CAPITULO 35: ¿DESCANSAR?... NO, TODAVIA NO
- ¿A dónde vas?
Ambos compañeros ya habían terminado de comer pero Milo no se dirigía precisamente hacia su templo
- Con el patriarca, quiero pedirle permiso para salir de nuevo a Milos, ahora que Nira ya despertó debo avisarle a mi maestro
- Es cierto… suerte
- Gracias
Milo salió del templo de Acuario rumbo a los aposentos del Patriarca. Ahora que ella había despertado se sentía realmente tranquilo y mas porque no había sido tan malo como él se lo esperaba, francamente creía que cuando Nira despertara le iba reprochar el haberla herido de esa forma, además de que muy posiblemente fuera querer matarlo o simplemente lo amenazara, todo acompañado de una fría mirada y una agresiva actitud. Pero nada de eso había pasado, lo peor fue lo acontecido con Yatzin y la frialdad con la que le había hablado, por todo lo demás estaba bien, más que bien, era excelente el hecho de que, aunque no supiera porque, aun confiaba en él y eso ya era motivo para tranquilizarse y tomar las cosas con calma, lo único que tenía que hacer de ahora en adelante era esperar y ayudarla a recordar y para eso necesitaba de Andro. Solo esperaba que Shion le diera permiso de salir del Santuario, hacía poco que había salido y pedirle de nuevo ese favor podría complicar un poco las cosas. Cuando llegó, los pocos soldados que custodiaban la puerta se le acercaron; era raro cuando se encontraban ahí.
- Deseo hablar con su Santidad – dijo Milo con firmeza
- Un momento, por favor – respondió uno de los soldados y entró. No había pasado mucho tiempo cuando salió – pase
Milo entró y cuando estuvo a pocos metros de Shion, se hincó
- Santidad
- ¿Vienes a pedirme permiso para salir a Milos de nuevo, verdad?
- Así es, su santidad
- Me temo que esta vez no será posible, Milo
- ¿P-por qué, su santidad? – preguntó Milo desconcertado, no se lo esperaba
- ¿A qué vas?
- A decirle a mi maestro que Nira ya despertó, santidad
- Milo, se que ella es muy importante para ambos y por eso creo que sería mejor si tú te quedaras con ella, cuando menos mientras se recupera – Shion se le quedó viendo por un momento pero Milo no dijo nada, solo miraba el suelo confundido – dime, ¿recuperó la memoria?
- No, santidad
- Entonces con mayor razón deberías quedarte, tendrá muchas dudas y tú eres el único que podrá responderlas
- Entiendo
- Yo le envío una carta a Andro explicándole como esta todo por acá, además necesitas descansar, me he enterado que no sales de la Fuente y te noto cansado, ¿has estado durmiendo bien, Milo?
No podía mentirle, eso era como mentirle a la misma Athena y era considerado una afrenta muy grave contra ella. De todos modos tardó un poco en contestarle
- ¿Milo?
- No… la verdad no – respondió Milo en un murmuro aunque Shion lo escuchó perfectamente
- No te preocupes, Milo, todo saldrá bien, Andro entenderá; además de que toda la responsabilidad caerá sobre mí
- Creo… que tiene razón… lo mejor será quedarme con ella… eso era todo lo que quería hablar con usted, santidad, me retiro- Milo se levantó, hizo una reverencia y salió de ahí
Durante el resto del día se la pasó en su templo, la verdad era que no tenía ánimos de hablar con nadie y lo único que quería era dormir un poco, le hacía falta, además de que sabía que lo peor ya había pasado, Nira ya estaba fuera de peligro y había despertado y si quería más pruebas para asegurarse de que ella ya estaba bien le bastaba con el hecho de que podía dar pelea, no como las que ella estaba acostumbrada pero tenía las suficientes energías como para defenderse y eso estaba bien, pronto ella recuperaría todas sus fuerzas y retenerla en el santuario se volvería más complicado pero no se preocuparía por eso en ese momento sino hasta que esa situación se presentase, mientras tanto lo único que rondaría por su mente sería cuidarla, protegerla y ayudarla de y en todo lo que fuera posible y haría todo lo que estuviera en sus manos para recuperarla. Con eso en la cabeza se quedó dormido, hasta el día siguiente y sin sueños que lo molestaran.
Hacía más de una hora que se había despertado; durante el resto del día de ayer se la había pasado dormida y es que la pelea que había tenido con esa inoportuna amazona (Yatzin, así la había llamado el caballero) la había dejado agotada. Por la luz que entraba por la puerta, intuía que ya era media mañana y aunque quería levantarse, el dolor en la espalda la obligaba a permanecer acostada. En eso entró una de las sacerdotisas
- Buenos días, joven
- Lunye, mi nombre es Lunye – la corrigió la ex berseker de muy mala manera
- Lo siento… ¿Cómo amaneciste, Lunye? – la sacerdotisa se dirigió hacia el suero y cerro (o al menos eso fue lo que creyó Lunye) lo que parecía ser una clase de válvula que se encontraba en la manguera
- Bien, creo – respondió volteando a otro lado
- ¿No te duele la espalda? – quitó la bolsita vacía y puso otra, volviendo a girar la pequeña válvula
- Un poco – reconoció Lunye - ¿Cuándo voy a poder levantarme de esta cama?
- ¿Eso es lo que quieres? – la sacerdotisa inyectó algo en el suero y rápidamente el dolor empezó a menguar
- Si, ya me cansé de estar solo acostada
- Te dejare levantarte si solo me prometes dos cosas – Lunye volteo a verla sorprendida
- ¿Qué?
- Uno que no salgas de la fuente y dos que no te quites el suero ni el yeso
- ¿Eso solamente?
- Si, a menos que quieras más restricciones porque puedo…
- No, con eso basta, creo que podré cumplir lo que me pide
- ¿Crees…o lo harás?
- Lo haré
La sacerdotisa se acercó a ella y la ayudó a sentarse en la cama y después a ponerse de pie. Le acercó el tubo que contenía la bolsa del suero
- A donde quiera que vayas tendrás que llevarte esto, además, te sirve de apoyo para caminar
Lunye no dijo nada y simplemente lo tomó dirigiéndose inmediatamente hacia la salida de la habitación. La sacerdotisa iba tras de ella, cuidando de que no fuera a dar un traspié que la hiciera caer. Cuando estuvieron frente a las escaleras la sacerdotisa le volvió a hablar
- La Fuente es todo donde veas bastante vegetación y puedes andar por todo eso, mas allá no, ¿entendido?
- Si… ¿Cuánto tiempo?
- Tienes de límite el atardecer o hasta que te canses, lo que suceda primero aunque necesito que vengas aquí dentro de dos horas para volver a inyectarte el analgésico
- Entiendo
Lunye bajo uno a uno los tres escalones cuidando de no lastimarse la pierna, valiéndose del suero para ello. Cuando estuvo en suelo firme vio a su compañera de batalla sentada junto a un enorme árbol con un arnés en su brazo derecho
- ¡Ioanni!
- ¡Lunye! – Ioanni se levantó y se dirigió a ella rengueando, al igual que ella también tenía un yeso en su pierna izquierda – ey, ¿Cómo estás?
- Estoy bien, solo con algunas molestias aun, ¿y tú?
- Yo ando bien, solo esperaba a verte para irme en cuanto pueda
- ¿y los otros?
- Nithael ya se fue y Skuler debe de andar por ahí pero está bien. ¿Recuerdas algo?
- No y quiero que me digas porque nunca me dijiste que estabas igual que yo
- Lunye, eso no tiene importancia pero aun así te voy a responder. No te dije nada porque mi pasado dejó de importarme, simplemente creí que eso era lo mejor y que muy posiblemente mi vida era todo un desastre y que no valía la pena recordarla. Y por si te interesa, Skuler y Nithael están igual que nosotras
- Eso ya lo sé… Ares me lo dijo
- ¿Ares?, que falta de respeto la tuya al llamarlo así
- No pienso tenerle respeto a alguien que me privó de mis recuerdos – dijo Lunye realmente molesta
- ¿Qué?... ¿Quién te dijo tal barbaridad?
- Él, antes de medio matarme, me lo dijo todo. Tú, Nithael, Skuler y yo fuimos tomados de diferentes lugares no sin antes atacarnos. Nos llevó a su monasterio y nos borro la memoria, llenándonos la cabeza de mentiras
- Eso no puede ser cierto – dijo Ioanni anonadada, no podía creer lo que escuchaba
- ¿Qué es lo que pasa? – preguntó Skuler al verlas así
- Fuimos engañados por Ares, Skuler – respondió Ioanni seria – él mismo nos atacó y después nos mintió diciéndonos que nos había salvado, además, no perdimos la memoria de un golpe como nos dijo sino que él mismo nos la quitó
- ¿Quién les dijo tal cosa? – preguntó sorprendido
- Él mismo me lo dijo antes de medio matarme – respondió Lunye molesta
- Entonces, ¿todos estos años le estuvimos sirviendo a quien debía ser nuestro enemigo? – ambas chicas asintieron con la cabeza
- Deberíamos irnos esta noche, los tres ya estamos bien – dijo Ioanni
- Yo no puedo – dijo Lunye pensativa
- ¿Por qué? – preguntó Skuler desconcertado
- Aquí están todas las respuestas que busco – Lunye volteo hacia el emplazamiento y vio a Milo hablar con la sacerdotisa, al parecer le había preguntado donde estaba porque la había señalado, pero al verlos a los tres juntos decidió quedarse donde estaba
- ¿En el santuario? – preguntó Ioanni aun mas desconcertada
- Antes de ser berseker fui caballero de Athena y aquí hay alguien que parece ser que me conocía. Me quedare unos días más, solo para ver si él me ayuda a recordar, si no, me iré
- Entiendo – dijo Skuler – ¿de casualidad no es ese?,- preguntó refiriéndose a Milo - te ha estado mirando desde que llegó
- Si, es él
- Supongo que querrás hablar con él – dijo Ioanni – siempre habías estado esperando un momento como este
- No lo sé… ¿Qué tal si mi vida era peor a la que tengo ahorita?
- Y que tal si era mejor – dijo Skuler
- Quizás sea mejor averiguarlo… si era mejor o peor no importa porque así ya no sufrirás por saberlo – dijo Ioanni
- Tienes razón… pero ahorita no me urge hablar con el caballero, quiero estar con ustedes antes de que se vayan
Durante las dos horas que tenía Lunye antes de ir con la sacerdotisa se quedó con sus dos compañeros platicando sobre todo lo que les había acontecido en la última semana, sobre todo de su pelea en cada uno de los salones. Ioanni les platicó sobre las visitas de Camus en los primeros días, las preguntas que le hacía y su pelea que tuvo contra él en el salón de Valles Marineris. Skuler les platicó de su pelea contra Saga pero él no recibió visita alguna de ningún caballero del Santuario. Lunye les platicó de su pelea contra Milo, lo acontecido en el Salón Principal y su humillante derrota contra la amazona que dejó con vida en Eclathión que para su sorpresa aun permanecía en el Santuario. Cuando el tiempo de ir a que le aplicaran el analgésico llegó – además ya le había comenzado a doler la espalda y la pierna – se despidió de sus compañeros y se fue. Cuando llegó la sacerdotisa la hizo pasar hasta la habitación en la que estaba
- Vino a buscarte el joven Milo – le avisó la sacerdotisa mientras le aplicaba el medicamento – pero al ver que tu conversación con tus amigos iba para largo decidió irse aunque dijo que volvería más tarde
- Entiendo
- Ese hombre te tiene gran afecto, Lunye – a la chica de cabellos rojos le sorprendió y le extrañó el comentario
- ¿Por qué lo dice?
- Mientras estuviste inconsciente no salía de aquí, además de que se preocupaba mucho por tú salud sin importarle la de él… hubo ocasiones en las que le tuve que exigir que saliera, no tanto por ti sino por él, pero ahora que ya despertaste seguro descansará mas, le hace mucha falta
Lunye no respondió pero la sacerdotisa se dio cuenta inmediatamente que la chica estaba sorprendida por lo que acababa de enterarse y no la culpó, si a ella le ocurriera lo mismo estaría igual o peor
- ¿Te puedo pedir un favor, Lunye?
- Si
- Como a mí no me escucha, dile al joven que descanse mas porque le hace mucha falta, aunque ahora lo vi un poco mejor
- Claro, se lo diré
- Te lo agradezco… ya puedes irte
Lunye se levantó de la cama y se fue hacia el pequeño pero hermoso jardín, pero al salir se llevó una gran sorpresa que no esperaba y que le desagradó mucho, aun no quería toparse con él
- Contigo quería hablar, Lunye… vine a proponerte algo
- ¿Qué es lo que quieres, minino? – le preguntó fría Lunye a Aioria
- Quiero la revancha
- ¿No estarás hablando en serio, verdad Aioria? – preguntó Milo que acababa de llegar alterado y algo molesto
- Hablo muy en serio
- ¿Qué no te bastó con mi derrota en Iraklión, minino? – preguntó Lunye con sarcasmo
- No, porque quien te venció allá fue Mu no yo
- Eso es cierto… tu di cuando, te doy esa oportunidad
- Cuando te recuperes, no quiero pelear contigo ahorita, sería una falsa victoria
- Como quieras… ¿algún lugar en especifico?
- El Coliseo, si no sabes donde es pregúntale a Milo
- ¡¿Qué?! – exclamó Milo desconcertado
Aioria se dio media vuelta y se fue de ahí
- No deberías preocuparte – dijo Lunye tranquila y seria, sin dejar esa frialdad que Milo no sabía por cuánto tiempo soportaría
- No puedo hacer eso – respondió Milo sin dejar de ver hacia el frente. Lunye volteo a verlo de reojo y se percató de lo que le había dicho la sacerdotisa
- Deberías mejor descansar en vez de preocuparte por mí, te vez fatal
- No, aun no, antes quiero intentarlo – Milo volteo a verla y Lunye hizo lo mismo
- ¿Intentar que, Milo?
- Recuperarte, Nira
Lunye se le quedó viendo fijamente, algo sorprendida y aunque hizo lo posible por ocultarlo ante el caballero, no pudo…
