Capítulo 15

Doble melodía


Siempre se ha creído que existe algo llamado destino, pero siempre se ha creído también que hay otra cosa que se llama albedrío. Lo que califica al hombre es el equilibrio de esa contradicción.

-Gilbert Keith Chesterton.


La primera sensación que la inundó fue parecida al de columpiarse con fuerza.

Hacía tiempo que no lo hacía. Desde que tenía memoria que los columpios eran su juego favorito; la sensación que ofrecían era única. Mientras ganaba vuelo, echaba hacia atrás su espalda y cabeza y parecía que volaba, el cielo estaba a su alcance y era libre de ir al lugar que desease. Entonces cerraba los ojos, sintiendo el viento golpear su cara e imaginaba que se movía a través de las nubes, lejos de las peleas, los pesares, los problemas, los compañeros que la molestaban… en ese momento solo existía el éxtasis de la libertad.

En aquel instante parecía que volaba por el vacío, sin sentir ni ver nada en absoluto y entonces aterrizó.

Abrió los ojos y como en un sueño, miró tranquilamente su alrededor. Se encontraba afuera de su casa, aunque el paisaje era el de su infancia. En la esquina estaba el almacén que actualmente ya no existía, la botillería aún no se construía, las casas tenían su anterior aspecto y para añadir a la surrealidad de su entorno, todo parecía coloreado en tonos sepia. Tocó la antigua puerta de su hogar, observando el pino que habían sacado para tapar con cemento todo el patio y el auto antiguo, que en algún momento de su niñez vendieron. Intentó abrir pero estaba cerrado con llave.

Por instinto comenzó a caminar a su derecha, hacia la avenida más lejana y en algún momento dejó de estar sola; una persona alta y esbelta, de rasgos faciales suaves y con una extraña vestimenta plateada estaba a su lado. Alice no se alarmó, sentía que el otro ser no era peligroso, incluso le parecía conocido más no sabía por qué, aunque la hacía sentirse en confianza, así que se decidió a preguntar.

— Esto no es real, ¿dónde estoy realmente?

— Muchos recrean espacios que conocen y donde se sienten seguros, para estar cómodos al dar el siguiente paso —respondió con voz suave y calmada, ladeando ligeramente la cabeza para mirarla desde su altura. Ese tono tan dulce que tenía le resultaba extrañamente familiar.

— ¿Quién eres tú?

— Tenemos muchos nombres, pero en tu mundo por lo general nos suelen llamar "ángeles de la guarda" —contestó, sonriéndole dulcemente—. Fui asignado a ti desde tu primera vida, guie algunos de tus pasos e incluso fui algo parecido a un amigo imaginario durante tu infancia cuando lo necesitaste. ¿Recuerdas? Te dije mi nombre y debías decirlo tres veces para convocarme.

— ¡Ya recuerdo! Había olvidado el nombre cuando crecí, es Hroc ¿verdad? Por casualidad, ¿no fuiste tú el que, de niña, me susurró "cuidado" cuando estaba a punto de cruzar la calle, absorta en mis pensamientos, deteniéndome y evitando que me golpeara un auto? —consultó, feliz de haberse reencontrado con su amigo perdido, ante lo cual el otro asintió.

Ya que era una conversación entre viejos camaradas, se decidió a preguntar directamente y sin dudar.

— Estoy muerta ¿Verdad?

El paisaje fue desvaneciéndose, dando paso al del Vacío y desde allí, pudo ver el gran árbol del multiverso, con sus ramas centrales y sus respectivas divisiones. Observó maravillada cómo lentamente las dimensiones perdidas comenzaban a regenerarse, esto gracias a la memoria de la rama original. Tras completarse dicho proceso, millones de fragmentos de almas rescatas regresaron a sus respectivos hogares, sin embargo, aquellos mundos ya no volverían a ser los mismos.

Hacia abajo, pudo ver al ente pelear contra las ataduras mientras se alejaba de la creación. Siendo ella ahora sólo un alma, aquella visión únicamente le produjo repulsión, aunque por un instante, justo antes de continuar su camino, pudo ver pasar rápidamente la historia de aquello. Un ser paradójico era, creado a partir de la energía y pensamientos negativos expelida a lo largo de la historia, pero a la vez siendo su origen anterior a los Ainur. Una entidad sin vida ni autonomía ni espíritu propio: la mácula de la humanidad. Tentador y causa indirecta de las primeras caídas, se alimentaba de la oscuridad y buscaba a las almas que no desean mejorar tras cada vida, para persuadirlos de entregarles sus espíritus voluntariamente y así llenar sus filas para el final. No pudo meditar mucho sobre eso, pues su acompañante la instó a seguir, alejándola de la orilla del camino.

Poco a poco, más almas brillantes y de diversos colores comenzaron a unirse a su andar y sin necesidad de preguntar, supo que eran las personas de los otros grupos que murieron en su misión, los cuales avanzaban flotando rápido a su lado, ansiosos de llegar a alguna parte. Ese lugar resultó ser la orilla del río de la vida que cruzaba todos los mundos, atravesando cual cascada los planos astrales más altos y concentrándose en la luz más hermosa que nunca existirá, el lugar donde no sólo habitaban las almas más elevadas y los que en algún otro lugar llamaban Ainur, sino que también era el sitio del gran Creador.

Un espíritu en especial llamó su atención, el cual se había detenido algunos pasos por delante de ella. Tras verlo atentamente, grata fue su sorpresa al descubrir a aquel hombre que ella viera morir en ese callejón oscuro. Cuando se vio reconocido, el rostro de etérea luz anaranjada formó una sonrisa triste y sin decir palabra, le pidió disculpas. Inmediatamente le perdonó, enviándole una sensación reconfortante cual abrazo lejano, mientras sentía su ser llenarse con alivio al saber que aquel hombre no había sido arrastrado junto a aquella entidad. La otra alma le hizo un gesto de despedida que ella correspondió, antes de sumergirse en el río que lo llevaría a otra vida.

Junto a la orilla descansaba una barcaza hecha de luz plateada y, sin necesidad de que su amigo le explicase, supo de inmediato que estaba destinado a ella, para dirigirla a la Gran Luz. Alice sintió como todo su ser deseaba ir allá, quiso avanzar hacia la barca pero entonces algo sucedió; un tirón desde atrás y una voz.

"¡Alice!"

Algo le decía que no debía hacerlo, que empeoraría las cosas, pero finalmente se rindió a su curiosidad, don de su raza y giró el rostro para ver lo que estaba a sus espaldas.

Vio el Arda del cual había provenido, el cual era un brote como tantos de la rama principal, la cual formaba parte de uno aún más grande; la historia original en bruto. La imagen comenzó a acercarse, hasta que pudo ver como Maglor abrazaba con desesperación y gran sufrimiento su cuerpo maltrecho, las lágrimas caían como riachuelos por su rostro mientras su fëa se apagaba. Aún había una línea que la conectaba al mundo material, pero no era el cordón de plata de la vida, sino que la unión de sus almas, pues ambos aún compartían una pieza del otro. Su ser también comenzó a apagarse debido al dolor, mientras lloraba lágrimas de luz. Intentó caminar hacia él, deseando consolarlo, abrazarlo, pero alguien la detuvo.

— Tu vida ya ha acabado —declaró Hroc con seriedad—. Ahora debes cerrar el ciclo y continuar, por tu sacrificio te esperan las más altas estancias junto a nosotros.

— ¡Pero no puedo dejarlo así! —Le interrumpió sin dejar de llorar— Ni siquiera he podido despedirme como corresponde — a pesar de que sólo era un espíritu, por costumbre intentó limpiar sus ojos y nariz, antes de tomar la mano de su viejo amigo con desesperación—. Respóndeme, ¿por qué yo? ¿Por qué nosotros? ¿Por qué hemos tenido que pasar por todo esto?

— Eres un alma libre, la respuesta está dentro de ti, siempre lo ha estado, entre las primeras memorias de tu existencia —replicó con un suspiro triste, mientras acariciaba con cuidado la cabeza etérea de su protegida.

Su alma vibró ante aquella respuesta y sumiéndose en sus recuerdos, lo vio.

-.-.-

Estaba esperando a que llegara el momento de descender.

Su alma creada recientemente era pequeña y contenía únicamente algunos dones otorgados por la Luz, el Creador, Origen. Sólo cuando llegara al mundo, sus futuros padres darían fuerza y forma a su ser, completándola y definiéndola para el resto de su vida. Se encontraba junto a otros fëa de elfos, jugueteando con ellos en espera de su turno, cuando sintió a lo lejos algo poderoso y peligroso liberarse y millones de almas sufriendo a causa de aquello. A pesar de desconocer el concepto de tiempo, supo que aquello no estaba sucediendo aún, lo cual le confundió ligeramente.

No estaba seguro de que acababa de ocurrir y buscó una explicación entre sus compañeros. Fue en ese momento que sintió como si algo le llamara, los primeros hilos de un destino formándose, concepto que desconocía a causa de su juventud e inocencia. Intuía que era importante y el hecho de que los fëa cercanos al suyo, los cuales claramente lo habían sentido también, intentaran ignorarlo como si le temieran sólo avivó su curiosidad, así que decidió seguirlo.

Flotó a través de las salas de luz, uniéndose a un número cada vez más numeroso de almas de diversos mundos, hasta llegar a una enorme estancia, en cuyo centro flotaba el núcleo luminoso del Creador. Miles de almas nuevas se asentaron inquietas a su alrededor, buscando una explicación a lo que habían sentido, la cual les dijo.

Una fuerza contraria que buscaba la destrucción de todo, una personificación negativa contra la cual se enfrentarían al final de todo, se había liberado antes de tiempo, lo cual causaría gran sufrimiento a los mundos. Las almas, turbadas y temerosas, preguntaron si podría hacer algo, a lo cual contestó negativamente, pues un enfrentamiento directo entre ambos causaría la destrucción de todo. Sólo existía una forma de encerrarle de nuevo, pero para esto se necesitaría el trabajo en conjunto de un numeroso grupo de almas, dispuestas a sacrificarse por el bien de los mundos para buscar las piezas que debilitaran al ente.

En aquel momento muchos se acobardaron, decidiendo que era mejor la seguridad que les ofrecía las salas de espera junto al resto que aguardaba el descenso. También su alma se sintió tentada de hacer lo mismo, pero la idea del sufrimiento que esperaba a millones y aquella nueva y desagradable sensación que le había entregado aquella premonición, encendieron en su pequeño ser el deseo de ser de ayuda y servir en los planes para detener a la entidad. Así que permaneció junto al resto que eligiera lo mismo y dejó su vida y fortuna en manos del Creador, quien lentamente entretejió sus destinos en una parte de la Canción mayor, tomándolos con cuidado para indicarles el camino a seguir.

Cuando llegó a su alma, su luz la rodeó con cariñó y los rostros de las fuerzas masculina y femenina que juntas conformaban la fuerza perfecta y creadora que era, parecieron sonreírle con gran ternura, lo cual le tranquilizó un poco. Entonces procedió a contarle que era necesario la creación de una canción que debilitara a la entidad, pero para que la persona que podía crearla lo hiciera, alguien debía empujarle en la dirección correcta y su alma era la indicada para aquella tarea, más debido a esto, no podría nacer en el mundo que le correspondía, pues tendría que recorrer un camino más largo que le entregara la sabiduría para ayudarle en su quehacer.

A pesar de la tristeza que le embargaba, pues no vería el mundo y los padres que tanto había anhelado conocer, aceptó humildemente su misión, pero entonces la Luz le dio una advertencia final y una última oportunidad de abandonar aquel camino.

Para que la canción lo golpeara, alguien del grupo al cual pertenecería tendría que sacrificar no sólo esa vida, sino que también las posibles futuras, entregándole mayor poder a la melodía y debilitando aún más al ente. Con curiosidad pidió saber quién sería el elegido para llevar a cabo tal acto, a lo cual respondió que podía ser cualquiera, entonces tras pensarlo un momento, anunció que deseaba ser la llave final. No pareció sorprendido por su petición, lo cual no era de extrañar, siendo que le había creado y por ende conocía todo su ser, pero de todos modos preguntó si estaba seguro de su decisión, ante lo cual asintió e inocentemente agregó que si era voluntario desde el principio, quizá haría aún más poderosa la canción, lo cual definitivamente les daría la victoria y así todos serían felices y ya nadie más sufriría.

Como alma libre que la había hecho, le respondió, no podía obligarla ni atarla a aquella determinación suya, podía marcar su camino cual destino para que lo siguiera, incluso acercarle la oportunidad para realizarlo, pero al llegar el momento, la decisión final para hacerlo o no estaría en sus manos. Aceptó aquello, confiando en que su resolución seguiría siendo firme.

Siendo que los fëa de elfos están incompletos hasta que descienden con sus padres, su pequeña luz fue unida con un paralelo humano recién creado en otro mundo, junto a las otras que la acompañarían en el futuro. Nació y murió incontables veces, asesinó, fue asesinada y perdonó a quienes le hicieron daño, participó en guerras y las odió, se volvió enfermera y sanadora para ayudar a heridos en otras, fue alquimista, científico, bibliotecario y archivero y aprendió a valorar y analizar la información, crear nuevo conocimiento y compartirlo. Sin embargo, en ninguna de todas sus vidas pudo amar, al menos no de verdad y en cada una sintió añoranza por un mundo que nunca pisó y por una persona que jamás conoció.

Hasta que finalmente llegó a su vida actual, con la sabiduría latente en su interior y sólo esperando ser descubierta, preparada para cumplir con su misión, aún si no era consciente de ésta…

-.-.-

— ¿Comprendes ahora? —preguntó Hroc, colocando la mano con suavidad en su hombro hecho de luz plateada.

— P-pero —balbuceó, llorando todavía más y observando a través de sus manos traslúcidas—, en ese entonces ni siquiera comprendía qué iba a perder, aún no entendía de sufrimientos o amor a otro que no fuera Origen, me comprometí inocentemente a este destino. ¿Cómo podría haber imaginado lo que implicaría? ¿Hasta qué punto tuve algo de elección en esto?

— Lo hecho, hecho está —declaró con un suspiro el otro—. La decisión final fue tuya solamente.

— Debe haber algo que se pueda hacer. Quizá el Creador pueda o sepa algo ¡Haré lo que sea! — exclamó con algo de esperanza aun brillando en su interior.

La joven volteó nuevamente para ver al elfo, aunque esta vez pudo observar algo más. Ya sea que en verdad estaba sucediendo o la Canción le permitió observarlo, lo que sucedería u ocurrió tras su muerte se desplegó ante sus ojos.

Maglor ni siquiera logró salir de detrás de la puerta, sin el lazo vital de ella y sumado al gran pesar que lo acongojaba, entregó su espada a Michelle con un mensaje y dándole el mando del grupo, y en soledad se dejó ir a Mandos. El evento trajo gran pesar a todos. La despedida tras la breve reunión con la otra Compañía fue lúgubre, manchada por la desgracia y la muerte. Para Fran y Pippin no fue mejor, pues se vieron obligados a separar sus caminos con gran dolor para ambos.

La visión se desvaneció y en el espacio que antes ocupara, solo quedó una pequeña luz, la luz del mundo que dejara atrás. Un fuego muy distinto al anterior se encendió en su ser entonces, uno peligroso, un fuego proveniente de su lado más humano, una llama que, presente en mayor o menor medida en otras razas, había provocado la caída de muchos desde el inicio de los tiempos, desde los Ainur hasta elfos y enanos. El fuego en sí no era lo malo, pues había sido entregado por Eru mismo, el problema estaba en los deseos que podía despertar, y el que brillaba en su corazón era el peor de todos.

— Haré lo que sea para que el final sea distinto — proclamó con fría decisión, a pesar del temor latente a las consecuencias de lo que estaba a punto de decir, a desafiar al destino mismo, a querer cambiar la realidad—. Aunque deba sacrificar algo nuevamente.

Volteó para mirar a su viejo amigo, pero su ángel ya no estaba allí.

-.-

Permaneció inquieta en su lugar, el fuego de su alma temblando mientras se daba cuenta de las cosas que le habían sucedido. Con una mayor consciencia de su fëa, descubrió que aquel extraño comportamiento o decisión que emergía de su interior con ardor, provenía de lo más profundo de su lado élfico, antiguamente unido con su parte humana, el cual recordaba aún su misión y buscaba cumplirlo a pesar de ella. Sin embargo, el resto de su alma se rebelaba contra aquello, contra lo que consideraba un injusto destino. Si habían sido guiadas continuamente hacia aquel momento final, y fue ese lado élfico quien busco cumplir con una misión que ella desconocía hasta ahora. ¿Hasta qué punto habían tenido verdadero albedrío? ¿Hasta qué punto fue su decisión? Lo único en que quizá tuvo elección fue en amar, pero eso solo empeoraba su culpa por la cruel condenación que había impuesto en Maglor al final.

Sola en aquel espacio y sin dejar de ver el vacío lleno de puntos de luz, no pudo dejar de pensar en todo aquello que había dejado atrás y seguramente no volvería a ver. Se preguntó si su familia actual ya habría vuelto a su mundo, si todos habían regresado... si ya la estarían buscando. Sintió un dolor agudo en su centro al percatarse que, pasara lo que pasara, no volvería a estar con ellos en mucho, mucho tiempo. Si permanecía muerta, tendría que esperar a que abandonaran el ciclo de reencarnación y si regresaba... si permanecía con Maglor, no podría estar con ellos; no podía tener todo lo que deseaba...

Una vieja melodía resonó en su alma y sin poder evitarlo, entonó una estrofa, buscando sacar algo del sentimiento que la hería.

"*¡Qué pena siente el alma

cuando la suerte impía

se opone a los deseos

que anhela el corazón!"

Una vieja memoria acudió junto a aquella melodía, el de su madre cantando y bailando al son de esa canción un vals improvisado mientras preparaba el almuerzo, su hermana haciendo tarea en la mesa y ella misma rodeada de juguetes y sentada en el suelo, observando aquel pequeño momento de paz en que su mamá no estaba gritando y retando a una de las dos, ni su hermana la molestaba de alguna forma. Un fragmento de paz e inocencia de una vida ya extinta, cuando la bendita ignorancia de lo que estaba por venir aún existía. Recordó también a su padre, quien a pesar de sus fallos y desconocimiento de cómo ser un padre, debido a la ausencia de uno en su propia infancia lo cual lo hacía actuar más como un niño que un adulto, aun así intentaba hacer el mejor trabajo que podía y siempre trataba de proteger a sus hijas, darles todo lo que él no tuvo. A pesar de las peleas, rememoró todos los instantes en que sus padres convivían en paz, las veces que su familia estuvo unida. Nunca pensó que alguna vez se separaría de ellos.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el regreso de su ángel, quién sostenía una copa dorada. Su alrededor cambió al mismo tiempo y se descubrió en un cuarto hecho de luz pura, vacío con excepción de ambos. Ella no pudo evitar sentirse nerviosa, pequeña ante la figura majestuosa delante. La copa tampoco le agradaba, se veía… pesada, era la única palabra que emergía de su mente para justificar su desagrado.

La mirada aguda y brillante del ser etéreo que fuera su guardián, la miró fijamente con algo que parecía más que seriedad.

— ¿En verdad estás dispuesta a hacer lo que sea para cambiar el destino mismo?

Alice sólo pudo asentir.

— No va a ser un camino fácil — insistió, todavía tratando de convencerla para evitar que cometiera un terrible error, uno que siempre le pesaría.

— Lo sé.

— A veces no es bueno intentar cambiar el final de una historia. Alguien debe pagar por esa felicidad dada y tú nunca podrás ser completamente feliz allí.

— Lo sé.

— Estás condenando a una parte de ti a una carga y sufrimiento enormes por tu deseo egoísta.

— Lo sé.

— Te vas a arrepentir de haber hecho esta decisión —señaló con severidad como un último intento.

—... lo sé...

Su ángel guardián suspiró, sabiendo que no podría hacerle cambiar de opinión sin importar cuanto lo intentara, ante lo cual se sintió lleno de tristeza.

— Muy bien, entonces te explicaré algunas cosas que debes saber —comenzó a decir, dedicándole una mirada pesarosa—. Gran parte del sacrificio que has hecho, incluyó varias futuras reencarnaciones y posibilidades de aprendizaje que pudieras tener, de lo cual te advirtió aquel animal felino que fuera tu mascota.

"El líquido de ésta copa no es completamente dulce. Tendrás que realizar una nueva y ardua misión hasta el final, con el cual equilibrarás en un mundo el sacrificio que se debía realizar y la nueva oportunidad al cual has dado origen, pero al mismo tiempo no se puede cambiar un destino que se ha escrito. Éste momento seguirá existiendo, aunque podrás entregar una oportunidad a los que aún continúan escribiendo el suyo —hizo una pausa, en el cual la miró con mayor gravedad—. Ésta es la única forma de lograrlo y es el regalo de Eru para ti. ¿Aun sabiendo esto deseas continuar?

Se inquietó profundamente por lo que le había dicho, pero a pesar del temor a arrepentirse a futuro, permaneció firme en su decisión.

— ¿Cuáles son los detalles?

— Lo sabrás en cuanto bebas de la copa, pues es desconocido para mí. Pero deseo que sepas que sin importar lo que elijas, seguiré a tu lado como tu guardián, tal y como siempre lo he hecho.

— Gracias, mi viejo y querido amigo.

Alice y todos quienes alguna vez fue y los que alguna vez pudieron ser tomaron la copa, observando el extraño líquido en su interior, el cual parecía contener un universo en su fluido oscuro y estrellado. Sin pensarlo dos veces bebieron su contenido, tras lo cual todo se desvaneció.


Notas:

* Violeta Parra. Canción: "Que pena siente el alma" (Recopilación)