Había salido tres veces de misión, seguidas, lo que contaba, por lo menos, un mes y medio, y con la ida y la venida, como mucho estaba dos días entre misión y misión en la fortalleza de la inquisición, y ni una sola vez había hablado con Cullen, le había visto, pero en cuanto intentaba acercarse un poco, o había algo nuevo que hacer, o alguien que la decía que Cullen estaba indispuesto. Desesperada, la tercera vez, se dispuso a ir hasta los barracones de los soldados. Lo bueno es que le encontró allí, lo malo, es que no iba a ser tan fácil de acercarse y punto. Tenía que encontrar la manera de llamar su atención.
-¿Estos son los nuevos soldados?- Todos se quedaron firmes, eran jóvenes en su mayoría, y la impresión de ver a la máxima figura de la inquisición, mirando su entrenamiento, dejó el ambiente totalmente en silencio.
-¿Inquisidora?- Dijo Cullen, que estaba al frente, observando. La pregunta sonó con un tono de reproche más que de sorpresa. Ella no se acercó más, salvando las distancias.
-Sólo vengo a ver cómo va todo por aquí, ha llegado a mis oídos que hay jóvenes muy entusiastas.- No sonó como una excusa. Se giró completamente, dándole la espalda al comandante, mirando a los renovados soldados, que no la quitaban el ojo de encima, quietos como un lagarto.- Quería comprobar cuanto.- Soltó una sonrisa al aire- No hace falta que os quedéis petrificados, vengo en ánimo de amiga, no de juez.- Dijo de forma desenfadada. Pero los soldados no se movieron. Suspiró.- Que tal si hoy, yo soy una más, al fin de al cabo, no soy más que un soldado- dejó el bastón a un lado, y recogió una de las espadas de entrenamiento que había en un montón. Todos miraron a Cullen, que se encogió de hombros.- ¿Me podría asignar una pareja, para el entrenamiento, comandante?- No se dirigió a Cullen, si no al segundo a bordo, que sonrió de oreja a oreja.
- ¿Qué tal David?- Contestó. Se oyeron rumores entre los soldados, y entre ellos salió un chaval, de no más de veinte años, castaño, alto, y con los ojos azules, curtido por el entrenamiento.- Es uno de los mejores.- Asintió mirándole.
-No creo que estemos en igualdad de condiciones, ni nivel.- Profiró el muchacho. Un chico sin miedo, altivo, y jovial. La inquisidora sonrió de oreja a oreja.
-Entonces puedes poner tú las condiciones que creas oportunas.- El chico le devolvió la sonrisa.
-No creo que esto sea buena idea.- Profirió Cullen por detrás. Ella se volvió y le miró con ironía.
-Oh, vamos, comandante, deja que nos divirtamos un poco.- Cullen se cruzó de brazos, estaba de un humor de perros, pero estaba empezando a llamar su atención. Esperaba que todo saliera bien, porque no tenía ningún plan.- Además, pondré un incentivo.- Se volvió para mirar a David.- si pierdes, recogerás y ordenarás mi correo, cuando tu horario te lo permita.- Le regaló una mirada desafiante.
-Acepto.- Todos los presentes ahogaron su asombro. —Pero nada de magia, ni de espadas, será un combate cuerpo a cuerpo.- Ella asintió. El no despegó su mirada, desafiante.- ¿Y si yo gano?
- Mi puesto en la inquisición.- Todos gritaron de asombro. Cullen se revolvió en su sitio.
-Acepto.- Dijo de nuevo David, sonriente.
Aunque se revolvió, no tardó mucho en darle una paliza. Ella no se había enfrentado a dragones, y demonios, para dejarse vencer por un chiquillo arrogante. Era una lección de humildad. Una tremendamente divertida.
Al terminar, todos se dispersaron, alegres, por la toma de contacto con una leyenda. Pero Cullen, simplemente se dedicó a mirarla reprobatoriamente y a irse, sin decir ni adiós.
Quizá solo había empeorado la situación. Se consoló pensando, que al menos, ahora tenía ayuda, para ordenar todo el papeleo.
-Bien hecho muchacho.- Le sonrió dándole la mano, que agradeció para levantarse a duras penas. -¿Nos vemos mañana entonces?—El asintió con una sonrisa torcida, debido al cansancio.- Te espero entonces.- Dos soldados le ayudaron a recomponerse, y se alejaron.
Ella se quitó el polvo y se dirigió hasta el despacho de Cullen, allí solo encontró a un corresponsal de Lelliana, que la descubrió lo que ya sabía.
-El Comandante Cullen, no está aquí ahora, si lo estáis buscando, está hablando con la Buscadora Pentaghast.- Suspiró, mientras se iba. ¿Con Cassandra? ¿A solas? Qué raro, algo malo estaba pasando, y ella no se estaba enterado de nada.
Cuando pasó por la forja, oyó voces, tras la puerta, pegó el oído para escuchar la conversación.
Escuchó la voz de Cullen.
