Capitulo XXXVII: El umbral del dolor (Editado)

Un paso, otro adelante. ¿Era así como se andaba? Sí, se estaba moviendo, podía percibir como la piedra de las paredes se deslizaba a ambos lados de ella. Definitivamente estaba caminando por un pasillo, por un pasillo por el que había pasado mil veces para ir encontrarse con Draco. Pero esa vez le parecía distinto, era como si no pudiera verlo con claridad, como si estuviera dentro de una ensoñación. No sabía a dónde iba, solamente caminaba ahora que había redescubierto como se hacia, y su cuerpo la guiaba porque su mente estaba vacía. Vacía de todo pensamiento, su corazón abandonado de todo sentimiento.

Mientras bajaba unas escaleras, un único recuerdo cruzó su mente. Recordó que alguna vez, en algún libro de algún lugar, había leído que cuando se superan los umbrales del dolor, no se podía sentir nada. Tal vez eso le sucedía a ella. Tal vez se había convertido en una simple autómata.

De pronto, se encontró frente a un retrato, y frunció el entrecejo preguntándose cómo había llegado hasta él tan rápido. Debería haber tomado más pasillos y escaleras, ¿o es que ya lo había hecho?

De cualquier modo, una señora gorda vestida de rosa y con un complejo recogido, la observaba con una extraña comprensión en sus ojos de témpera.

—La contraseña, muchacha, dime la contraseña para poder entrar en tu torre —dijo la mujer del cuadro con suavidad.

¿Contraseña? Una vocecita en su interior le susurró unas palabras y sus labios se movieron para repetirla.

—Cerdos de Circe.

Hermione apenas fue consciente de cómo el retrato de la Señora Gorda se hacía a un lado, mostrándole un amplio hueco por el que pasó para entrar a su Sala Común. Harry, Ron, Ginny y Lavender estaban sentados en su mesa habitual cerca de la chimenea, pero Hermione ni siquiera les vio. Escuchaba un extraño y perseverante zumbido en los oídos en lugar del ajetreo de voces y risas que reinaba en la Sala, y todos sus compañeros, eran para ella formas poco nítidas con túnicas negras. Caminó sorteando mesas y alumnos por mero instinto, y pasó junto a la mesa donde estaban sus amigos sin siquiera mirarlos.

—Hermione.

La chica tardó unos segundos en comprender que ese era su nombre y unos cuantos segundos más en encontrar la fuente de ese sonido. Era Lavender, sentada en las rodillas de Ron y con expresión de curiosidad.

—Hermione, ¿estás bien? —repitió Lavender mirándola como si temiera que a Hermione le fueran a salir furúnculos granates en la cara de un momento a otro.

Hermione despegó con dificultad los labios, pero se dio cuenta de que no tenía nada que decir. En lugar de responder, se giró de nuevo y siguió caminando hasta llegar a las escaleras de caracol que llevaban a los dormitorios de las chicas. Subió los peldaños, deslizando una mano por la barandilla de piedra que se enroscaba en una espiral, pero apenas sentía el tacto de la piedra en su palma. Simplemente, parecía haber perdido la capacidad de sentir.

Llegó al pasillo de las habitaciones de las chicas y tomó la primera puerta, algún vestigio de su antigua razón le indicaba que ese era su cuarto. Entró y cerró la puerta detrás de ella, el cuarto estaba vacío a excepción de una mancha canela apoltronada en su almohada. Hermione sabía que esa mancha canela con forma de gato le pertenecía, y de algún modo, era el único ser del que sentía que podía estar cerca. Se acurrucó a su lado sobre la colcha escarlata, y el gato maulló antes de escurrirse entre los brazos de la chica con un maullido para quedarse allí. Crookshanks frotó su cabeza contra el pecho de la chica y encontró algo metálico que le llamó la atención. Estiró una pata y tiró de lo que parecía una cuerda plateada con la que podía jugar, pero en la cuerda había algo, un anillo. Un anillo plateado con la forma de dos serpientes enlazadas en torno a una piedra de color verde esmeralda. Mientras el gato observaba la piedra verde con sus ojos felinos, ésta centelleó con fuerza, tanto que consiguió llamar la atención de Hermione. Bajó la vista hacia su pecho y encontró el anillo que Draco le había regalado.

"Este anillo ha estado en mi familia durante mucho tiempo".

"Se supone que es un amuleto protector".

"Quiero que lo tengas tú".

Hermione cogió el anillo de entre las patas de Crookshanks, lo miró fijamente como si lo viera por primera vez y después, sin previo aviso, rompió a llorar.

Y llorando, acurrucada en su cama, con Crookshanks entre sus brazos y el anillo de un Slytherin en una mano, la encontró Ginny cuando entró en su habitación. La observó durante unos segundos con seriedad, pero una sombra pareció cruzar por su cara consiguiendo que las comisuras de su boca se deslizaran hacia abajo. Porque en ese instante Ginny había comprendido dos cosas: primero que como había supuesto, el gilipollas de Draco Malfoy le había hecho daño, y segundo, que realmente ella estaba enamorada de él, y mucho.

—Hermione —susurró con suavidad, sentándose en un borde de la cama de Hermione, pero la chica ni siquiera la miró. Siguió quieta y encogida, llorando. Sin sollozar, simplemente parecía que las lágrimas se caían de sus ojos como la lluvia de las nubes.

—Hermione —repitió la pelirroja moviendo levemente el brazo de su amiga para llamar su atención. Hermione tampoco la miró esta vez y guardó silencio unos instantes, pero justo cuando Ginny estaba apunto de desesperarse habló.

—¿Qué quieres? —preguntó con voz ronca por las lágrimas.

—Harry, Ron y yo queríamos saber si estás bien...estamos preocupados. ¿Por qué no te arreglas un poco y bajas a la Sala Común? —sugirió la Weasley con suavidad —Ron intentó venir conmigo pero ya sabes lo que pasa cuando un chico intenta llegar hasta el cuarto de las chicas —añadió con tono fingidamente alegre.

—Dile a Harry y a Ron que no quiero verles —repuso la castaña con frialdad, apretando con fuerza el anillo de Slytherin en su mano —Y a ti tampoco —añadió.

—Hermione, por...

—Vete, Ginny, quiero estar sola —replicó Hermione sin molestarse en mirarla.

Ginny la miró por unos largos segundos y después se puso de pie con lentitud.

—Malfoy te ha hecho esto, ¿verdad? —preguntó, aunque por su tono más que preguntando, parecía estar certificando algo que sabía cierto.

—Te agradecería que tú, Harry y Ron, no os comportarais como si yo os importara algo. Prefiero el desprecio y la indiferencia, gracias —dijo con una voz tan fría que no parecía suya.

Ginny se alejó un par de pasos de la cama como si la hubieran golpeado.

—Sabes que eso no es así y no es necesario que seas tan cruel —repuso con un tono similar al de la castaña.

Hermione se incorporó de la cama lentamente y miró a Ginny con sus ojos hinchados y llenos de lágrimas durante unos instantes.

—Ginny, si has venido a decirme "te lo dije" hazlo ya y lárgate, pero déjame sola.

—Si estás molesta porque nosotros sabíamos que Malfoy te haría daño y ahora lo has comprobado, no lo pagues conmigo —replicó Ginny con frialdad.

—¿Si estoy molesta? —repitió Hermione con mofa bajando los pies de la cama y mirando fríamente a la pelirroja —Eso no se acerca ni un poco a lo que estoy sintiendo en estos momentos, Ginny. Y lo único que quiero —dijo levantándose y abriendo la puerta de su habitación —es que me dejes en paz, como muy bien has hecho estos días —y con un ademán "invitó" a Ginny a salir del cuarto. La pelirroja miró Hermione durante unos instantes de manera indescriptible y finalmente salió, dejando a la castaña sola.

Completamente sola.


Draco abrió violentamente la puerta de su habitación. Las cinco camas verdes con doseles del mismo color estaban vacías, lo cual agradeció. En esos momentos no soportaría estar con nadie, ni siquiera consigo mismo. Se odiaba, sentía asco de sí y sobre todo se sentía miserable y deprimido.

Había hecho lo mejor, pero le había hecho daño. Sabía que era inevitable y que lo había hecho en pro de un bien mayor pero sólo de evocar las lágrimas en los ojos de Hermione, ese bien mayor le importaba una puta mierda. Lo mismo que le importaba no merecerla o no ser lo suficientemente bueno para ella.

Simplemente todo era una mierda. De pronto el mundo le parecía asqueroso, el colegio le parecía asqueroso, sus compañeros le parecían asquerosos, respirar le parecía asqueroso. Sentía dolor, tanto dolor que no podía respirar por completo y estaba rabioso por sentirlo. Estaba rabioso por saber que por su puta culpa ella estaría sintiendo lo mismo. Estaba rabioso con el mundo por hacer que lo suyo fuera tan imposible. Odiaba su maldita suerte por hacer que se fijara en la persona más inalcanzable para él, porque con ella no bastaba que le quisiera, sino que siempre había algo más para estropearlo todo. ¿Por qué no podía ser él quien la hiciera feliz? ¿Por qué el tenía que ser tan cabrón y ella tan noble? ¿Por qué tenía que interesarle tanto para que eso le importara?

En un arranque de ira, echó las manos como garras sobre los doseles corridos de la cama de Blaise y tiró de ellos con tanta rabia y fuerza, que los arrancó de las arandelas que lo sujetaban al poste. Después volcó la mesilla que había junto a la cama de Theodore y la pateó, mascullando insultos por lo bajo después de hacerse daño por golpearla con la punta del pie. Cogió la almohada de Vincent y tiró de la tela hasta desgarrarla liberando una centena de plumas blancas que se quedaron flotando por unos instantes antes de comenzar a descender lentamente. Implacable, alcanzó la silla de su escritorio y la arrojó contra la ventana. El cristal estalló con un crujido y la silla cayó sobre el suelo de piedra con una pata rota y astillada, pero Draco no había tenido suficiente. Recogió la silla y aporreó con ella el cristal de la ventana hasta que este se rompió por completo en cientos de miles de pedazos, y sólo cuando no quedaron más que algunos dientes astillados de lo que antes había sido una ventana, soltó la silla y se calmó un poco. Se pasó una mano por el flequillo para apartarlo casi de un tirón y descubrió que estaba sangrando por algún punto de su frente, probablemente a causa de una herida de algún cristal de los que había hecho saltar por los aires. Miró la pequeña gota de sangre en su dedo y se dejó caer al suelo, con el crujido de más cristales bajo su peso. Apoyó la nuca en el lateral de la cama de Gregory, se tapó el rostro con las manos y por primera vez en años, lloró de rabia y de dolor.


Hermione se levantó más temprano de lo normal ese día, de cualquier modo, no había conseguido dormir en toda la noche. Se vistió y miró en el espejo, encontrando su rostro pálido y sus ojos rojos en hinchados, pero ya secos. En algún momento de la noche se había quedado sin lágrimas, conservando tan sólo un pesado dolor de cabeza. Se frotó el puente nasal y después las sienes durante unos instantes, luego cogió su mochila, y salió de su habitación antes de que Lavender o Parvati se hubieran levantado. Salió de la Torre de Gryffindor y caminó decidida hacia el Gran Comedor. Estaba casi vacío, a excepción de tres o cuatro alumnos por casa. Por suerte en la mesa de Gryffindor sólo había un grupito de niñas de primero que le tenían demasiado respeto por ser prefecta como para atreverse a hablarle. Bebió un poco de leche y dio un mordisco de su tostada con mermelada de ciruelas antes de decidir que no tenía sentido quedarse sentada frente a la comida esperando a que su estomago se abriera. No tenía hambre y dudaba que nunca volviera a tenerla dado el estado de ánimo en el que se encontraba. Se echó la mochila al hombro, se levantó de la mesa y se dirigió a la puerta del Gran Salón, pensando en aprovechar la media hora que le restaba antes de la clase de Encantamientos para ir a la biblioteca y estudiar. Ahora que no tenía amigos ni novio, tendría bastante tiempo para hacerlo.

—Hermione —la llamó una voz suave cuando la chica cruzaba el hall para tomar el pasillo que daba a la biblioteca. Hermione se detuvo simplemente por costumbre, porque la verdad es que no le apetecía ver a nadie, no obstante, sintió algo no desagradable cuando vio a Luna bajando por las escaleras que daban al hall. A ella si podía soportar verla, aunque no le apeteciera especialmente.

—¿Ya has desayunado? —preguntó Luna observándola con la cabeza ladeada y los ojos azules y salientes muy abiertos. Hermione abrió la boca para responder que sí, pero Luna la interrumpió antes —¿Qué ha pasado?

La castaña abrió la boca de nuevo, pero la cerró en el acto. ¿Tan evidente era que tenía el corazón partido en fragmentos tan pequeños como granos de arena?

Pero antes de dejarla responder, Luna la sujetó por la muñeca y la guió por uno de los pasillos que daban a un pequeño patio interior de Hogwarts salpicado de algún árbol. Prácticamente obligó a Hermione a sentarse en un pequeño escalón de piedra que daba al patio antes de hacer ella lo mismo y mirarla con sus llamativos ojos como si pudiera ver las profundidades de su alma.

—¿Quieres contármelo? —preguntó con suavidad. Hermione la miró unos instantes y en el acto sintió como los ojos se llenaban de nuevo de lágrimas.

—Draco me ha dejado —musitó Hermione y el decirlo, le hizo tanto daño que tuvo que esperar unos largos segundos antes de poder añadir —dice que es lo mejor para mi.

Luna miró a Hermione en silencio pero no hizo más preguntas. Se limitó a rodear a Hermione con sus delgados brazos, enterrando el rostro de la chica en su cuello rodeado por su collar de corchos de cerveza. Al sentir esa muestra de afecto, de comprensión, de amistad, Hermione no pudo seguir comportándose como si estar en Hogwarts tuviera algún sentido para ella y rompió a llorar de nuevo, sólo que con la diferencia de que esta vez, tenía un hombro en el que hacerlo.

Tiempo después, Hermione calcularía que se pasó cerca de media hora llorando en el hombro de Luna sin que esta se quejara o moviera lo más mínimo. Durante todo ese tiempo, la Ravenclaw se había limitado a pasarle la mano por la espalda con movimientos rítmicos de arriba abajo mientras la acunaba suavemente y cantaba una canción de cuna sobre alguna de sus extrañas criaturas. Y cuando al fin Hermione dejó de llorar y se sintió con fuerzas para separarse de su amiga, ésta hizo un movimiento muy extraño, como si cazara algo con una mano. Repitió el movimiento varias veces cerrando el puño en el aire, como si estuviera intentando atrapar algo invisible con gran dificultad como delataba su ceño fruncido.

Hermione la observaba en silencio para no interrumpir, pero preguntándose que estaba haciendo exactamente la rubia y casi sonrió cuando Luna lo hizo con aire triunfal después de cerrar la mano en un puño alrededor de la nada. Después, cogió la mano de Hermione y depositó sobre su palma extendida algo que posiblemente solo ella veía.

—Luna, ¿qué haces? —preguntó Hermione tratando de no parecer brusca.

—Te he regalado uno de mis pumpikers —explicó Luna con una sonrisa suave en los labios y expresión de añoranza —Ahora siempre estará contigo.

—Pero... —Hermione tragó saliva y miró a Luna sin saber muy bien como reaccionar —¿Qué...¿Qué es un pumpiker?

—¿Sabes lo que son los rapaghois, verdad? —preguntó Luna y sin esperar el asentimiento de Hermione que por supuesto que no sabía que eran los rapaghois, continuó —Son unos bichitos que aparecen antes de que te vayas a dormir y hacen que pienses en cosas tristes, en cosas que te preocupan o te asustan de manera que tardas mucho más en dormir. De pequeña, no podía dormirme por su culpa, así que mi madre me regaló una docena de pumpikers —los ojos de Luna brillaban con un aire soñador feliz y triste a la vez —son unos duendecillos que espantan a los rapaghois. Tu pumpiker te protegerá y siempre te hará compañía. Así nunca estarás sola.

Hermione miró a Luna con los ojos llenos de lágrimas, pero esta vez no de tristeza sino de emoción. Cerró la mano en torno al pumpiker que se suponía que había en su palma y con la otra, tomó la mano de Luna sonriéndole con tristeza.

—Luna, eres muy especial. Gracias por ser mi amiga.

Luna sonrió como si acabara de probar algo muy dulce y apretó la mano de Hermione suavemente.


En Encantamientos, Hermione pudo percibir como Harry y Ron no paraban de mirarla de reojo como si temieran que fuera a romperse en pedazos. Quizás, si hubiera estado de otro humor, les hubiera tranquilizado o al menos hecho algún gesto, pero en ese momento no le importaba en absoluto que pudieran estar preocupados o contentos. Cuando Flitwick dio por terminada la clase, Hermione se puso en pie mientras metía los libros en la mochila. Tenían una hora libre antes de Aritmancia que pensaba aprovechar en la biblioteca, sumergida en un libro. Los libros no le hacían daño y la entretenían. Se podría decir que eran sus amigos.

—Hermione... —Ron se había acercado a la chica junto a Harry y lanzaba miradas de socorro a su amigo a todas luces incomodo. Hermione no se molestó en mirarle y guardó el bote de tinta azul marina dentro de su mochila como si Harry y Ron no existieran.

—Hermione —esta vez habló Harry —¿Podemos hablar? Sabemos que tienes una hora libre y hemos pensado que podríamos aprovecharla para hablar.

—¿Hablar? —preguntó Hermione con indiferencia metiendo su pluma en el estuche negro y éste en la mochila —¿Sobre qué?

—Sobre nosotros —replico Harry.

—¿Así que aún existe un nosotros? —preguntó Hermione dignándose a mirarles ácidamente.

—Hermione...

—Está bien —concluyó la chica viendo que Parvati y sobre todo Lavender no les quitaban los ojos de encima— Pero aquí no.

Y sin decir más, se echó la mochila al hombro y salió del aula seguida de cerca por Harry y Ron. Entró en el primer aula vacía que encontró, posó su mochila en el suelo y se volvió hacia Harry y Ron con los brazos cruzados y expresión indiferente.

—Bien, hablemos —les instó golpeando con impaciencia la punta de su pie contra el suelo.

—¿Qué ocurrió ayer? —preguntó Ron —Te ha pasado algo con Malfoy, ¿verdad?

—Sí, te alegrará saber que me ha dejado.

Ron tuvo la decencia de no hacer ningún comentario, aunque por su sonrisa mal disimulada, se notaba lo que le suscitaba esa noticia.

—¿Por qué? —preguntó Harry que la miraba muy seriamente y no parecía especialmente contento por la ruptura.

—Porque tiene la estúpida idea de que es lo mejor para mi —repuso Hermione haciendo un esfuerzo por no echarse a llorar como una imbécil —Parece que hasta él piensa como vosotros.

Hermione encontró algo extraño en el silencio que se formó cuando pronunció las últimas palabras, y no pasó por alto la mirada que intercambiaron Harry y Ron.

—Aunque no sirva de precedente, por una vez estoy de acuerdo con el rubito— dijo Ron.

—Eso parece —repuso Hermione, y cogiendo su mochila, se dispuso a irse del aula.

—Hermione, ¿a dónde vas? —preguntó Harry sorprendido.

—Ya habéis oído lo que queráis saber, ¿no? No tenemos nada más de que hablar.

—Hermione...

—Sigo siendo una traidora, ¿no, Ronald? Porque le quiero y voy a seguir haciéndolo, está claro que no lo vais a aceptar, y que mientras lo sienta no soy digna de ser vuestra amiga.

—Hermione, no entiendes nada —dijo Ron subiendo la voz —¿Crees que a nosotros nos gusta esto? Harry, Ginny y yo también lo estamos pasando mal por esto...por verte así, ¿no lo has comprendido aún? Él te ha hecho daño como sabíamos que haría y...

—¿Eso es todo lo que te importa, Ron? —preguntó Hermione ferozmente —¿Qué teníais razón? ¿Vais a decirme "te lo dije"?

—Estamos preocupados por ti, Hermione, y nos importa como estás... —dijo Harry en tono apaciguador —por eso hemos venido a hablar contigo...aunque no entendamos lo tuyo con Malfoy somos tus amigos y queremos seguir siéndolo...

—¿Y cuando lo habéis decidido? ¿Ahora que él me ha dejado? ¿Ya me habéis castigado lo suficiente? —preguntó la chica mordazmente.

—No —dijo Harry categóricamente —Hermione, nosotros sólo queremos protegerte...

—¡Malfoy es un cabrón! ¿No lo entiendes? —intervino Ron incapaz de controlarse —¡No entiendo como puedes quererle después de todo lo que ha hecho! ¡Esta claro que él sólo te ha usado para hacernos daño!

—¿Y por qué estás tan seguro? —chilló Hermione —¿Acaso no soy una chica, Ron? ¿Es tan imposible que pueda gustarle a algún chico por mi misma? ¿Acaso soy tan fea, informe, aburrida y insípida para que nadie pueda fijarse en mí? ¿es eso lo que pensáis de mi?

—¡Por supuesto que no!—gritó Ron con las orejas ya coloradas.

—¿Entonces por qué os resulta tan increíble que le pueda gustar a Malfoy?

—¡Pues porque si de verdad le importaras, no habría hecho falta que habláramos con él para que se diera cuenta de que no te merece y que sólo te perjudica! —aulló el pelirrojo.

Hermione sintió como si un caldero de helada comprensión le hubiera caído por encima y dejó caer su mochila al suelo. Así encajaba todo. Harry y Ron habían hablado con él, le habían dicho que no se la merecía y que sólo estaba haciéndole daño, por eso de la noche a la mañana se le había metido en la cabeza la idea de que lo mejor para ella era estar sin él. No la había dejado bajo ese pretexto cuando en realidad tan sólo estaba cansado de ella o porque se había dado cuenta de con quién estaba. La había dejado por ella.

¿Y eso que significaba realmente? ¿Qué había hecho un gran sacrificio por ella o que Harry y Ron le habían dado la excusa perfecta para librarse de ella? ¿Qué ella le importaba demasiado o que le importaba demasiado poco como para dejar que la opinión de sus amigos estuviera por delante de la suya propia?

Lo que sí significaba era una cosa: que Harry y Ron se habían metido en su relación. No sólo no la aceptaban y apenas le habían hablado mientras ésta duró, sino que intervinieron en ella y en parte, la arruinaron.

— ¿Cómo habéis podido? ¿Quiénes os habéis creído para decidir lo que es o no mejor para mi? ¡Es mi vida! —les chilló y después salió del aula sin molestarse en cerrar la puerta tras ella. Mientras bajaba las escaleras y saltaba el escalón falso, Hermione pensó que le importaba un cuerno que faltara media hora para empezar Aritmancia. Le importaba un cuerno todo, simplemente necesitaba irse de allí. Salir del colegio y dejar a todos dentro de él. Olvidarse de todo el mundo y de toda la mierda.

Alejarse. Huir. Irse lejos.

Sólo corría, tanto que casi arrolló a Luna cuando bajó las escaleras del hall por las que la rubia subía en sus prisas.

—Hermione, ¿a dónde vas? —preguntó Luna con preocupación.

—No me importa —dijo bajando un par de escalones más sin detenerse —Simplemente estoy harta de que todos decidan lo que es mejor para mí sin contar conmigo.

A Luna no le dio tiempo a decir nada, antes de ver como Hermione se escabullía entre las puertas entreabiertas de Hogwarts.


Hola!!!
Al final en este capítulo no usé la canción de Falsa Moral, porque al final me enrollé más de la cuenta xD y en lugar de hacer un capitulo kilometrico y tardar 4 días, preferí colgar esto :) No ha habido ningún momento Dr/Hm pero a mí me gusta porque se han visto varias cosas y Hermione les ha dado cera a todos xD (viva!) Me quedé muy a gusto cuando escribí la escena con Ginny, aunque debo decir que la pelirroja nunca ha sido santo de mi devoción, fue con buena intención a ver a Hermione. Después ha aparecido Lunita (estoy pensando en hacer chapas para las chicas del club "pon una luna en tu vida" xD) y se ha portado como una autentica amiga, hasta le ha regalado un pumpiker! Y por último, ha habido un "encontronazo" por llamarlo así entre el trío dorado en el que Hermione ha descubierto que Ron y Harry hablaron con Draco y le dijeron ciertas cosas... La chica aún no sabe como interpretar eso, pero la conclusión es que está hasta los ovarios de todo el mundo como bien ha resumido en la última frase del chap...antes de largarse... ¿Qué pasará ahora?...

Y no debería porque es dar demasiadas pistas xD pero a lo que me referia cuando decía que llevabais mucho esperandolo, no es nada que haya pasado en el este capitulo, pero pasará seguro seguro en el siguiente y las que tengan mentes calenturientas, ya lo habrán supuesto xD...ahí lo dejo.

Siento todas las lagrimas, estados de shock y entristecimientos que he causado con el anterior chap (en realidad no lo siento xD porque me alegra saber que os emociono) pero quizás pronto os llevéis alguna alegria ;)!

Por último, como siempre, agradeceros todo vuestro apoyo!!! Os regalo un pumpiker protector a cada una :)! Es invisible, pero como dijo Luna, así nunca estaréis solas :)!

Gracias especialmente a las que me dejasteis r&r en el anterior:

Gata2242, Pixie Tinkerbell, Ann Black, Jane Addams, Harrymaniatica, Adriana, Kibeth, Siara-Love, Evan, Tripeke, Chibi Naruky, Mimi-Malfoy, Brisa2006, Sakura Granger, WpG-Love, Lisky, Earwen Neruda, Lado Oscuro, Becky-Shira, Loretitokinomoto, Paxina, Katelau, Kmiriel, Karinita 1919 (y amigas jaja), Valu(bienvenida, linda!),Zaleja9, Cynthialorehp(bienvenida linda!), Maya, Dayis, Consue, Mione Malfoy, Luzapotter, MoLly Strife, Cande-dhrsmpotter, Yezzie, Ellizabeth, Paola Lissete, Sweetie-silver-black, Bella, Gloridhel, Silviota, Gaby Malfoy, Miss Boop (bienvenida, linda!!), Vega, Dakota Malfoy, Ayskel, Aguus, Veela Black(bienvenida linda!), Jud, Tsu Asakura, Bichito91, CarO!, Chica Malfoy, Alitonks, Eley. Potter, Aleja M, Sakura555, Siamesa mia xD y Lucy Bond (tía, me encantas xD).

GRACIAS A TODAAAAAAAAAAAAAAS!!!

Con mucho cariño, Dry!!!