N/A: ¡Hola, chicas! ¿Qué tal estáis? Chibi Rukia reportando para todas las fans de esta pequeña historia. ¡Aquí os traigo un capítulo con información! Aunque me temo que es toda sobre Irene, pero es que este momento tenía que llegar. Igualmente espero que os guste; aunque comprendo que hemos tenido mejores xD Tampoco me voy a explayar demasiado más con las notitas de autora, sólo para daros las gracias por leer y dejar review =3 que por cierto, chicas, de parte de Halane que las que faltan por ser respondidas tendrán su reply hoy ^^
¡Esperamos que os guste el capi! ¡Besitos!
~Capítulo 37~
Suspiró con la cara apoyada en la mano, mirando a través de la ventanilla del coche, y los ojos perdidos en las nubes del cielo, demasiado aburrido por lo largo que se le estaba haciendo el viaje, a pesar de que no debían de llevar en el automóvil más de veinte minutos. Igualmente le estaba pareciendo insoportable. Se sentía tan mal por haber mentido de nuevo a Lenalee que ni siquiera recordaba la mentira en cuestión; simplemente tenía encima el malestar que se le había echado encima al ver sus ojos dubitativos y su rostro preocupado.
"No tendría que haberlo hecho" pensó, frunciendo el ceño y los labios. "Pero tampoco podía decirle la verdad porque se pondría celosa… Aunque si acaba descubriéndome será peor… Dios… Qué horror… Claro que no me ha pedido que rompa con ella, pero esto lo único que está haciendo es crear duda entre nosotros… Maldita Road…"
-¿Te pasa algo, Allen?- preguntó Road, asomando su cabecita desde el asiento del copiloto-. Pareces nervioso.
-No, no es nada- le respondió, sonriendo afable-. Es sólo... bueno...
-Lo que le pasa es que no está muy seguro con esto, Road. Y es comprensible, no es muy normal que nos vayamos a plantar ahí sin saber qué responder al porqué vamos a hacer preguntas sobre Irene sin venir a cuento.
-¡Oh!- exclamó la chica-. Así que es eso. Vaya, qué tontería- rió-. No es nada, Allen. Ya verás como toooodo sale bien- se colocó bien de nuevo, abriendo y cerrando las piernas rítmicamente-. Nosotros nos las apañamos siempre para que todo salga bien.
-Bueno, como tú digas- dijo sin demasiado convencimiento, mirando de nuevo por la ventana-. ¿Queda mucho?
-No demasiado. Unos… diez minutos más y habremos llegado a la universidad.
Tyki cogió una bifurcación y se adentró en la ciudad vecina, que era bastante más grande y desarrollada que la suya. Road parecía muy emocionada al ver los rascacielos, los enormes monumentos y los grandes parques verdes llenos de gente. Tyki sonreía, explicándole las cosas que veían a su hermana. Allen sólo suspiraba. Había viajado por gran parte de Europa, y las ciudades así no lo sorprendían en absoluto, ya que había pasado desde algunas tan o más grandes como esa, hasta por pueblos diminutos y apenas si poblados.
Giraron a la izquierda por la que parecía ser la calle principal, y tomaron otras tantas a la derecha, hasta que pasaron un edificio muy grande y antiguo, del que entraban y salían muchos estudiantes, jóvenes y no tan jóvenes, riendo y comentando cosas entre grititos.
-¡Oh! ¡Así que es aquí!- Road se pegó al cristal de la ventana, separándose un poco al notar que Tyki lo había bajado para que ella pudiese ver mejor-. ¡Es enorme!
-Es la más grande de por aquí. Se estudian prácticamente todas las carreras de letras.
-Tú también estudiaste aquí, ¿no, Tyki?
-Sí.
-¿Y no te encontraste con Irenita?
-Road, es un sitio enorme. Además, está dividida por naves, y a nosotros nos tocó en la misma que a los de filología, no los de historia… Y aunque hubiésemos coincidido en la misma- giró el volante para aparcar en línea- habría sido muy difícil que nos encontrásemos- quitó las llaves del contacto y se quitó el cinturón-. Así que nada… Dame las gafas de la guantera, anda- le dijo a Road, mientras terminaba de arreglar cosas aquí y allá.
-Toma- canturreó, dándoselas y quitándose el cinturón ella también-. ¡Vamos, Allen! ¡Que ya llegamos!
-Ya lo vi, Road- espetó tranquilamente mientras salía del coche.
Los hermanos lo siguieron. Tyki puso la alarma y se dirigió hacia el paso de cebra con las manos en los bolsillos. Road se enganchó del brazo del hombre y se apretó contra él, cogiendo a Allen de la muñeca con la mano que le sobraba.
Cruzaron la calle de prisa porque el semáforo estaba a punto de cambiar a verde para los coches y se mezclaron con los universitarios. Los chicos miraban curiosos al grupo, y murmuraban entre ellos sobre lo mona que les parecía Road o lo extraño que era Allen. Las chicas, por su lado, envidiaban un poco a Road por ir agarrada del brazo de Tyki, o cuchicheaban lo lindo que parecía el muchachito de pelo blanco, una vez que hubieran comentado si no se trataba de un hombre mayor.
Nada más entrar, Tyki se dirigió directamente al mostrador de secretaría, apoyándose con un brazo mientras con el otro se sacaba las gafas de sol en un gesto que hizo a Allen pensar en los anuncios de verano. Por un instante, incluso imaginó gotitas de agua salpicando desde los rizos oscuros de su profesor. Y evidentemente, se dijo mirando a la secretaria, la imagen que se había formado en su mente era algo parecido.
-¿Sí?- preguntó atusándose los rizos.
Tyki sonrió. Allen se dio cuenta de que era una sonrisa especialmente esbozada para agradar, pero eso no evitó que por su mente pasara el pensamiento de que era un tío legal.
-Queríamos hablar con el profesor Isaac Fenton- dijo con mucho aplomo, sin ningún "por favor" ni mención a una posible cita.
-Me temo que en estos momentos está dando clase.
-¿Podría decirme a qué hora quedará libre?
-Eh... - pareció dudar-. Perdone, pero... ¿conoce usted de algo al profesor?
La sonrisa de Tyki se volvió algo condescendiente.
-¿Estaría aquí preguntándole cosas sobre él si no lo conociera, señorita?
-Ah... Es que verá, no sé si me está permitido...
Road asomó por delante de su hermanastro, sonriéndoles primero a la secretaria y después a él.
-¡No hagas que la señorita se meta en un problema, Tyki! Yo iré a preguntarle a alguno de los estudiantes, ¿vale?
Allen estaba alucinando literalmente tanto con el morro que le echaban como con el éxito que tenían.
-Eh... Disculpen...- ambos hermanastros se volvieron hacia ella-. El profesor terminará su clase en una media hora.
-Y quizás irá a la cafetería, como siempre- dijo Tyki en el tono de quien reconoce la costumbre de un viejo amigo.
-Eso creo, sí.
-Bien. Gracias- se dio la vuelta con Road de la mano y le hizo un gesto con la cabeza a Allen.
-¡Qué fácil!- exclamó la niña dando saltos en torno a ellos. Tyki sacó un pitillo en cuanto pusieron un pie fuera del recinto.
-Ya ves- le dio una calada y señaló un pequeño anexo en la fachada derecha-. Esa es la cafetería.
-Parece grande- comentó Allen.
-Es enorme. Pero lo veremos, tranquilos. Sólo tenemos que preguntar dónde suele sentarse. La gente se cuenta esas cosas, invitar a los profes a un café nunca está de más.
-¡Seguro que sacaste la carrera así!- se burló riendo.
-Claro que no. Ningún profesor te aprobaría por algo como el café- negó.
Allen prefirió pensar que había estudiado y no comprado algo más caro, pero tampoco podía estar seguro.
-Eh... ¿Por qué estamos yendo hacia allí?- preguntó deteniéndose tras los hermanastros-. Falta media hora, ¿no?
-¡Para empezar a investigar!- aclaró Road-. Estar fuera no te libra de ese tema.
-Pero si el profesor no está...
-La cafetería sigue ahí, ¿no sabes eso del ambiente, Allen? Hay que intentar situarse.
-Ya... Claro...
Habían ido acercándose al anexo y acabaron entrando por una de las puertas laterales, sumergiéndose en el mar de conversaciones y mesas llenas de estudiantes que había.
-Ah, qué nostalgia- suspiró Tyki terminándose el cigarro.
-Ni que no hubiera clase- musitó Allen al ver tanta gente allí.
Tyki fue muy decidido hacia la barra y se sentó, obligándolos a hacer lo mismo. Una señora mayor secaba vasos de espaldas, y el chico sonrió.
-La vieja sigue por aquí, ¿eh?
-¿Qué vieja?- preguntó Road sin molestarse en bajar la voz.
-La señora de la cafetería, supongo- aclaró Allen.
-Ah. ¿La conoces, Tyki?
-Algo- encendió un nuevo pitillo-. Entró cuando yo estaba en tercero. Quizás tenga algo interesante que contarnos.
-No creo que sea buena idea- intervino Allen-. Si empezamos a hacer averiguaciones quizás esto se complique, hasta ahora ha sido muy fácil.
-Tan fácil como dijimos que sería- aclaró la niña riendo.
-¡Pero a quién tenemos aquí!- la voz chillona los sacó de su conversación con la misma efectividad con la que el agua arrasaría una pared de papel.
-Hola, señora Grant- saludó exhibiendo la misma sonrisa que en secretaría-. ¿Qué tal todo por aquí?
-Ya ves, chico, la gente escaqueándose, como siempre, y yo aquí trabajando- abarcó el amplio salón con una mano.
-¿Tienen clase?- preguntó Allen.
-¡Pues claro que la tienen! Pero no les importa.
-Ah... Claro- respondió sorprendido.
-¿Y qué te trae por aquí con estos chicos tan encantadores? ¿Son tus hermanos?
-Ella es mi hermanastra, Road, y este es un amigo suyo, Allen. Venimos a ver al profesor Fenton. Le conoce, me imagino.
-Ah, sí. Isaac. Claro que lo conozco. Pobre hombre.
-¿Pobre?- preguntó Road con inocencia.
-Sí, tuvo un asunto un poco turbio hace unos años... Al final se decidió que no había pasado nada, pero no sé, no sé.
-¿Y qué asunto fue ese?- interrogó Tyki en tono casual.
-Oh, cosas que decían las malas lenguas, ya sabes…- se inclinó un poco hacia delante y le indicó a Tyki que hiciese lo mismo-. Que se relacionaba con una alumna... de un modo... extraoficial y personal... Demasiado personal- enfatizó en la penúltima palabra.
-Uhm, feo, feo, ¿eh?- se puso la mano en el mentón y alzó las cejas-. Ponme un café para llevar, anda.
-Demasiado- dijo, suspirando, mientras se giraba hacia la máquina del café y le preparaba uno.
-¿Y al final en que quedó la cosa?
-Ps, en casi nada. Se quedó en eso, rumores, pero los rumores le hicieron bastante mal. Estuvieron a punto de suspenderlo y todo al pobre hombre. ¿Te imaginas? Por culpa de habladurías...- le echó el café en un vaso de espuma y lo cubrió con una tapaderita de plástico, pasándoselo junto con un paquetito de azúcar y un palito para remover.
-A veces las habladurías- cogió el recipiente-. ¿Sigue costando lo mismo?- le tendió el dinero cuando la mujer le asintió con la cabeza-. Como te decía, a veces las habladurías siempre tienen algo de verdad. ¿Vosotros queréis algo?- le preguntó a Road y Allen.
-¡Un batido de fresa!- dijo Road.
-Yo no quiero nada, gracias- dijo Allen sonriendo, negando con la mano.
-Qué mono- dijo la señora Grant, riendo con una voz demasiado ronca-. Y espero que no tengas razón, hijo. Isaac es un buen hombre, atractivo, aunque no tiene tu encanto natural, desde luego- dijo, sonriéndole.
-Vamos...
-¡Anda que no! Que bien me acuerdo de cómo tenías las jovencitas siempre detrás de ti- le dio un par de golpecitos en la mano, haciéndolo sonreír-. Siempre tan jovial y sonriente con todo el mundo.
-Tyki siempre tiene a todas las chicas detrás suya- rió Road-. ¡Incluso a las chicas a las que le da clase!
-Road- riñó.
La señora Grant se echó a reír con la niña, tendiéndole el batido con una pajita. Allen sonrió nervioso, incómodo y algo celoso, al recordar que a Lenalee también le había gustado él, aunque sólo hubiese sido un poco.
-En fin... ¿Cuánto es el batido?
-Oh- le indicó que se acercase de nuevo y le susurró al oído-. No te preocupes, a esto invita la casa.
-Sigue siendo tan encantadora como siempre.
-Ni la mitad que tú, chaval- le dio un golpecito en el cachete-. Si no, ten por seguro que no te estaría invitando a esto- le guiñó el ojo.
-Tyki siempre taan popular- dijo Road, moviéndose hacia los lados tomando su batido, sujetando su pajita con tres dedos.
-Tu hermana es una monada, realmente.
-Gracias, señora- le sonrió.
-Bueno, con su permiso, señora Grant, nos vamos afuera. Ha sido un placer volver a verla- le guiñó el ojo-. Oh, por cierto- añadió-. ¿Cómo es?
-¿Isaac? Es un hombre difícil de describir, puesto que no aparenta la edad que tiene.
-Inténtelo al menos.
-Debe de rondar por los cuarenta, sin embargo podría pasar perfectamente por alguien de tu edad o incluso más joven. Tiene el pelo de color crema, los ojos verdes y a penas si lleva arrugas, tiene la piel muy lisa para su edad, con un rostro muy agradable. Alto más bien. De todos modos, lo reconocerás rápido porque siempre lleva las gafas de sol puestas, incluso por dentro de los pasillos. Sólo se las quita para estar en clase. Al parecer tiene los ojos sensibles a la luz o algo así.
-Entiendo... En fin, muchas gracias. Cuídate mucho y sigue conservándote tan bien.
-Anda, anda- le dio un golpecito en la cabeza-. Piérdete por ahí ya con estas cosas, no me hagas la pelota- a pesar de decir eso sonreía-. Hasta luego, ¡Adiós, niños!
Se despidieron de la señora con la mano y salieron de la cafetería a paso lento, Road sorbiendo con su pajita. Se sentaron en un banco en los pasillos. Tyki se cruzó de piernas, sacó la tapa y le echó un poco de azúcar al café, moviéndolo lentamente y dándole algunos sorbos, quejándose de lo caliente que estaba, haciendo reír a su hermana. Allen miraba atento en todas direcciones, no sabía si queriendo encontrarlo o no. Toda aquella historia le estaba resultando incómoda y estaba deseando que el motivo por el que Irene había dejado la tesis fuese cualquier cosa personal y estúpida y Road lo dejase marchar sin más.
-¡Oh!- exclamó de pronto-. ¿No es ese?
Señaló a un hombre de apariencia bastante juvenil, por su rostro y por la ropa que llevaba, bastante moderna. Bajo el brazo portaba una cartera de cuero marrón, y sus ojos estaban cubiertos por las mencionadas gafas de sol.
-Eso parece- dijo Allen.
-¡Bien!- la chica se levantó dando una vuelta que hizo ondear su vestido-. ¡Vamos allá!
-¿Qué? Así... ¿Así sin más?
Tyki se terminó el café sin más quejas y le sonrió.
-Claro que no- se metió la mano en el bolsillo y sacó las llaves, que le tendió-. Lleva a Road al coche, si haces el favor, chaval.
-Sí, claro.
-¡No!- exclamó enfadada-. ¡Tyki, eso es injusto! Dijiste que investigaríamos juntos... ¡Eres un mentiroso!
-Road...- suspiró cansado-. No des la lata, sabes que no hay otra manera.
-JO.
Bufó y se cruzó de brazos.
-Además, te vas con Allen.
El pensamiento pareció consolarla, porque se giró y lo asió del brazo.
-¿Me cuidarás, Allen?
-Eh... Sí, claro.
-Entonces todo bien- Tyki se puso las gafas de sol otra vez-. Os contaré qué tal después, ¿vale?
-¿Qué vas a decir?- inquirió Allen, curioso.
-Que necesito antecedentes por cuestiones laborales- sonrió-. Digamos que soy... Representante del colegio.
-Fue idea mía- anunció Road muy complacida-. Seguro que no sospecha nada cuando Tyki empiece a hacer preguntas.
Tyki encendió otro pitillo, decidiendo que un acercamiento de hombre a hombre sería lo mejor, y caminó con paso indiferente hasta llegar a un punto en el que prácticamente obstruiría el paso del otro, aunque dado que el camino era bastante ancho podría esquivarlo con facilidad.
-¿Se le ofrece algo?- preguntó al llegar frente a él. Tyki lo observó con aparente desinterés antes de responder. Había empleado un tono de voz neutro, incluso suave, pero pudo adivinar una mirada inteligente detrás de los cristales oscuros. Esbozó su típica sonrisa, tendiéndole una mano.
-La verdad es que sí. Profesor Fenton, ¿verdad?
-Así es- estrechó la mano que Tyki le tendía sin gran fuerza, pero él no se dejó engañar por la aparente fragilidad de ese hombre delgado, podía adivinar unos músculos bien resistentes debajo de la camisa de manga larga y los pantalones.
-Soy Tyki Mikk, enseño filosofía en el instituto Gray, en la ciudad vecina. Quizás lo haya oído nombrar alguna vez.
-Sí, sí, por supuesto- miró el reloj y luego el maletín y suspiró-. Ahora mismo es mi hora libre, iba a la cafetería.
-Ya- se permitió darle un par de caladas al cigarro sin moverse y luego lo tiró, pisándolo-. Me encantaría, pero me temo que el director del instituto no estaría muy de acuerdo con eso de hablar de lo que me trae aquí en la cafetería de la universidad. La reputación y esas cosas, ya sabe- hizo un gesto con la mano al tiempo que sonreía otra vez como descalificando esas tonterías-. Será mejor que lo hablemos en un lugar más tranquilo.
-Hm- el profesor le devolvió la sonrisa por primera vez y Tyki vio confirmada su primera impresión de que no tenía nada de tonto ni de débil. Era una sonrisa casi gélida capaz de dejar helado a más de uno, pero él no se dejó intimidar-. Confieso que ha conseguido intrigarme, señor Mikk.
-Ese era el plan- confesó sin ningún rubor.
-Ya veo. Renunciaré a ese café, entonces. Vamos a mi despacho. Supongo que lo encontrará lo bastante privado.
-No lo dudo- respondió cordialmente echando a andar junto al hombre-. Tiene usted una gran reputación, profesor.
-Sí- reconoció sin más.
Así que no quería hablar. Interesante.
Como no tenía ningún problema en complacerlo y llevarse bien con él, dejó estar lo de la charla intrascendente y se limitó a seguirlo por los paseos del patio de la universidad y después por los pasillos de la misma, sin dejar de observar que muchos estudiantes, algunos evidentemente de otras carreras, lo saludaban, y que él respondía con cordialidad y un amago de sonrisa que, lejos de ser tan frío como el gesto entero, parecía desenfadado y agradable. Tyki se dijo que quizás confesar su relación con Irene sería mejor para hacerlo hablar que ir en plan oficial. Mientras entraba en el despacho, se aconsejó improvisar; siempre se le había dado bien.
La habitación parecía desenfadada, con algunos libros y papeles en el escritorio y los ejemplares de las estanterías torcidos e incluso tumbados, pero se le antojó una especie de puesta en escena. Isaac se sentó en la silla de madera que tenía tras el escritorio y le señaló la que había frente a él. La iluminación era muy tenue, casi penumbrosa.
-¿Y bien?- preguntó simplemente, sacándose las gafas de sol. Tyki hizo lo propio y pudo observar que el hombre tenía unos ojos de un curioso verde tan claro que se acercaba a lo transparente, enmarcados por pestañas casi blancas. Eran unos ojos bastante inquietantes. En su mente, podía imaginar a una joven Irene sintiéndose intrigada por ellos y fascinada por una sensación que ella encontraría emocionante. Frunció el ceño y sacudió levemente la cabeza para sacarse esa visión de la cabeza.
-Verá, recientemente ha habido en el instituto ciertos... rumores acerca de un miembro de la plantilla docente- empezó echándose hacia atrás en la silla y poniendo un pie sobre la rodilla contraria, muy relajado. Miró de reojo a Isaac como preguntando si lo seguía y el hombre asintió-. El director tenía su historial, por supuesto, además de algunos datos personales- sonrió-. Como ha oído hablar del instituto, sabrá que los dueños son muy rigurosos a la hora de elegir personal. Se tienen en cuenta otras cosas aparte de los méritos profesionales.
-¿Y eso tiene que ver conmigo en qué medida, señor Mikk?
-Oh, en una bastante interesante, profesor Fenton. Por cierto, puede tutearme, si quiere.
-Proceda, señor Mikk.
Frunció casi imperceptiblemente los labios, aunque estuvo seguro de que él lo había visto, porque se fijó en la fina sonrisa que se dibujaba en los suyos. Aquel hombre era realmente inquietante, y en cierto modo podía comprender la fascinación que seguramente había despertado en Irene. Suspiró.
-Irene Peralta- fue lo único que le dijo.
Se dio el lujo de observar la ruptura de la máscara de aparente tranquilidad que había en su rostro, moviéndose en su silla y cruzándose de dedos sobre su vientre, sonriéndole levemente e invitándole a preguntar en el caso de que desease hacerlo.
-¿Irene? Vaya, así que ha acabado dando clase en un instituto, y en la ciudad de al lado nada menos, menuda sorpresa.
-¿Ha visto? Las casualidades de la vida…
-¿Y qué sucede con Irene?
-Pues verá, rumores muy negros.
-¿Qué clase de… rumores?
-Verá, una alumna la vio… besándose con otro alumno en una de las clases. Un escándalo, como puede comprobar.
-Sin lugar a dudas. Que un docente se relacione con un alumno, y encima menor, es algo que no debería darse en ninguna de las ocasiones.
-Vaya- se puso la mano en la boca-. Es curioso que usted diga eso, ¿sabe? Porque también he escuchado que hubo rumores de que usted cayó en lo mismo hará unos años. Pero eso no viene al caso supongo, a no ser que la alumna en cuestión… fuese nuestra mencionada Irene.
Los ojos de Isaac se opacaron un poco en ese momento y se mesó una barba inexistente
-En fin, salgamos de esas absurdas insinuaciones sobre usted y centrémonos en la señorita Peralta, si le parece. Usted le dio clase, ¿no es así?
-Así es. En segundo de carrera. Una muchacha brillante y una mujer excepcional y magnífica. Pero supongo que habrá tenido ocasión de comprobarlo personalmente, hasta qué profundidad lo ignoro, ya que eso serán cosas suyas… de ambos, quiero decir- sonrió cordialmente.
-¿Hasta qué punto pudo comprobarlo usted, señor Fenton?
Los hombres se miraron con intensidad a los ojos, y ambos supieron perfectamente que el contacto que habían mantenido con Irene había sido prácticamente el mismo en profundidad. Cuánto duró, eso sí que no pudieron determinarlo.
-Le concedo el beneficio de la duda, señor Mikk, puesto que no creo que eso tenga algo que ver en la conversación en cuestión.
-Quizás sí, ya que si de muchacha conoció una experiencia semejante, eso podría explicar por qué se ha atrevido a llevar un acto semejante ahora que es profesora.
-Touché, supongo. Sin embargo, creo que usted sabe perfectamente el tipo de relación que tuve con ella, porque de seguro también ha tenido una semejante, aunque no sé si con la misma intensidad.
Frunció el ceño. Había sido una puñalada bastante certera.
-En efecto, porque, como ya le he mencionado, parece que mantiene una relación quizás sí tan intensa como la que mantuvo con usted con un alumno. Parece que le dio por pasar de un extremo a otro.
-Pasando por el intermedio, sin lugar a dudas.
Se miraron de nuevo unos instantes. Entonces Isaac se echó a reír, llevándose una mano a la cara, cubriéndose los ojos.
-¿Le parece divertido?
-Sin lugar a dudas. Me odia y a la vez me respeta. Intuyo que con Irene le pasa lo mismo pero en otro grado. Verse rechazado para ser reemplazado por un niño debe de ser horrible- se cruzó de manos y las puso sobre la mesa.
El rostro de Tyki cambió complemente la expresión y por un momento reflejó el odio que lo estaba carcomiendo, ante lo que Isaac retrocedió, ya que se sintió algo cohibido, a pesar de que el muchacho era bastante más joven que él.
-Déjeme preguntarle algo, señor Mikk. Según lo que responda, puede que decida continuar con usted o largarlo de aquí, respetuosamente, por supuesto.
-Usted dirá.
-¿Realmente está haciendo esto por el colegio o por… usted?
-Sea lo que sea, una acabará repercutiendo en la otra- le sonrió-. Queda en sus manos, señor, el proceder.
-Esa última frase ha rozado la formalidad, Tyki.
El mencionado se irguió en la silla, confuso.
-Está bien. Pues tú dirás… Isaac…- lo miró, buscando su aprobación.
El hombre asintió y se levantó, dirigiéndose hacia las estanterías, y pasando el dedo índice por los lomos de los libros, los que estaban de pie y los caídos.
-Como ya la conoces, supongo que no es necesario decirte que Irene es una mujer formidable- su voz sonaba admirada-. No sé cómo estará ahora, pero cuando yo la conocí era la simple y encantadora promesa de una belleza futura- le sonrió a Tyki fugazmente antes de volver a sus estanterías-. Estaba a punto de cumplir diecisiete años.
Interesado en el relato y en la manera en que sería contado, Tyki se volvió para seguirlo con la mirada mientras cogía un libro y empezaba a pasar páginas lentamente.
-El primer día que la vi, ya sabía de su existencia. Mis colegas me la habían mencionado. No todos los días tenemos una alumna tan joven y brillante. Era una estudiante ejemplar, responsable, eficiente, pero con chispa suficiente como para presentar trabajos originales e innovadores. No diré que era un genio, pero desde luego tenía un talento notable.
-Suena bastante a la Irene que yo conozco- concedió con una mirada entre dulce y molesta.
-No lo sé. Supongo que la seduje. Tal vez lo hizo ella. Con el paso del tiempo había aprendido a admirarme, y su fascinación por mí me tentaba terriblemente- suspiró casi con nostalgia, pero su rostro seguía frío como el hielo cuando se sentó otra vez tras su escritorio y su sonrisa, que volvió a mostrar, igual de gélida-. Un día le dije que viniera a mi tienda a ver unas herramientas de piedra que habíamos encontrado. No sé si las hubiera encontrado usted interesantes, para mí sinceramente eran poca cosa, pero ella las acogió con mucha alegría. Era su primera excavación, después de todo. Empezó a hacerme preguntas con entusiasmo y yo respondí algunas, pero de pronto me harté de soportar su charla incesante y... Bueno- se encogió de hombros-. No fue su primera vez, definitivamente.
-¿Ella no lo rechazó?- inquirió incrédulo.
-No. Quizás intentó resistirse al principio, pero no tenía ninguna posibilidad. No está bien que yo lo diga, pero soy un hombre bastante atractivo. Y ella me admiraba.
Tyki tenía que admitir que sonaba verosímil.
-¿Qué pasó a partir de entonces?
-La tomé como mi protegida. Eso y el nombre de su tutor le habría las puertas a todas partes.
-¿Por qué lo hiciste?
Isaac se acarició la barbilla.
-Por qué lo hice... Interesante pregunta. Se nota que eres profesor de filosofía. Tenía curiosidad, supongo. Quería ver en qué clase de mujer se convertía.
-Era peligroso para ti, salir con una alumna.
El otro descartó el peligro.
-Su reputación estaba fuera de toda sospecha, y la mía igual.
-Pero hubo rumores.
-Más adelante. Ella ya había abandonado la universidad.
Tyki sonrió, sacando un pitillo y encendiéndolo.
-Y sin embargo los rumores casi terminan con tu carrera, ¿verdad? Un precio muy alto para tener a una estudiante en la cama.
-Los rumores son sólo eso.
-Pero estos eran ciertos.
-Sólo en parte. La realidad era menos romántica de lo que se decía. Para mí, al menos. Para ella, supongo que todo era muy romántico.
-¿Por qué terminó?
Isaac sonrió.
-Digamos que mi curiosidad se vio satisfecha.
-Ya veo... - se levantó- Eres un hombre interesante, Isaac.
-Tú también.
-¿Eres consciente de la información que me has dado?
-Soy consciente de que nadie más que nosotros la conoce.
-Cierto. Hasta otra ocasión, entonces.
Se encaminó hacia la puerta, pero se volvió al oír que Isaac lo llamaba.
-Tyki. Me gustaría saber qué harás con esto. Sé perfectamente que el instituto no tiene nada que ver- el aludido soltó una carcajada.
-Fue una excusa bastante mala, lo admito.
-Sí. Pero debes tener un motivo.
Dudó con la mano en el pomo de la puerta.
-Curar mi orgullo, supongo- los ojos le refulgieron por un segundo a pesar de su pose relajada e indiferente.
-Ya veo- Isaac volvió a sonreír-. Suerte, entonces.
Era una despedida y Tyki la tomó como tal. Tenía mucho que contar a Road y Allen.
-Clara, ¿qué pasó para que no quieras contármelo? ¡Llevas así desde que volviste!- Rossanna le dio un codazo que casi la tira de lado en la cama-. Me parece muy mal que no me cuentes qué pasó cuando Lasi me sacó a patadas de ese salón tan pijo.
-Es que no pasó nada, de verdad. Ya te lo he dicho mil veces.
-Sí, claro, y voy yo y me lo creo. Te quedas con ese buenorro que te cagas a solas, llorando, temblando como una gelatina y más mona que un peluche después de humillarlo públicamente (bueno, con público más bien) y voy yo y me creo que no pasó nada, ¿de qué me ves cara, de retrasada mental?- le frunció el ceño y Clara se rió.
-Pero es que no pasó nada. Ya te lo he dicho. Me pidió disculpas y ya.
-Pues se tomó su tiempo para pedirte disculpas para ser tan elocuente, porque tardaste tres horas en volver.
Eso la hizo sonrojar.
-¡Que no pasó nada!- exclamó molesta consigo misma.
-Ya. Y ahora pareces un tomate... ¡debí haber mencionado esas putas tres horas mucho antes!- le aferró un brazo sonriendo-. Suéltalo, Clara Jefferson, o eres chica muerta.
Clara dirigió la mirada a sus manos, en ese momento entrelazadas, moviéndolas nerviosa. En ese momento recordó las últimas palabras que le había dirigido Kanda antes de salir de la habitación y se ruborizó todavía más. Rossanna lo notó y alzó una ceja, aguantando las ganas de reírse por la expresión en el rostro de su amiga.
-Uy, uy, uy... Clara, que estoy empezando a pensar cosas...
-¡No pienses nada raro!
-A ver, cálmate, no te vaya a dar un telele.
-Sí, ya, como el otro día.
-¿Cómo dices?
-Ay, fue eso por lo que volví más tarde, ¿vale? Porque me... desmayé... Supongo que fue demasiada presión para mí y hace poco estuve enferma y... bueno...- respiró-. Me desmayé y él me llevó a la habitación de sus padres, ¿vale? Se quedó conmigo hasta que me desperté la primera vez...
-¿La primera vez?
-Y la segunda... también... Estuve durmiendo como una hora, creo. Luego ya me despertó y me fui.
-¿Eso es todo?
-Eso es todo.
-¿Nada más?
-¡Que no!
-¿Y entonces por qué acabas de ponerte como un tomate cuando has agachado la cabeza?
-No... yo no...
-Venga, no me jodas, que te he visto.
-Bueno, no fue... nada del otro mundo... sólo... sólo me dijo que tengo las manos muy pequeñas.
-¿Que tienes las manos pequeñas?- rió-. ¿Se ha fijado en tus manos? Vaya, a ver si le vas a...
-No lo creo- se apresuró en responder, recogiendo las manos contra su vientre. ¿Por qué acababa de sentir un pinchazo en el pecho?
-¿Y tú que sabes? Los chicos son impredecibles completamente- le dio un golpecito algo brusco en la pierna-. Fíjate, por ejemplo, en mi novio. Jamás hubiese pensado que se podría llegar a fijar en alguien como yo.
-¿Qué quieres decir?
-Reconozcamos que no soy la más delicada flor de este jardín- ironizó-. Y él es... bueno... es...- Clara se sorprendió al ver que se ruborizaba un poco- es un cielo de niño... Muy bueno, muy dulce y cariñoso, atento, entregado, soñador...
-¿En serio?- no pudo evitar la pregunta.
Rossanna gruñó, y eso la hizo reír.
-Sí. Somos polos opuestos, como puedes ver. Yo una vaca burra y el casi un ángel.
-Rossanna... yo... no creo que una vaca burra describiese a su novio como un ángel...
No pudo reprimir una risa de nuevo al ver que se sonrojaba tanto como ella, le dio la impresión incluso de que más.
-Bueno... pues eso...
-¿Cómo os conocisteis?- preguntó, curiosa.
-Fue hace unos... dos años... Íbamos al mismo instituto, antes de que me trajesen a este... Éramos compañeros de banca... Yo empecé tratándole como a ti, pero... era tan...- suspiró-. Fue un liante- rió-. Empezó hablándome de una de sus tonterías frikis y acabamos liados en una discusión sobre quién era el mejor luchador del Tekken, y luego fuimos desvariando en tal cual... Al final acabamos haciéndonos amigos, y bueno... ya ves cómo... acabamos...
Clara sonrió.
-Qué mona.
-¡Ni de coña! ¡Venga, tú también no! Lo que me faltaba- giró la cara bruscamente-. El otro igual...
-Lo siento.
-Bah, no te preocupes. Vendrá ahora- dijo de pronto.
-¿Qué?
-Sí, por eso te estaba metiendo prisas, chatita. Así que como te decía, ¿tú qué sabes si le gustas o no? ¿Y ese bufido?
-Pensé que te habías ido del tema.
-No tanto- rió-. Seré una Terrier pero tengo buena memoria- se golpeó la sien con los dedos.
-Igualmente no lo creo- murmuró-. Él es tan frío y altivo... Y yo tan poco cosa...
-¡Y una mierda poca cosa! ¡Si el otro día parecía acojonado cuando le dejaste las cosas claras! Madre mía, poca cosa dice... A ti lo que te pasa es que necesitas más seguridad en ti misma, más empuje... Como el otro día, cuando le pegaste a la zorrita rubia... Eso también estuvo genial... Necesitas sacar el mal genio que tienes en pequeñas dosis.
-Pero...
-No dejarás de ser tú por tener un poco más de empuje con las cosas.
-Si tú lo dices- murmuró, no muy convencida.
La observó mirar el móvil con inquietud y sonrió débilmente. De pronto la pantallita se encendió y Rossanna ahogó un gritito. Se levantó corriendo de la cama y salió de la habitación como alma que lleva el diablo. Clara la siguió por curiosidad, y contempló perpleja como se echaba encima de alguien- su novio, supuso- casi tirándolo al suelo, y escuchó una risilla suave y encantadora. Cuando se dieron la vuelta, Clara entró en la habitación y ocupó su sitio, entrelazando sus manos.
-¡Y esta es Clarita!- la voz de Rossanna parecía más satisfecha y feliz que nunca.
Entró acompañada de un muchachito algo más alto que ella y delgado. Tenía un rostro muy suave y una sonrisa muy dulce, ojos de color miel cubiertos por unas pequeñas gafitas y una nariz respingona y simpática. Vestía muy informal, con una camiseta de un verde claro, unos vaqueros algo desgastados y las rodillas rotas y unas converse negras. Llevaba un bolso cruzado con la correa llena de chapitas.
Sonrió a Clara con amabilidad y la chica sintió que era imposible que nadie pudiese odiar al muchacho que tenía delante de sí.
-Hola- saludó alegre y de un modo más entusiasta de lo que hubiese esperado, con una vocecilla tibia y agradable-. Me llamo Joshep, pero mis amigos me llaman Joey.
Clara se levantó y le estrechó la mano con algo de timidez. El chico, sin embargo, tiró de ella y la abrazó, plantándole dos sonoros besos en las mejillas, sonriéndole todavía cuando se separaron.
-Clara- dijo ella muy aturdida-. Me llamo Clara.
-Lo sé, lo sé. Ross habla mucho de ti últimamente.
"¿Ross?"
-Ah... Sí...- musitó sin saber qué decir.
Joey se sentó en el suelo de la habitación, cruzando las piernas y sonriéndole a su novia.
-Es mucho más mona de lo que decías, que lo sepas- se rió, y Clara notó que la risa hacía juego con todo el resto de él, era dulce como el azúcar y muy agradable. Ciertamente parecía alguna clase de ángel, un ángel pequeño e inquieto.
-¿Más?- Rossanna bufó instalándose junto a él-. ¡Pero si dije que era la cosa más mona que había visto en mi vida!
-Pues eso, ¡te faltó decir que era la más mona que verías!- le dio un rápido beso en los labios que le borró el ceño de un plumazo.
-Ah...- Clara estaba como un tomate-. Creo que... Yo...
-Tú nada- interrumpió Rossanna-. Ahora que tenemos aquí un hombre para dar su opinión... Estábamos hablando de chicos, Joey.
-Oh-oh...
-Nada de "oh-oh"- le dio un golpe juguetón que casi lo tumba-. Intento convencer a Clara de que uno de sus amigos está loco por ella.
-¡Rossanna!
-¿Y tú por qué crees que no?- preguntó Joey mirándola inocentemente a través de sus gafas.
-Yo... Porque... ¡No lo sé!- exclamó desesperada.
-¿Ves? Eso es porque tengo razón, podría decir unas...
-Ross...- suspiró y le sonrió con dulzura-. ¿Dejas hablar a Clara, por favor?
-Ah, sí. Claro. Perdón. Es que me emociono.
Se sonrojó un poco haciendo que su amiga se preguntase si siempre era tan distinta cuando estaba Joey con ella.
-Porque Kanda es... es... Imponente y... Yo soy... pequeña y... Él no piensa en esas cosas- terminó tajantemente.
-Ya veo. Si te consuela, a mí me pareces capaz de hacer pensar en esas cosas a cualquiera- expuso con sencillez.
Clara se sorprendió al no sonrojarse. Lo había dicho con tal calidez que no le había sonado intimidante ni incómodo, simplemente amable, y se sintió sonreírle como si lo conociera desde hacía tiempo.
-Gracias.
-¡Pero a Clara sí que le gusta! Estoy segura.
-¿Por qué?- gimoteó la rubia-. ¡No entiendo por qué tiene que gustarme uno de los dos!
-Pues porque están buenísimos, con perdón, Joey, pero tenerte a ti no me quita los ojos de la cara.
-No, si da igual, ya estoy acostumbrado- respondió riendo.
-Eres... eres muy majo- comentó Clara sintiéndose cohibida justo al terminar de hablar. No estaba acostumbrada a soltarle cumplidos a nadie.
-Gracias, tú también.
-¡Bueno, venga, venga!- intervino Rossanna moviendo los brazos como ahuyentando algo-. ¡Que me estáis llenando el aire de flores y corazoncitos, y tengo un límite de tolerancia al azúcar en la sangre!
Los otros dos se rieron ante tal declaración.
-Estás loca...- afirmó Clara secándose las lágrimas-. Ay, fue malísimo, pero me hizo mucha gracia.
-Es que lo dijo tan seria- ensalzó Joey.
-¡Porque era cierto! Sois demasiado monos los dos. Yo me largo.
Se levantó e hizo como que se iba antes de volver riéndose también.
-Podéis ir a pasear o lo que queráis- dijo Clara alegremente-. Yo tengo cosas que hacer de todas formas.
-Vaya por Dios, la reina Clara acaba de despacharnos con tacto y diplomacia- gimoteó Rossanna.
-Y todo para librarse de que la interrogues- Joey se rió otra vez-. No sé por qué podría querer tal cosa, ¿eh, Ross?
-¿Por qué tengo la impresión de que acabas de tirarme la bronca?- inquirió entrecerrando los ojos-. Bien orgullosa que estoy de intentar que Clarita se espabile, que parece que si no la empujas no va.
-¡Rossanna!- exclamó como de costumbre-. Venga, id a dar una vuelta, que se os hace tarde.
-Vale, vale- aceptó Rossanna levantándose para darle un beso-. Pero que sepas que no te libras tan fácilmente.
-Ya- le salió tan resignado que le hizo gracia.
Joey también se acercó para darle dos besos y luego cogió la mano de Rossanna.
-Nos vemos, Clarita- saludó mientras la pelirroja lo arrastraba sin darle apenas tiempo a despedirse.
