿Sólo dos más?— asiento.

— No me acuesto con cualquiera…aunque en Venecia casi te violo…— se ríe pegándome a él.

— No habría sido violación…—sonrío más, aunque recuerdo perfectamente como me rechazo aquella noche. Luego me separo y tiro de él hacia la piscina.

— Vamos a bañarnos…— quiero quitarme la imagen de la cabeza de Madge y Gale, lo que me produce recordarles, el dolor ha superado a la sensación que sentí en mi bajo vientre. Y además ahora tengo que aguantar la sensación que me produce saber que Peeta ha estado con cuatro mujeres más. El refrán dice que "la curiosidad mató al gato" y ahora mismo me siento como ese gato moribundo.

Cuando llegamos a la piscina me alegro de que haya tan poca gente. Dicha piscina es enorme, con varios chorros de agua a presión en los laterales, y además el aroma de agua salada y esencias de hierbas inunda el aire. Sonrío como una niña pequeña porque me encanta nadar, así que como una cría corro hacia el agua y me zambullo. Él agua está medianamente caliente y es un gustazo. Salgo a la superficie y miro a Peeta, haciéndole un gesto para que se meta en el agua. Se acerca al borde y primero toca el agua con un pie, supongo que para comprobar la temperatura. Luego se sienta en el borde y se deja caer con suavidad. Cuando se acerca a mí le rodeo con los brazos y las piernas. El agua salada nos ayuda a flotar aunque hagamos pie en ese lado.

— Te gustan las piscinas…— no lo pregunta, es una afirmación pero aún así asiento para darle la razón.

— Me encanta nadar…flotar en el agua, me siento libre.

— ¿Y ahora como te sientes…?— sonríe. ¿Cómo me siento? Me siento Dolida por ver a Gale como le he visto, y excitada porque la borrachera me hizo hacer cosas que no debía y ahora veo al "angelito" de forma diferente, y además le tengo a él entre las piernas. ¿Cómo me siento? Confundida, asustada por lo que siento, y ligeramente excitada. Es demasiado complicado de explicar. Así que también le miento.

— Ahora me siento genial…— Le beso y me suelto de su cuerpo, dejándome flotar en la piscina, intentando relajarme y dejando la mente en blanco. Aunque eso es complicado.

Y es aún más complicado cuando noto que Peeta se acerca y acaricia mi vientre mientras que me dejo flotar sin más. Pasamos un buen rato así, hasta que vuelvo a incorporarme y me engancho a su cuello.

—¿Lo has hecho alguna vez en una piscina?— Susurro de repente, recordando los veranos en la piscina de Gale.

— ¿El qué?— pregunta sonriendo y yo pongo los ojos en blanco.

— Sabes el qué— le beso dulcemente. Sus labios están especialmente salados por el agua.

—Vivo en una casa con piscina, desde hace mucho…

— Cuantos rodeos para decirme que sí…— Sonrío y le beso con un poco más de pasión.— qué pena que no estemos solos…— al tener su cuerpo rodeado con mis piernas empiezo a notar cómo se excita y aunque me cuesta me aparto un poco.

—Será mejor mantener las distancias…— Susurra sabiendo que me he dado cuenta de lo que le pasa.

Nadamos, flotamos y hasta jugamos un rato en la piscina, luego salimos y una chica muy amable nos ofrece un albornoz y unas toallas para secarnos. Peeta muy dulcemente me ayuda a secarme. Luego subimos a nuestra habitación. Allí Peeta me ofrece que yo me duche primero, pero le invito a ducharse conmigo mientras que de la mesita cojo uno de los condones que ha guardado. Él sonríe y acepta encantado. Como es de esperar acabamos follando en la ducha. Centrarme en Peeta y en lo que me hace sentir me hace olvidar a Gale y sus caricias, así como también olvido lo que sentí la noche anterior con el cuerpo de Madge pegado al mío.

Un poco más relajada me visto para bajar a comer, y me trenzo el pelo como sé que le gusta a Gale, aunque no entienda muy bien porque lo hago. Cuando llegamos al comedor, Gale y Madge ya están allí. Cuando nos ve Madge se ruboriza un poco, y me tengo que reprender a mi misma por pensar que parece adorable así, ¿desde cuándo ha empezado a caerme bien?

—Hola…— sonrío sentándome como si no hubiera visto nada, y creo que será mejor así, es mejor no tocar el tema. Porque el tema me confunde, y me frustro.

— Hola…—Murmuran al unísono..

— ¿Ya habéis pedido?— pregunta Peeta al ver una botella de vino sobre la mesa

— Solo el vino, os estábamos esperando.— Madge habla rápidamente.

—Gracias…— le sonrío falsamente.

Luego Peeta y yo nos ponemos a mirar la carta para pedir algo, de vez en cuando levanto la mirada y cada vez que lo hago se cruza directamente con la de Gale, que creo que no deja de mirarme.

Cuando pedimos, nos traen la comida enseguida, esta vez es un camarero que cada vez que se acerca le mira el escote a la rubia, y eso que es de lo más discreto, ya que no es nada provocativa la chica.

Eso también me cabrea porque me siento inferior a ella. Así que como en silencio mientras que mis acompañantes hablan entre ellos. Me abstraigo tanto que incluso dejo de oír sus voces. Y me sorprendo a mi misma pensando en que me apetecería estar sola con Peeta, sin sexo de por medio. Solo disfrutar de su compañía, que me hable de arte, o algo así.

Acabo de comer mucho antes que ellos, porque solo he abierto la boca para comer. Eso me da la oportunidad de ver como Gale se comporta con Madge. Y creo que en realidad busco algo de cómo me trata a mí, pero en realidad sus gestos y la forma que tiene de tocar su pelo o su mano son diferentes. Supongo que así es como se debe tocar a alguien que quieres (aunque él lo finja) conmigo tiene otros gestos y otra actitud...supongo que porque al fin y al cabo somos amigos y nada más.

Cuando nos levantamos del restaurante entrelazo mis dedos con los de Peeta de forma instintiva.

—¿Os apetece dar un paseo por la ciudad?— Como siempre es el angelito rubio quien lo propone.

— Yo…Me duele la cabeza…podéis ir los tres— Miro a Peeta—creo que necesito tumbarme un rato.

—Me quedo contigo— dice Peeta rápidamente, besándome la mano.

— No es necesario…vas a aburrirte…

— No me importa…— vuelve a besarme la mano y yo sonrío.

— Como quieras…— me corto de darle un beso en los labios porque noto la mirada de Gale clavada en mi boca. Respiro profundamente.

— Si queréis avisarnos para cenar…

— Claro— Madge sonríe. Sonrío también y me acerco para despedirme de ella con un beso en la mejilla, que hace levantar a Gale la ceja, pero acto seguido también le beso a él, y besarle en la mejilla es más extraño que no besarle. Todo es tan contradictorio.

Cuando entramos en nuestra habitación me voy directamente a la cama y me tumbo sobre ella calzada sintiendo e hormigueo que la piel de Gale ha dejado en mis labios. Suspiro cuando noto como Peeta me quita suavemente los zapatos y luego sube a besar mi coronilla. Sonrío cuando empieza a acariciar mi espalda y prácticamente ronroneo hasta que me quedo dormida.

Me despierto porque oigo como pican a la puerta. Estoy apoyada en el pecho de Peeta, cuando levanto la mirada veo que me está mirándome.

— Han picado a la puerta…

—Sí, pero si me movía te despertarías…será Madge…

—¿Madge?— en ese momento miro el reloj y a la vez vuelven a picar a la puerta.

—¡He dormido casi toda la tarde! ¿Por qué no me has despertado?— Me desperezo levantándome.

— Me gusta verte dormir…Además, hablas en sueños, es gracioso.— le miro un poco asustada.

— ¿Qué he dicho?

— Ya te lo diré…— Vuelve a sonar la puerta y voy a abrirla enfadada porque no nos dejan tranquilos.. Y tras la puerta no está Madge sino Gale, completamente impresionante con una camisa negra con los dos primeros botones desabrochados y el pelo ligeramente húmedo.

— ¿estabais ocupados?

— No…solo…estaba dormida, he estado durmiendo toda la tarde— me mira a los ojos como intentado descubrir si le miento.— es verdad, Gale…— Susurro

— Madge me manda para preguntaros si cenáis con nosotros…

— Supongo que sí, dadme unos minutos para arreglarme…

—Ponte guapa…luego nos vamos al casino…— Me guiña un ojo y eso me hace sonreír un poco.

— Voy a desplumarte…

— Eso ya lo veremos, Catnip…— Sonrío un poco y dejo que se vaya.

Rápidamente me cambio de ropa por algo más elegante y me recojo el pelo en un semirrecogido mientras que Peeta me mira, el va perfecto, como si nunca se manchara o se arrugara la ropa, luego me maquillo un poco y bajamos rápidamente al restaurante.

La cena pasa prácticamente como la comida. Yo no me meto en la conversación. Y acabo antes que el resto. Cuando levanto la mirada del plato Gale me está mirando, me sonríe y le sonrío. Aunque cuando Madge hace que la preste atención preguntándole algo yo suspiro y aparto la mirada.

Al acabar Gale propone lo del ir al casino con una sonrisa radiante, a la que no se puede decir que no.

— A mí me parece genial…— Digo emocionada, un poco de diversión no nos vendría mal, además, en casa solemos jugar al póker, normalmente apostando prendas de ropa, hasta que acabamos desnudos, y para variar acostándonos.

—Yo estoy muy cansada…— Murmura Madge— No me apetece meterme en un sitio ruidoso…— El angelito fastidiándola, solo me falta resoplar.

— La verdad es que yo y los casinos no nos llevamos muy bien…— Peeta me mira solo a mí.— no me gusta, siempre pierdo…

—Pero…

—Nada de peros, podéis ir George y tú, Katherine.

— ¿Y vosotros?

— Que seamos pareja no significa que tengamos que estar todo el día juntos ¿no?— murmura Madge.

— Supongo que no…— Miro a Gale—¿ A ti te importa ir solo conmigo?— Niega con la cabeza.

— No, no me molesta…

—Perfecto…— Se despide con un largo y húmedo beso de Madge. Yo hago lo mismo con Peeta, para luego acercarme a Madge y como antes la beso en la mejilla, pero esta vez, más cerca de la comisura de los labios.

Gale y yo prácticamente volamos al casino del hotel y me quedo alucinada como con el spa. Y no porque haya estado pocas veces en un casino, si no porque es enorme para estar en un hotel.

—¿Blackjack o póker?— le pregunto con una sonrisa, por segunda vez hoy me siento como una cría con zapatos nuevos.

— Póker, encanto, siempre me ha gustado más el póker.

Rápidamente cambiamos una pequeña cantidad de dinero por fichas y buscamos una mesa de póker. Es extraño estar con Gale a solas. Pero a la vez creo que no me gustaría estar en ningún otro sitio. El casino está repleto de gente jugando y moviéndose de un lado a otro, por lo que en unos segundos me separo de Gale, perdiéndole de vista momentáneamente. Por suerte él se da cuenta y me espera.

— No te separes de mi Catnip.

— Lo siento…— sonríe con esa sonrisa que a veces le regala a Posy y creo que está a punto de revolverme el pelo como si fuera una niña pequeña.

— Dame la mano, ya no me fío— No deja de sonreír en todo momento y no puedo evitar hacerlo. Le doy la mano y al tocar su piel siento algo que hacía mucho que no me pasaba con él, porque ya estaba acostumbrada a su contacto. Una especie de corriente eléctrica hace que me estremezca completamente al notar como su mano rodea la mía. Sonrío porque me gusta volver a sentir eso y continuamos andando hacia las mesas de póker.

Tenemos que esperar un poco para poder participar en una de las mesas. Somos ocho jugadores y yo soy la única mujer. Y todos, salvo Gale, me miran como si fueran lobos y yo un pequeño corderito.

Me paso la lengua por los labios y me recoloco el vestido que llevo puesto dejando que se vea un poco más de escote, algo que hace negar con la cabeza a Gale con una leve sonrisa.

Cuando reparten las cartas y empezamos a jugar los seis hombres que no me conocen se quedan sorprendidos cuando subo las apuestas con mi sonrisa más angelical. Gale me conoce lo suficiente como para retirarse a tiempo. Pero los otros no. Y al final consigo ganarles con una bonita escalera de color de corazones. Eso hace que los hombres me tomen en serio.

Pasamos un buen rato jugando, y sorprendentemente no pierdo dinero, ya que siempre me retiro a tiempo o estoy segura de que tengo una buena mano para ganar. En cambio Gale se arriesga demasiado. Como siempre. Y acaba perdiendo más de lo que gana. Por lo que al final se retira de la mesa, dejando el paso a otro jugador. Él se coloca detrás de mí para ir viendo mis jugadas, y notarle ahí me pone nerviosa, tanto que pierdo un par de manos y eso me enfada.

— Creo que ya es hora de que subamos a la habitación, mañana hay que levantarse temprano.— murmuro intentando que en mi tono no se note el enfado, pero creo que lo nota.

— Sí, seguro que tu chico esta esperándote despierto.

— No es mi chico.— espeto levantándome de la mesa y recogiendo las fichas.

—Para el resto de los mortales sí.

— A mí al menos no me han pillado medio follándomelo en un jacuzzi.— Vuelvo a ser borde con él mientras que camino a cambiar las fichas por dinero.

—Estoy seguro de que te habría encantado apuntarte.

—Vete a la mierda Gale— Ando un poco más rápido porque ese comentario me molesta. En parte porque es cierto y en parte por como lo dice, con esa arrogancia que es tan típica de él.

Cuando llego a la ventanilla por suerte no tengo que esperar mucho para que me den el cambio, así que en cuanto lo tengo sigo andando hacia la salida. Estoy enfadada y molesta con Gale, muy molesta. No sé qué me pasa ni por qué me pasa, pero no quiero estar cerca de él. Ahora no, porque a mi mente vienen todos los besos que le ha dado a Madge y todas esas caricias, en el brazo, en la espalda, el jugueteo continúo con los bucles de su pelo. No, no me gusta recordarlo, porque no sé hasta qué punto es teatro y hasta qué punto no, porque puede pasarle lo mismo que me está pasando a mí con Peeta. Y no quiero eso.

Cuando salgo del casino, con él pisándome los talones y pulso el botón de llamada del ascensor identifico la sensación con una palabra: Celos.

Esa palabra asusta. Es imposible que esté celosa, ¿celosa de qué?. Nada. No pueden ser celos. Es algo que se le parece. Que no consigo identificar pero no son celos. Porque Gale es mi amigo. Mi mejor amigo.

Cuando estamos solos en el ascensor su olor me invade, me aturde como la mayoría de las veces. Él no dice nada y yo tampoco. Cuando el indicador del piso indica que estamos pasando por el primer piso le miro a través de uno de los espejos. El me está mirando aunque no se da cuenta de que yo observo sus movimientos por el espejo de nuestra derecha. Parece que tiene la mirada triste. Eso me desconcierta. En el tercer piso no aguanto más y pulso el botón de parada. El ascensor se detiene al momento.

— ¿Katniss, qué…?

No le dejo hablar y me lanzo a su boca, como un sediento se lanzaría a un oasis en mitad del desierto. Le beso con pasión y bebo de sus labios. Gimo contra ellos cuando él me devuelve el beso. Gale me abraza y me pega contra el espejo donde está el panel con los botones. Gimo cuando me muerde el labio a la vez que sus manos bajan por mi cintura y mis caderas, remangan el vestido y acarician la piel que éste cubría.

Vuelvo a gemir cuando su boca abandona la mía y desciende por la línea de mi mandíbula y mi cuello hasta ese punto que él tan bien conoce. Primero lo lame y luego lo muerde suavemente. No me doy cuenta de que estaba con los ojos cerrados hasta que los abro y veo nuestro reflejo en el espejo de la otra pared. Y la visión de ver a Gale contra mi cuerpo es completamente excitante. En la pared de al lado, otro espejo, puedo ver como sus manos se pasean por mis piernas, como remangan el vestido dejándolo enrollado a mi cintura. Su mano derecha se enreda en mi ropa interior y la hace descender entre mis piernas. Agachándose para quitármelas del todo. No puedo apartar la vista de nuestro reflejo, ni siquiera cuando sus labios se posan en mi pubis y lo besan, acaricio su pelo sin apartar la mirada de nuestro reflejo. Veo por él como mira hacia arriba por lo que bajo mi mirada y la clavo en sus ojos.

— No tenemos tiempo para juegos previos…— Susurra contra mi monte de Venus, haciéndome estremecer gracias a su aliento.

—Lo sé…—tiro de su camisa para que se levante y le beso de nuevo con pasión.

Mis manos buscan rápidamente el botón de sus pantalones, lo desabrocho y tiro de ellos hacia abajo arrastrando su ropa interior. Dejo que baje a mi cuello de nuevo para poder ver su trasero en el reflejo. Le rodeo con una pierna pegándole a mí notando su erección contra mi ingle. Gale pasa sus manos a mi trasero y me ayuda a levantarme. A la vez que le rodeo con las piernas, se abre paso en mi cuerpo. Ambos contenemos el aire en nuestros pulmones y lo soltamos de golpe en un intenso gemido.

Mi mirada sigue fija en nuestro reflejo, en como Gale empieza a empujarse contra mi cuerpo, veo como se tensan y destensan los músculos de sus piernas y su trasero, como mis piernas le rodean y le ayudan a impulsarse.

—¿te gusta lo que ves…?— me susurra al oído.

— Me encanta…— le beso y hago que gire la cara hacia la pared que está a nuestro lado, para que nos mire, para que vea como nos movemos— No hay nada mas erótico que tu cuerpo contra el mío…— Susurro a su oído antes de lamer el lóbulo de su oreja.— Me encanta como te mueves…— Gimo cuando se mueve más rápido.—Más rápido…—le obligo a mirarme y le beso de nuevo. Al poco deja de besarme y sus ojos se clavan en los míos. Sus ojos se oscurecen, mis piernas le aprietan contra mí, noto como empiezo a rozar el cielo. Como lo toco con los dedos. El orgasmo me hace gritar contra los labios de Gale, pero no dejo de mirarle. Como él no deja de mirarme cuando llega a su orgasmo.

Su beso se torna suave y lento a la vez que sus movimientos son más pausados contra mi cuerpo hasta que deja de moverse, manteniéndose en mi interior, aunque noto como pierde fuerza.

— te echaba de menos, Gale…— acaricio su pelo dulcemente.— echaba de menos tu cuerpo, que me hicieras el amor…—susurro mirándole a los ojos— odio verte con ella…— el me besa suavemente en los labios.

—¿Crees que a mí me gusta verte con él?— Niego con la cabeza y él acaricia mi cara con el dorso de su mano.

— Ya solo nos quedan tres días… —Me apoyo en su hombro mirándonos en el espejo.

— Aquí…— Murmura—¿Cuánto tiempo vamos a tener que estar con ellos hasta que acabemos con ellos?— Me estremezco cuando me recuerda eso y cierro los ojos. Peeta no merece morir. Y ya puestos, Madge tampoco.

— No lo sé…— suspiro.

— Katniss— Hace que levante la cara y que le mire.— No lo pienses…y no te encariñes.

— No me encariño…— me bajo de su cuerpo y recojo mi ropa interior, me la pongo y me recoloco el vestido. Gale se coloca su ropa y aprieta el botón en el panel que nos permite seguir subiendo a nuestro piso.

—Catnip, no sabes mentirme… Veo como le miras, y veo como se te eriza la piel cuando te toca.— llegamos a nuestro piso y salgo del ascensor antes que él. No entiendo cómo puede pasarnos estos. Hace solo un par de minutos estábamos haciendo el amor, y no solo follando, ya he admitido que con Gale, por muy duro y salvaje que sea, siempre hago el amor. Por cómo me comporto con él, como no lo he hecho con nadie, ni con Peeta, y eso que Peeta me gusta muchísimo.

— Eso no quiere decir que me esté encariñando. Es…excitación solo.

—Catnip…no me…—en ese momento mi teléfono de trabajo suena. Miro a Gale y lo busco en el bolso.— Será él que está preocupado…— Pero cuando cojo el teléfono le enseño quien es. En la pantalla del móvil aparece "Johanna". Ella no suele llamarme nunca. Algo tiene que pasar. Me pongo nerviosa mientras que aprieto el icono de descolgar.

—¿Johanna?— Murmuro al otro lado de la línea oigo una respiración agitada.

—Kat…Katniss…— Johanna está llorando y eso me asusta de manera alarmante, Johanna no es de las que llora por nada, enseguida sé que pasa algo.

— No llores Johanna…¿Qué ocurre?— Cuando pronuncio esas palabras Gale se pone en tensión, sabe lo mismo que yo, si Johanna llora, es que pasa algo malo.

— Es…es Finn…Finnick…

— ¿qué le pasa a Finnick?— ella llora más fuerte. Y empiezo a asustarme, no quiero gritarle pero estoy a punto de hacerlo cuando Gale me arrebata el teléfono.

—Johanna, soy Gale, ¿Qué pasa?— su voz suena firme, pero a la vez me calma. Oigo el murmullo de Johanna hablar al otro lado de la línea. Y como Gale abre los ojos desmesuradamente y empiezan a enrojecerse, como cuando estas a punto de llorar.— Tranquila Johanna, quédate con Annie.— tengo que buscar en mi memoria para saber quién es Annie, y solo la recuerdo de un par de conversaciones con mi amiga, era un ligue de Finnick, algo fuera del trabajo.— Nosotros iremos con vosotras en cuanto podamos.— Johanna vuelve a decirle algo a Gale, porque se queda callado—hijo de puta…—Murmura Gale.—Te veremos pronto Johanna.— Cuelga el teléfono y me lo da. Su mirada me asusta un poco.

—¿Qué está pasando, Gale?— le miro a los ojos.

— Finnick…ha tenido un accidente con el coche…sus frenos…no tenia líquido de frenos…

— Oh Dios…¿Cómo está?— Susurro.

—Está muerto…— niego con la cabeza sin poder creérmelo. No es posible. Finnick no puede haber muerto. Noto como mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas.

— Johanna cree que le cortaron los cables de freno…que no fue un simple accidente.

—¿Pero quién iba…?

— Finnick estaba enamorado de esa chica…Annie…— me cuesta un poco atar cabos.

—Snow…— Las lágrimas empiezan a correr por mis mejillas. Gale asiente.

— Por esa chica dejo de hacer el trabajo como es debido…y además la chica está embarazada…

— Tenemos que volver…Tienen que estar destrozadas… Es horrible…— me abrazo a él llorando sin reprimirme más. Un par de minutos después consigo calmarme.

— Voy a hablar con Peeta, regresaremos mañana…

...


Nota de autor: gracias por haber llegado hasta aquí, significa mucho para mí, Actualizo los miércoles y los domingos.

Agradecimientos: gracias a todos por leer, y muchas gracias por vuestros reviews! Me gustaría que la gente que no tiene cuenta, la tuviera, o que en su defecto se dieran a conocer el face (como ya hizo una chica) así mis agradecimientos y contestaciones serían más personales, y no tendría que "aburrir" al resto de lectores con contestaciones aquí.

Adelanto: como ya sabéis en mi pagina de facebook (está en mi perfil)

Besos de fuego!