Fictions para ruborizar
One shot: Cruzados
Sinopsis: Alice está cansada de la monotonía de su matrimonio, por eso decide buscar alternativas para avivar la llama de la pareja. Encuentra un grupo de Swingers cerca de su casa, unos vecinos adorables, la familia Denali, que la introducirán en su mundo con facilidad.
Por el contrario, Edward, se resiste a convertirse en Swinger. Harto de las presiones de su esposa decide ir finalmente, pero su mente dará un giro 360 cuando descubra a una muchacha intrépida que lo seducirá hasta el hartazgo.
Es un Fiction que contiene lenguaje explícito y escenas fuertes. Este es un Fiction Rated M (16+).
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Edward POV
-Esto es una porquería –señalé.
-¿Qué cosa, papi? –preguntó Maggie mirándome confundida.
-Nada, cariño –negué –Ya quítate eso de la mente, Alice –le susurré en el oído y me dirigí a buscar las llaves del coche.
-Edward, por favor, estamos destrozados, ya no puedo seguir así –indicó persiguiéndome.
-Está la niña –refunfuñé –No lo hagamos otra vez…
-Es que tú no quieres salvar este matrimonio, ese es el problema, Edward –bufó quitándome las llaves.
-Alice, por favor –suspiré cansado de sus escenas –No sabes en lo que te metes.
-Kate es una gran mujer, me ha contado todo con detalles, ya sé en lo que me estoy metiendo. Pero te necesito ahí.
-No, no lo haré, esos es para locos.
-¿Locos? ¡No me tocas hace un año, Ed! ¡Un año!
-He estado ocupado y preocupado por el trabajo, lo siento –me excusé.
-Me iré, me llevaré a los niños –me amenazó.
-¡Alice!
-Me iré, estoy harta, ya está, se terminó, quiero el divorcio ¡ya!
-¡Alice! –la agarré del brazo –Cálmate un poco, mujer.
-No, no quiero, nunca me apoyas en nada.
-¿De qué hablas? ¿Apoyarte en follar con otro tipo?
-Es mutuo, Ed, tú con una mujer, yo con un hombre.
-Es un asco, si te veo con otro tipo vomitaré y lo moleré a golpes –insistí furibundo.
-Bien, entonces dame el divorcio –me tiró las llaves al suelo.
-¿Por qué pelean esta vez, papá? –Mike se me puso delante de la puerta antes de que pudiera escapar.
-Todo estará bien –tragué saliva nervioso, no sabía que responderle, las discusiones eran algo de todos los días.
-Siempre es igual, mañana será lo mismo, y pasado también, estoy harto, apenas tenga edad me iré de aquí, será pronto, recuérdenlo.
-¿Pronto? Tienes trece, Mike, por favor –lo corrí con suavidad –Debo ir a trabajar, permiso.
-Ve, aléjate, yo me quedo aquí escuchándola llorar –gruñó dándole una patada a la puerta.
-Mike –intenté abrazarlo pero se alejó.
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Al regresar por la noche, todas las luces estaban apagadas, tuve un mal presentimiento, abrí la puerta –¿Alice? –pregunté –¿Niños?
Nada, silencio absoluto.
Revisé la cajonera, faltaba ropa.
-¡Joder, Alice! –tomé una botella de Ron, la destapé furioso conmigo mismo.
Le di un sorbo, y la idea de volvernos Swinger* no era tan loca después de todo, no podía perderla, si era la única opción debía aceptarla, no quería perder la familia que teníamos. Tenía que ceder.
Me dirigí a la casa de su madre, toqué la puerta repetidas veces hasta que atendió.
-¿Qué quieres, Edward? –abrió la puerta reacia.
-No me dejes, espera, por favor –me arrodillé.
-Se terminó para mí, no puedo remarla más –indicó negando.
-Haré lo que me pediste, iré a ese sitio, lo juro.
-¿Lo harás?
-Lo haré.
-¿De verdad?
-Sí, lo haré. Pero vuelve a casa, no hagas esto con los niños.
-Bien, mañana hablaremos –me cerró la puerta en el rostro.
-¿Alice? ¿Cariño?
Volví al coche, me quedé dormido.
-¡Papá! –oí los gritos de Mike, abrí los ojos, allí estaba él fuera del coche mirándome atónito –Pareces un vagabundo, ve a casa –indicó negando.
-Sí, sí –asentí y me limpié la saliva que caía por la comisura de mis labios.
-¿Ed? –Alice se asomó –Llevaré a los niños a la escuela, espérame en la casa –ordenó.
-Sí –arranqué el coche.
Esperé casi una hora, di vueltas en la cocina nervioso mirando la botella de Ron dispuesto a bajármela.
-Llegué –oí la puerta delantera, era Alice.
-Lo haré, ¿de acuerdo? –fui al punto.
-Volveré con los niños, pero es la última, Ed, ya no soporto esta vida, quiero cambiar, tengo treinta y ocho años, me siento infeliz. Puedo encontrar a otra persona que me haga feliz, lo sé, mi madre me lo ha dicho varias veces pero no he querido escucharla.
-Los consejos de tu madre, genial –puse mis ojos en blanco.
-¿Acaso no tiene razón?
-No lo sé.
-Tuvimos a Mike muy jóvenes, no me amabas lo suficiente pero te quedaste conmigo por el bebé, admítelo.
-¡Alice, no!
-Sí, lo sé, lo tengo asumido. Pero ya me cansé de vivir así, quiero ser feliz. Quiero experimentar nuevas cosas. Y si me acompañas podemos progresar como pareja, podemos crecer juntos. Apoyarnos, criar a nuestros hijos como una familia. Yo aún te amo, Edward, pero siento que tú cada día te alejas más.
-Lo siento, cambiaré –prometí sin saber si podría.
-Maggie tiene solo cinco, Edward, es muy pequeña, recuerdo el divorcio de mis padres, eso me traumó, joder, no quiero esto para nuestros hijos.
-¿Y si descubren esto de Swinger?
-¿Descubrirlo, cómo?
-Pues, Mike es un pre-adolescente, ya entiende muchas cosas, y… pues… si lo descubriera –me quedé pensando –¿Qué diría?
-Es nuestra intimidad, Edward. A él no le incumbe.
-Si sus amigos lo supieran se burlarían de él ¿no crees?
-¿Ya te arrepientes, verdad? Comienzas a dar vueltas, te conozco.
-No, no, lo haré, lo haré.
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Sábado 20 pm
-Gracias, mamá, por hacernos este favor –le dejamos los niños a mi suegra, Alice le pidió el favor con la excusa de que cenaríamos con unos amigos.
-Pásenlo lindo –sonrió falsamente mirándome, sabía que me odiaba.
Alice me codeó.
-Gracias, suegra –le devolví la sonrisa falsa.
-Vamos, es tarde –Alice me arrastró hacia el coche.
Conduje hasta la casa de los Denali, quienes ofrecían su hogar para las fiestas Swinger.
Me aparqué –¿Vamos? –Alice se retocó el labial.
Me aferré al volante, no quería hacerlo.
-¿Ed?
-Sí –respondí temblando.
-¿Arrepentido?
-Algo –admití.
-¡Oh por dios! ¡Siempre es igual, joder!
-Espera, dame algo de tiempo, por dios, Alice, yo no elegí esto porque me intrigaba, me parece una locura, pura mierda. Intento hacerlo por ti.
-Entonces hazlo y listo –se bajó del coche –¡Vamos, ya!
Bajé rascándome el cuello.
-No hagas eso, que me pones nerviosa. Cálmate y actúa normal, por dios –Alice me pegó en la mano.
Tocó timbre.
-¿Agarraste el vino? –preguntó y corrí al coche a buscarlo sin darle respuesta, me lo había olvidado, era claro.
-¡Ohh, hola Alice! ¡Bienvenida! –oí desde el coche.
-Joder, joder, ¿Por qué hago esto? ¿Por qué no acepto el puto divorcio? –me dije a mí mismo.
-¡Edward! –gritó Alice.
Caminé hacia ella, una rubia estaba a su lado sonriente –¿Tú eres Edward? Encantada –estrechamos manos –Yo soy Kate Denali, él mi esposo, Garrett –un hombre apareció detrás de ella.
-Ho-hola –tartamudeé nervioso y le entregué la botella de vino.
-¡Que amable! –indicó ella agarrándome la mano, se la alejé nervioso.
Alice me miró fijo.
-Lo siento, esto es nuevo para mí –me disculpé.
-Está bien, bro, todo saldrá bien, relax, relax –Garrett palmeó mi pacho.
-Sí –reí de los nervios.
Ingresamos, había personas semi-desnudas en un sofá rojo.
-Ellos son unos amigos –señaló –Por allá está el patio trasero, tenemos piscina y jacuzzi por si desean remojarse.
-No tengo traje de baño –comenté.
-No necesitas uno –respondió riéndose.
-Ah, claro –lamí mis labios resecos.
-Siéntate aquí, te traeré algún trago ¿Qué tomas, Edward?
-¿Agua?
-¿Agua? –Alice me empujó –Tráenos dos cervezas –susurró luego y me tironeó para que me sentase en el sofá blanco –Por dios, Ed.
-Lo siento, no puedo –miré a mi alrededor, todo me parecía enfermizo.
-Ya cálmate –palmeó mi pierna derecha.
-No puedo hacerlo –observé a cuatro personas frente a mí chupeteándose con la lengua.
-Hola –un muchacho de cabello rubio se sentó al lado de Alice –Bonito vestido –acarició sus tirantes.
-¿Disculpa? –lo miré enfurecido.
-Ed –Alice me pellizcó la mano.
-Deberías ir a otro sitio, rubiecito.
-¿Rubiecito? –lanzó una carcajada –¿Primera vez aquí?
-Sí –Alice el respondió sonriente.
-Vamos por la cerveza ¿sí? –me levanté y tomé a mi esposa del brazo para alejarnos –No coquetees con él –la zamarreé.
-Edward, estamos aquí para eso ¿o para qué estamos?
-¿Te lo follarás hoy? ¿Acaso no me darás tiempo de adaptarme?
-Cálmate, por el amor de dios.
-Aquí sus cervezas –Garrett interrumpió la discusión.
-Iré a dar una vuelta –Alice se alejó bufando.
-¿Problemas maritales? No te preocupes, hay muchos que comenzaron así y míralos ahora –señaló a varias parejas.
¿Compartiendo esposas?; pensé; Claro que solución excelente, compartir a tu pareja con otros veinte tipos.
Me repugnaba la idea, no podía hacerlo, creí que sí, pero no.
-Te acostumbrarás, Kate me metió en todo esto, cuando me lo dijo la primera vez me pareció muy loco, pero ahora no podría vivir sin esto.
-¿Tienes hijos?
-Sí, tenemos una niña, está en casa de su tía –aclaró.
-¿No tienes miedo de que descubra lo que hacen?
-No, claro que no –negó –¿Tú tienes miedo por tus hijos?
-No lo sé, creo que esto no es lo mío, no me veo haciéndolo –me rasqué el cabello.
-Dale tiempo, hoy observa, el próximo sábado quizás te atrevas a hacer algo más ¿quién sabe? –se encogió de hombros.
Comencé a buscar a Alice, que parecía haber sido abducida por un extraterrestre.
-¿Qué haces ahí dentro? –la encontré en el jacuzzi en ropa interior.
-Estoy relajándome, me estresas, Ed.
-Joder, sal de ahí, vamos a casa –comencé a sentirme más incómodo que antes.
-No, aún no. No empieces, por favor te lo pido. Piénsalo bien, me iré de la casa con los niños, lo haré –musitó suave.
-Quiero irme, volveremos el próximo sábado, pero ahora me quiero ir ¡ya!
-¿Volveremos?
-Sí, volveré, pero ahora mismo quiero que nos vayamos.
-No, espera unos minutos al menos, no he podido ni terminar mi trago –señaló un mojito.
Me senté en una banqueta en la barra de bar que tenían a lado de la piscina.
El rubio se metió en el jacuzzi con Alice, corrí hacia ellos y me metí con ropa incluida.
-¡Edward! –gritó ella asombrada.
Marqué mi territorio.
-Calma, macho alfa –susurró el rubio sonriéndome.
Me rasqué la nariz –Vamos, Alice, es tarde.
-¿Tarde? –una joven de cabello castaño largo hasta la cintura y ojos verdes se metió a mi lado –¿Con ropa? –preguntó riendo.
-Solo intenta marcar territorio el señorito –comentó el rubio.
-¡Ya déjalo, Jasp! –la muchacha le pegó en el hombro y me sonrió –Encantada, soy Bella –se presentó.
-Ho-ho-hola –la saludé algo nervioso admirando su perfecta belleza –Vámonos, Alice ¿por favor?
-Okey, okey –salió del jacuzzi desilusionada –Si el próximo sábado no te comportas ya sabes lo que pasará, lo juro, Edward.
-Ya entendí, maldición –maldije en voz baja.
-Estás empapado, no puedes subir al coche así –negó golpeando su frente –¡Garrett! –llamó al anfitrión.
-¡Joder! ¿Caíste a la piscina? –preguntó preocupado.
-Algo así… ¿le prestarías algo?
-Claro, ven bro, te presto algo de ropa –indicó las escaleras.
No quería subir, tenía miedo de lo que vería allí.
-Vamos, bro –insistió.
Lo seguí temeroso.
Nos metimos en una habitación, parecía ser la principal –Aquí tienes camisas –abrió un armario gigante –Y aquí tengo un par de pantalones de vestir, o jeans si prefieres en aquel cajón –señaló una cómoda en la esquina.
-Bien, gracias –asentí.
Se quedó ahí parado.
-Puedes irte, no hurtaré nada –indiqué.
Lanzó una carcajada –Claro, Edward, lo sé.
Cerró la puerta y elegí una de sus camisas básicas con un pantalón de vestir negro, comencé a vestirme cuando escuché unos gritos provenientes de la habitación de al lado, apoyé mi oreja en la pared, volví a oír los gritos, pero esta vez eran más parecido a unos gemidos.
-¡Joder, tengo que salir de aquí! –me apresuré, metí mi ropa en una bolsa que decía Gucci y bajé las escaleras con rapidez.
-¿Listo? –Alice ya tenía el vestido puesto y estaba secándose el cabello con una toalla.
-Sí, vamos, ya, ya –la arrastré a la puerta.
-Tenemos que despedirnos de los Denali, cariño –me frenó –¡Kate! ¡Kate! ¡Ya nos vamos!
-Oh, qué lástima, tenía a una pareja perfecta para ustedes –dijo apenada.
-Debemos irnos –repetí.
-¿Vienen el próximo sábado?
-Claro que sí –Alice asintió repetidas veces.
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-Señor Masen –la muchacha de la fiesta se me acercó.
-¿Qué haces aquí? –pregunté levantándome del escritorio asombrado –¿Quién te dio esta dirección?
Se enredó el cabello en los dedos –Lo averigüé –sonrió y luego mordió su labio inferior –Quería verlo –lanzó una risita nerviosa.
-¿Verme? ¿Por qué?
-No lo sé –se encogió de hombros y comenzó a desabotonar su camisa blanca.
-¿Q-qué ha-haces? –tartamudeé negando.
Se quitó la camisa, mostrándome su brasier rosado.
-No, no, por favor, no.
-¿No? –preguntó quitándose el brasier, dejando sus pechos expuestos.
-Oh, por dios –volteé –Soy un hombre casado, por favor, niña.
-Señor Masen, por favor –sentí que me agarró de los hombros.
-No, niña, no –temblé.
-¿Edward? –abrí los ojos, Alice estaba sacudiéndome –¡Jolín, hombre, no te despiertas!
-¿Qué? –me rasqué los ojos.
-Parecías muerto, Ed –negó furiosa –Debo llevar a los niños a la escuela, tú llegarás tarde al trabajo, dormilón.
Había sido solo un sueño. Uffff; me limpié el sudor de la frente.
Mientras estaba en una junta del trabajo me llegó un mensaje de texto de Garrett, el vecino swinger.
"El sábado los esperamos, cierto? –Garrett"
Respiré hondo y le respondí que sí. Esperaba no arrepentirme.
¿Por qué mierda no podía sacarme de la mente a esa muchachita? Seguía pensando en ella, no podía concentrarme en el trabajo, me carcomía la cabeza.
-¿Señor Masen? –preguntó mi secretaria –¿Se siente bien?
Me quedé pensando –Pues… sí, sí.
-¿Quiere un vaso de agua? ¿O un café?
-Un café estaría bien –asentí –Discúlpenme –me disculpé con los compañeros de la junta por estar distraído.
Por la noche, cuando llegué a casa me encontré con Kate en la cocina –¡Oh! –me asusté al verla ahí.
-Edward –me saludó.
-¿Qué…? –pregunté confundido.
-Solo vine de visita –aclaró y se despidió de Alice –Nos vemos el fin de semana, adiós, Edward.
-Adiós –sonreí –¿Eso que fue? –miré a Alice esperando una respuesta.
-Vino a hablar –explicó.
-¿A presionarte para ir el sábado?
-No, Ed, a presionarme no, a hablar –bufó.
-Genial, porque hoy recibí un mensaje de Garrett, creo que están siendo algo invasivos, ¿no crees?
-Edward, crees que todo el mundo complota contra ti, ¿verdad? –puso sus ojos en blanco –Relájate un poco, por el amor de Dios.
Intenté no comenzar una discusión, Mike acababa de ingresar a la cocina y me observó con odio.
-¿Peleando? –preguntó irónicamente.
-No, hijo, no.
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Llegó el sábado, estaba aterrado, no quería hacerlo.
-Qué bueno que llegaron temprano –comentó Kate al abrir la puerta.
-Trajimos un postre –Alice le entregó una pequeña torta de chocolate –La hice yo misma –aclaró.
-¡Oh, que rico que se ve! –pispeó debajo de la bolsa.
-¡Edward! ¡Ven con los machos! –exclamó Garrett.
-Ve, Ed, ve –Alice me empujó.
-Hola –saludé a Garrett con un abrazo.
-¿Qué tal? –susurró un muchacho fortachón, de contextura grande y voz gruesa.
-Todo bien –mentí.
-Él es Emmett, el esposo de Rose, ellos son quienes Kate quería presentarles el sábado pasado –aclaró Garrett poniéndome más incómodo aún.
-Oh –abrí mis ojos como una lechuza –Interesante –aclaré mi voz.
-El señor celoso ha llegado –alguien me palmeó la espalda.
Giré, era el rubio de la otra noche.
-Sí, aquí estamos –suspiré resignado.
-Hola –la joven de mis sueños se apareció –¿Volviste? –sonrió.
Asentí.
-Qué bueno, la otra noche nos pusimos tristes cuando te fuiste –lamió su labio inferior.
Me aflojé la corbata.
-Ya deja al hombre en paz –el rubio la empujó.
Lanzó una carcajada –Perdón, no quería incomodarte –me agarró del brazo derecho.
-Todo bien, todo bien –repetí.
-¿Quieres un trago? –Garrett picó mi estómago.
-Mmmjj –asentí sentándome en el sofá.
-¡Ya sale, ya sale! –corrió a la barra.
-El principio es más íntimo –aclaró la jovencita sentándose a mi lado.
No respondí.
-¿Cómo te puedo llamar?
-¿Disculpa?
-¿Un apodo? –se encogió de hombros.
-Edward está bien –comenté.
-A mí puedes decirme Bells, o Bella, como a ti te guste más –hizo una pausa –¿Sigues nervioso?
-Algo –fui conciso.
-¿Eres hombre de pocas palabras?
-¿Es un interrogatorio?
-Solo quiero conocerte –sonrió y colocó su mano derecha en mi muslo izquierdo –Relájate, todo está bien.
-¿Dónde está mi esposa?
-Estaba con Rose en la cocina –aclaró –¿Tienes miedo de que haga algo que no te guste?
-Quizás…
-No te preocupes, no somos unos locos, solo swinger, Edward. Todo lo que hacemos es frente a nuestra pareja y con su consentimiento. Nadie hará nada con tu esposa si no lo permites. ¿Comprendes? –intentó calmarme.
-Sí, comprendo –respiré profundo.
-Me gusta tu corbata –la acarició –¿Esto te molesta?
-No –negué.
-¿Crees que esto de ser swinger es una estupidez, no?
-No hubiese elegido esto por mí mismo –susurré –No es nada en contra de ustedes, es solo que no es lo mío.
-¿Lo haces por Alice, por tu matrimonio?
-Así es, lo hago por ella.
-No temas, Edward, no te haré daño –acarició mi cuello con sus suaves dedos.
Me estremecí.
-¿Vamos arriba? –el rubio se sentó al lado de ella.
Ella me observó con complicidad.
-¿Quién, yo? –me auto señalé.
-Sí –aguantó la risa –Tú y tu esposa, podemos usar uno de los cuartos.
-No, no creo… aún no –negué algo nervioso.
-Okey, aún no, Jasp –respondió ella alejándolo.
-Aburrido –bufó él riendo.
Garrett me entregó el trago y se sentó a mi lado –Será una buena noche ¿tú cómo te sientes?
-No lo presiones, Garrett –Bella lo silenció.
-Ella no es para ti, Edward, está muy loquilla –la señaló.
-¡Bobo!
Se levantó y se alejó haciéndole fuck you con su dedo medio.
-Ella está loca, hermano, te conviene empezar con Rose, es más tranquila, más clásica.
Aclaré mi voz nuevamente, no sabía que responderle.
-Lo sé, crees que es una conversación extraña, pero quiero aconsejarte, Edward.
-Sí, es algo extraño, no lo sé.
-Bella es algo más alocada, quizás te asustes un poco, Jasper también lo es, me parece muy agresivo para tu primera experiencia, es solo un consejo de igual forma.
-Gracias por el consejo, lo tendré en cuenta.
Más tarde llegaron tres parejas más.
Me quedé sentado en el sofá observando a Alice hablar con otras personas. Yo odiaba socializar, y más sabiendo que lo hacíamos para follar con ellos.
Al poco rato la pareja de Bella se retiró con una de las parejas que llegaron más tarde.
-Iré al baño –me levanté del sofá y dejé a Emmett hablando con los demás.
Golpeé la puerta del baño de abajo, estaba ocupado, tuve que dirigirme al de arriba.
El baño estaba al final del pasillo, caminé lentamente, pasé por una de las habitaciones, la puerta estaba abierta, Bella estaba totalmente desnuda arrodillada en el suelo, tenía la polla del otro tipo en la boca, mientras Jasper penetraba por detrás a la mujer en la cama.
Me quedé paralizado observándolos.
-Ahhhhh ahhhhh sí, sí –gemía la mujer mientras él la penetraba.
Bella lamía la polla del hombre como una experta.
Giró y me observó.
Me asusté cuando sus ojos se posaron en mí.
-Hola Edward –me saludó limpiándose la boca.
-Yo…yo… buscaba el baño –me alejé rápidamente.
Lancé agua fría a mi rostro –¡Joder, joder!
Tenía la polla dura y erecta.
-No, no, esto está mal –me miré fijo –Edward respira, respira.
-¿Edward? –la voz de Bella del otro lado me alteró.
-Ya salgo –respondí.
A los pocos minutos abrí la puerta.
-¿Estás bien? –preguntó sonriéndome y se posó en el marco de la puerta –Lamento si te asustamos –jadeó.
-E-est-estas desnu-desnuda –señalé.
-Sí, lo estoy –asintió sonriendo con perversión.
-¡Bella! –Jasper se asomó –¿Qué pasa, Masen?
-Nada, solo le preguntaba si estaba bien, ahora voy –apretujó mi mejilla y se metió en el cuarto nuevamente, esta vez cerraron la puerta.
Cuando bajé; luego de que mi polla se relajara; Alice estaba sentada entre Emmett y Rose en el sofá grande.
-¿Todo bien? –preguntó Rose.
-Sí, sí.
-Ven siéntate a mi lado, Edward –Rose tocó el sofá.
Miré a Alice, ella asintió.
-¿Quieres un masaje? ¿Para relajarte?
-¿Masaje?
-En la espalda –Rose tocó mis hombros.
-Sí, hazle, los necesita –indicó Alice riendo.
Comenzó a masajearme los hombros con suavidad.
Estaba algo tenso.
-Relájate, Edward, no muerdo –musitó.
Alice susurraba en el oído de Emmett, eso me incomodaba.
-Alice –la observé y negué –Creo que saldré a tomar aire –me levanté.
-Ed –Rose me sostuvo de la mano –Nadie hará nada que tú no quieras –me senté nuevamente, me besó la mejilla –Solo un pequeño beso ¿ves?
Asentí.
Alice le besaba el cuello a Emmett, la sangre me hervía.
-No lo sé –dudé.
-Tranquilo –Rose me acarició las manos –Solo estamos probando –colocó mis manos en sus muslos y subió su falda.
Acaricié su piel algo inseguro.
-Todo está bien –besó mis labios y luego bajo a mi cuello.
Observé a mi esposa que estaba sobre Emmett meneándose.
-Necesito un respiro –la alejé con cuidado.
-¿Vamos arriba? –Emmett me palmeó –Calma, bro.
-Ustedes suban, ahora vamos –Alice les pidió que se adelantara.
-No puedo follarmela, no puedo –me encogí de hombros.
-¿No te parece bonita Rose? –preguntó asombrada –Es preciosa, por dios, Edward, eres muy exigente.
-¡No es eso! No sé si seré capaz de hacerlo –mis manos estaban sudorosas.
-¿Lo haremos o no? –replicó seria.
-Me pones en una situación límite, Alice.
-Sí, así es, eso hago –suspiró –Te esperaré arriba, espero que subas, Ed, espero cumplas tu promesa. Piénsalo de este modo, es solo sexo, solo una experiencia, como dice Kate.
La vi subir las escaleras, ¿Qué debía hacer? ¿Romper mi matrimonio o ceder ante la petición de Alice?
Es solo una noche, es solo sexo, es solo una experiencia, seremos felices, nuestro matrimonio no se romperá y todo será para mejor; pensé intentando auto convencerme.
Crucé la puerta de la habitación, Rose estaba quitándole la ropa a Emmett, mientras Alice estaba sirviéndose otro trago –¿Quieres uno? –me miró feliz.
-Sí –me lo tomé de un sorbo, necesitaba beber más, necesitaba perder un poco la razón.
-Ven –Rose estiró su mano hacia mí, me aflojó la corbata.
Alice se desabrochó el vestido, intenté no mirarla, algo en mi estómago se revolvía.
-Shhhh –la blonda me desabrochó la camisa con cuidado, besó mi pecho lentamente –Relájate, Edward –jadeó.
Bajó hasta mi entrepierna, me acarició lentamente y me quitó el cinturón de un tirón.
Cerré mis ojos.
Sentí sus labios en mi vientre, luego más y más cerca de mi polla, la acarició con las yemas de sus dedos, me estremecí.
-Ahhhh ahhhh ahhh –oí lo gemidos de mi esposa, era obvio que Emmett estaba haciéndole algo, no quería ver que le hacía, pero claramente la estaba satisfaciendo como yo no lo hacía.
Intenté contenerme, me sentía fatal.
Rose me practicó sexo oral, pero no logré excitarme.
-Perdón –susurré disculpándome con ella, avergonzado.
-No te preocupes, todo está bien, relájate, te haré unos masajes en los pies, a Emmett le encantan –acarició mis piernas con delicadeza.
La verdad fue que Rose había sido muy dulce, pero mientras yo sufría, Alice gozaba de un sexo placentero con Emmett.
Cuando la noche terminó me subí al coche y me quedé paralizado, intenté no verlos, pero me fue imposible, podía notar como la penetraba una y otra vez.
-¿Ed? –Rose se asomó por la ventanilla –Espero que estés bien –susurró.
-Gracias, has sido muy amable.
-Adiós, buenas noches –Emmett me saludó.
Alice se subió al coche y suspiró –Una buena noche ¿no crees?
-Prefiero no hablar –respondí y aceleré.
Al llegar a la casa me dí una ducha rápida, me sentía algo sucio, y me metí en la cama.
-¿Cariño? –me abrazó como si quisiera tener sexo.
Me sobresalté –No me toques, Alice –la alejé e intenté dormirme.
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-¿Edward? –Bella se metió en mi cama desnuda, agarró mis manos y las colocó sobre sus senos.
-¿Qué haces?
-Shhhhh, tu esposa está en la cocina –susurró lamiéndome el dedo índice como si fuese mi polla.
-Ohhh –gemí sintiendo una erección en mi entrepierna.
-Quiero chupar tu polla, Edward –mordió su labio inferior corriéndose el labial rojo –Sé que me mirabas con deseo, sé que deseas que te lo haga.
-No puedo hacerlo, mi esposa… ella…
-Ella se acostó con Emmett ¿lo olvidas? ¡Y lo ha gozado! ¿Por qué tú no puedes gozar conmigo?
De repente desperté, estaba soñando nuevamente.
-¡Papá! –Mike se asomó por la puerta.
-¿Qué?
-Tengo que ir a un cumpleaños ¿me llevas?
-Sí, ahora voy –respondí levantándome.
-¿Qué mierda, papá? –señaló mi entrepierna.
-¡Joder! –me tapé rápidamente, tenía el pantalón manchado, me había acabado.
-¡Qué asco, papá, has tenido un sueño húmedo!
-¿Qué quieres cenar esta noche? –Alice me preguntó mientras buscaba las llaves del coche.
-Lo que sea –respondí.
-¿Qué te sucede?
-¿Lo disfrutaste? –pregunté enfurecido.
-¿Qué?
-Anoche –musité mirándola fijamente.
-Oh, Edward… ¿acaso estás enojado? Creí que lo entendías. Que lo habías aceptado al fin.
-Sí, lo he aceptado –tomé las llaves –¡Vamos ya, Mike! –grité y me alejé sin más preámbulos.
Luego de dejar a Mike en lo de su amigo, me dirigí al parque, no quería volver a casa. No podía ver a Alice a los ojos.
Me senté en un banco, observé a los niños correr. Recordé cuando Mike era pequeño, cuando las cosas con Alice estaban bien.
-¡Hey! –oí a lo lejos la voz de una mujer –¡Masen!
Volteé confundido, miré a mí alrededor, en los columpios estaba Bella saludándome.
-Puta vida –susurré en voz baja.
-¡Hey! –insistió.
-¡Hola, hola! –la saludé y comencé a caminar hacia mi coche.
-¡Oye, Edward! –me tocó la espalda –¿A dónde vas? ¿Te escapas de mí? –rió.
-Ja –fingí una risa –Es que se me hace tarde –mentí.
-¿Ah, sí?
-Sí.
-¿Vas a tu casa? –preguntó y asentí –¿Me llevas a lo de Kate?
¿Subirla a mi coche?
-¿Edward?
-¿Eh?
-¿Me alcanzas a lo de Kate?
-Sí –dudé de mi decisión.
-Gracias, estaba esperando a Jasper mientras me columpiaba, pero se ha atrasado demasiado, me estoy volviendo un puto potus allí –señaló riendo.
Reí.
Sacó su teléfono y envió un mensaje.
-¿Le estás avisando a Jasper?
-Sí, le he dicho que me alcanzarás hasta lo de Kate con tu coche.
-¿Lo ha permitido?
-¿Y por qué no?
-No lo sé, quizás le dan celos.
-¿Celos? No, Jasper no es celoso. Al contrario disfruta de verme con otros hombres. ¿No lo has notado?
-Que locura…
-¿Cómo te fue anoche?
-Bien –debía mentir.
-Sí, claro, porque te debe encantar ver a tu esposa con otros ¿no? –dijo irónicamente como si supiera que mentía.
-¿Entonces vas a lo de Kate? ¿Nueva reunión swinger?
-No –lanzó una carcajada –Es solo una tarde de amigos, harán una carne asada por la noche. ¿Ustedes no irán?
-No nos han invitado –aclaré.
-Ahora cuando lleguemos le diré que irán…
-No, no, no podemos –negué repetidas veces.
-¿No puedes? ¿Por qué?
-No tenemos donde dejar a los niños –expliqué.
-Los niños de Kate estarán ahí, es solo una cena, Masen.
-No lo sé, si no nos invitaron será mejor así.
-Quizás no quieren presionarlos. Pero yo insistiré para que los inviten, ya verás.
-Por favor, Bella, no –estábamos llegando a la casa.
Aparqué frente a la casa –Genial, les diré –bajó del coche y corrió hacia la entrada.
Bajé desesperado –¡Bella! –la agarré de la cintura y la levanté –¡Nooo! Por favor, no lo hagas, no quiero que se sientan obligados.
-Que brazos fuertes –me guiñó un ojo.
La solté avergonzado.
-Tienes las mejillas rojas –indicó sonriéndome.
-Bueno, yo… yo… me iré. Fue un gusto verte –estiré mi mano para que la estrechara.
-¿Tan formal? –me dio un beso en la mejilla.
Correteé hacia el coche, subí y evité mirarla, me sentía un adolescente.
Llegué a la casa, me dirigí a la habitación –¿Dónde estabas? Me preocupé por ti, Ed.
-Por ahí, me crucé a Bella y la alcancé a la casa de los Denali –debía decirle la verdad.
-Creí que estabas cometiendo una locura.
-¿Locura?
-Como me hablaste antes de irte creí que harías algo malo.
Bufé.
-¿Bella? ¿Qué Bella? –preguntó luego confundida.
-La esposa del rubio, Jasper, el pesado –aclaré.
-Ah, sí, ya sé quién es –asintió –¿Y dónde la encontraste?
-En el parque, estaba dando una vuelta –colgué la chaqueta en el guardarropas.
-¿Ella te parece bonita?
-¿Qué?
-Pregunto por el próximo sábado –acotó.
-¡Por dios, Alice, déjame respirar!
-¿Acaso no te ha gustado?
-¡Jesús y la maldita virgen! ¿Puedes dejarme solo?
-¿Quieres que hablemos?
-No, no quiero hablar de nada más.
-Ya te acostumbrarás, es un estilo de vida, pronto lo entenderás.
-Sí, claro, después de tres o cuatro vaginas diferentes lo entenderé, aunque creo que tú con una polla ya te fue suficiente.
-¡Ed!
-¿Qué?
-¡No seas así de injusto!
-¿Mamá? –Maggie se asomó.
-Sí mi niña –Alice la alzó en brazos –Lo hablaremos luego al parecer.
-Ni luego, ni nunca –suspiré, no tenía caso.
.
.
.
Al siguiente sábado volvimos a juntarnos, esta vez en el hogar de Emmett y Rose, en una casa de campo en las afueras.
-¿Cómo fue el viaje? –preguntó Emmett saludándome.
-Tranquilo –respondí estrechándole la mano.
-Trajimos una botella de vino blanco para compartir –Alice le entregó la botella de cortesía.
-Por favor, pasen, atrás está la piscina, tiene hidromasajes. En el sótano tenemos el pool, la barra y por allá está el comedor y la cocina, hay unos bocadillos si tienen hambre.
-Genial –Alice ingresó entusiasta.
-¿La otra noche estabas bien? Rose me comentó que te sintió incómodo.
-Pues sí, es extraño todo esto para mí y me cuesta relajarme.
-Hoy será diferente, ya tomarás más confianza –me sacudió –Por allí está Garrett –señaló la cocina.
Caminé hacia la cocina, saludé a Garrett y a unos tipos más que estaban allí comiendo unos pickles.
-Hola Edward –Bella me acarició la cintura.
-Bella –susurré su nombre.
-¿Bebes algo?
-¿Puedo abrir el vino? –tomé el vino que habíamos comprado.
-Claro, aquí tienes –me entregó un sacacorchos –¿Me sirves una copa?
-Sí –le serví una copa.
-Hola celosín –Jasper se burló de mí –¿Me sirves una copa a mí también?
-Claro –se la serví de mala gana.
-¿Dónde anda tu bella esposa?
Me hervía la sangre, la deseaba, podía verlo en sus ojos.
-Se fue abajo a buscar a Rose –aclaré.
-¿Quieres que juguemos un partido de pool?
-No, gracias.
-¡Vamos! ¡No seas aburrido!
Le di un sorbo al vino.
-¿Me tienes miedo, Masen?
Abrí los ojos como una lechuza –¿Miedo? ¿Miedo de qué?
-Jasper, no lo molestes, no seas así –Bella lo frenó.
-Vamos, es un juego no más –Jasper insistió, comenzaba a irritarme.
-Bien, jugaré –bajé primero y pedí los palos de pool, Rose nos los entregó y acomodó las bolas.
-¿Jugarán? –Alice preguntó asombrada –Hace miles que no te veo jugando al pool, Ed.
-Parece que todo está a mi favor –Jasper se creía demasiado.
-Eso crees –susurré bufando.
-¿Y porque jugarán? –preguntó un muchacho desgarbado tirado en un sofá.
-¿Disculpa?
-¿Qué apostarán?
-Sí yo gano, Masen, me acostaré con tu esposa, haremos un intercambio –exclamó, lo miré con odio –Pero si tú ganas, jamás la tocaré ¿Qué dices?
-Trato –estrechamos manos.
Iba a ganarle. Debía ganarle.
A mitad del juego, iba ganándole.
Bella se inclinó al lado de Jasper, pude verle las pequeñas bragas rojas debajo de la falda a tablas.
Sentí que mi corazón se aceleraba.
-Te toca, Masen –Jasper pateó la mesa de pool.
-Jasp, cálmate por favor pareces un niño –Bella acarició su cabello.
-No –la alejó con desprecio, eso no me gustó para nada, su actitud reacia me dio bronca.
¿Cómo podía tratarla así?
Me miró apenada.
No metí la bola, en realidad no sabía si había sido mala suerte o lo había hecho a propósito, quizás si quería hacer ese intercambio después de todo.
Al final, Jasper ganó.
-¡Sí! ¡Gané, Edward! ¡Gané! –festejó como un quinceañero.
Bella colocó sus ojos en blanco –Okey, ya todos nos dimos cuenta, cálmate de una vez.
-Gané, gané, gané, gané –repitió una y otra vez hasta que decidí callarlo.
-¿Vamos arriba o qué?
-¡Jolín que sí! –Jasper se acercó a Alice y la tomó de la cintura –Bella musa, vamos a disfrutar.
Ella se sonrojó.
Bella se me acercó y me tomó de la mano, subimos las escaleras hacia las habitaciones.
Jasper alzó a Alice en brazos, estaba desubicándose.
-¿Qué mierda hace? –pregunté furibundo.
-Es muy intenso, te pido disculpas por eso, no sabe controlarse, desde la primera vez que los vimos hemos querido cruzarnos con ustedes.
-¿Cruzarnos?
-Ya sabes, Jasp con tu esposa y yo contigo –me señaló.
-Ahhh –asentí.
-Es que me pareces muy guapo, Edward, pareces un tipo interesante, y creo que tendremos química ¿tú que piensas?
Me quedé boquiabierta.
Las carcajadas de Alice me bajaron de la nube en la que estaba flotando.
Jasper la había puesto sobre la cama y le hacía cosquillas.
-Ven –Bella me sentó en un sofá pequeño en la esquina de la habitación, se quitó los tacones, luego desabotonó su camisa, dejando sus senos al descubierto, no llevaba brasier.
¡Joder! ¡Deseaba tocarla! ¡Deseaba que fuese mía!
¿Pero, Alice? ¿No estaba acaso engañándola?
-Relájate –me quitó la corbata y se la enredó en el cuello.
Bueno, en realidad no era un engaño, ella me había pedido que lo hiciera, no había pecado en ello ¿o sí?
¡Joder! Me sentía muy confundido.
Se sentó en el suelo, abrió mi bragueta y acarició mi polla con sus frías manos.
-Ahhhh –jadeé.
-Quiero chupártela, Edward –gimió metiéndose mi polla erecta en la boca.
Tal y como lo había imaginado.
Mientras Bella me realizaba sexo oral, el mejor de mi vida, Jasper penetraba a Alice sobre la cama.
De repente se detuvo, antes de que acabara.
Tomó un preservativo y me lo colocó con cuidado, gemí excitado al sentir sus manos recorrer el largo de mi polla.
-Quiero que me cojas –susurró en mi oído y se sentó sobre mí aún con su falda puesta.
Sentí su suave coño, estaba muy excitado, sentía que iba a explotar.
-Oh, sí, Edward –la penetré, enterré mi polla en su estrecho coño.
-Ohhh por dios –jadeé.
-¡Sí, sí, sí! –se movió de arriba abajo metiéndola y sacándola de su coño húmedo.
-¡Oh, joder! –gemí perdiendo la razón.
-¡Asfíxiame! –suplicó dándome ambas puntas de la corbata que se había enredado en el cuello.
Tironeé de ella, jadeó retorciéndose mientras la penetraba hasta el fondo.
Jasper se nos acercó y la obligó a besarme.
-¡Bésalo con la lengua!
Ella me chupeteó los labios.
-Anda, Ed, bésala –parecía excitarse con eso.
La besé apasionadamente, sentí cada centímetro de su boca y su lengua, su saliva sabía a pomelo rosado.
-Ohhhh, así –Jasper comenzó a masturbarse frente a nosotros.
Alice se acercó y acarició la espalda de Bella.
-Que suave que es tu piel –musitó.
Bella seguía gimiendo –Ahhhh, ahhhh, Edward, más, más –pedía.
Me levanté, la alcé y la puse contra la pared, me la follé desaforado, tironeé de la corbata.
Alice se quedó pasmada –¡Ed, la lastimarás! –me frenó.
-Perdón, no quería lastimarte –aflojé mis manos y la bajé.
-No me lastimabas –susurró ella sonriéndome.
-Lo siento, creí que te hacía daño –Alice se sonrojó –Te volviste loco, Edward –susurró luego.
-Lo siento, no sé qué me pasó.
-Deja que la lastime –insistió Jasper entre jadeos –Golpéala en el trasero, a la perra le gusta –susurró en mi oído.
Tomó a Alice del brazo y a besuqueó en el cuello.
Bella me miró fijamente y lamió sus labios –¿Quieres seguir?
Le quité la corbata, até sus manos y comencé a golpearle las nalgas, le di cuatro golpes en cada una.
-Ahhhhh, ahhhhh –gimió ella apretando sus muslos.
-Oh dios –gemí pidiendo por mi alma.
Oía los gemidos de Alice detrás de mí, pero no me importaba.
Me arrodillé y comencé a chupetear su coño, sus jugos eran los más exquisitos que alguna vez había probado.
-Ahhhh, sí, sí, Ed, sí, así –se retorcía de placer.
-¡Que rico coño!
Luego de unos minutos me levanté, la tomé de los brazos; aún atados por la corbata; y la arrastré a la cama.
Alice estiró su mano hacia mí.
Me besó el cuello, mientras penetraba el coño de Bella nuevamente, a su vez Jasper le metía la polla en la boca.
Era una locura.
Acabé y me alejé para quitarme el preservativo, lo tiré a la basura y volteé, vi a Alice junto a Bella chupetear la polla de Jasp, lo hacían al mismo tiempo.
-Ven –Bella me pidió que me acercara, ambas comenzaron a mamarnos las pollas.
Alice rápidamente subió y me besó en los labios –¿Te diviertes? –preguntó risueña.
Asentí jadeando.
Jasper alejó a Bella de su polla y se acercó al coño de Alice.
Evité mirarlos y me concentré en Bella, su lengua chupeteando la punta de mi polla, me hacía cosquillas.
Luego bajó a mis testículos y jugueteó con ellos.
-Quiero que me cojas fuerte, Ed –suplicó con su mirada penetrante.
Me puse un nuevo preservativo y comencé a follarla como me lo había pedido.
-Ahhhhhhh, ahhhhhhh –gritó rasguñándome los hombros.
-Ohhh, sí, Bella, sí –gemí penetrándola una y otra vez, podía sentir sus paredes expandirse, estaba muy húmeda, se me hacía muy fácil deslizarme de adentro hacia fuera.
-¡Sí, más, más, más!
Cuando terminó la noche me sentía satisfecho, realmente satisfecho.
-Adiós, lo hemos pasado muy bien –Alice saludó a Rose con un abrazo –Esta noche ha sido perfecta, estoy muy feliz.
-Me alegra que lo hayan pasado de maravilla –Rose me palmeó –yo sabía que ibas a poder lograrlo, Edward, bienvenido a nuestro mundo –sonrió.
-Buenas noches –Bella me saludo con un beso en la mejilla.
-Adiós, Masen –Jasper estrechó mi mano –La verdad que lo hemos pasado muy bien, me divertí.
-Sí, nosotros también –respondió Alice saludándolo.
Caminamos hacia el coche, Bella me guiñó un ojo antes de subirse al suyo.
-¿Lo disfrutaste? –preguntó Alice antes de subir.
-Sí, lo hice –sonreí.
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Tres meses después
La mayoría de las veces que nos encontrábamos en una fiesta swinger, teníamos sexo con Bella y Jasper, lo pasábamos muy bien, nos divertíamos a lo loco.
Besé el hombro derecho de Bella, su piel suave me estremecía.
-Edward –jadeó mi nombre.
Por dios que amaba a esta mujer, pero no podía romper dos matrimonios, no podía hacerlo, no podía hacerle eso a Alice, teníamos una familia.
Tampoco sabía si ella sentía algo por mí, ni siquiera me daba la cara para preguntárselo, jamás lo haría.
De repente Kate se acercó y comenzó a besar mi espalda con sus gruesos y tibios labios.
-Que rico perfume que llevas hoy, Edward –susurró.
-Gracias –jadeé mientras Bella me realizaba sexo oral.
-Tienes una polla riquísima –gimió mordisqueándome.
-¡Loquilla! –exclamé sonriéndole.
Jasper se acercó y tomó a Kate del cuello –Tómatelo todo –se masturbó en su boca, cuando acabó, ella se lo tragó.
-Follame por detrás, Ed –Bella me suplicó en el oído –Quiero toda tu polla dentro de mí, muy dentro de mí –jadeó mordisqueándome el lóbulo de la oreja derecha.
La penetré luego de colocarme un poco de gel lubricante sobre el preservativo.
-Auuuuch –gritó quejándose de dolor –¡Duele papito, duele!
Me volvía loco cuando me decía papito.
-¡Así es follatela así, Masen! –Garrett me alentó.
Alice se arrodilló frente a Garrett y le realizó sexo oral junto a Kate, su esposa.
Jasper se nos acercó y tomó a Bella del cuello asfixiándola.
-¿Te gusta más mi polla o la de él, Bella? –le preguntó.
Al principio lo vi como un juego, pero luego se volvió incómodo y dejé de penetrarla.
-¿Jasper, que pasa? –pregunté preocupado.
-Nada, solo estoy jugando, Ed –susurró.
Ella se acarició el cuello, la había lastimado de verdad.
-Ahora vengo –se metió en el baño.
Fui tras ella –¿Bells? ¿Estás bien?
-Sí, estoy bien, vuelve a la habitación –indicó.
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Días más tarde
-¡Hey, Masen! –me crucé con Emmett a la salida del trabajo.
-¡Emm! ¿Cómo estás? –lo abracé.
-Recién me crucé con Jasper y tu esposa en el centro comercial, grité sus nombres pero no me oyeron, parecía que discutían. ¿Sucedió algo que no sepa?
-¿En el centro comercial, discutiendo? –no comprendía la situación.
¿Qué hacía Alice con Jasper un día de semana en el centro comercial?
Al llegar a casa me dirigí a la habitación, oí la ducha –¿Te estas bañando? –pregunté asomándome.
-Sí, ahora salgo cariño –respondió ella.
Rápidamente cerró el grifo y salió envuelta en una toalla.
-¿Cómo fue tu día? –pregunté antes que nada.
-Tranquilo por suerte –indicó.
-¿Saliste?
-No, me quedé en casa todo el día –mintió.
¿Pero porque mentiría?
-Emmett me ha dicho que te vió en el centro comercial con Jasper –repliqué.
Se paralizó.
-¿Alice? –la miré confundido.
-Es… pues… estábamos…
-¿Alice? –esto me daba mala espina.
-Comprando el regalo para su aniversario, lo ayudaba a elegir algo para Bella, no quería decírtelo porque creí que no te gustaría.
-¿Ah, sí?
-Sí, cariño –me besó en los labios y comenzó a vestirse.
-¿Y porque discutían?
Tardó un poco en responder.
-No estábamos de acuerdo en el regalo. Él quería algo de plata, yo prefería algo de oro.
Sentía que había algo que estaba ocultándome, sentía que me mentía.
**Esa noche mientras dormíamos sonó el teléfono de la casa.
-¿Quién mierda es a esta hora? –grité furioso.
-No atiendas, debe ser equivocado –indicó ella empujándome para que siguiera durmiendo.
Al rato volvió a sonar –Debe ser algo urgente, sino no insistirían tanto, me levantaré.
-Uffff –se quejó ella y se tapó con las sábanas.
Cuando llegué al teléfono, colgaron.
Verifiqué el número, era el teléfono de la casa de Bella.
Remarqué, pero nadie atendió.
-¿Quién era? –preguntó levantándose.
-Del teléfono de Bella, remarqué pero nada –me encogí de hombros –¿Crees que debería ir a su casa por si ha pasado algo?
Se quedó en silencio.
-¿Alice? ¿Crees que debería ir a ver?
-No, no, no –negó nerviosa.
-¿Qué te sucede?
-Nada, nada –repitió.
Una luz me encandiló, un coche se estampó en el frente de la casa.
-Ahhhhhhhhhh –gritó Alice lanzándose al suelo.
-¡Joder! –me tapé en rostro, algunos vidrios volaron por el aire.
-¡Papá! ¿Qué pasó, que pasó? –Mike se asomó por las escaleras.
-¡Quédate arriba, Mike! ¡Metete en la habitación de Maggie! –le ordené.
-¡Maldita puta! ¡Hija de puta! –Bella se bajó del coche despeinada, con el maquillaje corrido, agarró a Alice del cabello y comenzó a golpearla.
-¡Por dios, Bella! –las separé –¿Qué te sucedió?
-¡Nos están cagando, Ed!
-¿Qué?
-¡Son unos hijos de re mil puta! ¡Forros del orto!
Miré a Alice atónito –¿Qué mierda es todo esto?
-Edward, por favor, yo… lo siento tanto –comenzó a llorar.
-¡Hija de puta! ¡Creí que éramos amigas! ¡Me traicionaste!
Jasper bajó de una moto y la tiró entre los escombros –¡Bella! ¡Oh por dios, destruiste el frente de su casa! ¿Estás loca? –la zamarreó.
-¿Te follas a mi esposa fuera del ámbito swinger? –pregunté furibundo.
-Edward, yo… nosotros…
-¡Hijo de puta! –le di un puñetazo en el rostro –¡Son dos hijos de puta! ¡Joder, Alice, me pediste que hiciera esto por nuestro matrimonio y te terminas cogiendo a otro tipo! ¡Me engañaste! ¿Por qué lo hiciste?
-Me enamoré, lo siento, lo siento –sollozó.
-¿Por qué? –me agarré el rostro y me tiré al suelo, Bella me consoló.
-Ed –susurró mi nombre.
-¿Por qué lo hicieron?
-Fue solo una aventura, por dios, me arrepiento, lo siento, Bella, lo siento, por favor –Jasper se arrodillo.
-¿Aventura? ¿De qué mierda hablas, Jasp? –Alice lo miró fijamente, secó las lágrimas de sus mejillas –¡Dijiste que me amabas!
-No, estas equivocada, Alice, te dije que la pasaba muy bien contigo, eso es todo.
-¡Maldito hijo de puta! –le lanzó un jarrón a la cabeza.
Cayó al suelo desmayado.
-¡Lo maté! –se tapó la boca.
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Estábamos en el hospital, Kate se había encargado de los niños.
-Lo siento, Ed, me equivoqué –susurró Alice.
-Cállate por favor, no hables más.
-¿Cómo está él? –corrió hacia el médico.
-Está bien, le hemos dado unos cuantos puntos en la cabeza, sanará rápido, no es grave.
Suspiró –Menos mal, creí que lo había matado.
Bella venía caminando hacia nosotros.
-Él está bien –le aclaré.
-Me importa un bledo, que se muera si es posible –bufó.
Fui tras ella –Bella –musité.
-Edward –respondió mirándome fijamente.
-Siento mucho todo esto, de verdad lo siento.
-Me arrepiento de todo lo que sufrí, Edward, creí que iba a destruir tu familia, que iba a romperle el corazón a Jasper, me contuve, me limité, pero no sirvió de nada. Ellos estaban engañándonos, ellos destruyeron todo.
-¿De qué hablas?
-Yo sentía cosas por tí, Edward, siempre lo hice, pero no podía decírtelo.
Me paralicé, ella me besó la mejilla y se alejó.
Alice se me acercó, intentó besarme.
-¡Joder! ¿Qué mierda haces? ¿Estás loca?
-Perdóname, por favor.
-Claro, ahora que Jasper te ha rechazado quieres que te perdone ¿no? –hice una pausa –Hace unas horas dijiste que lo amabas a él.
-Me equivoqué, lo siento –intentó agarrarme.
-¡No me toques! –grité alejándome –¡Por favor no me toques! ¡Tú provocaste todo esto! ¡Mira lo que hiciste! ¡Nos destruiste!
-¡Ed, por favor!
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Al cabo de un año
Estaba divorciado de Alice, nuestro matrimonio se había acabado para siempre. Teníamos la custodia compartida de los niños, así estábamos mejor, era más sano para todos.
Por lo que sabía Bella había abandonado a Jasper ese terrible día antes de que saliera del hospital. Había tomado sus cosas y se había largado a la casa de su madre en California.
Descubrió la infidelidad cuando Rose le comentó lo que su esposo había visto, hacía poco sospechaba que Jasper la engañaba, pero no sabía con quién.
Según Kate, Jasper ya había engañado a Bella una vez.
Cuando Bella lo descubrió, confesó que se habían visto con Alice en privado, desde la segunda vez que lo habíamos hecho en casa de Emmett, la atracción que surgió entre ellos había sido innegable.
Ella estaba enamorada perdidamente de él, y lo perseguía presionándolo para seguir viéndose a escondidas. Pero él le juraba a Bella que solo había sido una tonta aventura con un fin anunciado.
Alice se quedó como dice el dicho sin el pan y sin la torta. Me perdió a mí, y lo perdió a Jasper.
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Caminé por el parque cerca de la casa de Alice, estaba esperando a que Mike me avisara para ir a buscarlo y llevarlo a clases de guitarra.
-¡Hey, Masen! –oí a lo lejos.
Volteé, era Bella sentada en uno de los columpios como tiempo atrás.
Reí –¿Qué haces aquí? –pregunté acercándome.
-Estaba dando unas vuelta con el coche, y recordé esta plaza, cuando te encontré ese día y te pedí que me alcanzaras a lo de Kate ¿recuerdas? –sonrió.
-Sí, lo recuerdo –me sentí nostálgico.
-Volví hace un par de días a la ciudad, he conseguido un trabajo fijo muy bueno.
-¿Ah, sí?
-Sí –asintió.
-¿Cómo has estado? –me senté en el columpio a su lado.
-Yo muy bien ¿y tú que cuentas, Ed? Kate me ha dicho que te separaste de Alice.
-Sí, nos divorciamos, no podía funcionar.
-Lo lamento, sobre todo por tus niños.
-Estamos mejor, ellos están mejor, ya no hay peleas –suspiré –Es más sano para todos.
-Ya lo creo.
Sonó mi celular, era Mike que me pedía que lo buscara.
-Debo ir a buscar a mi hijo, ¿quieres tomar un café mañana?
-Claro, me encantaría –se sonrojó.
-¿En el bar de Billy's a las cinco?
-¡Ahí estaré! –afirmó.
Al día siguiente en Billy's
-¡Bells! –exclamé saludándola.
-Hola, Ed –besó mi mejilla, se quitó el abrigo y lo colocó en la silla –¿Llegaste hace mucho?
-Sí, a decir verdad sí, estaba nervioso –observé su hermoso vestido rojo.
-¿Nervioso?
-Por verte otra vez… ya sabes –reí –Espero que pases un buen rato conmigo y no te aburras con este viejo.
-Siempre me gustó pasar tiempo contigo, Ed –mordió su labio inferior.
-A mí también –confesé –Ese día no te lo dije porque estaba abrumado, pero desde que te vi sentí algo por ti, Isabella Swan, me volvías loco.
-¿Crees que es demasiado tarde para volver a empezar?
-No, no lo creo. ¿Y tú?
Negó –Creo que siempre se puede volver a empezar, Edward –sonrió pícaramente.
-Me gustaría oler tus braguitas, pequeño cisne –jadeé en voz baja.
Se inclinó hacia abajo, y luego acercó su puño cerrado sobre la mesa hacia mí.
Tomé lo que me entregaba, eran sus bragas, una delicada tanga negra, la acerqué a mi rostro y las olí volviéndome loco.
-Bella –gemí su nombre sintiendo como mi polla se ponía dura.
-Edward –jadeó acariciándome la entrepierna con sus pies bajo la mesa.
-¿Vamos a mi casa? –pregunté haciéndole seña al mozo para que me cobrase mi café.
Asintió –Claro, me encantaría –lamió sus labios.
Fin
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*El intercambio de pareja o swinging también referido como estilo de vida basado en el intercambio de pareja, "el estilo de vida", incluye un amplio rango de actividades sexuales realizadas entre parejas heterosexuales, bisexuales u homosexuales en un mismo local privado o inmueble particular.
**Ésta escena específica la copié de una película Argentina, "Dos más dos", comedia dramática, donde los matrimonios descubren la infidelidad de sus parejas.
¿Qué significa que te quedaste sin el pan y sin la torta? Por supuesto, no se refiere a la comida en sí, es una manera de decir, que teniendo dos oportunidades, has perdido ambas por elegir incorrectamente. Es una expresión muy usada en Argentina.
