Enfocó su mirada a las actividades que realizaban los campistas, apoyada con aspecto relajado en el porche. Estaba comprobando por si misma que encargarse de dirigir el campamento si bien había sido un castigo para Dionisio, era en realidad mucho más complejo e importante de lo que había estimado. No solo garantizar la seguridad de los campistas, sino participar en cierta manera, en que la niebla muestre a los mortales lo que debía mostrar. De eso se había encargado en cuanto Harry llegó al campamento y expuso las formas en las que lo había hecho, sobretodo el engaño para cualquiera que quisiera rastrearlo. No le había costado ponerse en contacto con Hermes para dejar señal en el sistema informatico de varios aeropuertos, sobre los vuelos que supuestamente había cogido Harry, quedando registro de que había facturado y embarcado en un vuelo desde Heathrow, uno de los aeropuertos de Londres, hasta el JFK. Y otro vuelo desde el aeropuerto La Guardia hasta el aeropuerto internacional de Seattle-Tacoma. En ello se incluyo el colocar mediante la niebla, en los vídeos de seguridad de los tres aeropuertos a Harry, sugerencia del propio Hermes, aunque ella no le había parecido ser tan extremo. Lo habían dejado así, por la versión de Harry bien podía haber cogido otro transporte o ir con otros adolescentes en un autobús de ese supuesto campamento. Debía reconocer que la idea del chico había sido buena, aunque no se había sustentado por si solo el resto del plan.

De todo aquello había pasado una semana, una semana en la que los nuevos campistas, aquellos dos que la habían salvado de ese monstruo se habían adaptado bastante bien a la vida en el campamento. Incluso la mayoría de los de la cabaña de Atenea habían olvidado ya la "ofensa" de Harry al ver como este trataba con respeto y cariño a la lechuza, más como una amiga que como una mascota. Pensaba que Luna había tenido algo que ver en aquello, aunque ignoraba el como. Se había interesado por las armas que habían escogido, mostrándose un poco sorprendida por que Harry no trajese consigo esa espada que le había visto. Luna había escogido una espada corta, aunque parecía que esa chica no parecía estar hecha para las armas, claro que ella mejor que nadie sabía lo engañosas que podían llegar a ser las apariencias. Harry, en cambio había resultado una sorpresa, escogiendo el arco y las flechas, cosa rara, dado que los arqueros solían ser los hijos de Apolo. Había pensado que él escogería una espada, o que Hades le obsequiaría con una. Lo curioso el chico era muy bueno con las flechas.

Durante esos días había estado siguiendo los pasos de los campistas, observando sus fuertes, debilidades y lo que hacían en su tiempo libre. Harry practicaba con todo tipo de armas, no solo con su arco, también hacía todo tipo de actividades y practicaba el manejo de sus habilidades. Parecía muy insistente y en más de una ocasión había llegado a agotarse, cosa sobre la que sabía le habían advertido que tuviese cuidado. Sobretodo Will Solace, a quien había visto muy a menudo con Nico di Angelo. Notó un movimiento a sus espaldas, no le hacía falta girarse para saber que se trataba de Quiron.

- Acabo de recibir un mensaje de Artemisa.

- Entiendo, reúne a los campistas, no quiero problemas con las cazadoras, que se den por enterados. Y comunicarles a Harry Potter y Luna Lovegood que vengan a mi despacho

Su tono de voz era resolutivo y tranquilo, sabía bien que las cazadoras no solían tolerar a los semidioses, menos su eran hombres, pero no iba a permitir que entrasen al trapo o iniciasen una pelea. No iba a hacer como que no veía nada como sabía que había hecho Dionisio. Tomó asiento en el despacho con una posé bastante relajada, mientras los esperaba. Tardaron un poco en llegar, suponía que Quirón los había entretenido dándoles el comunicado de que debían portarse bien con las cazadoras, esperaba no tener problemas por esa parte.

- ¿Nos mando llamar?

- Si, sentaos; quería tratar con vosotros lo relativo a vuestro internado.

Los miró fijamente mientras tomaban asiento frente a ella, no le preguntaron nada, tan solo permanecían en silencio, pudiendo notarse la expectación en ellos. Sabía que iba a ser un problema cuando tuvieran que regresar a ese castillo, que supiera era la primera vez que había magos semidioses en el campamento, lo cual era un descuido ¿Cuantos más podía haber que no hubiesen sido detectados?, viéndolos sabía que era probable que fuesen unos pocos, y determinadas circunstancias en torno a Harry confirmaban que aquello era un descuido. Quería planificar lo suficiente, todo lo que pudiese, para así preservar el secreto del campamento, no se fiaba de todos esos magos y menos ahora tras lo que había sufrido.

- Quisiera conocer algunas cosas del funcionamiento de vuestra escuela, lo que podáis contarme.

- Bueno, a estas alturas deberíamos recibir pronto las cartas del colegio - Comentó Luna - Vendrán con una lechuza, y Harry es seguro que reciba dos. No se si en Reino unido las habrán recibido ya, pero teniendo en cuenta que estamos mucho más lejos creo que las lechuzas tardaran en llegar.

- En esas cartas nos recuerdan que no perdamos el tren de la escuela, y nos pasan la lista de los materiales.

- ¿Porque tu vas a recibir dos, Harry? - Aquello le llamaba la atención, sobretodo porque había sido mencionado como si de una excepción se tratase. Quería saber más, sobretodo sobre Harry.

- Son las notas. El sistema educativo consta de siete cursos. Cinco para el estudio de las bases y aquellas cosas que pueden llegar a emplearse a diario además de algunas habilidades que preparan para el estudio de conocimientos superiores, y dos años de conocimientos superiores - Le pareció que Harry no sabía muy bien explicar aquello, pero por ahora lo entendía y comprendía que estaba haciendo un esfuerzo - Al final de quinto año hacemos unos exámenes que nos evalúan sobre nuestras capacidades y cuanto del estudio elemental e intermedio de las materias hemos aprendido. Eso de alguna manera determina las materias que podemos seguir estudiando, que depende de la nota que el profesor pida para acceder a su materia. Aprobar no te garantiza seguir estudiando una materia.

- Son importantes esas notas.

- Lo son - Intervino Luna - Depende de lo que logres tendrás más o menos salidas de futuro.

- Cuando os lleguen las cartas, comunicadmelo, buscaremos la forma de que podáis reunir vuestro material escolar sin llamar demasiado la atención.

- ¿Algo más?

- Si, se por experiencia que guardar secretos no solo es agotador sino que puede traer problemas, creo que podría ser positivo que les hablaseis de la magia, a aquellos quienes consideréis de confianza.

- ¿Se refiere a alguien del campamento?

- No se, se que estaría bien pero tal como se pusieron al principio con Harry por lo de la lechuza.

- Simplemente pensaoslo - Al darles aquel consejo pensaba que así podría evitarles muchos problemas, sobretodo con los que acabasen siendo más cercanos a ellos - Disfrutar del resto de la tarde.

Durante esa misma noche habían llegado las cazadoras junto a Artemisa, justo a tiempo para la cena, de forma que se habían unido a todos los campistas en la zona del comedor, sentándose en la mesa correspondiente a su cabaña mientras la propia Artemisa se sentaba en la mesa grande, la mesa que presidía el comedor. Estuvo atenta toda la cena a los campistas, vigilando que cumpliesen en efecto sus indicaciones y por ahora parecía que así era. La cena resultó tranquila, mucho más de lo que en un principio se había esperado. Cada cual estuvo conversando con los de su cabaña y pocos eran los que estaban solos, no podía levantar la norma de que no podía irse a otras mesas durante la cena pero sabía que luego se juntarían en la hoguera.

- ¿Todavía hacéis los juegos de captura de bandera?, tengo entendido que Hades los quitó de las actividades - Preguntó Artemisa.

- Si, tenemos uno preparado para dentro de un par de días. Yo opino diferente a mi hermano, aunque algunas de las actividades que introdujo en el campamento no estaban del todo mal.

- Es raro oírte decir que ha hecho algo bien.

- Quizá es que no fui del todo justa todos estos años.

Miró a su sobrina con gesto serio, analizando sus palabras, no había reproches en estas ni malas palabras o miradas, era un tono más bien neutro, como si estuviese evaluando una situación de una de sus cacerías. Nunca pensó que llegaría el día en el que admitiría aquello, ni siquiera pensó que acabaría confiando más en él que en el resto.

- Después de la cena tendremos la captura de bandera, señora Artemisa - Aseguró Quiron.

Tenían el juego preparado para ese día, tenían que adaptarlo a la llegada de las cazadoras, sabía que cuando estas llegaban los campistas jugaban todos de un lado y ellas de otro. Dirigió la mirada por el comedor con cierto interés, preguntándose como se iban a organizar, claro que si lo hacían como cuando defendieron el Olimpo, podía ser un duelo interesante.

Vio a ambos equipos disponerse a distintos lados del río, el cual actuaba de frontera, no se interesó por como se organizaban las cazadoras, ellas actuaban como una especie de ejército, y siempre ganaban. Lo curioso iba a ser qué harían los campistas. Se acercó con cierta discreción para ver como iban a organizarse, al parecer Annabeth, la hija de la que Atenea estaba más orgullosa era quien organizaba todo. La chica era una buena estratega lo debía reconocer, puso a los mejores guerreros al ataque, a excepción de unos pocos que se quedaron custodiando la frontera.

- Nico, encárgate junto con los de Hefesto de proteger directamente la bandera. Luna, quédate con Nico.

- ¿Y yo? - Escuchó preguntar a Harry, a quien esa hija de Atenea seguía mirando mal.

- Ve a donde no puedas entorpecer-nos a los demás Potter.

La actitud que estaba mostrando esa chica hacía Harry no le gustaba en absoluto, pero a menos que se desatase una pelea no debía intervenir. Se alejó de allí dirigiéndose a la zona de observación junto a Artemisa y Hestia. Observando ese juego arbitrado por Quiron. Las cazadoras se movían con una gran rapidez y como si fuesen un engranaje, eran un equipo como rara vez lo llegaban a ser los campistas. Las únicas veces que los campistas habían actuado en equipo era cuando había un peligro real, aun así se notaba que querían ganar. Lo bueno de todo es que las cazadoras usaban solo flechas, lo malo es que esas flechas tenían truco. Dudaba que esos trucos fuesen muy legítimos, aunque los campistas se defendían bien. Mantuvieron unos a otros a raya continuamente, parecía que la estrategia de Annabeth funcionaba. El momento más emocionante del juego fue cuando un integrante de cada equipo comenzaba a correr hacia el río, hacia la frontera con la bandera del otro equipo. Parecía que las cazadoras tenían cierta ventaja, fue entonces cuando un par de flechas derribaron a la que portaba la bandera al alcanzarle en la pierna mientras que una tercera impedía que Annabeth fuese interceptada. Se había fijado en quien había lanzado esas flechas, había sido Harry. Eso no hizo que los campistas ganasen la contienda pero si les dio la oportunidad de empatar, pues otra de las cazadoras retomó la tarea de portar la bandera mientras que otras cinco comenzaban a lanzar flechas sin descanso había donde estaba Harry. Le pareció que se habían picado un poco.

- Bueno, esto es un empate - Oyó declarar a Quiron - Así que todos a bajar las armas - Sabía porqué, lo decía. Sabía quienes no se habían detenido.

- Ya vale, solo me han rozado - Escuchó decir a la teniente de las cazadoras - A sido una jugada justa e inteligente. Quiero ver quien a sido.

Notó como bajaban con cierta reticencia sus arcos, segundos después Harry salió del lugar del bosque en el que se había ocultado al verse atacado de aquella manera, caminando con calma con los brazos izados.

- Tu eres nuevo, no te había visto antes.

- Soy Harry.

- Tenía que ser un muchacho - Espetó una de ellas con desprecio.

- Un muchacho con una excelente puntería - Se sorprendió de quien dijo eso último, no había notado moverse a su sobrina. Dirigió una mirada hacia Hestia antes de acercarse también a ellos - Pero no tienes los rasgos típicos de un hijo del plasta de mi hermano.

- Eso es porque mi padre no es Apolo señora Artemisa - Respondió Harry haciendo una costes inclinación, ignorando todos los curiosos que estaban mirando.

Poco a poco fueron dispersando a la multitud y ordenandoles que fuesen a sus respectivas cabañas, a fin de cuentas era el momento más indicado para descansar y no quería que se ocasionase ninguna pelea en el lugar. Los que habían resultado heridos durante el juego habían sido llevados a la enfermería. Esa noche fue bastante tranquila, no habiendo ningún incidente. Ello resultaba un alivio, pues pensó que alguna querría venganza por el juego de captura de bandera. Pero no ocurrió nada.

Un par de días después hubo algo que hizo saltar la señal de alarma. Alguien intentaba entrar por la fuerza en el campamento y por los gritos sabía que no se trataba de otra que su hija. Suspiró, viendo desde la ventana como los campistas se quedaban mirando la entrada del campamento atónitos, por la cantidad de improperios soltados en griego clásico a una velocidad de vértigo. No se sentía capaz de enfrentarla, pero era lo que debía hacer, al girarse notó la mirada de artemisa. Parecía estar aguardando su decisión.

- Acabemos con esto.

- Bien, los líderes de cabaña ya están diciendo a todos que se alejen, ellos se quedarán.

Asintió, aunque eso no le agradaba del todo y menos porque algunos como en el caso de Harry les tocaba ejercer de líder porque el líder se había ausentado. Internamente hubiese preferido que su hermano necesitase de Nico cualquier otro día. Al salir lo encontró todo más despejado, excepto esos pocos campistas que representaban a sus cabañas preparados para actuar de ser necesario.

- No te alejes mucho - Murmuro a Harry al pasar no queriendo perderlo de vista.

- Vi a esa mujer en las tres escobas - Le comento Harry con el ceño fruncido, no era el lugar más adecuado para hacerlo pero agradecía la información. El resto a excepción de esa hija de Atenea ignoraron por completo las palabras de Harry.

Avanzó, quedando por delante de los campistas, a su lado iba Artemisa. La miro con seriedad, con decepción; comprobando al mismo tiempo el correcto funcionamiento de las barreras, no iba a poder penetrar en ellas.

- ¿Que has venido a hacer aquí? No puedes entrar.

- Veo que te has recuperado, Madre. ¿Porque no sales aquí y terminamos aquello en lo que se metió el inútil de Hades?

- ¿Que te parece si te marchas por donde has venido y dejas de hacer estupideces? - Intervino Artemisa, que pese a estar en su forma de niña de doce años tenía una mirada fiera.

- Ignoraba que fueras tan cobarde, primero te escondes tras Hades y luego tras una niña de doce años.

- Tengo un concepto distinto al tuyo de lo que es cobardía.

- Yo no soy cobarde, simplemente aproveche mi oportunidad. Como cualquier otro habría hecho. No descansaré hasta tomar lo que merezco.

- Quedas desterrada y no te quepa duda que hablare con el resto del consejo para que sea efectivo, y para que no puedas ir a ningún lugar a causar mal nunca.

- No seras capaz.

- Artemisa, ¿Te importa si vamos ahora mismo al Olimpo? - Dijo Ignorando por completo a Perséfone mirando a la diosa de la caza, la cual asintió - Quiron, que nadie salga del campamento. Tomad las medidas que estiméis oportuno.

Se coordinaron ambas, para atraparla en un ataque relámpago, luego desaparecieron llevándola consigo al Olimpo, frente al resto de los dioses. Era el momento de deliberar y aplicar el castigo adecuado. Deméter lamentaba haber tenido que llegar a eso, pero en su mirada había visto que estaba completamente lejos de redención.