Bueno, no sabía muy bien si escribir esto o colgar el capítulo y esconderme. Os juro que no me había dado cuenta de todo el tiempo que llevaba sin actualizar, hasta que alguien me lo recordó y casi me da algo (sentí vergüenza, la verdad).
Me estaba costando tanto escribir lo que viene siendo la guerra, que lo fui dejando y casi olvidando. Aun así, todavía no me sentía capaz de escribirlo, por eso cogí a mi muso, le subí el sueldo y le prometí unas cuantas cosas, y aquí estoy de nuevo.
Todavía no es la guerra. Son solo las despedidas, pero estoy con la guerra y parece que va saliendo, creo que en unos días lo tendré, y ahora me siento capaz de escribir el final de esta historia.
Espero que aceptéis mi disculpa y podáis disfrutar de este capítulo.
Recordemos que Harry despertó y Ginny estaba hecha un lio. En una pequeña batalla hirieron a Theo los vampiros hasta casi perderlo y a Ron le lanzaron una maldición en la pierna. A causa de eso, Luna y Sophia se acercaron más a ellos.
Snape tuvo que escapar y volver con ellos cuando estuvieron a punto de descubrirlo y ahora no les queda otro remedio que actuar antes de que Voldemort cambie su asentamiento y no vuelvan a saber nada de él.
Cuando Blaise decide presentarse voluntario para actuar de agente doble para ellos, Ginny acepta por fin todos sus sentimientos por él y vuelven a estar juntos.
Harry, no entiende nada.
Espero que podáis seguir el hilo después de tanto tiempo.
Un beso!
36. por si la muerte nos separa
Durante la cena era difícil que se escuchara algo más que el tintinear de los cubiertos. Molly besaba a sus hijos conforme les servía la cena sin querer pararse a pensar demasiado en lo que podría pasar durante las próximas horas. Ojala pudieran volver a reunirse en la madriguera como una familia completa y poder olvidar los últimos meses.
Los chicos removían su comida en el plato sin apetito. Tenían el estómago cerrado, pero hicieron un pequeño esfuerzo, pues Molly y Tonks había preparado la cena para ellos.
La metamórfaga tenía los ojos enrojecidos. En su avanzado estado de embarazo no iba a luchar, y tenía mucho miedo de que su hijo no tuviera un padre al finalizar el día siguiente. Lupin dejó que sujetara su mano durante toda la cena, resignándose a cenar con la mano libre. Tampoco tenía mucha hambre.
Cuando ya nadie consiguió meterse un bocado en la boca, Remus tomó la palabra.
–Un último repaso rápido antes de despedirnos esta noche: la base de operaciones de Voldemort se encuentra en pequeño hangleton, cerca de la antigua mansión de los Riddle (antes utilizaban la mansión Riddle, pero Voldemort acabo destruyéndola). El pueblo completo está ocupado por mortífagos, así que no hay peligro de herir a muggles o gente inocente. Los primeros en entrar en acción serán el escuadrón de los dragones. – Lupin se dirigió a los chicos, que le miraban atentos – intentad crear el mayor caos posible, destruid sus casas, matad a todos los que podáis, no hay reglas, no hay prisioneros, esta vez no podemos andarnos con tonterías, esta guerra no se va a volver a repetir – dijo de forma feroz mirando a todos los presentes – si no los matáis, ellos nos mataran a nosotros – dijo deteniendo su mirada un instante en Luna – quemad vivos a todos los que podáis, pues una vez nosotros entremos en acción, no podréis volver a abrid fuego, regresad al suelo y luchad con vuestros dragones. Ellos os protegerán.
–así lo haremos – respondió Charlie – intentaremos allanar el camino.
–Harry – le dijo Lupin – ya sabes que debes quedarte aquí hasta que alguno de nosotros envíe un patronus, es decir, no te dejaras ver hasta que localicemos a Voldemort, no podemos permitirnos que te pase nada, esta vez debes cumplir con tu destino.
Harry asintió sin ninguna emoción. Acataría las normas, cumpliría su misión. No importaba más por el momento. No importaba que Ginny ya no estuviera esperándole, no importaba haber perdido seis meses de su vida, no importaba que sintiera que las personas hubieran cambiado mientras su tiempo estaba detenido, solo importaba acabar la guerra y, quizá, para el resto habría tiempo.
–a partir de ahí – prosiguió el antiguo profesor – solo luchad por vuestras vidas y por la libertad. Ahora, todos deberíamos descansar. Al alba, antes de que despunte el sol, partiremos.
El hombre se levantó de la mesa, saliendo de la cocina junto a su esposa. Seguramente tenían mucho que decirse por si no volvían a tener la oportunidad.
Molly rompió en llanto y uno a uno, todos sus hijos, junto con su marido, fueron a consolarla en un enorme abrazo, creando una enorme masa de Weasleys apelotonados.
–Draco, vamos a la biblioteca – le pidió Hermione – quiero escribir a mis padres – le dijo – quizá, tú también deberías hacerlo. Después de todo… no sabes que puede pasar esta noche.
El rubio fue con ella, pero cuando le tendió pergamino, éste lo rechazó. No tenía nada que decirles a sus padres si esa noche moría, y si los que acababan muriendo o en azkaban eran ellos, tampoco entonces cree que tuviera nada que decirles. Al menos no nada bueno, así que prefirió dejarlo como estaba.
En lugar de eso se sentó junto a Hermione y la observó a escribir hasta que la primera lágrima salió de sus ojos directa al pergamino.
–volverás a verlos – le dijo.
Hermione sonrió con tristeza.
–solo es por si acaso – le dijo. Escribió unas palabras más y enrolló el pergamino. – ven. Busquemos una habitación libre en la que descansar. Estoy segura que las nuestras están ocupadas… – sonrió.
–malditos… es la primera vez que me echan de mi habitación… – dijo con diversión.
–no importa – se rio ella – mira, aquí no duerme nadie – dijo entrando en la habitación contigua a la biblioteca. Hizo un hechizo para limpiar las sabanas y arrastró a Draco con ella. – no quiero que sea mañana nunca – murmuró acurrucándose a su lado.
–cuanto antes sea mañana, antes será pasado mañana.
Hermione buscó su mirada.
–quizá no para todos…
–no pienses en eso, Hermione… – le pidió.
–haz que no piense, Draco.
La chica no tuvo que pedirlo dos veces. De todas formas él pensaba aprovechar esa noche con ella. Aunque no necesitaba una bola de cristal para saber que volvería a besarla de la forma en que ahora lo estaba haciendo.
Hermione cerró sus dedos entre su pelo rubio cuando él comenzó a repartir sueves besos por su cuello y hombros y algo por dentro comenzó a quemarle. Se aventuró a meter sus manos por debajo del suéter de él, buscando su piel.
–estas ardiendo – susurró entre suspiros.
–sí, tengo mucha calor – dijo él con una sonrisa para después regresar a por su boca.
Hermione lo separó un momento.
–quítate la camiseta – le pidió.
Draco la miró.
–¿estas segura?
Como respuesta ella tiró del suéter hacia arriba, hasta que él levantó los brazos y la sacó por su cabeza, dejando al descubierto su pecho blanco y ancho.
No era la primera vez que lo veía sin camisa, pero si la primera vez que dejo que sus manos le acariciaran con libertad. Le gustó recorrer las curvas de sus músculos con sus dedos, músculos que con su ropa habitual era difícil adivinar.
–yo también… tengo calor – se atrevió a decir levantando la vista de sus pectorales para alcanzar la suya grisácea, que parecía emborronada.
Draco no podía creer lo que ella le estaba pidiendo. Quiso decirle que tendrían tiempo para eso más adelante, y que no lo hiciera simplemente por lo que iba a pasar al alba, pero la idea de que quizá nunca más pudiera volver a tenerla entre sus brazos, que nunca más podría tener la oportunidad de cubrir todo su cuerpo de besos y caricias, imaginar que nunca la sentiría de nuevo tan cerca, pudieron con él.
Cogió el primer botón de su camina y lo desabrochó con maestría. No iba rápido, pero los botones se abrieron uno a uno sin dificultad.
Hermione tembló un poco cuando sintió las manos de él subir por su abdomen, esquivar su sujetador, llegar a los hombros y bajar por sus brazos suevemente su camisa, todo ello sin que él pudiera dejar de mirar la piel que se iba descubriendo a su paso. Cuando su camisa cayó, sin que siquiera lo notara, su sujetador estaba desabrochado. Fue ella misma la que lo deslizó por sus brazos mientras él la miraba a los ojos con la llama encendida tras ellos.
Lo que pasó allí esa noche lo guardaron en sus corazones, que se hicieron un poco más fuertes, y se prometieron luchar con todas sus fuerzas y volver a verse cuando todo acabara. Se prometieron cuidar de sí mismos y no distraerse el uno con el otro. Se prometieron muchas cosas que quizá fueran incapaces de cumplir, y al final, se obligaron a cerrar los ojos y descansar sin soltarse el uno al otro.
Cuando la señora Weasley se hubo tranquilizado y su marido se la llevó a descansar, Ginny envió una sonrisa a Blaise antes de acercarse a Harry. Iba sonriendo por las palabras gesticuladas del moreno: "solo diez minutos". En realidad iba a utilizar el tiempo que necesitara para aclarar las cosas con Harry. Ella no tenía la culpa de haberse enamorado y él tenía que comprenderlo.
–Harry ¿podemos hablar? – preguntó a su espalda.
El moreno, aunque serio, asintió con la cabeza y salieron al comedor. Se sentaron junto al fuego, donde no podían ser escuchados aunque por allí estuvieran pasando los demás, rumbo a sus habitaciones o a donde quiera que fueran en su posible última noche.
–Harry, lo siento… – dijo suplicante – yo no sabía cuándo ibas a despertar ¿y si pasaban años? No podía parar mi vida…
–yo lo habría hecho por ti – le acusó.
–¿estas seguro de eso? – le dijo de forma tranquila, y cuando él apretó la mandíbula molesto, ella suspiró – yo no tenía planeado enamorarme…
–ja, ¿enamorarte? ¿en serio? ¿te estas escuchando? ¡es un mortífago!
La pelirroja intentó ser paciente con él. Al fin y al cabo, Ron había reaccionado igual al principio. Ellos no eran muy tolerantes. Al menos Ron parecía haber bajado la guardia en ese aspecto.
–no es un mortífago – le dijo con paciencia – puede que lo fuera, pero nunca quiso serlo. Tú no sabes su historia.
–la verdad es que sí que la sé, y no me creo que tu no la hayas escuchado en el colegio – Harry la cogió por los hombros, para que le escuchara bien – ¿no sabes lo que hacía con las chicas? ¡las utilizaba y las desechaba! – lo dijo con fuerza, pero sin levantar la voz.
–Harry, ha cambiado – le dijo soltándose de su agarre – ha vivido muchas cosas estos meses, las cosas horribles que ha hecho…
–solo quiere desfogarse contigo – la interrumpió – ¿Cuántas oportunidades crees que habrá tenido estos meses? Y llegó aquí, encontró a la pequeña e ingenua Weasley y se aprovechó.
–basta! No voy a permitirte que sigas hablando así de él. Y tampoco que me trates como a una niña – le dijo con el ceño fruncido – yo solo… no quería que mañana esto pudiera afectarte.
Harry movió la cabeza con tristeza. Estaba enamorado de ella, o eso creía, porque en esos momentos era incapaz de sentir por esa chica lo que sentía antes del ataque en el expreso.
–no me afectará, porque sé que te darás cuenta por ti misma. Y espero que no sea tarde y que mañana no te lleves ninguna sorpresa.
Ginny no aguantó más. ¿ahora pretendía insinuar que iban a traicionarlos? Se levantó, y lo miró con una mezcla de ira y tristeza.
–Harry, espero volver a verte mañana, y que entonces, podamos ser amigos.
–te quiero, Ginny – dijo Harry antes de que ella, temblorosa, se diera la vuelta y se marchara.
Blaise había estado observándolos desde la puerta, sin acercarse demasiado y observando sus movimientos. Cuando la cogió por los hombros, jura que tuvo que contenerse, y mucho, para no ir allí. Ella tenía que solucionar las cosas por sí misma y él tenía que confiar. Al fin y al cabo, lo había elegido a él, y no iba a cagarla por sus impulsos.
Solo viendo su cara, supo que no había ido muy bien la charla. Aun así, la chica, intentó sonreírle.
–ocho minutos – le dijo llegando hasta él y buscando su abrazo.
Él se lo proporcionó con calidez.
–ocho minutos y medio – le respondió de forma juguetona, balanceándola con él. No quería verla preocupada.
–Sigue siendo menos de diez – dijo ella mirándole a los ojos.
Él se separó y cogiéndola de la mano, se la llevó escaleras arriba, hacia su habitación.
–Por suerte, tendré unos cuantos más esta noche para tenerte – dijo recorriendo su cuerpo a la vez que entraba en la habitación vacía – Draco desapareció, y al parecer Theo estará con Luna en tu habitación. Podemos estar solos aquí.
A Ginny la recorrió un instante de duda a causa de las palabras de Harry y la forma en que él la había mirado. Pero él siempre la había mirado como si fuera a comérsela de un bocado. Y nunca le había molestado.
–¿estás bien? – le preguntó él al verla parada en la puerta y con cara de preocupación.
–Si… es… solo por lo de Harry – mintió a medias.
–¿vienes a la cama? – le dijo él, ya sentado en el borde de la suya – quiero que descanses. Creo que solo podré dormir si estas abrazada a mi…
Blaise no pretendía hacer esa confesión. Pero después de como lo había pasado estos días, sabía que iba a soñar que la perdía una y otra vez, y solo quería encontrarla a su lado cada vez que despertara entre pesadillas.
Ginny se relajó al ver su gesto y escuchar sus palabras. ¿De qué estaba dudando ahora? Ella le conocía mejor que nadie. Se había enamorado de él por algo, y unas cuantas palabras no iban a cambiar lo que sentía por él y lo que sabía que Blaise sentía por ella.
Se acercó a él con una sonrisa y juntos se acomodaron en la cama.
–¿solo vas a abrazarme? – le pregunto ella can la cara en su pecho y sus brazos envolviéndola.
–bueno, también pienso robarte algunos besos – dijo él alcanzando su barbilla para alzarla y dar vida a sus palabras alcanzando sus labios.
Después de derretirse cual chocolate caliente entre sus besos, la chica volvió a hablar.
–¿solo abrazos y besos, entonces? – dijo con una sonrisa traviesa en los labios.
El moreno le sonrió de lado. Era tan sexy esa visión que Ginny tragó saliva pesadamente. Estaba intentando ponerle a prueba y era ella la que estaba encendida como una hoguera. Ahora comprendía a todas esas chicas de años atrás, atrapadas en esos ojos y esa sonrisa caliente, y lo peor es que él era consciente de su encanto. La diferencia, es que ella se sentía querida por él.
–no sé en que estarás pensando, pecosa – le dijo – pero no voy a hacer otra cosa que dejarte dormir. Mañana tienes que estar descansada, y te aseguro que si aquí pasara algo más que unos cuantos besos, mañana no podrías ni moverte – le dijo enseñando los dientes en una sonrisa.
–vaya – rió la pelirroja con fuerza – parece que alguien está muy pagado de sí mismo.
–solo soy realista – dijo haciendo que ella se apoyara de nuevo sobre su pecho para descansar. – ya habrá tiempo para eso. Exactamente las dos semanas que no voy a dejarte salir de mi cama ni para ver el sol.
Ginny lo abrazó más fuerte, divertida ante sus palabras. Pero la sonrisa se borró ante el apremiante tiempo que corría entre ellos.
–¿de verdad crees que habrá tiempo para eso? – dijo, ya seria – ¿Qué habrá tiempo después de mañana? Y si…
–shhh, habrá tiempo. Ya te dije que ibas a ser una viejita encantadora. – dijo él de forma tranquila. Ginny no le veía la cara, pero sabía que tenía los ojos cerrados. – es más, eres tan capaz de salir de esta, que creo que voy a necesitar que tengas un ojo sobre mí. Estoy seguro que necesitaré que me salves un par de veces. – y también, sin verlo, sabía que sonreía tranquilo.
Era difícil no contagiarse de esa tranquilidad, de la suave respiración de su pecho, que la mecía, llevándola a un sueño reparador y tranquilo.
Cuando Blaise supo que ella dormía, besó su cabeza y acarició su pelo. Estaba muy lejos de sentir la tranquilidad que quería transmitirle a ella, y aunque quisiera quitarle hierro al asunto, estaba aterrado ante la posibilidad de perderla o que ella sufriera si él caía.
Se prometió a si mismo que volvería a verla, y que ella, le devolvería la mirada.
Ron entró en la habitación de Sophia. Que estaba sentada en una butaca limpiando a Daniel. Al parecer acababa de darle de comer.
–¡Ron! – dijo ella con sorpresa y con una sonrisa. No esperaba verle tan pronto.
El pelirrojo entró cojeando con una muleta y con la cara roja.
–lo siento, debí haber llamado antes. Podría haberte encontrado… – el chico se puso más rojo si cabía al pensar que podría haber encontrado a la joven madre amamantando a su hijo.
–no te preocupes – le dijo ella sonriente dejando a un calmado Daniel en su cuna – tenía ganas de verte – dijo ella una vez con sus manos libres, sin saber qué hacer con ellas y mirando al suelo.
La última vez que se habían visto, se habían besado, y ambos parecían estar pensando en lo mismo.
Al final, Ron se movió hacia la cuna del bebe, que parecía querer enfocar sus ojitos en su rostro. Posiblemente le llamaba la atención el fuerte color de su pelo sobresaliendo entre otros colores de su habitación. El pequeño estiró una manita involuntaria hacia él, y el chico dejó que le agarrara el dedo. La suave presión del bebe hizo derretir el corazón del pelirrojo, que sonrió con ternura. Ni siquiera sabía que le gustaban los bebes.
–¿estas bien? – murmuró Sophia observando al chico. En su rostro había algo escondido. Había tristeza, preocupación. ¿Acaso estaría arrepentido de lo que pasó con ella?
–Shopia, tengo que hablar contigo… – dijo mirándola, pero sin soltarse del agarre del pequeño.
La chica se sentó en el borde de la cama. Ahí venía. Seguramente iba a decirle que lo del beso no tuvo que haber pasado.
–no te preocupes – dijo mirando sus manos que se retorcían en su regazo – si quieres olvidarlo… no hay problema.
Ron le miró sin comprender, pero ella parecía incapaz de levantar la mirada de sus manos.
–¿olvidar el que? – preguntó. La pierna estaba empezando a dolerle, así que suavemente soltó al pequeño y fue a sentarse junto a la chica.
–el beso… – dijo mirándole al fin cuando lo notó a su lado – ¿no ibas a decir eso? ¿qué te arrepentías?
–¿arrepentirme? – Ron sonrió al ver el nerviosismo de la chica cuando creyó que él se arrepentía de haberle besado, y se sintió bien. No por el sufrimiento de ella, sino por provocar esas sensaciones en otra persona. – nunca me arrepentiría de eso – le dijo de forma cálida.
La verdad es que jamás pensó que sería capaz de tratar y hablar de esa forma cálida a una chica. Él siempre había pensado que era demasiado rudo y torpe para tratarlas, pero con Sophia todo era demasiado fácil, y aunque apenas la conocía de unas semanas, sentía que no quería dejar de besarla nunca, no ahora que lo había probado.
La morena sonrió avergonzada y volvió a mirar sus manos. Volvió a mirarle y su primer impulso fue volver a besar a ese pelirrojo, pero antes se detuvo a pensarlo. Era una chica muy impulsiva, y eso le había llevado a la situación en la que estaba: con un bebe sin padre. En lugar de abalanzarse sobre él, prefirió hacer las cosas con calma.
Sophia alargó su mano y acarició con delicadeza el rostro de Ron, alcanzando algunos mechones suaves. Ron se tensó al momento de sentir su roces, pero un cosquilleo maravilloso lo envolvió tan rápido que se olvidó incluso de pensar. Soltó la muleta, total, sentado no la necesitaba, y cubrió la mano de ella con la suya propia, disfrutando la caricia. Lo siguiente que recuerda es acercar su rostro al de ella, que toma sus labios con delicadeza y envía música a todas sus terminaciones nerviosas. Cuando se quieren dar cuenta, él la abraza por la cintura y ello la rodea el cuello. Van cayendo hacia la cama, pero un tirón en la pierna, lo devuelve a la realidad.
–lo siento – dice ella – ¿te has hecho daño? Quizá no deberías haberte levantado tan pronto – le dijo preocupada. Y él vio que estaba preocupada de verdad.
–estoy bien – le sonrió. No quería preocuparla más, pero era lo que venía a hacer, de todos modos – tengo que hablar contigo – dijo recuperando la cordura.
–¿Qué ocurre? – y sintió su voz asustada.
–al alba saldremos todos… – dijo sin rodeos. Le cogió la mano. Necesitaba sostenerla – no hay más tiempo, tenemos que acabar con él en este momento, sí o sí.
–¿Qué quieres decir? ¿te refieres al mago loco y su ejército? Pero tú estas herido, no irás ¿verdad? – el corazón de Sophia latía desbocado no queriendo comprender.
–tengo que ir – le dijo – si mañana no vuelvo…
–¡no! – dijo ella soltando su mano para taparse el rostro con ellas. Estaba llorando y Daniel gruñó inquieto al escuchar a su madre.
–Escúchame Sophia, por favor – le rompía el corazón verla así. ¿podía esa chica de verdad sentir algo por él en tan poco tiempo? A veces pensaba que solo estaba agradecida y lo tenía idealizado. – si yo no vuelvo, seguramente alguno de los chicos volverá, y te ayudaran a volver a tu vida – Sophia sollozaba ahora comprendiendo, y el pequeño no tardó en romper en llanto también. Ron se puso más nervioso por la situación – si nadie vuelve… – le tembló la voz – tu tendrás que hacerlo sola.
Había una posibilidad de que ganara Voldemort y que todos ellos acabaran muertos, y no iba a engañarla. Después del alba, podía no volver nadie nunca más a esa casa.
–Ron, por favor…
–incluso podrías quedarte en esta casa – se le ocurrió – si no tienes donde ir. Le pediré a Harry que quite el hechizo de ocultación. Solo tendrás que arreglarla. Vivirás feliz aquí.
Ron solo quería consolarla, que dejara de llorar, y la chica se dio cuenta de eso. Intentó dejar de hipar y se secó las lágrimas, tranquilizándose.
–Ron. No puedo perderte. A ti no – le dijo – ya he perdido a todo el mundo. No soportaría perderte a ti porque…
A Ron le dio un vuelco el corazón.
–porque… – le animó a terminar la frase.
Ella se acercó y cogió su rostro pecoso entre sus dos manos.
–Porque te quiero, Ron – le dijo sinceramente, mirándolo a los ojos.
El pelirrojo tragó saliva.
–voy a volver – le prometió sin pensarlo demasiado – volveré a por vosotros e intentaré haceros felices.
Si, era un moñas, pero que importaba. Estaba enamorado. De dos personas, una de ellas demasiado pequeña para comprender nada.
Sophia asintió y ambos se tumbaron juntos en la cama, abrazados, después de calmar al pequeño, hasta que el alba llegó sin piedad.
Theo observaba a Luna, que permanecía con los ojos cerrados, una sonrisa, y el ceño algo fruncido.
–le está costando tranquilizarse – le contó la rubia. Él sabía que hablaba de Melody, su dragona. Luna abrió los ojos y lo miró – creo que ya me creyó cuando le dije lo bien que va a hacerlo.
Se habían quedado solos en la cocina, pero Theo no pensaba moverse de allí hasta que ella no lo hiciera, aunque su cuerpo se sentía demasiado cansado por sus heridas.
–sabes porque esta tan preocupada ¿no? – le dijo él, y Luna bajó la mirada.
–es porque yo estoy preocupada – se sinceró la chica.
–entonces esta vez seré yo el que te diga que vas a hacerlo bien – y sonrió cuando consiguió otra sonrisa de ella y su enorme mirada de agradecimiento sobre él.
–estamos hablando de matar a personas – dijo ella apenada – de quitar vidas. No digo que sean vidas inocentes, pero…
–te entiendo – le dijo él, cogiendo su manos sobre la mesa para consolarla. – pero míralo de otra forma: esas vidas que tu no arrebates, arrebatarán las vidas de la gente que te importa, de tus amigas, tu padre, tus profesores y compañeros, la mía… y créeme que lo harán sin piedad.
–no quiero eso – murmuró ella
Sus ojos se estaban poniendo rojos ¿quizá había sido demasiado duro?
–lo sé, y es por eso que sé que vas a hacerlo bien. Vas a sacar toda tu fuerza y tu magia por nosotros.
–estaré contigo, Theo – le aseguró – intentaré que no te hagas más daño – dijo ella rozando suavemente la venda de su cuello. – ella le miró y le sonrió. – ahora tienes que descansar.
La rubia se levantó y tiró de él con cuidado.
Theo sentía el cuerpo dolorido, pero se sentía más fuerte que nunca.
–Blaise me pidió la habitación para dormir con Ginny – sonrió el joven.
–quizás… – por una vez en su vida, Luna parecía nerviosa – a lo mejor quieres dormir conmigo, Theo. No quiero estar sola esta noche.
El chico se sintió flotar solo de pensar en compartir esa noche con ella. Solo fue capaz de asentir con pesadez.
Luna lo guio a su habitación, abrió su cama y lo invitó a tumbarse a su lado.
–¿crees que si te abrazo por aquí… – señaló Luna – …te hare daño? – preguntó la chica.
Theo no sabía si le haría daño o no, pero no le importaba.
–en absoluto – contestó, y dejó que ella se adaptara a su cuerpo, se apoyara en su pecho, mientras él la rodeaba con el brazo menos dañado.
–¿alguna vez has dormido con una chica? – preguntó Luna inocentemente.
Bien, no necesitaba esa pregunta en esos momentos, pero tampoco iba a mentirle.
–no he dormido con ellas, precisamente, Luna – susurró. Nunca había estado enamorado, pero tampoco había sido un santo y alguna chica pasó por su colchón en el pasado. No más de las que se pueden contar con una mano.
–entonces, ¿hacías el amor con ellas?
Muy bien, Luna no sabía lo que eran las sutilezas. Era directa, había que adaptarse.
–el amor solo se hace cuando se está enamorado – dijo para escapar de aquello.
–¿no te acostabas con chicas de las que estabas enamorado? – Luna no concebía otra forma de acostarse con alguien. Al menos ella no lo haría sin estar enamorada.
–era solo sexo, Luna. Por ambas partes, además.
Luna suspiro tranquila, como si no le acabara de importar que él hubiera estado con otras chicas antes que ella. Si fuera al contrario, él estaría hirviendo de celos por dentro.
–si alguna vez me acostara contigo – dijo ella con los ojos cerrados, como si no estuviera hablando de algo tan íntimo entre dos personas – por mi parte, estaríamos haciendo el amor.
A Theo le dio un vuelco el corazón y un cosquilleo le recorrió la espina dorsal de forma placentera. Tenía la frente de la chica pegada a su cuello, y su cara y mano descansaban sobre su pecho. Estaba tranquila y sonreía. Y le acababa de decir que ella estaba enamorada de él.
–por mi parte también, Luna – dijo él de vuelta.
Luna levantó un poco la cabeza para mirarle, algo sorprendida, y el aprovechó para besarle con cariño los labios. Perdieron la noción del tiempo en ese beso y se quedaron dormidos con el suave roce de los labios del otro.
También para ellos llegó el alba, y unos golpes en la puerta los despertaron a todos.
Era la hora.
