Bien, espero que les guste el capítulo. Saludos y besos.
M&S
Esa mañana, Severus, había despertado con un constante golpeteo en su ventana. Se levantó y dejó entrar a la pequeña lechuza. Bien, la primera carta era de Hermione, ese día.
Estaba entusiasmada. Había conocido qué sería cada bebé. Por supuesto, eso ameritaba una visita. Algo diferente, de lo que tenía planificado.
Curiosamente, como en su sueño. Sus hijos, eran varón y hembra respectivamente. Hermione estaba ya pensando en nombres. Para ambos bebés.
Le escribió algo breve, le diría lo demás cuando la viera. Sólo haría una visita, para estar a su lado ese día. No necesitaba realizar futuras incursiones, era peligroso.
Dumbledore dio el aval que necesitaba, pidiéndoles a los aurores que estuvieran al tanto de sus decisiones y de encantamientos protectores que, se habían colocado en la casa. Sólo ellos debían conocer los sortilegios y sus formas de revertirlos.
Hermione se mantuvo en el salón, con una sonrisa. Iba de un lado al otro, esperando por una contesta de su esposo. Pero lo que obtuvo fue mucho mejor.
Estaba en el salón, observándola. No le tomó mucho tiempo a ella, decidirse si abrazarle o no. en cuanto estuvo cerca de él, sostuvo su rostro con sus manos y le besó. La lechuza con su respuesta, llegaba en ese mismo momento.
- Creo que no necesitabas el aviso- rió ella, y él la observó.
- Puedes contarme ahora. Antes de que el tiempo se acorte.
- ¡Son un pequeño bebé, y una pequeña bebé!- dijo, sonriéndole. Snape asintió- A la bebé quiero llamarla Carmille. ¿Te gusta?
- Es un bonito nombre. ¿Y al pequeño?
- Sebástian. Quería llamarlo Severus, pero creo que no iba a gustarte. Además, sería complicado de diferenciar. Entre él y tú, quiero decir. Así que Sebástian, ya que la "S" es mi letra favorita.
- Eso fue, demasiado. Incluso para ti- sonrió él.
- Son los cambios de humor.
- ¡Señor Severus!- sonreía Rosse- ¿Ha escuchado ya, la noticia?
- Sí, gracias- respondía él, alzando la cabeza para mirar a Rosse.
- ¡Es maravilloso Hermione!- continuó sonriendo ella- ¡No puedo esperar a mirar sus caritas por primera vez!
- Creo que nosotros tampoco. ¿No es así Severus?
- Así es.
Hermione junto sus manos sobre su vientre, y comenzó a acariciarlo con mucha suavidad. Mientras lo hacía, se dirigió a Snape.
- El doctor, no entendía cómo el bebé se había recuperado. Dijo que su corazón latía como nunca. Pero que siempre creyó que yo iba a tener un solo bebé. ¡Y era la primera vez que nos veíamos!
- Pues, Trelawney tampoco lo creyó.
- Carmille y Sebástian. Serán los hijos de Severus Snape, el hombre a quien hasta ahora no se le adjudicaba sentimiento alguno.
- Es tú culpa.
- Y me alegro de que así sea. Ya necesitaba algo en su vida, profesor.
Hermione sonrió, mientras Snape arqueaba las cejas. Ella amaba ese gesto, así que no consiguió sorprenderla. En cambio, Hermione se inclinó para que sus labios se rozaran por última vez. Snape debía regresar, mucho estaba en juego y las fuerzas se necesitaban para otras cosas. Snape se levantó del sofá y permaneció de pie mientras Hermione sólo observaba su vientre y continuaba acariciándolo.
- ¿Debo recordarte que debes tener cuidado Hermione?
- No- dijo ella mientras continuaba con lo suyo y Snape se inclinaba para depositar un beso en su frente.
- Espero, verte pronto- fue su último comentario, antes de desaparecer. Hermione alzó la cabeza y miró a su alrededor.
- Yo también.
Tiempo después, ella sólo dormía mientras Rosse había comenzado a tejer algo para los bebés. A Rosse le gustaba confeccionar regalos y era una tradición familiar que ella deseaba mantener. Hermione era de su familia, desde mucho tiempo atrás. Así la consideraba ella.
Ella no había vuelto a soñar. Sólo con sus dos hijos, el como serían y a quién se parecerían. Parecía, que eso era suficiente para alejar los demonios que habían estado atormentando su mente. Lo mismo sucedía con Snape, mientras meditaba.
Dumbledore parecía extasiado ante su comentario. Era una fortuna que ya pudieran tener algo asegurado, algo que les dijera que sus hijos estaban allí. Estaba feliz con el progreso que había hecho Snape. Pensaba igual que Hermione. Él necesitaba un cambio en su vida. Y lo estaba teniendo con creces.
Nuevamente, Snape, no fue citado por el señor tenebroso. Seguía sin entender, qué esperaban para hacerlo. Pues al menos, debía contentarse con la tranquilidad que ambos obstentaban. Y esperaba, perdurase hasta el nacimiento de los bebés. Luego, ya verían sus opciones.
Suspiró, riéndose cuando otra carta aparecía en su escritorio. Hermione pedía los miles de perdones, pero ella tenía que decirle que le amaba. Acervaba que no se había despedido con propiedad de él, y tenía que enseñarle algo. Era de Rosse, algo que ella había hecho para él. Lucía como algo étnico, para la protección. Una pequeña cinta que cabía en su muñeca. Hermione decía que ella, usaba una igual. Que ambos debían usarla, si querían que todo perdurase. Si se rompía, pues eso servía para limpiar de todo mal. Populachero y algo tonto, pero ¿contradecir a Hermione? Más valía el hacerlo.
Esa mañana, las chicas estaban fascinadas con lo que él llevaba en una mano. Lo podía escuchar mientras estaba en el aula. Y pese a que bien, eso generaría una sanción con creces, sólo quitó unos "pocos" puntos. No tenía deseos de discutir con nadie, estaba ensimismado en otros asuntos de mayor importancia. Y así también, estaba Hermione.
Ginny había prometido que le acompañaría, para comenzar a acondicionar una habitación. Se había, prácticamente, mudado a aquella casa. Rosse por supuesto, había prometido su entera disposición. Ella estaba fascinada y no deseaba alejarse demasiado para perdérselo. Creía que Snape era una persona peculiar, de la cual no se le podía mencionar tener familia. Quería ver, como reaccionaba ante ello. Hermione también.
Desde ese día, muchas cosas iban a cambiar. Hermione estaba mucho más madura de lo que ella creyó alguna vez. Y parecía que todo tenía una forma distinta de verse. Bastaba para ella, la espera puesto que deseaba disfrutar cada día de su embarazo. Aunque bien, deseaba conocer a sus hijos. No podía estar más feliz por todo lo que tenía, pese a que todo había comenzado mal y por un contrato obligatorio.
Amaba a Snape, y estaba comenzando a disfrutarlo. Nunca creyó imaginarse, meditando eso, pero lo amaba. Tampoco lo imaginó a él casado, pero por ahora estar casado con "Granger" parecía que le gustaba. Y eso, en Snape, era mucho decir.
Esa noche, él mismo violentó su propia regla. Le escribió una carta, deseándole una buena noche a ella y a sus hijos. Extraño, aún para él. Pero sí ella, había tenido un momento de "exceso" según él, él se tomó la molestia de tener uno para con ella.
