Capítulo XXXV
En la residencia de Kitsunes, en cuanto llegó el Rīdā llevando a su hermano; corrieron hacia ellos, para ayudar al menor.
Shippō y Sōten fueron detenidos en las entrada de las habitaciones, en lo que las heridas del padre del zorrito eran curadas. Poco después el zorro de tres colas salió de las habitaciones y caminó hacia los pequeños.
–Ese olor me fue conocido.
Sōten asintió derrotada, pues conocerlo fue la raíz de sus problemas con el zorrito, estaba por responder cuando alguien se le adelantó:
–Es parte de esas humanas, Oji, de las que conocí en esa aldea, mas era algo extraño…
El zorro mayor se cruzó de brazos y sopesó las posibilidades y es que él mismo sabía bien que una de esas niñas humanas, ya no estaba entre los vivos, por lo que esa podía ser una treta de algún enemigo poderoso o… algo más que no le sería agradable; sus conclusiones no fueron terminadas, pues la voz preocupada de su sobrino, se escuchó:
–¿Crees que padre esté bien?
El líder miró al zorrito castaño y palmeó la cabeza de este.
–Sí, mi hermano no es débil ¿no?
Aseguró el zorro de tres colas. Sōten se unió a lo dicho por el líder, exclamando hacia Shippo:
–¡Y espero que hayas heredado esa fuerza!
–¡Claro!
Asintió efusivo el castaño. El Rīdā al ver que los menores ya estaban más tranquilos, se dirigió a esperar noticias de los soldados que había envido a la aldea humana, con esa información sabría cómo proceder.
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La gente se reunió alrededor de los visitantes, no era extraño que hubiese gente de otro lado en la aldea, pues por lo regular los servicios como cazadores eran requerido en otro lugares, más en esta ocasión, los forasteros iban de un lugar muy cerca del sur y tenían muchas novedades que contar.
Kagome no les prestó mucha atención en un principio, sin embargo eso cambio cuando estos empezaron a relatar, como, durante toda su jornada vieron algunas veces a ciertas serpientes voladoras llevando algo y como se habían topado con algunos lugares donde se rumoraba que una sacerdotisa había purificado estos sin ayuda de nadie, la curiosidad de Kagome la hizo acercarse y escuchar todo lo relacionado a eso.
Cuando el tema ya no fue importante –en opinión de la chica– esta se retiró y llegó hasta su casa para recoger algunas cosas. Naomi al ver esto, cuestionó:
–¿Saldrás?
–Por aquí cerca, debo revisar. La gente que vino, a dicho que…
La jovencita contó todo lo que escuchó y la mayor comentó:
–No te alejes mucho.
–No lo hare, pues seguro que Sango o Miroku saldrían a buscarme y no deben saber lo que busco.
La madre estuvo de acuerdo y vio salir a su hija esperando que esta encontrara algo que las sacara de esa zozobra por no saber si era Kikyō o alguien más de quien se rumoraba.
Kagome salió por el camino que llevaba al bosque para no ser seguida ni vista por nadie. Fue por el camino que alguna vez utilizó para ver a su amiguito zorro. Recordó que este nunca regresó después de que le avisara del ataque hacía ocho años.
La chica llegó al lago y ahí sintió que era observada, miró a su alrededor buscando la raíz de ese presentimiento. Ella no se movió y vio llegar a los yôkai zorros que la miraron y se alistaron para combatir de ser necesario, pues Kagome vestía un traje de sacerdotisa y portaba un arco.
–¡¿Tú…?!
–¡Hueles a… Malita humana, asesina…!
Kagome negó y se colocó el arco en la espalda.
–No, créanme no soy yo.
–¿Cómo sabes a quien buscamos? –preguntó uno de ellos sospechando de la chica.
La pelinegra negó y preguntó a los yôkai.
–¿Dicen que huelo como ella?…
–Eso dices, que no eres ella, pero puede ser una treta.
–No lo es… ¿Qué hizo?
Los yôkai se debatían entre responder o no hacerlo, sin embargo su líder les había pedido que buscaran información y si bien la humana tenía un olor parecido a la otra, era en cierta forma diferente.
–Tú debes saberlo, ustedes los humanos solo quieren matarnos aunque no tengan motivo.
–…
–Atacó al hermano del Rīdā.
–¡¿El padre de Shippō?! –exclamó la jovencita.
–¡¿Lo conoces?!
–Si, hace mucho tiempo… –Kagome miró a los zorros con actitud decidida– yo buscare a… mi hermana.
–Es tu hermana por eso hueles parecido a ella, más hay algo que no encaja…
–Yo ayudare a que descanse.
–¿Descansar?
Los oyentes esperaron a que Kagome explicara
–Sus restos fueron robados de nuestro cementerio. Ella murió hace ocho años, no debería estar en este mundo.
Los yôkai kitsune consideraron que ya tenían la información que buscaban y optaron por regresar a su territorio, no sin antes advertirle a Kagome:
–Esperamos que esto sea cierto y que no estén inmiscuidos en lo que ese cadáver hace. Pues si es de otro modo, esta vez no habrá misericordia para tu pueblo y tu gente.
–Lo sé.
Kagome regresó sobre sus pasos a la aldea, eso ya estaba fuera de control, pues Kikyō o su cuerpo, estaba haciendo que de nuevo los yôkai quisieran ir contra la aldea. Debía pedir ayuda y que mejor que a las personas que más confianza le infundían, sus compañeros de caza.
La sacerdotisa arribó a la aldea y fue directamente al templo para buscar a Miroku, ahí le encontró con los otros monjes, más al verla, este se alejó de ellos y se acercó a ella.
–Kagome-san ¿tenemos salida?
–No… no, exactamente, Miroku-san. Debo hablar con ustedes, con Sango y contigo.
–Me asusta su seriedad, señorita.
Ella trató de sonreír mas no lo consiguió del todo. Los dos caminaron por las calles hasta llegar a la casa de la taijiya. Entraron saludando, mas solo Kohaku estaba y este los recibió muy formalmente, antes de salir por su hermana, que dijo, lavaba cerca de ahí.
–Oh, mi Sango será una perfecta ama de casa y con eso una excelente madre.
–Miroku…
–Es cierto, señorita, Sango será mi esposa.
–¿De verdad?
–Si…
–No lo creo. –Se escuchó de la aludida que iba llegando– con este monje pervertido ni a la esquina.
Los tres rieron, pero Kagome sabía distinguir que sus amigos se amaban a pesar de lo coqueto de Miroku y los golpes de Sango a este; por eso también creía que comprenderían el dilema por el que pasaba, después de todo muerta o no, cadáver o no, Kikyō seguía siendo su hermana gemela. Kagome se armó de valor y comenzó.
–Chicos, yo quiero contarles algo y espero que me puedan ayudar…
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El capitán de coleta negra se sentó con algo de trabajo en el tapanco y vio cómo su hijo entrenaba con Takeshi, Kuro, cerca de él, sonrió divertido.
–Mire el bochan sí que es muy hábil.
–Si.
Kuro miró de reojo al hanyō y es que era extraño que Naraku no estuviera gritando movimientos a su hijo.
–¿Está bien?
–…
–¿Capitán…?
–Vaya–por fin respondió el hanyō– el otro heredero no quiere esperar…
Kuro abrió la boca asustado –y si asustado–, pues el Lord no se encontraba y si se perdía el nacimiento de su segundo hijo no estaría feliz y aparte de todo, ellos no sabían cómo lidiar con un parto. Naraku intuyó lo que pasaba por la cabeza del Inu y palmeó el hombro de este.
–Tranquilo… que alguien vaya por él o mejor dicho ellos… las doncellas me auxiliaran con esto y que Yû no se asuste.
–¡Si capitán!
Naraku negó al ver a Kuro correr, pensando que este hasta se había olvidado que los dos eran capitanes.
El capitán Kuro corrió con los que entrenaban; fue velocísima la conversación y luego fue con los soldados.
El hanyō se levantó con algo de trabajo o eso intentaba, más…
–¡Yo te ayudo pa!
Yû llegó hasta él y detrás de este Takeshi.
–Ya han salido a avisarles. –informó el mayor.
–Bien…
–¿Podrás esperar? –preguntó dudoso Takeshi.
Naraku sonrió de lado y asintió caminando tranquilamente.
–Créeme este bochan no parece muy interesado en esperar a nadie.
–Oh…
Yû iba aferrado a la mano de su papá mirándolo con algo de angustia, lo que provocó una sonrisa serena en la boca de este.
–Tranquilo hijo, estoy bien.
–¿Si?
–Solo que tu hermanito ya quiere conocerte.
Yû sonrió y sus ojos parecieron brillar.
El movimiento orquestado por un medio histérico Jaken inició y pronto los del concejo ya estaban fuera de la habitación acompañando a Yû que miraba con algo de incertidumbre donde su papá estaba.
Chūjitsuna se acercó al joven Lord y lo calmó contándole como su nacimiento había sido de madrugada e InuYasha estaba en el lugar que ahora él ocupaba.
–Oji estará muy molesto de no estar aquí para verlo primero.
–Seguro que si –dijo el mayor.
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La mujer miró al horizonte y sonrió iba con buen tiempo para terminar con los asuntos que la retenían en este mundo y es que la noche apenas estaba empezando y ella ya estaba a mitad del camino.
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InuYasha buscó a su novio entre las personas cerca de donde el Rīdā aún se encontraba, más las cuevas no eran opción, pues ya las había revisado, el de orejitas salió hasta la planicie y vio la figura solitaria de Kōga; se dirigió hasta el aludido. Al llegar con este el lobo comentó:
–Sera difícil ser un buen líder… como lo fue él.
–Lo lograras y llevaras a tu clan a ser uno de los más temidos.
–…
–¿No me crees?
–Juntos…
–Si.
InuYasha se acercó más al lobo y este lo abrazó.
–Gracias Inu.
–El de cabello plata asintió, luego suspiró y explicó:
–Vamos, mi hermano nos espera.
–¿Y eso?
–Nos contara acerca de lo que sucedió hace años, allá en esa aldea humana.
–Ya… es tiempo ¿no?
–Lo es.
–No quisiera que eso cambiara lo que deseo hacerle a esa asesina, que me haga sentir compasión por ella.
InuYasha se detuvo, miró firmemente y de frente a Kōga, asegurándole.
–Te juro que esta vez no habrá poder yôkai que me haga pensar en los humanos antes que en ustedes.
–No quise…
–No, y lo sé, es más algo dicho para mí mismo.
Kōga besó a su prometido en los labios y ese beso fue como sellar ese juramento. En cuanto se separaron se dirigieron a donde el mayor de los Inu los esperaba.
Sesshōmaru se giró al escuchar a esos dos llegar y caminó por el lugar con paso sereno, iniciando con el relato…
–Cuando llegaste y te vi… devastado, no hubo nada en mi cabeza si no hacer pagar a quien te había hecho daño, a pesar de saber que habías desobedecido una de mi ordenes –InuYasha inclinó le cabeza la escuchar eso–, mas eso quedó de lado al sentir como te aferraste a mí… Te deje junto con Yû al cuidado de Naraku, tome a mi ejército y salí para unirme a los del clan de zorros, llamamos a Okamimaru, sin embargo el consideró que la acción de su heredero fue muestra de la fuerza de los lobos y de su compromiso con nuestro clan, por lo que el Ôkami no se unió a nuestra avanzada.
Con nuestros soldados arribamos a esa aldea y si bien no nos interesó, hubo algo que alertó a los humanos y ya nos esperaban, más…
–Fue inútil su defensa –concluyó asegurando Kōga.
–Lo fue. Una de esas niñas humanas se nos opuso con más ahínco y al ver sus ojos se notaba el fuego del odio brillando en ellos, ella portaba la Shikon no Tama…
El de luna en la frente relató con detalle lo acaecido después y como no creía posible que esa humana hubiese sobrevivido.
–Por eso considero que ella ha sido usada…
InuYasha negó moviendo la cabeza.
–¿Es un cadáver? por eso huele de ese modo.
–Ciertamente sería una opción, a menos que… –pensó el Dai-Yôkai– la otra haya… muerto ya mayor, no creo que una niña de esa edad haya podido usar el arco de ese modo.
Kōga asintió sin ofenderse de como el Lord hacía referencia al asesinato de su padre, era momento de desentrañar lo que sucedió y dar caza a esa asesina.
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Los mensajeros coincidieron al llegar al castillo de zorro de tres colas, este salió personalmente a verlos y antes de preguntar a los de su clan, miró a los de los lobos.
–Bienvenidos, pasen. Me causa mucha curiosidad su visita.
–Señor, solo vinimos a entregar un mensaje.
–Adelante.
–Nuestro Rīdā Okamimaru ha sido asesinado.
–¡¿Cómo?!
–El joven bochan ya ha tomado el cargo, sin embargo Lord Sesshōmaru aconsejó que avisáramos a ustedes que son nuestros aliados, pues fue muerto por un humano que posee poderes espirituales.
–Ya veo… y es mejor que entren, pues llevaran otro mensaje.
El zorro vio a sus soldaos y estos asintieron.
–Si mi señor, sabemos lo que sucede.
Los cabos se iban atando y con eso lo clanes se alistarían para dar caza a un solo enemigo, pero que iba en pos de los líderes de estos.
Los mensajeros lobos salieron poco después con dos de los kitsune, estos enviados para llevar las noticias a los otros aliados.
En cuanto estos salieron, Shippō y Sōten corrieron a buscar al líder para avisarle…
–¡Tío, papá está bien ya ha despertado!
Exclamó el zorrito castaño al ver al mayor. Este siguió a los menores con la certeza de que su hermano menor había luchado por salir adelante.
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La chica de traje blanco y rojo miró a sus oyentes esperando la respuesta de estos. Miroku fue el que habló por los dos.
–Señorita usted sabe cómo sucedieron las cosas en ese tiempo, no podemos ocultarle como pensó mucha de la gente de la aldea por esa invasión.
–Sí, culparon a mi hermana e incluso muchos de los que combatieron pudieron ver como ella no quería ceder y por eso estuvimos a punto de desaparecer, sé que en ese último momento se dejó guiar por odio y un poco de orgullo.
–Sí, señorita, pero hubo más, ¿no es así Miroku?
El aludido asintió y siguió hablando.
–Me temo que muchos de los monjes notaron que la Shikon no Tama ya no estaba pura cuando ella la usó… digamos que la contaminó con su odio y si usted no hubiese detenido a ese Inugami, esta ya no nos hubiese servido a nosotros, sino a los yôkai.
– ¡¿Tanto así?! –cuestionó Kagome.
–Me temo que si, por eso mismo, iremos con usted. La señorita Kikyō no lo sabe, pero es un peligro y no solo para los yôkai.
Saldremos ahora mismo –ordenó Sango– No debemos perder tiempo.
Kagome asintió y tímida agregó:
–Creo que se, lo que quiere hacer.
–¡¿Lo sabe?!
–Sí creo saber… atacó al hermano del líder de los yôkai Kitsune, pero ¿por qué no al líder?
–¿Por qué? –cuestionó Miroku.
–Atacó al padre de mi amigo Shippō.
–¿Venganza en contra de los amigos de usted, señorita?
–Eso creo Sango. Y si es así, irá por mis amigos o sus padres.
El trio asintió y recogiendo las cosas que necesitarían, salieron de la aldea, diciéndolo solo a Naomi el motivo real de su viaje.
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Como si hubiese sido una predicción de Naraku, el segundo heredero de Sesshōmaru, como todo un joven lord no esperó a nadie y una tarde calurosa llegaba al mundo, lo extraño es que no venía solo… una pequeña Inu aparecía sin ser esperada.
Naraku al verla y tomarla en brazos, exclamó.
–¡Por Enma-sama que vamos hacer con una niña!
–Naraku-san… –calmó una de las doncellas– es muy bonita, seguro que Sesshōmaru-sama la querrá.
El hanyō trató de quitarle hierro al asunto.
–Oh no lo digo por eso, si no ¡¿Cómo vamos a educar a una niña?!
Las doncellas rieron divertidas y calmaron al reciente padre. Mas Naraku temía por la niña, su hija, pues aparte de serlo, era… de cabello oscuro y facciones como las suyas, nada parecida a su hermanito –que dormía plácidamente– y que portaba los rasgos de la casta del General perro.
–No se preocupe nosotros les ayudaremos. –dijo la Inu doncella, que ajena a los verdaderos pensamientos del capitán, quiso ayudarle.
En cuanto los herederos nacieron; la noticia corrió cual pólvora por todo el castillo y a pocos minutos hasta en las caballerizas sabían que, había no uno si nos dos pequeños y que una era fémina.
En el pasillo, Chūjitsuna sintió la mirada de sus compañeros de trabajo esperando respuesta de él, quien tenía más años de experiencia.
–Bueno, no ha habido una niña en generaciones, sin embargo no es tan extraño, después de todo Irasue-sama* lo era.
–Oh cierto, cierto. –aceptaron estos.
Yû se rascó el oído y comentó:
–Una niña… no es tan malo, la cuidaré muy bien.
Los concejeros asintieron, solo Chūjitsuna negó al pensar… Esa pobre no se casara ni en mil años, con todos estos guardianes celosos.
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Tenían un par de días de haber salido de la aldea y la jovencita cada vez estaba más segura, por eso conversaba acerca de sus ideas con sus compañeros. .
–¿Lo cree señorita Kagome?
–Sí, él era el que lideraba al ejército ¿lo recuerdan?
Sango asintió y a su cuerpo le recorrió un escalofrió al decir.
–Su poder yôkai era aterrador.
–Por eso creo que lo dejara al último, y también porque confirmaremos lo que pienso, llegando con ese clan de yôkai lobos.
–¿No cree que nos ataquen?
–Esperemos que no o que ella no haya llegado con ellos antes.
El trio estuvo de acuerdo y continuaron su vía, rumbo a la montaña del Ôkami.
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La mujer observó hacia el bosque y sonrió al ver que sus amigas recolectoras de almas arribaban con su cargamento.
–Lo necesario para terminar mi viaje, ya estamos en si territorio.
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El grupo de caza del Ôkami ya se estaba reuniendo llamados por Kōga, InuYasha se uniría a ellos en lo que su aniki iba por los suyos a su castillo.
Sin embargo solo la avanzada salió antes, los demás, por respeto a los funerales de Okamimaru no saldrían hasta terminados estos, del mismo modo Sesshōmaru esperó el mismo lapso de tiempo.
Por eso después de tres días el Dai-Yôkai se alistaba para retirarse. InuYasha se unió a él en el borde de la planicie
–Voy contigo hasta la frontera.
–No es necesario.
–Pero quiero hacerlo.
–Iré volando o mejor aún, transportándome de inmediato.
–Ya…
InuYasha no agregó nada más, pero Sesshōmaru le conocía bien y por eso habló en su lugar.
–Te sientes extraño estando solo con los lobos.
–No debería, pues sé que algún día viviré aquí, pero… siempre vengo contigo o con los otros.
Sesshōmaru dijo para tranquilidad de su otouto y por qué no aceptarlo, de él mismo:
–Misaki se quedara contigo.
–¿Si?
–Sí, se lo diré ahorita.
El de orejitas se sintió mejor e incluso sonrió al decir.
–No tardes o nos iremos sin ustedes.
–Oh, ya quiero verlo.
Kōga se les unió en ese momento para despedir al Dai-Yôkai y así los tres bajaban por la colina para que el mayor iniciara su viaje; cuando notaron un olor conocido y vieron a la distancia a un Inu corriendo a todo lo que daban sus patas.
–Tomohisa.
Aseguró InuYasha observando como solo se notaba la polvareda que levantaba el corredor.
–¿Quien? –preguntó el lobo de ojos azules.
–Es el más veloz de mis soldados –confirmó Sesshōmaru– eso quiere decir que trae un mensaje importante.
El trio se quedó para esperar al mensajero y en cuanto este lo vio aceleró –si se podía más– su carrera sala6bdo para subir por la montaña.
El Inu de color castaño oscuro arribó y aun jadeando se transformó en su forma de dos pies, inclinándose ante el de luna en la frente.
–Mi Lord,… señor, su hijo ya va a nacer.
Sesshōmaru no pareció cambiar de expresión, mas –para un ojo entrenado en ver las emociones de este– se notó un pequeño rictus de preocupación.
–Regreso en este momento. –informó el Lord.
–¡Aniki!
InuYasha vio a su hermano alistarse y luego giró la vista hacia Kōga sin poder decidir si ir con su familia o quedarse con su prometido; este acariciando las orejitas del hanyō, dijo:
–Ve con él, esperaremos,
–Pero…
–Estaré bien, no te preocupes, ya me dirás como es tu sobrino.
–Sí, Gracias Kōga.
Contestó el hanyō y para incomodidad de Sesshōmaru, besó a su prometido en la boca.
–No salgas sin mí.
–No lo hare.
Tomohisa se quedó con los de Ôkami para recuperarse de la maratónica carrera y los lores emprendieron el vuelo para llegar al castillo del mayor.
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Kikyō llegó a los límites que consideró podría pasar sin ser detectada; ahí, buscó algo con lo que cambiar su olor o esconderlo, sabía que si el olfato de los zorros y lobos era bueno, el de los Inu era mejor y un paso en falso significaría su desaparición sin poder cumplir su venganza.
Usando la combinación de varias plantas creó una esencia que le permitiera esquivar a los guardias y con eso llegar a su objetivo; no creía sobrevivir a ese último encuentro, por eso lo había dejado al final. Llegaría sigilosa y luego se dejaría ver, pero ya cuando fuese ineludible dando el todo por el todo en un solo golpe.
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Naraku tuvo que ser dormido con una infusión, y es que se le veía cansado, pero algo inquieto, todos lo atribuyeron a su reciente parto, y nadie imaginó que a pesar de los años y convivencia el hanyō temía el rechazo de su lord y ahora no solo a él, sino a su hija.
Yû entró a la habitación y después de acariciar el cabello negro de su papá besándolo, se dirigió donde los dos recién nacidos descansaban. Miró ambos y sonrió divertido:
–Oh mira que Oji se alegrara de verte, pues te pareces a él solo que sin orejitas –dijo al niño, luego destapó a la niña y la miró largo rato hasta decir– tienes un color bonito de cabello. –Yû rozó con las yemas de los dedos las mejillas de su hermana…– Tienes una en cada lado, te faltaron dos más para ser como las nuestras.
El primogénito arrulló a sus hermanos, vigilando el sueño de los tres –incluido Naraku–, hasta que llegara su padre y tío, él era el responsable de cuidarlos.
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El trio de amigos, se sentó en las ramas salidas de un árbol, estaban ya en el linde del bosque que se encontraba en las faldas de la montañas de los lobos, más como ya era de noche Miroku consideró prudente acampar antes de seguir su camino y es que en la oscuridad serían presa fácil de los yôkai.
Se alistaron para descansar y estaban por hacerlo cuando… Fueron rodeados por un grupo de lobos con sus compañeros de cuatro patas. El que parecía el líder los encaró:
–¡¿Qué hacen en nuestro territorio?!
–¿No, preguntes Sora y matémoslos!
El llamo Sora calló a los otros.
–Lo haremos, mas ella… huele parecido a…Sora no terminó la frase y sus compinches lo imitaron respondiendo.
–Tienes razón, es mejor que el Rīdā Kōga los vea.
–Yo… nosotros también queremos ver a Kōga… san –aseguró Kagome, agradeciendo que alguien conocido los recibiera.
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Escondiéndose en arbustos y detrás de los arboles mirando a todos lados, Kikyō se abrió paso por el bosque del, Ichizoku Inu, mas para ella fue una suerte –aunque no lo supiera– que los herederos hubiesen nacido y que los soldados quisieran verlos, y no la hubiesen notado; el cambio de su olor fue todo un éxito.
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Era ya de noche cuando Sesshōmaru e InuYasha bajaron a la entrada del castillo, los dos ansiosos de conocer al nuevo miembro de la familia, ignoraron todo a su alrededor y esa extrañísima acción en alguien como ellos fue lo que permitió que la agresora lograra sorprenderlos.
–¡Asesinos!
Esa voz y ese grito nadie lo esperaba, mucho menos los recién llegados, mas ahí en el camino que iba al castillo, una mujer con traje de sacerdotisa –Kikyō– apuntaba su arco contra ellos.
Sesshōmaru al percatarse de todo, gruñó furioso y las marcas en su rostro se acentuaron; InuYasha se unió a la reacción defensiva de su hermano y desenvaino Tessaiga.
Kikyō al ver esto no se amedrento, incluso, aún miró al hanyō, sin poder creer que ese rostro le hiciera sentir piedad, pero se recuperó y advirtió:
–No es contigo. –advirtió la pelinegra, sin perder detalle de como los soldados yôkai –pasado su asombro–, la iban cercando, lo sabía de antemano, que no saldría de ese lugar y ese había sido su plan desde un principio.
–No te permitiré que toques a nadie de mi clan –amenazó el de orejitas.
–Apártate InuYasha, yo acabare con ese cadáver aberrante –siseó Sesshōmaru.
–No aniki, tú ve con Naraku y mis sobrinos.
–InuYasha…
–Yo la acerque a nuestro clan, yo la alejare, es mi deber.
Kikyō vio el intercambio de palabras entre los hermanos y algo se reavivó en su mente, esos recuerdos de su último día se hicieron más nítidos y pudo verlos…
…
Kikyō jaló bruscamente a su hermana y la recriminó.
–No seas tonta, ellos no se detendrá por nada.
–No lo sabes.
–¡Compréndelo de una vez, ellos no tienen sentimientos, ni honor ni nada!
–Él viene por una de esas cosas que dices no tiene.
–¡Cállate!
…
Kikyō regresó al presente y miró de nuevo hacia los hermanos, con su recuerdos y odio reavivados, su plan cambiaba de objetivo ahora sabía perfectamente cómo hacer pagar a ese demonio arrogante y como siempre Kagome le había dado las respuesta sin querer…
No hubo tiempo de hacer nada, pues InuYasha se lanzó a contratacar a la humana, al mismo tiempo que ella dejó escapar su saeta…
El de orejitas temió por su hermano, pues sospechaba que él era el objetivo; Tessaiga cortó el aire en busca del proyectil, mas este no iba en pos de su aniki, y el hanyō no pudo evitarlo, pues nunca creyó que el fuese la víctima.
Tessaiga cambió a su forma simple al no sentir el poder de su dueño y fue resbalando por la mano inerte de InuYasha…
Sesshōmaru se trasformó en segundos y destrozó todo a su paso, pues frente a sus ojos, su hermano yacía inmóvil en un árbol clavado con una flecha en su cuerpo…
El Dai-Yôkai sintió como no quedaban ni arboles por su golpe, mucho menos algo de esa endeble humana, miró bajo sus garras, la masa sanguinolenta que fue el cadáver viviente y aun escuchó entre estertores de este, su sentencia…
–No podrás… salvarlo… estará… sellado… por la… eternidad…
Un aullido desconsolado se escuchó por todo el lugar, al mismo tiempo que la garra de Sesshōmaru se cerraba y con eso el cuerpo de Kikyō desapareció convirtiéndose en… nada. Mas era tarde, ella había logrado lo que deseaba, hacer sufrir lo indecible a esos demonios… a ese orgulloso Inugami, arrebatándole algo más que preciado para él.
…
*Mi suegra, XD no es cierto. La mamá de Sesshōmaru jejeje
Muchísimas gracias por la espera y por comentar.
Alba marina, naruhi -No hubo final feliz para ella. Harry Potter, no me temo que no he subido nada solo "Apariencia"-, sakura1402, Frozen-Winter-Heart, kane noona -Sipi otros dos XDD Y los jóvenes aun no llegan a mucho...-, Guest -Gracias y si ya se murió... ahora si-, Lunatica Drake Dark y Ying Fa Malfoy de Potter.
