Ambas chicas se arrodillaron frente al chico que parecía no estar ya en uso de sus facultades mentales, ante la extrema excitación que en esos momentos su glande estaba recibiendo, era demasiado para alguien que hace unos minutos era virgen en cualquier acto de ese indole.

Gimio al soltar su primer chorro de semen en la boca de la estudiante de comedia, la cual trajo todo el contenido sin mostrar algún sentimiento alguno.

No es que no sintiera, pero era un trabajo más, los chicos iban y le pagaban por servicios de ese tipo, solo era otro día más de oficina, se repitió mentalmente.

— — Eso es todo — repuso la otra chica, limpiando los pocos rastros de semen de su pelo castaño.

El pelirrojo a duras penas salió del cuarto de escobas desorientado, mientras tras de sí la puerta se cerraba.

— — Puedes tachar a Zack de la lista — gruño molesta — no valió ni el puto esfuerzo — escupió en el cubo de los desperdicios que usaban para dejar todo rastro de su estancia en ese lugar.

Giggles simplemente hizo un gesto con los hombros de indiferencia mientras tomaba un poco de agua — al menos tenía la verga limpia — fue lo único que dijo mientras intentaba quitar el puto sabor de su boca.

Segundos más tarde, su compañera movía la cabeza en señal de desagrado — ¿Cómo caímos tan bajo? — pregunto más retóricamente que otra cosa.

La comediante soltó un suspiro bastante pesado e irritado — nos enamoramos del chico equivocado — respondió secamente, mientras su teléfono timbraba brevemente, ya no había tiempo de charlas o escusas, tenían otro cliente en camino y el tiempo del almuerzo no era eterno.

O al menos eso pensaron antes que el chico que una vez les pareció lo más lindo del mundo entrara en ese armario sonriendo como la escoria que era — hola perras — repuso su misterioso invitado sonriendo, sería una hora del almuerzo bastante extraña en realidad.