DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
¿ DIFERENTES ?
CAPITULO 37
- Bella, cariño – saludó mi madre caminando hacia mí para abrazarme
- Hola, mamá
- Os estábamos esperando
- Sí – reconocí – Nuestro vuelo se retrasó una media hora, más o menos – expliqué soltándome de su agarre para abrazar a mi padre – Hola, papá
- Hola, cielo. Te echábamos de menos.
- Y yo – aseguré
Edward, que había bajado nuestras maletas con ayuda de Alec, se acercó a nosotros.
- Mamá, papá, éste es Edward – dije poniendo mi brazo alrededor de su cintura a la vez que él hacía lo mismo – Edward, ellos son mis padres, Charlie y Renée.
Estiró su mano para estrechar primero la de mi padre y luego la de mi madre.
- Señor Swan, señora Swan – saludó con formalidad – Encantado. Os agradezco que me hayáis invitado.
- Es un placer – dijo Renée mirándolo escrutadora
- No tienes por qué – aseguró Charlie – Es un placer para nosotros que Bella te invitara.
- Bella, cariño – acotó mi madre – Serviremos la comida en una media hora. Si queréis instalaros antes de comer, podréis también refrescaros.
- Sí, mamá, lo haremos, gracias.
- Os hemos instalado en la casa pequeña, con Alec y su amigo Laurent. Hay habitaciones suficientes.
- Gracias, mamá.
Nos despedimos para ir a la casa y desempacar las maletas.
- ¿Hay habitaciones suficientes significa que no vamos a compartir habitación? – murmuró Edward en mi oído cuando nos alejamos
- Eso es lo bueno de estar en una casa independiente. Nadie sabrá si compartimos o no habitación.
- Ah, gracias... – suspiró con alivio divertido – ¿Tus padres creen que no dormimos juntos?
- No. Puedes estar seguro de que lo saben, pero hay que guardar las apariencias.
- Ah, entiendo.
La "casa pequeña", cómo le llamábamos, solía avergonzarnos a Alec y a mí, mas no así al resto de mi familia.
Familias enteras vivían todo el año en viviendas de una cuarta parte del tamaño de la "casa pequeña".
Tenía 200 metros cuadrados y cuatro habitaciones, cada una con su respectivo baño y vestidor.
Una sala con tres sofás enormes frente a un hogar que acostumbrábamos mantener encendido durante toda nuestra estadía.
La cocina con un desayunador lo suficientemente grande para albergar a seis personas, y una cocina de seis fuegos.
No en vano, había sido la casa que había utilizado mi familia hasta que Charlie heredó la propiedad al morir la abuela Marie, cuando yo tenía doce.
Sólo entonces Renée se atrevió a criticar el tamaño de la casa y obligó a Charlie a realizar una oferta millonaria por los terrenos vecinos.
Entonces tiraron abajo la propiedad vecina y construyeron la "casa grande".
La casa grande mantiene el estilo de típica casa de montaña, situada a la ribera del río Roaring Fork y junto al bosque.
Con 600 metros cuadrados, tiene seis dormitorios, entre ellos la suite principal que da acceso a un patio al aire libre donde instalaron un jacuzzi.
Nos encantaba meternos en el jacuzzi, rodeados del burbujeante agua caliente y con el paisaje nevado alrededor.
Más allá de lo habitual, la casa grande cuenta con una sala de cine, una sala de juegos con billar y una barra de bar.
Y desde luego, la piscina cubierta climatizada.
Tal vez demasiado para una casa que suele utilizarse no más de cuatro o seis semanas al año. Pero desde luego, no menos de lo que Renée estaba dispuesta a aceptar.
- Si ésta es la casa pequeña, supongo que necesitaré un GPS antes de pisar la grande – comentó Edward burlón cuando Alec le hizo un rápido tour por la casa
- No te preocupes. No necesitarás conocer más que el comedor y la sala de billar.
- También hay un billar aquí – acotó Laurent – Pero tal vez podrías conocer la sala de cine.
- Hay una sala de cine – murmuró
- No dejes que te amedrenten unas pocas habitaciones superfluas – aconsejé sintiendo vergüenza de mí y mi familia
- No me amedrentan – aclaró – Sólo me cuesta un poco entender que sea necesaria una sala de cine para una casa de vacaciones.
- Es ridículo – aseguró Alec – Bells, ¿cuántas veces utilizamos la sala de cine?
- Sólo recuerdo la inauguración – confesé
- Es verdad que la pantalla es genial, pero las butacas, aunque son más cómodas que las de un cine comercial, no se comparan a tumbarte en un sofá
- Lo imagino – reconoció Edward
- Pero Renée no podía ser menos que Shelley Mallory y su pantalla de noventa pulgadas
- Una buena razón para tener una sala de cine – se burló Edward y todos reímos
Estaba a medio vestir cuando Edward salió del baño vestido sólo con unos bóxer blancos y secando su cabello con una toalla.
Y que alguien me explique en qué coño estaban pensando los de Emporio Armani, cuando contrataron a David Beckham para sus anuncios de ropa interior.
Eso es porque no se habían cruzado con Edward Cullen.
Yo, sentada sobre la cama, vestida solamente con mis vaqueros y el sujetador negro de encaje, no pude apartar la vista de sus abdominales.
- Mmm, necesitaba esa ducha – comentó sentándose en la cama junto a mí
- Yo también – reconocí enlazando los cordones de mis botas de piel
- Estás preciosa – murmuró rodeando mi cintura desnuda y acercándome a él
Le empujé sobre la cama y me tumbé sobre él para besarle con desesperación.
Llevó sus manos al broche de mi sujetador y me vi tentada de dejarle continuar, aunque la cordura prevaleció.
- Ahora no, cariño – dije deteniéndole
- Uno rapidito – me tentó – Sólo déjame darte un orgasmo. Necesito saborearte.
- Mmm, me tientas – confesé en un quejido – Pero ahora no podemos, nene.
- Nadie se enterará.
- Renée debe estar mirando la hora en su reloj.
- Seré rápido.
- No, cielo – dije separándome de él que se dejó caer en la cama frustrado – Lo siento – sonreí – Te prometo que lo haremos después de comer.
- O. K. – dijo separando las palabras
- ¿Qué te ha parecido mi familia? – indagué temerosa mientras me ponía mi sweater de cashmere de Ralph Lauren
- Ya sabes que tu hermano me cae genial, y su novio también...
- No digas que es su novio fuera de aquí.
- Lo sé. Pero eso hace que no me caigan tan bien los demás. A tu hermana no la he visto pero a menos que haya cambiado mucho respecto a la última vez que la vi, creo que no me cae tan bien. Y tus padres apenas si he hablado con ellos.
- Ya. Pero después del recorrido por la casa, y de lo de la sala de cine, y la sala de billar, seguro estás más convencido de lo esnobs que podemos llegar a ser, que lo que estabas antes.
Me miró comprensivo abotonando su camisa antes de acercarse a mí y estrecharme contra él.
- Bella, nena. Es verdad que la forma de pensar de tu madre, respecto a ciertas cosas, no es la forma con la que más cómodo me siento, pero quiero que recuerdes, que no me importan ellos. No me importa nadie en absoluto más que tú. Y no te juzgo a ti por la casa que tu madre quiso construir. No te juzgo a ti, ni por tus padres, ni por tus hermanos. Sé quién eres, Bella. Sé quién eres tú y te amo por la persona que tú eres. Te amo por los valores que tienes. Te amo porque me amas sin importarte quién soy o quién no. Te amo porque amas a tu hermano sin importarte con quién haya decidido irse a la cama, aún si eso hace que tus amigos te miren diferente o hablen de él a tus espaldas. Te amo porque estás dispuesta a enfrentarte a todos y a todo para seguir el camino que te hace feliz. Te amo porque te importa un pimiento perder una casa en Aspen con un jacuzzi frente a las montañas, y una sala de cine, sólo para perseguir tu sueño de pintar, aún si eso te llevara a sobrevivir buscando muebles en la basura y comprando ropa en mercadillos.
- No llevo ropa de mercadillo – aseguré echándole una mirada a mi jersey de marca
- Pues ya la llevarás – dijo sonriendo enigmático – Te amo, nena. Te amo a ti, y nada de lo que pueda ver esta semana aquí hará que cambie de opinión.
- Lo sé, es que a veces me avergüenza ver el mundo en el que nos han acostumbrado a vivir mis padres. Mi madre sobre todo.
- Lo importante, cielo, es que tú lo ves. Ves que todo esto no es necesario para ser feliz.
- Dios, Edward – suspiré abrazándome a él – ¿Dónde estaría yo de no haberte conocido?
- Tarde o temprano habrías llegado al mismo lugar, Bella. Quizás te llevara años, pero en algún momento te darías cuenta que vivir de la forma en que lo hacías no te hacía feliz.
- ¿Crees que lo hubiera hecho? De haber seguido saliendo con mis amigas y con Jacob, ¿crees que lo hubiera hecho?
- Sí. Tal vez hubieses tardado más al no encontrar mucho apoyo a tu alrededor, pero al final lo habrías descubierto.
- Creo que me sobrevaloras.
- No lo hago. Tú te subestimas, que es diferente.
- Te amo – aseguré separándome de él para mirar su rostro perfecto
- Y yo a ti – dijo besando mi nariz – Y ahora vamos a la "casa grande" – dijo burlón – antes de que tu madre venga a buscarnos.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer.
Dejo el adelanto para el próximo capi:
- Me ha dicho Bella que eres de Washington – comentó Renée llamando la atención de Edward
- Sí. Gracias – dijo cuando mi padre le entregó su copa antes de volver la atención a Renée – Nací en Chicago pero mis padres viven en Forks, un pequeño pueblito de Washington.
- Me suena Forks – comentó Charlie – Alguien famoso vivía allí – agregó pensativo – Aunque no recuerdo quién...
- No lo creo – sonrió Edward algo sonrojado – Al menos yo no he conocido a ningún famoso.
- ¿Y a qué se dedican tus padres? – preguntó Renée retomando su conversación
- Mi padre es médico de familia en el hospital de Forks, y mi madre es marchante de arte.
- ¿Marchante de arte?
- Sí. Tiene una pequeña galería de arte en Forks.
- Oh, qué interesante.
- Una familia de artistas – replicó burlona mi hermana y eso llamó la atención de mi madre.
Besitos y nos seguimos leyendo!
