A las once Rose esperaba nerviosa en la puerta de la sala común de Slytherin. Le había costado menos de lo que creía escabullirse de su dormitorio. Por suerte, Eliza, Martha y Caroline se habían quedado dormidas pronto y Lizzy se estaba duchando, aunque esta última no la preocupaba especialmente. Sabía que no la obligaría a contarle nada que ella no quisiera. La puerta no tardó en abrirse y Scorpius salió, con el mapa del merodeador entre sus manos.

- Hola, preciosa. – La saludó, dedicándole una cálida sonrisa.

- Felicidades, Scorp. – La pelirroja pasó las manos sobre sus hombros y lo besó. Llevaba con ganas de aquello desde por la mañana.

- Muchas gracias. – Respondió él antes de besarla de nuevo, apoyando una de sus manos en la cintura de la chica. Cuando se separaron le dio el pergamino plegado. – Tu primo me ha dado el mapa pero no pone nada, decía que tú sabrías abrirlo.

- ¿Nunca lo ha abierto delante de ti? – Le preguntó Rose. Sus padres les habían dicho siempre que tuvieran mucho cuidado con él y, siendo sinceros, cuando ella lo había usado delante de sus amigas siempre lo había abierto antes. Confiaba en ellas, pero le habían repetido tantas veces que ya había demasiada gente en Hogwarts que sabía la contraseña que no podía evitarlo y, supuso, que a Albus le pasaba lo mismo.

- No, apenas lo hemos usado un par de veces. – El rubio se encogió de hombros.

- Pues ya verás. – La chica sonrió. Confiaba en Scorpius y, si iba a formar parte de su vida, no quería tener ningún tipo de secreto con él. Apuntó al pergamino con su varita. – "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas"

Ante ellos, comenzaron a dibujarse todas las estancias del colegio y, dentro de estas, las personas que estaban en ellas.

- ¿Solo eso? – Scorpius abrió mucho los ojos. – Me parece una contraseña demasiado fácil para preservar algo tan valioso.

- Pues tú no has logrado adivinarla. – Replicó ella. – Así que o bien no eres muy listo, o bien no es tan fácil como dices.

- Eso ha sido un golpe bajo, Weasley. – El rubio se cruzó de brazos y fingió molestarse, pero Rose lanzó una alegre carcajada y lo besó, consciente de que solo estaba interpretando un papel.

- Venga, deja de hacer el tonto. – La pelirroja volvió a reír y miró el mapa. – Sígueme, creo que podremos salir sin problemas.

- Tendríamos que haberle pedido a tu primo también la capa. – Dijo él tras suspirar mientras comenzaban a recorrer los pasillos que los sacarían de las mazmorras.

- La tiene James y, teniendo en cuenta que hoy también es su cumpleaños, supuse que querría utilizarla. – Contestó ella, sin dejar de mirar los puntos que se movían en el mapa. – Cuidado ahora al subir, no hagas ruido.

El chico asintió y subió las escaleras despacio, intentando no hacer ruido, seguido a poca distancia por su novia.

- Espera un momento. – Rose lo agarró de la camiseta y él le hizo caso. Esperaron sin hablar durante lo que parecieron diez minutos, hasta que ella suspiró. – De acuerdo, tenemos vía libre.

Se apresuraron a terminar de subir y recorrer el pasillo que los llevaría hasta los jardines. Una vez ahí fuera, se alejaron un poco del castillo y se dejaron caer sobre la hierba.

- ¿Y qué tienes planeado?

- Espera un momento y lo verás. – Rose se descolgó su pequeño bolso y empezó a sacar cosas: un par de mantas, algo de comida, un par de botellas de cerveza de mantequilla, unas velas y, finalmente, un paquete envuelto. – Esto es para ti.

- No tenías que haberte molestado. – Dijo Scorpius, aunque lo aceptó con una sonrisa. Lo abrió y sacó un marco con una foto que los dos se habían sacado apenas unos días antes. El chico salía abrazándola por la espalda y dándole un beso en la mejilla mientras ella reía. Se mordió el labio al verlo. Estaba preciosa en aquella foto. Debajo de eso había una tarjeta, hecha a mano. La abrió y comenzó a leer en voz alta. – "No todos los días se cumplen diecisiete años, no todos los días se hace uno mayor de edad. Piensa en todo lo que va a cambiar en tu vida a partir de ahora: podrás hacer magia cuando quieras, podrás sacarte la licencia para aparecerte, estarás un paso más cerca de terminar el colegio y convertirte en lo que realmente quieres ser. Podría decirte que tu vida empieza hoy pero, como no es verdad, me limitaré a decirte que estás un paso más cerca de cumplir tus sueños. Feliz cumpleaños, Scorpius. Por uno y muchos más juntos. Rose J. Weasley." – La chica lo miraba nerviosa y él no pudo resistirse ni un minuto más y la besó con fuerza. Ella le correspondió y, cuando se separaron, se sonrieron como dos tontos. – Te quiero, Rose.

- Yo también te quiero, Scorpius. – La pelirroja se mordió el labio al decir aquello, incapaz de creerse que acabara de decirle que la quería y que ella hubiera respondido que también. Si le hubieran dicho aquello unos meses antes, jamás lo habría creído. – Eso no es todo, todavía queda un regalo más.

- Rose, es demasiado, esto está bien, no necesito nada más si estoy contigo. – Protestó un poco él. Sabía que la chica había gastado gran parte de sus ahorros en eso ya que no podía pedirle dinero prestado a sus padres.

- No seas tonto. – La pelirroja sonrió y le dio un pequeño sobre. – Sé que te va a gustar.

- A ver… - Abrió el sobre y sacó dos entradas. Lanzó una carcajada al leerlas. - ¿Romeo y Julieta?

- Sí, en Londres, el 10 de julio. – Ella también comenzó a reír. – Supongo que tendré que darle otra oportunidad.

- Me encanta, Rose. – Volvió a unir sus labios, ahora con más pasión. Siguió besándola hasta que la chica quedó tumbada sobre la hierba y él, sobre ella. – Muchas gracias, no tenías que haberte molestado.

- Era lo mínimo que podía hacer. – Contestó ella, intentando recuperar el aliento. – Supuse que tus padres te enviarían un reloj, sino te lo habría comprado yo misma.

- Sí, me lo han enviado esta tarde. – Le apartó un mechón de pelo de la cara y volvió a acercarse a ella. – Pero no hablemos más de eso, se me ocurren cosas mucho mejores que hacer contigo que hablar de los regalos que me han enviado mis padres.

Unió los labios de la chica con fuerza y recorrió una de sus piernas con la mano, haciendo que ella lanzara una carcajada.

- ¿Sabes qué? Estoy completamente de acuerdo.

Scorpius sonrió y ambos volvieron a unir sus labios. La noche era larga e iba a ser bastante entretenida.


Cuando Lizzy volvió a su dormitorio, Rose ya no estaba y las demás seguían durmiendo. Se sentó en la cama, algo nerviosa. ¿Cuándo se suponía que llegaba James? ¿Y si no había podido escaparse de la fiesta y no iba a por ella? Jugueteaba con la moneda, con la mirada perdida cuando notó que esta empezaba a quemar y sonrió. ¡Por fin! Cogió su uniforme y sus libros – por si no le daba tiempo a volver por la mañana – y salió del dormitorio con cuidado de no despertar a nadie. Cuando salió de la sala común no vio a nadie, pero supuso que el chico estaba debajo de la capa de invisibilidad.

- James. – Susurró. – James, ¿dónde estás?

Nadie respondió, pero de repente vio una mano que la agarró y la metió debajo de una tela. Se encontró frente a frente con James, que le dedicó una sonrisa burlona.

- ¿Libros, Elizabeth? ¿De verdad?

- Cállate. – Lo fulminó con la mirada.

El chico hizo un gesto sobre sus labios, como si estuviera cerrando una cremallera, pero mantuvo su sonrisa. Con cuidado, Lizzy se dio la vuelta y dejó que él rodeara su cintura con sus brazos. Juntos fueron hasta la Sala de los Menesteres con mucho cuidado pues no querían ser descubiertos y, cuando apareció la puerta, entraron rápidamente. James soltó a la chica y retiró la capa, dejándola sobre la mesita. Lizzy puso sus cosas encima de uno de los sillones.

- ¿Te ha costado mucho salir?

- Lily ha estado a punto de no dejarme la capa. – Suspiró y se dejó caer en la cama, dejando a su lado una bolsa que llevaba a su espalda. – Decía que no podía huir de mi propia fiesta así porque sí, por suerte he logrado convencerla.

- Menos mal. – La chica se sentó junto a él y le dedicó una tierna sonrisa. – Siento que te pierdas toda la diversión.

- Aquí va a haber mucha diversión, te lo aseguro. – El chico se incorporó y la miró con picardía.- Además, prefiero estar aquí contigo que rodeado de un montón de gente que solo me "aprecia" por la fiesta.

- Oh, que mono. – Intentó sonar despreocupada, pero no pudo evitar sonrojarse. Sabía que lo decía de verdad y cada vez se sentía más culpable por no haber conseguido su regalo a tiempo. Carraspeó un poco antes de volver a hablar. - ¿Y esa bolsa tiene algo que ver con la diversión de la que hablas?

- Tal vez… - La cogió y sacó la botella de whisky de fuego que le habían regalado aquella mañana y un paquete de cigarrillos. Le pasó la botella a Lizzy – Ten cuidado, no quiero que vuelvas a pasar la noche vomitando.

- Han pasado dos años, ¿no se te va a olvidar nunca? – Replicó ella, indignada. Aún así, aceptó el whisky. Lo miró unos instantes antes de dar un largo trago directamente del envase. Sintió cómo el licor la quemaba, pero bebió otra vez.

- Jamás. – Sonrió. – Creía que no ibas a volver a probar el whisky de fuego en tu vida.

- Hago una excepción porque es tu cumpleaños.

- Eso será. – Comenzó a reír mientras cogía un cigarrillo y lo encendía. Le dio una calada y suspiró al echar el aire. Hacía mucho que no fumaba.

- Creía que ya no ibas a fumar más.

- Dije que solo en ocasiones especiales. – Le dio otra calada. Lizzy negó con la cabeza antes de sentarse a horcajadas sobre el chico, que posó una de sus manos sobre su pierna. Le quitó el cigarrillo y le dio una larga calada. – ¿Te enfadas conmigo y luego la que fuma eres tú?

- Cállate, Potter. – Le dio la botella y él bebió un trago. – Un día es un día.

- Eres una malota, mírate, bebiendo y fumando sobre un chico mayor, ¿qué diría la gente si te viera? – James enarcó una ceja de forma provocativa y, aprovechando la carcajada que lanzó ella, le quitó el cigarro.

- La gente no te creería. – Dijo, recuperando la botella.

La chica bebió otro trago entre risas y besó a James, que no se resistió. Tiró el cigarro – con cuidado de no quemar nada – y metió sus manos bajo su camiseta, recorriendo su espalda con delicadeza. Se separaron para tomar aire y ambos volvieron a beber antes de besarse de nuevo, cada vez con más ganas y pasión. Lizzy sonrió en mitad del beso. La noche solo acababa de empezar.


James fue el primero en despertarse a la mañana siguiente. Lizzy estaba acurrucada en su pecho y dormía profundamente y él no pudo evitar acariciar su pelo con ternura. No sabía qué hora era, pero supuso que pronto tendrían que levantarse si querían llegar a la primera clase. La miró de nuevo y sonrió, sintiéndose afortunado. No todos podían tener a la chica más especial de Hogwarts entre sus brazos casi cada mañana. Suspiró. Estaba tan tranquila que le daba pena tener que despertarla, pero no le quedaba más remedio.

- Lizz, es tarde, levanta. – Murmuró en su oído. Ella gimoteó un poco y él tuvo que contener la risa. – Venga, vamos.

- Mi cabeza… - Consiguió decir ella antes de esconderse en su pecho y desaparecer bajo la sábana.

- Se llama resaca y puede que el haberte bebido media botella de whisky tú solita tenga algo que ver. – No pudo contener más tiempo la risa.

- ¡Fue entre los dos! – Se quejó ella, destapándose la cabeza. Tenía los ojos medio abiertos y la frente arrugada. Tosió un par de veces. - ¿Por qué tú estás bien?

- Estoy más acostumbrado a esto que tú. – La besó en la frente. – Cuando desayunes algo te sentirás mejor.

- ¿Desayunar? – Palideció solo de pensarlo, por lo que el chico volvió a reír. - ¿No puedo quedarme hoy en mi dormitorio?

- No, lo siento, no creo que sirva aunque si quieres una pastilla vomitiva puedo darte una y mandarte a la enfermería.

- ¿Estás loco? – Se incorporó rápidamente y negó con la cabeza.

- ¿Ves como no te encuentras tan mal? – James se sentó. - ¡En marcha, nos espera un largo día!

- ¿Sabes que no me has dicho que te han regalado tus padres?

- Es la peor estrategia del mundo para ganar tiempo. – James salió de la cama y empezó a vestirse. – Y no me han regalado nada de momento. Me han enviado una nota diciendo que se lo tienen que pensar debido a mi comportamiento, pero que probablemente cuando llegue a casa habrá una sorpresa esperándome. – Se encogió de hombros mientras cogía la ropa de la chica, desperdigada por el suelo. Se la lanzó. - ¡Y ahora, vamos o nos perderemos el desayuno!

Lizzy resopló, pero finalmente accedió. Debía darse prisa o tendría que inventar una larga explicación para aquello aunque, para su desgracia, le habría encantado poder pasar el resto de la mañana durmiendo entre los brazos de James.