Mucísimas gracias a tods por vuestros comentarios, me hacen muy feliz.

Estoy pensando en subir un nuevo fic¿qué os parece?

Muchos besos: Yedra


CAPÍTULO XXXV

-

Esa semana el horario de clases sufriría un cambio debido a la luna llena, por lo que el lunes tuvieron DCAO toda la mañana hasta la hora del patio. A Remus se le notaba el cansancio propio de la luna llena y la poción Matalobos. Lo que le costaba más trabajo era mantener la calma pues la cercanía de la luna llena le volvía más irascible.

Tenían deberes de Defensa de sobra para toda la semana y seguro que después de la mirada salvaje que les lanzó ningún alumno olvidaría hacerlos para el martes siguiente.

— Ron y Hermione, podéis esperar un momento – les pidió Remus al terminar la clase. – Este sábado es la fiesta de San Valentín y quería pediros que, ya que yo estaré indispuesto el miércoles hagáis el favor de mantener la calma en la Torre Gryffindor en mi ausencia.

— No hay ningún problema nosotros nos encargaremos – contestó Ron haciéndose el importante.

Al salir de la clase de defensa comentaron:

— Qué raro que nos haya encargado cuidar de los Gryffindor. Las otras veces se lo pidió a Celine – comentó Hermione.

— ¿Y si Celine tiene una cita o algo así? – preguntó Ron. – Con la celebración de San Valentín nunca se sabe.

— Ron, no todo el mundo piensa igual que tú – le aclaró Harry y mirando a Hermione dijo – Hablando de esto, Hermione¿celebraremos juntos el día de San Valentín?

— Para mí, Harry, todos los días son el día de los enamorados – contestó Hermione melosa.

— Stop, stop – interrumpió Ron – no es correcto que me hagáis estas demostraciones que me hacen sentirme falto de cariño.

— Ron, nosotros siempre te querremos – le contestó Harry.

— No es ese cariño al que yo me refería.

Hermione y Harry llegaron al despacho de Celine un cuarto de hora antes de la cita con McGonagall.

— Dejadme hablar a mi – les pidió Celine – la idea de que los dos trabajarais juntos ha sido mía así que se la tengo que contar yo. No creo que le parezca mal… ¿verdad?

— Y¿se puede saber en que va a consistir la reunión de hoy? – preguntó Harry.

— No tengo ni la más remota idea, lo sabremos cuando llegue Minerva.

— Buenas tardes – saludó la directora entrando en su antiguo despacho – me gustan los cambios que has hecho… ¿Estamos listos?

— Minerva, antes de comenzar debo darte una explicación – comenzó Celine frotándose las manos intentando ordenar sus ideas – La Oclumancia es algo bastante complicado y …

— Sé que es complicado, es considerada parte de las artes oscuras y por eso no son muchos los magos que la dominan.

— La complicación a la que yo me refería es que es necesario practicar mucho tiempo para conseguir buenos resultados.

— Tranquila, no espero que la domine como un experto…

— Las clases de Oclumancia han conllevado una serie de cambios con respecto a lo que hablamos al principio del curso – explicó Celine cogiendo confianza. – No sólo he estado preparando a Harry, también he preparado a Hermione. La intención era que ellos pudieran aprovechar el tiempo que tenían libre para practicar en diferentes situaciones.

— Me parece una gran idea pero no entiendo como podían hacerlo…

— El otro cambio es que comenzamos practicando la Legeremancia… porque de esa forma el segundo paso a la Oclumancia resultaría más fácil.

— Y de los resultados ¿qué me podéis decir?

— Yo creo que son bastante satisfactorios falta que tú lo compruebes.

— He pensado una forma para hacerlo y entre tú y Hermione será más interesante – explicó McGonagall. – Harry vas a memorizar lo que estoy escribiendo en este pergamino – explicó la directora escribiendo algo – Celine y Hermione intentarán saber que es lo que pone allí.

— Y no vale engañarnos – le advirtió Hermione sorprendiendo a las dos profesoras – es un recurso que suele utilizar.

El ejercicio dio bastante buen resultado aunque no consiguió cerrar su mente por completo.

— Yo creo que el problema es que no siente la necesidad de evitarlo. Confía en nosotras y eso lo hace no esforzarse – opinó Hermione. – Es demasiado buena persona…

— Creo que tu teoría es bastante acertada, pero de dónde podríamos sacar a alguien que… - comenzó McGonagall y se quedó pensativa.

— ¡Ah, no¡Esa idea no! – saltó Harry horrorizado. – Ya lo sufrí y no quiero repetir…

— No es correcto que utilices la Legeremancia conmigo ¿sabes? – se quejó la directora – pero he podido comprobar que lo haces bastante bien.

— Yo estoy de acuerdo con Minerva. Es una buena posibilidad y supongo que no se negaría a ayudarnos… - comentó Celine – además, si tenemos en cuenta su petición sobre las pociones y la aceptamos…, no se podría negar.

— A veces me sorprendes – dijo McGonagall pensativa – y creo que intentaré preparar todo lo necesario para que pueda trabajar en pociones. El problema es el espacio…

— Yo puedo volver a mi antigua sala y él ocuparía mi habitación como laboratorio.

— Pienso que es una buena idea pero hasta que no esté todo listo no le digáis nada – pidió la directora. – ¡Será una sorpresa!

La directora ya se marchaba y Hermione salió tras ella para agradecerle que hubiese dejado a Draco ver el partido desde su despacho.

— Celine, puedo hacerte una pregunta – le llamó la atención Harry.

— Claro, si tienes alguna duda yo te la solucionaré.

— Es sobre Remus…

— ¿Ah? Ya me extrañaba…

— ¿Tiene algún problema? – preguntó Harry contrariado.

— Es cosa de la luna. Estos meses Tonks había conseguido estar aquí con él el día de la transformación pero este mes no ha podido arreglarlo y Remus se siente peor. Yo le he dicho que yo estaré con él…

— Pero puede ser peligroso. A Tonks la reconoce por ser su compañera pero a ti… ¡puede no reconocerte!…

— Yo se lo que debo hacer, no te preocupes. Además cuando le diga que Tonks vendrá para San Valentín se sentirá mucho mejor.

— Si necesitas mi ayuda no dudes en avisarme…

— Con que no haya problemas en la Torre Gryffindor me conformo.

La tarde del miércoles Harry y Hermione comentaban la luna llena cuando Snape se metió en su conversación.

— No es lógico que Lupin tenga esas reacciones. Con la poción Matalobos no debería de ocurrir – explicó molesto – claro para que hacerme caso. ¡Cómo si yo no la hubiese estado preparando para él!

— ¿Qué es lo que ha pasado? – preguntó Harry sin acabar de comprender las palabras de Snape.

— Le comenté a Celine que Slughorn debía estar cometiendo algún error y me ofrecí a preparar yo la poción, pero aún no me han contestado y claro yo aquí encerrado es como si ni siquiera existiese.

— De esto no sabíamos nada – explicó Hermione pensativa.

— Y entonces ¿de qué hablabais?

— De Celine, – comentó Hermione – que hoy va a pasar la transformación con Remus.

— ¡Pero se ha vuelto loca del todo! – exclamó Snape nervioso – Puede pasarle… y yo aquí sin poder hacer nada… me siento impotente.

— Si no os importa, volveremos a la Torre Gryffindor. Quedé con Celine que si necesitaba algo nos llamase… y nos buscaría allí – explicó Harry.

— Y ¿a qué esperáis¡Marcharos! Nosotros no nos moveremos de aquí.

Volvieron a la Sala Común y se sentaron a hablar frente a la chimenea. La luna ya estaba brillando en el cielo.

— Ron, irás al baile con Gracy? – le preguntó Hermione interesándose por su amigo.

— Sí.

— No se te ve muy alegre que digamos – comentó Harry preocupado.

— Tranquilos, voy al baile con alguien que me aprecia.

— Hola ¿otra vez aquí charlando? – les preguntó Madison.

— Comentábamos el baile de San Valentín – le explicó Hermione. - ¿Con quién irás tú al baile?

— Voy con Michael Corner, Gabrielle – dijo mirando a Ron – con Terry Boot, y Ginny de momento no ha aceptado ir con ninguno de los que se lo ha pedido.

Ron ni se inmutó. No se enteró de la pareja de Gabrielle ni de la inexistente de su hermana.

La noche transcurrió sin ninguna noticia lo cual era buena señal pues las malas noticias se sabían antes que las buenas o al menos eso pensaba Harry.

El sábado catorce, después de comer, ya iban a levantarse para ir un rato al séptimo piso cuando vieron entrar a Tonks. Les saludó desde la entrada y fue a sentarse con ellos.

— Hola¡como me alegro de encontraros!

— Y nosotros de verte a ti – le dijo Harry - ¿Cómo esta Remus?

— Él está perfectamente. Yo quería preguntaros a vosotros por Snape y Draco. En la Orden hay diferencias de opiniones y hay quién opina que no son de fiar.

— Nosotros pasamos mucho tiempo con ellos – explicó Hermione – y creo que no intentan engañar a nadie.

— Yo también pienso que no están del lado de Ryddle – comentó Harry.

— A mí siguen sin caerme bien – opinó Ron – pero creo que es porque soy bastante rencoroso.

— Veo que coincidís con la opinión de Celine y me alegra que no sea que haya perdido el sentido común… Esta noche nos vemos en el baile y seguimos charlando ¿vale? Voy a saludar a Minerva y a ver a Remus.

La faceta de caballero romántico de Ron resultaba muy del gusto de la mayoría de las chicas de Hogwarts. Todas pasaban por su lado y suspiraban. Todas menos una en particular que era la que le interesaba a él. Gracy parecía no importarle y se sentía feliz con su chico aunque le dedicara miradas a otras mujeres.

Harry y Hermione observaban al resto de los alumnos a la espera de que Remus y Tonks llegaran como habían quedado. Ante la mala cara que puso Ron, vieron entrar a Gabrielle acompañada de Terry Boot y tras ellos a Ginny, Madison y Michael Corner. Una música lenta comenzó a sonar y Gabrielle y Terry se pusieron a bailar muy acaramelados. Ron, como movido por un resorte salió a bailar con Gracy e imitó a la otra pareja.

— Eso parece una batalla campal – observó Harry. – no me extrañaría que la noche terminara mal entre ellos

— Deberías hablar con él, es tu mejor amigo y no me gustaría que hiciese algo de lo que después se arrepintiera – le aconsejó Hermione.

— Yo creo que debería olvidarse de Gabrielle, al fin que ella no le hace ni caso y cambia de novio cada poco tiempo.

— Te recuerdo que Ron también lo ha hecho – contestó Hermione a la defensiva. – es muy machista que pienses que si un chica tiene varios novios no vale la pena pero si es un chico es porque es muy hombre.

— Esa no era mi intención… – se excusó Harry. – Simplemente me preocupo por mi amigo. No vale la pena discutir por eso… ¿me concedes este baile?

— ¿Seguro que quieres bailar? – preguntó Hermione sorprendida – no sabía que te gustara bailar.

— A mi me gusta hacer lo que sea si estoy contigo… y si encima te puedo abrazar, mejor que mejor.

Harry y Hermione comenzaron a bailar. No necesitaban abrazarse pues sus cuerpos se unieron siguiendo el mismo ritmo. Las manos de Harry acariciaban la espalda de Hermione mientras ella apoyaba su cabeza en el hombro de él susurrándole algo al oído que le hacía sonreír. Estaban tan a gusto que no se percataron de las miradas que estaban fijas en ellos, sobre todo las de tres personas que les esperaban para hablar, Tonks, Remus y Celine.

— Son tan tiernos… - comentó Celine soñadora – se les ve tan felices… mirad a Madison – dijo haciéndoles mirar hacia la derecha – ella seguro que ha aceptado ir con ese chico por no venir sola al baile.

— ¿Por que dices eso? – preguntó Tonks.

— Si fueras tú y estuvieras bailando con el chico que te gusta ¿pondrías los codos así para que no te pudiera abrazar?

— Tienes razón, en mi época de estudiante en Hogwarts también había bailes… y algunos chicos no estaban nada mal…

— ¡Ey¿Podéis cambiar de conversación? Terminarás poniéndome celoso.

— ¡Pero al que elegí es a ti! – le dijo Tonks cogiéndolo de la mano. – Además, ahora que tengo información privilegiada – dijo mirando a Celine – supongo que tú también irías a las fiestas acompañado.

— Cuando os aliáis os aseguro que dais miedo.

La música cambió y Harry los vio observándolos. Se dirigieron hasta ellos.

— Os estuvimos esperando… - les reprochó Harry.

— Si, ya hemos visto lo preocupados que estabais por nosotros – le contestó Celine.

— La que me preocupa es Ginny – comentó Hermione viéndola salir del Gran Comedor. – Ella no ha querido venir con nadie.

— Pues yo creo que más vale sola que mal acompañada – dijo Celine.

— No es lo que hacías cuando eras joven – le comentó Remus tomándose la revancha.

— No juegues con fuego, Remus, que te puedes quemar…

— Haya paz – les interrumpió Tonks. – Quería comentaros que, aunque en el profeta no se ha comentado nada, los mortífagos se empiezan a mover. La Orden piensa que es porque están buscando a Snape y Malfoy.

— Además, no se ha podido localizar a Narcisa por ningún sitio – añadió Remus.

— Esto quiere decir que ante la más mínima sospecha de que algo extraño sucede debéis avisarnos – les advirtió Tonks. – Nada de intentar solucionarlo vosotros. Ahora trabajamos todos juntos…

— Y ¿no habéis podido averiguar nada de lo que pretende ahora Voldemort? – preguntó Harry.

— No, los mortífagos que hemos capturado no sabían ninguna información importante. Voldemort no confía en sus seguidores. Sólo unos muy allegados saben de sus intenciones pero los que hemos conseguido capturar deben ser novatos y no saben nada interesante.

— Y la desaparición de Narcisa ¿a qué pensáis que es debida? – preguntó Hermione.

— Ojalá que no sea por hacerla pagar por la huída de Snape y Draco – deseó Tonks.

— ¿Creéis que Draco lo sabe? – Tonks, Remus y Celine se miraron

— Será mejor que no sepa nada, por el momento – comentó Celine.