Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.
Los personajes, salvo alguna excepción, no me pertenecen.
Muchas escenas, detalles o diálogos están tomados o inspirados en la serie, puesto que sigo el hilo argumental a grandes rasgos desde la segunda temporada.
Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora
Capítulo 36
Lincoln y Michael volvieron a escuchar de nuevo los golpes que Alex le estaba propinando al secuestrado y lacayo de la compañía, esperando que Yelina volviera junto a ellos de la calle.
Los dos hermanos caminaban por la gran estancia de la nave industrial cercana al muelle, tratando de controlar sus ganas de entrar en la habitación mal iluminada del interior del recinto, donde el federal se hallaba con aquel desconocido.
-No va a decirle nada, esa gente es mucho más peligrosa que nosotros. –Habló Michael, no pudiendo mantenerse callado por más tiempo, haciendo que su hermano se girase para mirarlo.
-Eso si no lo mata antes. Le está dando una buena...
-Ya estoy aquí.
Yelina apareció apresuradamente en el lugar, cerrando la puerta tras ella mientras se acercaba a los hermanos con unos informes en la mano.
-¿Tu contacto ha conseguido averiguar quién es ese tipo? –Preguntó Linc leyendo de soslayo.
-Sí. Lo he impreso todo, están todos sus datos.
-Pues deberías dárselos a Mahone antes de que se lo cargue. No le dice nada y lo está destrozando.
La colombiana entonces se alejó de los hombres, adentrándose en la sala contigua con los nervios a flor de piel, ya que sabía que aquella situación era demasiado tensa para Alex, quien estaba perdiendo el control, algo que confirmó al ver la cara sangrante e hinchada del hombre al que retenía y se encontraba atado a una silla.
-¡Alex! –Gritó Yelina para que el castaño dejara de amenazar al hombre, preguntándole de nuevo para quién trabajaba en concreto.
El federal se alejó del hombre con tranquilidad, avanzando veloz hacia la mujer, que no podía dejar de mirar al secuestrado, sintiéndose culpable.
-¿Has conseguido averiguar sus datos? Necesitamos algo para amenazarlo o no hablará...
-Alex. –Le interrumpió Yelina con seriedad, mirándole duramente por su insensibilidad. –Me dijiste que no ibas a tocarlo hasta que llegara con los informes, y pudiéramos amenazarlo con hacerle daño su familia. ¡Mira cómo lo has dejado!
-Yelina, el tiempo juega en nuestra contra ¡Y ese cabrón se merece todo esto por trabajar para esa gente!
-¡Alex no puedes matarlo por rabia! También es padre, cómo tú, y si trabaja para ellos es posible que sea porque le están chantajeando ¡Igual que hicieron contigo! –Habló ella enfadada, sorprendida por la actitud de él. -¿Vas a actuar como esa gente?
-Eso es exactamente lo que voy a hacer, sí. –Agregó con rabia mientras le arrebataba los papeles, fulminándola con la mirada. La castaña lo detuvo, amarrándolo de un brazo.
-Sé que estás muy irritable por el mono, pero debes controlarte, Alex. O acabarás haciendo cosas de las que te arrepientas.
-¡Ya las he hecho, Yelina! ¡Es lo único que hago! Ahora, si no vas a ayudarme a sonsacarle la información cómo sea, te agradecería que te fueras con los hermanos.
-No voy a irme y dejar que lo mates. –Le dijo con frialdad, mirándolo fijamente mientras controlaba su enfado y frustración ante la situación. Mahone estaba descontrolado.
-Como quieras.
El federal se alejó de la colombiana tras su lacónico susurro, leyendo rápidamente los datos de interés en el informe, empezando a hablar al hombre.
-Ya está bien de tonterías, Terry. –Dijo, informándole de que conocía su nombre por fin. –Ya sé todo lo que me interesa de ti, así que, más te vale que contestes o tu hija y tu mujer sufrirán las consecuencias.
-Es irónico que hagas lo que te han hecho a ti, tío. Tenían razón, no tienes muchos escrúpulos...
-Exacto, no los tengo, así que dime quién es el que lleva todo esto y dónde tiene a Scyla, o te prometo que les pegaré un tiro en la cabeza a las dos mientras te obligo mirarlo. Las traeré hasta aquí a rastras y todo será por tu culpa.
Al ver que el hombre se limitó a guardar silencio mientras le miraba con asco, Mahone cogió el móvil de Terry, buscando en la agenda telefónica el número de su esposa.
-¿Qué vas a hacer, tío? –Habló con miedo el secuestrado, observando al castaño llevarse el teléfono a la oreja con seguridad, hablando acto seguido a la persona del otro lado, a la par que ignoraba la voz de Yelina.
-No, Daisy, no soy Terry. Él está a mi lado pero no va a poder ponerse... ¿Cómo está Ashley? Escucha, tu marido no quiere decirme algo que necesito con urgencia, así que voy tener que ir a buscaros a casa y traeros aquí con él, para que vea que no me ando con gilipolleces y pegaros un tiro a ti y a tu hija. Será algo traumático para vosotras verlo tal y como está ahora, porque pienso seguir dándole una paliza para que hable hasta que le desfigure la cara, pero vuestro sufrimiento será breve. Tranquila, Daisy, no tienes por qué llorar, y recuerda, si hablas con alguien voy a saberlo y entonces si que tendré que ser realmente cruel.
Yelina intervino quitándole el móvil a Alex con brusquedad, mientras los gritos de Terry inundaban la sala diciendo que hablaría, y tratando de que Mahone parara de asustar a su mujer.
-¡¿Qué coño haces?! –Gritó ella, mientras colgaba el teléfono y Alex la ignoraba, alejándose y yendo hasta el secuestrado golpeándolo mientras, fuera de sí, le exigía a gritos información.
-¡Mike Anderson es uno de los más importantes! No sé si el tiene o no ese disco duro, pero tiene una casa en Miami.
La colombiana alejó a Mahone del hombre de un empujón, ordenándole que saliera de la sala de inmediato, mientras sacaba su móvil y marcaba rápidamente.
Mahone salió con furia de la sala, sintiendo que su instintos estaban descontrolados, sabiendo que aquello se debía a la falta de droga y al dolor de la perdida de su hijo, que la venganza no había conseguido aliviar, consiguiendo que su vida se hallara patas arriba, en una espiral de frenesí y odio.
-¿Qué ha pasado? ¡Alex! –Gritó Scofield al verlo avanzar a la salida, abandonando la nave industrial con velocidad y enfado, ignorándolo.
La mente del federal sólo pensaba en una única cosa, capaz de controlar aquel volcán en erupción de su interior, y hacerle olvidar su agonía que le consumía a cada segundo. Estaba harto de todo en aquel momento, y sobre todo de sí mismo, con lo que sacó su móvil sabiendo a quién debía llamar para conseguir lo que necesitaba.
Quince minutos después de la partida de Alex, Yelina finalizó su última llamada, atendiendo por fin a la intriga de sus amigos, que esperaban pacientes a que terminara de hablar para saber qué estaba pasado.
-Alex se ha marchado hecho una furia. –Tomó la palabra Michael mirándola, y después al hombre, atado aún a la silla. La colombiana inspiró antes de hablar.
-Está fuera de sí. Ha llamado a su mujer y ha empezado a decirle barbaridades, no dejaba de pegarlo y lo he parado... Iré a buscarlo ahora, vosotros debéis ayudarlo a él. –Agregó señalando a Terry.
-Explícate.
-Nos ha dado un nombre, Mike Anderson. Sam ya está investigando.
-Espera, ¿Anderson el dueño de la multinacional de publicidad?
- Sí, no sabemos si será el pez gordo de la compañía, pero parece que sí uno de los importantes. Puede que él guarde a Scyla; Tiene una casa en Miami, y cuadra con lo que sabemos. Os informaré cuando Sam me diga algo, pero mientras busco a Alex antes de que haga una locura, tenéis que llevarlo con su familia al aeropuerto, les he conseguido un vuelo para ponerlos a salvo. También lo chantajean. –Agregó ante la cara de poca convicción de sus amigos.
-Vale, está bien. Busca a Alex y mantednos informados.
-Gracias, Mike. –Contestó con alivio al ver que el menor se resignaba y accedía sin poner pegas.
La mujer abrazó a Scofield, pasado después a hacer lo mismo con Lincoln, quien emitió un suspiro resignado a la par.
-Yel, ¿estás bien?
-No lo sé. –Contestó a Michael, dejando entrever su temor por la situación con Alex, saliendo del cuarto veloz mientras trataba de llamarlo al móvil, a sabiendas de que no se lo cogería.
Sólo esperaba que no se dejara llevar por la ira y pudieran arreglar las cosas, rezando porque llegase el día en que todo se acabara, y Alex pudiera volver a tener paz. Sólo quería estar con él, y el miedo a que la droga y la rabia lo destruyera y alejara de ella era un terrible horror que la desgarraba, puesto que ya no podía vivir sin él.
