¡SORPRESA! Jajaja. Dividi en dos el capítulo y les adelanto la primera parte solo porque me gusta que me mimen con sus comentarios. Son unas DIosas y Diosos. Bueno espero que les gusten y sino ya saben que hacer. Besotototote. Se las/los quiere. Para las que preguntaron por mis exámenes, me fue bien, asique muchas gracias por sus saludos.
PD: No odien a Quinn, ella es la roca de esta familia disfuncional y está aprendiendo poco a poco a dejar su ego para estar al nivel de la humildad que la rodea.
Descargo: Glee no me pertenece, lo que si me pertenece es la baba que me cae cada vez que veo las piernas de Lea.
NO SOY PARA TI
Capítulo 36: "Las rubias se divierten más"
– Rachel, Quinn necesito que vengan conmigo de inmediato y SOLAS – la morena y Quinn se miraron y sin demora siguieron a la señora Fabray hacia la casa.
La primera que entró después de Judy fue Quinn - ¿Hermana Ana? – Se había dado de lleno con la monja - ¿Jane? ¿Shelby? – estaba todo el mundo en la sala de la casa Fabray parece - ¿Qué demonios hacen aquí… ¡O Dios!... - No pudo terminar la pregunta porque una pequeña de casi tres años muy parecida a su novia la miraba con enormes ojos marrones, la cabeza torcida, y con un conejo en su brazo - ¡RACHEEEEEL! – tenía la sensación de que ese no iba a ser el último reto del día.
Con el grito de Quinn la morena llegó más rápido aun al gran encuentro. A la primera que Rachel vio fue a su madre, pero inmediatamente su cabeza giró a la mujer que tenía los hábitos puestos y que con la poca fuerza física que tenía sostenía por sus brazos a una furiosa Jane - ¿Qué… qué… qué… Qué hacen acá? – Finalmente preguntó - ¿Quinn… qué… - Apenas la cabeza de Rachel giró para buscar a su novia la encontró con su mirada puesta en otra cosa. La mirada de Quinn era derecha y un poco inclinada hacia abajo, a la morena no le quedó otra que seguir su línea de visión - ¿Quinn qué… - la pregunta murió en su garganta cuando los ojos de Rachel encontraron a la misma pequeña que la empresaria miraba con gran atención. La niña tenía el mismo color de pelo que Rachel y al igual que la morena también lo llevaba atado en una cola de caballo. Sus pequeñas zapatillas de suela blanca y lona azul estaban desatadas. Tenía un jean azul y una remera roja con un dibujo de un patito de hule estampado. El color rojo parecía predominar, porque la mochila que tenía la pequeña sobre sus hombros era de esa misma tonalidad, aunque el conejo medio destrozado que tenía agarrado fuertemente en uno de sus brazos era celeste y parecía bastante sucio. La mano libre de la pequeña estaba en su boca, la niña se chupaba el dedo como si su vida dependiera de ello. Pero lo más impactante de la pequeña, y por lo que Rachel se dio cuenta que estaba nada más y nada menos que en presencia de su hija, fue la forma en que con su cuello torcido, y con grandes ojos marrones abiertos miraba a Quinn. La mini morena miraba a la rubia con la misma obsesión que lo hacían Rachel y hasta la misma Beth. Al igual que Beth y que Rachel, la nena se había enamorado a primera vista de la empresaria y eso para Rachel valía más que cualquier prueba de ADN. Por su parte Quinn miraba a la pequeña con una mezcla de adoración y ternura que llamaba la atención de todos los presentes.
La morena empezaba a caer en la cuenta poco a poco de lo que estaba pasando e intercalaba sus miradas entre la gente mayor que esperaba su reacción y entre Quinn y la niña que no dejaban de mirarse mutuamente. – No, no, no… no es cierto… - los pies de la tatuadora retrocedían como si tuvieran voluntad propia y la cabeza de la chica se agitaba en negativa sin pausa alguna – No… No… No puede ser… - La necesidad de salir corriendo de ese lugar la llenaba y las miradas que estaba recibiendo de las cuatro mujeres mayores no ayudaban en nada. Una vez más Rachel Berry había hecho algo mal. Sus pies se movieron más rápido esta vez y con un rumbo definido.
- ¡A NO! ¡ESO SI QUE NO! - El silencio de la sala que solo era interrumpido por las constantes negativas de Rachel y su respiración agitada se rompió cuando Jane pudo soltarse de su hermana y se fue inmediatamente hacia la tatuadora - ¡NO PIESNO PERMITIR QUE HUYAS COMO COBARDE! – A pesar de los muchos más años que le llevaba a la joven Jane llegó antes que la morena pudiera ni siquiera pensar que le impedía moverse. El problema fue que Jane no la agarró del brazo ni de la cintura, ni del hombre, Jane fue por la parte dolorosa.
- ¡AUCH! ¡AUCH! ¡AUCH! – La morena se retorció apenas la melliza tuvo en sus manos el miembro de la morena - ¡AUCH! ¡DUELE! ¡DUELE! – chillaba.
- ¡Y TE VA A DOLER MUCHO MÁS! – Le advirtió la mujer - ¿CUANTAS VECES TE DIJIMOS CON ANA QUE USARAS PROTECCIÓN RACHEL? ¿CUANTOS PAQUETES DE FORROS TE COMPRE? ¡DIMELO MIERDA DIMELO! – acompañó el grito con un apretón.
- ¡AUCH! ¡MUCHAS! ¡MUUAUACH! – la morena no la estaba pasando para nada bien
- Jane por favor, tranquilízate. Y no digas groserías – le pedía su hermana
- ¡NO TE PIENSO ESCUCHAR ANA! ¡Y DIGO TODOS LO QUE SE ME DA LA GANA! Y ESTO ES CULPA TUYA Y DE TU DIOS, ASIQUE NO ME PIDAS QUE ME CALME – la acusó la mujer con la mano que tenía libre.
- ¿Culpa mía y de mi Dios? Cuida lo que dices Jane – no parecía pero la monja estaba enojada
– ¡SI! – apuntó mientras la morena se retorcía en su mano – CULPA TUYA PORQUE NO ME DEJAS SER MAS SEVERA CON ESTA IDIOTA – apretó un poco más – Y CULPA DE TU DIOS PORQUE EL LE DIO UN ARMA QUE SOLO USA PARA POBLAR EL MUNDO – explicó su punto.
- Tal vez todas debamos calmarnos – pidió Shelby
- Estoy acuerdo con… Estoy de acuerdo – Judy no sabía quién era – Lo mejor es calmarse y charlar la situación – dijo con asentimiento de Shelby y de la hermana Ana. Judy buscó la mirada de su hija pero la empresaria seguía ensimismada mirando a la pequeña que tenía enfrente.
- Jane suelta a Rachel antes de que le pida a mi Dios que salga una ley contra el cierre de negocios como el tuyo – eso hizo que Jane soltara a Rachel de inmediato.
La morena se puso en cuclillas rápidamente y empezó a respirar hondo mientras subía y baja sobre sus rodillas para tratar de aliviar el dolor.
- Hola… - la voz de Quinn sacó del centro de atención a la morena y obligó a que todo el mundo se fijara en ella. La rubia se había arrodillado enfrente de la niña y con una sonrisa la saludaba – Hola pequeña ¿cómo estás? – Quinn extendió una mano para acariciar la mejilla de la niña pero como de tal palo tal astilla, la pequeña retrocedió aparatosamente antes de que la mano de Quinn pudiera entrar en contacto y hasta que la puerta de entrada fue la encargada de frenar sus pasos. La cara de la pequeña seguía estando sobre Quinn pero ahora sus ojos mostraban un pánico que no estaba antes. Ya no se estaba chupando el dedo y ahora por el contrario tenía su mano apoyada en la puerta con desesperación mientras que su otra extensión acogotaba prácticamente al conejo de peluche.
Quinn sonrió y agitó la cabeza soltando una pequeña risa que hizo que los adultos se miraran entre ellos, o estaban aluciando o la empresaria se había vuelto loca. La rubia se sentó sobre sus rodillas y suspiró, nadie mejor que ella sabía tratar con una Berry, eso la gente lo tenía que dar por seguro – Tranquila pequeña – le dijo sin intentar cerrar el espacio entre ellas – Yo soy Quinn – le informó con una mano en su pecho - Y no te voy a hacer daño, al contrario, solo quiero saber cómo estás o cómo te llamas o si te gustó el viaje en avión – la voz de la rubia hacía que la niña se fuera relajando poco a poco en su postura y nuevamente se ponía derecha, con su cabeza torcida y su dedo en la boca para prestarle toda la atención del mundo a la mujer que le hablaba.
Todos en la sala esperaban la reacción de la niña a las palabras de Quinn, incluso Rachel, que al parecer ya estaba reincorporada, miraba la interacción con una sonrisa inevitable en su rostro.
- ¡A NO! – Jane había visto crecer esa sonrisa – TU NO TIENES DERECHO A SONREIR – de vuelta a la tortura parece.
- ¿Se puede saber que mierda está pasando acá? – Por suerte Santana llegaba a la sala acompañada de Russel y salvaban a la morena de una nueva y dolorosa tortura – Tuve que mandar a mi hija y a mi sobrina con Britt a la playa para que no se asustara por los gritos que venían desde adentro. El viejito y yo pensamos que algo malo les estaba pasando – dijo mirando a los adultos – No lo tomen a mal, a mí me encantan las peleas, pero como mínimo me tienen que avisar que hay alguna para meterme y demostrar que Santana Lopez se puede encargar de patear cualquier trasero – dijo en broma esperando una risa que nunca vino. La latina se enfocó en el nivel de tensión que había en la sala.
- Judy ¿Qué está pasando? – Russel también lo había notado y miraba la escena preocupado y con cautela.
- ¿Por qué carajo están aquí la llorona – lo decía apuntado a Shelby – la prostituta pasada de edad – estaba vez apuntó a Jane – y la dulce y encantadora hermana Ana? – todas giraron los ojos ante la chupa medias de Santana, nunca se metía con la monja por miedo a que le hiciera pagar con rezos
- ¿Y quién demonios es…. – los ojos de Santana se abrieron lo más grande que podían ante la escena de su socia arrodillada enfrente de alguien que era muy parecida a la rarita. Santana se llevó sus dedos a la cara y soltando un suspiro apretó su nariz justo en el huesito que separa los ojos – No me digan que… - todos asintieron sin palabras algunas.
Lo que ninguno predijo era que Santana rotara en sus pies, enfrentara a Rachel y colocando una de sus manos en uno de los hombros de la morena le diera un fuerte rodillazo en la entrepierna.
- ¡AUUUUCCCCHHHH! – Otra vez Rachel caía al piso con sus manos en su pene muerta de dolor. Menos mal que la morena ya tenía hijos porque después de este día dudaba que su miembro volviera a funcionar.
- ¡De eso es lo que estoy hablando! – Jane puso su mano arriba y Santana chocó los cinco con la mujer.
- ¿OTRA VEZ RARI? ¿OTRA VEZ? ¿CUANDO VAS A APRENDER A ENCAPUCHAR EL RARON? ¿CUANDO? NO PUEDES IR DEJANDO RARITOS POR TODOS LADOS – Santana le reprochaba
- Nunca – contestó Jane ya más tranquila de tener el apoyo de alguien más en la sala – De ahora en más vamos a tener que advertirle a todas las mujeres de New York y a las de acá que anden con bombachas de lata porque Rachel está suelta – exageró.
- Esto es culpa de los rarozoides, le dije a Quinn que cualquier cosa que salga de semejante pene tiene que tener vida propia – la latina seguía.
- Por favor Santana y Jane cálmense – nuevamente la hermana Ana intercedía por la morena – Y traten de recordar que hay una pequeña presente – con la cabeza apuntó hacia donde estaba la pequeña morenita.
- ¿Es hija de Rachel cierto? – Russel hizo la pregunta que nadie se animaba a hacer pero que ya todos sabían la respuesta.
La hermana Ana frunció los labios sin contestar y dio lugar a que un murmullo generalizado llenara la sala. Santana y Jane despotricaban contra la morena y se turnaban una con otra para ver quien tiraba la frase más inteligente sobre lo que podían producir los espermatozoides de Rachel, una Rachel que aún seguía tratando de recuperarse del rodillazo tomando fuertes respiraciones y tratando de reincorporarse del suelo sin éxito, cada vez que se movía los calambres del dolor volvían a aparecer. En otro rincón de la habitación, Judy y Russel se presentaban y hablaban con Shelby de forma tranquila e intercalaban preguntas y preocupaciones con la madre superiora.
- Quiero que hagan silencio – No le hizo falta a Quinn levantar la voz para que el resto de las personas se callara. La fría, rasposa y demandante voz se irguió por encima del resto y logró que el ruido y los murmullos cesaran de inmediato. Quinn Fabray había ocupado el centro de la sala y tenía sobre sus brazos a la pequeña. La mini morenita, aun con su dedo en la boca, descansaba su cabeza en el hombro de Quinn y miraba al resto de la gente desde arriba de la rubia como si nada le importara, como si ya hubiera encontrado su lugar feliz.
La rubia caminó hasta Santana y se frenó enfrente de su amiga. Quinn intentó pasarle la pequeña a su amiga pero la niña se aferró aún más fuerte a la rubia. Pequeñas piernitas rodearon la espalda de Quinn y se clavaron allí y una diminuta mano se apoderó de la remera de la empresaria de manera tal que logró que uno de los breteles del corpiño de Quinn saliera a la luz. Quinn miró a Santana y ambas sonrieron ante la desesperación de la pequeña – Cariño… - esta vez la voz de Quinn era pura dulzura e iba dirigida a la pequeña nena que tenía alzada – Quiero que te quedes un rato con una de las personas en las que yo más confió – le dijo con suavidad – es mi mejor amiga de todo el mundo y te va a cuidar igual que yo. Nada te va a pasar – explicó – Tengo que hablar con estos señores un ratito y luego vuelvo contigo – Quinn sabía que la pequeña estaba escuchándola porque su agarre se soltaba de a poco cada vez que salían sus palabras.
Finalmente Santana la tomó con cuidado y con la ayuda de Quinn se la llevó con ella sin resistencia alguna y sin antes dedicarle una mirada de reproche a la mujer que seguía en el piso.
Cuando Santana y la pequeña estuvieron lejos de su visión, Quinn caminó hacia el living – Todos al living de inmediato – ordenó y al igual que su amiga pasó por al lado de la caída mujer sin pestañear.
Jane hizo exactamente lo mismo que ella mientras que Russel y Judy se miraron
- Voy a ir por la bolsa de hielo – anunció Judy y salió rápidamente hacia la cocina
Russel asintió y se movió hacia Rachel – Arriba muchacha, arriba – con la ayuda de Shelby lograron que la morena se levantara bajo la atenta vista de la hermana Ana
- ¡AUCH! ¡AUCH! ¡AUCH! ¡AUCH! – se quejó la morena que volvió a hacer flexiones hacia arriba y hacia abajo
- Eso… - Russel alentó los ejercicios entendiendo a la perfección el dolor – Y no te olvides de respirar hondo… Inhala… exhala… - el hombre parecía Miyagui enseñándole karate a Daniel Larusso.
- ¡No me gusta esperar! – la voz dura de Quinn resonó de nuevo e hizo que la morena se reincorporara inmediatamente de sus ejercicios
Russel, Shelby y la madre superiora llegaron al living antes que Rachel. Quinn estaba sentada de brazos y piernas cruzadas en el sillón individual con cara de pocos amigos mientras que Jane estaba en el sillón de varias plazas. A la melliza se le unieron su hermana y la madre de Rachel – Baja el tono jovencita. Te recuerdo que sigo siendo tu padre y que estás en mi casa – le advirtió Russel a su hija que no tomó en cuenta la advertencia y solo giró los ojos.
Cuando Rachel entró caminando como podía al living, lo primero que hizo fue mirar a Quinn, pero la rubia rechazaba cualquier encuentro de miradas y solo se limitaba a mirar hacia el frente donde estaba la pequeña pero elegante mesita de café. Sin poder aguantar más la morena se sentó en el otro sillón individual y abrió sus piernas de inmediato.
- Toma Rachel cariño, esto te va a aliviar un poco – Judy llegaba con el hielo y con cuidado lo dejó sobre las partes de la morena para luego sentarse al lado de las otras mujeres mayores. Russel se sentó en el apoya brazos cerca de su mujer. Rachel soltó un fuerte suspiro de alivio.
- No te lo mereces – le dijo Jane apuntándola con el dedo, a Rachel le pareció que Quinn asentía a lo que dijo la mujer pero cuando volvió a buscar la mirada de su novia, la empresaria corrió la cara nuevamente para mirar a la hermana Ana
- Hermana Ana… - Quinn presionó el asunto
La monja apretó los labios en señal de que sabía que tenía que empezar a explicar – El doctor Bryan me llamó apenas Rachel dejó el hogar el día viernes. Me preguntó si Rachel estaba con nosotros porque la estaba tratando de ubicar en el estudio pero le dijeron que no sabían dónde estaba. Nosotros le habíamos dicho que tu y Beth venían hacia la casa de tus padres asique sabíamos que ella las iba a tratar de ubicar aquí. Le dije al doctor que probablemente Rachel ya estaba en vuelo hacia esta ciudad y apenas me dijo que tenía que ir urgente al hospital supe que algo no andaba bien. Shelby y Jane estaban conmigo asique no dudaron en acompañarme.
- Pensábamos que algo había mal con los últimos análisis asique nos apuramos en llegar – Quinn no sabía cómo Shelby estaba tan enterada de la situación de Rachel, pero parecía que llevaba bastante tiempo estudiando la vida de su hija e internamente Quinn se alegró de que fuera así, de que Rachel se estuviera preocupando en conocerla. Cuando de reojo la empresaria miró a su novia, la vio mirando con el ceño fruncido a su madre y supuso que a Rachel le debía estar pasando por la cabeza lo mismo que a ella – Pero apenas nos vio tan nerviosas el doctor nos tranquilizó y nos pidió que nos calmáramos, que no pasaba nada malo con Rachel – contó Shelby.
- Francis nos llevó a su consultorio – Jane era la más osada y llamaba al doctor por su nombre – Y allí estaba… – la melliza volvió a mirar con mala cara a Rachel – Sentada con sus piernas colgando de la camilla y con su cabeza torcida mientras otro médico la revisaba y una enfermera curaba sus heridas…
- ¿Heridas? – Quinn no supo porque, pero el solo hecho de que alguien lastimara a ese pequeño ángel ya la afectaba más de lo que podía imaginar. Desde su lugar vio como Rachel fruncía más el ceño y se reincorporaba más en su asiento.
Las dos mellizas se miraron junto con Shelby y fue esta última la que siguió hablando
- El Doctor dice que… que… por las heridas que tiene, a la pequeña no la han tratado muy bien – contó con tacto y Quinn no pudo evitar mirar a su novia y tuvo que agarrarse fuerte del sillón para no ir a abrazarla por la cara de preocupación que se le dibujó en el rostro. La voz de Shelby volvió a sonar – La psicóloga del hospital la evaluó también y nos dijo que a pesar de todo la pequeña está bien pero que muestra los signos normales de los pequeños maltratados… no habla mucho, de hecho no creo haberla escuchado decir una sola palabra – las mellizas asintieron – Además le tiene miedo a la gente desconocida…
- Estuvimos horas para poder llevárnoslas al hogar – contó la monja
- Y está más retrasada que chicos de su edad – terminó Shelby contando el informe de la psicóloga.
- Sigue usando pañales – anunció Jane aportando un dato que le parecía importante. Quinn, que ya lo había notado cuando tuvo la oportunidad de alzar a la pequeña, asintió con su mirada sobre Rachel. La tatuadora había agachado su cabeza de forma avergonzada. Todos en la sala supieron que los mismos síntomas que mostraba la nena que estaba ahora en manos de Santana, eran lo que tenía Rachel o había tenido de pequeña.
El silencio volvió a adueñarse del ambiente y nuevamente fue roto por un papel que Jane sacaba de su cartera – Según Francis una mujer joven entro al hospital con la niña y preguntó por el Doctor que atendía a Rachel Berry –contó – Cuando la enfermera fue a llamarlo, la mujer había desaparecido y había dejado a la pequeña en una de las sillas de la sala de espera con esto en su mano – Jane le pasó a Quinn un papel mientras Rachel seguía de cerca la carta con sus ojos
- "No puedo ser la madre que Molly necesita. Cuiden de ella como yo nunca supe hacerlo. Lo siento" – Quinn terminó de leer y levantó la vista para encontrarse con unos hermosos ojos marrones que la miraban confundida.
- Se llama… se llama… ¿Su nombre es Molly? – fue lo primero que había dicho Rachel desde que vio aparecer a la pequeña.
- Eso parece – le dijo Jane de forma severa.
- Rachel, Quinn – la dulce y paciente voz de la madre superiora les llamo la atención – Hay algo más que tienen que saber… - Quinn frunció el ceño preocupada – Molly es… es… Molly es como Rachel – la empresaria se quedó mirando a la monja mientras que la mirada de la tatuadora calló avergonzada hacia el piso.
- ¿Eso quiere decir que tiene un pene como Rachel cierto? – Nuevamente Russel preguntaba lo que nadie decía en voz alta.
Ana asintió – Claro, "Mutxis Gen" es el termino científico, o como yo prefiero decirle, es un don que Dios les da a personas como ellas. El Doctor ya le hizo todas y las mismas pruebas que a Rachel y después dejó que la lleváramos al hogar – explicó
- Íbamos a esperar su vuelta, pero decidimos que era mejor hacer el viaje, no sabíamos cuando iban a volver y esto nos pareció urgente – todos estuvieron de acuerdo con Shelby – Si no les molesta – Shelby miró a los señores Fabray -mi esposo se nos va a estar uniendo en unas horas – avisó y recibió el consentimiento de los padres de Quinn.
- ¿Y la madre? – Quinn quería preguntarlo hace rato. No pudo evitar que su lado celoso saliera a flote y volviera a flotar la rabia hacia Rachel cuando pensaba en otra mujer que se había acostado con su novia. Sus dedos se clavaron en los brazos del sillón con fuerza.
- Bueno, la cámara de video del hospital nos ayudó a reconocerla – Dijo Ana y por la cara de Jane, Quinn adivinó que no era alguien de su gusto
La melliza malvada se paró del sillón – ¡TE DIJE QUE NO ME CAÍA BIEN ESA PERRA! ¡TE LO DIJE! ¡PERO NOOOOO! TU NUNCA ESCUCHAS A NADIE. TE TUVISTE QUE ACOSTAR CON ESA MUJERZUELA – la mujer caminó hacia Rachel y obligó a que la morena se cubriera sus partes. Menos mal que Russel la frenó
- Creo que ya está bien de meterse con el amigote de Rachel – el hombre que entendía el dolor recibió el suspiró de Rachel como un agradecimiento mientas su cabeza trabajaba buscando la chica que podía ser la madre de su hija, en su cabeza ese puesto ya estaba reservado únicamente para Quinn asique le costaba hacer un lado a la rubia para identificar otro rostro con esa tarea.
- Rachel hija – la hermana Ana demandaba su atención mientras que en la otra punta Quinn la apuntaba con rallos laser – Según lo que el Doctor Bryant pudo averiguar la pequeña nació el dieciséis de abril de hace tres años atrás – informó
- Tiene tres años – Quinn lo pensó y sin querer lo dijo en voz alta. Todos miraron su sonrisa crecer, incluso Rachel se quedó embobada mirándola.
- Rachel… Necesito que me prestes atención – insistió la monja logrando que la morena saliera de su hipnosis y la mirara - ¿Te acuerdas con quien… bueno… con quien estabas…
- Teniendo sexo Ana dilo. ¡Por Dios! – La reto Jane – Eres monja hasta para las palabras – estaba enojada – ¿A quién te estabas cogiendo Rachel? ¿Te acuerdas o no? - más directa imposible
La mirada de Rachel fue de Ana a Jane y de Jane a Quinn hasta que la mirada enojada de la rubia la hizo agachar la cabeza – Victoria – finalmente dijo avergonzada y la rabia verde de Quinn aumentaba a niveles difíciles de alcanzar. El nombre Victoria y el nombre Julian tendrían que estar vetados de la boca de su novia.
- ¡ESA MALDITA PERRRA! ¡SABIA QUE LA TENDRIA QUE HABER HECHADO ANTES! ¡LO SABIA! – Jane se echaba la culpa.
- Años atrás… - la hermana Ana retomaba la palabra con tranquilidad – Cuando expulsaron a Rachel de la preparatoria y Ana la hizo trabajar con ella en su local… - Quinn se anotó mentalmente preguntar por el trabajo de la mujer, pero ahora no era el momento – Había una joven, de unos veinte cuatro o veinte cinco años que bueno…
- Estaba loca por esta estúpida…
- Jane… - Ana la retó
- ¿Qué? Es verdad – dijo – La perseguía por todos lados y la provocaba. Incluso en varias oportunidades yo la agarre haciendo cosas para calentarla – La cara de Rachel no podía estar más inclinada - La eché porque era una maldita perra que solo sabía emborracharse, drogarse o hacer lio. Y ese no es mi estilo de trabajo, te lo dijo por si aún quieres considerar mi oferta rubia – le dijo mirando a Quinn – creo que tienes muchas…
- Jane… - Shelby le advirtió que frenara porque tenía a Rachel parada con cara de furiosa a su lado
- Quinn no va a trabajar contigo – le dijo Rachel furiosa y con dientes apretados
- ¡O Por Dios! – Jane volvió a empujar a Rachel a su asiento – No me vengas ahora con el papel de novia celosa que después de esto no creo que sigas teniendo una – Quinn no supo cómo la cara de Rachel podía pasar de la furia total a la tristeza absoluta. El puchero de Rachel fue tan resaltado que abatió por un momento al monstruo verde de Quinn y el corazón de la rubia empezó a bailar muy fuerte adentro de ella.
- Jane si no dejas de interrumpirme nunca vamos a terminar con esto – le reprochó Ana
Su melliza murmuró algo por lo bajo y volvió a tomar asiento a su lado.
- Hija mia… - De nuevo Ana hacía que Rachel dejara de mirar a Quinn para enfocarse en ella – Hay algo que no nos cierra – le dijo – Tu Trabajaste con Jane hasta que te hiciste mayor de edad. Luego te fuiste y no volviste hasta hace dos años atrás más o menos… – No daban los cálculos
Rachel agachó la cabeza inmediatamente – Me… yo… yo… me encontré en Londres con Victoria – Nuevamente el verde era el color predominante en Quinn – Estaba trabajando en… bueno… como el local de Jane pero… pero… allá. Y bueno, supongo que… supongo que ahí pasó todo – finalizó sin querer mirar a Quinn.
- De todas maneras el Doctor Bryan ya mandó a pedir un ADN – Shelby interrumpió el incómodo momento.
- ¿Qué piensas a hacer Rachel? – Judy fue la que se animó a preguntarle.
La tatuadora levantó la cabeza tan rápido que todos escucharon el crujir de su cuello – Es… es mi hija… Molly es mi hija – con eso para ella se explicaba todo.
- Lo se pero… - Judy quiso seguir pero Quinn se paró bruscamente del sillón y se llevó todas las miradas - ¿Qué pasa hija? – la pregunta quedó en el aire porque la rubia dio media vuelta y salió al jardín caminando lo más rápido posible, no necesitaba escuchar más, ya tenía toda la información que quería.
- Quinn… - Rachel atinó a seguirla pero el brazo de Jane la frenó
- No hemos terminado contigo aun – otra vez la empujó a la silla. Iba a ser una larga reprimenda para la morena.
En el jardín
Cuando la empresaria salió al jardín, el día estaba cayendo y eso se reflejaba a la perfección en el paisaje. Los pulmones de Quinn se llenaron de aire y por fin la rubia pudo exhalar todos los nervios, la ansiedad y los sentimientos que tenía adentro, las lágrimas brotaron sin que ella pudiera impedir que salieran. La rubia no solo lloraba con sus lágrimas sino también con su cuerpo, espasmos y tiritones la invadían e hicieron que Quinn se tuviera que apoyar de uno de los árboles del jardín por miedo a caerse. Sintió pasos cerca de ella y tuvo que tomar una fuerte bocanada de aire para tratar de recuperarse. Rogó que no fuera Rachel la que se acercaba porque no se sentía con fuerzas para hablar de nada en este momento. Cuando subió la vista y se limpió sus ojos para ver mejor, la imagen con que se encontró le dio la energía que todo el llanto le había sacado. Su mejor amiga, Santana, estaba parada cerca de ella con Molly en sus brazos. Lejos de estar acurrucada en Santana la pequeña miraba a Quinn con su cabeza torcida y con un gesto de preocupación.
- Q… - Santana quiso hablar pero Molly le ganó.
La pequeña había agarrado su conejo desgastado con sus dos manos y estirando sus bracitos se lo estaba ofreciendo a Quinn. Las dos empresarias se miraron y sonrieron ante la forma en que la pequeña ofrecía a su peluche.
- ¿Me lo prestas porque estoy triste? – Quinn agarró el conejito y se lo llevó a su pecho mientras la pequeña asentía rápidamente a su pregunta. La rubia volvió a sonreír y no demoró en agarrar a la niña de los brazos de Santana.
- ¿Todo bien Q? – le preguntó su amiga.
Quinn agitó su cabeza suavemente mientras acariciaba la espalda de la pequeña - ¿Tu no deberías estar preparándote para tu cita? – era la hora ya.
Santana la miró preocupada – Si pero llamé a Britt y dije que entretuviera a Beth y Sophie en la playa hasta que las fuera a buscar. Lo de la cita es lo de menos…
- No digas eso San – Quinn caminaba a través del jardín con Molly en sus brazos y la latina la seguía – Llevas esperando esa cita toda tu vida, no voy a dejar que te aproveches del momento por miedo – la rubia se frenó y miró a Santana – Escúchame bien Santana Lopez, tu vas a ir a esa cita y vas a hacer feliz a Brittany ¿de acuerdo? Estoy cansada de verlas infelices y separadas. Se aman y eso es lo único que tiene que importar - volvió a retomar su camino a la playa
- ¿Qué va a pasar contigo y Rachel? Ustedes también se aman, eso debería ser lo único que importa también – Santana usó sus mismas palabras mientras la seguía.
- Es complicado San…. – Quinn tenía que pensar - Necesito tiempo para pensar – agregó
- Pero… - Justo cuando ambas pisaron arena y cuando Santana estaba lista para refutar la teoría de pensamiento de Quinn, el grito de Sophie las alertó.
- ¡MAMA! – la pequeña llegaba corriendo mientras Beth caminaba más atrás de la mano de Sophie – Enterramos a mami Britt en la arena y luego enterré a Beth y después traté de enterrarme yo sola pero como no podía hacerlo, mami Britt me ayudó – Sophie hablaba a mil por segundo – Y me di cuenta que mami Britt se había desenterrado entonces me desenterré de nuevo para enterrarla de vuelta pero entonces yo me había desenterrado y le pedí a Beth que me ayudara a enterrarme pero eso hizo que ella se desenterrara… - la niña hizo una pausa mientras Santana la miraba con atención – Tengo hambre – concluyó - ¿Quién es ella? – agregó apuntando a una Molly que se había quedado impresionada por la velocidad con la que hablaba la latinita.
Santana giró los ojos – Justo veníamos a buscarlas – le dijo a Britt que llegaba junto con Beth al grupo. La pequeña rubiecita miraba a su madre con el ceño fruncido.
- Dios mío, es igual – Britt se dio cuenta de inmediato y se llevó su mano libre a su boca como gesto de sorpresa.
Quinn, que preocupada por la reacción de Beth no había sacado su mirada de ella, bajó a Molly con cuidado a la arena y se agachó de forma que la morenita quedaba entres sus piernas. La pequeña se escondió en el cuello de Quinn de inmediato. La cara de Beth se desfiguraba cada vez más – Ven aquí tesoro – Quinn agarró la manito de Beth y la tiro suavemente hacia ella, Beth se abrazó al hombro libre de la empresaria – Britt, Beth, Sophie… Quiero presentarles a alguien – dijo aprovechando para besar la cabeza de la que iba a ser la mayor de sus hijas – Ella es Molly y va a quedarse con nosotros – dijo tan segura que hasta ella misma se sorprendió por su decisión. Britt y Santana la miraron – Molly… - Quinn picó el costado de la pequeña pero la niña solo se removió en sus brazos.
- ¡Dios! ¡Otra rarita! – Santana miró a Sophie orgullosa por lo que había dicho. Britt las reprendió a las dos con una mirada.
- Molly… - la rubia volvió a intentarlo - por favor, ¿podrías salir un ratito de ahí? Quiero presentarte a otras tres personas muy importantes para mi – A esta altura la rubia tenía un master en tratar con raritas, Molly sacó la cabeza de Quinn y apoyándose en su pecho miró hacia adelante. A pesar de que su cara era morena como la de Rachel, se notaba colorada de la vergüenza – Molly Ella es Beth, mi hija y la de Rachel – pensó que lo mejor era resaltarlo para que la rubiecita se sintiera importante y de hecho acertó, porque sintió como la otra pequeña que tenía abrazada le dio un beso en la mejilla y se acercó a la morenita para mirarla de cerca – Ella es Britt – señaló a la bailarina – mi otra mejor amiga y junto con Santana son las madres de Sophie – la pequeña López era la última señalada.
Para sorpresa de Quinn fue Beth la que habló primero – Hola Molly – saludó dejando un beso en la mejilla de la que iba a ser su hermana. Rápidamente la hija de Rach giró y se volvió a enterrar en Quinn haciendo que la rubia se callera de cola en la arena. Beth miró a su madre confundida.
Quinn agitó la cabeza y sonrió - No te preocupes tesoro. Molly es muy vergonzosa pero estoy segura de que le encantó que la saludaras. ¿Cierto pequeña? – Quinn picó a la morenita que movió su cabeza con aceptación. En la carita de Beth apareció una sonrisa.
- ¿Es velgon… verrrgonzosa como mami Rache? – la niña también encontraba sus parecidos
Quinn asintió – Igualita a mami Rach cariño – todas estuvieron de acuerdo.
- Bienvenida Molly – esta fue Britt la que se arrimó a la pequeña – Siempre digo que mientras más seamos es mejor, asique nos encanta tenerte con nosotras – le dijo
- ¿No voy a tener que compartir mi comida con ella cierto? ¡Auch! – A Sophie le tocó coscorrón - ¿Por qué me pegas? – Santana disimulaba con sus manos atrás.
- Por glotona – le dijo su madre.
- Quinn – la empresaria miró a Britt cuando la bailarina la llamó y vio cómo su amiga señalaba detrás de ellas con su cabeza.
La rubia se paró de la arena y giró para encontrase que a unos pasos de distancia y justo en el lugar que Britt señalaba estaba parada Rachel Berry. La morena miraba al grupo con su habitual pose y rascaba su cuello con nerviosismo.
- ¡MAMI RACHIE! – Beth corrió como pudo por la arena y después de dos o tres tropezones llegó a los brazos de la tatuadora que la recibió con alegría y le llenó la cara de besos
Instintivamente Quinn agarró con una mano la manito de Molly y empezó a caminar con ella a su lado hacia Rachel dando pequeños pasos para que la niña no se tropezara.
- Quinn… - Fue lo primero que Rachel le dijo apenas estuvieron cerca.
- No es conmigo con quien tienes que hablar primero Rachel – dijo duramente la empresaria y le señaló a la pequeña que tenía agarrada de la mano. La morena agachó su cabeza nerviosa pero igual asintió.
- Britt y yo nos vamos a ir a cambiar y a ver si le preparan algo de comer a mi glotoncita – Santana alzó agarró la mano de su pretendida y después la de su hija y se las llevó lo más rápido que pudo.
Quinn se agachó y volvió a hablarle a la pequeña que al igual que su madre tenía la cabeza agachada mirando a la arena – Te vas a quedar con Rachel un ratito ¿puede ser? – preguntó con ternura y esperando a que la pequeña se tirara sobre ella y no la dejara ir, pero sorpresivamente Molly asintió. Quinn sonrió ante las similitudes y ante la ya latente conexión que había entre ambas morena y que hasta Molly podía sentir.
- Tu y yo nos vamos a ir a comer antes de que Sophie acabe con todo – le dijo Quinn a Beth que sensatamente se pasó de los brazos de Rachel a los de Quinn sin chistar.
- Quinn… - Rachel volvió a intentarlo
- Después – volvió al tono duro y con Beth en sus brazos caminó hacia la casa.
Antes de desaparecer por la puerta que separaba el enorme jardín de sus padres con la playa se frenó y miró a la pareja que había dejado. Tuvo que apretar fuerte los labios para no sonreír o llorar o lo que sea que le saliera primero. Justo en el lugar que la había dejado estaba Rachel parada con su cabeza torcida y mirándola con el mejor de sus pucheros. Y como si eso no fuera suficiente para quebrarla, Molly había caminado hasta su madre y le había tomado la mano y en exactamente la misma pose que su madre miraba a Quinn con el más idéntico puchero que alguien podía imitar. Quinn agitó su cabeza. Allí, en el medio de la playa, con el océano de fondo, madre e hija vestidas con las zapatillas más sencillas, con el más barato de los jeans posibles, con la más ridícula remera posible y con la misma pose estaban su novia y la que estaba casi segura iba a ser su segunda hija. Si alguien le decía hace medio año que Quinn Fabray iba a estar completamente enamorada de alguien como Rachel y que en casi ocho meses iba a tener tres hijos, Quinn no se lo creía, era increíble cómo había cambiado su vida. La rubia miró a Beth y se dio cuenta que la pequeña estaba mirando exactamente lo mismo.
Beth giró su cabeza y miró a su madre – Son lalas – madre e hija se miraron durante uno segundos una esperando a que la retaran por no decir raras y otra tratando de entender lo que su hija le había querido decir.
- ¡JAJAJAJA! – las dos soltaron una carcajada y eso le dio el pie para que entraran al jardín dejando en el medio de la playa a las morenas. Después de todo dicen que las rubias son más divertidas ¿o no?
