¡Saludos a todas y todos!
Como muchos de ustedes saben, he estado ausente por varias situaciones de salud y personales, pero luego de varios meses estoy de vuelta, agradeciendo a quienes se han mantenido en contacto y pendientes de mí.
Sin más, les dejo un nuevo capítulo de esta historia y les deseo felices fiestas.
CAPÍTULO 39:
"Un paso más cerca"
Mateo se encontraba en su habitación intentando estudiar, aunque sus pensamientos se desviaban incesantes hacia James. Tenía tantas preguntas y ninguna respuesta. ¿Dónde este se encontraría, con quién, qué estaría haciendo? ¿Realmente se había ido sin llevarse sus cosas? Aquello era poco probable, pero no lo descartaba como una posibilidad.
Sabía que su amigo se sentía bastante confundido, triste y preocupado, pero jamás imaginó que desaparecería de esa forma.
Su mirada viajó una vez más hacia la cama vacía.
—¿Dónde estás? —suspiró— ¿Qué pasó? ¿Por qué te fuiste así y sin despedirte?
Tomó su libro y leyó el mismo párrafo que había repetido varias veces por casi una hora y del cual no podía avanzar.
—¡Esto es inútil! —dijo frustrado y frotó su rostro con ambas manos.
Se puso de pie y empezó a caminar por toda la habitación, tratando de despejar la mente.
Minutos después la puerta sonó y vio intrigado como esta se abría lentamente, preguntándose quién podía ser debido a que a esa hora todos se encontraban en sus habitaciones y tenían prohibido salir. Y si se tratase de un superior, este abriría con fuerza, haciendo una entrada enérgica.
Un James que evidentemente había estado llorando por un largo tiempo ingresó sigiloso y se dirigió al baño.
Mateo corrió hacia él y lo sujetó suavemente del brazo para detenerlo.
—Ahora no —susurró el adolescente cabizbajo.
—James…
—Por favor.
—¿Qué ocurrió? Pensé que te habías ido. ¿Por qué sigues aquí? ¿Tu mamá no quiso llevarte?
—No me siento bien, Mateo. Lo único que quiero es bañarme y acostarme. Lo necesito.
—Bien… Pero sabes que estoy aquí para ti.
—Gracias —entró al baño, tomó sus cosas y luego algo de ropa limpia del cajón con la intención de dirigirse a las duchas.
—Ten cuidado —dijo el mayor situándose junto a la puerta—. Si te descubren van a sancionarte.
James asintió y se alejó en sigilo, regresando casi una hora más tarde, siendo recibido con un té caliente.
Con un suspiro tomó la taza que le fue ofrecida, bebió su contenido lentamente y al terminar se acostó mirando la pared.
Las horas transcurrían y Mateo apenas si había conciliado el sueño por breves lapsos ya que le resultaba imposible dejar de pensar en su amigo y lo que podía haberle ocurrido para no sólo seguir ahí sino para haber regresado en las condiciones en las que lo hizo.
De pronto se percató de un pequeño ruido. Era casi inaudible, pero el silencio abrumador de la noche le permitió percibirlo.
Suavemente se sentó y observó con atención el lugar de donde provenía aquel sonido, sólo para asegurarse que no lo había imaginado. Se puso de pie y dio varios pasos hasta quedar frente a la otra cama. Luego de unos segundos respiró profundamente y se acomodó en ella lo mejor que pudo para no caerse debido al poco espacio que había.
—James… —susurró colocando una mano sobre el hombro de este.
El adolescente se movió un poco para darle más espacio y sollozó.
—¿Me abrazas? —preguntó con la voz rota mientras gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas y aterrizaban en la húmeda almohada.
—Claro que sí —apegó su cuerpo al de Anderson y lo rodeó con sus brazos.
El menor empezó a llorar copiosamente y continuó hasta haberse desahogado por completo.
Mateo lo sostuvo de manera protectora y cálida todo el tiempo, susurrando palabras consoladoras de vez en cuando hasta que asegurarse que se durmiera.
Sin embargo, media hora más tarde Anderson despertó inquieto, removiéndose en su sitio y logrando que su amigo abriese los ojos.
—James…
—Lo siento. Trataba de acomodarme. Sigue durmiendo.
—No dormía. Estaba pensando.
—¡Oh!
—Si necesitas hablar, sabes que estoy aquí para escucharte.
—Gracias por ser tan bueno conmigo —respondió en voz baja y con algo de dificultad.
—Somos amigos y te quiero mucho.
—También te quiero —cubrió con sus brazos los del mayor que aún lo sostenían, suspirando ante la cálida sensación que este siempre le producía.
—¿Por qué no te fuiste? ¿Acaso tu mamá no aceptó?
—Decidí quedarme.
—¿Por qué? Estabas desesperado por dejar este lugar.
—Lucas me necesita.
—¿Qué?
—Él no está bien. Nada bien… No tienes idea de lo afectado que se encuentra.
—Sé que está mal.
—Es peor de lo que deja ver.
—Bueno, con todo lo que ha pasado es normal.
—Su vida siempre ha sido horrible.
—Lo sé. Me contó al respecto, y todavía no logro entender la actitud de sus padres, pero, ¿qué tiene que ver eso con el hecho de que decidieras quedarte?
—A todo lo que ha vivido se suma lo que tiene que padecer en este lugar. Cada día aquí para él es un tormento, y tengo miedo de que cometa alguna locura si lo dejo solo. Es mi culpa que…
—No tienes la culpa de que existan personas tan cerradas y prejuiciosas.
—Yo lo expuse, y nada de lo que digas va a quitarme este sentimiento. Por mí está padeciendo tanto, lo mínimo que puedo hacer es quedarme y ayudarlo.
—Eso es noble de tu parte.
—No lo es.
—Claro que sí.
—No lo veo de esa forma.
—Yo sí, James. Es algo muy bueno lo que haces por él.
—Bueno es que falte poco para que terminen las clases y pueda irse de aquí.
—Y tú volverás a casa con tus padres y solucionarás los…
—No iré con ellos.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Viviré con mamá. Ya se lo pedí cuando hablamos.
—¿Y estuvo de acuerdo? ¿Qué pasará con tus padres?
—Dijo que lo pensaría. Seguramente les contará y… supongo que no estarán muy felices.
—¿Por qué no quieres ir con ellos? Es tu hogar, la casa donde siempre has vivido. Entiendo que desees pasar tiempo con tu mamá también, pero creciste con tus papás, y nadie mejor que ellos para hablar y que sean de apoyo en esta nueva etapa de tu vida. Pueden aconsejarte, ayudarte a entender…
—¿Ayudarme a entender qué?
—Sabes muy bien a lo que me refiero.
—No hay nada de lo que deba hablar con ellos.
—Comprendo que necesites tiempo antes de dar el siguiente paso, pero ellos pueden ser la base en la que te apoyes.
—¿Qué siguiente paso?
—Estar listo para aceptar que…
—¿Qué cosa? ¿De qué estás hablando?
—Ya hablamos de ello, James. Sabes que eres gay.
—Lo único que sé es que quiero y necesito ir a vivir con mi mamá. Y si ella no acepta, ya encontraré algún lugar.
—Primero, eres menor de edad, así que dudo que alguien te alquile un lugar donde vivir. Segundo, sería una completa locura que dejases tu hogar para irte a aventurar sólo porque estás molesto con tus padres por algo que no pueden cambiar ya que es parte de ellos.
El menor se dio la vuelta y se sentó, empujando los brazos de Mateo— ¡No tienes idea de lo que dices! —elevó la voz— ¡No sabes los motivos por los que decidí alejarme! ¡No entiendes nada de lo que me pasa!
—No tienes por qué alterarte. Sólo estoy…
—¡Regresa a tu cama y déjame en paz! ¡No te quiero cerca!
—James…
—¡No comprendes y nunca lo harás!
—Mi hermano…
—¡No soy tu hermano! ¡Y lo que sea que él haya vivido no se acerca ni remotamente a mi situación, así que deja de compararme!
—Mi hermano se sentía igual que tú, y estuve a su lado siempre, y lo sabes.
—¿Se burlaban de él en el colegio? ¿Lo insultaban y le decían cosas terribles porque sus padres eran homosexuales? ¿Lo golpeaban acaso? ¿O a ti? ¡Ni él ni tú entienden lo que siento!
—Tal vez tengas razón en cuanto a no saber lo que has vivido en ese sentido ya que mi familia es convencional, por decirlo de algún modo, así es que ni mi hermano ni yo hemos experimentado lo que tú, sin embargo, él sí sufrió de acoso durante un tiempo por ser quien es, y lo pasó mal durante su proceso de autodescubrimiento y aceptación.
Comprendo que ahora no puedes verlo ya que estás muy enojado y herido por lo que te han hecho, pero tus papás no son los culpables sino la sociedad en la que vivimos. Una sociedad que condena el amor en lugar de celebrarlo. Una sociedad que habla sobre religión y Dios, pero que reparte odio en sus palabras y acciones.
Has vivido el rechazo a causa de tus padres, y eso te hace sentir triste y enojado al mismo tiempo y por eso quieres alejarte, culpándolos por lo que te ha sucedido e incluso por ser como ellos, al punto de tratar de auto convencerte de que están enfermos y te han contagiado, pero nada de eso es así y en el fondo lo sabes. No ocurre nada malo con tus padres, ni contigo tampoco —llevó suavemente el pulgar hacia el rostro de su amigo y le limpió las lágrimas—, nada.
Puede no ser fácil, James, pero te hace más daño negarte a ti mismo quien eres.
Y sí, ya sé que no eres mi hermano, pero si insisto con eso es porque lo veo en ti todo el tiempo. Él actuaba igual que tú, tenía cambios drásticos de humor, rebeldía sin causa aparente, irritabilidad constante, atravesaba por momentos de depresión a causa de lo que le pasaba. Se rechazaba a sí mismo, a sus sentimientos y sus instintos hasta que poco a poco y con ayuda logró aceptarlo y aceptarse.
No te voy a mentir y decirte que a partir de ahí todo fue color de rosa para él, porque no fue así. Sufrió discriminación y perdió supuestos amigos en el camino, incluso varios familiares le dieron la espalda, pero ahora está bien. Es alguien diferente, seguro de sí mismo, que se ama tal como es, y eso junto a estar rodeado de las personas correctas lo ha ayudado a encontrar tranquilidad, felicidad, e incluso una pareja.
Puedes tener todo eso, James. Lo mereces. Pero para ello es importante que aceptes…
—No sigas, por favor. No puedo.
—A mí me lo dijiste, y ese es un gran paso.
—Fue un momento de debilidad, estaba vulnerable y dije cosas que…
—Que son ciertas. Y no fue un momento de debilidad, todo lo contrario. Requiere mucho valor admitirlo, porque al hacerlo estás aceptándolo. Y así como lo hiciste conmigo llegará también el momento en que seas capaz de admitirlo ante los demás.
—No… No puedo… No quiero… Yo…
—¿Por qué?
—Nunca voy a ser feliz así.
—Claro que lo serás. Tienes un gran ejemplo en tus padres, y estoy seguro que habrás visto también a otras personas de la comunidad LGBTQ y lo felices que son así como lo bien que les va en la vida y en sus carreras.
—No quiero ser rechazado ni que me traten como a Lucas. Si en el colegio me acosaban de esa forma por mis padres, ¿te imaginas lo que sería si supieran que yo…? Tengo miedo.
—Es lógico que estés asustado por lo que viviste en tu colegio y lo que has presenciado aquí. Ni siquiera tienes que decirlo, puedo ver el miedo en tus ojos, así como la confusión y la lucha interna que enfrentas, pero por difícil que sea no puedes permitir que ese temor sea más fuerte que tú y te impida tener la vida que mereces. No dejes que la ignorancia de otros te haga rechazar una parte de ti. Eres valioso y perfecto tal como eres, no permitas que nadie te haga creer lo contrario.
Superar lo que estás sintiendo y llegar a estar bien contigo mismo es un proceso que tomará tiempo. ¿Cuánto? No puedo decirlo porque para cada persona es diferente, sin embargo, sé que vas a lograrlo, aunque en este momento pienses que no es así. Va a llegar el día en el que te sientas feliz y libre. Además, vas a contar con algo muy valioso que desafortunadamente no todos tienen.
—¿Qué cosa?
—El apoyo de tus padres y de toda tu familia en general. Por esa entre muchas más razones tienes que arreglar tu situación con ellos.
—Es complicado.
—No veo razón alguna. Tú y yo tuvimos una conversación muy larga y honesta donde me contaste cosas que nadie más sabe y en donde abriste tu corazón como no lo habías hecho nunca, y algo que me quedó claro ese día es lo mucho que los amas y lo arrepentido que estás de haberte portado mal, sobre todo con Blaine.
Eres un buen chico, James. Eres noble, sencillo, cariñoso, te preocupas por los demás y eres capaz de dar todo por procurar el bienestar de los que te importan. Comprendo que estás confundido y dolido, pero necesitas escuchar tu corazón. Te aseguro que ahí vas a encontrar las respuestas que tanto anhelas.
—No sé si van a perdonarme o si las cosas volverán a ser como antes.
—Oh James… —respiró profundamente y lo volvió a abrazar, sintiendo las manos temblorosas que se aferraban a él— Claro que te van a perdonar y todo se solucionará entre ustedes, sólo debes hablar con ellos como lo hiciste conmigo. Tus padres van a escucharte y a comprender el por qué de tu comportamiento, y definitivamente van a ayudarte en una forma especial en la que nadie más puede, empezando por el hecho de que eres su hijo y harán todo para que estés bien y feliz porque te aman incondicionalmente, y terminando porque cualquier duda, sentimiento o lo que sea que te ocurra, ellos sabrán guiarte con su corazón y en más de una ocasión en base a sus propias experiencias.
Ayuda a Lucas tanto como puedas mientras estés aquí, pero en cuanto las clases terminen ve a casa con tus padres, es allí donde perteneces hasta que tengas la edad y la madurez suficientes para partir en busca de tus ideales.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
El matrimonio Anderson-Hummel se encontraba aún en el desayunador de su casa luego de que su hija menor se fuese a clases.
El de ojos azules observaba como su esposo seguía dándole la vuelta al café con la cuchara pequeña, lo cual llevaba haciendo por casi diez minutos.
—Blaine, cariño —dijo tomándolo de la mano—. No has probado casi nada, y estoy seguro que el desayuno ya debe estar frío. ¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal?
—No, amor. Estoy bien —le dio una pequeña sonrisa y realizó una ligera presión a los dedos que rodeaban los suyos—. No tienes por qué preocuparte.
—Claro que voy a hacerlo si te veo callado y cabizbajo.
—Si me sintiese mal ya te lo habría dicho. Prometí hacerlo.
—¿Entonces qué ocurre?
—Estoy algo nervioso, es todo. Desde que desperté no he podido dejar de pensar que hoy llamaremos al internado, y no sé si van a atendernos o si nos permitirán hablar con James ya que estamos yendo contra el reglamento.
—No hay regla alguna que nos impida averiguar sobre su rendimiento. Sé que hasta ahora hemos estado recibiendo los informes mensuales, pero queremos conversar con alguien para que nos aclare ciertas dudas. Así de simple.
—Tal vez nada nos impida hacer eso, pero, ¿qué hay de James? No creo que podamos hablar con él ya que la llamada no se encuentra dentro del cronograma que entregaron.
—Explicaremos lo que sucedió. Estuviste hospitalizado y por esa razón no pudimos comunicarnos en la fecha estipulada. Van a entenderlo.
—Los militares son muy estrictos. Además, no les constará que sea cierta nuestra justificación.
—¿Desde cuándo te volviste negativo, amor?
—No soy negativo, Kurt, simplemente pienso en todas las posibilidades.
—Siendo así deberías enfocarte mejor en el hecho de que vamos a recibir noticias de nuestro hijo y que podamos incluso hablar con él.
—Estoy nervioso —inhaló profundamente—. No he dejado de tener esos sueños extraños, y el presentimiento de que a James le ocurre algo es cada vez más fuerte. No sé cómo explicarlo, pero algo me dice que nos necesita.
—Dentro de una hora obtendremos todas las respuestas —le acarició la mejilla—. Y de ser necesario iremos al internado por nuestro hijo tal como lo acordamos.
No te angusties ni te estreses de esa forma que sabes que no te hace bien. Ahora voy a calentar la comida. Necesitas alimentarte y tomar las medicinas. No quiero que sufras otra recaída.
—No tengo hambre.
—Blaine, amor —lo miró fijamente con dulzura y a la vez una evidente preocupación.
—Está bien. Haré un esfuerzo.
—Gracias —se inclinó para besarle frente y acto seguido se retiró llevando los platos de su esposo.
—¿Y si James no quiere hablar con nosotros? Bueno, no creo que se niegue a hablar contigo, pero dudo que lo haga conmigo.
—Eso no va a pasar. Estoy seguro que el tiempo lejos de casa le habrá hecho reflexionar sobre su comportamiento.
—Eso espero.
—Así será, Blaine. Así será.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—Lucas… Lucas… —susurraba una voz desde la puerta.
El adolescente se encontraba acostado de lado en el delgado y duro colchón, con la mirada fija en la pared, tan concentrado en sus pensamientos que se sobresaltó cuando una mano se posó sobre su hombro.
—¡James! —lo miró sorprendido— ¿Qué haces aquí? Creí… —se levantó rápidamente— Deberías estar en casa de tu madre.
—Ya ves —sonrió ligeramente—. Aquí sigo.
Lucas se acercó y lo abrazó con fuerza. —¿Por qué?
—Cambié de opinión.
—Me alegra tanto que te quedaras, pero, ¿a qué se debió ese cambio?
—Lo pensé bien y quedarme era lo mejor.
—¿Y por qué no viniste en la tarde?
—Me sancionaron por no haber asistido ayer a clases.
—¡Oh! —lo miró preocupado a los ojos— ¿Qué castigo te dieron?
—Dos rondas de ejercicios con el sargento Bravia y ayudar en el comedor y la cocina. Ya sabes, lavar los platos, limpiar todo… esas cosas.
—Bravia es terrible.
—Díselo a mis piernas o a mi espalda, aunque me duele todo en realidad.
—¿Quieres un masaje? No soy muy bueno en eso, pero en algo te puede ayudar.
—Seguro —se sentó en el borde de la cama cerrando los ojos cuando las manos de Lucas empezaron a trabajar en su cuello y hombros.
—Estás muy rígido. Intenta relajarte un poco.
—Estoy tenso… Ha sido un día complicado.
—¿Por qué? A más del castigo, ¿sucedió algo?
—Nada de lo que quiera hablar —hizo una pequeña pausa— ¿Quién vino en mi lugar?
—Conrad.
—¿Te trató muy mal?
—Nada de lo que quiera hablar.
—¡Lucas!
—¿Por qué tú no me cuentas lo que te pasó y yo sí tengo que hacerlo?
—Porque me preocupo por ti. Y si no te digo es porque ya tus días son bastante complicados y no necesitas que te esté agobiando con mis problemas.
—Yo también me preocupo por ti. Y si te pregunto es porque me importas.
—Kurt y Blaine…
—Tus padres.
—Llamaron aquí y casi arruinan todo.
—¿Qué significa eso? ¿Qué podrían arruinar?
—Nadie sabe de ellos… lo que son.
—¿Y qué son? ¿Artistas? Porque no tiene nada de malo.
—No es eso.
—No entiendo a qué otra cosa te refieres cuando… ¡Oh! Estás hablando de que son homo…
—¡Cállate! —se puso de pie— ¡No digas esa palabra aquí!
—¿Te avergüenzas de ellos?
—No.
—Pero no quieres que nadie sepa.
—No.
—¿Y por qué estás aquí conmigo? —su tono evidenció su molestia— Soy gay, igual que ellos, y si te avergüenzan, te incomodan, te molestan o lo que sea, entonces debes sentirte igual hacia mí, y no tiene sentido que vengas a verme.
—N-no… no lo comprendes. Es distinto.
—¡No lo es! ¿Y sabes qué? ¡Puedes irte! ¡Es tarde y quiero descansar!
—Lucas…
—Ya soporto bastante mierda todos los días como para tener que aguantar la tuya también.
Pensé que habías reflexionado y comprendido lo errado de tu absurdo comportamiento, sin embargo, sigues siendo el mismo cretino.
—Lucas…
—Creí que éramos amigos, pero no.
—Somos amigos.
—Eres un mentiroso, por supuesto que no somos amigos. No entiendo cómo dejé que me engañaras.
—No te he engañado. Y sí somos amigos.
—¡No es verdad! —elevó la voz— Eres sólo otro homofóbico más que nos odia porque piensa que somos diferentes.
—¡No me llames así! —gritó— ¡No tienes idea de lo que dices!
—¡Eso eres! ¡Aunque lo niegues no puedes ocultarlo! —caminó hacia el otro lado de la habitación— Daría lo que fuera por tener padres como los tuyos, y tú los desprecias porque en tu pequeña mente no puedes comprender que no hay nada de malo en que dos personas se amen.
¿Por qué no puedes verlo? ¡Nadie manda en su corazón! ¿Por qué tienes…?
—¡Ya cállate!
—¡No me callo porque estoy cansado de personas como tú que creen que tienen la única verdad y no piensan un poco en…
—¡Que te calles, Faraday!
—¡Después de todas las cosas que me has contado que te hicieron esos idiotas, resulta que eres igual a ellos!
—¡No lo soy y jamás lo seré!
—¡Tal vez no seas un agresor físico, pero sí eres igual de ignorante, homofóbico y…!
—¡Soy gay!
