Hasta hacía unas horas, Leoni pensaba que tenía todo bajo control: su hermana hecha prisionera y aguardando un juicio donde cualquier condena sería decisiva para ella, un heredero en camino y la alianza con los reyes de Holodrum bien establecida por si era necesario reforzar el ejército ante una guerra.
Sin embargo, ahora todo parecía irse cayendo a pedazos con cada segundo que pasaba, mientras todas las ventajas que había tenido se iban convirtiendo en humo.
La noticia de que su esposa había fallecido lo dejó completamente inmóvil, asumiendo aquellas palabras. No podía ser cierto, Saviha no podía haber muerto, sólo era una niñata malcriada que estaba intentando llamar la atención durante su embarazo, siempre lo había dicho, ¿cómo iba a morir tan repentinamente si no se encontraba tan mal de salud? Vale que llevaba en cama un tiempo pero era lo habitual en algunas gestaciones, nada que hubiera supuesto un quebradero de cabeza para el príncipe.
Se olvidó por completo que pretendía comprobar si Zelda seguía en la prisión, mientras que caminaba con rapidez hacia el dormitorio de Saviha, acompañado por unos pocos criados que murmuraban palabras cargadas de lástima. A pesar de que la joven princesa de Holodrum apenas había tenido peso en la vida política de Hyrule, la amabilidad y la sencillez de la joven la habían convertido en alguien apreciado por el personal del servicio y por los habitantes del reino.
Cuando entró en sus aposentos, tuvo que hacerse a la idea de que la joven, realmente, había pasado a mejor vida. La habían tumbado en la cama y aunque algunas doncellas a su alrededor, entre las que se encontraba Madun intentaban adecentarla, el rostro de la joven se mostraba contorsionado de dolor, mostrando la agonía que tal vez habían sido sus últimos momentos de vida. El hyliano también reconoció al médico que habitaba en el palacio, que en ese momento se encontraba examinando un vial que había llenado con sangre del cadáver. No era habitual que en Hyrule se estudiaran las causas de la muerte de una persona, si alguien fallecía se seguían los ritos funerarios y poco más, pero en el caso de la familia real, si un miembro moría en extrañas circustancias siempre se solicitaba algunas pruebas. Leoni las había incluso reforzado cuando se autoproclamó rey, temiendo que algún atacante intentara algo contra ellos.
—¿Cómo ha podido morir? —la pregunta, con tono de enfado, brotó de los labios de Leoni sin que éste apenas se diera cuenta —Estaba débil por el embarazo, pero poco más…
Para su sorpresa, el médico negó con la cabeza, cortando de raíz las palabras de Leoni.
—He examinado el cuerpo de la princesa obedeciendo la orden que me fue dada hace meses —la voz del hombre de mediana edad denotaba el cuidado con el que elegía cada una de sus palabras, quizás temiendo provocar una situación desagradable —No estaba embarazada. He estudiado su sangre y, de ese modo, he encontrado la respuesta a sus síntomas, que fueron confundidos. Alguien la ha estado envenenando estas últimas semanas.
Un silencio aplastante siguió a sus palabras. Madun pareció tensarse ante la mención del veneno, pero pronto recuperó la compostura. Leoni, intentando comprender qué estaba sucediendo, no se percató de ello.
—¿Cómo ha podido suceder? —acertó a formular. Le daba igual que Saviha hubiera muerto o no, era el heredero que gestaba lo que le preocupaba, sobre todo recordando que su hermana estaba a punto de traer al mundo a un bebé que la afianzaría como futura heredera de Hyrule. Si ahora a todo eso se le añadía que la joven nunca había llevado un bebé en su vientre, el enfado de Leoni contra la princesa no hacía más que aumentar. Esa maldita estúpida sólo le había traído problemas; lo único de valor que había aportado al reino era la alianza de Hyrule con Holodrum.
—Me he dado cuenta por la extraña coagulación que presenta la sangre —murmuró el médico, volviendo a examinar el vial —Eso unido con los síntomas y con la muerte que ha tenido me señala a un envenenamiento por una toxina que produce una serpiente bastante peligrosa que habita en el desierto. Si se mezcla debidamente, va provocando una serie de daños en los órganos intensos que luego…
Leoni no había escuchado nada más desde que se pronunció la palabra "desierto". Aunque una parte de él, la única racional que le quedaba, le repetía en bucle que cualquier persona podía haber conseguido el veneno en cualquier sitio, la mención del desierto le hacía pensar en los Dragmire, y su odio hacia ellos se acrecentaba. Ya no era cuestión de que tuviera que disputarse el trono con ellos, es que sus opciones de conseguir afianzarse en el poder se habían esfumado por culpa de un veneno que procedía de su maldito desierto. A Leoni nunca le había resultado complicado odiar, y el desdén y desprecio que hasta el momento había venido sintiendo por su hermana se convirtió en verdadera rabia contra Zelda y su infatigable tesón por hacerse con el trono que era legítimamente de él. Antes se habría contentado con encerrarla en lo más profundo del templo más maldito de Hyrule, el famoso y temible Templo de las Sombras, pero ahora lo único que quería era ver a su hermana y al grupo de salvajes al que ahora denominaba su pueblo colgando de una soga.
—Id a comprobar si la traidora a su sangre sigue encerrada —ordenó. Si por lo que fuera había conseguido escapar, pensaba dejarse caer sobre ella con todo su peso, aunque tuviera que entrar en el desierto con toda su fuerza.
Un hijo.
Ganondorf no se había hecho aún a la idea de que uno de los dos hijos que había engendrado fuera un varón, ya que era algo que no tenía precedentes a lo largo de sus vidas anteriores, aunque en la tribu ya había habido algún caso en el que un varón nacía mientras el otro aún vivía. Y por lo general no solía acabar bien, pues cuando el niño alcanzaba cierta madurez solía enfrentarse al que gobernaba la tribu, siempre luchando a muerte por el liderazgo. ¿Tendría él que enfrentarse a una situación similar cuando su hijo llegara a cierta edad? Aunque era alguien beligerante, cuya sangre siempre ardía ante la idea de entrar en batalla, Ganondorf nunca osaría enfrentarse a alguien con su misma sangre en las venas, ya que era algo casi impensable dentro de la tribu. Además, era complicado imaginar siquiera que aquel bebé que dormía entre los brazos de una Zelda tan sumida en el sueño como él pudiera rebelarse contra su padre en un futuro.
Con cuidado, tomó a ambas criaturas de los brazos de su madre, observándolas con más detenimiento. Las horas posteriores al alumbramiento de los niños habían sido tan caóticas que el gerudo apenas había tenido tiempo de lanzarles una mirada antes de ayudar a las demás con Zelda, que parecía al borde del desmayo. La hyliana no había hablado apenas sobre las jornadas que había pasado siendo prisionera de su propio hermano, pero por la tos que a veces la sacudía y por su aspecto consumido no quedaban dudas de que Leoni no se había molestado en tratarla demasiado bien. Sabiendo que la adrenalina no la dejaría descansar, pero siendo conscientes de que el cuerpo de la joven necesitaba un respiro, las mujeres la habían hecho beberse una infusión que la mantendría dormida por varias horas. Zelda no parecía muy conforme con la idea, pero finalmente cedió a la realidad: si no recuperaba algunas fuerzas, podría ser peor para ella a la larga. De modo que, a regañadientes, se bebió el amargo brebaje, quedándose dormida a los pocos minutos con tanta profundidad que no fue consciente de cuando Ganondorf la trasladó a su dormitorio ni cuando éste la aseó antes de ponerle una sencilla túnica limpia y meterla en la cama. Dragmire no sabía cuánto tiempo más pasaría la princesa perdida en la tierra de los sueños, pero admitía que cada segundo de su descanso le daba a él margen para pensar en lo que debían hacer a continuación.
Su principal preocupación era el portador del Valor, ya que era a quien tenía más cerca (y de quién más recelaba por mero instinto). Justo después de que Zelda fuera llevada a la sala de partos, dio la orden de que lo encerraran en una de las estancias de la planta baja del palacio, una que no le diera opción alguna a escapar. Hubiera preferido encerrarlo en una celda en los sótanos, pero le daba la impresión de que quizás ese tratamiento podía avivar el odio del Héroe hacia él. De momento el chico no había hecho ademán de atacarle, sino que se había limitado a, según ella misma, seguir las órdenes de Zelda. Tal vez, ahora que la princesa era su aliada, el Héroe no tendría motivos para odiarle, ya que siempre que había tomado las armas contra él había sido bajo el mando de la portadora de la Sabiduría. Estaba claro que debería hablar con dicha portadora en cuanto se hubiera recuperado para dirimir lo antes posible el destino del joven.
Luego estaba el caso de Leoni. No contaban con la fuerza suficiente para tomar Hyrule, lo había podido comprobar aquella misma noche. Habían sufrido bajas y, por mucho que su pueblo fuera de carácter guerrero, no podían hacer mucho contra unos muros de piedra defendidos por miles de soldados que suplían al instante la baja de uno de ellos. El estilo de las gerudo siempre había sido el de las escaramuzas, una lucha rápida, en campo abierto y lo más agresiva posible. Muy útil si se pretendían asaltar mercaderes para robar sus objetos de valor, pero en lo referido a la estrategia militar no era precisamente la panacea. Ese era el motivo por el que siempre había asediado Hyrule con hordas de monstruos antes que con las guerreras de la tribu; los monstruos podían ser convocados de nuevo y su estilo de lucha era mucho más adecuado para la guerra.
Esa realidad sólo dejaba un camino libre para conseguir la conquista de Hyrule: recuperar la Espada Maestra para poder quebrar el sello y dar rienda suelta a su poder. ¿Pero se atrevería a ir a por esa reliquia que podía ser su caída con el Héroe entre sus filas? Iba a tener que sospesar bien los pros y los contras, sobre todo porque parecía la única opción viable para conseguir sus objetivos. Ya había logrado la lealtad de Zelda, su compromiso con su pueblo y hasta mezclar sus sangres en dos retoños. Había avanzado tanto que no era el momento de echarse atrás, aunque tampoco quería repetir sus errores del pasado, dejarse llevar por sus ansias de poder y acabar siendo derrotado.
Uno de los bebés dejó escapar un quejido ahogado, revolviéndose en la manta que lo cobijaba. El sonido pareció despertar al otro, y también a Zelda, que abrió pesadamente los párpados, clavando luego unos ojos algo somnolientos en las dos criaturas.
—Hola —murmuró, acercándose ambos bebés al pecho, en un ademán que podía ser interpretado como un intento de protección o como simple instinto —Nadie puede negar que seáis hijos de vuestro padre. Es como si la guerra os hubiera llamado… —se giró hacia el gerudo, que la observaba sin mediar palabra —Desde luego han sido una sorpresa —su voz seguía siendo calmada, quizás para no molestar a los bebés —Ya barajamos la opción de que pudieran ser dos por el hecho de que yo misma tuve un gemelo, pero nunca que sucedería como con mi hermano y conmigo.
Ganondorf meditó aquellas palabras, captando el significado oculto en ellas. Por mucho que Leoni fuera un idiota y un tirano, no dejaba de ser el hermano de la joven, seguramente su compañero de juegos en la infancia y vete a saber su un apoyo en los momentos más duros. Tal vez ella estuviera temiendo que el futuro de sus hijos sería igual que el de Leoni y ella, enfrentados por un trono.
—Está claro que vamos a tener que pensar en un nombre para él —la voz de Zelda lo sacó de sus cavilaciones —¿Hay algún nombre gerudo para un niño aparte de Ganondorf? —inquirió.
Meses atrás, cuando se percataron de que Zelda se encontraba esperando un hijo, decidieron que el bebé recibiría un nombre gerudo, ya que a la princesa los nombres tradicionales de la tribu le sonaban bastante bien y quería demostrar que se había integrado en la misma por completo. Darle un nombre hyliano a su hijo podía considerarse una falta de respeto a las Gerudo, por lo que en ese aspecto apenas tuvieron discusión alguna. Habían barajado nombres tales como Lebesa o Lanira, pero Zelda se había decidido por Auteil cuando un día descubrió un viejo poemario gerudo perteneciente a una poetisa con dicho nombre. Sin embargo, jamás barajaron nombres masculinos, ya que Ganondorf estaba convencido de que no tendrían un varón.
El hombre tuvo que hacer memoria, ya que nunca había conocido a otro varón de la tribu, aunque sí recordaba vagamente algunos nombres. Él mismo admitía que los nombres de varón que había en la tribu no eran precisamente agradables, pues casi siempre eran largos y algo enrevesados. Se le vinieron a la cabeza Cileflel, Hornanmurg y Gurograr, los tres habían sido reyes de la tribu cuando ésta era aún joven, mucho antes de la época del Héroe del Tiempo. Pero tampoco habían sido grandes personalidades y él, fiel a la costumbre de nombrar a los hijos con la mente puesta en una figura de renombre para que parte de su grandeza recayera sobre el recién nacido, los descartó. Poco después recordó un viejo cuento gerudo, protagonizado por un héroe que era capaz de controlar las arenas del desierto como si éstas no fueran más que simples peones atados a su voluntad. Era un cuento antiguo, seguramente casi olvidado, que recordaba haber escuchado en la misma encarnación en la que intentó conquistar Hyrule por primera vez.
—Dulezur —afirmó, contestando así a la pregunta de Zelda y, de paso, dando por sentado el nombre del pequeño. La joven no protestó, considerando que ya que ella había elegido Auteil, bien podía cederle el hecho de nombrar a su otro hijo a Ganondorf.
—Dulezur y Auteil —murmuró mientras retiraba un poco las mantas, dejando ver los rostros de los pequeños —Es extraño pensar que son tanto de la sangre de Hylia como de Demise. ¿Crees que funcionará? —añadió con una expresión angustiada —¿Crees que habiendo logrado que ambos linajes se fundan la maldición de Demise se anulará? Maldijo a los descendientes de la primera Zelda y del Héroe, pero no puede volver a encarnarse en nuestros hijos porque portan la sangre de Hylia, por lo que se llegaría a un punto muerto.
Dragmire suspiró, tomando a Dulezur en brazos. Las facciones del bebé mostraban un equilibrio casi irreal entre las suyas y las de Zelda. ¿Sería suficiente para aplacar la ira del viejo demonio, ya que finalmente la descendiente de Hylia volvía a estar a su lado? Ganondorf hacía mucho que no se dejaba llevar por los pensamientos de Demise, queriendo alejar al demonio de su psique ya que siempre que éste se había adueñado de sus actos había acabado de la peor manera posible, por lo que no quería despertar esa vieja parte de él. Si querían respuestas, no iban a poder tenerlas, al menos de momento.
—Nunca hemos tomado este camino —dijo finalmente —Tal vez hayamos detenido la maldición, o tal vez hemos vuelto a fallar y en un futuro nos veremos de nuevo las caras.
Zelda guardó silencio, acariciando la regordeta mejilla de Auteil. No quería ni pensar en una vida futura, una vida en la que tendría que enfrentarse al mismo hombre que en la actual le había demostrado no ser el salvaje desalmado que todos opinaban que era. Se había dado cuenta de lo similares que eran, de lo mucho que encajaban entre sí, y de que, si se lo proponían, podían colaborar juntos. Además, no iba a negar que estaba desarrollando fuertes sentimientos hacia el gerudo, algo que no pensaba decir en voz alta por lo extraño que le resultaba. ¿Cómo podía pensar siquiera en tenerle de nuevo como enemigo, cuando ahora era la única persona que estaba segura de que no le haría nada?
Ambos guardaron silencio, pero ninguno de los dos estaba libre de preguntas. Aún así, decidieron posponer las dudas, el temor hacia el futuro y el hecho de que dentro de poco deberían enfrentarse a la ira de Leoni y a su ejército mientras estaban en desventaja para centrarse en las dos nuevas vidas que aquella noche habían venido al mundo.
Siento mucho no haber traído cap la semana pasada, pero estuve liada terminando el cosplay, del que me siento muy orgullosa porque nunca creí que fuera a verlo completo alguna vez (por si alguien quiere verlo, en Instagram me puede buscar como LadyDragmire (viva mi originalidad pero es que ese día estaba escasa de ella). Tengo la cuenta abierta por lo que no tendréis problemas).
Así como dato, todos los nombres gerudo que se mencionan son sacados de un generador de nombres, como todos los demás del fic. He de decir que me pasé más de quince minutos buscando un nombre masculino que me gustara.
Espero actualizar la semana que viene, pero tampoco puedo darlo por seguro. Agradezco ya de paso a las personas que me han dejado un review, en serio, no sabéis lo mucho que agradezco cada uno de los que recibo. Así que, ¿por qué no seguir haciéndome feliz? Vamos, que me lo he ganado aunque sea por haber terminado el cosplay del Averno.
