Hola, hola, hola a todo el mundo!!!

Estoy de vuelta!!! Bufff… en serio, no sabéis lo que me ha costado escribir este capítulo… Estaba agobiada, deprimida y angustiada porque había perdido los cinco capítulos que me quedaban para el final de este fic, y ahora tengo que rescribirlo todo… no es justo!!! No va a quedarme igual que antes… tengo la línea general de lo había escrito, pero no es o mismo.. no va a quedarme igual que antes… en fin…

Muchas gracias a los que me leísteis en mi último capítulo que sois:

SandritaGranger, Sami-Maraurder girl, karlablackM, Shu-chan, Lna, Nimue-Tarrazo, Raquelevans, juliju, camila, Desiré, maria, PaulyPRoNGs, carito-potter, majiss, Armella Potter, NannyPotter, Fabii de Potter, Lore.it92, Duciell, rosita, Ray Lae Alfori, Carol, CENIPUL AL PODER, Drumy, Klass2008, sofigryffindor90, Rory Granger, amsp14, Brujita Kira, Tub-Angel-Jp

Y muchas gracias a los que me habéis enviado reviews para animarme por la pérdida de mis archivos, estoy segura que sin esas palabras no hubiera escrito nada… Así que un agradecimiento especial a:

Lily Granger Potter, Nimue-Tarrazo, Cenipul al poder, Duciell, Mary93, Ray Lae Alfori, camila, macaen, angie, Francisca, NannyPotter, karlablackM, dulce, carito-potter, raquel-evans, Armella Potter, Pauly­Prongs, Dani, Drumy, Rizel, naruweasley, Sami-Maraurder girl, estrellagranger, Piby Weasley, majiss, Herm Malfoy, Atenea Riddle, Flor 89, ConnieBlack, Lady Eamane, Chii Tomoyo, Carol, amintajuliette, merodeadora45, rosita, Drumy, camila, LadyCornamenta, Flor89, Armella Potter, carito-potter, karlablackM, Sami-Maraurder girl, Arladiel, consue, hiromi koizumi.

Y bueno, creo que eso es todo… En fin… Espero que el capítulo sea de vuestro agrado y si no lo es, lo lamento mucho… he hecho todo lo posible por recordar como lo había escrito anteriormente… :p

En fin, un besito a todos, nos leemos abajo, disfrutad de la lectura!!!

CAPITULO 36. Un partido y una conversación.

-¿Dónde diablos se ha metido?

Sirius suspiró. Hacía ya casi diez minutos que Dani había salido del vestuario de las chicas asegurando que Annie estaba casi lista, el partido estaba a punto de empezar y Ann todavía no había salido de allí y a James estaba a punto de darle un paro cardíaco.

-Si no sale ahora mismo voy a entrar a buscarla –anunció con un tono demasiado solemne para que alguien le hiciera caso-. Hablo en serio. Lils, diles que hablo en serio.

Pero Lily sólo asintió… acababa de ver pasar a Severus hacia las gradas de Slytherin y no pudo evitar recordar la conversación que había tenido con él hacía pocos días…

(flashback)

Se obligó a sí misma a no reflejar el susto que se había llevado al verlo allí parado, vestido de negro como siempre, sin nada que destacara de él salvo el escudo de Slythering bordado en el pecho de la túnica.

-Severus, ¿qué haces en el pasillo solo? –preguntó por no decirle que le había dado un susto que hasta Morgana hubiese resucitado.

-Te esperaba –contestó con sencillez-. ¿Tienes un minuto Evans?

-Claro.

Severus sonrió para sí mismo. "Claro" Una respuesta tan sencilla que sólo la podía dar Lily.

-Pero date prisa, el director quiere vernos –añadió la pelirroja. Los ojos de Severus se entrecerraron y sólo entonces Lily recordó que aquel chico que estaba mirándola, había sentido en algún momento algo por ella.

-¿Veros? –preguntó con una sonrisa cínica-. Supongo que te refieres a Potter, ¿no?

Lily frunció el ceño y el chico sintió una punzada en el pecho. No, no era buena idea hacer enojar a Lily Evans y mucho menos si era hablando mal de James Potter, así que decidió empezar a hablar de lo que de verdad quería hablar.

-¿Por qué él? –preguntó el chico directo-. ¿Por qué no yo? Yo te quiero del mismo modo que él si no es que más.

Lily sonrió a medias. Nunca dejaría de sorprenderse de la forma en que Severus decía las cosas… directo siempre al asunto a tratar.

-Y no lo dudo pero él… él ha hecho algo que tú nunca hiciste.

-¿Y qué fue eso? –preguntó Severus-. ¿Hacerte enfadar, hacerte llorar? Es cierto nunca lo hice.

- Es cierto que me ha hecho enfadar, llorar, gritar y desear tirarle desde la torre de astronomía… –negó con suavidad haciendo que algunos de los mechones que se habían desprendido de su coleta acariciasen sus mejillas con suavidad, dejando que la poca luz que iluminaba aquella habitación hiciese brillar su cabello, contrastando con los enormes ojos verdes-. Pero no me refería a eso…

-¿Y entonces a qué?

-James…él ha luchado con uñas y dientes por lo que sentía Severus… Siempre me lo dijo, siempre… no importaba con quién estuviese saliendo… seguía preguntándome si quería que anulase las citas y saliera yo con él… Tú… yo ni siquiera sabía que sentías algo por mí hasta que me lo dijiste el año pasado… ni siquiera se lo dijiste a los que se supone son tus compañeros… y estoy segura de que aún no lo has hecho.

-¿Y por eso es mejor la forma en que él te quiere? -preguntó burlón y sarcástico-. ¿Porqué él lo grita a los cuatro vientos y yo prefiero guardármelo para mí?

-Nunca he dicho que lo que haga James sea la mejor manera de quererme –le contestó ella entrecerrando los ojos-. Pero es lo que yo necesito, es la forma en que quiero que me quieran… en que necesito que me quieran.

-Dile a Potter y sus amigos que no deberían salir al bosque de noche –ella se tensó-… Podrían tener ciertos… problemas… -terminó de decir la oración con relativa pausa.

¿Eso era todo? Lily le miró. ¿Eso era todo lo que iba a decir después de decirle ella en pocas palabras que no iba a quererle nunca y que estaba enamorada de James y no de él?

-Lo tendré en cuenta Severus –le contestó al darse cuenta por la mirada de él que llevaba demasiado tiempo en silencio-. Buenos días.

Severus suspiró cuando ella desapareció de su vista y sólo entonces se relajó lo suficiente para dejar entrever en sus ojos el reflejo del dolor que sentía por su rechazo y el miedo que sentía por el camino que él mismo había elegido.

-Adiós… Lily…

(fin flashback)

Sí, definitivamente seguía pensando de aquella forma… Quizá James no era el chico perfecto… definitivamente no era perfecto, decidió mientras veía como corría como si fuera un niño pequeño antes de saltar sobre la espalda de Sirius que se sobrepuso a la sorpresa de que su mejor amigo se le hubiese subido de repente a la espalda… Pero era el chico del que estaba enamorada.

Y aunque en un principio no había sido capaz de captar el significado de aquellas palabras, en aquellos momentos lo estaba haciendo… ¿cómo sabía él que James y los chicos estaban en el bosque? Se detuvo unos segundos recordando la mirada significativa de Severus…

Ojos negros. Grandes, abiertos, fríos, casi sin un mínimo rastro de humanidad de no ser por la nostalgia que siempre había en ellos. Aquellos ojos negros… orbes negras. Infinitamente negras que albergaban algún secreto hasta aquel momento nunca conocido. Los había visto antes de aquella forma, igual de cerca, pero no… no podía ser, ¿verdad?

-¿Lily? –preguntó Peter-. ¿Estás bien? Te veo algo… pálida… -preguntó.

James la miró unos segundos frunciendo el ceño y decidiendo desde luego si su novia estaba pálida o no. La pelirroja sonrió de inmediato ante el escrutinio de ambos y negó suavemente.

-No es nada. James necesitas tranquilizarte, así que será mejor que vayamos hacia las gradas ya.

-No pienso irme de aquí hasta que Ann no haya salido –insistió el chico.

-¿Sabes Potter? No creo que vaya a desvanecerse –dijo con tono sarcástico Emily mientras Remus rodaba los ojos.

-Annie no creo pero, ¿alguien sabe dónde está Sirius? –preguntó entonces Dani viendo que el moreno no se veía cerca.

Los ojos de James miraron a su alrededor y luego soltó un bufido seguido de un grito.

-¡Black! –el gritó de James llegó desde fuera- ¡Deja a mi buscadora inmediatamente! ¡Nada de sexo antes del partido!

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-No puedo hacerlo –suspiró Ann mirándose de nuevo en el espejo.

Odiaba el rojo. Odiaba el rojo y el dorado. Odiaba el rojo y el dorado en el equipo de quiddich cuando era ella quien tenía que ponerse el equipo de quiddich rojo y dorado. ¿Cómo diablos se había dejado convencer para hacer aquello?

Oh, sí, ya recordaba…

(flashback)

Suspiró por décima vez mientras James caminaba detrás de ella exagerando el dolor de su brazo y lamentándose de que nadie fuera lo necesariamente bueno para substituirle en el partido de quiddich contra las serpientes.

-No voy a hacerlo, James –dijo ella con una sonrisa dulce-. No me gusta llamar la atención y creo que si me subo a esa escoba y me presento como tu substituta, voy a llamar la atención, así que mi respuesta sigue siendo la misma: no, gracias pero no.

James se giró hacia Sirius que rodó los ojos.

-Vamos, cielo, eres la única que puedes hacerlo –intentó convencerla.

-He dicho que no, Sirius, ¿y no deberíais estar entrenando? Dani hace media hora que se fue al campo de Quiddich.

James desechó aquella información con un gesto de su mano como si no fuera algo realmente importante.

-No te preocupes, sabe entrenar muy bien y no necesita supervisión.

Ann le miró enarcando una ceja.

-De verdad chicos, no creo estar preparada para…

-Vaya… nos hemos enterado de que esta vez no jugarás, Potter.

Ann cerró los ojos y sintió un escalofrío al escuchar la voz de Malfoy detrás de ella. Casi por instinto, Sirius la tomó de la mano y tiró de ella para colocarla a su lado y alejarla lo más posible de Lucius.

-¿No será que estás fingiendo una lesión para no tener que perder delante de nosotros? –insistió esta vez el rubio acompañado por Narcisa y Bella que sonreían tontamente mientras miraban a su primo con arrogancia y altivez.

-No necesito fingir nada, Malfoy. Sería capaz de ganaros incluso con una lesión, pero el director Dumbledore opina que no debo –gruñó James.

-Vaya… es una lástima… en fin… supongo que ganaremos esta vez con bastante facilidad, ¿sabes? Si os retiráis del partido prometemos no burlarnos… -las dos chicas que lo acompañaban sonrieron con autosuficiencia-… al menos no demasiado –terminó diciendo provocando la risa de las dos chicas y mostrando su propia sonrisa sarcástica-. Quizá Danielle quiera estar después con un ganador…

-¡No te atrevas a acercarte a ella! –gritaron entonces James y Sirius.

-Malfoy, ¿por qué no te pierdes y desapareces del agujero del que has salido? Y llévate a tus …-sonrió intentando encontrar una palabra para describirlas-… a ellas –dijo rindiéndose-… todos sabemos que las serpientes y las zorras son excelentes compañeros entre ellos –dijo Ann con tranquilidad destilando veneno en sus palabras y

en su mirada-. Y para tu información… -cerró los ojos unos segundos, sabía que se iba a arrepentir de lo que iba a decir-… yo soy la substituta de James.

James y Sirius se miraron y sonrieron, quizá por primera vez en su vida, Malfoy había aparecido cuando tenía que aparecer.

-¿Qué? –preguntó Lucius-. ¿En serio crees que puedes hacer algo en el partido contra mí?

-¡Puedo hacerlo mucho mejor que tú! –espetó Ann-¡Y te lo voy a demostrar estúpida serpiente arrogante! –Malfoy alzó una ceja-. ¡En el partido, voy a barrer el cielo con mi escoba y pasaré por encima de ti!

-¿Es una amenaza? –preguntó Bella.

-¡Por supuesto que lo es! -se giró hacia James y Sirius que habían abierto la boca y les advirtió-. ¡Ni una palabra, esto es asunto mío! –se giró de nuevo hacia Malfoy-. ¡Y en cuanto a ti…. –Malfoy la miró-… te veré en el campo, idiota!

-Eso lo veremos, me gustaría ver como una pequeña rinoceronte como tú puede volar…

Ni siquiera le dio tiempo a terminar la frase cuando la varita de Sirius estaba apuntándole directamente a la garganta.

-¡Vuelve a decir algo así y será lo último que digas!

-Yo que tú le haría caso Malfoy –dijo James como si sintiera aquella situación-. Hoy no está de muy buen humor, ¿sabes?

Lucius se apartó de Sirius aprovechando que Ann tomó el brazo del moreno para disuadirlo de hacer ninguna tontería y se giró hacia las dos chicas que lo acompañaban.

-Bella, Cissa, vámonos –dijo Lucius desapareciendo de allí haciendo ondear su capa.

-Nunca entenderé como lo hacen –dijo James frunciendo el ceño mirando las capas.

-Es fácil, las serpientes sabes arrastrarse –contestó de forma indiferente Sirius encogiéndose de hombros. Se giró hacia Annie -¿Estás bien?

La voz de Sirius la hizo reaccionar.

-¡Merlín! –exclamó llevándose una mano a la cabeza -¿Dónde diablos me he metido?

Sirius rió de forma grave antes de rodearle la cintura con una de las manos e inclinarse sobre su cuello para besarla haciéndola estremecer.

-Me encanta cuando te enfadas… -le susurró al oído.

-Black, aléjate de mi buscadora –se interpuso James entre los dos para frustración de Sirius y diversión de la rubia-. Ya sabes qué opino de eso, nada de sexo antes de los partidos, así que ve a darte una ducha fría mientras yo hablo con mi buscadora.

-¡Cornamenta! –se quejó Sirius-. ¡Estamos en invierno, las duchas frías me congelarán!

James le miró divertido mientras empezaba a alejarse con la chica por el pasillo dándole instrucciones.

-Quizá así dejes de pensar con… tú ya sabes qué y lo hagas con la cabeza, quiero esa copa Sirius –añadió.

Sirius frunció el ceño. Quizá no había sido tan buena idea sugerir que Ann fuera la buscadora.

(fin flashback)

Ella y sus enfados… algún día la traerían más problemas que el hecho de aceptar un desafío de aquella magnitud. Se miró de nuevo. En realidad no le quedaba tan mal… sólo… demasiado llamativo y ella odiaba llamar la atención…

Cerró los ojos unos segundos con la absurda idea de que quizá, y sólo quizá, si hacía eso, el uniforme desaparecería y ella estaría sentada en las gradas junto a Lily, Remus, Peter y Emi animando a su novio, y no siendo ella animada por sus amigos.

Sintió unos brazos que se cerraban en torno a su cintura y se relajó al reconocer el aroma que siempre acompañaba a Sirius además de notar los labios de él en el cuello, apartándole el cabello recogido en una trenza alta para que no le molestara durante el partido.

-No seguirás preocupada por la conversación del otro día con Dumbledore, ¿no?

Annie suspiró…

-¿Acaso no debería?

(flashback)

-Así que por aquí se va al despacho de Dumbledore… -musitó Ann.

James que caminaba a su lado se detuvo al escuchar a la chica e incluso, cosa que agradeció Ann porque estaba empezando a volverse loca, James dejó de darle consejos acerca del campo de quiddich, de las bludgers, de las trampas de los Slytherins y sobre todo de los comentarios de Malfoy que siempre hacía para desconcentrarle.

-¿No sabías que por aquí se venía al despacho de Dumbledore? –preguntó atónito.

-En realidad no –comentó de forma despreocupada la chica.

-De acuerdo, esto es serio. Sirius, tu novia no sabe donde está el despacho de Albus –informó el chico de gafas mirando por encima de su hombro interrumpiendo la conversación de Remus y Sirius.

-Bromeas, ¿cierto? –preguntó el aludido. Ann negó suavemente-… Siete años y nunca has venido al despacho del director… debe de ser un récord.

-No lo creo. Supongo que alguien más no debe haber venido –contestó con simpleza.

-No. Incluso Lily ha estado un par de veces –comentó Emily haciendo un esfuerzo por recordar si habían sido algo más que un par de veces.

-Pero sólo para hablar de la placa de Premio Anual y a aquella entrevista orientativa acerca de qué quería hacer con mi futuro –replicó enseguida Lily. James rodó los ojos y Lily lo miró de forma acusadora-. A la que por cierto tú no fuiste.

-¿No fui? –preguntó James haciéndose el despistado-… Que raro… debí olvidarlo…

-No te preocupes, Lily, Cornamenta ha ido tantas veces al despacho del director que seguro que en alguna de esas ocasiones ha hablado de ello con el director –sonrió Remus abiertamente. Al ver la mirada divertida de James añadió algo más-. O puede que no… -Lily le miró. Remus estaba bastante divertido.

-Creo que me sentó mal las chuletas de cerdo –dijo entonces Dani con sencilleza-. Vamos a ver que quiere el director –dijo con una de sus sonrisas mientras rebasaba a los dos chicos y se acercaba hasta Annie a quien cogió del brazo separándola de Sirius.

-Pues a mí me sentaron muy bien –dijeron al mismo tiempo James y Sirius.

-A ti te sentaría bien comerte un cerdo entero Sirius –le replicó con cierto tono humorístico Peter.

-Mientras que no sea el cerdo quien me coma a mí, está bien –se defendió Sirius sonriendo.

-Pobre animal… -comentó entonces Emily. Peter la miró, curioso, al igual que Remus, por saber qué era lo que ella iba a añadir, porque estaba más que claro que no pensaba quedarse sólo en aquello-. Es decir… si eso pasara, se indigestaría él.

Sirius abrió la boca para contestar algo que, seguramente daría inicio a una conversación bastante divertida, a juicio de Dani y de James, pero en cuanto su novia le dio un suave golpe en el hombro se calló.

-No iba a decir nada.

-Por supuesto, Sirius –le contestó ella.

-Galletas de chocolate –dijo en voz alta Lily delante de la gárgola de piedra que empezó a moverse.

-En serio, no iba a decir nada.

-Está bien, cielo –le contestó Annie.

-No me crees ¿verdad?

-Claro que te creo Sirius –dijo ella medio divertida empezando a subir las escaleras con un Sirius refunfuñando detrás de ella.

-No es cierto.

Ann suspiró y se detuvo en medio de las escaleras, se giró y aprovechando que, por primera vez ella era más alta que él porque habían dos escalones de diferencia de uno al otro, inclinó la cabeza con suavidad y lo besó brevemente.

-Está bien, no te creo porque te conozco lo suficiente para saber que tenías una respuesta bastante afilada para Emi, ¿de acuerdo? Y a pesar de eso, te quiero. ¿Necesitas saber algo más? –le preguntó.

-Dile que no y seguid subiendo –le dijo Peter a Sirius desde detrás-. Necesitamos llegar ahí arriba, lo sabéis ¿no?

-Sí, Peter, sí –contestó con tono cansado Sirius antes de tomar la cintura de Ann y darle un suave beso.

-¡Sirius! –le reclamó de nuevo Peter.

Y esta vez, Sirius hizo caso; aunque Peter estaba seguro de que era más por no perder de vista a Ann que porque se sintiera amenazado o culpable por hacerles esperar. Remus, detrás de él dejó escapar una sonrisa.

-Vaya, pero si son mis jóvenes estudiantes…

Emily rodó los ojos. ¿Por qué el director siempre tenía que hablarles como si fueran niños pequeños? Estaban a punto de graduarse, ese sería su último año. Sonrió. Seguramente era precisamente por eso que les hablaba como si fueran más pequeños de lo que en realidad eran.

Ocho sillas habían aparecido delante del escritorio del hombre quien, con un gesto de su mano, les indicó que se sentaran tranquilamente. Los chicos y Dani con la comodidad que la costumbre daba, Lily y Emily con tranquilidad y Ann sin dejar de mirar a todos lados preguntándose de dónde había sacado el director todas aquellas tonterías que se veían por todas partes…

-Soy como un niño –le contestó el hombre mirándola antes siquiera que ella hubiera tenido la oportunidad de plantearse hacer la pregunta-, en cuanto veo algo que me gusta no puedo dejar de comprarlo –le sonrió-. Es un placer verla, señorita Seever, si no, creo que nunca hubiera venido a este despacho.

-¿Y eso es malo? –preguntó Ann.

Sirius que ya se había sentado, tiró de su mano para que se sentara a su lado mientras sonreía dulcemente…

-No, preciosa, no es malo… raro, quizá… pero no malo… -le garantizó.

-¿Y bien? –preguntó Remus.

Dumbledore sonrió. Desde que conocía a aquellos cuatro chicos siempre que los llamaban al despacho de la profesora McGonagall, al de Slughorn o al suyo propio, siempre, absolutamente siempre, era Remus Lupin quien hablaba; seguramente porque dado el temperamento de Sirius, la inclinación de James a bromear acerca de todo y la forma en que Peter se quedaba congelado pensando en qué habían hecho de malo y cuál sería su castigo, la opción más segura para mantener una conversación tranquila y calmada era Remus. Dumbledore sonrió. En serio que iba a echar de menos a esos chicos.

-Tengo que hablar de vosotros sobre algo… Sobre alguien… -rectificó.

La sonrisa afectada de James fue suficiente para que ambos supieran que el adolescente lo sabía.

-¿Qué ocurre, profesor? –preguntó Sirius cómodamente alargando la mano para tomar un par de caramelos del platito que Dumbledore siempre tenía tanto para los alumnos de primero que estaban asustados como para él mismo, una obsesión del mago mayor conocida por todos.

-Antes que nada… -miró a Lily divertido-… no era necesario que lo hiciera, señorita Evans… le aseguro que esta vez no iba a intentar borrar la memoria de nadie…

Ante aquello, Lily se sonrojó furiosamente y farfulló algo que sólo James y Dani que estaban a sus lados escucharon a algo parecido a "amigos, recuerdos, no quería…" Dumbledore sonrió.

-La señorita Evans creyó que era conveniente lanzarles a todos un hechizo de preservación de recuerdos en caso de que yo quisiera hacer lo que hice hace poco tiempo con ella –sonrió al ver a la adolescente ruborizada-. Lo cual demuestra lo buena amiga que es además de demostrar lo buena bruja que es si ninguno de vosotros se ha dado cuenta… así que… diez puntos para Gryffindor.

-¡Ey, esta reunión empieza a gustarme! –exclamó risueño Sirius-. ¿Hay puntos por ser el más guapo del colegio? –preguntó.

-¡Sirius! –le reprendió Danielle pese a que su sonrisa delataba que estaba claramente divertida.

-En todo caso por ser el más engreído del colegio –contestó Emily cruzándose de brazos. Peter suspiró.

-Te olvidas de Malfoy –dijo James. Emi le miró-. Él es el más engreído del colegio –dijo suavemente sin perder la sonrisa socarrona hasta que Lily le dio un suave golpe en el brazo.

-Disculpe profesor, pero pronto serán los exámenes y tenemos que estudiar, si nos pudiera decir por qué nos ha hecho…

-Siempre pensando en la obligación antes que en la diversión, ¿verdad señorita Seever?

-¿Nos dará puntos por eso? –preguntó Sirius entonces.

-¡Canuto! –reprendió esta vez la voz de Remus- Discúlpele profesor, creo que hoy se tragó un payaso para desayunar y por eso no deja de hacer tonterías… -miró indulgente a su amigo que se llevó una ano al pecho como si aquel comentario le hubiese herido profundamente. El brillo en sus ojos delató que no era cierto.

-Me temo, señores, que no es una reunión demasiado agradable… Así que les ruego que mientras les explico la situación, se mantengan en silencio… -los jóvenes asintieron, sorprendidos de que su profesor fuera capaz de hablar en serio y Dumbledore suspiró. Eran jóvenes, mucho en realidad, pero eran los mejores alumnos y sabía que podía contar con ellos-… Todos han podido comprobar de un modo u otro quién es Tom Riddle –les dijo -. Y lamentablemente no es el mismo Tom de hace años cuando empezó a estudiar aquí… Ahora… es Lord Voldemort…

Albus les miró por encima de las gafas de media luna, observando la reacción en ellos. Remus asintió en silencio casi sin ser consciente de que el brazo alrededor de Danielle se había vuelto más protector al tiempo que miraba a James de forma descuidada; Emily había buscado la mano de Peter sin mirarlo y el chico se había apresurado a tomarla entre las suyas, como si de algún modo, aquel simple gesto, pudiera reservarle la tranquilidad que ella estaba buscando en aquel momento. Ann miró con cierta precaución a Sirius y no era para menos; el chico había apretado la mandíbula y sus ojos se habían oscurecido ligeramente mientras gruñía ligeramente al tiempo que miraba a su casi hermano, James, que se limitó a apretar con fuerza los puños cerrados sobre las piernas. Lily le tomó una de las manos al ver la reacción de James, en un vano intento por que se tranquilizase, antes de que él se pusiera de pie.

-¿Qué…

-Si va a hablar de Riddle, será mejor que me vaya, no pienso escuchar nada que tenga que ver con…

-James siéntate –ordenó más que pidió el director cuando vio al chico levantarse-. Tú más que nadie tienes que escuchar esto… por favor…

James obedeció aunque a regañadientes y el director no le pudo culpar por ello.

-No hay un modo suave de decirlo, así que lo diré directo. Supongo que habréis escuchado rumores últimamente de personas desapareciendo y apareciendo luego muertas sin que los médicos puedan saber a qué es debido…

Todos asintieron. Estaban al corriente de todo aquello. Más de lo que desearían estarlo a decir verdad… Sobretodo Lily y Ann que, siendo hijas de muggles recibían aquellas noticias con más miedo que los demás, sin saber nunca si el próximo desaparecido iba a ser algún vecino, algún amigo o por aún, algún familiar.

-¿Riddle está detrás de eso? –preguntó Sirius completamente serio.

Dumbledore asintió despacio.

-Tom ha iniciado una campaña contra toda persona que sea contraria a sus ideales, y eso incluye a todos los que carecen de poder mágico, a los magos que han nacido de padres sin magia o incluso magos que no tienen magia… -suspiró-… Es decir, quiere erradicar a todos aquellos que han tenido en su árbol genealógico algún rastro de muggle alguna vez…

-Pero qué…-Remus colocó una mano sobre el brazo de Peter para que callara y dejara seguir hablando a Albus.

-Ha reclutado entre todas las familias de magos a aquellos que cumplen con los requisitos… gran poder mágico, conocimiento de magia negra, ansías de poder, y sin miedo a lanzar maldiciones y matar y torturar a gente –dijo con gran pesar. Ann se llevó una mano a la boca para ahogar un grito mientras que Remus fruncía el ceño preguntándose como alguien podía ser tan cruel.

-¿Cómo puede alguien…

-Por poder, por orgullo, por ambición, por fama, por gloria… -dijo el hombre con una sonrisa resignada-… Hay muchas razones Ann… -le dijo.

Sirius sonrió amargamente. El dolor enterrado en sus ojos, intentando esconderlo antes de hacer la pregunta.

-¿Mis padres están metidos en esto? –preguntó Sirius entonces.

Los ojos de Dumbledore brillaron silenciosamente. Ni Sirius ni ninguno de los presentes necesitó más para saber que aquello era una confirmación.

-Menuda tontería acabo de preguntar… es más que evidente que están metidos en esto y si no fuera porque creo que son unos cobardes, juraría que ellos mismos han sido los causantes de todo –añadió con tono resentido-. Cambio mi pregunta: ¿hasta qué punto están metidos los Black? –preguntó.

James a su lado le miró. No era extraño ver a Sirius enfadado con sus padres, y nadie le culpaba por eso; pero sí era extraño escucharle despotricar contra ellos de forma tan abierta. Generalmente solía ignorarlos simplemente, o en el caso de Bella y Narcisa, insultarlas, según Peter, de manera sencilla y demasiado sutil para que ellas fueran capaces de entenderlo.

-Sirius…

-No eres como ellos –dijeron al mismo tiempo James y Annie aunque Sirius pareció no escuchar ni a uno ni al otro.

Emily decidió interrumpir el cáliz que estaba tomando aquella conversación, demasiado incómoda para todos.

-¿Cómo sabe todo eso? Es decir, si eso es cierto… se supone que debería permanecer en secreto o algo ¿no? –se explicó Emily.

El hombre la miró por encima de las gafas de media luna y sonrió de forma indulgente y condescendiente.

-Tengo mis fuentes… alguien se ha infiltrado entre ellos y bueno… ha conseguido revelarme todo esto… -les explicó.

-¿Y qué tenemos que ver nosotros con todo esto?

-Quiero que os unáis a mí. –dijo sinceramente-. Hace muchos años, cuando yo aún era joven… también hubo un Tom Riddle al que tuve que derrotar… -suspiró cansado, aún le dolía hablar de aquello… quitar la vida a alguien para defenderse no era alo de lo que debiera sentirse avergonzado, pero quitarle la vida a alguien siempre era un acto que nadie debería cometer nunca-… para lidiar con él, se formó un grupo de gente… magos que esperando un nuevo resurgir, un nuevo mundo donde la magia no fuera símbolo de poder, sino de esperanza, nos unimos para derrotarle bajo el nombre de la Orden del Fénix…

-Un buen nombre si lo que pretendían era el resurgir de algo… -comentó distraídamente Lily.

-La Orden se ha vuelto a reunir pero…

-Necesitan nuevos miembros jóvenes y ágiles –terminó la frase Dani por el hombre-. ¿Es eso?

-¿Qué nos está preguntando exactamente, profesor? –inquirió Remus.

-Os estoy preguntando si queréis formar parte de la Orden del Fénix una vez os hayáis graduado… Sois los mejores alumnos que he tenido hasta el momento, y además sois excelentes personas… sería un placer para mí contar con vuestra ayuda en caso de necesitarla…

-Estoy dentro –dijo Sirius sin pensarlo-. Cuente conmigo para lo que quiera que me necesite, profesor –añadió con una seriedad rara en él.

-Sirius… ¿te das cuenta de que eso significará ponerte contra tu propia familia? –cuestionó el anciano.

-Profesor, la única familia que me importa, es la que está en este despacho ahora mismo… -fue la respuesta de Sirius que esbozó una media sonrisa. James sonrió algo azorado por la respuesta de su amigo y de todo lo que ello implicaba.

-Si crees que entrando en la Orden vas a deshacerte de mí, lo llevas claro –replicó entonces Dani-. Cuente conmigo profesor.

-Dani, no voy a dejar que…

-¿Qué qué, Sirius? –le preguntó ella-. Soy yo la que no va a dejar que hagas tonterías, ¿queda claro? Estoy dentro y no importa lo que digas o hagas, no puedes impedírmelo.

Sirius le sonrió simplemente a modo de respuesta y se giró hacia Remus.

-¿Vas a dejar que tu esposa se ponga en peligro? –le preguntó burlón rehuyendo la patada que Danielle acababa de lanzar en su dirección.

-Por supuesto que no –la chica le miró sin parecer enfadada; después de todo, conocía a Remus lo bastante para saber que ese brillo pícaro en los ojos tenía algún significado-. ¿Quién te ha dicho que vaya a dejarla ir sola? Estamos juntos en esto y no voy a dejarte solo con ella, seguro que entre los dos acabaríais liando algo… -suspiró mientras Dumbledore se limitaba a sonreír.

-Supongo que alguien tendrá que ayudar a Remus –se encogió de hombros Emily- Profesor, cuente conmigo también.

-Y conmigo –se apresuró a decir Peter como si temiese olvidar que si no se lo decía en aquellos momentos no podría decirlo nunca.

-Me alegro contar con su ayuda, señor Pettigrew, pero señorita Addam... lo siento, pero prometí a alguien que usted no puede formar parte de…

-¿Fue Matthew? –preguntó sin demasiados rodeos. Peter le apretó ligeramente la mano mientras sentía como ella la aferraba con fuerza, como si la vida le fuera en ello, como si aquella mano fuese la única tabla de salvación a la que podía aferrarse.

Sí, por supuesto que había sido Matt. Siempre preocupándose por ella, siempre haciendo que estuviera a salvo, siempre protegiéndola, incluso cuando eran niños y ella acudía a su habitación cuando sus padres discutían entre sí y los golpes no eran suficientes y habían maldiciones que centelleaban en la casa y ella se sentía tan asustada que la compañía de su lilpnot de peluche no era suficiente y se metía en la cama de su hermano mayor que la abrazaba y cerraba la puerta atrancándola, y le susurraba que todo estaría bien mientras empezaba a contarle un cuento, un cuento de princesas, un cuento muggle, de los que a ella le gustaban… sin maldiciones, sin peleas, sin gritos… sólo un cuento…

-Emily…

-No puede impedírmelo –dijo entonces ella-. Ni siquiera Matt puede impedir que haga lo que quiero hacer y no pienso quedarme cruzada de brazos mientras permite que mis amigos entren en su dichosa orden arriesgándose sin que yo pueda estar a su lado.

-También dijo que diría eso –reconoció el hombre -. Pero no mencionó que para hablar de ello se pondría de pie.

Emily sonrió sin mostrarse en absoluto avergonzada mientras volvía a sentarse, ¿en qué momento se había levantado?

-Perdón.

El anciano le sonrió tranquilamente.

-Supongo que no tengo autoridad para detenerte.

-Desde luego que no, si no me aceptara, encontraría el modo de hacerlo, créame –le dijo la chica con una suave risa.

-¿Lily? –preguntó mirando a la pelirroja -¿Ann?

Ambas chicas se miraron y se sonrieron como si fueran conscientes de algún secreto que sólo les incluía a ellas dos.

-Yo… -empezó a decir Annie mirando de reojo a Sirius que permanecía con el ceño fruncido sin apartar la mirada de Dumbledore como si en cualquier momento el hombre pudiera decir algo que fuera a conseguir calmarle-… yo no puedo hacerlo, profesor… lo siento… -se disculpó sinceramente. Antes de que alguien dijera algo más, Ann se vio obligada a decir algo más y empezó a hablar de forma rápida y casi sin descanso-… Es que yo… si me dedicara a proteger a toda la gente y por algún motivo mis padres, mi familia se viera en problemas y yo no pudiera estar protegiéndoles a ellos sencillamente por estar protegiendo a otros, creo que nunca me lo podría perdonar. Ellos son muggles y no saben defenderse, no pueden defenderse y entonces… -se giró hacia Sirius-… lo siento, de verdad que lo siento… pero no puedo hacerlo… Puedo apoyarte, escucharte, quererte y amarte hasta la saciedad pero no puedo dejar de lado a mi familia para proteger a otros que tienen a gente que los van a proteger y además…

-Ey, cálmate Annie…

Peter enarcó una ceja. James había intentado captar la atención de Sirius y no lo había conseguido y sin embargo, Ann que no se lo había propuesto, lo había logrado. Sonrió y miró a su lado sujetando la mano de Emily viendo el modo en que James había acercado su silla a la de la pelirroja o la manera en que Remus permanecía con un brazo sobre los hombros de Danielle de forma espontánea y natural y no tuvo más remedio que sonreír… En serio esas chicas los habían cambiado.

-Entiendo lo que quieres decir pequeña –le aseguró Sirius-. Y casi creo que lo prefiero… -admitió-… No me gustaría que estuvieras en peligro nunca… y no creo que entrar en la Orden sea un paseo por el campo, ¿cierto, profesor?

Dumbledore asintió, su sonrisa, carente de la dulzura de siempre, más bien… resignada.

-Pero yo no…

-Nadie te va a criticar por no hacerlo, Annie –la interrumpió Remus-. Al menos nadie de esta habitación –le sonrió mientras Sirius la besaba en la mejilla suavemente, cerca de la comisura de los labios.

Danielle sonrió. Conocía a Sirius lo suficient para saber que si no la había besado en los labios no había sido porque estuvieran delante de Dumbledore, sino porque sabía que Ann se sentiría incómoda si Sirius la besaba delante de Dumbledore.

-Yo creo que estoy igual que Ann… -suspiró la pelirroja-. Lo siento profesor, le agradezco que haya pensado en mí pero no puedo dejar a mi familia sola… si es verdad lo que está pasando y que todo esto vaya a pasar a más, necesitarán a alguien que pueda defenderles… -sonrió nerviosamente-… o al menos que intente defenderles…

Los ojos de Dumbledore asintieron en silencio, indicando que comprendían perfectamente y se clavaron en James, esperando una respuesta. En cualquier otra situación, en cualquier otro momento, el chico ya se hubiera levantado diciendo que él estaba dentro de la Orden, de hecho, Albus apostaba porque él hubiese sido el primero en acceder… Pero era plenamente consciente de que Lily Evans era alguien muy importante para él.

-Yo… -suspiró. Quería hacerlo. Sabía que necesitaba hacerlo. Pero no quería dejar a Lily sola, no iba a dejarla sola… aunque eso significara dejar por primera vez en su vida a Sirius solo en algo… Estaba realmente confundido. Miró a su amigo que pareció entender y le sonrió a modo de respuesta indicándole que todo estaba bien-… Creo que necesito pensarlo un poco más… ¿podría darle mi respuesta más tarde? –sugirió.

Albus asintió.

-Tenéis hasta final de curso para darme vuestras respuestas definitivas –les dijo con una media sonrisa-. No hay ninguna prisa por crecer… -añadió con un tono risueo en su voz, propio de él desde que los chicos recordaban-. Y ahora, será mejor que os vayáis, creo que tenéis un entrenamiento al que asistir, ¿no?

James asintió y se levantó mientras Ann y Danielle farfullaban algo entre dientes que hizo sonreír a Sirius al ver como se quejaban por el tema de conversación. James no las iba a dejar tranquilas hasta el día del entrenamiento.

Empezaron a salir en silencio de allí. James fue el último en salir después de cederle el paso a su novia que le sonrió.

-Director –lo llamó James. El hombre alzó la vista.

-¿Sí, James?

-Lily va a estar bien, ¿verdad?

Y el hombre le sonrió de forma amable.

-Estoy seguro de que tú te encargarás personalmente de que sea así, ¿cierto?

James le sonrió de vuelta.

Por supuesto que él se encargaría. Siempre. Aunque tuviese que dar u vida por ella… Lily siempre estaría bien.

(fin flashback)

-No, no deberías –afirmó Sirius. Ann enarcó una ceja. -. No deberías preocuparte por eso Ann… -la besó en el hombro derecho y buscó con diversión los ojos de ella en el espejo-. Al menos no antes de un partido ¿Sabes que el rojo te queda realmente bien?

Ann le dio un ligero golpe en el brazo por su comentario, pero sonrió, pese a que no quería hacerlo.

-¿Lista para el partido?

Suspiró.

-Supongo… -comentó sin demasiado ánimo.

Sirius rió gravemente y bajito, junto al oído de ella. Ann se relajó. Ese era el resultado de la risa de Sirius sobre ella… conseguía que se tranquilizara, que se relajara, por algún motivo, por alguna razón.

Pero esa tranquilidad se desestabilizó por completo cuando la mano de él bajó ligeramente hasta su cadera mientras que la otra le daba ligeros masajes en la cintura, haciéndola estremecer al tiempo que sus labios besaban su cuello con sensualidad y ligereza…

-Sirius… el partido… deja de besarme así… -le pidió ella aunque no estaba ofreciendo demasiada resistencia.

-¡Black! –el gritó de James llegó desde fuera- ¡Deja a mi buscadora inmediatamente! ¡Nada de sexo antes del partido!

Sirius bufó frustrado.

-Empiezo a odiar a James –sentenció.

Ann rió suave y se apartó de Sirius.

-Vamos, anda… -le animó caminando hacia la puerta. Se detuvo y se giró hacia él enlazando sus brazos detrás del cuello del chico que la miró-. ¿Sabes? He tenido una idea… ¿qué te parece si… -se alzó de puntillas y le susurró algo en el oído, un susurro dulce, suave, tierno… acariciando su piel con su aliento.

-¿Hablas en serio? –preguntó él con una sonrisa en el rostro. Ella avergonzada por lo que acababa de decir, asintió en silencio y Sirius sonrió besándola-. ¿Después del partido?

Ella asintió de nuevo.

-Venga, ¿a qué esperamos? Tenemos un partido que jugar –dijo entonces él repentinamente tomando la mano de su novia y saliendo de allí.

La risa de Ann aún se escuchaba cuando subió a su escoba y salió al campo con el resto del equipo. James, desde las gradas, no entendía nada.

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Matthew suspiró. Estar en aquella casa le traía demasiados recuerdos de su niñez. No porque esta hubiera sido perfecta, sino porque ella siempre estaba a su lado; no importaba los gritos, los golpes ni las discusiones dirigidas a su persona, porque cuando terminaban, sabía que ella iba a estar allí; primero preguntándole si estaba bien, luego revisando con sus pequeños ojos violeta su rostro, brazos y torso para asegurarse de que él no mentía y más tarde para abrazarle con fuerza asegurándole que ella nunca le iba a dejar.

Era su hermanita, su pequeña… Sonrió mientras colocaba la carta en la pata de la lechuza familiar; la única lechuza que ambos tenían y la única cosa que les pertenecía a ambos, sólo a ambos.

-Llévasela a Emi, pequeña… -le susurró-… Y cuídala… Seguramente no volvamos a vernos…

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-¡Annie agáchate!

La chica obedeció sin preguntar en cuanto la voz de Sirius le llegó clara y fuerte. Segundos después de cumplir su orden, la bludgger lanzada por Simmons de los Slytheris pasó por donde había estado su cabeza. Con el ceño fruncido miró al chico en cuestión que le sonrió burlón hasta que una bludgger golpeó el mango de su escoba, cortesía de Danielle.

-¿Estás bien? –asintió ante la pregunta de su novio y giró los ojos de nuevo, buscando el brillo alado de la pequeña pelotita dorada.

Gryffindor iba ganando, aunque no por mucho; frunció el ceño; tenía que encontrar y atrapar la snitch inmediatamente, cuanto antes lo hiciera, antes podría bajarse de la escoba y podría irse a algún lugar donde nadie la viese para poder pasar desapercibida otra vez… Aunque tal y como le había recordado Dani con una sonrisa, dudaba mucho de que pudiera pasar desapercibida de nuevo siendo la buscadora en un Gryffindor – Slythering. Suspiró.

-¡¿Se puede saber qué estás haciendo?! –el grito de James le llegó claro y alto-. ¡Búscala!

Ann rodó los ojos y miró al capitán que parecía bastante estresado desde las gradas. Lily se había dado por vencida y se limitaba a ver el partido junto a Emily mientras que Remus intentaba que James se sentara, tarea difícil si tenían en cuenta que Peter lo animaba.

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Lily rodó los ojos. El partido llevaba media hora y desde entonces, James se había levantado más de diez veces como si de esa forma pudiese formar parte del equipo de Gryffindor. Cansada de tener que tironear de la manga del muchacho, había dejado que Remus se encargara de ello mientras ella veía a Ann buscar la snitch.

-Es muy buena –comentó Emily a su lado.

-Sí, es bastante… ¡cuidado Dani! –gritó la pelirroja al ver que un Slythering había pasado demasiado cerca de ella-. Esta chica me va a matar un día de un susto.

-A mí también –corroboró Remus que había logrado que James se sentara después de amenazar a Peter que si lo animaba a levantarse iba a ver el calamar gigante muy de cerca-. Ni se te ocurra –le dijo Remus a James al ver que iba a levantarse de nuevo.

-Vamos, Remus, necesitan mi apoyo ¡Muévete Sirius o estarás dando vueltas de calentamiento hasta el final del curso! –gritó amenazando al moreno mientras agitaba el puño en alto y se ponía en pie.

Con un suspiro, Remus tiró de su camisa para que se sentara.

-En serio, Potter, ¿no puedes portarte como una persona norm… ¡Si vuelves a hacer algo así, te dejo sin que puedas disfrutar del día del padre, Jonson!

Peter miró a su novia con una ceja enarcada. Había interrumpido su sermón a James para hacer lo mismo que él, concretamente amenazar a uno de los bateadores de Slythering por pasar demasiado cerca de Ann y hacer que casi se cayera.

-Creía que no te gustaba el Quiddich –indagó el pequeño animago.

-Y no me gusta, pero no voy a dejar que le hagan daño –miró a James de forma significativa-. Y esto es tu culpa Potter.

-¿Mía? –James apartó los ojos del partido para mirar a Emily-. ¿Por qué es mi culpa? Lils, dile que no es mi culpa.

Pero la pelirroja no le escuchaba; tenía la mirada clavada en los asientos que estaban dos filas por debajo de ella, donde la estúpida de Sam cuchicheaba mientras empezaba a desenrollar un par de pergaminos gigantes a modo de pancarta.

-Como se le ocurra colgar eso en alguna parte, le voy a lanzar un hechizo que va a convertir su perfecto cabello en serpientes –amenazó en un susurro aferrando su varita.

Remus desvió la mirada hacia donde miraba la pelirroja y leyó el pergamino gigante… frases como "Black, vuelve con nosotras" o "Basta ya de tu capricho, deja a Seever" parecían ser las principales letras. Frunció el ceño. A Sirius no le haría gracia.

-Si necesitas ayuda, cuenta conmigo –le dijo a la pelirroja que asintió.

-¡Seever se lanza en picado, parece que ha visto la snitch!

James se levantó de su asiento y casi le pisa la cabeza a Peter al bajar las gradas hasta ponerse junto a la barandilla.

-¡Vamos, Annie, tú puedes!

Sam asintió a las dos chicas que tenía al lado y estaban a punto de desplegar sus carteles cuando la suave voz de Lily carraspeó detrás de ellas.

-Si hacéis eso, os juro que os acordaréis de Lily Evans –les dijo muy seria.

-¿Serias capaz de hacer algo? –preguntó Sam socarrona como siempre.

La ceja de Lily se alzó

-Pruébame –le dijo extendiendo la mano-. Dadme esos pergaminos y carteles, ya –ordenó más que pidió.

-¡Seever atrapa la snitch! –gritó alguien -¡Gryffindor gana!

-¡Ann, cuidado! –gritó Emily poniéndose de pie.

Lily dirigió su vista al campo. Una bludgger acababa de romper el mango de la escoba de Ann. La rubia tendría problemas para estabilizar su escoba. Su mano, fuertemente cerrada.

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-¿Dónde estás pequeña? –susurró la voz de Ann mirando hacia los lados-… Vamos, sé buna… deja que te atrape…

-¿Hablando sola? Y yo que creía que sólo Potter estaba loco en este equipo… -siseó la voz de Malfoy cerca de ella.

-Piérdete, Malfoy –contestó Ann sin hacer demasiado caso al rubio-. ¿No ves que estoy ocupada? En realidad, cualquier cosa es más importante que escucharte, ¿no te parece?

-¿Sabes? Tengo entendido que Sanders le ha contado a todo el mundo el modo en que te tiraste encima de él en la fiesta… -comentó con aire distraído. Ann ni siquiera le miró-. Y dice que ahora entiende por qué Black está contigo…

-Olvídame, Malfoy –le contestó ella esquivando ágilmente una bluddger.

-Es más, creo que sus palabras exactas fueron algo así como "quizá no sea bonita, ni delgada y sea una sangre sucia, pero besa como toda una experta…" –Ann le dedicó una mirada airada y entonces la vio. Detrás de Malfoy, a unos veinte metros, la snitch-. ¿Es eso cierto? Mmmmm…. –pareció pensativo-… ¿por cuántas camas has pasado para besar de esa forma, Seever?

La chica frunció el ceño y se colocó en posición sobre su escoba para salir disparada de allí cuando fuera necesario dejando atrás a Malfoy.

-Seguro que por muchas menos que Narcisa –le contestó con falsa ironía y dulzura. La mandíbula de Malfoy se tensó y ella sonrió-. ¿Sabes qué, Malfoy? Acabo de recordar que dije que iba a ganarte en el campo, ¿verdad? Pues discúlpame, tengo trabajo que hacer…

Y antes de que él dijera nada más, la chica salió volando en su escoba mientras estiraba su puño. Malfoy maldijo en voz baja. Estaba muy cerca. Demasiado cerca de la snitch. Sonrió con crueldad y arrebatándole el bate a Sonnors, arremetió con una bludgger contra Ann.

La chica aferró la snitch cuando escuchó el grito de James y de Lily. Demasiado tarde. Un golpe en el mango de la escoba la hizo desestabilizarse. Sabía que no podría recuperar el control de la escoba. Iba a estrellarse.

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-¡Ann! –gritó James al ver como la escoba de la chica se inclinaba demasiado deprisa hacia los postes de la portería -¡Sirius! –gritó a continuación.

Pendiente de la chica, la bludgger golpeó las gradas donde estaba, haciendo que el muchacho trastabillase ligeramente antes de precipitarse al vacío, consiguiendo en el último momento agarrarse del borde.

-¡JAMES! –gritó Lily.

Remus actuó con la misma rapidez que Lily y junto a Emi y Peter se acercaron corriendo hasta el borde de las gradas.

-¡Maldita sea! –gritó Sirius viendo a su mejor amigo colgando de las gradas y a su novia a punto de estrellarse contra el suelo.

-¡Yo voy por James, tú por Annie!

No tuvo tiempo de replicar cuando la voz de Danielle ya se había quedado en el eco de su cabeza al pasar volando rápidamente junto a él en dirección a las gradas, donde Lily y los otros dos chicos habían sacado sus varitas y estaban haciendo un complicado wingardium para conseguir estabilizar a James y subirlo de nuevo hasta ellos.

Giró su escoba, se inclinó hacia delante y aceleró guiándose por el viento todo lo que pudo, acercándose hasta donde Ann iba a chocar.

La chica cerró los ojos; iba derecha contra uno de los postes de la portería de Slythering. Frunció el ceño esperando el impacto, era lo único que podía hacer con el mango de la escoba partido, pero ese golpe, ese impacto no llegó nunca. Al menos, no contra el poste.

La calidez del pecho de Sirius la acogió cuando se estrelló sobre él haciendo que el chico perdiera el equilibrio un par de segundos debido al impacto, recuperándose rápidamente.

-¿Estás bien? –preguntó preocupado.

-Sí, creo que sí, pero la escoba…

Sirius la besó suavemente provocando que casi toda la población femenina deseara en aquellos momentos que Ann Seever se hubiese estrellado de verdad.

-Olvida la escoba –le dijo Sirius-, puedo comprarte otra. Pero no creo que tus padres puedan volver a hacer a una Annie como tú –dijo divertido para aliviar la tensión-. Vamos abajo…

Sin soltar la mano de Sirius para estabilizar su propia escoba, Ann descendió.

-¿Y James?

-Está bien –Sirius miró hacia las gradas donde Danielle estaba parada por si tenía que recoger a James, aunque no hizo falta; el chico ascendía favorablemente hacia arriba, con un gesto divertido en el rostro que se borró cuando vio que Lily iba a echarle un buen sermón acerca de no acercarse a las barandillas.

-Vaya… una lástima que no te hayas abierto la cabeza… el mundo hubiera ganado mucho… -comentó con fingida lamentación Malfoy bajando también de su escoba y siendo rodeado por los miembros de su equipo.

Sirius no lo pensó; se aseguró de que Ann estaba bien y en un movimiento felino, se giró hacia Malfoy, arremetiendo contra los que estaban delante de él.

-¡Tú! –gritó cogiendo el cuello de la túnica verde de Slythering-. ¡Eres un imbécil! –le gritó -¿Cómo te has atrevido?

-Yo no tengo la culpa si tu novia es tan torpe volando Black –sonrió socarronamente Malfoy.

-¡Maldita serpiente venenosa! –alzó su brazo con el puño cerrado dispuesto a darle un buen golpe.

-¡Sirius, no merece la pena! –le gritó entonces Ann.

-Tienes razón… -contestó Sirius dejándolo-. Vamos a ver a James, a ver cómo se encuentra.

Apenas habían dado un par de pasos, cuando la voz petulante de Malfoy volvió a escucharse.

-¿Sabes Black? Deberías de vigilarla un poco… no querrás que le ocurra nada desagradable… ¿verdad?

Sirius se tensó. Conocía a Lucius Malfoy lo suficiente para saber cuando le amenazaba y cuando no, y aquello había sido una amenaza en toda regla. Miró a Ann con suavidad, la besó en la frente y le susurró un ligero "espérame" antes de darse la vuelta y acortar la distancia que lo separaba de Malfoy.

No lo vio venir. Malfoy quedó en el suelo con la nariz sangrando antes siquiera de poder ver el puñetazo que Sirius le había dedicado especialmente para él.

-Yo no amenazo, Malfoy. Yo actúo –le dijo mirándolo desde su posición-. No te acerques a Ann, ni a ninguna de las chicas que me importan o de lo contrario, estarás en serios problemas.

-¿Qué está pasando aquí?

Sirius cerró los ojos. Genial. Lo que le faltaba. La profesora McGonagall. Acababa de meterse en un lío. De eso, no había ninguna duda. Miró el rostro de Malfoy y sonrió. Había valido la pena sólo por darle ese golpe.

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Bueno, pues esto es todo, que tal??

No me envíes maldiciones aún, de acuerdo??

Mmmm como estoy medio en blanco y tengo que escribir los capítulos de nuevo… acepto sugerencias… qué dos parejas creeis que debe ocupar más protagonismo en el próximo capítulo?? Decidmelo y si me quedo en blanco, os haré caso :P

Bueno, un placer volver a estar con vosotros.

Espero vuestros comentarios como siempre. Un besito, y sed felices. Nos leemos pronto!!!