Capítulo 38

Cuando Elizabeth y Georgiana regresaron a la casa después de la visita a la modista Darcy notó que su mujer estaba algo intranquila pero ella le dijo que no era nada, que sólo estaba cansada. En realidad el encuentro con el Conde Knox había dejado a Elizabeth algo inquieta aunque se daba cuenta de que era una tontería, el hombre se había comportado como un caballero y al parecer era conocido de los Bingley y los Darcy así que no podía ser tan malo. Sin embargo no podía evitar sentir cierto rechazo hacia él, le recordaba a Wickham, con sus buenas pintas y su simpatía. Esos eran los peores, tendría que estar muy atenta mientras permanecieran en Londres, no quería que las muchachas se relacionaran con él. Pensó en hablar con Darcy pero lo descartó enseguida, sólo conseguiría preocuparlo y tal vez no volvieran a verlo más.

Poniendo al Conde en el fondo de su mente se decidió a disfrutar una tranquila velada con su marido y su cuñada, una de las últimas que tendrían en mucho tiempo porque los pocos días restantes hasta la boda de Caroline y Richard estaban cargados de compromisos y apenas una semana después partirían a Rosings.

Al día siguiente William salió temprano para atender unos negocios mientras Elizabeth y Georgiana se quedaban en la casa recibiendo visitas. Desde que la señorita Darcy había sido presentada en sociedad no pasaba un día sin que alguien acudiera a visitarla. Generalmente eran muchachas de su edad pero cada tanto aparecía algún pretendiente, acompañado de su familia claro, porque de otra manera sería inaceptable. Georgiana había causado una excelente impresión, la habían declarado la joya de la temporada y se hablaba de ella a menudo en los salones de té y de baile. En dos ocasiones fue a visitarla Andrew Fitzpatrick que se había quedado prendado de ella en el baile de presentación y no cejaba en sus intentos de acercarse a la muchacha aunque ella no mostraba ninguna preferencia por él. La primera vez fue sólo con su madre pero esa tarde el joven había acudido acompañado de su prima Philippa una joven hermosa pero de apariencia tan intrigante como su hermano. A Lizzie y Georgie nunca se les hizo tan larga la media hora pautada para este tipo de visitas y suspiraron aliviadas cuando el par se marchó.

"¿No te gusta nada ese joven, verdad Georgie?", le preguntó Lizzie cuando por fin estuvieron solas.

"La verdad no y no sé por qué. Es amable, correcto y apuesto, pero… no sé… me da mala espina. Aunque estoy segura de que estoy exagerando."

"Tal vez, ojalá, pero prefiero que no te fíes. Como tú dices no hay nada de malo en él pero a mí tampoco me encanta. Es obvio que le gustas y a quién no", le dijo mirándola con cariño, "pero no lo siento sincero."

"Tranquila Lizzie. Creo que finalmente aprendí la lección de lo que me pasó con Wickham", replicó Georgie con seriedad. "Ya no soy tan ingenua como era, puedo ver más allá de las apariencias y prefiero andar con cautela."

"Me parece muy bien pero no te vuelvas cínica. La ingenuidad puede ser un riesgo pero habla de la pureza de tu corazón y no quisiera que perdieras eso. Cuídate pero no te cierres a los sentimientos." Lizzie le habló desde el corazón, Georgie era una muchacha buena y dulce y aunque deseaba que estuviera preparada para lidiar con el mundo de los adultos no quería que perdiera esa inocencia que la hacía tan especial.

"Pero es difícil Lizzie. Aquí todo el mundo cuida las apariencias pero no es más que una charada."

"Me estás preocupando Georgie. ¿Paso algo mientras no estuvimos? Yo creí que tú y Anne lo habían pasado muy bien."

"Así fue pero… un día fuimos a tomar el té a casa de los Robinson y había varias muchachas de nuestra edad. Todo estuvo bien pero cuando pasamos al salón de música Anne se retrasó porque se enganchó el vestido en uno de los aparadores y nos quedamos intentando desengancharlo, una de las criadas se ofreció a darle una pequeña costura al vestido y mientras Anne estaba con ella yo regresé con las muchachas. No me vieron entrar y descubrí que estaban hablando de nosotras. De mi dijeron que era bonita pero demasiado tímida y algo apagada pero que seguramente conseguiría pretendientes pronto por mi apellido y la fortuna de la familia y con eso conseguiría marido seguro", Georgie bajó la mirada avergonzada. "Luego apostaron si sería alguno de los jóvenes rebeldes que querían conquistar a la más difícil de la temporada o un hombre mayor que buscara una esposa sumisa."

"Oh querida, sabes que eso no es cierto ¿verdad?", Georgiana asintió pero siguió con la cabeza baja. "¡Georgie, no es cierto! Créelo por favor. No sólo eres bonita, eres hermosa, eres dulce, inteligente, sensible, por eso hablan así de ti. Es un pecado capital y se llama envidia. Por favor no permita que sus palabras te hieran. Es posible que algún hombre se acerque a ti por interés pero lo que es seguro es que más de uno se acercará a ti por lo que realmente vales y eso no es ni tu apellido, ni tu fortuna, es tu corazón, tu espíritu. Dime que me crees preciosa, dime que sabes lo maravillosa que eres." Lizzie había tomado las manos de su cuñada y se las apretaba fuerte como tratando de sellar sus palabras.

"Si me sigues hablando así se me va a ir el ego a las nubes. Tú que siempre te quejaste del orgullo de los Darcy", se echaron las dos a reír pero Lizzie notó que Georgie no había terminado con las confesiones.

"¿Dijeron algo más esas harpías?"

"Hablaron muy mal de Anne Lizzie, fueron muy crueles. Dijeron que era fea, débil y que ni siquiera la dote que podría darle su madre alcanzaría para que alguien le propusiera matrimonio, que su única esperanza era que se casara con William pero como él se casó contigo ahora no tenía ni eso." Lizzie tomó aire y esperó unos segundos hasta calmar la rabia que sentía.

"Uno: me vas a decir los nombres de cada una de esas señoritas. No te preocupes, no voy a hacer nada pero quiero saber quiénes son y mirarles sus feas caras. Dos: ¿Anne escuchó lo que dijeron?", Georgiana negó con la cabeza. "Bien, no se lo vamos a decir nunca y tú y no nos vamos a encargar de no coincidir nunca más con ellas. Ya veremos cómo se sienten cuando ni los Darcy, ni los de Bourgh, ni los Bingley, ni los Matlock, ni los Fitzwilliam les vuelvan a hacer una invitación." Georgie rio ante la expresión fiera de Lizzie y temió por la suerte de las muchachas, no tenían idea de con quién se habían metido. "Tres: hay que lograr que Anne se termine de liberar del yugo de Lady Catherine. Cuando estemos en Rosings vamos a pasar el mayor tiempo posible con ella y luego le diré a William que la invitemos a Pemberly. Con esa mujer todo el tiempo encima de ella Anne nunca va a poder ser feliz. Me vas a ayudar ¿verdad?", Georgie asintió entusiasmada.

"¡Ay Lizzie! cuando supe que mi hermano se había enamorado por fin me sentí feliz, más al conocerte y saber cómo era tu carácter. Me parecía que serías buena para nosotros, los dos te necesitábamos, pero nunca imaginé que traerías tanta dicha a nuestra vida. No, no me interrumpas. Quiero agradecerte Lizzie, por todo", le dijo Georgie emocionada. "No lo habría logrado sin ti."

"No es cierto pero igual te lo agradezco, para mí es un placer y un honor acompañarte y tú también fuiste muy importante para mí desde el principio. ¿Te conté alguna vez que me enamoré de Will gracias a ti? Pues así fue. Ya me sentía atraída pero sólo cuando visité Pemberley y vi lo abierto y cariñoso que era contigo supe que el verdadero Darcy era muy diferente de lo que yo pensaba. Así que me toca a mí agradecerte a ti."

"Te quiero hermana."

"Yo también te quiero linda", respondió Lizzie y se fundieron en un abrazo. "Ahora vamos a prepararnos porque Lady Matlock se ofenderá si no nos presentamos con nuestras mejores galas esta noche."

"Estoy disfrutando mucho la temporada pero tengo tantos deseos de volver a Pemberley", confesó Georgie mientras se encaminaban a las escaleras para ir a sus habitaciones.

"¿Tienes deseos de volver a Pemberley o de ver a alguien que vive cerca de Pemberley?", Georgie se sonrojó y se rio como una niña.

"¿Se puede saber de qué hablaban? Estás roja como un tomate Georgie", preguntó Darcy que acababa de entrar.

"Cosas de mujeres", respondió rápidamente Elizabeth mientras se volvía hacia su marido para darle un beso. Georgiana aprovechó ese momento para escapar escaleras arriba.

"¿No estarían hablando de hombres, no?" Lizzie no pudo menos que reír ante la cara de espanto de Darcy. "¿Qué te parece tan gracioso?"

"Tu cara amor", le dijo ella mientras subían. "Vas a tener que hacerte a la idea ¿sabes? Porque un día un hombre va a venir a pedirte la mano de Georgiana y no quisiera que lo ataques con un arma o que te de un ataque al corazón."

"Te burlas de mi sufrimiento", se quejó Darcy mientras se dejaba caer pesadamente en un sillón una vez que estuvieron dentro de la habitación.

"Jamás mi amor, sólo quiero prepararte. Si te pones así con la sola idea de que alguien se le declare a tu hermana no quiero ni pensar en lo que sucederá si tenemos una hija", la expresión de desasosiego de Darcy le dio algo de lástima pero no pudo dejar pasar la oportunidad de molestarlo un poco más. "Porque por si lo has notado parece que las Bennet sólo somos capaces de dar a luz niñas, muchas niñas." Darcy se hundía cada vez más en el sillón y Lizzie se acercó a él, apiadándose por fin.

"Eres una mala mujer", le dijo él con un gruñido. Lizzie se sentó sobre su regazo y lo abrazó.

"Lo siento, no me pude resistir", se disculpó pero aún no podía parar de reír.

"Mmmm, ahora me vas a tener que compensar", le dijo Darcy y comenzó a darle húmedos besos en el cuello.

"Ah no, ni se te ocurra. Tenemos que cambiarnos para el baile, no podemos llegar tarde", Lizzie intentó zafarse de él pero Darcy la apretó todavía más.

"Falta mucho todavía, tenemos tiempo." La boca de Will estaba ahora sobre la línea del escote de Lizzie y una de sus manos intentaba colarse por debajo de su vestido mientras la otra le sujetaba firmemente el cuello.

"No… Ah… no hay tiempo… mhmm… Darcy ¡déjame!", suplicó.

"No te resistas más querida", le dijo mientras se levantaba con ella en brazos y se dirigía a la cama. "Los dos sabemos que cuando me llamas Darcy ya estás perdida."

"Estás hecho un pervertido", le reprochó ella cuando la tiró sobre la cama pero no dejó de abrazarlo ni siquiera cuando él intentó separarse para quitarse la chaqueta. "Si llegamos tarde las excusas las darás tú."

"Ningún problema mi amor", Darcy había conseguido quitarse la chaqueta pero como realmente no tenían demasiado tiempo se había limitado a levantarle la falda a Lizzie y la acariciaba por debajo de la enagua. "Sólo tengo que decir la verdad. Que desde que está embarazada mi esposa es insaciable."

"Mhmm, cállate y hazme el amor Fitzwilliam Darcy ¡Ya!"

Darcy sonrió y obedeció.


Llegaron a casa de los Matlock con el tiempo justo pero estaban todos tan ansiosos que nadie pareció notarlo. En los minutos previos a la llegada de los invitados las mujeres más jóvenes se habían congregado en las habitaciones que Lady Matlock había dispuesto para que Caroline se preparara esa noche y los hombres se encontraban en el estudio de Lord Matlock disfrutando de la calma antes de que empezara el circo. Elizabeth y Georgiana subieron a encontrarse con las damas mientras Darcy fue a reunirse con ellos.

A la hora prevista los caballeros fueron al hall para esperar a las damas y fueron recompensados con la visión de unas preciosas mujeres ataviadas con sus mejores galas. Charles recibió a Jane a los pies de la escalera y le ofreció un brazo a su bella esposa y el otro a Mary Bennet para llevarlas al salón, el señor Hurst se ocupó de su esposa Louisa y de Catherine Bennet, Edward Fitzwilliam, el hermano mayor de Richard, tuvo el honor de acompañar a su propia esposa y a su prima Anne y un embelesado Fitzwilliam Darcy recibió con orgullo a su esposa y su hermana. Por último Lady Matlock llegó para reunirse con su marido y juntos observaron como su hijo Richard se quedaba sin aire al ver descender la escalera a la que sería su esposa en pocos días. Los Matlock nunca habían simpatizado demasiado con Caroline Bingley y secretamente temían que la muchacha hubiera aceptado a Richard sólo porque Darcy se le había escurrido de las manos pero desde la boda de Elizabeth y William habían visto el cambio que se operó en ella, para bien, y ahora estaban tranquilos con la elección de su hijo, sobre todo porque a él se lo veía feliz.

"Caroline, estás deslumbrante", susurró Richard mientras tomaba su mano y le daba un reverencial beso en los nudillos.

"Gracias Richard. Tú también estás muy buenmozo", respondió Caroline sonrojada y con la mirada baja por la vergüenza. "Lady Matlock, Lord Matlock, quiero agradecerles mucho por esto, por todo, por haberme recibido en su familia con tanto cariño."

"No tienes nada que agradecer querida. Es nuestra manera de darte la bienvenida y agradecerte por hacer feliz a nuestro hijo", dijo Lady Matlock emocionada.

"Ya creíamos que este bribón se iba a quedar soltero para siempre", agregó Lord Matlock justo cuando les avisaban que comenzaban a llegar los primeros carruajes.


La fiesta fue todo un éxito. Los invitados habían sido cuidadosamente seleccionados reduciendo al mínimo posible las invitaciones de compromiso por lo que la casa estaba repleta de gente que se apreciaba mutuamente y se sentían felices de poder compartir la felicidad de los futuros esposos. Caroline y Richard habían decidido que su boda sería bastante íntima y muchos de los asistentes al baile no estarían presentes el día del enlace pero esta ocasión les permitía ser parte de la celebración.

Todas las jóvenes solteras completaron su libreta de baile, inclusive Anne, y las casadas aprovecharon su condición para descansar de tanto en tanto aunque Lizzie consiguió arrastrar a Darcy a la pista tres veces ¡increíblemente! El único momento incómodo de la noche fue cuando descubrieron que entre los invitados se encontraban el Conde Knox con Philippa.

"Richard, ¿se puede saber qué está haciendo ese aquí? Quedamos en que no lo invitaríamos a ningún evento", preguntó Darcy enojado.

"Edward lo invitó, ellos eran amigos antes de que Knox se fuera a América. Y no me mires así porque yo no lo sabía."

"Tranquilos, tal vez estamos exagerando", dijo Bingley siempre conciliador.

"Eso espero pero por las dudas les aconsejo que cuiden a sus mujeres y tú Richard asegúrate de hablar con tu hermano para que esto no vuelva a pasar." Darcy terminó de hablar y se dirigió presuroso adonde estaba Elizabeth para advertirle. Tal vez estuviera exagerando pero no pensaba arriesgarse a que sucediera algo como lo de Wickham otra vez y Knox era exactamente ese tipo de persona.

Mientras tanto Georgiana se había acercado a Elizabeth para comentarle que Philippa era una de las muchachas que se habían burlado de ella y Anne días antes. Lizzie le recomendó que se mantuviera lejos de ella y de su hermano y que procurara que Anne también lo hiciera. Luego buscó a su marido con la mirada sólo para encontrar que ya estaba casi a su lado.

"Lizzie, no quiero que te preocupes pero hay alguien aquí que no debería estar y quiero que tú y Georgie se mantengan alejadas de él…"

"El Conde Knox", se adelantó Lizzie antes de que Darcy pudiera terminar.

"¿Lo conoces?", preguntó Darcy preocupado.

"Lo encontramos por casualidad el otro día cuando salíamos de la modista. Se presentó como un conocido de la familia, Caroline lo conocía, y te digo que no nos gustó nada. Hay algo en él que… no sé, no me gusta." Darcy se sintió aliviado ante la contestación de su mujer. "Pero ¿por qué me lo pides con tanta seriedad? ¿Qué ha hecho?"

"En realidad nada pero no es de fiar, menos con las mujeres. Es un aprovechador y no quiero que esté cerca de ti ni de Georgiana, tampoco de tus hermanas ni de Anne."

"Tranquilo, ya te dije que no nos cayó bien, a ninguna de nosotras. Nunca antes había oído hablar de él ¿por qué?"

"Estuvo en América dos años, volvió hace apenas unas semanas. Richard, Charles y yo lo encontramos el otro día en el club y nos dimos cuenta de que sigue siendo el mismo malandra de siempre. Parece que Edward lo invitó, ellos solían ser amigos."

"Imagino que estarás preocupado por tu hermana pero te reitero que no tienes por qué. A ella tampoco le gustaron ni el Conde ni su hermana."

"¿Y ella por qué?"

"Parece que se encontraron hace unos días en un té y la muchacha tuvo palabras poco agradables hacia… otras de las jóvenes presentes."

"Bueno, me quedo más tranquilo. Igual quiero que hables con tus hermanas cuando puedas, todavía nos quedan unos días más en la ciudad y no quiero problemas."

"Me encanta cuando te pones tan protector", le dijo Lizzie acercándose a Dary tanto como las reglas del decoro se lo permitían.

"Sabes que tú y Georgie son lo más importante para mí. Nunca permitiré que les pase nada malo, a tus hermanas y a Anne tampoco."

"Lo sé, por eso te quiero tanto." Sin poder resistirse más Lizzie se puso en puntas de pie para darle un casto beso en la boca a su marido. Hubiera querido explayarse más pero en ese contexto no era posible.

"Lo ve señora Darcy. Está realmente insaciable", le susurró Darcy divertido mientras deslizaba su mano por la espalda de Lizzie hasta detenerse peligrosamente por debajo de la línea de su cintura.


Casi amanecía cuando se fue el último de los invitados pero antes de que Caroline pudiera marcharse con Jane y Charles los señores Matlock la llamaron a ella y a Richard para entregarles su regalo de boda.

"Richard. Todos sabemos que siendo nuestro segundo hijo no te corresponde el título que recibirá tu hermano Edward junto con esta propiedad y la que tenemos en Derbyshire", empezó a decir Lord Matlock con seriedad. "Nunca, ni una vez en toda tu vida, cuestionaste esta situación, por el contrario, colaboraste conmigo y con tu hermano en lo que te fue posible y cuando tuviste edad suficiente buscaste tu propio camino. Esto nos llena de orgullo hijo, a mí, a tu madre y a tu hermano. No podemos, no queremos realmente, ignorar la tradición y todos aquí sabemos bien que Edward ocupará con idoneidad su lugar cuando yo no esté, pero eso no quiere decir que no nos parezca que las leyes son algo injustas." Richard hizo ademán de interrumpir pero su padre no se lo permitió. "Por todo esto es que hemos decidido adelantar la entrega de tu herencia. Vas a casarte Richard y con suerte pronto tendrás hijos, no queremos que permanezcas más en la milicia. Los tiempos de paz tardarán en llegar y aunque así no fuera tu trabajo es un riesgo. Tu madre y yo estaremos más tranquilo si dejas las fuerzas y estoy seguro de que tu esposa también lo estará."

"¿Qué quieres decir padre?", preguntó Richard con cautela mientras tomaba la mano de Caroline.

"Hemos decidido entregarte Downton Abbey. Ahora. Tu hermano también está de acuerdo. La propiedad está algo decaída y necesita mucho trabajo pero estamos seguros de que serás capaz de sacarla adelante."

"Pero… ¿Downton? ¿Mamá?", Richard no sabía que pensar.

"¿Qué es Downton?", preguntó tímidamente Caroline.

"Downton es la propiedad de mi familia. La recibí luego de la muerte de mis padres. Mi hermano se encargó de ella pero él murió hace unos años y como no tuvo hijos la casa pasó a mis manos", explicó Lady Matlock.

"Mamá, papá… no sé qué decir."

"Nos basta con un gracias", le dijo su padre tratando de contener la emoción.

"Gracias, gracias. Gracias por confiar en mí. Esto es… demasiado." Richard corrió a abrazar a sus padres.

"No lo es. Eres un buen hijo Richard y un gran hombre. Te lo mereces. Es el lugar ideal para empezar una familia", le dijo su madre sin hacer el más mínimo esfuerzo por contener la emoción.

Caroline miraba la escena ilusionada pero sin comprender realmente qué pasaba. Richard se volvió hacia ella, la abrazó y la levantó por el aire haciéndola girar. Nunca había sido tan afectuoso en público y Caroline se sonrojó.

"Richard ¡bájame!", le pidió entre risas.

"Caroline, ¿sabes lo que significa esto?", ella negó con la cabeza. "Ya no tendré que volver al regimiento. Tendremos una casa y qué casa. No es muy grande pero es hermosa, está en Gloucester. Eh… si quieres ir a vivir allí, claro. ¿Quieres?", le preguntó Richard súbitamente inseguro al darse cuenta de que no sabía si a ella le gustaría ir a vivir allí, lejos de sus hermanos.

"Claro que quiero Richard. Contigo a cualquier lado…", se besaron sin pensar en nada más pero no tenían por qué preocuparse, Lord y Lady Matlock los habían dejado solos unos minutos atrás.

Cuando por fin salieron del estudio Bingley los sorprendió al revelarles que ya lo sabía y que, si lo deseaban por supuesto, los ayudaría a administrar la dote de Caroline para que ese dinero contribuyera a recuperar su nuevo hogar. Al despedirse los novios se miraron con ilusión por la vida que los esperaba, además de con mucho amor.


El día de la boda amaneció soleado. Eso era muy poco habitual en Londres y todos lo consideraron un buen augurio.

Después de un desayuno muy liviano Elizabeth, William y Georgiana partieron hacia la iglesia que quedaba muy cerca de la casa. Cuando llegaron se encontraron con que la familia ya estaba allí y los invitados comenzaban a llegar. Sólo faltaba la novia que llegaría con Charles y Louisa que sería su dama de honor mientras que William era el padrino de Richard. Jane había llegado un poco antes con la pequeña Emma, Mary, Kitty y el señor Hurst.

Mientras esperaban la llegada de Caroline Lizzie observaba a Richard que trataba de contener su nerviosismo al pie del altar pero su mirada se iba irremediablemente hacia su esposo que estaba tan buen mozo como el día de su boda. Pensó entonces en el día de su propio casamiento. Tal vez fuera el día más importante de su vida hasta el momento pero francamente recordaba muy poco. Recordaba su nerviosismo de la noche anterior, como temblaba al vestirse, la emoción que sintió al ver a Jane con el traje de novia y las lágrimas que compartieron juntas en la habitación que habían compartido toda su vida y que dejarían para siempre ese día, recordó como su padre intentaba contener las lágrimas y su madre no lo intentaba en lo más mínimo.

De la ceremonia en sí recordaba poco pero lo nunca lograría olvidar era la imagen de Darcy esperándola en el altar. Estaba tieso, con la espalda muy recta y ese porte altivo que la había confundido hasta a ella misma pero que no era más que una manera de ocultar su ansiedad. Ella misma estaba terriblemente nerviosa y lo manifestaba con piernas y manos temblorosas. Pero todo cambió cuando sus ojos se encontraron, Darcy fijó la mirada en Lizzie y ella uso esos ojos azules que tanto amaba como guía para dar los pasos hacia su nueva vida sin flaquear. Tampoco olvidaría jamás el momento en que escuchó a Darcy decir "acepto", su corazón se detuvo por un instante como si muy dentro suyo hubiera temido que él no dijera que sí. Pero de todos sus recuerdos el que más atesoraba eran las palabras "Los declaro marido y mujer" pronunciadas por el sacerdote y el beso que se habían dado, casto sí pero increíblemente importante porque era su primer beso de esposos. Despertó de su añoranza cuando se abrió la puerta de la iglesia y se encontró con los ojos de su esposo fijos en ella, como aquel día.

Después de una ceremonia sencilla pero emocionante fueron todos a casa de los Bingley que ofrecían el desayuno en honor de los recién casados. Comieron magníficamente, conversaron, rieron y disfrutaron hasta que los señores Fitzwilliam anunciaron su partida. Los despidieron con una lluvia de flores y algunas lágrimas. Darcy estaba feliz porque su primo había encontrado el amor, Charles porque su hermana había dejado atrás sus caprichos y se había mostrado por fin como la hermosa persona que era, los Matlock porque ahora sus dos hijos estaban casados con las mujeres que amaban y Lizzie, un poco egoístamente porque ese era el último evento de la temporada para ellos, sólo les quedaba una semana más en Londres, quince días en Rosings y después Pemberley… Hogar dulce hogar.


Si pueden entren a mi perfil para votar qué será el bebé de Lizzie y Darcy!