De los diez perritos que construimos sólo tres quedan operativos. El número cuatro cayó ayer de la mesa y acabó decapitado, dejando el suelo lleno de tuercas y otras pequeñas piezas en el proceso. No fue un accidente, Beetee decidió sacrificar uno para ver si los otros aprendían por sí mismos que precipitarse más allá del borde significaba su destrucción. Al parecer, lo hicieron.
—Aún extraño a Amigo IV, me pregunto si podría repararlo —digo.
—Puedes intentarlo. Las piezas están donde ya sabes.
Nuestro laboratorio secreto aún no está terminado, pero con lo que ya tenemos podemos comenzar a investigar. Ahora mismo estamos trabajando en un cyborg con la anatomía de un perro para ser exactos. Quizá para el Capitolio no sea más que un juguete, pero le estamos dando otras funciones como obedecer órdenes sencillas, memorizar información o avisar al dueño en ciertas situaciones.
—Por cierto, Doka me envió estos documentos ayer —digo sacando los papeles doblados y arrugados de mi bolsillo—. Me dijo que si hacemos las articulaciones de las patas de esta manera, conseguiríamos un efecto muy realista y podría saltar bastante alto sin romperse pues la presión de la caída sería desviada y...
Me quedo en blanco.
Me ha estado pasando bastante estos días, Kernel dice que es el nerviosismo de la gira de la victoria. Es algo que no me apetece nada hacer, pero que no puedo evitar tampoco. Por un lado, tengo muchas ganas de conocer Panem pero por otro, enfrentarme a las familias de los chicos que murieron en los Juegos del hambre me parece cruel, tanto para ellos como para mí.
Beetee asiente, tomando los documentos con interés, sin hacer comentarios sobre mi pequeño lapso.
—Pensé que Doka se especializaba en anatomía humana. ¿Ha decidido retarse a sí misma?
—Sí. Dice que en la zona comercial suele haber un mendigo con un perro cojo y que le servirá de entrenamiento para una pata de perro biónica en la que...
Cuando sufro un lapso y estoy con Beetee a solas nunca intento continuar, la mayoría de las veces él sabe lo que quiero decir de antemano.
—Así que un perro esta vez... Bien en cualquier caso, que nos ayude sólo puede beneficiar a nuestro proyecto.
Uno de los perritos, Amigo IX comienza a ladrar, es aquel al que le incorporamos el sensor de olores. Beetee con la ayuda de mamá, logró programarlo de tal modo que traduce la información olfativa que detecta a formato archivo. Tuvieron que crear un lenguaje de programación desde cero sólo para eso, pues aún cuando la información olfativa de algo esté almacenada siempre hay sutiles diferencias. Al principio no detectaba gran cosa pero ahora mismo lo tenemos programado para encontrar coincidencias al 70% y parece que funciona mejor. Estaremos ajustando el porcentaje hasta que encontremos el idóneo.
Aunque ahora mismo... Sería difícil saber qué es lo que ha detectado. A veces ni siquiera nosotros lo sabemos.
—¿Crees que está malfuncionando otra vez? —pregunta Beetee.
Pero no me da tiempo a contestar, porque cuando las compuertas se abren y el perro se calla, entonces comprendemos todo.
Kernel observa nuestra creación sacudir la cola de derecha a izquierda, entre extraño y divertido.
—Espero que no muerda.
—Aún no, pero vamos a implementar cuchillas de titanio en algunos prototipos y ver qué tal va —dice Beetee, lo que me provoca un ataque de risa y a su vez hace que él comience a reír también.
—¿Saben? Cuando uno va a mentir la clave está en que nadie lo note. De todos modos, vengo a recordarles que Isaak estará aquí en una hora con Eridanus y las chicas y que en tres horas la villa de los vencedores estará inundada de periodistas. No se han olvidado... ¿Cierto?
No. No lo he olvidado por desgracia. Kernel debe sentir cómo el ambiente jovial se torna cargado. Respira hondo antes de continuar.
—No es tan malo como suena —prosigue—, tal vez cuando llegues al Distrito 11... O al Ocho. Pero no tienes de qué preocuparte, estaremos ahí para apoyarte.
En cuanto oigo eso, siento que un peso se me cae de encima.
—¿Vendrás con nosotros? ¿En serio?
—¡Claro! —contesta Kernel frunciendo el ceño—. ¿Qué te hizo pensar que no?
—Pensé que sólo el mentor del vencedor estaba obligado a...
—Nada nos obliga a asistir, pero nada nos lo impide tampoco —me corta él—. Doka también vendrá, ella vino cuando Beetee ganó así que es una tradición por así decirlo. Además si no voy mis fans van a estar muy decepcionados.
—Gr-gracias —murmuro.
—Puedes llevarte a una de nuestras creaciones también si quieres —dice Beetee—. Será interesante observar cómo reacciona ante esta nueva situación y ver lo que aprende.
Inmediatamente, tomo en brazos al número nueve, mi predilecto aunque no sabría decir por qué razón.
Tras ayudar a Beetee a poner orden tomo a Amigo IX en brazos y me encamino hacia la puerta. Kernel la abre a la vez que hace un gesto para apremiarme.
—Nos vemos más tarde —digo agitando la mano en dirección al que fue mi mentor.
Antes de responderme, él se frota la nuca.
—¿Seguro que estás bien? Puedes decirnos cómo te sientes, estamos aquí para ayudarte. Si estás mal lo entenderemos.
Se preocupan tanto por mí, por eso intento no darles demasiados quebraderos de cabeza.
—De momento lo estoy —digo—. Tal vez más adelante... No lo sé.
—Ya veo... Hasta luego, Wiress.
Mientras subimos las escaleras, Kernel me observa atentamente, haciéndome sentir como si supiera que tengo algo que esconder.
—Beetee tiene razón —dice al llegar arriba—. No te reprimas. No lo hagas preocuparse más de lo que está. Será lo mejor para todos a la larga. Así que déjame preguntarte una vez mas. ¿Seguro que estás bien?
—¿P-por qué están tan preocupados?
—Porque Beetee sabe tan bien como yo que la gira de la victoria es el primer peldaño de una escalera tenebrosa que conduce a la locura.
Y yo también lo sé, pero no he querido pensar mucho en ello. He dejado todo lo relacionado con la gira de la victoria aparcado en un rincón de mi cabeza y me he volcado en mis proyectos con Beetee. De seguro él se ha tenido que dar cuenta que estaba más dedicada de lo normal.
—He estado... Esta última semana he estado s-sufriendo...
Y ahí, mi capacidad de hablar decide bloquearse.
—¿Ansiedad?
Sacudo la cabeza.
—¿Insomnio?
Esta vez asiento. Por una parte, siento curiosidad por conocer otros lugares. Sitios del país que yo jamás podría haber visto en persona de no ser porque salí cosechada y gané los Juegos. Quiero ver las montañas del Distrito 7, las playas del Cuatro y las praderas del Diez... Pero sé que mi experiencia se va a ver ensombrecida por mis vivencias en la Arena. Sé que van a volver.
Kernel me sacude agitándome del brazo y evitando con ello quite vuelva a caer en otra de mis ensoñaciones macabras. Entonces me doy cuenta que acabamos de salir a la calle, pero ya no me sorprende. Es algo que me pasa de vez en cuando últimamente.
—De momento sólo vete a casa, relájate y espera a que Eridanus llegue. Yo también debo ir a arreglarme y a mí no va a ayudarme nadie —dice Kernel.
Lo observo extrañada, su traje con corbata azul marino, su cabello engominado hacia atrás, recién afeitado y oliendo levemente a loción. Elegante como siempre. Si esa es su definición de ir sin arreglar, no sé a qué se refiere entonces. Quizá hasta duerma vestido así.
—Pero... Tú ya pareces arreglado Kernel.
Él frunce el ceño ante mi comentario.
—¿Qué dices? Voy hecho un asco. Y como no me de prisa se me va a echar el tiempo encima.
Él se desvía hacia la izquierda y se mete en su casa. Para llegar a la mía, sólo tengo que cruzar la carretera, cuyos dos carriles están separados por una amplia acera en la cual hay bancos, árboles y parterres con flores.
Beetee vive enfrente de mi casa, y Doka a mi lado. Es un lugar bonito y tranquilo, tal vez porque está bastante vigilado, no puede entrar cualquiera aunque podemos traer visitas deben todas ser registradas a la entrada y la salida. Tenemos una jardinera y un conserje que se encargan del mantenimiento diario, han tenido la suerte de encontrar este trabajo que paga bien y no es demasiado pesado. Hoy sin embargo no están, pero hay un grupo de capitolinos que no he visto nunca cambiando cosas y redecorando la calle. Los ignoro mientras cruzo en dirección a mi casa, la cual es más grande de lo que nunca imaginé.
Tiene un jardín delantero con arbustos y un par de árboles, el tejado de un marron rojizo y fachada blanca. En la parte trasera hay otro jardín cubierto de césped con varios árboles, ese junto con la terraza acristalada del piso de arriba son mis lugares favoritos, ahí es donde Beetee y yo vamos a instalar el telescopio ni bien regresemos del Capitolio. Pero sigue siendo demasiado grande, aún no hemos utilizado ni la mitad de las habitaciones.
Encuentro a mamá como siempre trabajando. Cuando fui cosechada cayó en una depresión que hizo caer su rendimiento laboral y su jefe le bajó el sueldo. Ahora, no teniendo necesidad de seguir allí ha creado su propia compañía y hace sus propios programas.
Al entrar a su oficina, mira hacia atrás y me sonríe. Su humor ha estado inmejorable estos últimos meses la mayoría del tiempo.
—Tengo curiosidad por conocer a esos amigos tuyos, y sobre todo a Isaak, después de todo lo que me has contado sobre él.
—A ellos les cae bien todo el mundo...
—Unos cuantos capitolinos vinieron el día de la entrevista, es cierto que fueron muy amables, pero en general es un mundo tan diferente al nuestro... Tú has estado allí y ya lo conoces, papá también pero yo nunca he ido y probablemente nunca lo haga. Siento curiosidad.
—Y yo siento hacerles pasar por todas estas molestias...
Mamá se gira súbitamente en su silla con ruedas.
—Para mí lo importante es que has vuelto, lo demás, lo que sea, puedo soportarlo.
Sonríe, con una de esas sonrisas genuinas que últimamente están en su rostro a menudo. En cuanto a mí, estoy segura que va a ser duro, pero saber que los míos están bien lo hace todo un poco menos difícil.
—Alguien viene —digo cuando oigo el característico sonido del portal de la villa abriéndose—. ¡Debe ser Isaak!
Mientras bajo las escaleras, me sorprendo a mí misma pensando en cuánto lo he extrañado. Después de todo, en el Capitolio lo veía a diario y para no sentirme tan sola, el vínculo con los que me rodeaban se estrechó más rápido de lo normal.
Isaak se disponía a llamar a la puerta cuando yo la abro súbitamente. Su mano en movimiento, golpea el aire.
—¡Wiress, cielo! —exclama abriendo los brazos.
Me dejo abrazar por él, contenta por verlo de nuevo. A sus espaldas está mi equipo de preparación y Eridanus con Helia en brazos.
—¡Eh Isaak, no la acapares! ! Nosotras también queremos saludarla! —grita Dione cruzándose de brazos.
Entre ella y Marine lo apartan de un empujón. Tras centrar su atención en mi comienzan a chillar entusiasmadas mientras me abrazan y me preguntan tantas cosas por minuto que me resulta imposible entenderlas. Isaak me rescata de nuevo llevándome dentro de la casa. Antes de que puedan cerrar la puerta, veo en la otra parte de la calle a Kernel y Doka asomados a la ventana del salón de la casa de él riéndose a carcajadas.
Afortunadamente, una vez ascendió adentro, su atención se centra en otras cosas. Mamá viene a mi rescate y les ofrece enseñarles la casa y una taza de café. Ellas dicen que sí a ambas cosas, desaparecen rumbo al jardín trasero y yo por fin puedo relajarme.
—No podemos malgastar demasiado tiempo, pero por suerte tampoco nos llevará demasiado —dice Isaak.
—Me alegra tanto verte, Wiress —dice Eridanus—. He estado muy ocupado diseñando tus trajes, uno para cada distrito, y el mejor para el Capitolio por supuesto. ¿Qué te parece si comenzamos ya con los preparativos?
En el jardín, las chicas parecen haber conocido a papá, a juzgar por la efusividad con la que se presentan.
Sin decir nada, asiento. Cuanto antes comencemos, antes terminaremos.
—Iré a por ellas —dice Isaak tras suspirar.
La sesión de belleza se parece mucho a la que sufrí el día del desfile, aunque no por ello es más fácil. La cera sigue doliendo como el primer día, sino más.
—¡Pero alegra esa cara, Wiress! ¡Nos vamos de viaje, habrá fiestas cada día y conocemos a un montón de gente! ¿¡No estás emocionada!? —dice Dione.
La voz de Marine explicando sus planes para la gira hace que me sea imposible contestar. Así de fácil ha sido dejar de ser el centro de atención otra vez. Me resigno a la sesión de belleza, con las chicas bastante más entusiasmadas de lo normal, tras eso Eridanus saca el vestido, largo y gris cubierto con una tela semi transparente encima del mismo color, con joyería en tonos de rojo brillante.
—¿Te gusta? Está inspirado en el baño de sangre y en cómo saliste de ahí ilesa y con más provisiones de las que podías cargar. La niebla le dio a todo un toque muy siniestro, no podía dejar de rezar por ti.
Mi estilista me mira y sonríe, no es él mismo desde lo de Rossi. No le he preguntado qué pasó con ella, pero prefiero no saberlo.
—Me gusta —digo por quedar bien.
No digo que me parezca feo, pero no creo que aprenda a apreciar nunca la moda del Capitolio. Si no ha pasado ya, no creo que lo haga.
—Bien, porque los decoradores están en la casa y quiero que te vean bien guapa.
—¿Decoradores?
Otra vez. La semana pasada vinieron y cambiaron el color de la pared del salón sin consultarnos. Mamá no estaba contenta.
—Vinieron a hacer unos cuantos retoques de última hora, no te preocupes. No son muchos. Kernel me matará si se entera que he llenado tu casa de desconocidos. ¿Vamos afuera entonces? El programa comienza a las dos en punto. Quedan quince minutos.
Ellos saben bien que me estresa que haya desconocidos en la casa, aunque ahora que prácticamente el Capitolio posee nuestras vidas eso no siempre es posible.
—Tienes una familia adorable Wiress —dice Isaak, al ver que mi sesión de preparado está lista—. Y ese vestido va a encantar a todos, Eridanus ya me lo había enseñado. ¿Te imparta venir un momento conmigo? Tengo unas cuantas cosas de última hora que comentar contigo.
Lo sigo hasta la cocina, en la cual han colocado bandejas llenas de aperitivos. Han cambiado todo tanto que ni siquiera puedo reconocer mi propia cocina.
—Bien. ¿Cómo te sientes ahora mismo? Van a preguntarte muchas cosas, algunas de las cuales podrían ser algo indiscretas, así que es importante que vayas mentalizada y no te pongas nerviosa.
—Eso... Eso va a estar complicado.
—No será como en la entrevista, esta vez yo estaré a tu lado para echarte una mano. Si veo que te están poniendo en un aprieto, intervendré.
—G-gracias Isaak.
—¿Qué tal va el asunto del muto por cierto?
Mal. Ni siquiera he comenzado a pensar en una posible idea y queda poco, muy poco para los Juegos de este año.
—Bueno... La verdad... Yo... Um... Yo...
—No tienes nada... ¿Cierto?
Niego con la cabeza, haciéndolo suspirar.
—Sólo di que eso será revelado a su debido tiempo y que no vas a dar pistas tampoco por razones obvias. Eso los mantendrá expectantes.
—Lo siento...
En realidad, ni siquiera sé si seré capaz de hacerlo.
—Está bien, cielo. No tienes por qué ponerte a pensar en eso ahora, pero deberás hacerlo en algún momento. El presidente cuenta con ello —al oír gritos de entusiasmo afuera, Isaak se detiene para prestar atención—. Están llegando. ¿Lista?
—No.
Otro suspiro.
—No te olvides de sonreír, aunque lo te apetezca, entorna un poco los ojos para que parezca menos forzado. Bebe un poco de agua y ven afuera. Ya deben haber comenzado a filmar la calle.
Me da un pequeño abrazo antes de dejarme sola en la cocina. Yo lo sigo poco después, tras haberme tomado un momento para calmar mis nervios.
—¡Wiress, ven aquí rápido, ya va a empezar!
La directora del equipo de realización me hace señas con la mano. Desde su tableta puedo ver que el programa ha comenzado ya. Una presentadora de cabello fucsia y tatuajes faciales a juego explica con entusiasmo a quién pertenece cada una de las casas antes de aproximarse a la mía junto a los cámaras.
—Vayamos a otra parte —dice la directora—. ¡Adelante Wiress, Panem es tuyo!
Me quedo sola ante la puerta cuando desde el otro lado tocan el timbre como diez veces, siento mi mano temblar ligeramente cuando giro el pomo y la abro. Lo primero que noto, incluso antes del ser colorido que está ante mí, son los objetivos de las cámaras enfocándome.
Oigo a la presentadora dar un pequeño grito de entusiasmo mientras yo no puedo quitarles aún el ojo de encima a las cámaras.
—¡Aquí está su vencedora, Panem! ¡Aquí está por fin la ganadora de los cuadragésimo séptimos Juegos del Hambre, Wiress Redfern!
Sonrío, tal y como me mostró Isaak.
—¡Hola!
—Butterfly a tu servicio, aunque supongo que ya me conoces —canturrea con un marcado acento de la capital—. ¿Qué tal van los primeros meses del resto de tu vida? Ya vemos que le has dado un toque asombroso a tu nueva mansión. ¡Hasta estás al día en las nuevas tendencias! ¡Este cuadro de Lady Liss es una auténtica rareza, están agotadísimos en todos lados!
Todo se enfoca en la decoración que los capitolinos trajeron consigo y de la que yo no tengo ni idea, dejándome de lado. Tal vez sepan ya que no estoy en mi momento más elocuente.
—¿Hola? Wiress está aquí.
Me volteo súbitamente al oír la voz de papá. Me guiña un ojo y yo le sonrío. Tenerlo a mi lado me hace sentir más tranquila.
—Déjamelos a mí —susurra, y dirigiéndose a la presentadora agrega—. Así es, Wiress tiene muchas más facetas, una de ellas es la decoración de interiores. Me sorprende que no haya escogido eso como talento.
Los capitolinos no tardan ni dos segundos en fijarse en él.
—¡Doctor Redfern! ¡No puedo creerlo! —chilla Butterfly, dejando todo lo demás a un lado para centrarse en él—. ¡Se ha hablado tanto de usted estos meses!
—Lo sé, recibía visitas en la universidad día sí y día también. ¿No quieren seguir viendo la casa? Wiress ha hecho un trabajo excelente dejándola a punto.
—¿Y dónde está la señora Redfern? Todos nos morimos por verla de nuevo.
—Aquí estoy —desde la escalera, mamá sonríe a los capitolinos, que reaccionan escandalosamente a su presencia—. Bienvenidos a nuestro hogar. Pero no se queden en el pasillo, hemos preparado una pequeña merienda para ustedes.
Todos la siguen a la cocina, si antes ya había pasado a un segundo plano, ahora todos se han olvidado completamente de mí.
—¿Ves? Así de fácil ha sido —dice Isaak—. La comida los tendrá entretenidos un rato, vamos al salón, no creo que se entretengan demasiado con la casa.
Sólo Eridanus está en el salón. En sus brazos, Helia duerme.
—Es su hora de la siesta -—susurra—. Yo no tengo demasiada hambre y Cerise no se perdería la grabación por nada del mundo.
Otra vez, noto el cambio en su comportamiento desde aquellos primeros días en el Capitolio hasta ahora. Muy en el fondo sé que tiene que ver directamente con Rossi y lo que quiera que le pasase.
Mis padres han llevado al grupo de capitolinos al jardín de atrás. Podemos verlos y oír sus voces amortiguadas a través de la ventana del salón, el cual es tan amplio que tiene visitas tanto hacia la calle como hacia el lado opuesto.
—Estoy sorprendida... —murmuro, mientras observo la escena— mamá detesta este tipo de cosas.
Y ahora está ahí, dando conversación a Butterfly como si fuera una vieja amiga. Isaak va a hablar pero mi estilista le roba la palabra.
—Seguro que no le importa pasar por diez de estas por su hija —dice mientras acuna a la suya—. Tienes una familia encantadora, Wiress.
—Lo sé..
Tengo demasiada suerte...
El equipo de grabación no tarda demasiado en aburrirse del jardín y vuelven a la casa. Mamá pasa primero, seguida por papá.
—Y finamente... ¡Aquí tenemos el salón! —dice él.
—¡Y aquí es donde estaba escondida Wiress! —grita Butterfly con entusiasmo—. ¿No tienes hambre? Ya casi hemos arrasado con todo, que por cierto estaba delicioso.
Uno de los cámaras comenta la decoración con papá mientras que el otro me enfoca, el enorme micrófono a escasos centímetros de mi cara.
—No... No tengo.
—Wiress ha estado nerviosa todo el día. ¡No puede esperar a que la gira comience! —comenta Isaak.
—¡Es totalmente comprensible! Ver todos esos maravillosos lugares de nuestra geografía que de otro modo uno se tendría que conformar con soñarlo. ¡Es un gran privilegio! ¿Cómo han ido estos meses, Wiress? No podrás quejarte, vives en una casa maravillosa, jamás tendrás que preocuparte por falta de presupuesto para llevarla a la última, tienes unos vecinos de lujo y tus padres son unos excelentes cocineros, debes estar viviendo un sueño.
—Uh... —me quedo un momento en blanco—. S-sí, tengo una vida tan.
Butterfly parpadea, esperando el resto de la frase.
—Maravillosa que Wiress es incapaz de encontrar un adjetivo adecuado.
Gracias, Isaak.
—¡Por supuesto! ¡Todos estamos terriblemente envidiosos! —exclama la periodista de cabellos fucsia.
Helia decide despertarse de mal humor en ese momento. Comienza a llorar y en una fracción de segundo, todos están babeando.
—Íbamos a dejarla con los abuelos pero la extrañaríamos tanto separados estas dos semanas... —explica Eridanus pasándole la niña a su mamá.
—Crecen tan rápido... No queremos perdernos ni un segundo de esta experiencia —agrega Cerise.
—Wiress... ¿A quien crees que Helia se parece más? ¿A su mamá o a su papá?
—Pues... —balbuceo, miro a Eridanus, su cabello añil corto y ojos amarillos, llegó a Cerise y su melena ondulada de un tono rosa rojizo con mechas verdes, finalmente miro a Helia, de cabello castaño y ojos negros y no tengo ni idea de cómo contestar a eso—... Eh...
—Tiene la sonrisa de su mamá —dice Isaak y Eridanus concuerda con él—. ¿A que sí?
Asiento.
Gracias de nuevo, Isaak.
Butterfly no insiste mucho más conmigo. Quizá dándose cuenta que no va a sacarme nada demasiado interesante, su atención se fija en Amigo IX el cual quedó sobre la mesa.
—¿Y que es esto? ¿Lo has hecho tú, Wiress? ¿No será una maqueta para el muto que vas a diseñar para los Juegos del Hambre de este año? ¡No creas que nos hemos olvidado de eso!
El perro comienza a mover la cola por la atención recibida, haciendo que un corro de capitolinos se forme a su alrededor.
—Oh, no. No lo es —fue un error dejarlo a la vista, ahora debo darles una explicación—, es... Un regalo... para Helia. Lo hicimos Beetee y yo.
—¿No podrías hacerme uno a mí también? ¡Presiento que gracias a esto las mascotas robóticas van a convertirse en la siguiente gran cosa y por supuesto quiero una de Wiress en exclusiva! A poder ser firmada.
—¡Yo también quiero una para mis hijos! —dijo uno de los cámaras—. También firmada.
—Bueno, parece que estamos asistiendo al inicio de una tendencia. Ya han visto que a Wiress le va a ir fenomenal después de haberlo pasado tan mal en esa Arena, y sospecho que los encargos de perritos van a multiplicarse en los próximos días. No se pierdan el momento de la partida en una hora. Butterfly desde el Distrito 3, informando sobre la inauguración de la gira de la victoria de Wiress Redfern.
Cuando los cámaras avisan que ya no están en el aire, ella da un suspiro dejándose caer al sofá. Se ve tan aliviada como yo al saber que mi cara ya no está en todos los televisores del país.
—Disculpen mi falta de profesionalidad —dice, poniendo un brazo frente a su cara—. Tuve que madrugar hoy y normalmente no lo hago, necesito al menos un par de cafés más. ¿No tendrán nada por ahí?
—El doctor Redfern le hará un café ahora mismo —bromea mamá.
—Y pueden estar seguros que si es el doctor Redfern quien lo hace va a ser un café de los buenos —contesta él yendo a la cocina.
—Wiress, ¿Tienes lista la maleta? —pregunta Isaak—. Tal vez sea mejor que la bajes, no vamos a tardar mucho en irnos.
—De acuerdo —respondo antes de salir del salón rumbo a las escaleras.
Mi habitación es inmensamente grande. O tal vez a mi me lo parece. Me recuerda a la que tenía en el Capitolio antes de ir a la Arena. Tiene incluso cuarto de baño propio y bañera de hidromasaje, los cristales de las ventanas también pueden convertirse en pantallas, y se pueden oscurecer para que no entre el sol con sólo presionar un botón.
Los capitolinos no parecen haber entrado aquí, y la verdad lo prefiero así, aunque me extraña que no hayan sentido la curiosidad de entrar a los dormitorios a husmear.
No he tenido demasiado tiempo para decorarla, nada más que una estantería con libros y otras cosas que papá trae de sus visitas al Capitolio. Me gustaría personalizarla más, Canaima me dejó algunas de sus pertenencias, aunque no sé si estoy preparada para tenerlas a la vista. Muy posiblemente no.
Antes de volver abajo, me aseguro que no falta nada. No llevo mucha ropa, porque Eridanus me aseguró por teléfono que le dejara eso a él.
Sí que puse dentro mis libros favoritos sobre astronomía y una tableta con documentos sobre biotecnología que debo estudiar para comenzar a planear el muto que debo construir.
Mi talento secreto y el oficial, aunque me obliguen a ejercer uno nunca me podrán quitar el otro.
Una fila de limousinas nos espera en la entrada de la villa de los vencedores para llevarnos a la estación. Somos un equipo bastante grande, mis padres y yo, los cámaras y Butterfly, los otros vencedores y mi equipo de preparación. El lujo de los vehículos contrasta con lo sórdido del distrito.
Al llegar a nuestro destino diviso una gran multitud.
—¿T-todas estas personas han venido a despedirme? —digo sin poder creerlo aún.
Recuerdo que a mi vuelta prácticamente todo el mundo estaba ahí, lo cual me resultó duro de creer al principio, aunque luego entendí la esperanza con la que se vive que alguien de casa vuelva con vida.
Ahora sin embargo es distinto. La gira de la victoria no es bien recibida aquí. A menudo, los vencedores que traen son profesionales y relacionados de algún modo u otro con la muerte de nuestros chicos. Todo es distinto cuando el vencedor es un chico cosechado no profesional. Todos entienden que no tuvo opción, que era él o ellos y que ellos no están celebrando su victoria y restregando por la cara a los demás que sus seres queridos no ganaron porque quieren. Y una forma de protestar a eso es no asistir a la partida el día de la inauguración. Me gustaría saber cuántos tributos accedían a hacer esto si tuvieran elección.
—Han modificado la fecha del día de reparto a hoy. Es algo que se lleva varios años haciendo, incentiva la asistencia. Últimamente está en declive.
—Ya veo —murmuro.
Otro truco para aparentar que todo va bien. A estas alturas hasta me extraña no haber atado cabos antes. Al menos me iré pensando que todas esas familias tendrán una pequeña ayuda gracias a mí, al menos hasta la siguiente cosecha.
El tren en el que nos iremos con destino al Distrito 12 está ya ahí cuando entramos a la concurrida estación. No puedo evitar rememorar las sensaciones del día en que me fui, los nervios, la losa en el estómago, la idea de que ya estaba condenada. Papá viene a mi lado y pone su mano en mi hombro en señal de apoyo, me sonríe haciendo que me calme un poco. Junto a él está mi madre, con la mirada perdida y una lágrima bajando por su rostro.
—Los extrañaré —digo—, pero al menos esta vez... Al menos esta vez...
—Sabes que vas a volver —termina de decir papá.
—Llamaré todos los días para contarles lo que he visto, lo prometo.
Cuando el tren por fin se va, yo no puedo dejar de mirar el andén. Penny ha venido a verme, no nos hemos visto mucho desde mi regreso pero me alegra ver que ha venido. Ya es casi de noche y los edificios y las calles están iluminados. Hoy, por supuesto, es uno de esos días en los que no escatiman en gastos.
En el solitario pasillo mientras miro el paisaje transformarse de núcleo urbano a fábricas y luego a campos vacíos, veo a Beetee entrar y detenerse a mi lado, donde comienza a observar el paisaje también.
La escena me suena, ya ha pasado antes. Él me lo dijo la otra vez.
Sonrío, sintiéndome mejor en su compañía. El distrito de Lycoris no es un lugar en el que me entusiasme estar, pero será menos duro estando junto a mis compañeros vencedores.
Sé que lo será.
¡Hola otra vez!
Me apetecía comenzar a escribir sobre la gira de la victoria de Wiress. Lo cierto es que mientras escribía el fic comenzaba a pensar cómo sería su vida de vencedora, cómo sería su gira, cómo sería su primer año de mentora y así. No creo que lo narre todo pero al menos un poquito. Sólo como complemento al fic.
Como ven, Wiress no lo lleva tan mal. Los vencedores del Distrito 3 están muy unidos y la están ayudando mucho. Su familia también ayuda. En el canon, Wiress y Beetee se veían muy unidos, como si tuvieran un vínculo especial. Me gusta pensar que uno ayudaba con su talento oculto al otro. Wiress con la astronomía y Beetee con sus inventos, mientras que su talento oficial lo hacían por separado.
El Capitolio ya está al corriente de sus problemas y le ha dado un respiro porque a ellos también les conviene que no se muestre mucho por cámara.
Tengo pensado hacer tres capítulos, uno con parte de la gira y otro con la fiesta en el Capitolio y vuelta al distrito mostrando un poco del proceso de Wiress diseñando al muto que irá en los 48º Juegos del Hambre. No voy a detallar todas las visitas, aún no sé cuales haré en profundidad, el D12 y el D11 deben estar, también el D1, D4 y D5. De las demás mencionaré alguna cosa, porque hay mucha gente que aparece en sus pesadillas, Custo, los del 7 etc. Aún no sé cómo lo haré.
Estoy trabajando ahora mismo en el próximo capítulo de Beetee. Me está costando más porque no sabía qué dirección tomar. Sé cómo hacerlo más adelante, pero ese tiempo de entrenamiento está resultando dejarme en blanco.
¡Saludos y gracias por seguir a Wiress!
