Muchas gracias a nany weasley y a magico Hogwarts por sus reviews el capítulo pasado. No te preocupes nany, aunque a veces tarde en actualizar esta historia no se acaba hasta que se acaba :) En cuanto a mágico, lo único que puedo decir es que a veces tengo muchas más cosas que me absorben y no pudiera actualizar tan pronto como yo mismo quisiera, pero bueno, siempre me alegra saber que la historia les sigue gustando.
Ahora es tiempo de volver a Hogwarts.
36. Ya veremos
—¡Estás muy animado! —comentó Albus a William mientras se dirigían al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras.
—Bueno, no sé... es un día bastante hermoso, ¿no? —comentó el chico Jacot sonriendo.
La verdad es que el chico tenía razón. La nieve ya se estaba fundiendo y el sol volvía a asomarse por los terrenos del castillo brillando con fuerza. La primavera ya estaba prácticamente sobre ellos.
—No creo que sea todo —comentó Albus. La verdad es que no recordaba haber visto a William tan feliz.
—Quizás sean sus estupendas actuaciones en el club de duelo —comentó Peter.
Y la verdad es que el chico Jacot lo había estado haciendo estupendamente en el club de duelo. Podía batir a su hermano gemelo con facilidad. El mismo Albus se había enfrentado en una ocasión a él, y aunque Albus se había esforzado al máximo el chico Jacot lo había derrotado después de un duro esfuerzo.
—¡Como sea! —exclamó William—. Lo importante es que estamos a punto de terminar el segundo trimestre y vamos de maravilla, ¿qué no?
—Habla por ti —exclamó Peter molesto de repente—. No creo que me esté yendo precisamente bien en Historia de la Magia ni en Pociones. Creo que en las demás la voy llevando.
—Bueno Peter, tampoco te deberías sentir tan mal —opinó Rose—. Es cierto que esas materias te cuestan trabajo, pero no creo que vayas tan mal como para reprobarlas.
—Eso me recuerda —comentó Albus—. Ahora que se aproximan las vacaciones de Pascua será cuando tengamos que elegir nuestras optativas, ¿verdad?
—Albus, ¿hablo de mis problemas presentes y tú quieres que piense en los futuros? —inquirió Peter con el ceño fruncido.
—Vamos Peter —dijo William—. Quizás resulte que en alguna de tus optativas seas mejor que en las materias que tenemos ahora. Podría resultar que fueras tan bueno como lo eres para el vuelo.
—Ay, eso me gustaría bastante —concedió el chico Thomson mientras recordaba el fin de semana pasado, cuando había salido a volar con Albus, Scorpius y Justin. Peter realmente disfrutaba de montarse a su escoba y disfrutar cualquier juego que se les ocurriera a sus amigos.
Los chicos llegaron al salón, donde ya se hallaban algunos de sus compañeros y para su sorpresa David Jacot se encontraba sentado detrás del escritorio.
—¡Papá! —exclamó sorprendido William mientras entraban en el salón.
—Hola chicos —los saludó David Jacot con una sonrisa—. ¿Qué tal va el día?
—¿Y el profesor Potter? —inquirió Peter.
—Tuvo que dejar Hogwarts por un asunto familiar —comentó el profesor—. Supuse que ustedes estarían mejor enterados que yo —prosiguió mientras miraba significativamente a Albus y a Rose—. Yo solo sé que la profesora McGonagall me pidió hacer una sustitución de emergencia aprovechando que me hospedo en Hogsmeade. Me dijo solamente que el profesor Potter no podía cubrir sus horarios del día de hoy por una emergencia familiar.
Rose y Albus se miraron alarmados. ¿Qué habría ocurrido con su familia? ¿Y por qué nadie les había avisado de ello?
—Estoy seguro que si fuera algo grave también les habrían avisado a ustedes, y más considerando que no tienen pocos primos en Hogwarts —expresó el profesor Jacot—. Así que ¿les parece si toman asiento para poder comenzar la clase?
Los chicos se dirigieron hacia sus asientos, aunque lo cierto es que mientras Albus tomaba asiento detrás de su prima no dejaba de pensar en que podría haber ocurrido para que su padre tuviera que ausentarse de Hogwarts. ¿Les habría pasado algo a su madre o a su hermanita?
—Bueno, como estaba comentando con sus demás compañeros, el profesor Potter no dejó en este caso notas sobre lo que estaban viendo —dijo David.
—Estábamos viendo maldiciones menores —contestó inmediatamente Rose.
—¿Así que finalmente movió los planes del profesor Alexo? —inquirió David Jacot.
—De hecho, creo que ha sido un asunto extraoficial —respondió William—. Por lo que yo sé oficialmente todavía no deberíamos estar viendo aquello, pero después de que usted nos diera la clase teórica sobre maldiciones el profesor Potter decidió comenzar a instruirnos en el tema a nivel práctico.
—Okey, ¿y qué maldiciones han visto? —preguntó el profesor Jacot.
Se hizo un poco de revuelo, ya que todos empezaron a hablar en voz alta sobre las maldiciones que habían revisado en clase, cada una con su respectiva contramaldición.
—Pues parece que van bien, considerando que son alumnos de segundo curso —opinó el profesor Jacot—. Bien, pero ¿se han puesto a pensar en qué caso tendrían que hacer uso de ellas?
—Pues si alguien nos ataca con la maldición, ¿no? —respondió Zac.
—Hablo de las maldiciones señor Flaherty, no de las contramaldiciones —repuso el profesor.
Un silencio sepulcral siguió a esa declaración.
—¡Pero no lo haríamos! —exclamó sorprendida Susan.
—¿Está segura señorita Mayer? —cuestionó el profesor—. ¿Acaso ya olvidaron lo que les dije la primera vez que tocamos el tema de las maldiciones?
—Usar una de esa clase de maldiciones podría acarrearnos un castigo por parte del jefe de nuestra casa —repuso Natalie.
—Pero yo no hablo de asuntos escolares —refutó el señor Jacot—. O quizás no específicamente. Es cierto que podrían usar alguna en cuanto terminara la clase sobre algún chico que pasara por el pasillo que no les cayera demasiado bien, pero por eso creo que deben pensar cuándo utilizarían ese tipo de hechizos.
—Creo que en lo personal solo las usaría si mi integridad se encuentra en peligro —se adelantó William—. La mía o la de alguien a quien de verdad aprecio. Si la maldición fuera el camino más seguro para reducir a la persona o criatura que nos amenazase la utilizaría.
Aquello hizo que Albus se pusiera a pensar. La verdad estaba de acuerdo con William. Si supiera que efectivamente alguien les estaba haciendo daño a su madre o a su hermana le gustaría lanzarle todas las maldiciones conocidas.
Por su parte, el chico Thomson soltó una ligera carcajada, la cual se oyó perfectamente mientras los demás reflexionaban sobre las palabras de William.
—¿Se puede saber qué es tan gracioso, señor Thomson? —preguntó el profesor amablemente.
—¡Ay! —exclamó Peter algo abochornado—. No es nada. Es solo que recordé que hace un año le pedí a Rose que me enseñara alguna buena maldición para poder utilizarla sobre un profesor solo para no tener clases.
Los demás chicos también rieron con aquella declaración, al igual que el profesor.
—¿Y se puede saber sobre cuál profesor querías utilizar una maldición? —inquirió David cuando finalizó su carcajada.
—Es asunto clasificado profe —contestó el chico Thomson.
— —
—Vamos Albus anímate —le dijo Rose mientras se dirigían al Gran Comedor para la comida acompañados de Peter. William se había desviado diciéndoles que necesitaba ir al baño—. El profesor Jacot tiene razón. Si se tratara de algo grave seguramente estaríamos enterados, o si no al menos alguno de nuestros primos.
—Y la verdad es que no veo a ninguno de los Weasley preocupados —comentó Peter mientras llegaban a la mesa de los leones.
Albus levantó la mirada. Su hermano mayor y primos parecían estar disfrutando de la comida, sin preocupaciones por los familiares fuera del colegio. Quizás su prima tuviera razón y estaba sobreactuando. Así que decidió dejar de lado las preocupaciones y comenzó a comer. Mientras comía escuchó como Peter discutía con sus compañeros de dormitorio las posibilidades que tenía Gryffindor de ganar la copa de quidditch tras la victoria sobre Hufflepuff que habían conseguido a finales de febrero.
—Todo dependerá de como vaya el partido de Ravenclaw contra Slytherin el próximo fin —dijo Arthur—. Si ellos también ganan la tendremos difícil. Creo que en ese caso si tenemos suerte podría haber un partido de desempate.
—¿Se imaginan lo maravilloso que sería que hubiera un partido de desempate al final? —preguntó Peter esperanzado—. Siete partidos en lugar de seis. Sería un sueño hecho realidad.
—¿Alguna vez se ha requerido un partido de desempate en la liga de Hogwarts? —preguntó interesado Zac.
—No desde 1984 —contestó Peter—. Cuando el equipo de Gryffindor y Ravenclaw resultaron tener los mismos puntos finales tras dos victorias y una derrota. Fue bastante curioso, porque ambos equipos tuvieron que enfrentarse cuando recién se habían enfrentado en el que supuestamente sería el partido final de la temporada.
—¿Cómo sabes eso? —inquirió Arthur sorprendido.
—Está en el capítulo sobre quidditch de Historia de Hogwarts —contestó el chico Thomson—. Rose me lo prestó. Fue el único capítulo que leí de esas mil páginas.
—Hola —saludó una voz familiar detrás de los chicos.
Justin se encontraba de pie justo detrás de Rose. Antes de que alguno de sus amigos pudiera regresarle el saludo continuó:
—¿Y mi hermano?
—Supuestamente fue al baño —le contestó Rose mientras miraba su reloj—. Sin embargo, ahora que lo dices ya se tardó demasiado.
—¿En serio? Eso no puede ser bueno —contestó Justin mientras volteaba a ver hacia la entrada—. ¿No saben a que baño iba a ir?
—Nos separamos en el pasillo de la biblioteca —le contestó Rose—. Supongo que iría al más cercano, aunque no puedo asegurarlo.
—¿No crees que William ya está un poco grandecito para cuidar por sí mismo? —inquirió Peter con la boca llena de pollo.
—Lo que me preocupa es que Towers, Bush y McFly tampoco han llegado a la comida —contestó Justin—. Solo se encuentran presentes Jason y Timber de su bandita.
—No creo que le hayan hecho algo a William —contestó Albus—. Quizás decidió pasar a la biblioteca. El profesor Sinclair acaba de dejarnos un trabajo sobre la gradual proscripción de la magia en el mundo muggle —comentó Albus—. Es para dentro de dos semanas, pero ya sabes que es la asignatura favorita de William.
—Espero que sea eso —comentó Justin mientras volvía a ver hacia la puerta del Gran Comedor.
—Por cierto, ¿y Scorpius? —preguntó Rose.
—Lo castigó el profesor Longbottom —comentó Justin—. No creo que tarde. Lo dejó regando las plantas del invernadero uno. Y bueno, ya se imaginarán cuál es su plan.
—Yo no podría hacer algo como eso —comentó Albus mientras se imaginaba lo fácil que sería para Scorpius regar todas las plantas con los poderes que tenía sobre el agua. No se le ocurría que pudiera hacer nada similar con sus poderes sobre el fuego.
—Bueno, cada quien lo suyo —opinó Peter.
Justin se retiró nuevamente a la mesa de Slytherin, y después vieron como Scorpius entraba en el salón y lo alcanzaba. Sin embargo, William seguía sin aparecer.
—Casi es la hora de Transformaciones —comentó Albus mientras miraba su reloj—. No es normal que William se salte una comida.
—Ya lo sé —comentó Rose mientras miraba hacia la puerta, sin embargo, ya no había alumnos que estuvieran entrando en el Gran Comedor, solo que salieran—. Lo mejor será que vayamos al aula de Transformaciones. Esperemos encontrarlo ahí.
Los tres Gryffindor salieron del Gran Comedor rumbo al aula de Transformaciones. Al pasar por el vestíbulo vieron a Bush y McFly que salían de las mazmorras, y después mientras subían se encontraron con Alice que bajaba en compañía de Madonna McGonagall. Se pararon un momento para charlar con ellas, ya que las chicas iban a su clase de Herbología tras haber pasado por la biblioteca después de la comida. Alice hizo el comentario de que no habían visto a William en la biblioteca mientras cerca de ellos pasaban James con sus dos amigos y en dirección contraria Mark Towers, quienes les lanzó una mirada asesina pero afortunadamente no hizo nada más, ya que los chicos se hubieran encontrado en la línea de fuego en caso de un enfrentamiento.
—Lo bueno es que nosotros no atacamos cuando tenemos clara ventaja númerica —dijo Isaac Zafron en voz muy alta mientras Towers bajaba las escaleras.
Los tres Gryffindor se despidieron de las Ravenclaw, y retomaron su camino al aula de Transformaciones.
—Okey, me estoy preocupando —comentó Rose mientras llegaban al pasillo del aula—. ¿Creen que le haya pasado algo?
—Quizás otra vez está en el baño practicando eso de la congelación —dijo Peter—. Solo esperemos que no se le olvide la clase después.
Sin embargo, para sorpresa de los chicos, William se encontraba ya en el aula de Transformaciones. El chico se encontraba sentado cerca de una ventana, contemplando el paisaje con expresión soñadora.
—¿Dónde te habías metido? —le preguntó Rose mientras caminaban hacia él.
—Eh... Estaba en la biblioteca —contestó William—. Pasé a realizar el trabajo de Historia de la Magia.
—¿En serio? Porque nos encontramos a Alice viniendo de ahí y dijo que no te había visto —comentó Peter.
—Ah... Pues quizás fuera que no estábamos en los mismos pasillos —respondió William mientras se pasaba una mano por el cabello.
En ese momento la profesora Phoe entró en el aula, llevando una pequeña caja llena de gusanos.
—Muy bien chicos —anunció la profesora—. Necesito que saquen sus varitas y guarden todo lo demás. El día de hoy tendremos una clase práctica. Empecemos por el principio. ¿Quién recuerda cuál es el fundamento principal de la conversión de seres vivos?
Inmediatamente Rose levantó la mano. Y así dio comienzo la clase de Transformaciones de aquel día.
— —
—Muy bien hecho señor Dursley —comentó el profesor Fromm—. Eso se merece cinco puntos extra para Hufflepuff.
Sandy le aplaudió a su amigo al igual que el resto de sus compañeros de clase, aunque Harry no aparentó emocionarse ante el gesto, por lo que la chica rápidamente dejó de aplaudir. Cada vez se hacía más difícil llevarse bien con su amigo. La mayoría de las veces como una buena amiga intentaba alegrarse porque Harry hubiera mejorado de manera tan notable en las clases, pero otras extrañaba al chico de buen humor, alivianado y despreocupado que solía ser Harry (excepto cuando llegaba la hora de los exámenes). Y cada vez lo echaba más de menos. No podía engañarse a sí misma como lo hacía con los demás.
La clase de Encantamientos de los Hufflepuff terminó, y antes de que Sandy pudiera hacer algo Harry le dijo que necesitaba ir a la biblioteca. Así que la chica se quedó con el resto de sus compañeros, con quienes bajó hacia el Gran Comedor para ir a cenar. Iba platicando con ellos, aunque con ninguno de ellos tenía la relación que había cultivado en el pasado con el chico Dursley.
—¡Sandy! —oyó una voz que le gritaba.
La Hufflepuff volteó la cabeza, y luego espero con una sonrisa a que Alice y Madonna McGonagall la alcanzaran, dejando que sus compañeros de casa se adelantaran.
—¿Cómo están? —preguntó educadamente Sandy cuando las otras dos la alcanzaron.
—De maravilla —contestó Alice muy sonriente—. ¿A qué no adivinas quién me saludó hace rato en el pasillo?
—A juzgar por tu sonrisa diría que fue James Potter —respondió Sandy sonriendo también.
—Sí —confirmó Alice muy emocionada.
Madonna rió ligeramente por su lado.
—Por cierto Madonna, ¿hay un chico que a ti te atraiga? —preguntó Sandy mientras las tres chicas se encaminaban hacia el Gran Comedor.
—No —contestó Madonna, aunque lo hizo con voz ligeramente temblorosa y mientras dejaba que la cortina de su cabello se interpusiera entre ella y las otras dos—. ¿Y a ti Sandy?
—Pues tanto como gustarme no, la verdad es que no —confesó la chica Smith—. Ha habido chicos que me han parecido simpáticos, pero ninguno con el que crea llegar a algo más, me parece.
—A mí me encantaría tener algo más con Potter —comentó Alice en tono soñador.
—¿Potter? —inquirió una voz detrás de ellas.
Las chicas voltearon la mirada, y vieron a Foster que salía de detrás de un tapiz. Evidentemente había escuchado lo que había dicho Alice.
—¿De cuál de los Potter hablas? —inquirió el chico claramente enojado.
—¡Eso no es asunto tuyo Foster! —exclamó Alice en tono altivo.
—Por supuesto que lo es —contestó el Ravenclaw—. ¿Me estás diciendo que me dejaste para cambiarme por tu amiguito escuálido de ojos verdes?
—¡Albus no es ningún escuálido! —saltó inmediatamente Sandy.
—Como sea, no es de Albus de quien estoy hablando —dijo Alice—. Si tanto quieres saberlo, hablaba de James Potter, buscador del equipo de quidditch de Gryffindor. Él sí es alguien con el que ni siquiera tú puedes competir, por mucho que piensen que eres el chico más guapo de tercer año.
—Eso lo veremos —contestó Tommy antes de perderse por otro tapiz.
—¿A qué crees que se habrá referido con que lo verán? —inquirió Sandy preocupada.
—No tengo la menor idea —contestó Alice—. Pero tampoco me importa. Si planea hacerle algo a James ya quiero ver si realmente lo consigue. Como si él no fuera un mucho mejor mago que este idiota.
—Bueno, pues esperemos que no sea nada grave —dijo Madonna mientras las chicas retomaban el camino al Gran Comedor.
