—Sirius Black demostró ser capaz de matar cuando tenía dieciséis años — dijo Snape en voz baja—. No lo habrá olvidado. No habrá olvidado que intentó matarme.
—Mi memoria sigue siendo tan buena como siempre, Severus —respondió Dumbledore con tranquilidad.
Severus Snape y Dumbledore, Capítulo 21 El secreto de Hermione
Harry Potter y el prisionero de Azkaban
PARTE 6
Sirius, Snape y la Mandrágora
Musicalización: America -A horse with no name (1971)
"Fiesta de San Valentín 1977"
Un anuncio cursi y rosado se erguía a mitad el vestíbulo del castillo, dos serafines revoloteando iban entregando tarjetillas promocionales a cualquier alumno incauto que fuera a curiosear cercano a la llamativa pancarta, en su mayoría niñas risueñas y tontillas que daban saltitos de emoción.
"Asiste al convite en conmemoración del día del amor y la amistad en Hogwarts".
Esbocé una sonrisa. Tomé la tarjeta que me tendía la criaturilla alada y enseguida me encaminé al comedor inyectada de un ánimo que hacía ya lejano.
Me acerqué directo a la mesa de Gryffindor, dónde ya desayunaban ese par de cabelleras, rubia aurea y lustre escarlata, que inevitablemente saltaban al ojo desde distancia. Estaban a mitad de una charla privada que no me importó interrumpir.
— Ejem, ejem—Me aclaré la garganta poco discreta y fui a posar la tarjeta de San Valentín delante de ellas. Sus secreteos pararon de golpe para atenderme, y enseguida reparar en la tarjetilla rosada en la que un corazón era continuamente atravesado por una flecha.
—Buen día Mary.—Saludó Lily Evans
—La fiesta anual de San Valentín—Observó Marlene cepillando con su pupila la tarjeta. —… ¿Irás con Sirius?. —Me preguntó fingiendo un malogrado interés.
Me senté en el banquillo frente a ellas y me relamí los labios.
—No, Iré con ustedes—Informaba con una sonrisa determinante que no admitía negativas y con la misma firmeza las escruté en alerta de la primera objeción que saltara a la mesa—Nada de chicos, nada de citas. —Aclaré terminante.
Desde que había comenzado a salir con Sirius me sentía exiliada de mi vida social. No solo porque me había distanciado de James Potter y el equipo de Quidditch, también había notado brechas cada vez más largas entre mis compañeras de habitación.
Al principio, como suele pasar en cualquier situación similar, sacrifiqué ese tiempo libre dedicado a ellas para agendar tiempo a mi "relación", mejor dicho, tiempo para esos encuentros íntimos con Black; Pero al paso de las semanas las cosas se habían trastocado tanto que me sentía prácticamente marginada del grupo.
Mientras yo me experimentaba en esas etapas del amor, sabía que las chicas se traían algo turbio entre manos. Había notado que el aspecto de Marlene desmejoraba con los días, se presentaba al dormitorio cada vez a horas más tardías para dormir, a menudo con una pestilencia a tabaco impregnada en sus ropas. ¿Desde cuándo había adoptado el vicio?... ¿Por qué había adoptado el vicio? Era más y más frecuente que Marlene y Lily secretearan y discutieran en lo bajo entre las dos con un halo de tragedia y suma seriedad.
Intenté involucrarme, enterarme de ello, pero me evadían por completo, callaban al momento que me hacía presente si las pillaba en la habitación y se limitaban hablar sobre clases y tareas, como si fuera una completa extraña. De vez en cuando me preguntaban sobre cómo iba la cosa con Sirius, aunque sospechaba que si lo hacían era una medida de distracción que impedía que indagara mucho en sus secretos. Pero ¿Qué podía contar sobre Sirius?, ¿Lo mala que era la relación? ¿O que nos limitábamos a lo físico? Marlene era una prefecta estricta, no le iba a gustar que le confesara que había visitado el baño de prefectos en compañía de este chico. Y bien tampoco podía contarles que me había peleado con James, porque entonces tendría que ponerlas al tanto del suceso del lago; además tratar el tema "James Potter" con Lily no era algo que me complaciera mucho. Consecuentemente tampoco había tenido oportunidad de comentarles sobre mí renuncia al Quidditch y valla que me hacía falta un hombro en el cual llorar aquello, y me dolió darme cuenta que ni siquiera habían notado que ya no entrenaba.
Sabía que las cosas no iban bien, algo se guardaban, y aquellas a quienes consideraba mis amigas más íntimas, pensaban que quizá no era capaz de entender la situación, o bien, no era digna de su confianza.
Pero decidí no perder la cabeza por eso, no podía culparlas por ello, comprendía que prefirieran mantener distancia después de la jugarreta tonta del parche fétido que Sirius le hiciera a Aubrey. Así que lo mejor que podía hacer para restaurar los viejos lazos era invitarlas a divertirnos un rato.
—…Solo amigas, como en los viejos tiempos. —Subrayé, apelando a la nostalgia.
—Suena fantástico, pero ya tengo planes para la noche—Enseguida se excusó Lily con un tono de disculpa y lamento.
—Yo estoy al tope de tareas y también he hecho planes—Secundo Marlene imitando el mismo tono.
—Podríamos hacer algún hueco, para charlar… como antes—Propuse tímidamente, haciendo un último esfuerzo.
Marlene tomó la tarjetilla y la releyó. A continuación, esbozó una risa exhausta y complaciente y posó su mano sobre mi hombro.
—Intentaré guardar un hueco para asistir—Manifestó, aunque podía leer la mentira de consuelo en sus labios.
Cuando posé la mirada hacia Lily, ésta se limitó a emitir una sonrisa de espasmo que borró tan rápido se llevó una cucharada de avena a la boca.
Entonces pensé que quizá pedirles un espacio en San Valentín había sido demasiado codicioso. Ambas tenían pareja y era evidente que ya tendrían planes ese día.
Con la punzada de resignación y tragándome el rechazo me encogí de hombros.
—Bueno, era solo una idea—Disimulé una mueca condescendiente, ocultando algo de vergüenza por proponer aquello. —…supongo que iré con el grupo de tejonas.
—¿No irás con Sirius? Es decir, es San Valentín—Preguntó Lily confundida.
—Estará en detención. —Expliqué con desgano.
Era muy habitual que Sirius lo pasara en detención, la razón del por qué le habían castigado en esa ocasión sí que era digna de mención.
Sugerencia de musicalización: In-A-Gadda-Da-Vida · Iron Butterfly (1968)
Unos días antes habíamos intercambiado un par de palabras durante la lección de Herbología. Había aprovechado que la clase estaba dispersa, el profesor nos había pedido atender las plantas peligrosas del invernadero 1, aquellas que requerían un poco más de habilidad en la materia. Entonces había suficiente ruido y distracción para acercarse e indagar sobre que tanto me había enterado aquél día que me oculté en el dormitorio de varones.
"¿Como haz estado?", "Oye, lo del otro día estuvo cerca", "Admítelo fue sexy", "¿Alguna vez te hablé sobre la vieja gabardina encantada de James para pasar desapercibido?... le llamamos La Capa Invisible…"
—No, no lo sabía—Le respondí con una risa desvaída, comenzaba a cansarme de asentir como tonta fingiendo tragarme sus mentiras.
—Es un encantamiento simple. —Afirmó como si no tuviera menor importancia, pero por alguna razón tenía que aclarármelo, —Le llamamos "capa invisible" porque cada vez que alguien se coloca la gabardina…bueno… —Hizo una pausa, haciendo patente que se había quedado sin más argumento para continuar con su historia mal ensayada.
—…¿Puede pasar desapercibido en una multitud?—Decidí ayudarle, completando su mentira por él.
—Exacto—Me dio un empujoncito juguetón y me guiñó el ojo asintiendo con satisfacción.
Si, era una nacida de muggles que no sabría tanto del mundo mágico como la mayoría, pero había puesto suficiente atención en clase de Criaturas Mágicas como para saber lo suficiente sobre las capas Invisibles. Sabía que existían capas invisibles hechas de pelo de Demiguises que se decoloraban con el tiempo, y sabía también que eran un artículo prohibido en el castillo.
—¿Cómo va esa mandrágora? —Nos interrumpió de pronto el profesor de herbolaría que había pasado por el sitio haciendo rondas de observación y asesoramiento.
—Está mejorando, los germinados parecen haber hecho efecto—Informé al profesor que se había colocado los anteojos para examinar a "Blossom", esa mandrágora que había cuidado desde segundo como si de una mascota personal se tratara.
—Ho si… ya la veo—Exclamó con ánimo—Sus hojas se ven erguidas, y mira ese verde vivaracho. —Señaló orgulloso — Señorita Mcdonald… me parece que hoy le toca poda, pero le recuerdo tener las orejeras puestas, la mandrágora es una adulta sana, su llanto ahora podría ser letal —Advirtió. Palomeó algo en su boleta y prosiguió su paso para atender la siguiente planta en el inventario con el alumno cuidándola como dictaba la lección del día.
—Y …. ¿Al final la encontraron? —Pregunté a Sirius retomando la conversación.
No me contestó. Me cedió un beso, sonrió y enseguida me guiñó el ojo. Se marchó despidiéndose con ese ademán de dos dedos, para unirse a la manada de chicos Gryffindor que intentaban alimentar el espécimen de tubercula carnívora.
Esa misma tarde después de la última clase, volví al invernadero con intención de podar la mandrágora. Actividad que no podía llevar a cabo en horario de clase ya que supondría un riesgo para el resto de los alumnos. He de resaltar, que Herbología era una materia que se me daba bien, y cuidar de mi Mandrágora, como muy pocos lo hacían después de segundo año, me había hecho simpatías con el profesor. Era normal que se me permitiera podarla, trasplantarla, o darle otros cuidados en horarios fuera de las clases habituales.
Así pues, me llevé una sorpresa cuando acudí al armario de equipamiento para colocarme los accesorios de trabajo (protectores, guantes y por supuesto orejeras) y mientras me anudaba el mandil de jardinería, escuché que irrumpieron en el invernadero.
En un principio no me sobresalté por qué supuse que podía tratarse del profesor, pero sí que me hizo abrir demasiado los ojos cuando estiré el cuello un par de centímetros y no me encontré con el señor Herbert Beery, si no con…
—¿Sirius y… Snape?—Ahogué en exclamación para mí misma.
Sirius lo tenía sujeto del cuello de la túnica y lo amenazaba con la varita, era evidente que Snape estaba ahí contra su voluntad. Entre curiosa y confundida por la extraña escena decidí permanecer a distancia, escondida detrás del armario.
—Bien Quejicus, te voy obligar hablar—Advirtió Black.
Empujó a Snape contra una Wisteria danzarina que lo atrapó entre sus ramas, comenzó hacer cosquillas a la planta provocando que atenazara y enredara sus lianas alrededor de Snape, de manera que de un momento a otro el chico había quedado inmovilizado.
Agitó la varita apuntando hacia dónde se encontraba la maceta que contenía la mandrágora, la hizo levitar un par de metros hasta hacerla a los pies de Snape. Las hojas de la misma se estremecieron.
—Quejicus…—Espetó impaciente —sé que tú la tomaste, ¿Dónde está?.
¿Hablaba de "La Capa"?, intuía que el dichoso objeto no apareció entre los pasadizos, como lo había imaginado Peter aquella vez. Así como lo había temido James, era posible que Snape la hubiera tomado antes que ellos.
—No tengo idea de lo que hablas, ¡so idiota!. —Contestó Severus con hostilidad.
—Bien— Sirius chasqueó los dientes y sonrió maquiavélicamente. Se pasó los dedos por el cuero cabelludo con desenfado y caminó directo a la maceta dónde estaba plantada mi mandrágora. — ¿Sabes qué es esto? —Pateó la maceta de manera brusca haciendo que los brotes de plantas y la raíz se retorciera debajo de la tierra. Sirius asintió ante la gesticulación contraída de Snape. —, Un espécimen adulto como este tiene un llanto letal.
Snape escrutó unos instantes a Sirius con la nariz arrugada. —¿Qué?, ¿Piensas matarme?...
—Puede que considere hacerle un pequeño favor al mundo.— Black Sonrió con crueldad y se cruzó de brazos con soberbia.
La mirada fulminante de Snape se intensificó.
—¿No vas a decirme dónde está? —Insistió el Gryffindor
— Te lo he dicho, cabeza de mierda, ¡No tengo una puta idea de lo que hablas! —reiteró el Slytherin.
Black alzó las cejas, hurgó en su zurrón, sacó de él unas orejeras que se acomodó, a modo de diadema…
—Te… ¡te expulsarán! —Advirtió Snape titubeante, dando indicios de pánico al intuir que Sirius iba enserio.
Black se echó a reír —Vamos Quejicus, ¡eres astuto! Sabes por qué recurro a la Mandrágora —manifestó Black irónico con una risa de medio lado. —…una muerte instantánea, limpia y sin huellas que me incriminen—aseguró con petulancia— Aunque no creo que alguien se tome la molestia de investigar, no hay a quién le importes, ¿Quién te llorará? —Preguntó eso último de manera despectiva. —...Tu y tus amigos deberían estar en Azkaban…
si no regresas lo que no te pertenece, al menos podré deshacerme de otro rarito fascista seguidor de Voldemort…. Hooo si Quejicus, la escuela entera sabe que le rindes culto a ese demente.
¿Black hablaba enserio? ¿Realmente estaba amenazándolo de muerte por una capa invisible?
—Por qué carajos crees que me interesaría robarles sus estúpidos artefactos. —Adujo en su defensa Snape.
—Por qué siempre te ha gustado meter tu grasosa nariz en nuestros asuntos…—Explicó resuelto apartándose de Snape unos pasos mientras se acomodaba las orejeras adecuadamente sobre los oídos—…y va siendo hora que alguien te ponga un alto. —Añadió con aire amenazante.
¿Lo haría?, ¿Realmente lo haría? Sirius era bromista, era impulsivo, era cruel, … pero no podía creer que fuera un asesino. Quizá estaba ejecutando su mejor performance para hacer confesar a Snape. Porqué por mucho que odiara al Slytherin, no podía concebir que fuera capaz de exponerlo al grito de una mandrágora adulta.
Vi que Black elevó la varita. Snape se retorcía como una lombriz intentando librarse del pico de un ave. "¡Habla, por el amor de Merlín Snape!, entrega la maldita capa" Pensé, Decidí que tenía que salir de mi escondite e intervenir…
"HAAAAGG"
Se escuchó un fuerte grito ahogado desde el umbral de la entrada—¡¿Qué está pasando aquí?! —Gritó con furia irrumpiendo en el invernadero el profesor Herbert Beery.
Pegué un salto del susto, Sirius bajó la varita y Snape continuó retorciéndose intentando librarse del abraso de aquél árbol leñoso color violeta.
—¡No es horario de Herbología muchachos! —Ladró el profesor de Herbología con alarma —¡Señor Snape deje de maltratar la Wisteria danzarina del colegio! —Reprendió —¿Saben cuántos puntos les descontaré por no llevar el equipo jardinero puesto dentro del invernadero?.
—Lo siento Profesor Beery, intentaba ilustrar al señor Severus acerca de los peligros de algunos cultivos del colegio. — Se Excusó Sirius con un guiño astuto.
—Es … men..mentira—Acusó Snape rojo tras los apretones de las lianas que se aferraban con mayor fuerza a su cuerpo.
—¡Ho por dios muchacho! —Exclamó exasperado el profesor. Agitó su varita y pronto la Wisteria se docilitó, liberando sus ramas y lianas de las extremidades del chico —¿No les he advertido sobre no jugar cerca de esta planta?
El Slytherin perdió el equilibrio y fue a apoyarse sobre sus rodillas para tragar bocanadas de aire.
—Severus suele ser un poco necio, profesor—Explicó el Gryffindor con cinismo.
—Black… black…—Comenzó a bramar Snape que recuperaba el aire, y apuntaba al otro muchacho— …intentaba matarme—Acusó el Slytherin.
—¡¿Qué?!— El profesor elevó ambas cejas en una expresión de sobresalto.
Sirius suspiró mostrando el blanco de los ojos. —…También es un poco exagerado.
—¡Estaba a nada de provocar que la mandrágora gritara! —Insistió el Slytherin fuera de si—¿Por qué creé que tiene orejeras?
—Profesor Beery….— Intervine saliendo detrás del armario con el equipamiento de jardinería enfundado y las herramientas en mis manos —…creo que se trata de una confusión— Hablé. Todos los rostros se giraron súbitamente y con contrariedad hacia mí. — Le he pedido a Sirius que me ayude a podar la mandrágora. —Mentí. Sabía que cualquier palabra que saliera de mi tendría más credibilidad que ninguna otra que dijeran ellos—estábamos a nada de comenzar a cortar unas hojas, cuando Snape llegó y quedó atrapado por la Wisteria.
—¡Mentira! —Rugió Snape con un destello de locura.
—Profesor tan sólo intentábamos podar una planta—Sirius encogió los hombros con inocencia apoyando mi argumento.
El profesor suspiró. —Hablaré con los jefes de sus casas. —Decretó. —Ustedes dos—Apuntó a los muchachos—Saben que no deben estar en los invernaderos sin mi permiso.
Lo que supe después de eso, es que mi testimonio ayudó a que Sirius no se enfrentara a un castigo más severo. Herbert Beery consideró que bastaría con ayudar a abonar las plantas del invernadero 3. Mientras que Snape, quién había dañado la Wisteria, se le sancionó con labores de fumigación. Pasó las siguientes semanas buscando y quitando a todos los gnomos de jardín que rondaran la zona de cultivos, labor que le costó varias mordeduras, arañazos y muchas horas a la luz del sol (Una tortura para un chico que parecía alérgico al aire fresco y a la luz del día).
No me causó mayor inconveniente tener un san Valentín sin un novio. De todas formas, dudaba que Sirius se interesara por acudir al convite anual en el castillo. Tenía entendido que nunca había asistido a esa fiesta por que le parecía demasiado ñoña y cursi. Pero sí que me había decepcionado saber que no iba a poder ir sin la compañía de mis amigas de Gryffindor.
Acudí de cualquier forma esa tarde al convivio. Esperaba que Marlene se presentara, aunque sabía de antemano que me estaba haciendo demasiadas esperanzas.
—Hola Mary—Me saludó Christy Abbott cuando me presenté.
Me alegré mucho al verla era de pronto como una promesa de encontrarme a Marlene.
—"Chris" —Exclamé.
La chica se acercó a mí en un gesto mas bien confidencial.
—¿Puedo hablar un segundo contigo? —Me pidió vacilante. Asenté el rostro.
Me alejó un tanto hacia dónde nadie pudiera oírnos, lejos del entorno del resto de las chicas de Hufflepuff.
—Oye…—Hablaba algo insegura —¿Sabes si Marlene está enfadada conmigo... o he dicho algo que no le ha gustado? —Me preguntó jugueteando torpemente con sus manos.
—¿Enojada contigo? —Exclamé. Apreté el entrecejo. —¿Por qué habría de enojarse contigo?
—Es que…—La hufflepuff se encogió de hombros—Ya no la veo… está tan ausente. Ya no me habla y... bueno pensé que hoy… —Negó el rostro. —en fin. Imaginé que quizá tu podrías saber algo.
—¿No tenías planes con ella? —Cuestioné contrariada.
Nuevamente sacudió la barbilla.
Bueno al parecer no era la única a quién matginaba McKinnon. También estaba distanciado a su pareja, lo que hizo cuestionarme con más urgencia en lo que Marlene y Lily se estaban metiendo.
Esa noche, cuando llegué al dormitorio y me encontré nuevamente sola y sin tener una idea de dónde podrían estar mis otras compañeras de habitación, comencé a reflexionar y plantearme razones por las que Marlene pudiera tener ese comportamiento tan frío y ese aspecto tan desmejorado, y por qué insistía por mantenerme a distancia. ¿Que podía ser tan malo?.
Si tan solo supiera a dónde va, quizá podría tener alguna pista. ¿Saldría del castillo? Dudaba mucho que Hagrid o cualquiera pudiera permitirlo; Además Marlene era rigurosa de las normas...
Entonces algo en mi cabeza se movió como un engrane oxidado, proyectando cual caleidoscopio una serie de recuerdos que comenzaron a tener cierto sentido sí las conectaba.
Recordé que James Potter alguna vez había sacado su espejo de doble fondo y había cuestionado a Sirius sobre Snape.
—¿A dónde se dirige? — Preguntó James. —¿Hacia la torre de dirección? ¿O al patio trasero de transformaciones?.
...
—Puedo adivinar que, por el camino que está tomando, se dirige al despacho de McGonagall.
Y me había llamado la atención, aunque sin esmerarme mucho en pensarlo detenidamente, que Sirius pudo saber la ubicación de Snape desde la tranquilidad de su dormitorio; Y con la misma naturalidad Remus había mencionado algo
—…pero sería mejor verificar en el mapa. Mirttle la llorona suele pasearse los sábados por ese lugar— Advirtió.
...
—¿Quién tiene el mapa del merodeador? —Preguntó James sin decantarse por la propuesta de Sirius.
Reí ante la reflexión. ¡De pronto era tan evidente!, "El mapa"… "¡El Mapa del Medoreador!".
Ese artefacto que los chicos tanto se habían empeñado en esconder y que siempre llevaban consigo a todos lados. El mismo que James fue capaz de recuperar a cambio de darme un puesto en el Equipo de Quidditch. Su mismo nombre lo decía, "el merodeador" por eso era tan valioso. Les permitía localizar pasadizos y a otros magos en el castillo ¿Qué más podría ser? Sólo así podían salir de madrugada a los terrenos del bosque prohibido y dar con la ubicación de Snape.
Un mapa con tales cualidades sumado a esa capa invisible, les podrían hacer prácticamente omnipotentes en el castillo. Ir a donde sea... y localizar a quien sea.
Miré la cabecera de mi cama sin dejar de pensar en ello, estaba decidida. Sabía que podía hacerlo, era arriesgado, pero necesario.
Conseguiría ese mapa.
