Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojos de Inuyasha Ahaaa v_v… aclarado esto aquí vamos

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Hiding

Por Mimi chan

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Capítulo 33

Perder para ganar. Era lamentablemente una práctica que ella había aprendido bien, renunciar para lograr algo mejor. Lo había logrado antes, había dolido la mayor parte de aquellas veces pero siempre había funcionado bien para ella. Y trataba de convencerse a sí misma de que esta vez sería igual

Renunciar al amor de Inuyasha por el de Sesshomaru. Su mente, y su propia paz espiritual le decía que hacía lo correcto, pero si, como antes esto estaba resultando muy duro… incluso cruel.

Sobre todo para Inuyasha.

En todo un mes que había estado saliendo con Sesshomaru no había encontrado el valor para hablarlo con Inuyasha. No sabía cómo explicarle que estaba saliendo con su medio hermano y que esto solo era una casualidad. Pero cuando salieron juntos en el primer periódico de sociales había sido imposible seguir postergando la plática.

Era el último día que Inuyasha se quedaría en su casa. Solo comería por última vez con su hijo, tomaría las pocas cosas que había llevado a su casa y regresaría a su apartamento.

Ese día en el desayuno todo parecía perfectamente normal, Inuoe tomaba complacido sus cereales favoritos mientras ella apuraba un café, llegaba tarde al trabajo. Inuyasha leía el periódico, las notas policiacas para saber al menos de un modo u otro lo que estaba pasando en las calles. Toparse con las noticias sociales había sido casi una mala casualidad.

La volteó a ver con una mirada pesada y ella se sintió intrigada. Enrolló el periódico con excesiva violencia poniéndolo bajo su axila y se levantó para ir a la habitación de invitados.

— ¿Inuyasha…? - Seguirlo fue inevitable. Él se había levantado con tanta prisa que temió que hubiera visto algo en el periódico que lo pusiera en alerta, quizá algo que tuviera que ver con la pandilla en la que había estado.

— Esto es cruel Kagome – dijo mientras metía sus cosas en su maleta – de todas las personas en el mundo.

— ¿De qué hablas? – dijo cada vez más confundida.

— De ti y Sesshomaru.

Kagome quedo fría, ella nunca había mencionado el nombre de la persona con la que salía. Sabía que Inuyasha sabía de la existencia de su medio hermano, aunque nunca se hubieran tratado.

— Si estabas intentando buscar mí reemplazo…

— Dios, Inuyasha explícame, no te entiendo

— Solo que sales con un hombre que, de no ser por la edad, sería una copia mía.

Desplegó el periódico y lo dejó caer sobre la cama. Allí estaban Sesshomaru y ella, riendo y compartiendo una copa en la última fiesta en la que habían estado. Si, se parecían demasiado y una parte de ella misma, que se negaba a levantar la voz le estaba dando la razón, el principal atractivo de Sesshomaru eran sus ojos dorados y su largo cabello plateado, igual al de Inuyasha.

— Puede que por fuera sean parecidos – dijo sin perder la calma, había practicado esa conversación en su mente un montón de veces, en la mayoría mantenerse entera era la mejor opción – pero te lo aseguro por dentro son muy diferentes, estoy segura de que él nunca me lastimaría como tú.

— ¡Maldición Kagome! – dijo a punto de explotar - no trates de defenderte con esto.

— No lo hago – respondió – Inuyasha, tú sabes que… nosotros no volveremos a estar juntos y… te aseguro que no he escogido a Sesshomaru a propósito, nos conocimos en una fiesta y empezamos a salir, solo…

Inuyasha no se quedó a escucharla como pudo se colgó su maleta y salió de la casa sin despedirse de nadie. Solo unos segundos después, Inuoe entró a la habitación donde ella se había quedado con una carita triste.

— ¿Ya se fue papá? – preguntó con timidez acercándose a su madre.

— Si mi amor, ya se fue. – dijo sentándose en la cama y trayendo a su hijo cerca.

— Pero, se iba a quedar a comer. – dijo el niño aún con un hilo de voz.

— Él… ya sabes que papá tiene mucho trabajo – Le dio la misma excusa trillada que daban la mayoría de las madres, esperando que su hijo la creyera - y ya ha descansado mucho, seguro tiene mucho que hacer.

— Pero no dijo adiós.

Kagome abrazó a su hijo que gimoteó un poco en su pecho y casi quiso llorar con él. Si, Inuyasha no había dicho adiós, sabía lo que su hijo sentía y solo esperaba que no fuera como la última vez que había sentido lo mismo.

Eso había pasado hacía poco más de dos semanas. Desde aquel momento no había vuelto a cruzar palabra con Inuyasha. El único consuelo que tenía era que no había dejado a Inuoe de lado, iba por lo menos cada tercer día y lo llevaba a algún lugar, a jugar beisbol o a comer un helado. Inuoe lo pasaba muy bien, siempre regresaba y le contaba cualquier cosa que Inuyasha le dijera, la mayor parte de las veces cosas de su trabajo.

Era muy probable que su hijo también le contara que pasaba con su joven vida a su padre, como por ejemplo cómo había conocido al actual novio de su madre.

Sesshomaru había sido fantástico con Inuoe, cualquier duda de que Sesshomaru no aceptara a su hijo o viceversa había sido fácilmente eliminada.

Sesshomaru había estado casado antes, por lo que le había contado con una hermosa japonesa que había conocido en la universidad llamada Rin Terada. Apenas se habían conocido había sido un flechazo y aún estudiando se habían casado. Habían sido muy felices, pero Rin había desarrollado una extraña enfermedad de la sangre que la había matado en cuestión de un año. De aquello habían pasado ya 5 años y, aunque Sesshomaru había superado ya su pérdida, estaba segura de que la había amado muchísimo, solo por la forma que tenía de hablar de ella como si fuera un ser casi antinatural, tan llena de virtudes y gracia que… bueno una mujer casi podía sentir celos de la forma en la que él hablaba de ella.

No habían tenido hijos, habían pensado que tendrían todo el tiempo del mundo, así que cuando Sesshomaru conoció a su hijo, podría decirse que lo adopto casi como suyo.

El día que salieron todos juntos por primera vez, habían llenado una bolsa con todas las golosinas que pudieron encontrar y fueron juntos al carrusel de Central Park, dieron tantas vueltas que parte de las golosinas quedo en las baldosas del parque, pero a ninguno de los dos pareció importarles mucho. Después de aquel día Inuoe había dado su aprobación para el noviazgo, siempre que Sesshomaru se comprometiera a llevarlo a más paseos como ese.

Después de eso, todo lo demás había sido simple. Una vez que su hijo había estado de acuerdo se había sentido con libertad de contarle a todo mundo de su noviazgo. Sango había estado reservada con respecto a su noviazgo con Sesshomaru, después de todo ella sabía lo mismo que ella misma: estaba aún enamorada de Inuyasha y le parecía hasta cierto punto incorrecto usar a Sesshomaru para olvidarlo. Había tratado de convencerla – y quizá de paso a ella misma – de que no estaba de ningún modo usando a Sesshomaru, que sinceramente estaba intentado enamorarse de él, que quería darse una oportunidad de amar de nuevo. Pero Sango creía en eso tanto como ella misma.

Lejos de su mejor amiga todo mundo estaba encantado con su relación. Miroku no dejaba de alabar su habilidad para atrapar a uno de los solteros más cotizados de la ciudad. Sesshomaru era sin duda el tipo de hombre que cualquier mujer soñaría, era tan guapo que nadie podía creer que solo fuera un corredor de bolsa. Cada vez que entraba en la agencia, las empresas que estaban allí para hacer contratos casi se peleaban por él hasta que sabían que no era un modelo. Todo mundo estaba o feliz o francamente celoso de ella, "guapo y forrado" no dejaba de decirle Jenny su secretaria, que más podía pedir una mujer – Sesshomaru tenía acciones en la bolsa y ganaba como él mismo lo había llamado "dinero de verdad" – Había fotografías de los dos en muchos eventos sociales y en cosa de un mes se habían convertido en una de las parejas más sonadas de la cuidad.

Había sido todo lo demás tan sencillo, que la verdad fuera dicha, se había sentido sorprendida cuando aquello había pasado.

La temporada de invierno llegaba y así como se cambiaba de modas en la ropa, se cambian las tendencias de las modelos. Las pasarelas estaban mucho más interesadas en invierno por pieles níveas y cabello rojo o rubio que por latinas de piel morena o asiáticas de pelo negro. Una diseñadora había ido el día anterior especialmente para pedirle el contrato de 5 modelos nuevos con esas características específicas. Así que eso significaba hacer entrevistas, revisar portafolios, pedir referencias, comprobarlas y hacer contratos. En síntesis mucho, mucho trabajo.

Cuando aquella bellísima mujer de cabello tan negro como el carbón, una piel límpida y perfectamente blanca, entró en su oficina con su postura de reina de belleza en su corto y elegante vestido rojo y se sentó frente a ella, Kagome solo pensó "es demasiado sofisticada para ser modelo". Las modelos, aunque la mayor parte de la gente pensara lo contrario, por lo regular eran chicas comunes y corrientes, muchas de ellas llegaban incluso en jeans y sudaderas a las entrevistas, la mayoría de ellas lo que poseían era evidentemente, un cuerpo bien esculpido y alguna característica prominente: los labios, los ojos, el cabello, algo que un excelente estilista pudiera usar para hacerlo exótico e inconfundible. Pero esta mujer vestía, casi podía estar segura, un Dior que había visto en la primavera de París de ese año, dejó una cartera con la CD inconfundible sobre la mesa de café frente a ellas.

— Muy buenos días – dijo Kagome con la misma educación que usaría con cualquiera de las modelos, aunque sabía que esta no era una — ¿Cuál es su nombre?

— Nara Kagura – dijo ella acomodándose en el sillón cómodo y grande que estaba en la salita donde hacía las entrevistas.

— ¿Tienes alguna experiencia? – empezó con las preguntas de rutina, aún confundida pero esperando.

— ¿Como modelo? – preguntó despectivamente – ¡Por Dios! ninguna, mi padre me mataría si se me ocurriera dedicarme a algo como eso.

Kagome soltó los papeles que sostenía donde había estado tomando notas. Era evidente ahora que esa mujer no era modelo y entonces, ¿Quién era?

— Srita. Nara en este momento estoy haciendo entrevistas para algunas modelos, supongo que mi secretaria pudo confundirla con una – le explicó ahora que por lo menos sabía que no era una modelo — si necesita hacer algún contrato para…

— Tu secretaria no se confundió – la interrumpió la bella mujer — le dije que venía a una de esas entrevistas para poder tomarte con la guardia baja.

— ¿Disculpe?

— Vengo aquí a hablar de Sesshomaru – dijo la mujer con una deliciosa sonrisa.

Con sinceridad Kagome estaba a cada minuto más y más confundida y aquella mujer no ayudaba. Esta se había dado tiempo de sacar un pequeño espejo en un estuche de plata y revisar su perfecto maquillaje.

— Hable – dijo de forma directa Kagome.

— Me alegra que tomes esa actitud – dijo la mujer guardando su espejo – solo al verte sé que los rodeos no van contigo. Tengo el ojo puesto en Sesshomaru desde hace un año. Cuando quedo viudo muchas mujeres hacían fila para remplazar a su esposa, pero no se fijo en ninguna, supongo que su matrimonio debía de funcionar.

— Se amaban – le aclaró la joven castaña.

— Si, eso es completamente extraño – dijo como si le resultara o demasiado sorprendente o divertido – y entonces, apareces de la nada y acaparas toda su atención, las revistas de corazón ya te ven vestida de blanco incluso.

— Srita. Nara, cada vez la entiendo menos.

— Me encanta Sesshomaru.

La forma en la que lo había dicho, bien, le había hecho pensar que hablaba de un hermoso caballo, de un perro o un vestido.

— Y ¿eso qué significa? – preguntó con franqueza — ¿Qué me debo quitar de en medio o algo por el estilo?

— Oh eso me encantaría – dijo divertida aquella mujer — pero solo quería verte para decirte eso, que me encanta y las cosas que me gustan de uno u otro modo las consigo.

Kagome estaba haciendo de verdad un esfuerzo enorme por no echarse a reír, se preguntó de inmediato si había sido la clase de niña que quería un poni y sus padres corrían a comprárselo.

— Pues, solo puedo decirle una cosa Srita. Nara – dijo Kagome casi con una voz cándida – peleé por él si lo quiere, pero tengo que decirle que no creo que Sesshomaru sea del tipo que solo se consigue extendiendo la mano y esperando que caiga dentro de ella.

— Pues ya lo conseguí sabes, nosotros ya tuvimos una aventura – dijo con una amplia sonrisa, Kagome olió la mentira enseguida — algo apasionado y muy muy… tú sabes.

— Pues – Kagome suspiró — espero que haya sido divertido para los dos.

— ¿No te importa? – dijo la mujer sin abandonar.

— No se me ocurriría que Sesshomaru hubiera sido un monje desde que su esposa murió – le dijo como respuesta.

— Pero – agregó aquella mujer — fue cuando él aún estaba casado.

Kagome la miró casi sin poderse aguantar la risa, la mera idea de que Sesshomaru le hubiera sido infiel a su esposa, era irrisoria. Cada vez que había hablado de ella había habido tanta pasión y tanto amor en su voz, que si lo quisiera de la forma en la que deseaba quererlo se sentiría incluso celosa. O por otro lado, la idea que esa mujer le estaba insinuando, que si ella se casaba con Sesshomaru le sería infiel. No ninguna de las opciones le provocaba más que ganas de reír

— Srita. Nara… usted no tiene ninguna ganancia al decirme todo esto, no confiaré más o menos en Sesshomaru por las cosas que me está diciendo – le aclaró, porque estaba segura que eso es lo que estaba buscado — podrían ser mentira o verdad, pero lo cierto es que no me importa – se puso de pie — ahora bien, tengo mucho trabajo por hacer y…

— Se encontró una lista para variar – dijo la mujer poniéndose de pie junto a Kagome con una luminosa sonrisa, la verdad es que no podía ver cómo se sentía al no resultar las cosas como las había planeado – que tenga bien día.

— Igualmente.

La elegante mujer salió de su oficina dejando un profundo aroma de cannel. En todo lo que ella podía pensar era en que eso había sido sin duda… poco cotidiano.

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— Así que ¿A ti también te ha ido a ver? – dijo el hombre con lo que no podía ser más que diversión.

Kagome detuvo su bocado a medio camino y miró a Sesshomaru con curiosidad. Aquella misma tarde cuando había terminado la mayoría de las entrevistas había aparecido en su oficina y prácticamente la había obligado a ir a comer con él, eran las 4 de la tarde y la verdad es que solo tenía café en el estómago.

— Oh – dijo casi con diversión, la mujer que la había visitado esa mañana no había salido de su cabeza, no estaba molesta o contrariada, solo moría de curiosidad — tienes que contarme que hay con ella.

— Bueno — Vio a Sesshomaru tomar un largo trago de vino como si estuviera ordenando sus ideas y finalmente le dijo — Kagura era amiga de mi esposa, todavía no entiendo cómo, porque eran completamente diferentes, en fin, Kagura siempre quiso tener algo que ver conmigo pero estaba tan enamorado de Rin que de verdad no tenía ojos para nadie más, Kagura evidentemente nunca lo entendió.

— Sabes que me dijo – dijo ella con menos diversión que había sentido con aquella mujer, porque no sabía cómo es que lo tomaría él – que habías tenido una aventura con ella, cuando habías estado casado.

— Ella lo deseo – dijo enseguida con una sonrisa — me lo propuso un millón de veces pero no, nunca paso.

— ¿Ni siquiera después de que tu esposa muriera? – preguntó la joven castaña con cautela.

— No – dijo con tranquilidad – Kagura es… bueno no es mi tipo en realidad. Quiero una compañera, no un bebé.

Kagome no pudo retener su risa ante el comentario de Sesshomaru, tan alto que llamó la atención de las demás personas a su alrededor, poco a poco pudo controlarse, apenada, solo para ver que Sesshomaru era quien estaba riendo aún más alto que ella.

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Por algunas semanas Sesshomaru y Kagome tuvieron la insidiosa presencia de Kagura Nara sobre ellos. Tal pareciera que los siguiera, porque se la topaban en los lugares más extraños. Ahora bien ella también era una persona importante en la sociedad de Nueva York y podía ser solo coincidencia. Pero el instinto de Kagome decía otra cosa, aquella mujer los estaba siguiendo, o por lo menos a ella, pero cómo no había vuelto a abordarla o no había hecho nada para dañarla la había tachado como inofensiva y le preocupaba, porque cada vez que había catalogado a alguien como inofensivo, la mitad de las veces era todo lo contrario.

Y esta mujer había sido de las de ese tipo.

Después de casi un mes desde que la había abordado en su oficina, ella y Sesshomaru habían sido invitados a una exposición fotográfica. Era un evento abierto, todas las personas que así lo desearan podían asistir, así que había un poco de todo, desde personas en trajes elegantes hasta gente con ropa de lo más casual y uno que otro turista. A ella personalmente la fotografía le encantaba y las tomas de este fotógrafo eran muy buenas, había una fotografía fantástica de la cuidad al atardecer a punto de una tormenta, con nubes rosadas y naranjas y el rio reflejando al cielo anegado de un brillo del último sol que sabía se vería fantástico en su oficina.

Se separó solo un segundo de Sesshomaru para buscar al artista y preguntar por el costo de la fotografía, cuando volvió allí estaba Kagura Nara a un lado de Sesshomaru con una expresión mortalmente sería como si le dijera a Sesshomaru algo muy importante, en ese momento el hombre la volteó a ver con esa mirada.

De una forma que solo una persona en toda su vida la había mirado y era la única persona que ella consideraba que tenía derecho de mirarla de esa manera.

Con la frente en alto se acercó a Sesshomaru y Kagura que la dejaron llegar a su lado.

— Buenas noches Srita. Nara – saludó Kagome con educación a la hermosa mujer de vestido negro.

— Muy buenas noches a ti también Kagome – dijo colgada del brazo de Sesshomaru – Llegas justo a tiempo, estaba hablando con Sesshomaru de los chismes que corren por allí, a lo gossip girl.

— Quizá no sea de ayuda en ese campo – dijo con más seriedad de la que habría sido elegante responder en un sitio así – no soy una persona que le gusten los chismes que se dicen de los demás.

— Oh pero si no lo haces como te enteras de cómo son en realidad las demás personas. – le respondió la otra mujer con una sonrisa que intentaba ser cómplice. Evidentemente Kagome no respondió a esa sonrisa.

— No creo que los chismes ayuden en eso, al contrario, creo que sería en realidad todo lo contrario – dijo la joven castaña sin duda en su voz.

— Entonces lo que se dice de ti seguro es de ese tipo ¿O no?

Kagome guardo silencio, un par de amigos de Sesshomaru que habían ido con ellos a la exposición pusieron enseguida atención a lo que decía Kagura. Los odio a todos ellos por eso, odiaba en si a todas las personas que destruían la vida de los demás solo por la momentánea diversión de un chisme, como pudieron haberla destruido a ella, como habían hecho con Sango.

— Y ¿Qué es lo que se ha escuchado de mí? – preguntó con decisión, no le daría la satisfacción a nadie de decir mentiras sobre ella.

— Cosas horribles en realidad – dijo con falsa preocupación – quizá, no debería decírtelo, podría no caerte muy bien.

— Por favor, dímelo.

— Pues – dijo dirigiéndose más a Sesshomaru que a ella en realidad – escuche por allí que fuiste amante de Cole Jordan, que hiciste todo lo posible por acostarte con él para que te sacara de Japón porque tenías una situación muy delicada, embarazada y soltera. Pero eso claramente es una tontería, siendo una chica tan joven y ser madre. Se lo decía antes a Sesshomaru eso es una locura.

Entonces por eso Sesshomaru la había mirado así, porque sabía que de hecho ella si tenía un hijo y quizá incluso había creído lo que esa mujer había insinuado.

— Ves Kagome, te dije que debíamos casarnos pero nunca me hiciste caso.

Kagome sintió la copa de vino temblando en su mano, volteó a ver a la persona que había hablado a su espalda. Inuyasha.

— Hola – dijo yendo a ella y saludándola con un beso en la mejilla, un gesto casual y tranquilo, que después de sus semanas de mutismo era desconcertante y al mismo tiempo bienvenido.

— Hola – respondió ella con media voz.

La mujer del brazo de Sesshomaru miró al recién llegado quizá calificándolo por sus jeans negros y chaqueta de cuero negro o preguntándose por que se parecía tanto a Sesshomaru.

— Inuyasha. – saludó Sesshomaru con seriedad.

— Sesshomaru, que gusto conocerte finalmente.

— ¿Conocerse? – preguntó con curiosidad Kagura aún sin soltar al hombre a su lado.

— Sesshomaru y yo somos hermanos – respondió Inuyasha, tomando una copa de un mesero que pasó cerca de ellos, aún a un lado de Kagome como en guardia – bien, medio hermanos, solo que yo he vivido toda mi vida en Japón y él en Estados Unidos, hasta el día de hoy no nos habíamos visto en persona nunca.

— Yo te conocí cuando eras un niño – dijo Sesshomaru sin perder la calma a pesar del muy extraño encuentro – tenía algunos problemas en mi ingreso en la universidad y tuve que ir a ver a mi padre. Además escuche mucho de ti por el caso Yehon

— Vaya entonces ya nos conocíamos – dijo apurando el vino blanco y frio en la copa – ha sido innecesario venir entonces, solo sentía curiosidad por conocerte, has sido mi hermano toda la vida y no sé quién eres, además has salido un buen rato con Kagome y tenía curiosidad.

— Suena como una historia intrigante – dijo Kagura metiéndose en medio — ¿Conoces bien a la novia de tu hermano?

— Oh si, — dijo con una sonrisa – la pequeña gaviota me dejo con el corazón roto en Japón.

— Inuyasha…

— Oh por favor Kagome me muero de curiosidad.

— En realidad Kagome y yo salimos cuando estamos en la preparatoria – empezó a contar Inuyasha – estuvimos a punto de casarnos, solo que en aquella época conocimos a Cole Jordan y tenía una oportunidad de trabajo que Kagome no quiso rechazar ni por mí, sabía que iba a triunfar y así lo hizo. Aún con nuestro hijo – volteo a verla tan cálidamente como era posible mirar a alguien - la admirare toda mi vida por eso. Aunque no creo poder perdonar a Cole.

— ¿Nuestro? – preguntó de nuevo Kagura perdiendo poco a poco su buen humor.

— Sí, tenemos un hijo pero creo escuchar que usted ya había oído eso. ¿Srita?

— Nara – respondió un poco fastidiada – Nara Kagura.

— Creo haber escuchado su nombre en la comisaria por un escándalo público – dijo con una media sonrisa – pero seguro me equivoco.

— Si, seguro se equivoca.

Kagome miraba a Inuyasha a su lado como… como a un héroe, había hecho en serio lo que acaba de hacer, prácticamente había sacrificado su propia imagen para alejar cualquier chisme sobre ella. Allí en un sitio público donde cualquier persona que paso a un lado de ellos podría repetir aquella conversación en cualquier lado.

— Vaya pues que… buena noticia – dijo Kagura con una sonrisa evidentemente falsa – habría sido tan incómodo tener en nuestro círculo de amistades a alguien tan… bien, es una suerte que solo haya sido una murmuración mal intencionada.

"¿Círculo de amistades?" Kagome miró a la mujer como si le hubiera salido una cola bífida o algo por el estilo, se sentía ahora de verdad enferma, nauseabunda.

— Inuyasha acompáñame al tocador – dijo poniendo una mano en su brazo cómo si fuera un ancla — no me siento bien.

— Kagome – la llamó Sesshomaru.

— Ahora regreso – le dijo por respuesta, no se podía olvidar la forma en la que la había mirado, no sabía si lo podría pasar por alto.

Inuyasha la tomó por un brazo y la acompañó pero no al baño sino a una puerta que daba a una terraza que estaba semi vacía. El aire un poco viciado de humo y polución le llenó los pulmones, no era tan bueno como el aire fresco pero la estaba ayudando, sostuvo sus manos en un barandal, 10 pisos altos caían a sus pies.

— ¿Por qué has hecho eso? – dijo después de haber respirado profundamente.

— Escuche lo que esa mujer estaba diciendo apenas llegue – dijo poniendo una mano en su espalda, como tratando de ayudar a que se recuperara - no podía permitir que sufrieras más daño por lo que paso en Japón.

Lo había dicho con tanta sinceridad que sabía que era la verdad, no sabía que responder, no sabía en ese momento que era correcto decir.

— No tenías porque hacerlo – dijo al final – estoy consciente de que las personas como Nara existen, se cómo defenderme sola.

— Lo sé, pero aún así, me dio gusto poder hacerlo.

— En realidad ¿qué haces aquí?

— No quieres saberlo – dijo él abandonando la reserva.

— Sí, sí quiero – insistió ella.

— Quería hablar con Sesshomaru – dijo con sinceridad – por las cosas que me ha dicho Inuoe, parece que van muy en serio.

Kagome volteó a ver a los ojos a Inuyasha, mil interrogantes se le cruzaron por la mente.

— ¿Qué tienes tú que decirle? – esperó con violencia, a su parecer Inuyasha no tenía nada que decirle

— Solo una cosa – dijo con una sonrisa triste sin responder a su ataque – solo quería pedirle que te tratara bien, que ya habías sufrido lo suficiente por mi culpa.

Kagome no supo que decirle, sintió los ojos pesados y se sentía tan triste, cosas extrañas habían pasado en un lapso tan corto de tiempo.

— Pero supongo que no sería la mejor idea en este momento – dijo con esa misma expresión triste – me voy.

— Inuyasha…

Kagome no pudo evitarlo, solo sintió el impulso y lo abrazó, no tardó un solo instante para que Inuyasha también la abrazara a ella.

— Gracias – dijo ella.

Él no respondió, ella no esperaba que lo hiciera, solo deseaba que siguiera sosteniéndola de la forma en la que lo hacía, tan íntimamente, con tanta calma.

Sabía que estaba peleando con su corazón, lo había decidido así, pero en ese preciso momento se preguntó ¿Por qué?, ¿Por qué tenía que luchar contra el mejor sentimiento que alguna vez había guardado? Allí estaba su lugar, su alma lo sabía, allí en medio de los brazos de aquel joven que sería su verdugo y su héroe.

Inuyasha la dejó ir de sus brazos, después de un momento y sin decir nada más la dejó sola en el lugar en que estaba. Kagome sintió tanto frio y soledad… se dio cuenta en ese momento que había pasado lo que ella había esperado pero que, hasta ese momento, fue consciente de que en realidad no lo deseaba. Inuyasha estaba abandonando.

Fin capítulo 33

Viernes 31 de enero de 2014

10:18 p.m.

Beta: Elvira Morán

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Nota de autora: Lo se atrasada de nuevo, lo lamento, es que este capitulo se hizo del rogar, mas que adaptarlo tuve que reescribirlo y no se quería dejar pero aquí esta finalmente.

Me han llegado muchos reviews este capitulo, muchísimas gracias a todas, espero que esta vez si hayan llegado bien las respuestas, el ultimo capitulo FF nada mas no me dejo contestar, fue muy frustrante. Pero bueno, como siempre mil gracias: honeystrange17, Sasunaka doki, lunabsc, bruxi, yuiren3, AKKASE-RAINDA, KatnissHermoineMarch, faby sama, simy chan, Valesan, Fel, joan, Kate, Rubselvi Perozo, sus mensajes siempre me hacen feliz.

Me despido, pero hey aun no se vayan, junto a este capitulo publicare el tercer premio, así que no se lo pierdan.

Tata

Mimi chan