Bueno, cierro el ciclo de posteo con este capítulo. S's Lady hará quizás un poco más que yo, debido a que estoy haciendo unas pasantías y estaré algo ocupada. "Mi gato Snape" quedará bajo su cuidado, siempre y cuando yo deje algún capítulo en mis libros. Saludos.

Lady A.


Capítulo 37: Cumpleaños y una revelación.

Hermione dormía esa mañana. Mientras lo hacía, sintió un brazo que rodeaba su vientre con suavidad, y se giró para mirar; aún somnolienta. Era su esposo, quien parecía sonreír suavemente. Se acomodó en la cama para mirar mejor, y notó que había amanecido.

- Feliz cumpleaños Hermione- musitó, besándole la frente.

- Gracias Severus- sonrió Hermione dándole un pequeño beso- Gracias.

- Tienes que levantarte, ya es muy tarde para que; aún estés en la cama- indicó, la sonrisa no dejaba sus labios y Hermione comenzó a pensar en distintas cosas a la vez. Cómo amaba a su esposo.

- Sí, me levantaré enseguida.

Se apartó para permitirle levantarse. Antes de irse al baño, Hermione le observó con una sonrisa. Su más grande deseo había sido, pasar su vida con alguien que la amase lo suficiente como para recordar esos pequeños detalles; y ahora estaba feliz de que así fuera.

La esperó, mientras se arreglaba. Se veía motivado, amaba a la mujer que tenía frente a sus ojos; y simplemente no podía dejarla. Suspiró, en cuanto sintió que la puerta comenzaba a abrirse.

Hermione tenía puesto, un amplio vestido negro que le hacía ver más angelical de lo que era. Sobre su cabello, había una cinta de igual color que terminaba en un lazo a un lado. Seguía sonriendo mientras salía y se encontraba con el hombre.

- ¿No me veo gorda verdad?- rió con suavidad y él negó.

- Estás embarazada Hermione- contestó él, como si allí la gordura fuese justificada.

- ¡Lo sé, pero no quiero terminar excesivamente embarazada!- suspiró. Sí, aún no entendía las cosas de mujeres y sólo se limitó a asentir.

Hermione creía, que su esposo estaba muy sospechoso. No dejaba de sonreírle, y la esperó mientras ella se arreglaba; cosa que no había hecho desde que estaban "casados". Sin duda, esperaba encontrarse con una grata sorpresa.

Para cuando salieron, tuvo muchísima razón. En la mesa había un enorme arreglo floral, y una pequeña caja. Hermione no pudo evitar actuar como una niña. Unas hermosas rosas como la sangre; engalanaban la mesa del salón.

No le dijo nada, y esperó hasta que ella mirase el presente. Hermione tomó entre sus manos, la pequeña cajita negra y comenzó a abrirla. Dentro, había un hermoso anillo, y dos pequeñas pulseras; con los nombres de sus hijas. Sí, no pudo evitar llorar como una tonta.

- ¡Oh Severus, son preciosas!

- Creí que te hacía falta un anillo de "compromiso"

- Es ¡Espléndido!- dijo, colocándoselo- ¡Sin duda, maravilloso!

Le besó, tan apasionadamente; como nunca lo había hecho. Aquel regalo que había recibido, era el mejor. No importaba si los demás; se olvidaban de su cumpleaños. Ya el día era lo suficientemente perfecto.

Se separó de ella, y hurgó en la mesa. Sustrajo un par de cartas y otros presentes que, Hermione; suspuso eran de sus familiares y amigos. Se los entregó, antes de desaparecer hacia la habitación. Sí, ese era un momento de Hermione; no suyo.

Siguió llorando, haciendo uso de la sensibilidad permitida en el embarazo. Ginny, le había regalado más ropa para sus hijas, y Ron; un hermoso collar. Harry y sus padres parecían coincidir en regalar juguetes. Remus y Sirius habían hecho una combinación de ambos, junto con Molly y algunos miembros de su familia quienes; le enviaban un regalo muy modesto pero que igual apreciaba. Sí, su día no podía ponerse mejor. ¿O sí?

Colocó las cosas, en el cuarto de sus hijas y; se dispuso a regresar a la habitación. Dentro como ya sabía, estaba Snape; quien leía calmadamente un libro sobre runas antiguas. Una vez, ella tuvo una fascinación por esa lectura también.

Mientras se sentaba, él la observó. Suponía, que tenía que decírselo tarde o temprano; que tenía que compartir esas ideas con ella. cerró su libro, y lo colocó a un lado; simplemente mirándola.

- Hermione, hay ciertas cosas que tienes que saber.

- ¿Mmm? ¿Qué cosas Severus?

- Los anillos, y todo esto que ha estado sucediendo; me ha llevado a pensar que el señor tenebroso sigue con vida. Verás, cuando encontré a Ginny; también encontré a Nagini. Eso me llevó a pensar, que utiliza a la serpiente como Horrocrux, como también es posible que los anillos o la maldición; lo sean.

Hermione se mantuvo en silencio, tan sólo escuchándole. No parecía tan absurdo, y hasta era bastante posible. Siempre creyó que Voldemort tenía sus trucos, y que quizás; no habían acabado del todo con él.

- Por eso, pienso viajar; hacer una investigación más a fondo. Hay runas debajo del anillo, y necesito descubrir al inventor original del anillo. Sé que estuvo en manos de la familia Riddle; pero ellos no lo inventaron y por ello tengo que descifrarlo.

¿Viajar? ¿La dejaría sola? Hermione alzó la cabeza y le mantuvo la vista, meditando con cautela su respuesta. Si bien estaba embarazada, y podía ser un factor limitante; no quería quedarse sola ni verlo ir. Sí, bien; estaba siendo un poco caprichosa. Lo amaba.

- Quizás, podrías quedarte con Potter por un tiempo; mientras.

- No, yo no quiero quedarme sola.

- No estarás sola, estarás con.

- "Sola", sin mi esposo.

Suspiró, a sabiendas de que no la convencería. Se giró para observarle con una sonrisa sarcástica en el rostro, que en Hermione emuló muchísimos recuerdos. Luego de ello, conformó en su rostro una mueca que también le hizo recordar sus días en Hogwarths.

- No me obligue a restarle puntos, señorita Granger.

- Pues tendrá que quitármelos profesor, por que- sonrió, inclinándose hasta que sus labios rozaran los del hombre- La sabelotodo insufrible, va a besarlo.

Una vez separado de ella, le abrazó. Hermione cerró los ojos por unos cortos segundos, recordando lo que había experimentado el día anterior. ¿Ese era el poder, del que tanto Voldemort se vanagloriaba? ¿Por qué lo había sentido ella? ¿Qué tenía que ver con todo eso?

- Ven conmigo- musitó el hombre, regulando su respiración- Entonces, ven conmigo.

Hermione asintió, volviendo a cerrar los ojos. Ella deseaba ayudarle, a encontrar la solución al problema; quería hacerlo junto a él. También; era parte del mismo.

Se movió violentamente y sonrió, confundiendo al hombre quien le mantuvo la vista. Creyó que le sucedía algo, pero se relajó al notar que seguía sonriendo. Volvió a tomar su mano, y la colocó sobre su vientre. Nuevamente sus hijas se habían movido.

- No lo entiendo- susurró- cada vez, que estás cerca de mí; mis hijas me patean. Creo que les agradas mucho- rió.

Aunque la había tocado, no había sentido algo como lo había hecho; en el momento en el que ella comenzó a sangrar. No entendía que significaba; pero sin duda representaba una mejoría. Apartó su mano luego de unos segundos y; alzó la cabeza para mirar a Hermione.

- Creo que, una visita a Dumbledore no nos haría mal- indicó.

- No, creo que no.


Aparecieron juntos en Hogwarths. Hacía mucho tiempo, que Hermione había dejado de visitar el castillo y, pese a que la mayoría de sus recuerdos se habían perdido por la maldición; ella se encontraba feliz de estar allí.

Entraron en el despacho del director, quien les recibió con jovialidad. Severus levantó una silla, para que Hermione pudiera sentarse. Aunque fuese cinco meses apenas; eran dos hijas. Dumbledore les mantuvo la vista, mientras Hermione tomaba la mano de su esposo; a su lado.

Se amaban, lo sabía y eso era lo que más le preocupaba. No quería hacer sufrir a Hermione, pero si Lucius tenía razón; Snape le estaba haciendo daño. Suspiró, y esperó por escuchar lo que; Snape tuviera que decir.

- Albus, no quiero interrumpir de una forma tan impertienente pero.

- Lo sé, descuida- musitó el anciano- ¿Qué sucede?

- Todo este asunto de los bebés. Ellos, ellos quieren sacrificarlos; por eso necesitan que nazcan.

Dumbledore le observó, ligeramente impactado. ¿Sacrificar bebés? siquiera en su época, Voldemort era tan cruel como para semejante aberración con; todas sus letras. Bien, estaba empezando a descubrir ciertas cosas.

- Severus. ¿Quién te ha dicho todo eso?

- Draco, él me lo dijo. Quizás, lo habrá oído de su padre.

- ¿Y por qué él, precisamente; te lo dijo?

- Está muy consternado. Narcisa intentó hacerle daño a Hermione, cree que su madre está confundida.

- ¿Y Lucius?

- Intentó colocarle el anillo a Hermione, pero este no calzó en su dedo.

Dumbledore se mantuvo pensativo dando vueltas alrededor del despacho. Si Lucius había hecho eso, bien podía estarle mintiendo sobre lo que afirmaba de su joven; profesor. Pero habían muchas circunstancias que le generaban dudas. Tenía que saberlo, y de primera mano. Hermione.

- ¿Has sentido algo extraño últimamente Hermione? ¿Algo sin el anillo?

- Bueno, no sé si tenga que ver; pero sí- indicó- he sentido y visto una extraña masa de poder en mi interior. También, he derramado una sangre tan negra como la noche.

Eso era suficiente, y lo que más temía. No quería decirlo de buenas a primeras, pero parecía que Lucius tenía razón en sus cavilaciones. Quizás, Snape era dañino para su embarazo; y estaba fraguando el alma de Voldemort dentro de sus hijas.

- Severus- indicó, dirigiéndose hacia él- ¿Sabes que todo eso, según Lucius es tú culpa?

- ¿Qué?- soltó, confundido.

- Sí. Mantuviste relaciones con Bellatrix Lestrange y según, lo que afirma Lucius Malfoy; eso le permitió entrar en ti. Voldemort mantenía una conexión con ella, lo que le permitió contaminarte con su poder; convirtiéndote en un "Horrocrux" por así decirlo. Lo que ha experimentado Hermione, es quizás; su poder fluyendo en ella. La corromperás, y hasta puedes destruírla.

- Pero yo la amo, eso ya ha quedado demostrado; ha evitado que muriese en varias ocasiones.

- Sí, pero eso no es suficiente- suspiró, relatándole toda la conversación con el "ex" mortífago. Pasmado, Snape no supo que decir.

- No puedes, si lo haces; podría ser permanente. Si me separas de ella.

- Lo siento Severus, pero sus vidas están en peligro a tu lado.

TBC.

Bueno, espero que les guste; saludos y besos.