Treinta y siete: Kelly y Katy. Cómo acabó.
La mayor parte de los que habitaban Hogwarts y sus terrenos en las vacaciones se levantaron tarde el veintiséis de diciembre, a causa del baile. Hally, más por costumbre que por otra cosa, se había despertado relativamente temprano en comparación a los demás (a las diez de la mañana), puesto que quería escribirles a sus padres. Así, bajó a la desierta sala común con pergamino, tinta y pluma en mano, y fue a sentarse a una mesa cercana a la chimenea. Acomodó las cosas, estiró el pergamino y al cargar la pluma de tinta, escuchó pasos en la escalera que conducía al dormitorio de los chicos, pero no les dio importancia. Únicamente lo hizo cuando, al terminar de escribir el encabezado de su carta, oyó que la saludaban.
—Buenos días, Hally.
Dio un respingo y se giró, para luego esbozar una sonrisa.
—Hola, Procyon, buenos días —saludó, viendo a su amigo que, aún en pijama, la veía mientras se dirigía hacia ella con un libro en las manos —¿Dormiste bien?
—Sí, acuérdate que estoy solo en el dormitorio —Procyon se encogió de hombros y se sentó a la derecha de Hally —¿A quién le escribes?
—A mis padres, quiero contarles sobre el baile —respondió Hally, y con una sonrisa vaga y soñadora, se llevó una mano a la mejilla derecha. Luego reaccionó y miró de reojo a Procyon —Perdón, se me olvidaba que tú no quieres saber eso…
—No, cuéntame —repuso Procyon, esbozando una sonrisa —¿Cómo te fue?
Hally le sonrió y dejando la pluma a un lado, se volvió hacia él y le platicó todo, desde que había entrado al Gran Comedor hasta que Corner la había acompañado hasta el retrato. Fue hasta que contó su despedida que notó que Procyon ya no sonreía.
—¿Qué pasa? —quiso saber.
—Nada, me distraje —se disculpó el niño enseguida —Perdón, Hally.
—No hay problema —aseguró ella, tomando de nueva cuenta la pluma —Ojalá mis padres hayan pasado una buena Navidad trabajando tanto…
Se puso a escribir y guardó silencio, lo que aprovechó Procyon para abrir su libro y ponerse a leer. Estuvieron haciéndose compañía durante media hora, luego de la cual, ella concluyó su carta, la enrolló y selló con cuidado.
—Voy a wnviarla ahora, espero que Snowlight no se enfade por mandarla con este clima —se asomó a la ventana, notando una fuerte ráfaga de viento.
—Si quieres, te presto a Shadownight —Procyon cerró su libro, dejándolo en la mesa —A él no le importa volar con este tiempo.
—Gracias¿pero no me dará un picotazo? —quiso saber Hally. Recordaba que Procyon había dicho que su lechuza ya no era tan agresiva como cuando la compró, pero aún así la preocupaba que intentara atacarla.
—No creo, le encantará hacerte el favor —afirmó Procyon despreocupadamente —De todas formas te acompaño. Así, si quiere hacerte algo, lo regaño y ya.
Hally asintió y ambos iban al hueco del retrato cuando ella se detuvo.
—¿Qué? —se extrañó Procyon.
—¿Vas a salir así? —quiso saber Hally.
—¡Rayos! —el niño vio que aún estaba en pijama y dio media vuelta —No tardo —dijo y salió corriendo rumbo a su dormitorio.
—¡Te espero en la lechucería! —le gritó Hally.
—¡De acuerdo! —respondió Procyon a la carrera.
La niña salió y se dio cuenta, al escuchar un leve quejido, que a la Dama Gorda no le hacía gracia que la despertaran. Hally rió entre dientes y se puso en marcha, y a medio camino se encontró con Nick Casi Decapitado, el fantasma de Gryffindor.
—Buenos días, Nick —saludó.
—Buenos días, señorita Potter —el fantasma tuvo cuidado de que al inclinarse, no se le cayera la cabeza —Si va a la lechucería, le recomiendo el camino largo. Peeves anda de mal humor por no haber podido asistir al baile y se está desquitando con todo el que pasa por el camino corto.
—¿Y qué hace? —se interesó Hally —¿Está lanzado bolas de nieve o algo así?
—No, más bien lanza dardos. Hasta el momento, le ha dado a dos niños de primero y una chica de quinto —Nick suspiró —Veré si el Barón Sanguinario anda por aquí, para pedirle que lo calme. Con su permiso.
—Pase usted.
En cuanto el fantasma se alejó, Hally tomó el camino largo a la lechucería, para no salir herida. Llegó pronto y se encontró con que estaba vacía, a excepción de un joven que se encontraba de pie en un rincón, escribiendo una carta y luciendo al cuello una bufanda a rayas negras y amarillas. Hally buscó con la mirada y al ver que Snowlight no estaba, comenzó a buscar a Shadownight. Encontró al macho dormitando con la cabeza bajo un ala, o al menos eso pareció a primera vista. Cuando se le acercó, se halló con que el ave tenía los ojos bien abiertos y fijos en ella.
—¿Acaso te caigo bien, amigo? —le preguntó Hally en son de broma.
Se sorprendió cuando la lechuza agitó un poco la cabeza de arriba abajo, como si asintiera. Hally frunció el entrecejo.
—Eres raro¿sabes? —la lechuza volvió a mover la cabeza afirmativamente —¡Vaya! Procyon no había dicho que eras tan inteligente.
—¿Hablas de Black?
Hally dio un respingo y se giró. El chico con la bufanda a rayas negras y amarillas al parecer había enviado su carta, porque había abandonado su rincón y estaba de pie a unos pasos de ella. Lo miró con disgusto.
—Me asustaste —le indicó —¿Quién eres tú?
—Lucas Lancaster —respondió el chico, llevándose la mano a su corto cabello negro —Mi hermana Emily me habla a menudo de ustedes.
—¡Ah! —fue todo lo que se le ocurrió decir a Hally hasta que vio mejor al joven —¿No eres amigo de Sigfrid Blow?
Y es que si no se equivocaba, ese chico era el mismo que, según le había contado Sunny, el primer día de clases le había pedido, en nombre de Blow, que por favor le presentara a Danielle.
—Sí, lo soy —esas palabras confirmaron lo que Hally suponía —Estamos en el mismo curso. Pero tengo una pregunta qué hacerte¿eres amiga de Black?
—Sí¿porqué? —a Hally no le gustó el tono de aquella pregunta.
—Porque quisiera saber cómo es él —Lancaster hizo una mueca de desdén —Emily lo menciona todo el tiempo. Me tiene harto.
Hally no pudo reprimir una carcajada al escuchar eso, pues pensó en la cara que pondría Procyon al enterarse. Y como si lo hubiera llamado, su amigo de cabello negro entró en ese momento en la lechucería, abrochándose la capa.
—Hally¿hallaste a Shadownight? —preguntó, para luego fijarse en la presencia de Lancaster —Hola —saludó con seriedad —¿Quién eres tú?
—Es el hermano de Emily Lancaster —respondió Hally con una sonrisita.
Tal como se imaginó, Procyon hizo una mueca, entre asombrado y asustado.
—¿No te agrada mi hermana? —quiso saber Lancaster.
—No es eso —contestó Procyon con excelente astucia —Es que ella es… digamos que latosa. Siento como si me siguiera a donde quiera que voy.
Hally frunció el ceño. Eso ella no lo sabía¿porqué Procyon no se lo contó?
—Entiendo, de verdad entiendo —Lancaster esbozó una sonrisa aliviada —Adiós.
Y sin más, salió del lugar, esquivando un par de lechuzas que revoloteaban por ahí. Procyon lo vio irse con un gesto altanero y elegante y al volverse, vio a Hally mirando por una ventana, con su carta en la mano.
—¿Qué pasa? —preguntó, acercándose a su amiga y a su lechuza.
—Nada en particular —Hally se encogió de hombros y miró el pergamino que sostenía —Átaselo tú, por favor —se lo tendió a Procyon.
Miró a Shadownight con ojos entornados y la lechuza agachó la cabeza, como si estuviera avergonzada. Procyon negó con la cabeza y se aproximó a ella.
—Eso te pasa por haberla mordido —le dijo al ave con suavidad —Si le traes la respuesta y no la muerdes, verás que se pone contenta.
La lechuza lo miró con sus grandes ojos, grisáceos y ligeramente violáceos, y sacudió la cabeza arriba y abajo, estirando una pata. Procyon le ató la carta y luego hizo que se le posara en un brazo para llevarla a una ventana, desde la cual la echó a volar.
—¿Lancaster te sigue todo el tiempo? —preguntó Hally de sopetón.
—¿Quién, Emily? —inquirió Procyon a su vez. Hally asintió y el prosiguió —Si te soy sincero, es lo que pienso a veces, pero no me consta. Sólo se me ocurrió decírselo a su hermano porque con un poco de suerte, se lo contará a ella y tal vez me deje en paz.
—No creí que te molestara tener admiradoras —comentó Hally al salir de la lechucería.
—Eso no me molesta —replicó Procyon, sin mirarla —Lo que me molesta es que sean como Lancaster, que lanzan indirectas pero que no dicen nada a la cara —torció la boca con disgusto —Me gusta que me digan las cosas de frente —concluyó.
—En ese caso, te digo que Emily no se va a rendir —Hally se encogió de hombros —No tan fácilmente. Aunque claro, con los Hufflepuff's nunca se sabe.
Procyon rió ante aquella afirmación y siguieron andando, rumbo al Gran Comedor. Como supusieron, lo encontraron casi vacío, a excepción de la mesa de foráneos, que estaba casi llena. Por lo visto, a ellos no les afectaban tanto las desveladas.
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—¿Lo ves, hija? No te hace bien desvelarte.
El señor Poe estaba regañando a Gwen a la hora del almuerzo, al ver que apenas ponía atención a lo que estaba comiendo. Walter no entendía cómo su hermana podía ser tan terca a veces, como la noche anterior, que insistió en estar despierta hasta tarde.
—Siempre es lo mismo contigo —seguía recriminando el señor Poe, bebiendo un sorbo de su taza de café —Gwen, espero que no vuelvas a desobedecerme mientras estés aquí.
—Sí —respondió vagamente la joven, dándole un enorme trago a su jugo de naranja —¿Y qué vamos a hacer hoy?
—Primero iré a arreglar un asunto al East End y luego vendré por ustedes para almorzar —respondió el señor Poe con seriedad —¿Qué harán mientras no estoy?
—Trabajar, trabajar y trabajar —dijo Gwen con aburrimiento —Me pidieron hacer unas traducciones de documentos oficiales durante las vacaciones.
—Yo adelantaré mis tareas —comentó Walter —Me dejaron una redacción bastante larga de Astronomía que puedo investigar aquí. Papá¿puedo usar la computadora?
El señor Poe asintió, mientras que a Gwen, aquella frase de su hermano le recordó de golpe lo que su padre le había relatado la noche anterior¿pero porqué¡Claro! Era por la referencia a las estrellas que le había venido a la mente con la palabra "Astronomía"…
---Reinicio de remembranza---
—Son bonitas¿verdad, Anthony?
Había pasado un mes desde que Kelly Turner aceptó salir con el señor Poe (al que pronto se acostumbró a llamar por su nombre) y aquella noche en particular se hallaban a orillas del Támesis, contemplando el cielo, que por una de esas raras coincidencias, estaba despejado. Kelly señaló un conjunto de estrellas sobre ellos.
—Esa constelación es la Osa Mayor —indicó, sonriendo —Y aquella es la Osa Menor, con la Estrella Polar. Y allá…
—Sabes mucho de estrellas para ser policía —notó Anthony entonces.
—Bueno, digamos que es un pasatiempo —señaló Kelly, pues la verdad era que en Hogwarts, Astronomía era una de las materias que a ella y Katy más les gustaban —¿No te agradan las estrellas, Anthony?
—Claro, a Gwen le regalé un telescopio hace dos años y solíamos verlas juntos —Anthony sonrió con nostalgia —Eso fue antes de que yo viajara tanto a Londres, a la "City". Es una lata, pero quisiera que cuando ella vaya a entrar a secundaria, viniera aquí.
—Para tenerla cerca, por supuesto —aventuró Kelly —¿Sabes? Quisiera conocerla.
Anthony la miró con cierta timidez.
—¿A Gwen? Tal vez no le agrades en cuanto le diga que salimos juntos. Es algo celosa.
—Puedo vivir con eso —afirmó Kelly, medio en broma.
Anthony sonrió ante eso y estuvo a punto de decir algo cuando el sonido de un estallido los sobresaltó a él y a Kelly. Al mirar en la dirección de donde provenía el estallido, Kelly tuvo un mal presentimiento y se llevó una mano al bolsillo, pero después se contuvo. No podía sacar su varita delante de Anthony por una simple corazonada.
—¡Kelly, te encontré! —gritó una voz a su espalda. Ella y Anthony se volvieron y vieron a un hombre medio oculto por las sombras acercándose —Ven rápido, te necesitamos. Hubo un… —el hombre se detuvo—¿Quién es él?
—Es Anthony Poe, Charles —presentó Kelly, distinguiendo a su amigo a la luz de un farol —Estamos saliendo. Anthony, él es un compañero de trabajo, Charles…
—Disculpa, pero no hay tiempo de presentaciones —la cortó Charles —Tal parece que algo pasó en la oficina del Ministro. Acaba de llamarme Douglas desde el cuartel y…
—Sí, sí, ya entendí —esta vez fue Kelly quien lo cortó, puesto que Charles estaba hablando de más frente al señor Poe —Vamos entonces. Lo siento, Anthony —se disculpó en el acto —El deber me llama.
Anthony apenas tuvo tiempo de asentir cuando Kelly y Charles se perdieron de vista. Luego de un segundo de incertidumbre, decidió seguir a Kelly. La sensación de que ocultaba algo se intensificaba en su interior y quería averiguar de qué se trataba.
—¡Alto ahí! —escuchó varias calles después, llegando al centro de Londres. Al escuchar bien la voz, reconoció a Kelly gritando —¡Suelte inmediatamente la varita¡Está rodeado!
Anthony se quedó tras un auto, pues ahora veía la escena con claridad. Varias personas con túnicas le apuntaban con varitas largas de madera a una más con la cara cubierta por una capucha gris. El de la capucha, que también llevaba una varita, apuntó a un hombre al que Anthony había visto en Newport con Kelly: un hombre de cabello negro y brillante.
—¡Avada…! —comenzó el hombre encapuchado.
—¡Expelliarmus! —gritó Kelly, apuntándole al encapuchado.
De inmediato, la varita de madera del encapuchado salió volando por los aires y antes que algo más sucediera, éste desapareció, para luego reaparecer justo donde su varita había caído. La recogió y volvió a desaparecer, pero esa vez no volvió. Todo eso ocurrió en tres segundos y los que lo rodeaban no pudieron hacer nada.
—Hay que organizarnos —decidió Kelly con voz fuerte y clara —Matthews y Fonteyn, vayan a reportar lo sucedido al cuartel. Charles, Jim, Stevens, vengan conmigo. Si no encontramos a ese mago, Douglas nos pondrá de patitas en la calle.
A un tiempo, varios pequeños estallidos indicaron la desaparición de los primeros tres magos nombrados, mientras que Kelly, sus amigos y el tal Stevens se reunían y musitaban cosas. Al final, Kelly hizo un gesto afirmativo de cabeza y se quedó sola en aquella callejuela al desaparecerse sus compañeros. Suspiró y tras mirar a su alrededor, también ella se desapareció.
Eso era demasiado para Anthony. Decidió irse a su departamento, ubicado en el West End, y preguntarle a Kelly sobre el asunto en cuanto le fuera posible. Pero no imaginó que ese momento llegaría al día siguiente, cuando ella lo llamó por teléfono para cancelar la comida que tendrían ese día.
—¿Tiene que ver con el asunto de anoche? —inquirió Anthony.
—Para ser sincera, sí —Kelly se oyó nerviosa al teléfono —Es algo complicado.
—Kelly¿qué quieren decir las palabras "Avada" y "Expelliarmus"?
No pensaba preguntar eso de golpe, pero la curiosidad podía más en él que otra cosa. Hubo un largo silencio al otro lado de la línea hasta que Kelly se decidió a contestar.
—Olvida lo de cancelar. Iré a comer contigo para responderte. ¿A las cuatro en punto en el "West Café", verdad?
—Correcto.
Kelly pronunció una distraída despedida y colgó. Anthony la imitó y cinco minutos después, recibió otra llamada. Era de su madre desde Cardiff, la capital de Gales.
—Gwen quiere saber cuándo volverás esta vez —preguntó con paciencia la señora Cordelia —Además, dice algo de que no te hagas el tonto y se la presentes.
—¿A quién? —Anthony fingió demencia.
—Sabes a quién, Tony, a la mujer con la que estás saliendo —la señora Cordelia rió en voz baja para luego agregar —Tu hija no es tonta, ni yo tampoco. Tráela un día de éstos.
—Ya veremos, madre —prometió Anthony, frunciendo el ceño —Ahora… tenemos un problema, pero si se resuelve, le propondré ir a Cardiff en cuanto ella tenga vacaciones en su trabajo¿de acuerdo?
—De acuerdo, Tony. Por cierto¿cuándo vuelves?
—En dos días —respondió Anthony —Dile a Gwen que las quiero mucho.
—Ella te dice lo mismo, y yo también. Cuídate, hijo.
Anthony colgó, tomó su saco y salió de su departamento, para luego abandonar el edificio donde vivía y encaminarse a su elegante BMW negro, estacionado cerca, y dirigirse en él a la matriz de la cadena de tiendas de artículos deportivos "Magics Sports", de la cual era dueño. La cadena era tan famosa que tenía sucursales en casi todo el mundo y al menos eso explicaba porqué Anthony manejaba un auto tan costoso como un BMW. Y además, el porqué desde que su esposa había muerto, varias mujeres se le acercaban en actitud cariñosa.
—Buenos días, señor Poe —saludó su secretaria, una mujer castaña muy joven que le sonrió con agrado. Se puso de pie con una pequeña libreta en las manos —Le recuerdo que tiene una cita con el señor Hunt a las doce y una visita a la sucursal cercana a Trafalgar Square a las cinco —en ese momento, siguió a su jefe al interior de su oficina y continuó —Le acaba de llamar el señor Tang, desde Beijing, para confirmar su pedido y…
—Margot —llamó Anthony, cortando la letanía de su secretaria —Mándeme los pendientes por escrito, por favor. Cancele mi visita a Trafalgar Square y confirme mi reservación en el West Café para las cuatro de la tarde.
La secretaria asintió y regresó a su escritorio, mientras Anthony cerraba la puerta tras ella, dispuesto a tener un poco de paz antes de cumplir con sus compromisos. Pero estar sentado en aquella oficina no era la mejor forma de conseguirlo, porque en cuanto se sentó a su escritorio, su vista tropezó con una fotografía: estaban él, una mujer rubia y de tez pálida y una pequeña también rubia en un viaje a Disney World, en Estados Unidos. Se fijó en la mujer rubia, que tenía unos expresivos ojos azules, y se preguntó si ella habría aprobado que estuviera saliendo con una mujer que por su edad, bien podría ser su hermana menor. Sonrió con tristeza al meditar eso, pues si a alguien le habían importado poco los prejuicios, esa persona había sido Morgan Poe.
—Espero hacer lo correcto, Morgan —le dijo a la mujer rubia de la foto —Apóyame.
—Señor Poe, los pendientes —Margot, su secretaria, entró entonces con una hoja de papel en la mano, la cual puso en el escritorio —Su visita a la sucursal de Trafalgar Square se pasó a mañana para las cuatro y su reservación en el West Café está confirmada. Si no es indiscreción, señor¿porqué últimamente come allí? Solía hacerlo en el "Alouette" (1).
—Es un sitio más sencillo —respondió Anthony escuetamente, revisando la hoja de pendientes —Mi novia lo prefiere así.
—¿Su… novia? —tartamudeó Margot en voz baja, para luego, sin esperar respuesta, salir de la oficina, tomar el teléfono de su escritorio, marcar un número y decir —¿Julie, eres tú? No vas a creer esto¡el señor Poe ya tiene novia! —un grito femenino e incrédulo se oyó al otro lado de la línea —Sí, yo tampoco puedo creerlo¿quién será, eh¿No lo has visto por allá con alguien?
La secretaria se entretuvo en ésa y dos conversaciones más, todas con el mismo motivo: dar a conocer que el atractivo millonario Anthony Poe tenía novia. Solamente se distrajo de esos chismorreos cuando llegó un hombre de aspecto severo y traje marrón poco antes de las doce, diciendo ser el señor Hunt, para anunciarlo y hacerlo pasar a la oficina de su jefe. También dejó de hablar por teléfono cuando el señor Hunt se marchó, una hora después, y cuando a las tres y media, el señor Poe avisó que se iba.
—No regresaré hasta las seis —dijo —Deje de chismorrear por teléfono, Margot y esté al pendiente de los recados. Nos vemos.
La secretaria asintió con nerviosismo por haber sido descubierta y vio a su jefe irse. Pero lejos de obedecerlo, marcó el sexto número del día y habló con una ejecutiva de un banco muy importante ubicado en la "City", para seguir esparciendo la noticia.
Anthony llegó puntualmente al West Café, un sitio que recordaba a las terrazas francesas a orillas del Sena. Se anunció en la entrada y lo condujeron a una mesa cercana a la calle, desde podía ver perfectamente la llegada de Kelly. Ella no tardó, solía ser muy exacta, pero no dejó de notar que estaba nerviosa. Se puso de pie para recibirla y ella, sonriendo levemente, tomó asiento.
—Bienvenida, Kelly —le dijo Anthony —Si no te importa, comamos primero. Quiero suponer que lo que discutiremos será un tema largo.
—Supones bien —rectificó ella.
Ordenaron y comieron casi en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos. Al terminar, ordenaron una taza de té y tras dar el primer sorbo, Anthony habló.
—Kelly¿recuerdas las palabras que te…?
—¿"Avada" y "Expelliarmus"? —cortó ella con suavidad, sin mirarlo a la cara. Anthony asintió —Sí, las recuerdo. Las conozco perfectamente, me las enseñaron en el colegio.
—¿En qué colegio estuviste? —se sorprendió Anthony.
—En Hogwarts —respondió Kelly, inclinando la cabeza.
—Nunca lo he oído nombrar —dijo Anthony, todavía más sorprendido.
—Por supuesto que no, eres muggle —se le escapó decir a Kelly.
—Disculpa¿que soy qué?
—Muggle. Quiero decir que no eres mago.
Anthony frunció el ceño.
—Cuando dices que no soy mago… —comenzó, tratando de encontrar las palabras adecuadas —¿Quieres decir… que los magos de verdad existen?
—Depende de lo que tú entiendas por "mago" —aclaró Kelly enseguida —No vayas a pensar que somos como esos muggles que sacan conejos de sus sombreros de copa.
—No, no pienso eso —aseguró Anthony —Pero es que… Apenas puedo creerlo —suspiró —Es decir, si no lo hubiera visto con mis propios ojos…
—¿Tú viste a un mago? —se extrañó Kelly —¿Y aún lo recuerdas?
—¿Qué tendría de raro que lo recordara?
—Mucho. Si en el Ministerio lo supieran, ya te hubieran desmemorizado.
—¿Qué cosa?
—Quiero decir que te hubieran borrado la memoria —Kelly se llevó una mano a la sien, como hacía siempre que pensaba con intensidad —Anthony¿cuándo viste a un mago?
—De hecho, a la que vi fue a ti —admitió Anthony —Te seguí anoche.
Kelly lo miró con sorpresa.
—Compréndeme, siempre había creído que me ocultabas algo —ahora fue Anthony el que desvió la vista e inclinó la cabeza —No quería presionarte a que me lo contaras, pero al salir contigo, era como si una parte de ti se quedara escondida. Kelly, lo siento.
—No lo sientas —pidió Kelly, tendiéndole una mano por encima de la mesa —A decir verdad, quería decírtelo dentro de poco tiempo, pero ahora es tan buen momento como cualquier otro. Lo que pasa es que… mi trabajo es difícil y cualquier día de éstos puede pasarme algo. No quisiera que te preocuparas por mí sin saber en lo que estoy metida.
—¿Y en qué estás metida? —inquirió él de inmediato.
Kelly le hizo una descripción general de lo que hacía, que en sí no era algo muy alejado de lo que Anthony se imaginaba. Aunque tal vez a él le pareció así porque cada vez que Kelly mencionaba alguna palabra extraña, le pedía amablemente que se la definiera.
—¿Y bien? —preguntó ella al acabar de explicar qué era un auror —¿Qué opinas?
¿Que qué opinaba? A ciencia cierta, Anthony no sabía. Lo que sí sabía era que aquella confesión era un valioso voto de confianza que Kelly le otorgaba.
—Tu trabajo es peligroso —logró decir por fin —Como el de una verdadera policía.
—Lo sé, por eso los aurores nos encubrimos de policías cuando trabajamos en el mundo muggle —reconoció Kelly, un tanto aliviada al percatarse de que Anthony tomaba las cosas con calma —Eso me lleva a contarte un asunto importante. Verás, tengo…
—¡Kelly! —llamó una voz alegre —¡Vaya, hasta que lo conozco!
Una joven mujer morena, de cortísimo cabello castaño oscuro y en general muy atractiva, venía hacia ellos vadeando mesas, pese a las quejas de los indignados meseros. Una vez de pie a un lado de la mesa, la mujer miró a Kelly, sonriendo de oreja a oreja.
—Si no llego primero a casa de Charles a preguntar por ti, no sabría siquiera que tenías un novio —se volvió hacia Anthony —Mucho gusto. Soy Katy Turner.
Anthony le estrechó la mano y pronto notó que a pesar del distinto corte de cabello, aquella mujer era idéntica a Kelly.
—Creí que llegabas hasta mañana a rendir informes —repuso Kelly, invitando a Katy a sentarse para que los meseros dejaran de mirarla con molestia.
—Eso dije en el cuartel, pero llegué antes para saludarte en santa paz —Katy se sentó, suspiró con cansancio y preguntó —¿Te importa si pido algo de beber?
—La verdad, sí. Anthony es el que paga —le informó Kelly.
—No importa, Kelly. ¿Es tu pariente, no? —inquirió Anthony.
—¡Vaya, sí que es un encanto este novio tuyo! Soy su hermana gemela —le aclaró Katy a Anthony en el acto —Trabajamos juntas en el… Un momento —se acercó a Kelly y le susurró —¿Es mago o muggle?
—Muggle —respondió Kelly a volumen normal —Pero acabo de contarle qué soy.
—¡Ah, bueno! En ese caso, puedo decirle con toda confianza que trabajamos en el Ministerio¿verdad? Que ambas somos auroras.
Kelly sonrió con resignación y asintió, mientras Katy alzaba una mano, llamando a un mesero. Anthony se dedicó a observar a ambas para llegar a la conclusión de que Kelly era más tranquila y sensata que Katy, que si bien se veía inteligente, era alegre y un tanto despreocupada. Mientras Katy ordenaba, Kelly la interrogó sobre el "Asunto Rubio".
—Va bien —se limitó a decir Katy en cuanto el mesero que la atendía se retiró —Pero aún no logro verificar ciertos datos. Sí que tiene un secretismo riguroso y eso que dice que me adora —soltó con sarcasmo. Se encogió de hombros y prosiguió —Por otra parte, Kelly, quiero que sepas que ya no vamos a cambiar. En cuanto coma, voy a ver a Douglas.
—¡No puedes hacer eso! —exclamó Kelly, asustada —¡Nos despedirían!
—No lo creo, a Douglas no le conviene por todo lo que he averiguado —sentenció Katy con firmeza —Así se lo diré si amenaza con despedirnos.
—Nunca cambias, Katy —Kelly se echó a reír —Por cierto¿supiste que Jim se casó?
—¡No¿En serio? —se sorprendió Katy, esbozando una amplia sonrisa —¿Con quién?
—Con la doctora amiga de Marissa, la esposa de Charles. Creo que se llama Casiopea.
—¿Porqué no me avisó? —se indignó Katy —¡Hubiera venido!
Kelly se encogió de hombros.
—Bueno, no importa. ¿Sabes qué? —Katy miró a Anthony con aprobación —Si te casas con un muggle como él, el abuelo Turner volvería furioso de la tumba y eso quisiera verlo.
—¡Katy! —Kelly se sonrojó por el atrevimiento de su hermana.
—Oye, discúlpame, pero te haría bien algo de compañía —Katy se puso seria —Si las cosas con el Asunto Rubio siguen como están…
Kelly arqueó las cejas, sin comprender, pero Katy no dio más explicaciones. Eso, aparentemente, puso a Kelly de muy mal humor.
—¿Porqué siempre quieres cuidarme, Katrina Themis (2) Turner? —musitó con enojo, haciendo que su hermana la mirara extrañada. Hacía mucho que Kelly no la llamaba por su nombre completo —¿Porqué siempre quieres tratarme como a una niña?
—Porque te quiero, Kelly Desdémona (3) Turner —respondió suavemente Katy, diciendo el nombre completo de su hermana —Es mi deber de hermana mayor.
Kelly hizo un mohín de disgusto combinado con una rara sonrisa, y sin poder evitarlo, unas cuantas lágrimas se le escaparon al abrazar impulsivamente a Katy. Ambas estuvieron así unos minutos, luego de lo cual llegó a la mesa lo ordenado por Katy.
—Muy bien, a comer, me espera una larga charla con nuestro querido comandante —Katy se mostraba más animada que unos minutos antes —Por cierto, Kelly¿te conté que pude ver a unos unicornios preciosos en Dijon? Eran enormes, muy blancos, y sus cuernos brillaban mucho, pero parecían lanzas…
El resto de la comida, Anthony se la pasó escuchando relatos de lo más extraños. Lo de los unicornios, según él, fue lo más normal, porque a continuación Katy contó algo de un "dragón" furioso que se encontró en Hungría y había sido el culpable de que se cortara el cabello y luego, relató un acercamiento con unas "náyades" malhumoradas en la Fontana di Trevi, en Roma, que la mojaron de pies a cabeza.
—Tengo que irme —Katy se puso de pie en cuanto terminó su comida —Quiero ver a Jim antes de ir mañana con Douglas. Nos veremos en casa, Kelly. Anthony, mucho gusto —le tendió la mano al hombre, quien de inmediato le correspondió.
—Tu hermana es simpática —le comentó Anthony a Kelly en cuanto Katy se marchó.
—No te lo parecerá tanto cuando sepas en lo que nos metió —replicó Kelly —Pero por hoy fueron suficientes verdades. Te contaré esa historia otro día.
—Por cierto, Kelly¿en tu trabajo te dan vacaciones? —quiso saber Anthony.
—Sí¿porqué?
—Quiero que vengas a Cardiff conmigo. Ya es hora de que conozcas a Gwen.
Ante eso, Kelly se limitó a sonreír con alegría.
---Pausa en remembranza---
Gwen no podía creer que su madrastra tenía una hermana gemela y que ella y Walter nunca lo hubieran sabido. Pero la razón estaba precisamente en ese Asunto Rubio que tan ocupadas las tuvo en su trabajo. Pensándolo bien, ahora comprendía las palabras de Katy al estar en su casa la noche anterior: …Se lo debo a Kelly…
---Continuación de remembranza---
—¡Por favor! Dígame que no es cierto¡dígamelo!
—Katy, por favor…
Varios meses después, un grupo numeroso de personas abarrotaba una pequeña sala de espera en un hospital de Londres. Katy Turner, desesperada y con el cabello ya a la altura de los hombros, miraba a la cara a un individuo con túnica verde lima y un escudo en la parte superior izquierda de la misma, formado por un hueso y una varita cruzados.
Estaban en San Mungo. Un repentino ataque mágico a Gales era la causa de que el hospital mágico estuviera en aquel caos, y no precisamente por la aglomeración de heridos. La sala de espera en cuestión estaba repleta de aurores, compañeros de trabajo de la persona por la que Katy sufría tanto.
—¡No vayas a pedirme que me calme, Charles! —espetó furiosa Katy, zafando su brazo de la mano de su amigo —¡Por favor, no me lo pidas!
Charles, comprensivo, dejó a su amiga en paz. Entendía lo que debía estar sintiendo.
—Díganos —pidió de pronto un hombre que nada se parecía a los aurores reunidos allí. Vestía de traje y corbata y su semblante, serio y firme, dejaba ver que estaba a punto de derrumbarse —¿Cómo está?
—¿Quién dejó entrar a éste? —masculló con desdén un individuo de cabello oscuro y ojos verdes oscuros e inusualmente tristes.
—Éste tiene tanto derecho a estar aquí como Katy, así que te callas, Fonteyn —aclaró Jim Blackson, con la angustia y la ira reflejadas en su voz. Luego se volvió hacia el hombre de túnica verde lima —¿Cómo está?
—Apenas sobrevivió —se decidió a responder el sanador, un tanto inquieto —Lo que nos preocupa en este momento es salvar al bebé.
—Haga lo que tenga que hacer por el bebé —indicó el hombre de traje, asintiendo.
—¿Te volviste loco? —le gritó Katy al hombre —¿Prefieres al bebé que a Kelly?
—No, Kelly prefiere al bebé más que a ella misma —aclaró el hombre.
Ante ese argumento, Katy no tuvo más remedio que apoyar al hombre.
El ataque mágico a Gales, específicamente a Cardiff, había tomado desprevenidos a todos los magos. Nadie se esperaba que algún mago tenebroso se tomara la molestia de agredir a un muggle, a menos que se tomara en cuenta que el muggle en cuestión era rico. Pero les preocupó más cuando supieron que la esposa del muggle era bruja y que el autor intelectual del ataque había sido…
—Hagen —murmuró Katy en cuanto el sanador se retiró de la sala —Voy a acabar con él, lo juro. Voy a matarlo.
—No hagas juramentos en vano —pidió Charles, tratando de sonar consolador —Dime¿Kelly querría verte mancharte las manos por ella? Yo, en lo personal, no lo creo.
—¡Pero fue mi culpa! —Katy estalló, pero habló en voz baja, para que nadie más la oyera —Si no me hubiera involucrado con Hagen, él nunca me hubiera confundido con Kelly cuando le insinué que iba a desertar. Nunca debí hacer esto, nunca debí decirle que mi nombre era Kelly¡nunca debí haber aceptado esa estúpida misión!
En un rincón, el hombre de traje mantenía la cabeza inclinada y las manos juntas, en actitud de rezo. Katy dejó de discutir con Charles en cuanto lo vio y poniéndose de pie, caminó hacia él.
—Lamento todo esto —se disculpó —Verás, yo…
—No tiene importancia, Katy —la detuvo amablemente el hombre, alzando la cabeza.
—Pero Anthony…
—No, Katy, no fue tu culpa —Anthony Poe le sonrió con tristeza —Kelly sabía en lo que se metía, me lo dijo. Por favor, ella no querría que te culparas.
Katy rompió en llanto y se abrazó a Anthony con fuerza, quien no podía dejar de observar a su alrededor, advirtiendo las miradas de repulsión y desconfianza hacia él. Pero no le importaba, porque ahora, dijeran lo que dijeran, tenía que estar con su esposa.
Anthony y Kelly se habían casado apenas hacía unos ocho meses, más o menos dos semanas después de que él conociera a Katy. Una vez en Cardiff y viendo que Kelly se llevaba de maravilla con su hija Gwen (quien dijo que la novia de su padre era "genial"), le propuso matrimonio. Y Kelly, siempre impulsiva cuando se emocionaba demasiado, aceptó sin titubear. Solamente pidió que la boda fuera pronto, porque con su trabajo nunca se sabía qué podía pasarle al día siguiente, y Anthony accedió. En la ceremonia únicamente estuvieron amigos muy cercanos, donde no podían faltar Charles, con su esposa y su pequeña hija, y Jim Blackson, también con su esposa, quien lucía una sonrisa radiante al saber, pocos días antes, que estaba embarazada.
De hecho, Jim se acercó en ese momento a Katy para decirle que tenía que retirarse.
—Debo cuidar a mi hijo —explicó, incómodo —Casiopea todavía no sale del hospital. Cualquier cosa que se ofrezca…
—Gracias, Jim —Katy asintió y trató de sonreír con alivio —Cuida mucho a tu pequeño.
Jim asintió y acto seguido, se desapareció. Su hijo había nacido hacía menos de dos semanas, pero Casiopea seguía internada por un par de complicaciones en el parto.
—¿Familiares de Kelly Turner? —llamó un sanador de cabellos grises.
—Poe —corrigió Katy, torciendo el gesto —Mi hermana está casada con el señor aquí presente —señaló a Anthony —¿Cómo está?
El sanador, mirando con recelo a Anthony, dudó al hablar. Eso acabó con los nervios de Katy, ya de por sí crispados.
—¡Déjese de tonterías y díganos cómo está mi hermana! Él será muggle, pero es su esposo. ¡Tiene tanto derecho a saber como yo!
—Katy, por favor, no es necesario que grites —le pidió Anthony, dándose cuenta de lo que pasaba: los magos, por más que se esforzaran, siempre se habían considerado superiores a los muggles, por quienes sentían aversión y cierto temor.
Katy atendió la petición de su cuñado y respiró profundamente para calmarse.
—¿Cómo está Kelly? —preguntaron de nuevo, esta vez Charles.
El sanador negó con la cabeza.
—Lo sentimos, pero por ella no pudimos hacer nada. Acaba de fallecer.
Fue como si el suelo se moviera bajo sus pies, se abriera y se tragara todo lo que de verdad amaba. Katy se llevó las manos a la cara, sin poder evitar sollozar, pensando más que nunca que todo era su culpa. Ella era la que tendría que haber muerto, ella. ¿Porqué Kelly, que era amable, gentil y cariñosa con todos¿Porqué ella?
—¿Y nuestro hijo? —inquirió Anthony con voz quebrada, pasándole un brazo por los hombros a Katy —¿Qué pasó con el bebé?
Katy se retiró las manos del rostro. ¿Cómo podía preocuparse por su dolor ahora? Ella había perdido a una hermana, pero Anthony… Él ya había perdido a una esposa. Y ahora le tocaba el duro trance de perder a otra.
—Fue un varón —el sanador esbozó una ligerísima sonrisa, una sonrisa de compasión al ver que frente a una muerte, se había producido una nueva vida —Está un poco débil por ser prematuro, pero fuera de eso tiene buena salud. La señorita… quiero decir, la señora Poe pudo verlo. Musitó algo de un tal Kane antes de morir.
Hasta entonces, Anthony se había mantenido sereno, intentando darle apoyo moral a Katy sin importar la situación en la que estaba. Pero al escuchar aquello, ya no pudo más. Se llevó una mano a la cara, se frotó los ojos y sin poder evitarlo, sonrió.
—Claro, sé de qué hablaba —comentó —Kelly quería que si era varón, nuestro hijo tuviera por segundo nombre el de Kane. Como comienza con ka…
Katy siguió llorando, admirando más que nunca a ese hombre que se había convertido en parte de su familia. Pensó que, después de todo, no se había quedado sola.
Ella le había dicho a Kelly que le haría bien la compañía. Pero sin quererlo, Kelly le había dejado a ella toda la compañía que necesitaba. Para seguir viviendo, para no dejarse abatir ante los malos sentimientos. Para algún día, de alguna forma, hacer pagar a Hugo Hagen todo lo que les había quitado.
---Fin de remembranza---
Gwen no quería ni pensar en lo que su padre habría sufrido entonces. Al menos Morgan, su madre, había muerto pacíficamente, de una enfermedad que le había dado la oportunidad de despedirse de sus seres queridos, pero su madrastra… Kelly la había querido mucho y aunque no se portara exactamente como su madre, sí fue para ella una buena amiga. Enterarse de golpe que había muerto por una especie de ataque terrorista era para ella algo espantoso, pero se detuvo a pensar en lo que sentiría su hermanito si llegaba a saber todo eso. Pero debía reconocer que Walter se parecía mucho a Kelly en cuanto a carácter, pues era amable, impulsivo cuando se emocionaba y tenía el don de observar. Pero sobre todo, le bastaba tan poco para ser feliz… Walter nunca había demostrado tristeza por no tener mamá, porque solía decir que ella siempre lo cuidaba.
—Mamá me quiso mucho¿verdad? —solía preguntar cuando era pequeño —Aunque sólo me vio un ratito. ¿Por eso me puso Kane, verdad?
Y su padre le respondía que sí, que Kelly lo amaba, y que daría la vida por él cuantas veces fuera necesario. Gwen nunca había sabido a qué se refería su padre al hablarle así a un niño de entonces cuatro años, pero ahora lo comprendía: Kelly de verdad había dado la vida por su hijo, por su pequeño Kane.
Y si fuera necesario, la volvería a dar.
(1) La palabra aloulette significa golondrina en francés.
(2) Themis (cuya castellanización es Temis) era la diosa de la justicia en la mitología griega; era la madre de las tres Moiras (o Parcas) y de las Estaciones.
(3) Desdémona es la esposa de Otelo en la famosa obra de Shakespeare Otelo, el moro de Venecia, que sufre por los celos de su marido y siempre es desdichada por ello.
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¡Buaaaa! Soy Bell, amigos, no se asusten, pero es que releer este capi para poder escribir las presentes líneas y de paso, corregir un par de cosas en él, me arrancaron un alarido de tristeza. Les juro que siento un nudo en la garganta.
Como se habrán dado cuenta, el tema principal fue saber más acerca de Katy y Kelly. Y el final de esa historia, al menos por el momento, es triste¿no les parece? Ahora sabemos en qué circunstancias nació Walter y murió Kelly y cómo se sintió Katy al respecto. Sí, de una vez se los digo, esta pobre mujer está destinada a sufrir. Igual que Anthony, que se ha ganado mis respetos. Si perder a una esposa seguramente es doloroso (yo soy soltera, por eso nada más me lo imagino), perder a dos debe ser devastador. No me sorprende que casi nunca la mencione.
Y aproveché esos recuerdos para ponerle segundo nombre a Walter. Kane, como se vio, lo escogió Kelly porque comenzaba con la misma letra que el suyo, y quiere decir "al que se honra". Precisamente es un nombre galés y quiero creer que a Kelly se le ocurrió porque su marido es de Gales.
Y un poco más aparte, como introducción ligera, presenté a Hally conversando con Procyon sobre el baile y luego haciéndolo sentirse un tanto incómodo con el hermano mayor de Emily Lancaster. ¡Vaya con estos niños! Tal vez algunos se extrañaron porque Hally no quiere acercarse a "Shadownight", siendo que cuando conoció al ave, pareció perdonarle el mordisco, pero eso es porque inconscientemente, le tiene algo de miedo. ¡Vamos, Hally, si esa lechuza te adora! Creo que casi tanto como el dueño, je, je.
Pues disculpen, pero por ahora los dejo, mientras en la compu oigo la canción de Shakira y Alejandro Sanz, "La Tortura", y pienso en lo malos que son los hombres a veces (qué contrastes hago¿no?) Cuídense, bailen con ritmo (cuando se les antoje, claro, no tiene que ser ahora) y nos leemos pronto.
