CAPITULO 35: UN SUCESO EXTRAÑO
El joven capitán queda estático ante la sorpresiva acción de Maya, no puede evitar sonrojar al sentir esos dulces labios sobre los suyos propios, percibiendo su suave respiración, teniendo ese inusual contacto con ella. Esta última reacciona, abriendo sus ojos para luego apartarse rápidamente, llena de pena. – M… Maya…
– Capitán, no… no sé qué fue lo que me ocurrió… yo... no sé qué decirle…
– Hablaremos de esto después. – Él entonces se sube a uno de los pods, preparándose para partir. – Durante mi ausencia, tú te quedarás a cargo.
– Capitán, quiero ir con usted.
– No puedes, te necesito aquí. Ustedes deben continuar con su rumbo, sin dar marcha atrás. Haré todo lo posible por volver lo más pronto posible.
– Está bien… – La musa sigue cabizbaja, un poco avergonzada por lo que hizo, mirando cómo su líder enciende el pod y sale de la nave, rumbo al planeta Rhodan.
Suena el teléfono. Una mujer de mediana estatura, cuyos cabellos verdes presentan dos mechones amarillos, atiende la llamada. – ¿Hola?... Sí, ella está aquí. Un momento por favor. – La mujer tapa el auricular con la mano y alza la voz. – ¿Emily? Tienes una llamada.
– ¿Uh? – La juvenil voz de Emie se escucha desde el piso superior – ¿Quién es, tía Grace?
– Es un tal Jacob.
– ¿Jacob? Umm… no conozco a ningún Jacob. De todos modos atenderé en mi cuarto.
– Muy bien. – La señora entocnes vuelve a hablar por teléfono. – Ya ella te atenderá, no cuelgues. – Dicho esto ella cuelga y se marcha a hacer sus quehaceres domésticos.
La pelirroja toma el auricular, muy molesta. – ¡Hayden, ya te dije que no volvieras a llamarme!
– Emily, sólo quería hablar contigo…
– ¿Hablar? ¿Después de todo lo que has hecho? No sólo me mentiste a mí, sino que ahora mientes a mi tía diciéndole que eres un tal Jacob.
– Es que si le hubiese dicho que era yo…
– ¿Y eso te da derecho a engañarla? ¡Te agradecería que no involucres a mi familia en esto!
– D… de acuerdo. Pero sólo quería decirte que…
– ¡No me digas nada! ¿Sabes qué? No pienso perder el tiempo contigo. ¡Así que adiós!
– Espera, no cuelgues, por favor. Sólo escúchame por esta vez…
– ¡No tengo nada que escucharte!
– Pero…
– ¡NO INSISTAS! ¡LO NUESTRO TERMINÓ! – Enseguida la joven cuelga el teléfono, con tanta fuerza que casi rompe el aparato, luego se tira en la cama y empieza a llorar de rabia y decepción. Al rato recibe otra llamada, así que ella atiende rápidamente, aún muy furiosa. – ¡HAYDEN! ¡ACABO DE DECIRTE QUE…!
– ¿Emily? Soy yo, Alfonso.
– ¿Alfonso? – Emily se sienta en la cama, bajando el tono de voz. – Perdóname, creí que eras él…
– Ese imbécil te llamó, ¿verdad?
– Sí… Ya no sé qué hacer. A pesar de haber tenido ciertas dudas con respecto a mis sentimientos, aún siento un… gran dolor dentro de mí… – A partir de allí, su voz empieza a sonar quebradiza. – Sinceramente… quisiera que… que… *sniff*
– Tranquilízate Emie. Espérame, iré para allá.
Andros llega a Rhodan, descendiendo de su navecilla, dirigiéndose rápidamente al palacio de Lord Mirfak. Una vez allí, se da cuenta de que el lugar está casi vacío, a excepción de algunos guardias y sirvientes. Él se acerca entonces a un soldado. – Ima nigok rolof Lord Mirfak (Estoy buscando a Lord Mirfak).
– Ruode raelsi tonere (Nuestro líder no se encuentra aquí).
– ¿Ere wiseh? (¿En dónde está?) – A decir esto el capitán Alpheratz toma al rhodano por su camisa, hablándole con mucha ira. Este último sólo queda callado, enfureciendo aún más al Saiyajin. – ¿Otawod yuti rofwa? ¡REWASNEM! (¿Qué estás esperando? ¡CONTESTA!).
– Etnewith merayot torfoc noru seneime (Él fe con la armada a enfrentarse a nuestros enemigos).
– ¿Detnah lerig? (¿Y la niña?).
– Esit witmeht (Está con ellos).
– No… ¡MALDICIÓN! – Esto frustra al joven, así que, ya desesperado, sube nuevamente a su pod, elevándose hasta abandonar la atmósfera del planeta.
Alguien toca la puerta y Grace abre. – Buenas tardes, Sra. Hopkins.
– ¡Hola Alfonso! Pasa, Emily está en su dormitorio.
– Muchas gracias. – Entonces el adolescente se dirige al piso superior. Como él es conocido por esa familia desde hace años, ellos le dan la suficiente confianza para ir hacia donde usualmente otro visitante no tiene acceso, por ejemplo, los dormitorios. Ahora él se encuentra frente a la puerta de la habitación, tocándola. – ¿Emie? Soy yo.
– Pasa… – El muchacho entra al lugar, encontrando a si amiga sentada en la cama, con los ojos rojos de tanto llorar. Él se acerca, sentándose a su lado para consolarla. – Oh Alfonso, me siento tan… tan…
– Por favor, Emily. Tranquilízate.
– Lo intentaré… Perdóname por haberte hecho venir.
– No hay cuidado. – Alfonso mira el reloj en la mesa de noche, el cual marca las 5:43pm, sólo 3 horas después de su charla en la heladería. Dado que se acerca la primavera el clima está agradable, casi no hay nieve y aún falta más o menos 1 hora para el anochecer, así que al chico se le ocurre una idea. – Oye, ¿quieres salir?
– Gracias, pero no tengo ganas de ir a ninguna parte.
– ¿Ni siquiera a la exposición de antigüedades?
– ¿Qué has dicho? – La pelirroja mira a su amigo con ojos llenos de expectativas, ya que a ella le gusta ese tipo de cosas. – ¿Exposición de antigüedades?
– Así es. La abrieron hoy en el museo. Entonces, ¿qué dices? ¿Quieres ir?
– Me encantaría.
– Entonces démonos prisa, pues el museo cierra a las 7:30pm.
– De acuerdo. – En esto, Emie se dirige al baño para lavarse la cara, luego se toma su bolso y un abrigo, y ambos amigos se marchan de allí.
Son más de las 7:00pm. Emily y su gran amigo caminan por los alrededores de la ciudad comentando acerca de lo que han visto en el museo.
Al mismo tiempo, unas cuadras más arriba, un camión se encuentra estacionado en la parte trasera de un supermercado, haciendo su descarga nocturna. Enseguida los encargados se ausentan un rato, ya que en ese momento están transmitiendo un partido de béisbol, dejando al vehículo solo. Ellos están muy confiados porque el automotor está en un sitio seguro, así que… ¿qué podría pasar?
Pasan los minutos, la son las 7:12pm. Todo está tranquilo en una angosta y poco transitada calle de Northern Capital, cuando… – ¡CUIDADO! – Alguien ha gritado, se escucha un ruido, y desde la parte más alta de la inclinada calle puede apreciarse una gran silueta cuadrada moviéndose a gran velocidad. Las personas se apartan de su camino con el fin de no ser lastimadas, aun así deciden quedarse en las aceras para ver qué sucede.
Uno de los transportistas sale a chequear el vehículo. Entonces… – ¿Eh? ¿Dónde estará? – Esto alarma al sujeto, quien grita a los demás. – ¡Muchachos, vengan rápido! ¡El camión no está!
Todos salen en ese instante, mirando por todos lados… ¿Habrá sido robado? Momentos más tarde, alguien exclama. – ¡POR TODOS LOS CIELOS! – Los trabajadores miran en la dirección señalada por su compañero, dándose cuenta de que, por alguna extraña razón, los frenos del vehículo han dejado de funcionar, permitiendo así que se desplace descontroladamente calle abajo.
Emily y Alfonso acaban de comprar un par de cafés moka, consumiéndolos mientras tienen una amena plática, cuando notan que la gente está agitada, observando luego al descontrolado camión, el cual se dirige directamente a ellos. Ambos quedan estáticos por un instante, hasta que el joven reacciona. – ¡CORRE! – Emie asiente, corriendo detrás de su amigo, pero por la prisa y la escarcha en el helado pavimento ella se resbala y cae, torciéndose el tobillo.
Alfonso da la vuelta, encarando a su amiga. – ¡Emily! ¡Date prisa!
– No puedo moverme… – Es cierto, su tobillo está algo hinchado, provocándole un gran dolor, el cual se hace más fuerte por la humedad y el frío, además de estar ella petrificada por el miedo. Sin vacilar, el latino se acerca a ella para apoyarla, peor el camión está tan cerca que prácticamente no da tiempo para su rescate. – Alfonso… ¡sálvate tú!
– No te dejaré, Emie. No permitiré que te lastimen. Tú eres mi mejor amiga y si te ocurre algo… no me lo perdonaré…
De forma súbita, ocurre algo increíble…
De las manos del adolescente surge una especie de espirales de aire, los cuales se disparan con asombrosa velocidad y fuerza hacia el automotor, elevándolo a una considerable altura, provocando que éste pase justo por encima de ellos, hasta llegar a una tienda cerrada, donde por suerte no había absolutamente nadie. Todo ocurrió tan rápido y las ráfagas de viento levantaron tanto polvo y escarcha que nadie sabe exactamente qué fue lo que ocurrió, excepto los dos amigos.
Emily logra sentarse, sorprendida, notando que la gente los observa: Ellos se han salvado de milagro. Luego, la joven dirige su mirada a su compañero. – Pero… ¿qué fue lo que pasó? ¿Alfonso, qué hiciste?
– No… no lo sé… – Él está mirando sus manos, simplemente en shock.
El pequeño pod avanza rápidamente a través del espacio sideral. En su interior, Andros trata de concentrarse en su tarea, pero por su mente cruza ese momento vivido una hora antes, ese beso que le robó su hermosa subordinada, esos cálidos labios que presionaban fuertemente contra los suyos, esa sensación de dulzura y pasión que recorría su cuerpo. ¿Por qué no pudo reaccionar, en vez de quedarse petrificado como una roca?
Él entonces trata de comunicarse con su nave, mientras la navecilla se dirige hacia un planeta que podría estar a punto de entrar en guerra: Zión.
Comentario de la autora:
Oooooooh! ¡Esperen esperen! Dos eventos imprevistos...
El primero (la razón de este capítulo) es eso extraño que hico Alfonso. ¿Qué habrá pasado? ¿Habrá sido realmente él?
Y lo otro: ¡Habrá una batalla en Zión!
Esto se one más emocionante. Sigan pendiente de mi fic (y espero ansiosa por sus reviews)
¡Saludos!
