Capítulo 36

Edward no me dijo lo que me esperaba en casa a pesar de mis insistentes suplicas, esta era una de las razones por las que odiaba las sorpresas, lo único que conseguí sacar fue que tendría más de un regalo aquel día. Noté que Edward no estaba del todo contento, parecía nervioso. Su seriedad aumento al llegar al edificio pero no me atreví a preguntar la razón de su reacción.

— ¿Todo está bien? —pregunté por fin, lo detuve antes de abrir la puerta, si algo iba mal no quería discutir con él frente a Tanya.

—Todo está en perfecto orden, Bella —respondió.

—No es verdad —contradije frunciendo el ceño, no lo dejaría pasar así de fácil.

—Quería conseguirte el mejor regalo de cumpleaños pero alguien llego a opacarme —confesó.

Le di una sonrisa cálida y coloqué mi mano en su mejilla, me puse de puntillas para alcanzar sus labios pero él rodeo mi cintura y me atrajo hacia sí.

—El valor de tu regalo no cambiara mi amor hacia ti —le aseguré.

—Lo sé, pero quería darte lo mejor.

—Lo será —dije, acerqué nuestros labios una vez más, habría intensificado el beso pero recordé algo que había dicho—. ¿Alguien llegó?

Mi pregunta distrajo a Edward y lo sentí tensarse bajo mi tacto, no era la reacción que esperaba, ese debía ser el problema que tenía. ¿Quién pudo haber venido? Alice seguía en Nueva York y ella tampoco estaba al tanto de las fechas más importantes de mi vida; mi mamá había estado aquí unos días y lo más probable es que no volviera hasta mi graduación; Charlie tiene demasiado trabajo como para tomar un avión hasta aquí, además él no es la persona más detallista que existe es por eso que me extrañó que estuviera involucrado en la llamada matutina organizada por Rosalie; y ni Rose ni Jake tienen el suficiente dinero para costearse un viaje.

Edward se limita a ignorar mi pregunta, abre la puerta y se quita para dejarme pasar, supongo que esa es la manera en que me dice que lo descubra yo sola. Mi corazón palpita con fuerza en mi pecho y contra mis costillas; es lo una de las pocas cosas que me gustan de las sorpresas, la emoción que invade tu cuerpo antes y después de descubrir lo que te espera.

No quiero demorarme aún más y entro deprisa. La sala esta exactamente igual que cuando me fui, la única diferencia es que alguien está sentado de espaldas a mí en el sofá, no es Tanya en absoluto. La piel cobriza de su cuello es señal bastante para saber quién es y también para aumentar mi felicidad.

— ¿¡Jacob!?

El chico que permanece sentado en el sofá de vuelve al oír mi voz, una sonrisa resplandeciente aparece en sus labios, escucho cuando grita mi nombre en respuesta y corro hacia él automáticamente. Me olvido de todo en cuanto Jake me atrapa en sus brazos y me gira en el aire con facilidad, creo que suelto una risa tonta pero no me importa, esto debería ser un sueño. ¿Cómo llegó mi mejor amigo hasta aquí tan rápido? Fue Jacob quien me ayudó a encontrar este departamento en Internet por lo que no le pregunto cómo me encontró.

— ¿Cómo llegaste tan rápido? Hablamos hoy mismo en la mañana —digo una vez que me deja en el suelo.

—Sam me prestó su auto, habría venido ayer pero Rose quería que te llamáramos para que no sospecharas nada.

—Aun así es un viaje demasiado largo.

—Sam y yo modificamos el auto para que corriera con mayor fuerza —respondió con una sonrisa presuntuosa—. Además llegué hace unos pocos minutos, esperaba que ya estuvieras aquí pero ese chico me abrió la puerta —dijo apuntando a Edward, ya había olvidado que estaba allí y me volví nerviosa hacía él. No me sentía preparada para contarle a Jake que Edward era mi novio.

—Me alegro de que estés aquí —dije desviando el tema, más tarde podría contarle.

—Creí que vivías con una chica —comentó acusadoramente.

—Sí, ella está en un viaje de negocios; él es Edward, su hermano.

—Lo sé, nos conocimos mientras aun estabas en clase. Me pareció curioso que no hayas mencionado antes que ya tenías novio, y Rosalie tampoco lo sabe así que se pondrá hecha una furia si sabe que no le contaste a tiempo.

—He estado muy ocupada —no me molesté en inventar un pretexto más creíble.

—Tanto como para olvidar tu cumpleaños —coincide poniendo los ojos en blanco.

—Puede sucederle a cualquiera.

—Es por eso que estoy aquí, para recordártelo —mete la mano al bolsillo de su abrigo y saca una cajita de terciopelo negra—. ¡Feliz Cumpleaños!

El mal humor de Edward aumenta conforme pasan las horas, con Jacob acaparando toda mi atención no ha tenido tiempo de entregarme mi regalo y esa debe ser la razón por la que esta tan irritable. Mi estómago hambriento interrumpe el buen momento que estoy pasando y, aunque insisto en cocinar, Edward ordena una pizza y todos la devoramos una vez que llega.

El obsequio de Jacob es simplemente perfecto, al abrir la caja que me dio descubro un brazalete de plata con el dije de un diminuto lobo tallado en madera; Jake enseguida me entrega el regalo que me envió Rose, es un elegante collar que hace juego con el brazalete. Luego de eso, Jacob me agobia con preguntas sobre mi vida aquí en Los Ángeles, sobre mi trabajo, sobre la Universidad, y sobre cómo conocí a Edward aunque tengo que darle respuestas vagas acerca de esto último ya que no creo que le haga muy feliz saber todas las veces que hemos terminado semidesnudos en mi cama o en cualquier otra parte.

No he visto a Tanya desde que volví del colegio por lo que creo que volvió a salir, mis dudas quedan respondidas cuando ella entra de manera estrepitosa por la puerta principal, tiene la misma ropa que usaba esta mañana; supuse que debió ir de compras otra vez pero solo tiene su bolso colgando de su brazo. Tanya se sorprende al ver que tenemos visitas y Edward no tarda en decirle lo que estamos festejando, ella me mira especulativamente por unos minutos y acto seguido sonríe en mi dirección para felicitarme, me dice que la pase bien antes de volver a la habitación de Alice (que ahora es suya temporalmente). No puedo evitar pensar que el comportamiento es un tanto extraño pero lo dejo pasar, posiblemente no sea nada.

—Llegó la hora de partir —anuncia Jake horas más tarde.

— ¿Qué? Son casi las diez, es un viaje demasiado largo y no pienso dejarte conducir de noche.

— ¿Dónde me quedaré?

—Aquí, desde luego —respondo como si fuera lo más obvio.

—Tu sofá no se ve muy cómodo —murmura mirando hacia el sillón.

—Dormirás conmigo —digo encogiéndome de hombros.

— ¿¡Qué!? —grita Edward con furia.

—Será solo una noche —dice Jake con una sonrisa tímida, no esperaba la reacción de Edward.

—Sí, y tú puedes dormir en el sofá, ya lo has hecho antes —agrego.

Edward acepta luego de unos segundos de pensarlo pero noto que no le agrada la idea, él va a mi habitación y toma una almohada y una sábana sobrantes. Yo, por mi parte, le doy un pequeño recorrido a Jacob por el departamento, lo dejo solo en mi cuarto para poder tomar una ducha y cuando vuelvo encuentro a mi amigo dormido plácidamente sobre la cama, tomo una esquina de la cobija y lo envuelvo en ella. No es la primera vez que duermo con Jacob pero me preocupa como se lo vaya a tomar Edward, no se veía muy contento.

Definitivamente hoy ha sido un buen día y el mejor cumpleaños que he tenido hasta ahora. Es en ese justo momento en el que recuerdo que Edward no tuvo oportunidad de mostrarme su regalo, me siento demasiado cansada pero aun así decido regresar a la sala para hablar con él, y eso hago.

Lo encuentro hecho un ovillo sobre el sofá, una manta blanca cubre su cuerpo y su cabeza descansa sobre una almohada de aspecto suave, tiene los ojos cerrados por lo que no me ve al entrar. Me inclino con cuidado y planto un cálido beso en su mejilla, Edward abre los ojos al instante y me regala una de sus hermosas sonrisas radiantes.

—Creí que ya te habías cansado de mi —comenta, las comisuras de sus labios se inclinan hacia abajo.

—Eso nunca.

Uno mis labios a los suyos y él corresponde a mi beso con ganas.

—Suficiente. He esperado todo el día, quiero darte tu sorpresa —ahora está ansioso.

Edward se incorpora en el sillón y me siento a su lado mientras observo como busca entre los bolsillos de su chaqueta que estaba tirada en el piso.

—Cierra los ojos —ordena. Lo obedezco y espero pacientemente.

Puedo sentir que pone algo entre mis manos, la emoción se apodera de mí y hago uso de todo mi autocontrol para no abrir los ojos.

—Ya puedes ver —dice Edward.