Perdón por el retraso. Tuve ucho trabajo y después de vacaciones con mi famillia. Trabajé un poco en el capitulo durante esos días, pero también ellos necesitaban algo de mi tiempo. Espero que les guste. Tengo todo pensado. Espero hacerlo más rápido la próxima vez. Ch 38 No aguanto las pesadillas

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Entro en el claro del bosque y Rue yace allí, atrapada en una red, una lanza enterrada profundamente en su panza. La sangre alrededor de la herida me hace querer vomitar, pero cuando ella habla, su voz es sorprendentemente suave.

- ¿ Por qué me dejaste morir?- Rue me pregunta- Confié en tí. ¿Por qué no me protegiste? ¿Por qué me abandonaste?

Quiero responderle, quiero decirle que intenté lo mejor que pude, quiero decirle cuánto lo lamento, pero las palabras no se forman en mi garganta. Solo estoy de pie frente a ella silenciosa mientras la dulce Rue reprendiéndome por su muerte.

- Tú me abandonaste. Tú me dejaste morir. Tú conseguiste banquetes, cenas, premios, una de las casas más grandes en el Distrito 12 y más dinero que cinco comerciantes y todo porque me dejaste morir. Me dejaste morir. Me dejaste morir. Me dejaste morir. Me dejaste morir …

Y de repente no es la dulce Rue la que yace en la red, ahora esto es una bestia mutante parecida a un lobo con piel oscura y los grandes ojos negros de Rue, erguida casi de pie sobre sus poderosas piernas traseras y de algún modo todavía repite:

- Me dejaste morir. Me dejaste morir. Me dejaste morir. Me dejaste morir. Me dejaste morir …

Con ira rasga la red y salta sobre mí y todo lo que puedo hacer es quedarme ahí parada silenciosamente mientras la masa de dientes afilados y garras de navaja de afeitar descienden sobre mí.

Me despierto gritando. No me toma mucho tiempo para calmar el grito, parece que he logrado no despertar a mamá o a Prim esta vez, pero me quedo sentada sobre la cama jadeando durante varios minutos. Una parte mía quiere culpar por el sueño sobre Rue al Sr. Mellark por nombrarla durante la cena, pero sé que la pesadilla habría venido de todos modos, hubiera sido por Rue o no. Ahora le temo a la noche. Después de los Juegos, cada noche me trae pesadillas. A veces, son sobre la gente que vi morir, otras de los horrores que fui testigo. A veces, son sobre mí propia muerte en la arena, a veces son sobre la muerte de Peeta. Peeta.

Miro fuera de la ventana de mi cuarto y puedo ver que la luz de la casa de Peeta está encendida. Sé que él tiene pesadillas también, logramos intercambiar esa información en una de las conversaciones rápidas que tuvimos entre sesión y sesión de fotos. ¿Soñará él las mismas cosas que yo? ¿Lo molestarán sus sueños tanto como me molestan a mí?

Como no me atrevo a volver a dormir, tiro el edredón a un lado, salgo de mi habitación y comienzo a bajar las escaleras. Antes de ser consciente de la decisión que han hecho mis pies, ya estoy a mitad de camino hacia la casa de Peeta. La primera noche sin los equipos de la televisión en el Distrito y ya me atrevo a salir afuera sin supervisión. Ni siquiera me molesté en ponerme una chaqueta o zapatos, solo estoy de pie al lado del camino en mi camisón. Esto no me incomoda, ya que hay sólo cinco personas viviendo en la Aldea de Vencedores y somos todos familia.

Cuando llego a la puerta de Peeta, puedo oír movimientos dentro de la casa, obviamente él está despierto y haciendo algo. Llamo a la puerta.

- Peeta- llamo silenciosamente- Soy yo.

A Peeta le toma unos segundos abrir la puerta. Él está vestido sólo con sus pijamas y tiene harina sobre sus manos, residuos de los que debe estar cocinando. Sólo verlo así despierta el hambre que siento por él.

- Siempre tuve éste sueño- dice mientras ríe y gesticula para que entre, devolviéndome a la realidad.

- ¿ Qué sueño es ese?- pregunto mientras salto en sus brazos apretando mis piernas alrededor de su cadera y sosteniéndome de sus hombros.

- El que tu apareces en la puerta de mi casa, en el medio de la noche, casi sin ropa- contesta suavemente.

- Mmm, parece agradable- le contesto para luego comenzar a atacar su boca.

- Tu te sientes tan bien- murmura Peeta contra mis labios y luego me besa otra vez.

Sus manos se posan en mis glúteos para sostenerme contra su cuerpo y comienza a caminar. Se da vuelta y con un movimiento de cadera cierra la puerta delantera de su casa, para luego encarar hacia la cocina. Mientras tanto, yo estoy dibujando caminos de besos a lo largo de su cuello, hombro y clavícula, acción que es premiada por tenues gemidos de su parte. Antes de lo previsto, siento que él me acomoda sobre una mesada de su cocina. Me inclino hacia delante y lo beso con gratitud. Él responde inmediatamente, con besos tan apresurados y apasionados que decido que quiero sentirlo dentro mío ahora. Yo estoy sentada sobre la mesada y él está de pie entre mis piernas, reclamándome con su boca y sus manos. Él presiona sus dedos con fuerza contra mis muslos y los desliza hacia mis glúteos, metiendo su manos debajo de mi camisón y levantándolo en el camino.

Peeta no necesita mucho trabajo para deshacerse de mi ropa y en el momento en que camisón es descartado por sobre mi cabeza, mis pezones ya están erectos por el aire fresco que corre entre los dos. Peeta comienza a chupar uno de ellos con cuidado, enviando una señal directa a mi entrepierna que ya está acumulando humedad. Sonrío cuando él engancha sus dedos en el elástico de mis bragas y segundos después subo mis manos y las coloco alrededor de su cuello para hacer palanca para levantar mi trasero y permitirle quitar mis bragas.

En el instante que él las deja caer, tomo su mano y la dirijo entre mis piernas. Sus dedos se deslizan a lo largo de mis labios y él gime aprobando la superficie resbaladiza que encuentra.

- Me gusta la forma en que me tocas.

- Lo sé- él me besa- Estás tan mojada.

- Me mojo solamente mirándote.

Con mis pies toco la cintura elastizada de sus pijamas y los empujo hacia abajo lo necesario como para liberar su pene erecto.

- Me quieres dentro tuyo- declara.

- Si- lloriqueo.

Sin más palabras, él me acerca, colocando mis glúteos más al borde de la mesada de la cocina y entra en mí. Grito ante la sensación de sentirme llena. Peeta comienza a moverse dentro mío con fuerza y gimiendo mi nombre. Él me dice cuan bien se siente estar así y mi vagina se contrae alrededor suyo como respuesta. Ahora me besa, pero mi boca está floja, mi cuerpo está demasiado perdido en la sensación como para responder su beso, entonces él toma mi labio inferior entre los suyos y lo chupa fuerza. Por la intensidad de sus movimientos, él no dura mucho tiempo ni creo que él quiera. Y me siento extremadamente bien cuando él se queda inmóvil, presionando profundamente dentro de mí emitiendo impulsos y llenándome con su semen. Su pecho brilla por el sudor mientras él sale de mí cuerpo. Instantáneamente bajo mi mano para frotar con mis dedos sobre mi clítoris inflamado, sintiendo su semen entre mis pliegues. Me siento sucia y eso me gusta.

Pero él empuja mi mano como apartándola de su camino mientras se arrodilla. Antes de que pueda entender lo que él está por hacer, siento toda la extensión de su lengua contra mí, arrastrándose contra mis pliegues mojados. Él está lamiendo su semen con movimientos largos y lentos. La sensación es asombrosa y no puedo quitar mis ojos de él. Llevo mis manos a su nuca, sosteniéndolo cerca mientras lo miro trabajar. Cuando termina, él me mira y sonríe.

- Eso fue muy sexy- gimo.

- He querido hacer esto días- me confiesa.

- Mierda- es lo único que sale de mi boca.

Mi cuerpo se contrae nuevamente como consecuencia de sus palabras. Él ríe en silencio mientras da una patada para deshacerse de sus pijamas que están hechos un bollo alrededor de sus tobillos. Estamos los dos completamente desnudos y yo sigo aferrada a Peeta mientras recupero el aliento y calmo mis pensamientos.

- No puedo negar que me siento mucho mejor que cuando desperté del sueño que me envió aquí- digo- Y adivino que te sientes mucho mejor que al despertar del sueño que te tiene cocinando en medio de la noche, también.

- Sí- dice callando su risa- Entonces, ¿en qué puedo servirte?

- Vi que la luz estaba encendida y se me ocurrió venir, pero no esperaba éste recibimiento- le digo con un poco de sarcasmo- Creía que era mejor venir que sentarme sola con miedo a volverme a dormir.

- ¿ Te quedaría conmigo en casa tratando de evitar volver a dormirte?- pregunta Peeta.

-¡ Por supuesto!

- Perfecto, por si piensas tener hambre más tarde, tendré rollos de canela listos en aproximadamente una hora- me dice riendo pero con un brillo en los ojos que lo delatan.

- Trataré de agregar eso en mi agenda- digo, riendo otra vez a pesar de mí.

No termino de hablar cuando sus manos están sobre mis caderas otra vez, frotando mi piel con cuidado. Su risa desaparece y se inclina hacia adelante capturando mis labios otra vez. Rápidamente sus manos cubren mis pechos, exprimiendo con fuerza antes de que vuelvan a mis caderas y me acomoden en el borde de la mesada de la cocina.

- Ah- en el momento en que él me toca con la punta de su pene erecto contra mi clítoris, haciéndome abrir las piernas.

Mis manos están sobre la parte baja de su espalda otra vez y las uso para acercarlo más a mí, impulsándolo dentro mío.

- Se siente tan bien estar dentro tuyo- me dice.

Mis manos están aferradas a su cuello otra vez, sosteniéndolo fuertemente mientras él fija su mirada en mis ojos.

- Mmmm, Peeta- gimo mientras él sigue empujando dentro mío.

- Díme como siente- exige él.

- Estás muy profundo y se siente tan bien. Ohhh...

Me pierdo en otro gemido mientras él golpea un punto sensible dentro de mí. No sé có,o explicar la fricción que siento. La deliciosa sensación de su pene erecto cubierto por mi cuerpo, por mis labios inflamados de placer, penetrándome profundamente. Estoy luchando para mantener mis ojos abiertos. Quiero cerrarlos, relajarme y dejar caer mi cabeza hacia atrás y ceder toda mi voluntad a esa sensación. Quiero que Peeta tenga el control completo de mí.

- Voy a llenarle otra vez- promete y cabeceo, incapaz de encontrar cualquier palabra- Y luego voy a lamerte toda de nuevo.

- Si- gimo mientras mis ojos se cierran, pero sus manos se aprietan sobre mis caderas y tengo que abrirlos nuevamente.

-¿ Se siente bien, verdad?

- Tan bien- gimo otra vez mientras sus movimientos se aceleran.

- Quiero que te escuches. Suenas tan atractiva y sexy.

Siento el calor de su semen y la palpitación de pene dentro mío. Miro como se deshace de placer y se ve hermoso. Rápidamente saca su pende de mi cuerpo, todavía respirando pesadamente y vuelve a agacharse sobre sus rodillas.

- Es todo en lo que puedo pensar cuando estoy dentro tuyo- dice mientras se inclina.

Sonrío cuando él acerca sus labios a mi clítoris y comienza a chupar con fuerza sobre él.

- Oooh, me gusta así- le digo.

- Bien.

Desliza dedos se deslizan dentro mío y comienza a extender su semen sobre mis pliegues. La punta de su lengua chasquea contra mi clítoris y yo trato de quedarme quieta. Estoy tan cerca de mi orgasmo.

-¡ Sí!- grito mientras mi cuerpo se tensa de el placer.

Estoy muy excitada mientras Peeta sigue chupando con fuerza sobre mi clítoris. Él no para cuando mi gritos se transforma en quejidos. Él sigue haciéndolo hasta que mi cuerpo se convierte en un montón de carne inútil sobre la mesada pidiéndole que se detenga. Cuando termina él se para y se sube sobre la mesada y se cierne sobre mí. Mis ojos están cerrados y puedo sentir una risa perezosa en mi cara. Lo alcanzo y con cuidado paso mis dedos por su pelo. Él baja su cuerpo, presionando su torso contra el mío y nuestros labios la juntan. Lo siento endurecerse contra mi muslo y me muevo un poco.

- ¿ Otra vez?- alcanzo a decir mientras vuelvo a sentir que me penetra.

No me puedo mover por el agotamiento de mi último orgasmo, pero estoy tan mojada por su semen y mis secreciones que Peeta se mueve suavemente dentro mío. Unos minutos después y más rápido de lo que esperaba siento un nuevo orgasmo y, ésta vez, Peeta me acompaña. Estamos los dos agitados y sudados y mientras tratamos de recuperarnos el temporizador de la cocina nos interrumpe.

- Es hora de recuperar las energía perdidas- me dice Peeta mientras se aleja de mí en busca de un repasador para sacar la asadera de rollos de canela del horno.

Mientras pone algunos en un plato, me bajo de la mesada. El paisaje de la cocina es extraño, por un lado, comida y harina, por el otro, prendas esparcidas por el piso. Peeta se acerca con el plato y me da la mano. Se sienta en una silla y con un pequeño gesto me indica que me siente en su regazo.

- Prueba uno- me dice.

- Mmmm- gimo, no sólo por el sabor de sus rollos de canela, sino por la situación que nos rodea.

- Bueno, no?

- Casi tanto como tú- le contesto.

En menos de quince minutos devoro cuatro rollos de canela bajo la mirada de asombro de Peeta. Cuando termino, ambos estamos bostezando.

- Supongo que tendremos que volver a dormir en algún punto- digo alrededor de otro bostezo.

- Ven, te llevaré a tu casa- me dice Peeta mientras intenta levantarse

No sé si es una revelación o si de repente he encontrado la razón por la que vine aquí en primer lugar, pero en cuanto Peeta lo menciona, la idea de irme y enfrentar el resto de la noche sola es inconcebible.

- En realidad, ¿crees que yo podría quedarme aquí?- le digo tímidamente.

- Desde luego puedes quedarte aquí si quieres- dice Peeta con una mirada perpleja- Hay muchas habitaciones extra en la casa.

- Peeta, sabes que no estoy pensando en dormir en el cuarto de huéspedes- le digo mientras me pongo de pie para mirarlo de frente- ¿ Realmente quieres dormir solo esta noche?

- No- me dice.

Finalmente cierro el espacio que hay entre nosotros y me agacho un poco para darle un beso suave.

- Vamos a acostarnos, Peeta- le digo mientras le extiendo la mano para que me acompañe hacia las escaleras.

Él extiende la mano y recoge la mía. Nos miramos a los ojos por un momento antes de dirigirnos a la escalera. Afrontaremos las pesadillas del mismo modo en que, en última instancia, afrontamos su causa. Juntos.

Despierto sobresaltada. ¿Dónde estoy? ¿Estoy en la arena? No, esto es una cama, pero no es mi dormitorio. Sin embargo, se ve misteriosamente similar a mi dormitorio ¿ Alguien trata de engañarme? Es entonces cuando comprendo que algo me está reteniendo en mi lugar y estoy completamente desnuda. Tiro contra lo que restringe mis movimientos, sólo para descubrir que no es algo lo que me está sosteniendo en el lugar, sino alguien. Alguien con brazos fuertes, poderosas brazos que acorralan mis movimientos, haciéndome luchar con más fuerza. Tengo que liberarme, tengo que escaparme y tengo que encontrar a Peeta.

¡Peeta! Mi cuerpo se conlienta al recordar la noche pasada, la evidencia más cercana en la sensación pegajosa entre mis piernas. Es sólo entonces que oigo la voz que ha estado tratando de abrirse camino en mi estado de mi pánico durante un rato.

- Shhh, está bien, estás a salvo, no es verdadero, esto es solo un sueño, no estás en peligro …

Finalmente, mi cuerpo entero se relaja. Giro para enfrentar a Peeta y adherirme a él desesperadamente. No dejo fluir mis lágrimas, aunque me siento sollozar. Nos quedamos así durante varios minutos, sientiendo el calor de nuestros cuerpos desnudos.

-¿ Otra pesadilla?- pregunta una vez que me he calmado.

- No. Solamente … me desperté y durante un momento no supe en dónde estaba- le contesto tomando aire profundamente un par de veces para tratar de estabilizarme- Siento haberte despertado.

- En realidad, hacía unos minutos que estaba despierto. Pensaba como levantarme sin molestarte.

Minutos después estoy más calmada y caemos en un cómodo silencio. Ninguno de los dos hace ningún esfuerzo por marcharse, simplemente nos quedamos en la cama y sosteniéndonos el uno al otro. Eventualmente comenzamos a intercambiar besos ocasionales o algún murmullo de afecto. Puedo sentirme relajada, realmente relajada, por primera vez desde el día de la Cosecha. Me siento tan cómoda aquí con Peeta. En paz, contenida. Es el sentimiento opuesto al que sentí durante el mes pasado mientras nos paseaban en público. Necesito más de esto, pienso. Pero nuestra paz se ve interrumpida por insistentes golpes en la puerta de calle. Nos miramos el uno al otro de manera inquisidora.

- ¿ Esperas a alguien?- pregunto.

- No, no a esta hora- dice.

- No puede ser Effie, ella duerme hasta tarde- razono.

- No es Haymitch, él no llamaría- dice Peeta.

- Puede ser que no esté despierto tan temprano por la resaca- digo.

- Tal vez no está con resaca aún. Tal vez todavía está borracho- sugiere Peeta.

- En ese caso, tampoco llamaría- digo.

Es claro que ninguno de nosotros quiere salir de la cama. Finalmente digo:

- Es tu casa, deberías ir a responder- Peeta me mira, entonces añado- Estoy desnuda y mi camisón está en la cocina.

Incapaz de discutir con esto, Peeta, de mala gana, sale de la cama, se pone una camisa, unos bóxer y unos vaqueros y va a abrir la puerta. Trato de escuchar, curioso por saber quien podría ser.

- ¡ Peeta!

Reconozco la voz de Prim inmediatamente. También reconozco el tono de pánico que tiene. ¿ Le habrá pasado algo a mamá? ¿A Gale? Salto de la cama, me pongo rápido una camiseta de Peeta y uno de sus bóxer y comienzo correr por las escaleras mientras la oigo.

- ¿Peeta, has visto a Katniss? ¡Nos levantamos esta mañana y ella no estaba! No creo que se haya ido a cazar porque no falta ninguna de su ropa de caza. No falta ninguna de sus prendas, nada de lo que ella use normalmente. Ya han pasado varias horas y no hay ninguna señal de ella. ¡No sabemos qué puede haberle pasado!

Ah no. Esto va a ser muy extraño. Sería mucho mejor si al menos tuviera algo de ropa para vestir. Durante un momento pienso en ocultarme arriba, pero luego decido que no puedo dejar Peeta en esa posición. Termino de bajar las escaleras y me dirijo hacia la puerta. Prim no se da cuenta de mi presencia durante un momento mientras animadamente le explica mi desaparición a Peeta. Pero, de repente, frena en seco la conversación y su boca queda abierta, su mandíbula colgando. No estoy segura sobre qué decir, entonces comienzo:

- ¡Eh!, hola Patito- como no consigo una respuesta, sigo- no podía dormir, entonces vine aquí para pasar la noche.

Ahora Prim me mira airadamente, como si fuera mi madre de 12 años.

-¡ Solo para pasar la noche!- trato de explicarle mientras las imágenes de mis actividades nocturnas comienzan a bailar en mi memoria y lamentando que mi aspecto actual no me ayude a liberarme de la culpa que siento.

Prim todavía me mira airadamente. Finalmente, Peeta rompe el silencio.

- Prim, Katniss no trajo ninguna ropa consigo. ¿ Piensas que podrías ir a buscarle algo para que se vista?

Sus palabras no hacen nada para aplacar la mirada furiosa que ella me da, pero ella cabecea y se va. Peeta cierra la puerta.

- Bueno, eso estuvo bastante bien.

- Siento haber dejado que Prim se descargara contigo así. No pensé que ellas reaccionarían tan fuertemente a mi ausencia.

- Está bien. Es tu primera noche sin la vigilancia estricta de Effi y desapareces de la noche a la mañana. Si no supiera dónde estás también estaría preocupado.

- Siempre estoy preocupada cuando no sé en dónde estás- termino confesándole antes de darme cuenta mientras mi voz delata la ansiedad que he estado sintiendo desde que salimos de la arena.

El pánico que sentí cuando Peeta desapareció en los bosques, cuando nos separaron ya en el aerodeslizador. Y cada segundo que no estoy con él siento una versión más suave de toda esa ansiedad. Como si un grupo de mutantes pudiera atacarlo mientras lo vista su equipo de preparación, o que Cato lo estuviera esperando en la despensa. Todas esas sensaciones que abastecen como combustible a mis pesadillas. Instintivamente espero que Peeta se ría de mi confesión o que haga alguna broma por ser tan sobreprotectora. Pero cuando contemplo sus ojos, en vez de la alegría, veo comprensión.

- Yo también.

No tengo nada más para decir, entonces coloco mis brazos alrededor de él y le doy un largo beso. Y me doy cuenta que, en momentos como el que pasamos juntos ésta mañana en la cama, o ayer a la noche en el pórtico o ahora abrazados en el vestíbulo, estamos tranquilos y pacíficos es porque sé exactamente en dónde está Peeta. Sé que él está seguro. Y al parecer, Peeta siente lo mismo sobre mí. Un momento después, Peeta rompe el silencio.

- ¿ Por qué no subes y tomas una ducha? Mientras comenzaré a preparar el desayuno y te llevaré tu ropa a mi cuarto cuando Prim regrese.

- Bueno- digo y le doy un beso rápido antes subir las escaleras.

Las duchas son un lujo traído del Capitolio que sólo puede disfrutarse en las casas de la Aldea de los Vencedores y es uno de los lujos que más disfruto. Mi baño en La Veta se resumía a un balde de agua hervida sobre la cocina que se añadía a la tina de agua fría para proporcionar un baño tibio. Nunca podría haberme imaginado lo calmante que podía ser estar de pie bajo los chorros interminables de agua caliente que comienzan a cernirse sobre mí en el momento que entro a la ducha. Estas casas pueden ser demasiado grandes para mi gusto, los muebles pueden ser demasiado lujosos, la decoración demasiado extravagante, y nueve de ellas permanecen inmaculadas y vacías mientras sólo a unos kilómetros las familias de La Veta luchan para alimentarse y calentar sus casas. Pero no siento ninguna culpa cuando disfruto de la ducha.

Después de mi baño, puedo escuchar que Prim y Peeta están charlando abajo. Veo que Prim me ha traído un conjunto de ropa de los suministrados por el Capitolio: un vestido floreado, del tipo que solía burlarme porque lo usaban las muchachas de la ciudad, junto a un par de zapatos fabricados en el Distrito Ocho en vez los comprado en la tienda de los Cartwright o a un comerciante del Quemador. No es lujoso como los que tuve que ponerme por los festejos después de haber ganado los Juegos, pero más lujoso de lo que normalmente me pondría. Puedo asumir que mi madre tiene algo que ver con la elección de este conjunto; había tenido una conversación conmigo el otro día sobre cómo tenía que vestir de ahora en más, en forma apropiada a mi nuevo estatus y me había dejado sola en mi cuarto antes de que yo pudiera responderle.

Después de vestirme y bajar a la cocina, encuentro a Peeta desayunando no sólo con Prim, sino también con mi madre. No había oído en absoluto su voz antes de bajar. Los tres alzan la vista cuando entro en la cocina, pero nadie dice nada hasta que Peeta corta la tensión.

- ¡Cariño, tenemos invitados!

Entre la alegría en los ojos de Peeta y la aguda mirada que él recibe de mi madre, necesito toda mi fuerza de voluntad para no explotar de una carcajada. Le doy un beso casto en la mejilla mientras me siento en la silla a su lado.

- Entonces- comienza mi madre- ¿ Pasaste aquí la noche ?

- Sí- contesto- siento haberte preocupado. No podía dormir. Tú sabes las pesadillas que tengo, que ambos tenemos. Ví por la ventana que Peeta también estaba despierto, entonces vine.

Hago una pausa para comer mi desayuno durante unos minutos. Parece que mi madre está luchando poder formular su siguiente pregunta y trato de hablar antes de que ella lo haga.

- En realidad, creo que voy a dormir con Peeta de ahora en adelante.

Peeta parece ocultar bastante bien el shock causado por mi declaración. De todos modos, creo que Prim puede darse cuenta que mi declaración lo tomó por sorpresa. Mi madre parece no haberse dado cuenta, mientras intenta tragar un bocado de la comida que preparó Peeta como si estuviera a punto de atragantarse. Pero cuando habla, lo hace mansamente.

-¿ Realmente crees que eso sería … apropiado?

- Creo que es el único modo en que cualquiera de nosotros dos pueda dormir decentemente- digo y como no quiero tener una larga discusión sobre el tema, agrego- Como mecanismo de adaptación, creo que es mejor que dedicarnos a la bebida como Haymitch.

Mi madre me mira fijo durante casi un minuto.

- Prim dice que tú le dijiste que sólo dormiste.

El comentario de mi madre hace que me ponga de un rojo furioso, teniendo en cuenta que Prim me encontró vestida con la ropa de Peeta y que estoy embarazada de él hace más de dos meses. No puedo creer que esté teniendo esta conversación con mi madre y no puedo creer que la tenga delante de Peeta. ¡Y de Prim! No quiero que mi madre se dé cuenta que estoy avergonzada, quiero que sepa que soy capaz de tomar mis propias decisiones y que no soy más una niña tímida. Entonces, trato parecer más relajada.

- Bueno, … no es todo lo que hicimos- digo y puedo ver como se agrandan sus ojos y los de Peeta antes de que yo siga- Hablamos un ratito, comimos, Peeta hizo rollos de canela. Pero tu no está averiguando sobre lo que hicimos, ¿ verdad?

Mi madre hace una pausa durante un momento, claramente tratando de escoger sus palabras con cuidado.

- ¿ Dormir es todo lo que planificas hacer en el futuro?

Es evidente que mi madre no le ha contado a Prim de mi embarazo todavía y Peeta puede seguir su rutina de cara de poker por el resto de la comida, lo cual me permite seguir presionando sobre el tema,

- No, no realmente- le contesto.

En éste punto, creo que Peeta se ha dado cuenta de mi estrategia porque parece muy relajado y no reacciona a mis avances. Prim, por otra parte, se ruboriza con furia y los ojos de mi madre parece que estuvieran a punto de salirse de sus orbitas. Termino de masticar mi bocado y sigo.

- No estoy diciendo que algo vaya a pasar en el segundo que terminamos de limpiar los platos de desayuno o algo. No vamos a tratar de precipitar las cosas sólo por apresurarlas. Pero tampoco las vamos a retrasar porque sí. En dos semanas vamos a estar casados y si algo pasa, pasa.

- ¿No piensas que eres un poco joven para todo esto?- mi madre pregunta.

Mi madre piensa que soy demasiado joven para tener una relación con Peeta y desde luego piensa que soy demasiado joven para mudarme con él. Pero ella no tiene a Effie y a su ejército de capitolites detrás queriendo hacernos cumplir sus caprichos.

- No más- digo con voz clara.

Pero mi madre todavía no parece convencida.

- Solo porque ganaste los Juegos del Hambre no significan que hayas crecido- me dice.

Odio tener que hacer lo que tengo que hacer ahora con ella, pero necesito que entienda por qué necesito quedarme con Peeta.

- Discrepo con tu opinión. Considero que he crecido lo suficiente como para comenzar a vivir mi vida- hago una pausa durante un momento, pero sigo antes de que ella pueda interrumpirme- ¿ Te has puesto a pensar que he matado a cuatro personas?- y puedo oír un pequeño jadeo de Prim, pero logro enfocarme nuevamente en mi madre- Cuatro personas están muertas porque los asesiné. Dejé caer a un nido de rastrevíspulas sobre el campamento de los Profesionales, esperé a que dos de ellos fueran picados tantas veces como para que murieran y volví para sacarle las armas de sus dedos tiesos. Ensarté una flecha a un muchacho del Distrito Uno cuyo nombre aún no conozco, lo maté tan fácilmente como a un conejo en los bosques con el arco que le saqué a su compañera de distrito. Luego le tiré a Cato, le pegué un tiro y lo abandoné para que fuera mutilado por una manada de mutantes. Pasé una noche entera escuchando sus gritos agónicos y los sonidos de su carne siendo rasgada de su cuerpo, antes de que pudiera matarlo por piedad, porque de algún modo, después de todo de lo que le estaba pasando, no estaba muerto. Son cuatro personas que están muertas por mi culpa. Claramente, no soy demasiado joven para matar. ¿Cómo puedes sentarte allí y decirme soy demasiado joven para amar?

Mi madre se queda callada por un ratito. Parece que estuviera enferma. Creo que oir una pequeña descripción de los horrores que he sobrevivido es suficiente para que cualquier persona sana se descomponga. La mesa está tranquila mientras volvemos a comer. Finalmente mi madre dice:

- Katniss, tú sabes que sólo quiero lo que es el mejor para tí.

¿Dónde estaba todo éste discurso de "quiero lo que es mejor para ti" cuando yo tenía once años y estaba muriéndome de hambre? Quiero preguntarle, pero no es realmente el momento como para remover esa historia otra vez.

- Lo sé- le digo en cambio- Y aprecio que lo hagas. Pero no soy más una niña. Lamento haberte hecho preocupar ésta mañana, pero ésta es mi vida ahora. Y espero que me creas cuando digo que vivirla ha sido mucho más estresante. Sé que sólo tengo dieciséis años, pero he sobrevivido cosas que sólo otras dos personas en este Distrito pueden imaginar. He luchado por mi vida y no como una metáfora, de cómo he luchado en contra de una enfermedad o la lucha contra el hambre, pero literalmente luchando en contra de un asesino entrenado tratando de cazarme. He luchado por mi vida y he luchado por la vida de Peeta. He visto morir gente por mi culpa y vi morir a una niña en mis brazos porque fallé en protegerla. Y ella me recordaba tanto a Prim que me dolía mirarla. Vi a una muchacha reírse de mí antes de disponerse a descuartizarme como una ardilla muerta y luego ver su cabeza aplastada por una roca. Y ahora, después de todo eso, estoy en casa y puedo vivir y no voy a dejar de vivir ningún aspecto de mi vida solo porque piensas que a mi edad no he alcanzado un número lo bastante alto.

Nadie dice nada. Probablemente he ido demasiado lejos. Nadie que no haya estado en los Juegos puede entender realmente el efecto que tienen en uno. Esto es justamente lo que trataba de explicarle anoche a Gale . Pero al menos necesito que mi madre entienda que ella no podrá entenderlo. Si lo entiende o no, no lo sé, porque parece haberse dado por vencida y el resto del desayuno transcurre en silencio.

- Marvel.

Mi mamá y Prim ya se han ido a casa e incluso después, la atmósfera aún permanece tensa. Esperaba que Peeta quisiera discutir sobre mi autoinvitación a mudarme a su casa. No creo que Peeta rechace la idea, pero pienso que podría estar disgustado por haberlo anunciado frente a mi madre sin haberlo hablado con él primero. Realmente, lamento haberlo soltado así. Pero parece que ninguno de los dos puede encontrar las palabras para discutirlo ahora y todavía permanece en el aire el pesado silencio que se había formado sobre el final del desayuno. Peeta y yo hemos estado limpiando silenciosamente la cocina después del desayuno durante aproximadamente diez minutos, cuando, sin hacer una pausa en lo que está haciendo y sin ni siquiera mirarme, el nombre cae de su boca. Lo miro fijamente durante un momento, casi demasiado confusa para formar una respuesta.

- ¿ Qué?- finalmente le pregunto.

Peeta mira hacia delante fijando sus ojos hacia afuera de la ventana, pero todavía no me mira.

- El muchacho de Distrito Uno. El que mató Rue. Su nombre era Marvel.

- Ah.

Es obvio que Peeta sabría su nombre, él pasó días con el grupo de los Profesionales. Seguramente conocía a Marvel bastante bien. Compartieron comidas, durmieron al lado, intercambiaron turnos de vigilancia, charlaron alrededor de la hoguera de su campamento, compartieron historias sobre sus hogares, soñaron sobre lo que harían si ganaban los Juegos. Marvel fue su aliado en la arena. No saber el nombre de uno de sus aliados es una prueba de lo poco que hemos hablado de los Juegos desde que volvimos.

- ¿ Cómo se llamaba la muchacha del Distrito Cuatro?- le pregunto al cabo de un rato.

- Tanyah- Peeta contesta.

Marvel y Tanyah. No me había dado cuenta de que no sabía los nombres de la mitad de las personas que maté en la arena. Pero ahora lo sé. Ahora conozco los nombres de Marvel y Tanyah. Lo que no sé es si saber sus nombres me hace sentir mejor o peor.