Cuéntamelo
Hacía varios días que se había terminado de construir la cocina del patio, pese al frío que aún hacía se había convertido en uno de los lugares favoritos en los que estar para todos los residentes.
Los trabajos de carpintería también se habían convertido en algo útil, en lo que la mayoría estaban dispuestos a dedicar su tiempo con gusto. Pues las mejoras que aportaban eran rápidas y palpables. Por lo que nuevos proyectos se planteaban cada día.
—Mara, vamos a colocar la empalizada exterior —le informó Rick—, ¿puedes llevarte a los niños dentro?
—Sí, claro —accedió—, ¿no necesitáis ayuda?
—Sí, toda la posible —contestó —tenemos que distraer a todos los que se pegan a las vallas y apartarlos de la entrada, así podremos colocar los troncos con más seguridad.
—Entonces puedo ir...
—No, mantén a los niños dentro —la cortó —No sabemos cómo van a ir las cosas, es mejor que no vean nada, si algo falla.
—Está bien —dijo, comprendiendo lo que Rick quería evitar. Si alguien resultaba herido por un caminante, los niños no debían tener ocasión de presenciarlo—, cuenta conmigo.
Y se alejó en busca de Megan para que la ayudase a reunir a los niños en el Bloque A. Tras lo cual fue a reunirse con Daryl.
—¿Te han dicho lo que tienes que hacer? —preguntó al verla, ante lo cual asintió.
—Meg, está reuniendo a los niños dentro —comentó—. Pero estoy algo nerviosa —desvió la vista a los troncos del campo—. No sé como pensáis hacer eso, los caminantes son numerosos.
—Tranquila, irá bien. Lo hemos planificado con calma.
—Me gustaría ayudar.
—Es lo que vas a hacer —contestó—, cualquiera puede distraer a los caminantes tras la valla, pero tú eres la única que puede mantener a los niños distraídos durante todo el tiempo.
—¿Qué dices? Cualquiera puede hacer eso —contestó.
—Ya viste a Sasha ayer, intentado que le hicieran caso, casi acaba estrangulando a alguno —recordó Daryl.
Mara sonrió para sí misma, recordando la escena en la galería el día anterior, con Sasha gritando y llamando a los niños y siendo ignorada por estos. Era cierto que ella los sabía maneja y llamar su atención, para que hicieran lo que quería, pero aun así le gustaba poder ayudar en otras cosas. No quería convertirse en la niñera del grupo, podía aportar más.
—Bueno cumpliré mi misión —aseguró —ven a buscarme después y ten cuidado —pidió, sujetando el cuello de su camisa le besó con intensidad —te estaré esperando.
—Eso espero —dijo, viendo como se alejaba hacia el edificio de hormigón.
.
.
El tiempo iba pasando, Mara se iba poniendo nerviosa, sabía que colocar aquellos troncos iba a ser largo y complicado, pero no podía evitar pensar que sobretodo sería peligroso. Cuando había pasado cerca de dos horas y media, Pidió a Carol, que desde hacia tiempo la acompañaba siempre en el cuidado de los niños, y a Megan, la cual quería comenzar a adquirir responsabilidades mayores, que vigilara a los niños y salió a ver qué pasaba en el exterior.
Encontró a Hershel mirando desde el patio, se acercó a él y observó a su lado en silencio.
Muchos estaban en los pasillos entre vallas haciendo ruidos y captando la atención de los caminantes al lado contrario de la puerta, mientras Glenn remolcaba el último tronco con el camión, para colocarlo, guiado por Rick, Tyreese, Bruce y otros que intentaban mover el pesado tronco desde el suelo.
Sobre la trasera de la ranchera Daryl eliminaba a los caminantes que se acercaban con la ballesta, Michonne desde el suelo hacía lo propio con su Katana y recuperaba las flechas.
—¿Preocupada? —preguntó Hershel.
—Igual que tú —dijo sonriendo.
—Pronto acabaran y habrá algo menos de los que preocuparse —aseguró el.
Mara asintió, y volvió a observar el exterior. Algo tras la puerta, en el bosque, llamó su atención, centró la vista entre los árboles. Cuando comprendió de qué se trataba su garganta no fue capaz de dar voz a su pensamiento. Por lo que se alejó corriendo en dirección al campo.
—Horda... —gritó por fin—. Viene una horda por el Oeste... ¡Entrad dentro!
Todos se giraron mirándola, sin comprender que estaba diciendo en un principio. Pero Daryl miró en la dirección que ella señalaba con las manos y pudo ver lo que se acercaba, ya que se encontraba a mayor altura. Sasha que hasta ese momento había estado mirando desde la torre en la otra dirección contempló con asombro al grupo de caminantes que se aproximaba.
—Me cago en la puta —juró Daryl—. Soltad los troncos y salgamos de aquí —le dijo a Rick.—, vienen directos a nosotros.
Rick y Tyreese corrieron a soltar el tronco del camión y a meterse dentro, mientras Bruce corría para conducir la Dodge Ram sobre la que estaba Daryl, donde Michonne y el resto se acercaban para montar.
Los primeros caminantes salieron desde los árboles cuando Maggie abrió la valla para dejar pasar el camión. Antes de entrar tras la valla Rick volvió a observar el tronco que estaba medio colocado en su lugar.
—Aún podemos terminarlo —se dijo.
—¿Qué? —preguntó Tyreese confuso.
—Aún tenemos tiempo para conseguirlo —afirmó y saltó del camión, para el asombro de su compañero.
—¡Rick! —grito Maggie, al verlo descender el vehículo.
Glenn entró con el camión tras la valla, seguido por Bruce que miraba a Rick sin entender que se proponía. Debían entrar dentro y ponerse a salvo.
—Podemos dejarlo terminado —volvió a afirmar el líder.
Tyreese, sin dejar de mirar a Rick, también saltó de la parte de atrás del camión y se unió a él empujando el tronco.
—¡Estáis locos! —gritó Bruce, mirando por el retrovisor como los caminantes se acercaban a cada segundo —debemos entrar.
—Tenemos tiempo —afirmó de nuevo Rick, empujando el tronco con ayuda de Tyreese.
Daryl le miró y volvió la vista a los caminantes, tras lo cual saltó del vehículo seguido por Michonne. Bruce aceleró y entró en el campo dejándolos atrás.
Al ver esto Mara corrió tan rápido como pudo hasta la entrada.
—Cierra la puerta —ordenó Rick a Maggie—. ¡Ciérrala!
La joven dudaba, si cerraba y los caminantes les alcanzaban ya no podría abrir sin poner a todos en riesgo. Mara llegó hasta ella.
—Maggie, ciérrala —le dijo antes de salir al exterior y acercarse hasta Daryl.
—¿Qué diablos haces aquí? —preguntó enfadado al verla —ve dentro antes de que cierre.
—Dame la ballesta y ponte a empujar —ordenó ella ignorando su comentario—, no puedes hacerlo todo. ¡Dámela! —insistió.
—Ayúdanos —pidió Tyreese a Daryl, con la cara desencajada por el esfuerzo, mientras empujaba el tronco.
Finalmente Daryl accedió y entregó la ballesta.
Los primero caminantes del grupo estaban a tan solo cinco metros de distancia. Y Mara comenzó a apuntar a los primeros. Tardaba más que Daryl en fijar el blanco y disparar, pero conseguía acertar, que era lo importante. Michonne se encargaba de los que quedaban libres. Pero el número aumentaba cada segundo.
—¡Una vez más! —gritó Rick.
Tras de sí Mara escuchó como finalmente Maggie cerraba la valla.
—Daos prisa —murmuraba.
—¡Ahora! —gritó Daryl, y los tres hombres empujaron a la vez, consiguiendo mover el tronco lo suficiente para dejarlo donde deseaban.
—Mich, ¡vuelve! —llamó Mara, disparando la última flecha.
Antes de bajar la ballesta, Daryl la cogió por la cintura y la llevó con él y el resto hacia la puerta, seguidos por Michonne que corría tras ellos alejándose de los caminantes.
Maggie volvió a abrir la puerta hasta la mitad y entraron dentro.
—¿Qué coño pretendías? Nos has puesto a todos en peligro —increpó Bruce, acercándose con paso acelerado.
—Conseguimos terminarlo —afirmó Daryl.
—Ya no hay porqué preocuparse —dijo Michonne.
Bruce negó con la cabeza y se dio la vuelta visiblemente molesto aún, alejándose hacia el patio.
—¿Todos bien? —preguntó Rick aún jadeando, se acercó hasta Mara y le pusó la mano sobre el hombro —Gracias por...
—Déjame en paz —contestó rechazando su gesto—. Te he ayudado pero... ¡Mierda! Tienes dos hijos, Rick. No puedes morir por una empalizada —se alejó tras decir aquello, siguiendo los pasos de Bruce.
.
.
Tras el incidente de la puerta, del que prácticamente todo el mundo había sido testigo, el ambiente en general era tenso, aunque muchos no se posicionaban ni a favor ni en contra de lo que había sucedido, todos tenían algo que comentar al respecto o algo que criticar. Ya fuera la locura de Rick y los que le habían ayudado o la cobardía de Glenn y Bruce por dejarlos atrás. Lo cual molestaba sobretodo a Glenn, que sentía que podía haber actuado de otra manera.
—Hiciste lo que tenias que hacer y lo hiciste bien —aseguró Hershel, que se encontraba con él.
—Si no hubieras pasado el camión, Bruce no hubiera podido entrar la ranchera —reconoció Maggie—, hubiera sido una masacre.
—Pero debería haber vuelto —se dijo—, Mara salió para ayudarlos y yo me quede mirando, pidiendo que no hicieras lo mismo —le dijo a Maggie.
—A ella también le pareció un mal plan —comentó Maggie—, es lo que le dijo a Rick.
—Y aun así salió para ayudarles —recordó el asiático—, ¿no te das cuenta?
—Daryl estaba fuera —apuntó Maggie —por eso salió.
—Tú tenías que entrar y dejar paso al resto —apuntó Hershel —y es lo que hiciste. Aparte de Mara nadie más movió un dedo o hizo algo útil. Así que no te preocupes y olvida los comentarios.
Glenn asintió aunque no estaba completamente conforme, seguía lamentándose y castigándose a sí mismo, por no haber salido para ayudar. Maggie siguió a su padre hasta el recibidor.
—¿Te importa si le digo a Mara que te atienda ella hoy? —peguntó a su padre —Prefiero quedarme con Glenn.
—No, no. Ve y quédate con él, yo iré a buscar a Mara —accedió—, además ya me había dicho que quería comprobar cómo iba personalmente —su hija le dio un beso antes de regresar a su celda.
.
.
Intentando huir de los chismes y discusiones que acaparaban todos los rincones de la prisión, Mara fue en busca de Daryl a su celda, le encontró tumbado sobre el catre ordenando las flechas. El cazador se incorporó al verla entrar y se sentó.
—¿Huyendo de los chismes?
—Ya sabes, las opiniones son como los ombligos, todos tiene una —contestó Mara, que se sentó junto a él y se descalzó, echándose para atrás y colocándose tras su espalda.
—¿Qué haces? —preguntó él, confuso.
—Voy a darte un masaje —dijo y comenzó a quitarle el chaleco y la cazadora—, no hace tanto que te curaste la clavícula, lo del tronco de hoy podría traer consecuencias.
—No hace falta —aseguró, dejando que le quitase las prendas aun así—. Estoy bien.
—Mentiroso —dijo, comenzó a masajear los hombros—, estás todo agarrotado.
—Lo de salir fue una maldita locura —comentó, sin poder evitar que su cara reflejara el alivio que le provocaba el masaje.
—Sí, sé que lo fue —asintió—. Lo que hicimos todos lo fue —dijo asegurándose de dejar claro que no era ella sólo la que había actuado de manera irracional—. Pero funcionó.
—Cierto, todos hicimos lo que se tenía que hacer.
A Mara no le costó mucho entender que era una frase con cierto toque de reproche a lo que ella le había dicho al policía. Pero se calló y prefirió ignorar el comentario. Sabía perfectamente que Daryl seguiría a Rick hasta el mismo infierno, así que no merecía la pena discutir. Además ella también confiaba en el Sheriff, por eso mismo había salido tras la valla para ayudar, sabía que podían hacerlo si Rick lo decía. Tan sólo le preocupaba que en ocasiones no considerase que él tenía unas cargas de las que nadie más debía ocuparse. Sus hijos, el grupo podría encontrar otro líder, mejor o peor, un líder se puede sustituir, pero un padre no, y ya había demasiados huérfanos por el mundo.
Cuando consiguió eliminar los nudos de los hombros del cazador, se acercó lentamente y le comenzó a besar el cuello, haciendo que le recorriera un leve escalofrío.
—¿Qué tipo de masaje es este?
—Uno especial —susurró ella.
—No eres muy profesional.
—Jamás he dicho que lo fuera, pero si no te gusta... —ella se apartó echándose a un lado.
—Diablos, mujer —maldijo girándose acercándola hacia él —ven aquí.
—No —dijo ella, cuando él se recostó—, no me llames así —le pidió tumbándose sobre él y viendo como la miraba extrañado—. Llamas mujer a la demás, yo soy Chip.
—¿No puedo llamarte de otra forma?
—No, tú no. Ni mujer, ni marmota, ni siquiera cariño o preciosa, cosa que nunca haces, por cierto —recordó con un deje acusador en su voz—. Así que, sólo Chip, ¿de acuerdo? —le dio un beso como si aquello cerrase el trato.
Aquella extraña petición agradaba más a Daryl de lo que era capaz de reconocer, sujetó a Mara por el cuello impidiendo que finalizara de besarle, hasta casi dejarla sin aliento, lo cual hizo que ella soltara un leve gemido casi suplicante. Se separó sólo unos segundos para girarse a un lado, colocándose sobre ella, decidió tomar el control, sin que ella se lo impidiera.
Aunque en un primer momento Mara sintió el impulso de frenarle, tal como sentía el cuerpo de Daryl sobre el suyo y sus manos recorriendo con deseo, cualquiera de los pensamientos pudorosos que se formaban en su cabeza, se fueron diluyendo con rapidez.
Tenía algo en la forma de acariciar su cuerpo, que la hipnotizaba. Tal vez fuera el deseo contenido, por culpa de la falta de intimidad, pero cuando Daryl la besaba de aquella forma y sus manos buscaban huecos entre su ropa para tocar su piel, nada más en el mundo le importaba. Sólo podía pensar en quitarle la camisa y sentir la calidez de su cuerpo, besar y acariciar su torso, sintiéndose lo más cerca de él. Estaba luchando con los botones cuando la voz de Hershel en el piso inferior le devolvió a la realidad.
—Puta comunidad de vecinos —juró Daryl, cuando la llamada se hizo más insistente.
—Puede ser importante —apuntó ella, sin poder ocultar su hastío.
—De todos modos, tengo que ir a quemar los cadáveres —explico él incorporándose.
Mara sintió una extraña sensación fría cuando el cuerpo de Daryl se apartó del suyo.
—No me das ninguna envidia, sea lo que sea que tenga que hacer —Aseguró ella, pues odiaba quemar a los caminantes.
Mara se calzó y se adecentó antes de salir de la celda.
—Mara necesito que sustituyas a Maggie hoy con la terapia —pidió Hershel cuando la vio en la pasarela superior.
—Bien, sin problemas —afirmó bajando las escaleras—. ¿Cómo esta Glenn?
—Bien, se le pasará.
.
.
Ambos llegaron a la enfermería que se encontraba vacía y Hershel tomó asiento en la camilla, lo cual le parecía raro pues él solía estar siempre en el otro lado. Mientras Mara cogía una toalla y alcohol para comenzar a trabajar.
—Maggie me ha dicho que te has enfadado con Rick por lo que hizo —comentó Hershel.
—No me he enfadado, no estoy enfadada con él —aseguró la joven—. Entiendo lo que ha hecho, y por ello me uní, pero sólo considero que debería dejar de olvidar que es padre antes que líder.
—Tal vez lo hiciera pensando en sus hijos —comentó —asegurarse que este lugar es lo más seguro posible.
—El lugar más seguro posible de un hijo es junto a su padre —sentenció con rotundidad—. Hay mejores motivos por lo que morir que por una empalizada.
-Son formas de verlo.
—¿Formas de verlo? —preguntó confusa.
—Tú ves una empalizada, supongo que él...
—No, es dejar a unos niños sin nada, es dejarlos solos —le cortó—. Nada merece dejar solo a alguien que te necesita, menos aún cuando no te pueden sustituir o les dejas solos en el mundo —según fue hablando su voz se iba quebrando por la emoción—, nada.
—Mara... —comenzó él—. Esto no se trata sólo de Rick, ¿cierto? —ella negó con la cabeza bajando la mirada.
—Es sólo que parece que ahora merece la pena morir cualquier cosa —explicó—, pienso que realmente no merece la pena morir por nada. Lo único que merece la pena es luchar por vivir al lado de los que te importan. Morir siempre me ha parecido demasiado fácil. Antes y ahora. Supongo que por eso yo sigo viva y todos a mí alrededor han acabado muertos.
—Pero hay que intentar tener una vida mejor, aunque el precio sea alto.
—Mi hermano podría estar vivo, pero se empeñó en ir a por la comida que necesitábamos para seguir camino, para poder llegar por fin a la costa y tener el mar a la espalda —explicó —para poder estar más seguros, vivir mejor. Pero le mataron y me dejó sola para seguir sobreviviendo. Cualquier vida hubiera sido mejor con él.
—Puede que entonces nunca hubieras acabado en este lugar.
—Puede que sí —dijo con una sonrisa—. Si lo dices por Daryl en especial, creo que sí —Aseguró—, llámame ilusa, pero ahora mismo pienso que de cualquier forma, antes o después, nos hubiéramos acabado encontrando.
—Así que piensas que existe un destino.
—No sé si llamarlo así, todo esto me lo inculcó mi madre, que muy cuerda nunca estuvo, la verdad —dijo recordando con un sonrisa —Bueno veamos a ver cómo vas...
Hershel levantó la pernera de su pantalón y mostró el muñón de su pierna, Mara lo estuvo observando durante un largo rato y comprobando la fuerza y consistencia de los músculos, mientras su cara, y sobretodo sus expresivos ojos castaños claro, daban muestras de que algo no iba completamente bien.
—¿Pasa algo?
—¿Haces los ejercicios que te dije, para fortalecerla? —preguntó con tono preocupado.
—Sí, todos los días.
—Bueno, no soy una experta, ya lo sabes, pero creo que no es suficiente.
—Debería hacer más.
—Pues no sé si serviría de algo —afirmó—. Has perdido la mayor parte de la masa muscular por no usar la pierna, se está atrofiando demasiado. ¿Te duele? —Hershel asintió levemente —Supongo que cada vez lo hará más.
—Pero aumentando el ejercicio lo solucionaríamos.
—Lo ralentizaríamos, pero no lo frenaríamos —aseguró—. Los músculos tienen una función, si no la cumplen como deben, por exceso o defecto se resienten.
—Entonces no hay solución.
—Yo no he dicho eso —negó—, pero creo que vas a tener que convertirte en un granjero pirata.
—Quieres decir que...
—Te hace falta una pata de palo.
.
.
En el exterior, al otro extremo de la prisión, alejados de los bloques habitados, se estaban apilando los cuerpos de varias decenas de caminantes aniquilados y prendiéndoles fuego, si el olor de estos era desagradable de por sí, el hecho de que se mezclara con el olor a carne y pelo quemado lo convertía en vomitivo. Pero era la única forma que tenían de deshacerse de ellos. Pues dejar que se amontonaran tras las vallas sólo provocaría infecciones y enfermedades.
Al acercarse, Mara tuvo que cubrirse la cara con un pañuelo para evitar el olor nauseabundo que se respiraba, se acercó hasta Rick, tocándole el brazo para llamar su atención.
—¿Podemos hablar? —pidió sin retirar el pañuelo—. Lejos —Rick asintió y se alejaron de la pira de cadáveres.
—Sé que estas molesta por lo de esta mañana, pero tenía que procurar que...
—No es por eso Rick —le frenó—, no necesito explicaciones sobre lo que ha pasado.
—Sólo quiero que entiendas que no quería poner a nadie en peligro —se justificó de todas formas.
—Sí, lo sé —afirmó la joven—. Entiendo tus motivos y los acepto, por eso ayude. Pero te quería comentar otra cosa.
—Dime.
—Se trata de Hershel, he estado comprobando como está y no tengo buenas noticias —vio la cara de preocupación en el policía y se apuró en explicarse—. Los músculos de la pierna están perdiendo masa sin remisión, necesita una prótesis o de lo contrario lo que le queda de pierna quedará atrofiado.
—¿Una prótesis? —repitió —¿Cómo vamos a conseguir una prótesis?
—He estado pensando en ello, tenemos dos opciones —comenzó—, podríamos hacerla nosotros, una rudimentaria pata de palo. También podríamos ir hasta una Ortopedia. He estado mirando en la guía y he encontrado dos cerca de Newman (1).
—Eso está a unos treinta kilómetros —apuntó Rick.
—Lo sé, el resto no están mucho más cerca, esas están fuera de la ciudad y cerca una de otra. Es lo más seguro.
—¿Se lo has comentado a Hershel o Maggie? —preguntó Rick.
—Le he dado mi valoración sobre su estado, pero no he comentado con nadie lo de Newman ni las opciones que tenemos más que a ti.
—Si no le consiguiéramos la prótesis, ¿que podría pasarle?
—Con una pierna rudimentaria, por llamarlo de alguna manera, podría mantener la salud de sus músculos, pero se movería con dificultad y tal vez siguiera usando una muleta. En cambio con una prótesis...
—Podría volver a ser como era —terminó la frase.
—Se acercaría mucho a como estaba antes, sí.
—Pues vallamos a comentarles las opciones que tiene y a preparar el viaje.
—Rick, será un largo viaje...
—Se lo debo.
—Todos se lo debemos, dudo que vayan a escasear los voluntarios para ir.
.
.
Se reunieron con Hershel, sus hijas y Glenn, y les comentaron las opciones que había, aunque en principio el granjero alegó que podría conformarse con lo básico, acostumbrado ya al uso de muletas, sus hijas insistieron en conseguir la prótesis y poder darle la mejor opción de todas.
Al conocer la noticia muchos fueron los que se ofrecieron a formar parte de la expedición. Pues Hershel velaba y ayudaba a mantener la salud de todos, por lo que no eran pocos los que le debían la vida bajo ese techo.
Evidentemente Maggie y Glenn formarían parte, junto con Mara que era la única que conocía medianamente el tipo de prótesis que necesitaban, entre la variedad que existía, con ella iría Daryl sin que nadie intentase discutirlo. Tyreese se ofreció e insistió recordando como Hershel les había ayudado y hablado en favor de que se quedasen en la prisión, cuando él y su hermana llegaron, acompañados por Allen, Donna y Ben. Al igual que Michonne que también insistió en ir. Otras cinco personas quisieron unirse, entre ellos Sasha, Bruce y más, pero Rick negó ampliar el grupo, hasta él mismo decidió quedarse, valorando la situación en la prisión y como se podrían dar las cosas si la abandonaba.
—Con la amenaza de esos tipos fuera y sin saber cuánto puede alargarse la expedición, no es conveniente que más gente abandone la prisión —explicó—, quedaría demasiado vulnerable.
—Tenemos que equilibrar la balanza —dijo Tyreese, justificándose ante su hermana que no estaba incluida en el grupo.
—Será mejor que organicemos las cosas para mañana —propuso Daryl, encaminándose hasta Mara a la que rodeó con el brazo por el cuello—. Has hablado con Rick, supongo que ya todo está bien.
—Nada estaba mal, Daryl —contestó ella —sólo tenemos diferentes formas de priorizar.
—Lo que tú digas —dijo—. Te voy a bajar la otra ballesta, pero solo tengo un carcaj.
—Bueno, gracias —asintió.
Cuando Daryl se hubo alejado, Scott se acercó hasta la joven con cautela.
—Parece que he llegado tarde —observó, mientras Mara le miraba sin entenderlo —me hubiera gustado unirme y acompañarte, acompañaros.
—Eres un caso... —rió de camino a su celda —nunca te rindes, ¿eh?
—La esperanza es lo último que se pierde —dijo siguiéndola—, tendréis cuidado, ¿cierto?.
—Su espalda es el lugar más seguro que conozco —dijo señalando hacia las celdas superiores, refiriéndose a Daryl.
—Lo suponía.
Mara entró en su celda dejando detrás a Scott, y se quedó sorprendida al ver que Olga se sentaba con aire nervioso en su catre, dirigió los ojos hasta la litera superior y comprobó que la sabana estaba movida. Comprendiendo que sucedía se acercó en un solo paso y levantó el colchón, sacando rápidamente el cuaderno y encarándose a Olga, la cual mostraba un evidente gesto de culpabilidad y vergüenza.
—¿Qué hacías con esto? —preguntó enfadada.
—Lo vi al tumbarme y pensé que era de las niñas —explicó.
—Mentira, lo has leído —acusó elevando el tono.
—No, no —negaba nerviosa—, lo he mirado, pero no he leído nada.
—Olga no me mientas —pidió sin bajar el tono—, no es la primera vez que lo coges, ¿verdad?
—Mara... yo...-e intentó acercarse a ella —sólo quería...
—Apártate —dijo al esquivarla y saliendo de la celda—. No te acerques a mí.
—Quería estar más unida, conocerte y...
—No tenías ningún derecho —dijo volviéndose a Olga, al salir de la celda Mara chocó con Scott que seguía fuera, el diario se le cayó de las manos.
Rápidamente se agachó a recoger el cuaderno y las fotos y papeles que se habían soltado, Scott la fue a ayudar. En esos momentos Daryl bajaba las escaleras con la ballesta y se frenó al ver la discusión, no fue hasta que Olga salió disculpándose que entendió que podía estar pasando. Mara se alejó con el cuaderno sin querer escucharla, dejándola en mitad de la sala, siendo el centro de todas las miradas curiosas, que habían salido al escuchar la discusión. Olga miró al cazador al sentir el odio en la mirada de él.
—No te creas que puedes juzgarme, tu menos que nadie...
—¿Pero qué coño dices, zorra?
—Serás... yo tengo más clase que tú —le espetó—. Te diré tan sólo que no eres bueno para ella... —y se marchó a su celda intentando aparentar dignidad.
Scott se posicionó delante de Daryl, para impedirle dirigirse hacia la mujer.
—¿Pero qué crees que le voy a hacer? —preguntó Daryl.
—Nada, pero cálmate... —le contestó.
Daryl le miró de arriba abajo y se apartó. Scott observó la fotografía que no le había dado tiempo a devolver a Mara. Se quedó paralizado al ver aquella imagen.
—Dame eso, coño... —dijo Daryl arrebatando la fotografía con evidente enfado.
—Deberías dársela a ella... —dijo únicamente.
Daryl le dirigió otra mirada de desprecio antes de seguir los pasos de Mara, e ir a su encuentro, mientras la buscaba observó la fotografía. En ella salía solo Mara, pero parecía más aniñada aún, tenía una enorme barriga, estaba sentada en un banco, con un helado en una mano y la otra sobre su tripa con gesto protector. Posaba sonriente y feliz al fotógrafo. Le dio la vuelta y sin poder evitarlo leyó lo que ponía con mala caligrafía.
A falta de nueve semanas para tu llegada,
Tu preciosa mamá sigue con antojo de helado de Frambuesa y nata.
R(2)
Una rabia interior le atenazó por dentro, sintiendo un odio irracional al cabrón que la había dejado embarazada, lo sentía desde el primer instante que tuvo noción de ello, si tan siquiera conocerle, no le hacía falta. Salió del pabellón y se dirigió al bloque A, directamente a la biblioteca. Ella estaría allí.
Al entrar en la biblioteca no vio a nadie en la sala y pensó en irse a buscar a otro lugar, pero decidió mirar entre los estantes, la encontró sentada en el suelo con la espalda apoyada contra la estantería, con el cuaderno en las manos.
—¿Cómo estás?
—Con instintos asesinos —contestó—. ¿Eso es un estado anímico?
—Sí, yo lo tengo a veces —Mara le sonrió.
—Me siento...mal, desnuda...avergonzada...no sé —dijo encogiendo los hombros —Aquí está casi toda mi vida, ahora ella la conoce sin que yo quiera.
Daryl se sentó junto a ella y le tendió la foto, sabía que si le decía que Scott la había visto solo conseguiría hacerla sentir peor, por lo que se lo calló.
—Nadie la ha visto —dijo—. Estás algo cambiada.
—Hombre en diez años, a la fuerza, ¿no? —dijo mirando la fotografía con cariño.
—¿Diez? —preguntó extrañado.
Entonces Mara cayó en la cuenta que nunca le había dicho cuando sucedió todo aquello, sólo que sucedió. Cogió aire y le miró, tomando una decisión.
—Tenía 16 cuando me quede embarazada, Bastian hubiera nacido teniendo ya los 17 —explicó—. ¿Pensaste que era mayor?
—No, bueno —dudo—, no creía que tú fueras...
—La clase de tonta que se embaraza de adolescente, ya... —dijo mirando la foto de nuevo—, fue mí época mala, mi época rebelde, tras morir mi padre —recordó—. ¿Quieres saber qué pasó?
—Sólo si me lo quieres contar.
—Eres la única persona que deseo que lo sepa.
—Cuéntamelo.
—Cuando murió mi padre me sentí abandonada y le culpaba por morirse, sé que suena cruel —reconoció—. Él siempre hablaba de luchar y no rendirse, y al final acabó dejando el tratamiento para tener una buena calidad de vida, pero por menos tiempo. Estaba furiosa, y cuando mi hermano regresó a la universidad, y con mi madre completamente ida sin mi padre, me sentía totalmente sola.
—Es normal.
—Puede ser, mi historia no es nada inusual en cierta medida —dijo, recordando cuantos casos había visto en planificación familiar parecidos—. Cuando Robbie apareció en mi vida me dio todo lo que necesitaba, atención, cariño, casi devoción hacia mí, convirtiéndose en lo mejor y más valioso que tenía —abrió el cuaderno y buscó una foto de Robbie.
—Un jodido zanahoria —dijo Daryl al ver su pelo anaranjado.
—Ehh... no te metas con su pelo, si pudiera seria pelirroja.
—¿No jodas? —comentó y tras unos segundos recordó el tatuaje, el ángel tenía el pelo rojizo, lo entendió todo.
—Robbie era más mayor, tenía 20 años, y tras el instituto se había puesto a trabajar, pero en nuestro pueblo el trabajo escaseaba, no era raro que muchos buscasen otras formas de ganar dinero.
—Sí... conozco la situación —dijo Daryl —donde vivía pasó lo mismo cuando cerraron una fábrica, era la justificación de Merle para sus negocios.
—Cuando mi hermano se enteró de quién era y de que hacía, no le gustó un pelo, pero no le dijo nada a mi madre. Y como él estaba en la universidad no deje de ver a Robbie, hasta que me quede embarazada.
—¿Te dejó? —preguntó sin poder evitar mostrar enfado.
—No, al contrario —aseguró—. Cuando mi familia se enteró, no me dejaban verlo, pero él se las ingeniaba para que nos encontrásemos, intentó tomarse las cosas en serio, habló con mi tío, pero al final siempre teníamos el problema del dinero. Por lo que, sin que yo lo supiera, dejó el negocio de vender María para vender piezas de coche, de esas que se "caen" de camiones —hizo el gesto de comillas con los dedos.
—Mala cosa.
—Una tarde teníamos que ir a recoger el carrito y la silla del coche para Bastian, en la tienda —recordó —me había dicho que vendría y él se encargaría de pagarlo, tardaba y llamé a su casa, su hermano me dijo que había ido a buscar el dinero y eso me mosqueó, sabiendo lo que para ellos significaba buscar. Así que fui sola a buscarle tras preguntar en varios sitios, al fin di en donde podía estar, de camino sufrí un accidente con el coche, saliendo de la carretera y dando varias vueltas de campana, lo que hizo que perdiera a Bastian.
Daryl le apretó la mano casi inconscientemente y ella le devolvió el gesto agradecida. Estaba sorprendida de haber podido contar todo aquello con tanta naturalidad, y aguantándose las emociones para poder sincerarse sin incomodarlo, ni darle pena.
—Después de aquello... mi madre decidió que dejásemos el pueblo.
—¿No lo has vuelto a ver?
—Sí, una vez —confesó—, vino a mi trabajo, hace más de tres años, estaba casado con una de mis antiguas amigas y tenían un hijo. Pero aun así fue diciéndome que jamás podría olvidarme, supongo que con la tonta idea de que con el tiempo las heridas hubieran sanado y poder retomar algo.
—Menudo hijo de puta.
—Luego escuché que había seguido con el negocio de los coches y en una ocasión algo salió mal, y había muerto, pero no sé si es cierto, porque preferí no confirmarlo.
—¿Es que aún te importa? —preguntó un poco indignado.
—Pues claro Daryl —dijo sorprendida —él fue mi primer amor, el padre de mi hijo. ¿Cómo iba a dejar de importarme?.
Daryl se levantó contrariado y se alejó dándole la espalda, lo que alarmó a Mara, que no quería que se enfadase por lo que había dicho. No quería acabar enfadados tras haberle contado todo aquello. Rápidamente también se incorporó y le siguió.
—¿Te molesta lo que te he dicho? —preguntó.
—Si no hubieras sido su amante te hubieras tirado a sus brazos, ¿uh?
—No, claro que no —dijo con rotundidad—. Aquello se había acabado, no había marcha atrás.
—Porque perdiste al niño por su culpa, de otro modo...
—No lo estás diciendo en serio, no puedes estar así por algo que pasó hace diez años.
—Ese tío era un cabrón, conozco cientos como él —declaró sorprendiendo a Mara—. Pero tú aún le justificas, a día de hoy. Así que no me digas que es algo de hace diez años...
—Puede ser... —dijo, lo cual sorprendió al cazador, que no esperaba que le dijera aquello —Durante todos los años de universidad no llegué a olvidarle, por eso las cosas con Connor nunca llegaron a salir bien. Dudé cuando vino a verme y después no volví a tener novio. Porque no creía que pudiera querer a nadie como le quise a él —Daryl desvió la vista sintiéndose terriblemente incómodo, escuchar esas palabras le generaba un extraño dolor en el pecho—. Me había resignado a no volver a enamorarme, ni a estar con nadie nunca, sobretodo en este mundo de mierda. Pero la vida siempre acaba cambiándome los planes.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó.
—Sabes lo que estoy diciendo, otra cosa es que quieras entenderlo —contestó —si no quieres ver, yo no puedo hacer nada —confesó con cierto tono de tristeza.
Se dirigió con paso decidido hacia la salida, pero al pasar junto a Daryl, este la agarró del brazo y la obligó a parar.
—No sé cómo puedes querer a un gilipollas como yo —susurró.
—Pues lo hago —contestó dejando que él la atrajera contra su cuerpo y le rodeó el cuello con el brazo —Creí que ya lo sabías.
Daryl apoyó su frente contra la de Mara y la miró a los ojos fijamente, durante unos segundos.
—A veces me cuesta creerlo —se sinceró.
Mara le miró con más dulzura que antes al escuchar aquello, sintiéndose extrañamente conmovida por lo que esa frase le hacía sentir, y no pudo evitar besarle, pegando su cuerpo al de él, como si quisiera fundirse, para que comprendiera en su propia piel todo lo que ella sentía en ese instante.
—Te quiero, Daryl Dixon, te quiero tanto que no lo puedo expresar, pero te lo demostraré cada instante hasta que te lo creas —dijo, con una mirada cargada de seguridad.
Daryl la abrazó y acarició la melena, dejando que ella ocultara la cara en su cuello. Durante esos momentos se sentía el hombre más afortunado del mundo, pero no tenía ni idea de cómo hacer que la causa de su felicidad se sintiera igual que él. Ni siquiera sabía que debía hacer en esos momentos. Giró la cara para mirar a Mara, ella elevó el rostro y buscó sus labios. La besó, o más bien dejó que ella le besara, casi con necesidad, haciendo que sus manos recorrieran el cuerpo de ella con voluntad propia, y la llevó hasta acorralarla contra una de las estanterías. Escuchaba la respiración agitada y cargaba de deseo de Mara al compás de la suya y comenzó a quitarle la ropa.
—Daryl... —susurró.
—No me hagas parar ahora —dijo sin frenar sus intenciones.
—Espera a la noche —pidió ella, ante lo cual Daryl la miró extrañado —No voy a volver a la celda con ella, tras esto, no —aseguró.
Continuará...
.
TWD
.
(1)Realmente existen dos Ortopedias juntas a las afueras de Newman, jeje. En mi afán de resultar realista busque Ortopedias cercanas a Senoia, Georgia (Pueblo real que representa Woodbury) Y los datos que ofrezco sobre su ubicación son reales, teniendo en cuenta que la prisión se encuentra cercana a Woodbury.
(2)Daryl asume que la R. de la firma es de Roland, el hermano mayor de Mara. Pues inconscientemente piensa que quien la dejo embarazada es Connor, el novio que tuvo durante la universidad. Pero realmente es de Robbie, su primer novio y el padre de Bastian, quien saca la foto a Mara.
Podéis encontrar contenido extra e información del Fanfic en el Hashtag#FETWD, y poneros en contacto conmigo siguiendo mi perfil de Twitter,Hotarubi86 o en el de Hotarubi86 de Facebook.
