Naah, los personajes no son míos, sino de Stephanie Meyer. Si lo fueran, Bella habría violado a Edward apenas le dio el primer beso (?) xD
.
Tal como lo hice unos capítulos atrás, les sugiero que cuando salga la canción "Without You" la busquen en youtube como cover de Boyce Avenue. ;)
Sin más preámbulos...
.
37. ¿SALE O NO SALE EL SOL?
Edward POV:
Lo que sucedió a continuación de aquel incidente estaba algo borroso. Recuerdo girar y caminar hasta mi auto, encender la ignición y huir de la escena del crimen. No, no me planteé hacerle frente a la situación porque no tenía una excusa factible. ¿Qué le iba a decir a Bella? ¿No te beses con ese idiota, sólo yo puedo besarme con alguien más? Por más que odiara la situación en la que me encontraba, Bella debía odiarme diez veces más por llevarla a hacer… eso.
Y nada más que con Jacob no-pierdo-el-tiempo Black.
Sabía que sonaba como despechado, pero no podía dejar de pensar que nunca me agradó ese chico. Demasiado amable con Bella para sólo querer su amistad. Idiota, miserable, aprovechado, labios-sueltos...
Ok, debía serenarme.
De ahí entré en un estado de letargo continuo. Comía porque había que hacerlo, iba a clases para pensar en algo más y cuando llegaba la noche trataba de dormir, en vano. Así que la mayoría de las noches me calzaba mis zapatillas y corría hasta que mis pulmones ardieran por el esfuerzo. Ahora estaba bastante entrenado, mas aquel dolorcillo en el centro de mi pecho no desaparecía.
Cuando me quedaba prendado en momentos vacíos, como comiendo mi desayuno mientras mamá volvía a hablarme cosas triviales, me permitía pensar un poco en Bella. ¿Qué estaría haciendo? ¿Estaría con Black de ahora en adelante? ¿Me extrañaría tanto como yo lo hacía? No lo creía en realidad. Ya bastante daño le había hecho y nadie es tan santacomo para seguir soportando algo así. Quiero decir, ¡me vio besando a mi supuesta novia! Frente a todos. Frente a mi familia. Frente a ella.
Preferí no llamarla para no importunar. Lo había intentado unas cuantas veces antes de ir a su departamento aquel día. Ahora no parecía una buena idea. Mejor dejarle su espacio y así no seguía hostigándola cuando ella claramente no lo quería.
Era obvio que Alice trataría de inmiscuirse y trataría que yo hablara con Bella, por eso fue una gran sorpresa para mí que nunca lo intentó. A veces me dedicaba miradas desoladas, y otras veces simplemente palmeaba mi mano y me dejaba solo. Era reconfortante y abrumador al mismo tiempo.
Estaba jodido con jota mayúscula. Y ni siquiera me molestaba en ocultarlo. En las prácticas del hospital incluso una enfermera se me acercó y me preguntó si estaba bien y había tomado desayuno porque, según ella, estaba demasiado pálido y demacrado para ser normal. Traté de sonreír e hice una nota mental en tratar de no verme tan desesperado. Y por más que me repitiera "esto va a pasar", todos los días amanecía enfurruñado, porque mi frase de ánimo no daba resultado.
¿En qué momento me convertí en un llorón enamorado? Sólo me faltaba ir a ver a Bella y añorarla desde lejos mientras sacaba los pétalos de una margarita, repitiendo una y otra vez: "me ama, no me ama…".
No fue hasta que tuve una clase de aquellas eternas y sofocantes, con un doctor que amenazaba con tener más años que Matusalem, cuando una epifanía me golpeó con una fuerza descomunal.
¡Lo tenía! Bueno, no lo tenía-tenía, pero estaba casi seguro que era una buena idea. Sólo debía preocuparme de algunos detalles, ciertos personajes dentro de la ecuación y todo se llevaría a cabo tal como lo estaba planeando.
Me sentía como Alice, tejiendo un plan demasiado complicado para el común de la humanidad. Bueno, quizás no hasta ese punto, pero era mucho más de lo que yo esperaba crear con mi mente simplista. Jamás pensé que estaría en esta situación, deseando con todas mis fuerzas que los planetas se alinearan y por una razón cósmica, Bella me perdonase y volviésemos a estar juntos.
De una cosa estaba completamente seguro; no podía abandonar la pelea sólo por sufrir un traspié. Ya había lloriqueado bastante y me había enterado de forma empírica que de nada servía. Era hora de entrar a actuar. Isabella Swan no se libraría de mí tan fácilmente.
Es por eso que planee mi próximo movimiento hasta el más mínimo detalle. Encontré el momento adecuado, la mejor forma para enfrentarla y cómo lo diría. Y para estar más seguro, decidí buscar un cómplice en esto.
Claro que, de la teoría a la práctica había un gran trecho.
—Jasper, sácame de aquí.
Parecía marica. Mis manos temblaban y no podía dejar de mover mi pie izquierdo como si fuese desquiciado. Jasper rodó los ojos y se plantó con un gesto de suficiencia.
—Fue tu idea, idiota. Deja de quejarte.
—Es más fácil decirlo que hacerlo.
—Yo también me estoy jugando mi pellejo por ti, así que agradécemelo con algo de valentía. Joder, Edward, deja de comerte las uñas, me vas a sacar de quicio.
—Alice no sabe nada, ¿cierto? —sabía que no, sólo quería asegurarme.
—No, no tiene idea. Por lo mismo, tienes que salir allá y hacer lo que tengas que hacer, porque si esto no funciona, tu querida hermana me sacará las pelotas y me los dará de merienda con un poco de aderezo —puse cara de asco— ¿Qué? Es cierto.
—Estás enfermo, Jasper. Y yo más, por querer hacer esto.
—Te saldrá bien, amorcito —dijo con voz chillona y me peinó el flequillo con sus dedos. Le palmeé las manos y le dediqué una mirada furibunda. Él, en cambio, me lanzó un beso—. Te ves adorable. ¡Deslúmbralos, corazón!
—Ni siquiera sé por qué sigo hablando contigo —murmuré, de mal humor.
—Porque me adoras —parpadeó inocente y puso sus manos en su pecho.
Gruñí.
—Tú y Alice son tal para cual.
La música de fondo comenzó a menguar y la batería dio sus últimos golpes, dando por terminada la canción. Mi corazón comenzó a palpitar con un ritmo enardecido. Sentía que en cualquier momento se escaparía de mi pecho y correría con sus pequeños y ágiles pies, recriminándome el poco cariño que le tengo por hacerlo pasar por tantas cosas.
Respiré hondo y cerré los ojos.
—¿Necesitas que te ayude a respirar? Podrías hacerlo así —tomó aire—; Jii, jii, juu, juu. Vamos, Edward, sígueme. Jii, jii, juu, juu.
Sentí como una vena en mi sien palpitó con violencia.
—Jasper —dije con un falso tono calmado—, por si no lo sabes, no voy a dar a luz, así que es mejor que cierres la boca si no quieres que yo te la cierre de un sólo golpe.
—Ouch, amigo. Mis sentimientos son delicados…
No sé en qué momento pensé que era buena idea tener a Jasper de aliado.
Demasiado pronto, escuché el anuncio que debía escuchar. Mi garganta se secó de golpe y apenas podía dar un simple respiro. Ni hablar con tratar de caminar.
—Ahora parece muy buena idea el plan del secuestro —traté de bromear para aligerar el ambiente y mi estado catatónico de ánimo.
—A Bella no le hubiese gustado del todo —dijo Jasper—. Ya, vamos, es tu turno. Sube ya, antes que te desmayes.
—Eso es tan reconfortante —ironicé.
Sin embargo, le hice caso. Caminé a paso lento los pocos metros que me separaban de mi objetivo. Unos pocos murmullos se escuchaban al otro lado de la cortina negra, pero traté de omitirlos para mantener la poca calma que tenía. Tomé aire, una, dos, tres veces, y miré hacia atrás. Jasper sonrió y levantó ambos pulgares. Sonreí como pude, no estaba muy seguro si lo logré.
—Esto es por Bella —me recordé justo antes de tomar la guitarra que estaba apoyada en la pared.
No sabía si funcionaría, pero debía al menos intentar solucionarlo. Y de todas las cosas que podría haber pensado, ésta era la única especial, importante y con un significado que sólo ambos podríamos darle.
¿Daría resultado? No tenía ni la más remota idea.
Así que, como pude, subí los escalones y caminé al centro del escenario.
.
.
.
Bella POV:
—Bella, ¿me estás escuchando?
Giré mi rostro rápidamente, apenas enfocándome que estaba en un bar y Alice Cullen estaba a mi lado. Parpadeé, algo confundida, y me disculpé con una sonrisa apenada.
—Lo siento, no. Me distraje.
—Estaba diciendo que estoy muy contenta que hayas decidido salir conmigo hoy —tomó mi mano sobre la mesa y sonrió con los ojos—. Honestamente no te habría culpado si hubieses decidido no hacerlo.
—No hay problema, Alice. Tal como dijiste; somos amigas, no tenemos que alejarnos por… algunos problemas.
Lindo eufemismo, hasta yo me sorprendí.
Podía soñar que todo volviese a la normalidad, pero estaba segura que ahora quedarían vetadas las noches de estudio en su casa y las pijamadas. No me apetecía encontrarme con cierta persona en un futuro próximo. Bastante incómodo ya era hablar con su hermana como si nada sucediera.
Alice hizo una mueca, mas no dijo nada.
Bebí desde la pajilla de mi coca-cola y me centré en sólo escuchar la música de fondo. Habíamos hablado con Alice por teléfono unos cuantos días atrás, desde que Rosalie me dijo que quería hacerlo. Después de darle una oportunidad a la rubia, creí que sería injusta si no hacía lo mismo con ella, más aun si consideraba que Alice era mucho más amiga mía que Rose. Así que después de algunas propuestas y algunas quejas de mi parte, decidimos salir hoy en la noche sólo las dos, para tratar de volver a ser las que éramos.
Si trataba de ser madura —y en serio quería tratar—, debía separar el hecho que Edward Cullen fue alguien que impactó mucho en mi vida, mientras Alice seguía siendo de esas amigas que no quería perder de buenas a primeras.
Edward. Alice. Dos personas distintas.
Seh, estaba en el proceso de madurar…
Había visto a Edward una vez, días atrás, sin que él se diera cuenta. Rosalie había insistido en ir a mi universidad, alegando que tenía asuntos pendientes con una compañera mía. Casi me hago pis cuando Rose fue directo hacia Jessica Stanley y le dio de lleno en la cara con uno de sus puños.
—Se lo merecía por perra. Ya me debía varias —dijo, con los ojos brillantes de regocijo, a tiempo que Jessica sangraba profusamente de la nariz.
Alegó sobre algunas rencillas antiguas y que el día de la fiesta fue la gota que colmó el vaso.
No quise preguntar.
Acompañé a Rose a que se dejara ver su mano, porque tenía ciertos hematomas y le dolía, a pesar que no quería admitirlo. Fue ahí donde lo vi. Llevaba una bata blanca y seguía a un doctor con otros tres compañeros. Me escondí como pude y me limité a suspirar como idiota.
¿Por qué simplemente no lo llamaba y ya?
Porque era una cobarde. No quería que me dijera a la cara que todo había acabado. Ya lo sabía. ¿Por qué martirizarme con una conversación sin sentido?
Mordisqueé la pajilla de mi refresco y miré a Alice.
Casi le pregunté como estaba Edward. Por más que lo quisiera negar, tenía muchas ganas de saber de él, aunque fuese indirectamente. Lo único que sabía era que no hablaba con Rose, porque ella misma me lo dijo. Con su madre habían tenido un altercado bastante fuerte, pero al parecer no iba a ser para siempre. Esme era demasiado noble para dejar de hablarle a su hijo por un pequeño error.
Ya me gustaría ser así de buena samaritana.
O tener amnesia para olvidar.
O dejar de pensar. Eso también sería bueno.
Miré al escenario y Emily cantaba junto a la banda. Su voz era muy dulce, no pude evitar tararear al mismo tiempo que ella cantaba Breathe de Taylor Swift. Incluso las canciones deprimentes acompañaban mi estado de ánimo. Choqué miradas con Jake por unos segundos. Enrojecí y él sonrió, pero la alegría no llegó a sus ojos. Aun no estaban las aguas muy calmas como para volver a ser amigos de buenas a primeras. Quería hacerlo y esperaba que él también, pero debíamos tomarnos un tiempo antes de intentar recuperar nuestra amistad.
El poco público que había en el bar aplaudió cuando la canción terminó. Yo también lo hice, siguiendo a la masa.
—Rose me dijo que salió con Emmet ayer —dijo Alice.
—¿En serio? Espero no haber cometido un error en presentarlos.
—Au contraire, Bella —Alice sonrió con picardía— ¿Sabes? Rosalie puede ser linda, exudar sensualidad y todos los bobos babean su camino, pero ella ha tenido sólo una relación amorosa en toda su vida… y no digamos que pueda ser llamada "relación". En cuanto a hombres se hable, Rose es tan inexperta como una chica de catorce años. La vieras, Bella —rio—. Parece adolescente hormonal con ojos en forma de corazoncillos cuando habla de Emmet.
Sonreí, a pesar de sentir un poco de celos. Emmet se merecía a alguien así de atenta con él. Nuestra historia con Rose no era muy buena que digamos, sin embargo dentro de mí se sentía correcto aquella pareja. Sólo alguien tan dulce como Emmet podía apaciguar a una chica como Rose. Eran el complemento perfecto.
—Me alegro por ellos —dije con sinceridad.
Alice suspiró.
—No planeas hablar con Edward, ¿no es así?
Aquella pregunta tan directa me descolocó unos segundos. Cuando me recompuse, negué con la cabeza.
Él tampoco lo había intentado, de todas formas.
—Bien —musitó, cabizbaja—, entiendo que no quieras hablar de él —pero sus ojos decían lo contrario.
—Gracias.
—Aunque no entiendo por qué no lo hacen —masculló, como si no pudiera contenerse—. Es obvio que deseas verlo, y si vieras a Edward… está loco por ti, Bella.
Deseaba tanto creerle…
—No tienes que decir todas esas cosas. Sé muy bien lo que siente Edward —y lo que no siente por mí, también.
—No lo puedo creer…
—Es en serio, Alice. No es por falsa modestia o algo así. Quiero decir, si hubiese querido hablar conmigo, ya lo habría hecho…
—No, Bella. No puedo creer lo que veo frente a mí.
Alcé los ojos para ver a Alice con la piel más blanca que papel. Luego, seguí la dirección de sus ojos, justo al centro del escenario.
—¿Cuál es el escánd…?
Pero no terminé de decir la oración.
No podía ser lo que estaba viendo. Debía de haberme quedado dormida. O algo cayó sobre mi cabeza. Una muy fuerte contusión podía crear alucinaciones… ¿no?
¿NO?
Pero por más que parpadeaba, la imagen de Edward Cullen con guitarra y sobre un escenario no se iba. Ahí estaba, con su cabello cobrizo más caótico de lo normal, sus movimientos perfectamente elaborados, aunque con un toque de nerviosismo, y sus largos dedos acariciando la superficie del instrumento, como si memorizara su textura y peso. Miró hacia el frente, sólo por un segundo, frunciendo el entrecejo ante la luz que daba justo en donde él estaba. Sus ojos verdes se veían a todo lo ancho.
Era increíble el poder que tenía ese hombre sobre mí. Apenas unos segundos atrás decía no querer hablar con él, y ahora tenía una imperiosa necesidad de quitarme las bragas y lanzárselas a sus pies como una fanática alocada.
Estaba atenta a cada pequeño detalle. La forma en que se sentó en la silla que estaba justo al centro del escenario, como puso la guitarra en su regazo, e incluso como rotó ambos hombros y giró su cabeza de un lado a otro.
—Uhm, hola —murmuró al micrófono, notablemente nervioso—. Soy Edward Cullen y cantaré Without you.
Algunos aplaudieron. Yo, en cambio, aun trataba de meter aire a mis pulmones.
—Es increíble —susurró Alice a mi lado—, Edward odia a David Guetta.
El rasgueo de la guitarra inundó el ambiente y las notas flotaron a nuestro alrededor con una melodía conocida, pero a la vez interpretada de una forma completamente distinta.
—Lo que es increíble es que eso es lo primero que notes en esta inverosímil ecuación —me giré para mirarla y levanté una ceja— ¿Sabías de todo esto? Alice —susurré, lapidariamente seria—, Edward no canta.
—No, no lo hace.
—No. En serio no canta. Ni siquiera a solas… y ahora está frente a todos estos desconocidos.
—Lo sé.
—¡Demonios, Alice! —dije en un fuerte murmullo— Ilumíname, que no comprendo lo que está pasando.
—¡Yo tampoco lo sé, Bella! —musitó, tan contrariada como yo me sentía.
Sin embargo, no pude seguir hablando con Alice ni aunque lo hubiese intentado con todas mis fuerzas. Edward, acompañando a la música que hacía con su guitarra, comenzó a cantar.
I can't win (No puedo ganar)
I can't reign (No puedo triunfar)
I will never win this game (Nunca ganaré este juego)
Without you, without you (Sin ti, sin ti)
Tal y como estaba, sentada frente a él y escuchando una vez más su melodiosa voz, no pude evitar devolverme al momento en que Edward cantó para mí por primera vez. Fue un efecto inmediato, una consecuencia imposible de detener después de volver a escucharlo.
Era él. Edward. Cantando.
Recordaba perfectamente su nerviosismo, su sonrisa torcida tratando de ocultarlo y por supuesto la sensualidad que destilaba a cada estrofa que entonaba. Ahora mismo estaba igual que aquella vez, y parecía que la misma intimidad que habíamos tenido en su cabaña, me arrastraba hacia él como fuerza gravitacional.
Aquellas palabras fluían por su garganta como si para él no fuera gran cosa el cantar. Pero yo sabía lo contrario. Edward no cantaba y en serio creía en su regla autoimpuesta de no hacerlo para nadie. Ni siquiera para él mismo.
Esa vez, esa única ocasión, pude derrumbar sus murallas y él cantó. Para mí. Tan solo rememorar lo que sentí en ese momento se me ponía el vello de punta.
—Te ha salido espectacular. Dios, si no creyera que serás un excelente médico y ayudarás a miles de personas, te diría que abandones tu carrera y te dediques a la música. No puedo creer que incluso dijeras que con guitarra te saldría peor.
—Yo no dije que me saldría peor, sólo dije que me tendría más concentrado.
Sonreí sin poder contenerlo. Me encantaban esos cambios de humor que tenía de un momento a otro. Podía ser humilde y nervioso a un momento, y completamente arrogante al otro.
La avalancha de recuerdos no me estaba dando tregua. De pronto lo único que podía pensar en la infinidad de situaciones que vivimos Edward y yo. Desde románticos y sensuales a los graciosos e inverosímiles.
I am lost (Estoy perdido)
I am vain (Estoy solo)
I will never be the same (Nunca seré el mismo)
Without you, without you (Sin ti, sin ti)
Edward en la cama. Edward en el mesón de mi cocina. Edward. Edward. Edward.
¿Cómo una sola persona podía protagonizar tantos pensamientos?
Con sólo recordar aquella noche, mi primera noche, sentía que mi corazón latía más rápido y mi garganta se secaba. Y pensar antes creía que no podía ser mejor… ¡qué equivocada estaba! Al día siguiente todas las sensaciones se amplificaron y una vez más, fui suya, pero en una posición y lugar mucho más erótico.
Si antes pensaba que podría ser verdad la expresión "morir de placer", cuando conocí las habilidades de Edward estuve segura que él podría darme la muerte.
I can't rest (No puedo descansar)
I can't fight (No puedo pelear)
All I need is you and I (Lo único que necesito es tú y yo)
―Uhm… papá. Te presento a mi novio.
Aunque quisiera evitarlo, aun me sonrojaba ante el recuerdo de tener a Edward, gloriosamente desnudo y a toda mi familia en el umbral de la puerta de entrada, con absoluta claridad de lo que había acabado de pasar. ¡Cielos! Edward había acabado de decir que no dejara mis bragas en cualquier lugar. ¿Quién podría ser lo suficientemente inocente como para obviar algo así? Papá no, eso estaba claro.
Luego, como si mi absoluto martirio no fuera suficiente, tuvimos que ir a cenar junto a mi familia a un restaurante chino. Sí, aquella vez que le grité a mi padre que me dejara vivir mi vida bajo mis reglas y justo después tuve que correr en busca de ayuda profesional porque Edward había sufrido una alergia por alimentos.
El resultado no fue del todo malo. Tal y como aun me avergonzaba de recordar la escena semidesnuda en mi departamento frente a mi padre, todavía reía al recordar a Edward sentado en un pony musical y comiendo una paleta.
—No hay nada de qué avergonzarte, Edward. Estabas bajo el efecto del medicamento y no poseías los cinco sentidos intactos. No podrías haberlo evitado de todas maneras.
—¿Sabes? Ese pequeño discurso sería más creíble si tan solo no estuvieses mordiendo tus labios para no reír.
Fue tan hilarante. El Edward que había comenzado a conocer, todo arrogancia y sonrisas torcidas, lo había encontrado con las guardias bajas y completamente a mi merced. No podía saberlo, pero estaba segura que nadie más había visto aquella faceta de su personalidad; gracioso, infantil e irresistible. Vale, lo último siempre estaba presente, sin embargo verlo así de feliz por algo tan simple le daba un nuevo y completo significado.
Edward no lo sabía, pero aun veía aquel video que grabé aquella vez. Incluso después de aquella fatídica noche del beso con Rose. Era un impulso masoquista de mi parte, estaba consciente de ello. Lo peor era que aun sonreía como boba cuando lo veía sonreír sin preocupaciones.
Patética.
I can't quit now, this can't be right (No puedo dejarte ahora, no puede estar bien)
I can't take one more sleepless night (No puedo pasar una noche más sin dormir)
Without you, without you (Sin ti, sin ti)
¿Estaba segura que, de los dos, Edward era el que tenía la culpa de nuestra ruptura? ¿Podía aseverar aquello con completa seguridad?
Quizás era eso lo que me molestaba de todo esto. Sí, Edward cometió varios errores, comenzando desde que olvidó mencionarme que tenía una pseudo-novia. No puedo negar que me sentí traicionada e idiota al confiar en él.
Entonces aun lo hacía; no confiaba en él. Nunca lo hice completamente. Aquella vez que dudé de él y revisé su celular lo confirmaban. Había estado insegura en nuestra relación todo el tiempo y nunca tuve idea. O no lo quise aceptar.
Mi cabeza dio vueltas y tuve que sostenerme desde el borde de la mesa.
Él mintió. Yo desconfié. ¿Quién podía declarar qué era peor?
Pasamos por muchos problemas, vivimos varios días a gusto, cruzábamos desde el blanco al negro como si fuera de lo más normal. Gritábamos y nos besábamos, y el problema terminaba ahí, o al menos eso queríamos creer. Nos engañamos y ese fue nuestro mayor error; creer que después de discutir y decir que todo estaría bien, simplemente todo se solucionaría.
¿Por qué Edward venía acá y cantaba frente a mí? ¿Quería ponerme en evidencia? ¿Quería destruir todas las murallas que alcé para protegerme de una caída inminente?
¿Quería acaso acabar con toda la poca fortaleza que había logrado recolectar?
¿Lo estaba haciendo por él o por mí? ¿Quizás por ambos?
En ese momento, Edward levantó la vista y pude enganchar mi mirada a la suya.
Can't erase (No lo puedo borrar)
so I'll take blame (así que asumiré la culpa)
But I can't accept that we're estranged (pero no puedo aceptar que estemos distanciados)
Entonces toda la bruma se aclaró. Así de simple.
Estaba haciendo esto por mí, podía verlo en sus ojos. Era un sacrificio tácito, en el cual trataba de demostrarme lo que sentía.
Mis ojos picaron por las lágrimas no derramadas. Escuchar a Edward cantar, además de saber que él no lo haría por cualquiera, me tenía al borde de un ataque de histeria. Me tenía en un estado catatónico, sin poder hacer nada más que escucharlo atentamente. La melodía y las notas musicales me envolvían en un abrazo confortable, tan cómodo como no me sentía en semanas.
No me sentía así desde… desde que Edward y yo no estábamos juntos.
Y lo comprendí.
Es él. Su voz, sus ojos verde esmeralda y su forma de ser. Lo supe desde el comienzo. No quería aceptarlo, pero ahora sabía la verdad. Desde la primera vez que bailé con él supe que mi vida nunca sería igual. Fue sentir como mi alma reconocía a otra con una confianza que se labraba en años. Era un rencuentro con alguien apenas había conocido. No sabía cómo, pero Edward había calado muy hondo en mí apenas en unos cuantos meses. No podía volver atrás ni deshacer lo ya construido.
Lo amaba.
Era un hecho.
Y ahora, que apenas venía a entender mis sentimientos, una angustia se apoderó de mí.
¿Qué se supone que hago con el amor que siento por él? ¿Acaso eso solucionaba todo lo que habíamos vivido, todo lo que sufrí? ¿Era prudente cegarme ante todo, sólo por amor?
Empecé a hiperventilar y las palmas de mis manos sudaron. La música de la guitarra comenzó a menguar y algunas personas aplaudieron, incluyendo a Alice, al lado mío. Yo sólo atinaba a parpadear. Y respirar, con esfuerzo. Y sufrir por la incertidumbre.
Los recuerdos aun desfilaban frente a mis ojos como una película vieja. Edward, en el escenario, tomó una gran bocanada de aire y pasó sus dedos por su alocada cabellera. Quise sonreír de añoranza ante tan característica compulsión, mas no pude. Él iba a hablar frente al micrófono y no podía soportarlo. No podía escuchar su voz diciendo quizás qué. Era demasiado para mí.
Como pude me levanté de la silla y sin mirar atrás, corrí hacia la salida.
—¡Bella!
No me detuve por las quejas de Alice ni por escuchar mi nombre con aquella voz. La información de mi propia memoria me tenía ahogada. Necesitaba aire, respirar, despejarme. No podía hacerlo al tenerlo tan cerca de mí y de aquella forma tan vulnerable y expuesta.
Salí a las calle y tomé aire con fuerza. Mis fosas nasales dolieron por el esfuerzo y mis dientes castañearon, aunque no estaba segura si era por el frío o los acontecimientos vividos. Eran tantas las cosas que estaba tratando de hilvanar en mi cabeza que ya estaba comenzando a dolerme, y por más que pensaba en el error que había sido correr sin dar alguna explicación, mis pies parecían no entender mi propio mandato.
Edward prácticamente se había desnudado ahí dentro y yo, como idiota, salí pitando al primer momento que pude. Claramente no era el único que podía cometer errores, y eso lo estaba dejando en bandeja. La imagen de sus dedos acariciando las cuerdas y cantando con el corazón todavía me atormentaba y calentaba mi pecho al mismo tiempo. Era un sentimiento agridulce, al igual que mi amor por él.
Vamos, debía tener pelotas… bueno, en sentido figurado. Tenía que hacer frente a la situación y huyendo del lugar de los hechos no serviría de nada. Tan pronto como ese pensamiento hizo mella en mi interior, giré sobre mis talones para volver a la batalla.
Habría llegado, si no hubiese chocado de lleno con alguien y caído sin elegancia sobre mi propio trasero.
—Mierda… —esto dejaría de seguro algún hematoma.
—¡Bella! Lo siento tanto, te llamé varias veces, pero al parecer no estabas poniendo demasiada atención.
Miré hacia arriba, con mi corazón aporreando fuertemente mi caja torácica.
—Edward…
Vaya, esto sí que es incómodo. Me esperaba algo más de glamour en un posible encuentro con él. Claro está, mis fantasías siempre tendían a ser bastante distintas a la realidad.
—Necesitamos hablar —soltó Edward, antes que dijera algo más.
Asentí en acuerdo, a pesar que esas simples dos palabras hizo que mi estómago diera un vuelco algo desagradable. Aquella frase no tenía muy buena reputación de buenas noticias.
Caminamos uno junto al otro a una pequeña plaza frente al pub. No podía dejar de retorcer mis dedos y, por más que lo intentaba, no podía dejar de mirar furtivamente hacia Edward. Él parecía muy concentrado en el asfalto y sus cejas estaban muy juntas, como si pensara en una ecuación matemática especialmente difícil.
Estaba que me daba la vuelta y salía corriendo, pero una fuerza mayor me hizo seguir los pasos de Edward y sentarme junto a él en una de las bancas.
Ya había sido suficiente de escapar de la situación, nada provechoso saldría de ello. Edward estaba tratando de entablar una conversación civilizada conmigo, lo menos que podía hacer era no correr como cobarde. Lo que tenía que decir, debía decírmelo, fueran buenas o malas noticias.
Mis manos temblaron ante mi último pensamiento y las sujeté muy fuerte para que no se evidenciara mi estado de ánimo.
No sabía muy bien cómo se daría esta conversación, pero por alguna mística razón mi boca se abrió y una simple frase rompió el silencio autoimpuesto.
—No basta con sólo cantar una canción.
Escuché mi voz teñida de reproche.
Edward hizo una mueca y asintió en acuerdo.
—Lo sé. Iba a cantar otra más —bromeó. A pesar de todo, tuve que tragarme la sonrisa—. Después de Without you estaba Back for Good. Te habría gustado.
No lo dudaba.
—¿Por qué estás acá, Edward?
Si no comenzaba a hablar, mi nerviosismo causaría repercusiones algo molestas. Como hiperventilar frente a él. O quizás desmayarme.
¿Puede alguien morir por del suspenso?
No quería averiguarlo.
—Uff… no sé por dónde comenzar —sonrió a modo de disculpa.
—Bien… ¿qué tal si tratas desde el comienzo?
—Ok, esa es buena idea —murmuró, entornando los ojos. Tomó una gran bocanada de aire y agitó su cabeza, como si de esa forma pudiese ordenar sus ideas. Su cabello broncíneo, algo más largo desde la última vez que lo vi, cayó sobre sus ojos—. Esto fue así. Estaba en clases con el doctor Geraldy, como muchas veces, sin pensar en nada fijo en realidad. Pero en un momento, mientras él hablaba sobre algo en particular, tu cara vino a mi mente, y fue como si una epifanía me hubiese golpeado justo entre mis ojos.
—¿El doctor Geraldy? ¿El anciano que hace las clases más tediosas de toda la carrera? Vaya, ahora me siento mucho mejor… —ironicé.
—Sí. No —su entrecejo, como si fuera posible, se arrugó mucho más—. Lo que quiero decir es que estaba hablando sobre el síndrome coronario y la infinidad de síntomas, manejo y tratamiento, y yo…
—Edward, me matas. Por favor, llega al punto.
Él bufó, algo desesperado y yo me encogí en mi lugar. La situación me tenía con los nervios de punta y ver a Edward tan alterado no ayudaba a aliviar ninguno de mis temores.
¿Qué se supone que vino a decirme?
—Mira —trató de tomarme la mano, pero a último momento se quedó estático y no lo hizo. Aprecié su distancia, la necesitaba en estos momentos—. Te haré una pequeña clase de medicina, para que comprendas lo que yo vi en ese momento ¿vale? Dame una oportunidad. Sólo una.
Reticente, asentí con la cabeza. Mi curiosidad ganó la batalla. Además, no tenía mucho que perder a este punto.
—Respóndeme esto; cuando un corazón se daña, ¿qué sucede?
—¿Se daña? Uhm… duele, supongo.
Y vaya que lo hace. Lo sabía a conciencia.
—Correcto, duele. ¿Y eso es bueno o malo?
—Malo —respondí sin pensarlo dos veces. No sabía mucho aun sobre medicina ni lo que me estaba tratando de explicar, pero a ciencia cierta y de forma empírica, sabía de qué tipo de dolor era el que producía un corazón roto. Nunca había sentido algo así y no tenía la intención de repetirlo. Con solo rememorar las punzadas agonizantes que sentía cada vez que pensaba en Edward, se desprendía un pedazo más del rompecabezas que tenía de corazón.
Él, para mi gran sorpresa, sonrió.
—No lo es, Bella. Es bueno.
¿Lo era?
—¿Por qué? No es nada agradable, Edward.
—Sé que no —susurró, elevando una de las comisuras de su boca. Sus ojos brillaron en la noche—, lo sé. Bella.
—¿Entonces?
—Es bueno porque… —miró al cielo— porque eso significa que hay algo vivo en ti. Si duele es porque todavía hay tejido que salvar. Es un síntoma, Bella. Un síntoma que revela células vivas y cuando duele es un aviso para tratar la patología —volvió a mirarme, pero esta vez sus ojos verdes eran como ver dos esmeraldas incrustadas en sus ojos. Brillaban como nunca los había visto antes—. Si duele es porque hay razones para intervenir y tratar de solucionar el problema. Es una esperanza de una solución. Es un recuerdo que algo malo pasó, pero no necesariamente el final. Si así lo prefieres, es sólo una advertencia —suspiró y jugó con sus dedos—. Si no doliese… eso sí sería malo.
—¿A ti te duele?
—Mucho.
—¿Y por qué pareces tan tranquilo?
Por primera vez en la noche, vi su real sonrisa. Aquella sonrisa torcida y con arruguitas a cada lado de sus ojos.
—Porque yo sí sé cual es mi medicina para sanar este dolor.
Y como si esa hubiese sido su señal, mi corazón galopó con frenesí.
Pensé en la infinidad de veces en las cuales, de forma masoquista, me quedaba pensando en Edward. Dolía demasiado pensar en lo mucho que lo quería y cada segundo separado de él era una real agonía. Lo peor de todo era la soledad en que se vivía la tortura, porque para los ojos de los demás, estaba perfectamente bien. Me engañaba a mí misma en decir que pasaría, que Edward sólo sería un recuerdo en mi vida y lo mejor que podía hacer era recordarlo con cariño y asignarle el valor que tuvo en su tiempo, nada más.
Qué difícil era catalogar a la persona que amas en el pasado, cuando lo único que quieres es pensar en él como tu futuro.
Era cierto. El dolor no cesaba, difícilmente disminuía. La presencia de Edward en mi corazón estaba engrapada y no había forma para sacarlo de ahí.
—¿Qué puedo hacer para que deje de doler? —susurré, completamente prendada a su mirada jade.
—Estar dispuesta a sanar, Bella. A sanarnos. No puedo hacerlo sin ti, amor.
—¿Y qué debo hacer yo?
—Es muy simple —se acercó con cautela, como si midiera cada uno de mis movimientos. Pasó un mechón de mi cabello sobre mi oreja y nuestras miradas estaban a la misma altura. Casi podía saborear su aliento—. Sé mi medicina, Isabella Swan. Alivia a este pobre arrepentido del sufrimiento en el que está sumergido y prometo darte mi corazón sano y salvo, es tuyo por derecho. Yo, a cambio, prometo cuidarte y amarte hasta que me digas lo contrario. Te amo, Bella, tanto que no puedo respirar. Dame la oportunidad de amarte como lo mereces.
La brisa agitó mi cabello y el susurro de los autos y la vida nocturna de la ciudad se escuchaban a lo lejos. Unos agonizantes segundos de silencio nos separaban a Edward y a mí de algo que podría ser grandioso. Una reconciliación con él sería algo que mi corazón agradecería con creces. Sabía, estaba en pleno conocimiento, que era justo lo que necesitaba. ¿Por qué entonces era tan difícil decir que sí?
Los ojos de Edward eran implorantes y, en un instante de atrevimiento, vi como se posaban en mi boca. No hubo vuelta atrás y no estaba segura si lo hubiese detenido. Edward acarició mi labio inferior con su pulgar justo antes de inclinarse y succionarlo suavemente. En sólo un microsegundo algo dentro de mí explotó y fui demasiado consciente de la forma en que la lengua de Edward delineaba mis labios. Me sujeté como pude de sus hombros a tiempo que él jugueteaba con un beso tórrido y abrasador. Era dulce y apasionado al mismo tiempo, tal como lo era él.
No debía estar pasando esto. O quizás sí, quien sabe. Lo único que estaba segura era que la sensación de ser besada por Edward era algo que no podía dejar pasar. Cuando abrí la boca para jadear por aire, él aprovechó la oportunidad para apoyar una de sus manos en mi mejilla e inclinar mi cabeza para profundizar el beso. Me sujeté del cabello de su nuca para sostenerme de algo, lo que fuera, cosa que Edward tomó como permiso y dejó salir un gruñido de placer.
Mi cabeza daba vueltas y sentía que ardería en combustión espontánea. Mis manos picaban por seguir tocando a Edward. Hacía tanto calor…
Edward tomó de mi cintura con una mano y mi nuca con la otra, acercando nuestros cuerpos, sin tocarse realmente. Nuestro único vínculo era aquel beso explosivo.
Separé los labios con algo de timidez, sin estar demasiado segura de saber qué hacer. ¡Dios! Como si fuera la primera vez que besaba a Edward… aunque con la efusividad que lo hacía, casi se sentía así. Edward no demoró y adentró su lengua a mi boca y mi cuerpo vibró cuando se encontró con la mía.
Al cabo de un tiempo, nuestro beso fue bajando de ritmo, hasta que quedamos jadeantes, uno frente al otro. Las mejillas de Edward, normalmente pálidas, estaban levemente enrojecidas, y sus ojos brillaban con algunos matices de oro. Tragué pesado, sin dejar de mirarlo.
—No puedes coaccionar una decisión con un beso —susurré, aun demasiado conmocionada como para decir algo coherente.
Me golpeé mentalmente después de escucharme hablar. ¿Quién estaba dirigiendo mi cerebro ahora mismo? ¿Orangutanes?
Sentí como el sonrojo invadía mi cara.
Edward negó con la cabeza y una sonrisa canalla se plantó en su cara.
—Te lo he dicho antes, Bella —dijo bajito, mientras acariciaba mi nariz con la suya—, yo no juego limpio.
Y por más que lo impedí, sonreí como boba.
Idiota. Sabía exactamente lo que estaba haciendo.
A pesar de las mariposas que revoloteaban por mi vientre, levanté una ceja insolente.
—¿Ah sí? —inquirí— ¿Y ahora planeas sugerirme comenzar otra vez como conocidos?
—Es una posibilidad.
Fruncí el entrecejo. Esto era demasiado perfecto. Demasiado ideal. ¿Dónde quedaba todo nuestro pasado? Porque, y aunque queramos evitarlo, no todo fue miel sobre hojuelas. De hecho estaba muy lejano a serlo.
Fue así como la realidad se hizo presente ante mí.
—No deberías haberme besado. No era correcto… —dadas las circunstancias.
Edward suspiró algo en mi expresión hizo que su sonrisa se borrara. Apoyó sus antebrazos en sus muslos y hundió sus manos en su cabello. Rascó con fuerza y gimió.
—Lo siento.
—Está bien —musité—, es decir, también participé, no es sólo culpa tuya.
—No, Bella —levantó su mirada y sus ojos relucientes detuvieron todo tipo de réplica—. Siento todo lo que hice. Desde que te conozco no puedo dejar de estropear todo a mi paso. Me idiotizas, Isabella Swan. Me vuelves un incompetente con sólo una mirada. Trato de hacerlo mejor y sólo termino arruinándolo todo. ¿Entiendes lo frustrado que me siento? No te quiero dañar y termino haciéndote daño. No te quiero perder y… y de todas formas, te pierdo. Sin embargo, no te culpo. Me lo merezco.
—Edward… no —me acerqué tanto como pude a él, y nuestros muslos se tocaron. Agarré una de sus manos con las mías y él entrelazó nuestros dedos con fuerza, como si no quisiera dejarme ir—. Nunca quise culparte sólo a ti. Está bien, cometiste errores. Varios, a decir verdad —Edward hizo una mueca con los labios, pero no dejé que me interrumpiera—. Yo también cometí errores, ¿sabes? Dicen que aquello es de humanos. Hemos batallado bastante en esta relación, desde el comienzo, incluso en momentos que no deberíamos haberlo hecho. Nadie nos enseña cómo comportarnos en una relación —le sonreí apenada— y creo que al menos nos merecemos el orgullo de saber que hicimos lo mejor que pudimos.
—¿Hicimos? —se quejó, apretando incluso más nuestro agarre—. No, Bella, por favor. No vengo a hablar del pasado y ciertamente no quiero dejarlo allá. Quiero que seamos presente y, quizás, futuro. No te quiero perder…
—Yo… —suspiré y bajé mis hombros, rendida— yo tampoco, Edward. Pero quizás esto no da para más…
—Te amo —soltó de sopetón y mi aliento quedó atascado en mi garganta—. Te amo y no dejaré que esto quede hasta acá sin intentarlo siquiera. Quizás no me quieres en este momento. Quizás mañana tampoco. Pero debes estar segura que no me rendiré de buenas a primeras. Lucharé por ti, por ambos. Te amo y no dejaré de decirlo hasta que caigas en cuenta que no te dejaré ir.
Sabía que quería una respuesta de mi parte. ¡Maldición! Yo también quería hablar, decir cualquier cosa. Mi voz, traicionera, no dejó que se cumpliera mi mandato.
Te amo…
Su voz se repetía en mi cabeza como una suave melodía. Mi pecho, después de varios días con ese vacío, por fin se sentía un poco más cálido. Sin embargo, no me quería engañar. Sentía que en cualquier momento esta fantasía se desplomaría como un castillo de naipes. ¿Era este el momento de despertar de mi sueño?
Edward, sin dejar de soltar nuestras manos, tomó mi mejilla con la otra y me tocó la mejilla con reverencia. Fue ahí que noté que lloraba, no me había percatado. Alejó las lágrimas que había dejado caer y peinó mi cabello hacia atrás de mi hombro. Seguía mirándolo, sin saber qué decir. Su mirada intensa no dejaba de analizar cada uno de mis movimientos, mientras que sus dedos peinaban con suavidad el cabello que tenía en la nuca. Una descarga eléctrica azotó mi cuerpo y jadeé por la impresión. Edward aprovechó ese momento y besó mis labios entreabiertos, de forma dura y autoritaria.
—Sé la medicina para mi corazón, Bella, y prometo ser el hombre que siempre has merecido. Dame una oportunidad más, a pesar que no me la merezco.
Me quedé mirándolo, atónita, a tiempo que él soltaba mi mano y se levantaba del banco.
—Te llamaré mañana para que tengas tiempo para reflexionar y, si no me contestas, llamaré al día siguiente. Si aun no estás lista, no hay problema, llamaré al día siguiente a él y te llevaré un paquete de patatas fritas y un bote de crema batida, porque te gusta comerlos cuando estás enojada o quieres pensar en algo. Si aun no lo decides, está bien, me iré y dejaré que no respondas mis llamadas, pero al menos sabrás que estoy preocupado por ti. Y te daré tiempo, porque mereces que alguien pelee por ti y no pierda la esperanza. Seré el que mandará cartas románticas y reirás de lo cursis que son. Pero no me importará, porque un loco enamorado hace locuras y sólo me detendré a no cantarte fuera de tu departamento porque eres demasiado tímida para que tus vecinos sepan que es para ti. Créeme que lo haría si no fuera el caso.
Una carcajada llorosa escapó de mis labios y me tapé la boca para no sollozar y reír como histérica. Me sentía abrumada, patética… extrañamente feliz. Una alquimia de emociones se amontonaba dentro de mí y no lograba ordenarlas para sentir sólo una.
Edward metió las manos en los bolsillos de sus pantalones y sonrió de forma ladina.
Mi sonrisa.
—No es mala idea comenzar por conocidos nuevamente. La última vez nos dio buen resultado.
Asintió con la cabeza como si se diera la razón y acrecentó su sonrisa.
Luego, como si nada hubiese pasado, giró sobre sus talones y caminó hacia la calle, dejándome llorando, riendo y sosteniendo mi corazón en un puño.
Justo cuando pensé que estaba completamente sola, el grito de mi nombre me hizo saltar en mi lugar.
—¡Bella! —Edward estaba a unos diez metros de mí. Agitó una mano para hacerse notar y parpadeé las lágrimas que tenía en mis pestañas para verlo mejor. Él lanzó un beso juguetón y algunas personas que iban pasando se carcajearon— ¡Sueña conmigo! —gritó con atrevimiento la misma frase que dijo la primera vez que tuvimos una cita y a pesar de la distancia, vi perfectamente como guiñaba un ojo hacia mí.
No pude hacer más que sonreír.
Y ahí estaba, Edward Cullen, maldito arrogante, señor egocéntrico, sensible, romántico, posesivo, travieso, drogado en un pony, cantando con su guitarra, bailando en una fiesta, sonrisas ladinas, cabello despeinado, ojos verdes, la medicina de mi corazón… él, quien, como tantas veces, creía tener la última palabra.
(*)Nota 1: La última línea fue dicha por primera vez en este fic en el final del capítulo n° 5, "Primera Cita". Bella recuerda todas las cosas que le pasó a lo largo de su tortuosa relación con Edward y una de ellas fue aquella vez que Edward terminó por desearle soñar con él. Ella sonrió e hizo ese análisis.
(*) Nota 2: El dato sobre el dolor en el Infarto Agudo al Miocardio (IAM) es verídico. El dolor es uno de los síntomas más importantes en esa patología y cuando no cesa hay que intervenir lo antes posible para salvar el tejido vivo, ya sea con tratamiento trombolítico o intervención vía Angioplastía.
Eso. Sólo fue una analogía bastante romántica de un tema médico (?) Jajajaja.
Peleé con este capítulo final, esencialmente porque cuando comenzó esta historia ya estaba pensada así y mi alma cursi y romántica me impidió cambiar lo que pasó —la canción y todo eso, jeje— aunque me lo cuestioné un poco antes de escribirlo. Puede verse algo surrealista, pero… ¿no necesitamos algo de amor y alegría en nuestras vidas? C:
En fin, esto ya se ha acabado… o casi. El epílogo, como saben, está escrito hace un tiempo. Tengo que revisarlo porque quizás deba cambiar una que otra cosa, pero no me demoraré más que un par de días, probablemente sólo uno.
Nos leemos muy pronto, no quiero hacerlas esperar porque sí. Será mi regalo por su infinita paciencia :)
