Lebanon, Kansas.

El sonido de una oxidada pala al hundirse en la tierra era lo único que rompía el silencio sepulcral que rodeaba las afueras del búnker.

Junto al hoyo que iba creciendo conforme el pasar de los minutos descansaba el cuerpo inerte de Lucy envuelto en una blanquecina sábana algo maltrecha.

Josh paró de excavar cuando las primeras luces del alba destellaron en sus claros ojos azules.

Secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano observó la nívea tela a sus pies antes de lanzar un largo suspiro, aún le costaba asimilar la muerte de la caoba. Tal vez por ello se había negado a abandonar su cuerpo en aquel motel de Kentucky. Tal vez por ello no estaba preparado para reducirla a cenizas.

El cazador se acuclilló junto a ella y con sumo cuidado, como si de algún modo su tacto aún pudiese lastimarla, la cogió en brazos para depositarla dentro del foso.

-Sé que es tarde para decirte esto. Pero gracias, Lus. -rió sin humor, negando con la cabeza, al darse cuenta de que estaba hablándole a un cuerpo envuelto en una tela. Un cuerpo que ya no era capaz de escucharle. No obstante decidió continuar porque necesitaba sacar aquello de su pecho. -Ojalá existiera una forma de traerte de vuelta.

Cerró férreamente su puño derecho alrededor del mango de la pala en un intento de contener la ira que le arrasaba por dentro, más afectado por su pérdida de lo que jamás le admitiría a nadie.

-Te juro que acabaré con Belial y con todo su séquito aunque sea lo último que haga. -le aseguró antes de lanzar el primer montón de humedecida tierra sobre su cuerpo. -Quien sabe, tal vez nos veamos pronto.

Josh siguió con su tarea mientras en el interior del refugio Ashley junto a los hermanos Winchester y Castiel trataban de decidir la forma de proceder ahora que tenían todo lo necesario para deshacerse de una vez por todas de la amenaza que suponía la primera jerarquía infernal.

-Debemos encargarnos de Belial cuanto antes. -habló Dean con las manos apoyadas sobre la cornisa de la mesa de la biblioteca. Castiel lo observaba tras su espalda con actitud estoica al tiempo que Sam y Ashley asentían de acuerdo sentados cada uno a un lado de su posición. -Si Stolas no nos mintió, cada vez tenemos menos tiempo.

-No va a resultar fácil dar con él. -apuntó Sam con pesadez. -Quiero decir, probablemente haya cambiado de base desde el día en el que le dimos caza.

-Sí... -coincidió Ashley tirando su cabello hacía atrás en un gesto cansado.

-Sois la alegría de la huerta.

-Perdón por no estar dando saltos de la emoción, Dean. -se disculpó sarcástica la ojiazul. El aludido le dedicó una media sonrisilla creída que a Ashley no le costó reconocer. -Espera. Tienes un plan, ¿verdad?

-Yo siempre tengo un plan, nena. -corroboró él, ampliando su sonrisa.

-¿Y bien? -le apremió Sam, inclinándose sobre su asiento para centrar toda la atención en su hermano.

-No iremos a por él. -declaró el ojiverde tras un par de segundos manteniéndolos en vilo. Las miradas de los más jóvenes se clavaron desconcertadas en su persona. -Porque vamos a hacer que él venga a por nosotros.

-¿¡Qué!? -exclamó con incredulidad la rubia. -Este es sin duda el plan más estúpido que has tenido jamás.

-Sí. -estuvo de acuerdo el menor de los Winchester. -Y eso que has tenido un buen puñado.

-¡Pero si ni siquiera me habéis dejado explicarme!

-De acuerdo. Habla. -le concedió un escéptico Sam.

-¿Recordáis la abandonada Mansión Elder?

-¿La que está junto al lago Waconda? -preguntó Ashley, pensando en la cacería de espíritus vengativos que les había asignado a los Winchester cuando su andadura con ellos había tenido comienzo. Dean asintió. -¿Qué pasa con ella?

-Podemos llenarla de trampas, así como el pequeño bosque que la rodea. Después sólo tendremos que hacerle saber que nos dirigimos allí para un trabajo. Él desconoce el hecho de que ya no se encuentra encantada así que no sospechará nada, vendrá a por nosotros y, ¡boom! Se convertirá en su ratonera. -anunció con orgullo.

Sam y Ashley alzaron las cejas e intercambiaron una mirada, aquel plan les parecía demasiado descabellado y lleno de lagunas.

-¿Y cómo lo atraemos? -inquirió la rubia tomándole la delantera a Sam.

-Ahí es donde entra tu hermano. Podemos usar la conexión que mantiene con Belial para guiarlo hasta nosotros.

-Eso es muy peligroso, Dean. -negó Ashley con la cabeza. -Si Josh se deja de tomar ese brebaje todo este plan se puede ver expuesto.

-Y por eso que no le contaremos todos los detalles.

-No sé... -siguió ladeando la cabeza ella. Buscó con la mirada a Sam y a Castiel que seguían en silencio. -¿Soy la única que lo ve una locura?

El ángel abandonó la columna de estanterías en la que había permanecido apoyado y avanzó hasta posicionarse al lado de Dean.

-Es lo único que tenemos. -rompió su silencio para respaldar el plan del ojiverde. -Podría salir bien.

-También mal. -objetó Ashley. -¿Tú que dices, Sam?

El aludido carraspeó ligeramente antes de dar su respuesta, sopesando cada posible consecuencia del plan que proponía su hermano.

-Bueno, tal vez de resultado para encerrar a Belial pero no podemos olvidarnos del resto. Siguen siendo una amenaza si deciden continuar con el plan de fusionarse o lo que sea.

-¿Por qué tengo la sensación de que he sido el único en hacer los deberes? -se preguntó Dean, empezando a caminar por la biblioteca hasta alcanzar el libro que Crowley les había prestado. Lo abrió por la página del encantamiento sellador y lo empujó frente a los más jóvenes. -A ver, ex universitarios, leed las anotaciones a pie de página.

Sam acercó el tomo hacía sí.

-El daemoneum clausurae resulta el doble de efectivo cuando es llevado a cabo bajo una superluna, siendo de este modo posible confinar a toda la primera jerarquía infernal aunque solamente se tenga a uno de ellos delante.

-Hay una superluna dentro de tres días. -dejó caer Castiel.

-Voilà! -exclamó Dean dando una palmada con sus manos a modo de celebración.

-Vale, te concedo que ya no pinta tan mal la cosa. -admitió Ashley ganándose una sonrisa por parte del cazador. -Pero sigo teniendo mis dudas sobre lo de Josh. No va a ser fácil mantenerlo al margen de ciertos detalles, más aún cuando ha pasado lo que ha pasado con Lucy.

-Se mantendrá al margen. -aseguró el ojiverde. -Le haremos ver que es nuestra mejor oportunidad para terminar con todo esto.

-Si tu lo dices...

-Lo haré. -la voz de Josh los sorprendió desde lo alto de las escaleras. El mayor de los Parker había escuchado lo justo y estaba de acuerdo con el plan. -Con una condición. -agregó descendiendo los últimos peldaños hasta llegar a la biblioteca. -Quiero ser el encargado de encerrar a Belial. Ese hijo de puta me ha quitado demasiado.

No sólo le había hecho su esclavo poseyéndolo durante ocho tormentosos años y apartándole de su hermana, sino que también le había negado una oportunidad de ser feliz con Lucy, aquella que tanto había sacrificado por todos ellos.

Ashley asintió en silencio, levantándose lentamente de su asiento y caminando hacía él.

Aceptando la petición de su hermano rodeó con las manos su cuello y abrió la cadena de plata que portaba para deslizar el anillo de Salomón fuera de esta. Cogió la del cazador, de modo que su palma quedó extendida boca arriba, y depositó el poderoso objeto de piedra azurita sobre ella.

-Todo tuyo.

-Gracias, pequeña. -pronunció el ojiazul mientras tomaba el anillo con su mano libre y lo deslizaba a través de su dedo corazón.

-No hagas que me arrepienta, Josh. -le pidió Ashley, sabiendo lo arriesgado de aquella decisión y el gran poder que le acababa de otorgar. -Por favor.

Él no respondió. En su lugar se limitó a dedicarle una pequeña y algo triste sonrisa antes de besarla cariñosamente sobre la frente. Después se perdió por el pasillo dirección a su cuarto.

Ashley se quedó con la mirada pérdida en un punto de la pared, con la sensación agridulce de que algo de todo aquello terminaría por salirles mal.

-Bueno, tenemos trabajo que hacer.

Dean fue el encargado de romper el silencio que había reinado durante escasos segundos.

-¿Quién se viene a la mansión Elder? -pero ninguno de los allí presentes pronunció palabra.

La ojiazul seguía en su mundo y Sam seguía leyendo con detenimiento aquello que había pasado por alto de la Clavis Salomonis.

-No contestéis todos a la vez, ¿eh?, no vaya a ser que os de una maldita embolia... -bufó sarcástico al sentirse ignorado.

-Lo siento. -reaccionó Ashley. -Pero debería quedarme aquí con Josh.

-No te preocupes. Lo entiendo. -le sonrió sincero. -¡Sam! -exclamó golpeando la mesa.

El de ojos color avellana pegó un fuerte respingo en la silla, despegando su vista de las páginas del libro.

-¿Qué? -preguntó desorientado.

Dean rodó los ojos, pasándose una mano por el rostro al tiempo que negaba con la cabeza.

-Nada. Sigue a lo tuyo. Yo me encargaré.

-Iré contigo. -anunció entonces Castiel dando un paso hacia delante. -Puedo hechizar una gran trampa del diablo en ese bosque del que hablas.

-Gracias, Cas. -el ángel asintió con su cabeza y extendió dos de sus dedos hacia la frente del cazador, provocando que este retrocediera elevando sus brazos. -Alto ahí, vaquero. Iremos en coche.

Ambos amigos abandonaron el búnker dirección al lago Waconda, el camino no era excesivamente largo, apenas unos cincuenta minutos en coche, media hora si el que conducía era Dean, de modo que podrían estar de vuelta antes del medio día.

Josh entró en su habitación, despojándose de la chaqueta manchada de tierra que portaba. La prenda cayó de cualquier manera sobre la silla que estaba junto a la entrada mientras el cazador cruzaba el cuarto con la intención de refrescarse en la pequeña pila de porcelana.

Se paró frente al espejo apoyando ambas manos sobre el lavabo y abrió el grifo del agua antes de hundir sus manos bajo el torrente.

La camiseta de manga corta le permitió lavarse los brazos hasta un poco más allá de la altura de los codos. Lo hacía a conciencia y con fuerza, llegando al punto de enrojecer su piel por la exagerada fricción, tratando de limpiar de ese modo toda aquella culpa que le consumía por dentro. La misma que había estado presente cuando regresó junto a Ashley y que volvía ahora con la misma fuerza tras la muerte de Lucy.

Su mirada se cruzó con la del reflejo en el espejo y no fue capaz de aguantarla. Los párpados se le cerraron con fuerza y dejó que su cara probara el frescor del agua. Luego alcanzó la toalla aún con los ojos ciegos y se secó la piel. Cuando volvió a abrirlos ya le daba la espalda al lavabo.

La pequeña petaca que contenía el brebaje para mantener a Belial fuera de su cabeza descansaba sobre la mesita de noche frente a él. Se acercó con resolución a ella con la clara intención de vaciar su contenido, pues ya de poco le serviría, mas cuando estuvo a punto de cogerla la piedra azurita del anillo empezó a iluminarse tímidamente.

-Que demonios...

Josh frunció su ceño confundido y retiró su mano para volver a acercarla. El anillo emitió el mismo tenue destello. No obstante, la fuente causante de aquella reacción en la joya no era la petaca sino el libro que guardaba con celo en uno de los cajones del mueble. Lo supo con certeza cuando la piedra empezó a iluminarse con más intensidad al acercarse a este.

Sacó el Libro de los Condenados y cuando lo tuvo en sus manos la luz azul de la piedra pareció inundar toda la habitación.

Josh no entendía que posible conexión unía a aquellos dos objetos y la curiosidad empezó a carcomerle.

Se sentó sobre la cama y abrió el antiguo manuscrito. Pasaba sus páginas con celeridad, como si supiera lo que estaba buscando en ellas, hasta que se detuvo en una que a simple vista parecía estar en blanco.

Sólo a simple vista, porque cuando acercó la piedra a la rugosa piel la luz de esta mostró un poderoso encantamiento que heló su sangre.

-Como traer de vuelta a espíritus de la oscuridad desde el Tártaro. -leyó con un hilo de voz. Sacudió su cabeza incrédulo y continuó. -Titanes, ángeles caídos, demonios... -sus ojos viajaban hambrientos entre las letras plasmadas en aquella página. Si su cabeza no le estaba jugando una mala pasada juraría haber encontrado la forma de recuperar a Lucy.

Dos secos golpes sobre la puerta de la habitación lo sobresaltaron.

-¿Josh? -preguntó Ashley desde el otro lado.

-¡Un momento! -exclamó nervioso el aludido.

Cerró con fuerza las tapas y escondió el libro bajo la almohada antes de saltar de la cama y dirigirse hacia la puerta.

La separación de ambos objetos provocó que el anillo volviera a comportarse de forma habitual y dejara de iluminar de este modo gran parte de su entorno.

Josh terminó por girar el pomo tras asegurarse de que todo parecería normal a los ojos de su hermana.

-¿Qué hacías? -le preguntó la chica poniendo sus pies dentro del cuarto.

-Cambiándome de ropa.

Las cejas de Ashley se elevaron inquisitivas al repasar el atuendo de su hermano.

-Ya, claro. Debes tener dos o más camisetas iguales, ¿no? -señaló sin creerse una palabra. -Mira, Josh, imagino por lo que estás pasando. -continuó hablando al sentarse a los pies de la cama. -Y quiero que sepas que si necesitas algo, cualquier cosa, aquí estoy.

-Lo sé.

-¿En serio? Porque me da la sensación de que a veces se te olvida. -habló desanimada la más joven de los Parker. -Quiero decir, antes siempre hablábamos de todo y ahora... No sé, siento como si hubieras construido un muro entre nosotros, como si no confiaras en mí.

-Ash. -Josh dio un paso hacia ella, dolido al verla de aquel modo, pero se detuvo a mitad de camino al recordar que el anillo podía volver a reaccionar si se acercaba demasiado al libro que seguía oculto en la cama.

-¿Lo ves? -rió con tristeza la rubia. -Ahí está otra vez.

-No. -negó él con vehemencia. -Por supuesto que confío en ti, Ashley. Con los ojos cerrados. Eres lo mejor que tengo. -le aseguró con una sonrisa llena de obviedad. Era una verdad como un templo. -Es de mí de quien tengo dudas. Y estoy tan jodidamente orgulloso de la persona en la que te has convertido que tengo miedo de corromperte.

El silencio reinó por escasos segundos mientras ambos mantenían su mirada clavada en la del otro.

-Eso no es posible. -pronunció Ashley poniéndose en pie, la emoción contenida en sus orbes azules. -Tú siempre has sido mi modelo a seguir, Josh. Así que si estás orgulloso de quien soy, debes sentirte igualmente orgulloso de quien eres tú.

-Ven aquí. -fue lo único que el cazador logró articular antes de que su voz se quebrará ante aquellas hermosas palabras.

Ashley le abrazó con fuerza y él se dejó llevar por aquel genuino cariño, rompiendo a llorar y liberando, de ese modo, todo el dolor que llevaba por dentro y que tanto había luchado por contener.

-Shh... Está bien. -susurró la rubia acariciando su espalda. -Sácalo. Estoy aquí, Josh. Estoy contigo.

Los hermanos Parker permanecieron así por largo rato, parados en medio de la habitación, hasta que al mayor no le quedaron más lagrimas que derramar.

-Gracias, Ash. Necesitaba esto.

-Lo sé. -le respondió ella al separarse. -Por eso he venido.

-¿Así que pretendías hacerme llorar desde un principio? -bromeó él con los ánimos renovados. -Muy bonito.

-Idiota... -negó Ashley con una sonrisa en la cara.

Josh miró por encima del hombro de su hermana, fijando la atención en la almohada antes de volver la vista hacia ella.

-¿Recuerdas el juego de si yo te digo..., tú me dices...?

-Cómo olvidarlo. Papá y tú no parabais de darme la lata con eso para poner a prueba mis conocimientos.

-Cierto. -rió Josh al rememorar como sacaban de sus casillas a la pequeña de la casa con aquello. -Juguemos.

-¿En serio?

-¡Vamos! ¿Es que has dejado de ser la empollona de la familia?

-Vale. Dispara. -aceptó el reto la rubia. El chico sonrió complacido.

-¿Si yo te digo Tártaro, tú me dices...?

-Fácil. En la mitología griega era el lugar donde los Titanes fueron encerrados por Zeus; en la romana pasó a ser el nivel más bajo y peligroso del Inframundo; y para el cristianismo es el lugar donde los espíritus malignos no humanos van al morir. Vamos, un Infierno reservado exclusivamente para los seres sobrenaturales.

-Algo así como el Purgatorio.

-Sí, sólo que mucho peor. Y más antiguo también. Se cree que es previo a la mismísima creación. -respondió Ashley tirando de su conocimiento sobre el tema. -¿He aprobado? -se burló finalmente.

Josh tenía lo que quería con aquella respuesta. Si el Tártaro era todo eso, sin duda alguna era el lugar donde Lucy había ido a parar al morir. Y ahora tenía una forma de recuperarla.

-Con nota, hermanita. Con nota.

-Muy bien, ahora dejémonos de juegos y centrémonos en lo realmente importante: hacerle creer a Belial que podrá sorprendernos.

-Sí. -asintió Josh mirando el reloj en su muñeca.

Hacía casi siete horas que no tomaba un trago de aquella mezcla que mantenía su mente desconectada de la del demonio por lo que calculaba que restaban sesenta minutos exactos para que este pudiese empezar a ver a través de él.

-En una hora empezamos con la farsa.

Mansión Elder, Kansas.

3 días más tarde...

El sol empezaba a ponerse lentamente a orillas del lago Waconda. El Impala, estacionado en el camino de tierra que se abría paso hasta el abandonado edificio, servía como punto de reunión para los cazadores.

El portón del maletero crujió al abrirse mientras Dean se inclinaba ante él para tomar dos escopetas que terminó por tender a Sam y a Josh respectivamente.

-Cargadas con cartuchos de sal de roca. -mintió. En realidad estaban grabados con trampas del diablo y el resto de cazadores así eran conscientes de ello. Todo formaba pues, parte de la farsa que debían interpretar por si Belial andaba al acecho.

-¿Y la mía? -le preguntó Ashley al ojear que no quedaban más escopetas en el maletero. Dean le tendió una pistola en su lugar. -¿En serio? Oye, yo también soy capaz de cargar con un arma pesada. -pronunció algo a la defensiva.

Había estado muy irascible en los últimos días a causa de los nervios por qué aquel plan funcionara a la perfección.

-Lo sé, chica dura. Pero el espacio aquí es limitado. -respondió él al señalar el abarrotado compartimiento, aprovechando para tomar su Taurus después. -Si hubiésemos venido con los dos coches...

La rubia suspiró dándose cuenta de que llevaba razón y tomó a regañadientes el arma que seguía ofreciéndole.

-Josh y yo nos encargamos del bosque mientras vosotros lo hacéis del interior de la casa. Cualquier cosa conocéis la señal. -resolvió el ojiverde, cerrando el portón. Sam y Ashley asintieron a sus palabras. Se giró entonces hacia su amigo alado. -Cas, tú vas con ellos.

Dean confiaba en la ayuda angelical de este como un seguro para el bienestar de su hermano y su chica. Cuando el de la gabardina se hubo posicionado al lado de ellos el cazador volvió a hablar:

-Muy bien, en marcha.

-Tened cuidado. -dijo Ashley mirando primero a Josh y luego a Dean.

-Es un simple salt and burn, nena. -le guiñó este último. Ella rodó los ojos.

-Nada de haceros los héroes.

-Lo mismo digo, hermanita.

Sam y Ashley emprendieron su camino hacia el abandonado edificio escoltados por Castiel, que escrutaba con todos sus sentidos el terreno sintiendo la presencia demoníaca crecer por momentos.

-Están cerca. -murmuró cuando entraron en el interior de la lúgubre mansión.

-¿Están? -se sorprendió Sam de aquel plural.

-Belial no ha venido solo.

El trío se posicionó de espaldas unos a otros de modo que cada uno controlaba un punto de la estancia.

En las paredes del recibidor se plasmaban múltiples conjuros enoquianos que debían bloquear los poderes de cualquier ojinegro que se atreviera a aparecer por allí.

Las viejas y roídas escaleras de madera crujieron cuando una esbelta figura se materializó en lo alto de ellas, observándolos con una sonrisa torcida en sus gruesos labios.

-Muy bien acompañado diría yo. -habló la recién aparecida en escena.

Ashley fue la primera en dirigir su mirada hacía ella. Y pese a que la oscuridad no le mostraba demasiados detalles sobre la propietaria de la voz, si que pudo alcanzar a ver el destello ónix en sus ojos. No le fue necesario nada más para tirar de la corredera de su arma y dispararle entre ceja y ceja.

-¡Auch! -se quejó falsamente la demonio, deteniendo sus pasos en el descansillo. -El jefe tenía razón. Eres un auténtico grano en el culo Ashley.

-Gracias por el cumplido. -una escandalosa risa brotó de los labios de la diablesa. -¿Qué? ¿Quieres más? -le preguntó la cazadora sin dejar de apuntarla.

-Yo de ti guardaría munición. Vas a necesitarla.

De en entre las sombras aparecieron cinco demonios más y Ashley empezó a disparar contra ellos mientras Sam se unía esta vez a ella.

Castiel intentó inmovilizar a los ojinegros elevando ambas manos pero sus intentos no resultaron fructíferos, confundiéndolo al momento. Era como si por alguna extraña razón sus poderes hubieran quedado anulados.

Una patada por la espalda lo sorprendió llevándolo contra una de las paredes.

-¿Qué pasa, angelito? ¿Echas de menos algo? -se burló el demonio causante del ataque. -Esto se acaba de convertir en una pelea justa. -Castiel se recompuso y le atestó un rápido gancho de derecha.

-Juguemos entonces.

Mientras tanto los cazadores seguían quemando cartuchos y balas en contra de nuevos enemigos que parecían salir por todas partes. Habían perdido la cuenta en diez, de los cuales sólo habían podido inmovilizar a cuatro contando con la primera. Y es que, pese a estar privados de sus poderes demoníacos seguían siendo demasiados y muy rápidos, provocando que múltiples de los disparos de la rubia y el castaño apenas rozaran en el blanco.

Sam fue el primero en quedarse sin munición y Ashley se dio por vencida cuando contó que sólo una bala restaba en la recamara y que se acercaban tres hasta su posición.

-Estáis atrapados. -señaló hacía arriba, donde un gran pentagrama se extendía a lo largo y ancho del techo.

-Vosotros también, bonita. -apuntó uno de los demonios que tenía delante. -No vais a ir a ninguna parte.

Ashley tragó grueso sabiendo que no había escapatoria posible de aquella situación a menos que a Dean y Josh las cosas les fueran mejor y estuvieran a punto de encerrar a todos aquellos cabrones de ojos negros.

-¿Qué? ¿Ya has perdido tu característico descaro? -agregó maliciosamente la primera demonio que había hecho su aparición ante el trío.

Junto a ella uno de sus compañeros hurgaba en su frente tratando de alcanzar la bala que la rubia le había encasquetado minutos atrás, ofreciendo una imagen desagradablemente grotesca que revolvió las tripas de parte del equipo Libre Albedrío.

El casquillo de hierro cayó al piso rodando escaleras abajo y la ojinegra recuperó la movilidad con una amplia sonrisa en su rostro.

-Gracias, Shax. -le dedicó a su liberador mientras empezaba a descender los escalones. -Parece que la balanza acaba de inclinarse a nuestro favor...

En el exterior de la mansión la superluna había empezado a brillar de forma tímida al no tratarse aun de noche cerrada.

Las hojas secas que habían soltado algunos árboles crujían bajo los pies de Dean mientras cruzaba el pequeño bosque llegando hasta el claro donde una gran trampa del diablo descansaba tapada bajo el denso follaje del mismo.

Josh había tomado otro camino para flanquear la zona y ahora aguardaba agazapado entre dos arbustos, esperando a que Belial hiciera acto de presencia. Sabía que lo haría, después de todo, necesitaba el cuerpo de Sam o Dean para llevar a cabo sus planes. Y ya había mostrado su predilección por el mayor de los Winchester en el pasado, así que usar al ojiverde como cebo era el plan más prometedor con el que contaban.

Una gélida brisa anunció la llegada del tan temido demonio, tensando al instante a ambos cazadores.

-Dean. -saludó Belial con su burlón tono por bandera.

-Hijo de puta. -le sonrió cínico el cazador al tiempo que elevaba su arma.

-Dispara. -le retó el moreno. Dean abrió fuego contra su pecho y Belial recibió los impactos con una gran mueca de satisfacción.

Cuando el cargador del ojiverde estuvo vacío el malvado ser dio dos pasos hacia delante demostrándole que esta vez las balas no habían tenido el efecto esperado.

-Soy más fuerte ahora. -se limitó a informar. -¿Por qué no le dices a tu amiguito que salga de esos matorrales y se una a la fiesta? -Dean se había quedado helado al ver aquello y no pudo pronunciar palabra. -¿No? De acuerdo, lo haré yo mismo. -cerró su puño con fuerza y atrajo a Josh en contra de su voluntad hasta el centro del claro. -¡Oh! Últimas noticias: la trampa bajo nuestros pies tampoco me priva de mis poderes. Ventajas de contar con la lealtad de toda la primera jerarquía infernal, supongo.

-¿Sí? -inquirió Josh envalentonado. -Pues no tienes muy buena cara.

El cazador tenía razón, bajo los ojos del demonio se formaban dos surcos liliáceos parecidos a las ojeras mientras que en la piel de su cuello se mostraban varias venas ennegrecidas que bifurcaban en decenas de ramales hasta la altura de su mejilla izquierda.

-Este cuerpo es débil. No obstante, tengo frente a mí al envase ideal. -sus gélidos ojos se clavaron en los de Dean antes de volver a los de Josh. -Por cierto, tú tampoco tienes mejor pinta... ¿Se te ha muerto la novia o algo por el estilo? -se carcajeó hiriente.

El puño del mayor de los Parker voló con rapidez hasta Belial, mas este lo interceptó con su propia mano ejerciendo una presión tal que terminó por quebrar hasta el más pequeño hueso del ojiazul. El gritó que salió de los labios del mayor de los Parker hizo reaccionar al Winchester, que también intentó fallidamente atacar al demonio y terminó con las rodillas hincadas en la tierra.

El moreno siguió riendo mientras observaba a los desesperados cazadores frente a él.

-Tan impulsivos... -negó con la cabeza. -Aunque admito que vuestro plan era bueno. No tanto como para engañarme, pero suficientemente bueno viniendo de vosotros. ¿Queréis saber que fue lo que os delató?

-Algo me dice que vas a decírnoslo de todo modos. -soltó sarcástico Dean, que seguía sin poder moverse.

-El ángel. -siguió hablando Belial. -Por qué ibais a necesitar la ayuda de un maldito ángel si esto era... ¿Cómo lo llamaste? Un simple salt and burn. -rió de nuevo, de forma más histriónica. -Gracias. -les dedicó tomando algo de aire. -Con este plan acabáis de servirme en bandeja de plata todo lo que necesito para el ritual de unión.

Josh empezó a sentir un ligero cosquilleó en su mano derecha al tiempo que el anillo en su dedo corazón empezaba a emitir un calor agradable a través de dicha articulación. La mágica piedra azurita parecía estar sanando sus maltrechos huesos.

-Un cuerpo, una superluna... -empezó a enumerar el demonio, completamente ajeno al poder que empezaba a llenar cada fibra del cuerpo que una vez uso como suyo.

El mayor de los Parker empezó a comprender entonces como el Rey Salomón había sido capaz de controlar a la primera jerarquía infernal en su día, el anillo no dejaba de ser otra cosa que una pieza ideada para lograr grandes cosas.

Con resolución, y notando la mano completamente recuperada, sacó la pequeña vasija de bronce que portaba en su chaqueta y la lanzó a los pies de Belial captando su atención.

-Hora de volver a casa.

El demonio abrió los ojos como platos al reconocer aquel artefacto y empujó todo su poder contra el cazador, tratando de quebrarlo para que este no fuera capaz de llevar a cabo el hechizo de confinamiento.

Belial parecía estar teniendo éxito cuando Josh empezó a retroceder sobre sus pasos, sin embargo, este logró elevar sus propias manos contra el demonio y el anillo se iluminó en respuesta como nunca antes lo había hecho.

Una fulgurante luz azulada se extendió a través del claro, obligando al trío a cerrar los ojos mientras ambos poderes chocaban en el aire.

Josh aprovechó la sorpresa en Belial para empezar a pronunciar las palabras que lo librarían de él para siempre.

-¡No! -se escuchó la voz del demonio gritando con fuerza. -¡No!

Una delgada línea se curvó en los labios del mayor de los Parker cuando escuchó la desesperada voz. Aquello sólo podía significar una cosa. Estaba funcionando.

De repente decenas de cuerpos aparecieron bordeando la invisible trampa del diablo. Cada uno de los demonios de primera jerarquía infernal habían sido arrastrados hasta allí, y sus imágenes pronto empezaron a distorsionarse y a dirigirse una a una hacia el interior de la vasija. Belial fue el último en entrar en ella.

La luz cesó y Josh abrió los ojos para comprobar que todos y cada uno de ellos habían desaparecido. Tomó la vasija de nuevo entre sus manos y sin perder un instante posó la piedra azurita en la pequeña hendidura que serviría para sellarla.

-Eso ha sido... -empezó a articular Dean aun de rodillas en el suelo.

-Cojonudo. -terminaron por pronunciar al unísono ambos cazadores mientras Josh le tendía una mano.

-Totalmente. -le sonrió el ojiverde cómplice y aceptando su ayuda.

El sonido de unos veloces pasos cruzando estrepitosamente el bosque les hizo girarse en su dirección.

Ashley corría hacía ellos como si la vida le fuera en ello. Metros más atrás, unos relajados Sam y Castiel le seguían. Finalmente no habían tenido que lamentar daños graves, sus captores tenían órdenes estrictas de no acabar con sus vidas ya que Belial quería tener dicho privilegio.

-¡Lo habéis hecho! -rió feliz la chica antes de lanzarse contra Dean y Josh para abrazarlos al mismo tiempo, quedando su cabeza de este modo apoyada en los hombros de las dos personas que más quería en el mundo.

Los mayores de ambos clanes no pudieron evitar devolverle el abrazo al tiempo que se contagiaban de su risa.

-Sí, hermanita. Se acabó.

Habían ganado aquella guerra. Les había costado sangre, sudor y lágrimas, pero al final lo habían conseguido. Juntos. Porque no había nada de lo que no fuesen capaces estando en familia.