Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad.

Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.

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Capítulo No. 36

Dos rostros de hadas a centímetros de besarse y sus cabellos formaban el ala de una mariposa, visto desde otra perspectiva era una mariposa iluminada por luces led en color morado. Adornaba el frente de un edificio que llamaba la atención en pleno distrito Meatpacking.

Se forman colas a las afuera del local nocturno, esperando la oportunidad para poder entrar a Kiss & Fly y disfrutar de una noche al mejor estilo europeo.

Jasper dejó el auto en el estacionamiento que estaba a menos de una cuadra y se encaminó hasta la entrada evadiendo la larga cola. Dos hombres de actitud impenetrable que se encontraban parados frente a las puertas dobles de cristal que tenían rotulado el mismo logotipo de mitología nórdica, reguardaban la entrada.

—Jasper Cullen —le dio su nombre a uno de los hombres de seguridad.

El afroamericano con aspectos de muralla, verificó una tableta electrónica y lo miró por escasos segundos para después darle paso.

Las llamativas luces directas iluminaban el local vanguardista con colores extremadamente fuertes, donde la gran mayoría se movía al ritmo que ofrecía uno de los Djs más famosos mundialmente que amenizaba el lugar.

Él sabía perfectamente cuál era su lugar por lo que se encaminó hasta la cúpula que daba a la pista de baile. Llevaba mucho tiempo sin salir solo y mucho menos en busca de algo que le animara el resto de la noche, seguramente "El templo" lo había extrañado, esa era la sala VIP que siempre estaba dispuesta para él.

Se ubicó en uno de los sofás y como ya conocían sus gustos, la mesa de centro estaba equipada para que el heredero del magnate de la industria petrolera y minera disfrutara su estadía.

La música retumbaba y la mirada celeste se paseaba por los cuerpos femeninos que se movían con sensualidad. Algunas compartían miradas alusivas con él, pero era selectivo. No se llevaría a la primera a la cama. Era quien tenía el poder para elegir y para eso se tomaría su tiempo.

Sacó de la hielera la botella negra con etiqueta en el mismo color aunque el nombre resaltaba en dorado. Agarró la copa tulipán y se sirvió un poco de su néctar imperial, el cual se deslizó por la copa burbujeante, en su intenso color oro.

Jasper buscaba con la mirada algo de su interés, mientras que su paladar degustaba la explosión de frutas exóticas y el sutil toque de la vainilla, que la bebida le ofrecía con su densidad.

Su mirada fue cautivada por una rubia que parecía estar sola y sus pupilas se dilataron al verla vestida con una minifalda de cuero, botas y todo lo necesario para provocar erecciones en cualquiera que la viera.

Las caderas se movían de un lado a otro con una lentitud arrolladora y su mirada la había fijado en él, con el más claro gesto de provocación se acariciaba el cuerpo y las luces que titilaban cambiando de color al ritmo de I feel love la hacía lucir ante los ojos de Jasper como el ser más sensual que alguna vez hubiese visto.

El chico le dio un segundo trago a su bebida. Dejó la copa sobre la mesa y se puso de pie. Definitivamente estaba sola y antes de que otro se adelantara y le quitara en sus narices al ángel errante vestido de cuero fue a su encuentro.

Llegó hasta ella y la tomó por las caderas con una clara acción de pertenecía. La rubia no se alertó ante el agarre por el contrario le regaló una sonrisa que provocó pulsaciones en el miembro del chico, que admiraba un rostro muy, muy bonito pero con un maquillaje que la hacía lucir como una mujer fatal.

Jasper aprovechó el tema y se pegó más a ella y era hora de hacer más íntimo el baile y dejarle completamente claro para qué la quería. Con su nariz empezó a acariciarle el cuello, extasiándose con el aroma y disfrutando de los leves estremecimientos que le robaba.

Si algo poseía Jasper Cullen era decisión y estaba decidido a comerse esa boca, por lo que sin pensarlo, sólo dejándose llevar por las ganas, fue en busca de los labios que lo incitaban, pero antes de que pudiese tocarlos, la chica le colocó el dedo índice en los labios y sutilmente puso distancia entre las bocas.

El rechazo aumentó el interés en él, pero no renunciaría, por el contrario iba a endulzarla un poco más. A excitarla al punto de que no pudiese negársele, y sus manos empezaron a deslizarse por las curvas femeninas poniendo el plan en marcha.

Varios intentos de besos fueron frustrados y sin embargo no iba a desistir. Esa mujer ya lo tenía en la palma de su mano y aún no la había probado.

— ¿Quieres algo de tomar? —propuso acercándose a ella y con sus labios le acariciaba el lóbulo de la oreja sin importarle la estorbosa argolla.

—Depende lo que quieras darme a beber —contestó y le acariciaba la nuca con las uñas, provocándolo aún más.

—Te daré lo que pidas, lo que quieras… tengo mucho para darte. —acotó obligándose a no agarrarle el trasero en ese preciso instante.

—En ese caso, te acompañaré —le regalaba la oportunidad con una sonrisa sagaz.

Jasper la guió al templo con una mano en la parte baja de la espalda, abriéndose espacio entre las personas que seguían bailando. El sofá en color ciruela los recibió y las luces hacían el lugar más exclusivo, así como el domo les brindaba más privacidad.

— ¿Qué quieres tomar? —preguntó ofreciéndole asiento. Ella con sutileza se sentó y cruzó las piernas, interesándose más en el lugar que en el hombre que se sentaba a su lado. Esa era su manera de no ponérsela fácil al grandote.

—Un Martini por favor —pidió y buscó con su mirada la de él.

El hombre que servía las bebidas se acercó ante el sutil llamado del señor Cullen.

Jasper le pidió que bajara un poco y al oído le hizo el pedido. La chica miró fijamente esa extraña actitud del hombre pero no se acobardó, por el contrario le regaló una sonrisa una vez que él se volvió a mirarla.

El hombre se fue en busca de la bebida que le habían solicitado y Jasper acortó la distancia entre ambos. Su mirada impúdica recorrió el cuerpo de la chica, deteniéndose mayor tiempo en los labios.

—Y bien ¿cómo te llamas? —indagó y prácticamente le obligaba a que le mantuviera la mirada.

—Podrías bautizarme esta noche —musitó con voz sedosa incitando al chico.

—A simple vista podría darte muchos nombres, pero prefiero que me digas cómo llamarte —tocó con uno de sus dedos índices una de sus rodillas, brindándole una sutil caricia.

La chica se humedeció los labios lentamente y no le desviaba la mirada, haciéndole saber que ella aún tenía el control. Abrió la boca para dar respuesta pero ante la llegada de su bebida prefirió crear un poco de suspenso en él.

—Gracias —con una sutil sonrisa agradeció al hombre que dejaba el Martini en la mesa y él correspondió retirándose con una leve reverencia.

La chica agarró la copa y se la llevó a los labios, sin desviar la mirada de los ojos celestes en los cuales se reflejaba deseo ardiente. Dudó por unos segundos para probar su bebida. En ella se mantenía alerta el secreto con que había sido pedida, pero debía mostrarse segura por lo que sin vacilar dio el primer trago. Frunció ligeramente el ceño al paladear el Martini, pero retomó casi inmediatamente el control.

—Cielo —dijo y colocó el Martini sobre la mesa, doblándose un poco con el único objetivo de hacerlo consciente de su escote.

Él no esbozó palabra alguna. Se quedó mirándola, recorriendo con sus pupilas dilatadas las facciones en el rostro femenino y sonriendo satíricamente.

—Me llamo Cielo —le aclaró al suponer que él no había entendido por qué había dicho tal palabra.

—Te hace justicia el nombre, ¿será que ésta noche tendré la indulgencia de probarlo? Siempre he sido un chico malo y poco me importaba si me iba al infierno, pero daría todo lo que tengo por subir al cielo en éste preciso instante.

—Todo tiene un precio —le hizo saber acercándose tanto a él como para mezclar su aliento con el del rubio.

—Te daría mi alma si la necesitas —la tomó por la nunca y no le dejó ninguna opción para retirarse. La besó con las ganas que esa mujer despertó en él apenas la vio en la pista de baile incitándolo con el movimiento de su cuerpo.

Ella le brindaba espacio y él recorría con su lengua los rincones de esa boca, saboreando y asaltando, mordisqueando y succionando, mientras sus manos empezaban a llenarse con las curvas de la chica. No la dejó de probar hasta que lo consideró extremadamente necesario, hasta que él mismo anheló más oxigeno que la boca de ella.

—Soy más práctica, podría aceptar cinco mil y no tu alma.

— ¿Cinco mil? —preguntó algo aturdido ante la cifra que ponía la mujer.

—Cinco mil y podría convertir el baño de éste lugar en el paraíso.

—Después de todo no es tan costoso el precio del cielo.

—Estoy siendo generosa —le dijo guiñándole uno de los ojos y con las yemas de los dedos acariciaba los labios masculinos, que se encontraban hinchados por los besos.

Jasper se alejó un poco y tomó un poco más de champan, esperó por ella a que le diera otro trago a su Martini, pero no lo hizo y él sabía el porqué.

—Entonces no perdamos el tiempo, quiero disfrutar del cielo —y poniéndose de pie la agarró por una mano. En medio de la multitud se abrieron espacio hasta llegar al baño.

Ella entró al tocador de mujeres y espero el momento justo para poder estar a solas con el espécimen de ojos celestes. Dos mujeres salieron del baño y ella reviso el resto de los cubículos. Al estar completamente segura de que el lugar estaba solo, le hizo la seña acordada previamente para que él entrara.

Jasper al pasar el seguro a la puerta dejó que el mundo siguiera girando afuera, para ellos se había detenido en ese preciso instante y disfrutar del placer que prometía ser la rubia.

Él se aferró con sus manos a la diminuta cintura y la guió hasta los lavamanos, sin ningún esfuerzo la elevó y la sentó sobre el frío mármol en color beige con betas marrones. Con movimientos estudiados empezó a recorrer con sus manos los muslos, disfrutando de la alucinante sensación que la tersa y tibia piel de Cielo le ofrecía, con sus piernas se hacía espacio y se ubicaba en medio de los muslos de ella, sin desviarle la mirada de los labios, ni mucho menos poder controlar la sonrisa que en él se dibujaba ante la expectativa.

Sin perder tiempo sus manos buscaron la única prenda que se podía interponer entre él y la gloria que Cielo le ofrecía, por lo que se la quitó.

Bonita tanga de hilo de encaje en color negro. Se le enredó un poco en el tacón de una de las botas, pero eso no le haría la guerra y en menos de un suspiro y ante un jalón dejó de ser un obstáculo. La agarró empuñándola en una de sus manos y la guardó en el bolsillo trasero de su jean.

Una vez más fue en busca de la boca de la chica, mientras sus manos temblorosas a causa de la excitación hacían el intento por desabotonarse el jean y liberar la dolorosa erección. Al lograrlo soltó un jadeo de satisfacción.

La tomó por las nalgas y la hizo rodar un poco más afuera del mesón que tenía empotrados los lavamanos. Iba a besarla y al mismo tiempo penetrarla, pero no pudo hacerlo ante la renuencia de ella.

—Cobro por adelantado —le dijo deteniendo cualquier avance de él al ponerle las manos al cuello.

— ¿Ahora? —preguntó un poco alterado. Debía ser rápido y ella lo detenía por el pago—. Te voy a pagar, apenas terminemos te pagaré, no tiene que ser ahora ¿o sí? —inquirió con el desespero latiendo en él ante la excitación que lo consumía.

—Sí, ahora… en este instante —exigió con voz firme—. O no me hagas perder el tiempo y buscaré a otro cliente.

— ¿Vas a buscar a otro? —preguntó con dientes apretados sintiendo una extraña presión en el pecho y erección.

—Uno que esté dispuesto a pagarme antes de cogerme… no voy a correr riesgos… —busco en su handbag y sacó un preservativo—. Te cuesta cinco mil —le dijo sosteniéndolo entre sus dedos índice y medio, haciendo resonar el paquetico negro con verde.

—Putita, no tendrás que salir de aquí, pero no tengo esa cantidad en efectivo.

—Acepto transferencia —le dio una opción y elevó una ceja con supremacía que se convirtió en un gesto pícaro—. Por cierto me encanta que me llames así, no creas que me ofendes ¿por qué no me repites lo que soy para ti? —le pidió agarrándole la barbilla.

—Eres mi puta… mi putita —dijo mordiéndose el labio sintiendo los testículos cosquillear ante el placer que le causaba llamarla de esa manera.

Jasper por estar sumido en la mirada de ella no se dio cuenta de que le había sacado el teléfono celular hasta que se lo mostró.

—No pierdas el tiempo, yo no quiero perderlo —lo instó y le entregó el teléfono, para que hiciera la transferencia.

Jasper con rapidez lo agarró pero no podía controlar el temblor en sus manos, se le hacía hasta difícil entrar a la página del banco.

— ¡Putos números! —exclamó exasperado, tratando de colocar las claves—. Dame tus datos —le pidió, pero ella le arrebató el teléfono y los colocó para después entregárselos—. Listo cinco mil a tu cuenta.

—Ahora sí —sonrió de manera sardónica y dejó el teléfono al lado de su cartera. Agarró el condón y con los dientes rasgo el empaque—. Te has portado muy bien y por eso te has ganado que yo te lo ponga.

La chica con una de sus manos tomó la erección y la encerró. Deslizó con lentitud, masturbándolo y arrancándole jadeos al chico.

—Estás muy bien dotado, no había visto otra igual —le hizo saber mordiéndose el labio inferior—. Por cinco mil podrás metérmela toda.

Jasper no pudo evitar soltar una carcajada, porque le había pagado, pero ella seguía poniendo condiciones.

—Te aseguro que la vas a sentir toda, entera… —él podía sentir como ella empezaba a deslizar el condón por su pene.

—Esta putita quiere sentirla toda. Quiere que la hagas jadear de placer, haz que valga la pena lo que has pagado —en ese momento encarceló con sus piernas las caderas del hombre y lo jaló hacia ella por las solapas de la americana de cuero marrón.

Jasper de repente se encontró a oscuras y supo que ella había apagado la luz del baño. Sólo dejó la que se encontraba encima de los espejos que apenas si podía iluminar sus rostros.

No pudo evitar llevarse la sorpresa al momento de querer penetrarla y ver su erección brillar ante la fluorescencia del condón y fue consciente de porqué apagó la luz.

—Así no la perderé de vista —murmuró y le llevó las manos al cuello, para por fin poner a disposición su boca para él.

Jasper la penetró de una estocada. Ella no pudo moverse un solo milímetro porque él la retuvo al tomarla por las nalgas y ante el embiste el cuerpo se le arqueó e imploró en medio de jadeos.

—Así… ¿la quieres así mi putita? —inquirió asaltándola nuevamente con la misma intensidad.

—Sí, así… así —Cielo jadeaba ante las acometidas que eran dolorosas pero de un placer inigualable. Lo jaló una vez más por las solapas de la americana y empezó a mordisquearle los labios, mientras él la saboreaba con su lengua y seguía moviéndose con ímpetu dentro de ella.

Jasper se aferraba a los muslos y seguía bombeando, matándose las ganas que lo habían estado incinerando, deleitándose con los jadeos o palabras ahogadas de ella y cuando la sintió tensarse y succionarlo con más ímpetu hizo más rápidos sus ataques.

Cielo introducía sus manos por debajo del jean y del bóxer del chico, aferrándosele al trasero para acercarlo más a ella, para que se la metiera toda como había prometido y en medio de temblores y calores sentía al orgasmo apoderarse de ella.

Obscenos jadeos se escapaban de la boca de él y ella los disfrutaba. Le gustaba cada sucia palabra que le decía, eso la hacía arder como nunca antes y si él se callaba, se los pedía, le pedía que siguiera llamándola su putita, zorrita, golosa y todo lo demás que se le ocurriera.

Él fue bajando la intensidad de sus asaltos hasta que se detuvo y con sutiles alaridos derramaba una descarga tras otra, aumentando la temperatura del preservativo fluorescente.

Jasper abandonó el edén entre los muslos de Cielo. Se quitó el preservativo y lo lanzó al bote de la basura para después agradecerle con un beso voraz, como si las ganas resurgieran aún con los latidos del corazón retumbando en su garganta.

— ¿Quieres seguir con esto en otro lugar? —preguntó en medio de cortas succiones en los labios de ella.

—Ya no serían cinco mil… tendrías que pagar el doble.

— ¿El doble? —la mujer le salía cara, pero no podía evitarlo quería pasar la noche y madrugada con ella. Aprovecharía que Edward se había ido a dormir con Bella.

—Sí, el doble… es que tengo condones de sabores también —ella se mordió el labio inferior incitándolo a que aceptara pagarle los diez mil.

Jasper se quedó mirándola por varios segundos y sentía que el corazón se le saldría por la boca. Los testículos le hormigueaban y si no fuese porque acababa de tener una eyaculación volvería a estar dispuesto, pero sólo necesitaba unos minutos. Él empezaba a hacerse a la idea de lo que haría Cielo con los condones de sabores y no pudo negarse.

—Está bien, te pagaré el doble, pero te quiero toda la noche… y parte de la mañana.

—Trato hecho… ahora regrésame mi tanga —le hizo un ademán para que se la entregara.

Jasper se sacó la prenda íntima del bolsillo trasero del jean donde la había guardado y se la entregó.

—Ve a pagar la cuenta, te alcanzo en el templo.

—No pienses en escapar —le advirtió y se acomodaba la ropa interior y el jean.

—No lo haré —le dijo mientras él la ayudaba a bajar del lavamanos.

Jasper le dio otro beso y salió del lugar con el único propósito de pagar la cuenta para irse cuanto antes al departamento con Cielo.

La chica rubia aprovechó la soledad y entró a uno de los cubículos para asearse un poco. Al salir se lavó las manos y retocó su maquillaje mientras se miraba en el espejo y sonreía. Una vez lista se dio un último vistazo y con los dedos se peinaba el flequillo.

Un par de chicas entraron y ella apenas fue consciente de que contó con la suerte de que nadie llegase a importunar antes.

—Huele a sexo —le dijo una de las chicas a la otra.

Cielo agarró su handbag y salió con una gran sonrisa. Sintió como el aire del exterior la refrescaba y con su mirada buscó al rubio que la esperaba sentado en el sofá color ciruela. Caminó hasta el lugar con la decisión que hacía surgir en ella el deseo por tenerlo entre las piernas una vez más.

—No perdamos tiempo —le pidió y con su mirada lo recorría por entero, en toda su amplitud y altitud. Un ejemplar envidiable, con cara de niño lindo que disimulaba lo excelente que era cogiendo.

—No vamos a perderlo —le tendió una copa con champan—. Para aplacar la sed.

Ella la recibió con una sonrisa y le dio un sutil trago, aún por encima del borde la copa le mantenía la mirada y disfrutaba de la dulce y fresca sensación que le brindaba la bebida, siendo consciente de que verdaderamente tenía sed.

Jasper se puso de pie y antes de que ella pudiese beber otro trago del líquido dorado, y le detuvo la mano a la altura de la muñeca, evitando que lo hiciera.

—Así está bien, fue suficiente, es hora de irnos —le quitó la copa y la colocó sobre la mesa.

La fachada de Kiss & Fly los despedía con su logo de mariposa en luces de neón. Caminaban por la acera hacia el estacionamiento manteniendo la distancia, pero Jasper intentó eliminar esos centímetros y se acercó más a Cielo. Con cautela le tomó la mano, para hacerle sentir su presencia. Ella aceptó el agarre y hasta correspondió por varios segundos, pero terminó por soltarse.

—No somos novios de preparatoria —dijo apresurando el paso y dejó a Jasper varios pasos detrás de ella. Que se conformaba con verle el trasero enfundado en cuero, nada más podía captar su atención, excepto el eco que creaban los tacones de las botas en lo adoquines.

Ya en el estacionamiento, Cielo elogió el vehículo del chico al cual se le hinchaba el orgullo, porque cualquier cumplido que le hicieran a sus autos era como si fuesen directamente hacía él.

Al llegar al departamento, Jasper la llevó a su habitación y se encerraron para disfrutar de la experiencia prometida. El chico saboreó a Cielo en más de una oportunidad y ella también lo hizo con él. Jugó todo lo que quiso y con los preservativos de sabores. Vivieron una travesía entretenida y excitante.

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Edward dejó a Bella dormida y decidió regresar al departamento para practicar capoeira antes de ir al trabajo. Necesitaba un poco de paz y bajar el estado de euforia que lo gobernaba, porque apenas si podía controlarse. Se había bañado y colocado el pantalón de chándal en el color que usualmente usaba para sus prácticas.

Salió de su habitación y se encaminó, pero no llevaba dos pasos cuando escuchó la puerta de la habitación de Jasper.

Algo que verdaderamente le extrañó porque era realmente temprano, se volvió ante la curiosidad y su sorpresa fue mayúscula.

— ¡Alice! —nada más pudo decir porque todas las palabras se le enredaron en la garganta.

Al ver a la chica con una camiseta de Jasper y el cabello en completo desorden, quiso sacudir de su cabeza las ideas que inmediatamente se forjaron, pero no pudo hacerlo. La apariencia de ella no le gritaba que acaba de llegar en busca de su primo para ir a trotar.

Sintió una extraña sensación de ahogo en el pecho y su estómago se redujo casi en su totalidad, como si se lo hubiesen apretado en un puño, hasta cierta tristeza lo asaltó. No esperaba encontrársela de esa manera.

—Ed… Edward —tartamudeó la chica y agarraba el borde de la camiseta y se la bajaba para cubrir sus piernas—. Bue… buenos días, no pensé que estuvieras aquí —sentía que el rostro iba a estallarle ante la vergüenza y se sentía extremadamente nerviosa, hasta el punto de la culpabilidad por la manera en como él la miraba. No era deseo, no era lastima. Era molestia.

— ¿Qué haces aquí? Y así —no pudo evitar señalarla para que se percatara de su aspecto sólo por si ella no se había dado cuenta.

—Esté… yo Ed, bueno ya sabes. Jasper y yo… —intentaba explicarse pero la mirada de inquisidor que Edward le dedicaba no le dejaba hilar palabras y él la interrumpió.

— ¡Ya! no me lo digas, por favor no lo hagas. Regresa a la habitación y vístete —le pidió mientras hacía acopió de todo su auto control y no ir por su primo y molerlo a golpes porque se había prometido tratar de aceptar la relación, tratar de ser más comprensivo.

Sin embargo se le estaba haciendo difícil, no podía aceptar que Jasper se estuviese acostando con Alice, era una niña, al lado de él lo era, ¿acaso no se daba cuenta? él mismo podía verlo, Alice aparentaba quince años, quince putos años y Jasper se la estaba cogiendo.

—Sí, ya voy a vestirme… lo haré inmediatamente —contestó y vio a Edward volverse de medio lado señalándole la puerta de la habitación. En ese momento el tatuaje en el torso de Edward captó su atención y sin poder controlar su curiosidad leyó lo que decía.

Era un nombre que a ella no le agradaba, un nombre que aborrecía y eso inmediatamente le hizo rechazar la imagen de Edward.

Sin pensarlo y tirada por la desagradable coincidencia, abrió la puerta y entró a la habitación donde Jasper se encontraba dormido. Cerró los ojos y deseó no haber sentido sed, no habría salido y no hubiese tenido el bochornoso encuentro.


Lo siento, la semana pasada no pude actualizar, se me complico con un problema familiar.

Espero que les haya gustado el capitulo.

No creen que merezca Reviews.


Adelanto del próximo capitulo…..

Señor Vulturi, usted ha sido imputado por el homicidio calificado en contra de Elizabeth Cullen, el día 20 de octubre de 1995 en la ciudad de Nueva York a las tres y veintisiete minutos de la mañana —la voz nunca en su vida se había escuchado más tangible. Y dieciocho años de su vida se reducían a ese momento, ese pequeño instante era suyo, era perfecto.

Aro no encontraba palabras para contrarrestar las del fiscal. Aunque intentó no mostrar sorpresa no pudo evitar que sus rasgos la mostraran, cómo no hacerlo si le estaban dando el golpe más duro que hubiese recibido en su vida.

No sé de qué me habla —murmuró con voz temblorosa y se maldijo porque sus emociones lo traicionaron.

Pero yo sí sé de qué le hablo, señor Vulturi —dijo Edward tendiendo la mano hacia Jack Jenks.