Avatar, el Último Maestro del Aire no me pertenece. Sólo me divierto escribiendo un poco y torturando a los personajes de vez en cuando.
Capítulo 36: La Propuesta.
Iroh y Ursa miraban a Zuko atónitos. El príncipe había relatado lo que había pasado en los últimos días con Mai, evitando algunos detalles por supuesto. Ursa no sabía si sentirse feliz o asustada por todo, aun con más respuestas sobre la mesa, ella sabía que todavía había muchas incógnitas. Iroh, por su lado, estaba feliz de saber que esa dulce niña era hija de su sobrino, pero estaba preocupado por la insistencia de la reina por salir de la Nación del Fuego.
- ¿Le has preguntado por qué? – se atrevió a preguntar Iroh.
- Muchas veces. Ella sólo dice que hay algo más grande que nosotros que nos impide estar juntos y que no vamos a ser felices. No la entiendo. Un día me ama y al otro quiere escapar…- dijo el príncipe con frustración, haciendo a un lado el plato del desayuno que apenas había tocado.
- Tiene miedo – aseguró Ursa.
- La pregunta es miedo a qué – dijo el Dragón del Oeste pensativo.
- No lo sé… - dijo Zuko aún más frustrado.
- Tal vez ese miedo tiene que ver con Kazuo o con algo que hizo en el pasado – inquirió Iroh.
- ¿Kazuo? – dijo el príncipe con el ceño fruncido. El chico se había olvidado del hijo menor de Mai hasta ahorita.
- Iroh tiene un punto, Zuko. Es posible que ella tenga miedo de que algo le pueda pasar al bebé o… no lo sé – explicó Ursa sintiéndose de repente perdida en el tema. No entendía aun tanto misterio.
- Pero también es cierto que Mai no puede alejar a Izumi de ti ahora que sabes que es tu hija – aseguró Iroh – Tienen que hablar de nuevo y juntos tienen que encontrar la mejor solución… no sería justo para nadie.
- Hazle entender eso, tío – bufó el príncipe con tristeza.
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Mai veía jugar a Izumi y Tom-Tom en el jardín. La chica tenía que admitir que iba a extrañar los días así. ¿De verdad podría alejarse, así como así de la Nación del Fuego? ¿Podría irse como si nada ahora que Zuko sabía la verdad? La reina soltó un suspiro.
- ¿Arrepintiéndose ya de su decisión, majestad? – preguntó Toph, asustando a Mai.
- ¿De dónde saliste?
- De tu consciencia – bromeó la maestra negra. La otra chica rodó los ojos.
- No sé de qué hablas – dijo Mai haciéndose la desentendida.
- Bueno, es obvio que estás considerando quedarte en la Nación del Fuego ahora que Chispitas sabe la verdad sobre Izumi. Dime, ¿qué tan difícil fue admitirlo y cuánto tiempo te tardarás en darte cuenta de que si te vas cometerás un gran error? – dijo Toph con una gran sonrisa astuta en la cara.
- No deberías meterte en…
- No me estoy metiendo en los asuntos de nadie. Sólo vengo a decirte la verdad que quieres ignorar porque hasta cierto punto me agradas, Mai. Y sinceramente no quiero ver a Zuko sufrir por más idiota que sea – interrumpió la maestra tierra encogiéndose de hombros. Mai la miró queriéndola golpear por entrometida, pero también por tenía razón.
- No lo entenderías…
- Tal vez yo no, pero es posible que Zuko sí, si se lo explicaras. Sinceramente, sería muy cruel si lo apartas de su hija ahora que sabe la verdad y sería mucho más cruel si dejas que siga siendo ajeno a la vida de Izumi – dijo la Bandida Ciega con seriedad.
- Si tanto sabes, ¿qué propones? – preguntó Mai no sabiendo si reír o llorar ante los comentarios de la otra chica. Toph sonrió ante de la pregunta de la chica.
- Busquen una solución no afecte a Izumi y no la deje tan dañada como todos en la Familia Real. Después resuelvan sus problemas de pareja y no sé, tal vez hasta terminen casándose – explicó la maestra tierra con un tono burlón. La reina volvió a rodar los ojos.
- No digas tonterías…
- Apuesto lo que quieras – retó la chica.
- Si regresamos y nos casamos algún día, serás mi dama y para aliviar tu amargura por el vestido te daré dos botellas de whisky de fuego – se atrevió a decir Mai, siguiendo el juego de la Bandida Ciega.
- ¡Hecho! – dijo Toph para después salir del jardín. – Ah y Mai, tal vez antes de casarte de nuevo con Zuko, deberías de decirle la verdad sobre Kazuo.
Mai volteó a ver a Toph, pero la maestra tierra ya estaba fuera de su alcance. La reina sintió como se aceleró su corazón. ¿Acaso Toph ya sabía la verdad sobre Kazuo o tenía teorías?
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El atardecer había caído a la capital y Mai estaba terminando de empacar sus cosas. Era la última maleta que iba a empacar, todo lo demás se lo podían quedar sus damas o cualquier otra persona, sinceramente no le importaba. La chica suspiró, Zuko sabía la verdad y quería estar con ella, pero la reina entendía todo lo que implicaba estar con él. No es que Mai no quisiera estar junto al maestro fuego, pero el consejo y la sociedad jamás lo aprobarían. ¿Qué dirían de ella los futuros compañeros de escuela de Izumi y Kazuo? Mai sería la mujer que se había metido con el padre y el hijo por poder y aunque la chica sabía que todo eso era mentira, sabía que en un futuro podría afectar a sus hijos. Además, aún estaba ese peligro latente que la perseguiría hasta el final de sus días y una promesa que tenía que cumplir. También, Renzo la estaba esperando.
La chica estaba cerrando la última maleta. Cuando Zuko entró abruptamente a la habitación, cerrando la puerta con seguro.
- ¿Qué haces…? – la reina pretendía preguntar qué hacía el chico ahí, pero Zuko la interrumpió.
-No, escucha. No vas a hablar y me vas a escuchar porque estoy harto de ser yo el que siempre escucha. Sé la verdad. Sé que Izumi es mi hija, cuánto has sufrido y que de verdad estás cansada de la corte y el palacio, pero no planeo renunciar a ti. Ni a ti ni a Izumi. Comprendo que tienes miedo. ¿A qué? No sé… pero te prometo que si me dices por qué no descansaré hasta acabar con esa amenaza. Mai, eres lo único que parece estar bien en mi vida en este momento e Izumi parece ser lo mejor que he hecho hasta ahora. ¿Cómo crees que me siento al saber que nunca podré ver tus ojos o tu sonrisa de nuevo? Es como si me estuvieras apuñalando por dentro. Además, sé que no vas a ser feliz si no estamos juntos. Dijiste que te ibas a ir porque quieres proteger a Izumi y quieres que ella sea feliz, ¿no? Si está con su padre será feliz y estará segura, Mai. Démosle una familia. No será sencillo, pero prometo esforzarme. Prometo estar contigo y seremos los dos contra el mundo. No soportaría dejarte ir de nuevo. Mai…- Zuko tomó las manos de Mai y se arrodillo frente a ella. El corazón de la chica latía fuertemente con la declaración de Zuko, pero al verlo arrodillado, su corazón se aceleró aún más. - … ¿te casarías conmigo?
Mai no sabía qué contestar. Quería estar con el hombre arrodillado enfrente de ella, quería estar con él más que nada en el mundo. Tenía razón, no iba a ser sencillo, la gente hablaría de ellos por años, el consejo enloquecería, probablemente habría días donde ellos mismos querrían rendirse. Mai no podía ser tan egoísta, pero ¿con quién lo estaba siendo? ¿Con ella? No. ¿Con sus hijos? Probablemente. ¿Con Renzo? Definitivamente.
-Levántate, Zuko… No puedo…- Mai sintió un nudo formarse en su garganta.
- ¿Por qué no? Yo te amo y…
-No puedo, Zuko. Perdóname. No puedo… – volvió a decir Mai y se separó abruptamente del chico.
- Mai, por favor… no me apartes de Izumi. No te vayas de mi lado.
- Sal de mi habitación… vete, por favor.
Zuko se levantó con el corazón hecho trizas y salió de la habitación de la reina sin voltear a verla.
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Mai estaba en su oficina. La chica decidió ocuparse porque no quería echarse a llorar. La reina de verdad quería estar con Zuko, pero dentro de ella sabía que no podía hacerlo por más que lo amara… a veces el amor no era suficiente. Tal vez Azula tenía razón. El amor era para campesinos.
- ¿Puedo pasar? – preguntó Iroh en el umbral de la puerta de Mai.
- Adelante – contestó la chica con delicadeza, sorprendida de ver al ex-general.
- ¿Cómo va todo, querida? – preguntó el hombre al sentarse frente a la chica.
- Todo va bien – mintió la chica.
- Escuché que te vas en un par de días…
- Así es. Es hora de dejar este lugar. Espero que les haya ayudado y que no dejes a tu sobrino. Una vez que suba al trono, te va a necesitar más que nunca – dijo la reina con cierta nostalgia escondida.
- Fuiste de ayuda, Mai y tienes razón. Zuko va a necesitar de toda la ayuda posible una vez que suba al trono, entonces ¿no crees que es mejor quedarte? – se atrevió a decir el Dragón del Oeste.
- ¿Perdón? – dijo Mai sorprendida por la respuesta del hombre.
- Zuko podrá tener toda la ayuda que necesite, pero mi sobrino siempre estará incompleto sin ti y será peor si le quitas la oportunidad de conocer a Izumi – explicó el hombre.
- Veo que Zuko ya te dijo lo que pasó.
- Mai, no soy nadie para meterme en sus asuntos, pero no creo que estés feliz al irte de la Nación del Fuego y dejar a Zuko así. No le quites a mi sobrino la oportunidad de ver a su hija crecer… - dijo Iroh con ojos vidriosos.
- No lo entenderías… no puede ser – dijo Mai con un nudo en la garganta.
- ¿Aún lo amas? – preguntó el hombre esperanzado.
- No importa lo que sienta. Sólo… no va a pasar, ¿de acuerdo? – soltó la reina con frustración.
- Tal vez si tú le dijeras lo que te atemoriza, juntos encontrarían una solución y…
- Iroh, no quiero ser grosera, pero mi decisión está tomada. Me llevaré a Izumi y ese es el fin de la historia. No planeaba que Zuko se enterara porque sabía que todo se iba a complicar, esa es la verdad. No quiero lastimar a tu sobrino, pero tampoco quiero arriesgar a mis hijos a que… no importa. Sólo, no puedo quedarme. No me voy a quedar. Fin de la discusión. Ahora, si me disculpas, me tengo que retirar…
Mai salió de la oficina, dejando a Iroh confundido y preocupado.
¿Soy cruel? Lo siento... Muchas gracias por los reviews. Espero la hayan pasado muy bien en estas fiestas. Ojalá me dejen sus comentarios, quejas y sugerencias. Nos leemos después...
GirlFanatic30.
