Capítulo -M-.

JAIME

A Daenerys y los gemelos los pasearon por Casterly Rock, les mostraron los sitios más hermosos, así como las galerías y los jardines, complaciendo a la Reina gratamente con su hospitalidad. A Daenerys le indicaron dónde podría descansar Drogon, en las inmensas cuevas subterráneas donde alguna vez los dragones de Rhaena y Aegon, Dreamfyre y Quicksilver, se habían hospedado, en los tiempos en los que ambos se escondían de su tío, el Rey Maegor I, algo que el tío Kevan no tardó en mencionar para recordarle que los Lannister ya habían ayudado antes a su familia—. Mi tío es muy astuto y hábil, nos será de gran ayuda para lidiar con la Reina —era bueno sentir que ya no estaban solos contra el mundo, y tener no sólo a su tío, sino también a toda su familia respaldándolo, le daban a Jaime una seguridad tremenda—. En especial porque va a llegar el día en el que tenga que enfrentarme también a Cersei —y si bien ya no sentía nada por ella, eso no quería decir que estuviera esperando con ansias el día en que tuvieran que luchar en su contra—. Desearía que alguien más se hiciera cargo de ella, pero eso es imposible, es mi responsabilidad, y sería mejor que yo termine con este asunto a permitir que Tyrion lo haga.

Jaime observó a Sansa de cerca durante todo el paseo, su cuñada se había comportado a la altura, como la dama que era, mostrándose cortés, amable y sonriente, pero, incluso si no la conocía bien, podía ver que ya no lucía tan feliz con Daenerys como lo había estado antes—. Ahora comienzo a entender la preocupación de Robb, Sansa se volvió desconfiada y ahora tiene las defensas arriba y se encuentra alerta, atenta a lo que la Reina dice y hace.

Después de comer, Lady Dorna se retiró con los gemelos, sus hijos más jóvenes, su sobrino, Ermesande, Sansa y Brienne y el resto le explicó a Daenerys el nuevo plan para marchar al Norte, hablándole del súbito fallecimiento de Lord Frey, y la Reina se mostró de acuerdo con su proceder al haber enviado tropas para retomar Riverrun y reinstalar a Lord Edmure Tully, el tío de Robb, como señor de Riverrrun y las Riverlands.

— Los señores del Valle están alistando sus tropas para ayudar a Lord Stark a luchar en contra de Stannis Baratheron —dijo Daenerys, tras escucharlos en silencio hasta el final—. De ser necesario, pueden estar seguros de que irán a socorrerlos. Ser Jorah Mormont volvió a mi lado, se encuentra en Dragonstone y le ofrecí que se uniera a su familia para luchar por el Norte, pero se negó.

— Su Majestad Real tiene a Ser Jorah en gran estima, pero por desgracia los Mormont no quieren saber nada de él —explicó Robb con amabilidad, aunque lo cierto era que él tampoco quería a Ser Jorah a su lado—. Por el momento, es mejor si permanece al lado de su Majestad Real.

Daenerys analizó los mapas extendidos sobre la mesa, asintió un par de veces más antes de levantar el rostro y pasear su mirada por Jaime, Robb, Kevan y Lancel, a quien desde hacía un tiempo también incluían en sus reuniones, aunque ignoraba el plan.

— ¿Qué necesitan?

— Mantener al Sur al margen de la lucha, Majestad Real —habló Kevan, la personificación de la cortesía—. Con nuestras huestes, las del Valle de Arryn, los hombres de los Stark y los hermanos del Muro, es más que suficiente para lidiar con Stannis y los Bolton, pero si reciben ayuda del Sur, complicaría las cosas.

— Majestad Real, temo decírselo de esta manera pero hay que evitar que los Tyrell y los Martell se involucren en este conflicto y sólo usted puede lograrlo —señaló Robb.

— Cuenten con eso —respondió Daenerys—. Por el momento están ocupados lidiando con el auto-nombrado Aegon VI, pero si llegan a hacer algún movimiento repentino, yo los detendré. Su plan me parece bien, pero me asalta una duda, ¿por qué están tan seguros de que los hermanos del Muro los va a ayudar en esta lucha? Creí que los hermanos de la Night's Watch no se involucran en guerras de ningún tipo, salvo en contra los wildlings.

— Mi hermano bastardo es el Comandante de la Night's Watch, y ellos también están deseosos de deshacerse de Stannis —explicó Robb.

— ¿Tu hermano bastardo? —Daenerys no comprendió.

— Jon Snow, su Majestad Real. Es hijo natural de mi padre y es quien me ha estado enviando información sobre la situación.

— Ah, bien. Sigamos con este curso de acción, entonces: tomar Riverrun antes de llegar al Norte y nos mantendremos informados regularmente en caso de que algo ocurra.

-o-o-o-

— Robb, ven, quiero mostrarte algo —pidió Jaime, mientras Daenerys conversaba con el tío Kevan sobre la situación en King's Landing. Lo llevó a su habitación, abrió un cajón y sacó un fajo de cartas que le entregó, para su extrañeza.

— ¿Qué es esto?

— Cartas de Cersei, casi me envía una al día desde que volví para rogarme que vaya a socorrerla —Jaime tomó asiento y Robb hizo lo propio a su lado, abriendo las cartas. Al igual que el tío Kevan, él tampoco podía creer todo lo que decía ahí, sus vacías promesas de amor, sus ruegos, siempre mencionando que Tommen era su hijo para apelar a la consciencia de Jaime.

— Tú no le crees todo esto, ¿verdad? —preguntó Robb molesto y más bruscamente de lo que había pretendido.

— ¿Tan poco piensas de mí que me crees capaz de tragarme toda esta sarta de mierda? —la indignación y el enojo de Jaime fueron inmediatos y Robb cayó en cuenta de su error, pero le había sido difícil controlarse al leer las cartas de alguien que había sido tan cercana a su León, de quien le había dado tres hijos.

— Lo siento, no quise ofenderte.

Jaime tomó las cartas y buscó la última para mostrársela, la que más le interesaba que viera.

— En ésta te menciona a ti, no le habría prestado mayor atención, pero la última parte me dejó intranquilo.

Jaime, estoy segura que lo que sea que haya ocurrido entre Robb Stark y tú no significó nada, es un chico y un chico jamás podrá darte lo que yo puedo ofrecerte. Eres mi otra mitad, venimos al mundo juntos y estamos hechos el uno para el otro, te di tres hijos, y Robb Stark tal vez fue divertido para ti, no lo sé, pero sí sé que nos pertenecemos el uno al otro. Él ya no volverá a ser un problema para ninguno de los dos, tengo algo que le pertenece y no dudaré en utilizarlo en su contra…

Robb bajó la carta y lo vio.

— ¿Algo mío? ¿Qué puede tener mío?… ¡Oh, Dioses! ¿No serán Arya o Rickon?

— No tengo idea, pero espero que esté mintiendo —Jaime deslizó la mano por su rostro—. Conociéndola puedes esperar cualquier cosa, así que habrá que tener cuidado. Mi tío Kevan tiene contactos en King's Landing así que le pedí que investigue.

— Gracias.

Jaime buscó sus labios, atraído hacia él como la polilla a la flama, incapaz de mantenerse alejado. ¡Cómo los había extrañado! Su sabor, el olor de piel, eran más necesarios para él que el aire mismo—. No volveré a permitir que se marche, no puedo soportar la idea de que esté lejos de mí.

— ¿Crees que nos extrañen si nos desaparecemos un momento? —Robb sonrió contra sus labios, regresando ansioso sus besos.

— Espero que sea más que sólo un momento.

Jaime lo abrazó, besó sus labios, su mandíbula, bajó por su cuello y lamió su clavícula, abriendo su camisa para buscar su pecho, los dedos de Robb hundidos en su largo cabello oro, acariciándolo como sabía que le gustaba y su Lobo jaló aire al sentirlo lamer y chupar su pezón, dejando escapar un suspiró que sorprendió a ambos, necesitado, ansioso, deseoso de más.

— Oh por… no te detengas… —Robb sintió la piel de gallina, y un estremecimiento le recorrió la espalda mientras el calor aumentaba en su cuerpo y su pecho parecía cosquillear ahí donde Jaime succionaba—. Oh…es…es…

El León se entregó con demasiado entusiasmo a su presente tarea, lamiéndolo y mordisqueando, todo su cuerpo ardiendo al escuchar a su Lobo jadear, jalar aire y desbaratarse en suspiros y suaves gemidos, como ronroneos. ¡Adoraba escuchar a Robb así! Y adoraba el sabor de su piel, el compartir esta intimidad con el amor de su vida. Jaime abrió más la boca, devorándolo con hambre, rozándolo con insistencia con la lengua y Robb dejó caer la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y abrió la boca. Lo que sentía lo estaba enloqueciendo, el calor le nublaba la mente, se llevaba todos sus pensamientos y hacía su piel hipersensible, logrando que se estremeciera sin control, que se desbarataba a cada caricia, que deseara desaparecer y disolverse en la boca de Jaime—. Eres perfecto—, su León lo mordisqueó escuchándolo gritar, incapaz de detenerse.

— Yo debería… responderle a Cersei —Robb suspiró, las mejillas ardiendo y los labios húmedos—, y… decirle que… su habitación es… bastante cómoda…

Jaime rio contra su piel, levantando el rostro para verlo.

— Hazlo, con suerte morirá de un infarto y nos ahorraría muchos problemas.

Robb acunó su rostro entre las manos y lo besó.

— Te amo… y no te di una respuesta en el weirwoods.

— Habrá tiempo de volver cuando todo este circo de la fiesta termine —Jaime se inclinó, atrapó de nuevo la enrojecida piel, succionando con ansias, cuando llamaron a su puerta.

— No… atiendas —le pidió Robb, casi delirando, atrayendo su rubia cabeza hacia él y su León se dispuso a obedecer, atrapándolo en su boca, hasta que…

— Jaime —era su tío Kevan—, sé que estás ahí dentro con Lord Stark, y no voy a entrar a menos que me asegures que los dos están vestidos y a una distancia prudente, pero te aconsejo que salgas ahora mismo, tus abanderados están llegando.

— Odio a mi tío —protestó Jaime.

-o-o-o-

Tan pronto cayó la noche, los señores de todas las casas nobles que servían a los Lannister, grandes y pequeños, arribaron a Casterly Rock con sus esposas, hijos e hijas, engalanados con sus mejores trajes y luciendo todas sus joyas, tesoros familiares y demás riquezas; ninguno quería quedarse atrás en lo que se convirtió en un evento para presumir y demostrar que se era más que el otro. Tenía años, muchos años, desde la última vez que un evento así se organizaba, posiblemente el último fuera el torneo que Lord Tywin dio en honor al nacimiento de Viserys, y donde Cersei había conocido a Rhaegar, quedando prendada de él y deseando con todas sus fuerzas que su padre la comprometiera con el Príncipe Heredero.

Pero ésta no era sólo una fiesta, era una oportunidad que serviría para alcanzar varios objetivos, entre ellos afianzar la lealtad de sus abanderados hacia Jaime, conocer a su nueva Reina y a sus herederos, y ver con sus propios ojos que Robb Stark estaba vivo y al lado de su hermana, la esposa de Tyrion—. Las guerras no sólo se ganan con espadas y hombres como bien dice Tyrion, también es necesario jugar a la diplomacia de vez en cuando, y los dioses saben que mi padre era un maestro en ambos campos, tal vez por eso le sobrevivió a Aerys II a pesar de servirlo 20 años como la Mano del Rey.

— Mi tío está seguro que esta fiesta nos va a ayudar también a mermar la autoridad de Cersei —Jaime le compartió a Robb, luciendo como príncipe de cuento, vestido en oro y rojo, los colores de su casa, el cabello peinado en una media coleta y por sus hombros derramándose sedosos mechones, como una cascada de suavidad—. Ver a otra Reina y a los Lannister y a los Stark a su lado, va a restarle legitimidad a mi dulce hermana.

— Sin mencionar a los señores del Valle Arryn que han hincado la rodilla frente a Daenerys.

— Así es.

— ¿Por qué me ves así? —protestó Robb, harto de sus insistentes miradas.

— Me gusta verte.

— Tú sólo me ves así cuando estás excitado.

— Bueno, mi tío interrumpió en el peor momento —se defendió Jaime—, además, no es de todos los días poder admirarte así, magnífico en gris y blanco, otra vez el Rey en el Norte.

— Tú tampoco luces tan mal —lo molestó Robb demasiado feliz para molestarse en disimularlo. Jaime se le acercó y bajó la voz.

— No te cambies al terminar la fiesta, voy a tomarte exactamente como estás ahora.

Robb le sonrió con autosuficiencia y no le respondió, retirándose para ir al lado de su hermana, pero su mirada azul refulgía en deseo, más elocuente que cualquiera de sus palabras, logrando que Jaime jalara aire y apretara el puño antes de hacer algo por lo que su tío Kevan lo mataría, como tomar a Robb ahí mismo. Sansa insistió en vestir de gris y blanco, los colores de su casa al igual que Robb, y en estar al lado de su hermano como una Stark, no como la esposa de un Lannister, y si bien al tío Kevan no le hizo gracia, ya no quiso discutir. Estaba de excelente humor al haber convencido a Daenerys que permitiera a su sobrino reconocer públicamente a los gemelos como sus hijos, haciéndole ver que a los grandes señores de Westeros no les gustaban los bastardos. Al principio a la Reina no le hizo feliz que sus hijos fueran reconocidos como Lannister en vez de Targaryen, pero admitió que Kevan tenía razón, además de que sus mismos hijos habían trabajado en su contra a este respecto, así que accedió.

Fue una fiesta soberbia, los abanderados de los Lannister quedaron impresionados con la belleza de la Reina Targaryen, y Sansa pasó un buen rato en un evento como los que tanto le gustaban y que sería recordado con añoranza en años venideros, aunque la hubiera disfrutado aún más si no hubiera estado mordiéndose las uñas por saber qué había entre Jaime y Daenerys, pero se comportó a la altura, del brazo de su hermano, como la orgullosa hija de Eddard Stark. Eso sí, ahora tenía cuidado en cada palabra que dejaba escapar frente a la Reina y se dedicó a observarla, paseándose por el salón del brazo de Jaime como si éste fuera de su pertenencia. Brienne también fue invitada, por más ridícula que ella se sintiera en vestido, y encontraba cualquier pretexto para desaparecerse, aunque Sansa le insistiera que lucía bien y no tenía nada de qué avergonzarse.

— Lady Sansa, para ti es fácil decirlo, eres una dama joven y hermosa, y yo… Yo no nací para atender este tipo de fiestas —dijo Brienne, incómoda, sintiendo que todas las miradas estaban sobre ella. Tendría cuatro y veinte años pero no conseguía ganar la confianza suficiente para mostrarse de esta forma, en lazo y largas faldas, pues cada vez que lo hacía algo humillante le ocurría.

— Brienne, levanta el rostro, eres invitada de honor del Señor de Casterly Rock así que actúa como tal. Eres de las personas más valiosas que he conocido y no tienes porqué sentirte menos —la animó Sansa, y Jaime la alcanzó a escuchar, recordándose que iría a buscar a la Moza tan pronto le dieran un respiro.

Si mal no recuerdo, el padre de Brienne la comprometió tres veces en matrimonio y las tres veces sufrió desilusiones, la primera vez él murió, la segunda le dijeron que una rosa sería lo único que recibiría y rompieron el compromiso, y la tercera su prometido quiso obligarla a ser una dama femenina y sumisa. Cuando luchó por Renly los hombres se burlaban continuamente de ella, luego el amor de su vida, Renly, contrae matrimonio con Margaery… esta Moza sí que ha tenido mala suerte —se dijo, recordando lo que la misma Brienne le había compartido—. Y se enamoró de Renly por ser el primer hombre en tratarla de forma cortés.

— Soy yo o mis abanderados trajeron a todas las mujeres de sus casas —comentó Jaime, ya cansado de tanto sonreír y su tío Kevan lo observó como si fuera estúpido.

— Eres el Señor de Casterly Rock, Escudo de Lannisport, Guardian del Oeste, Lord Justiciar y Master of Laws de la Reina Targaryen, soltero, bien parecido y rico, ¿tengo que decir más? —Jaime torció la boca como adolescente, odiando más a su tío— Y de una vez permíteme recordarte que tienes que abrir el baile con la Reina y no me interesa lo que pienses: abres el baile, compartes una o dos piezas más con ella y te retiras. Te sugiero que después saques a bailar a tu cuñada, se verá bien que le prestes atención a la esposa de tu hermano y no se te ocurra hacerle una grosería a alguna de las damas presentes, necesitas de todo el apoyo de estos señores y de sus huestes, así que sigues sonriendo y bailas.

— Sí, tío —respondió como niño regañado. Robb lo alcanzó a escuchar y se acercó a Jaime en cuanto Kevan se marchó.

— Tu tío tiene razón, eres un gran partido.

— Sí, pero se equivocó en una cosa.

— ¿En qué? —preguntó Robb y Jaime se le acercó un poco más, bajando la voz.

— Yo no soy soltero —el corazón de Robb latió con fuerza, recordando lo que su hermana le había dicho, que prácticamente había contraído matrimonio con Jaime frente al weirdwoods.

Se hizo lo que su tío Kevan quería, Jaime abrió el baile con Daenerys haciendo suspirar a más de una, después compartió dos piezas con Sansa, gratamente sorprendido al ver que toda la gracia de la que carecía Robb parecía haber sido derramada sobre su hermana; y para su mala suerte, no hubo una sola chica que no quisiera bailar con él, lo que lo tenía deseando arrojarse desde lo más alto de la Roca para acabar con su martirio. Pero a la única que Jaime sí buscó por su propia voluntad fue a Brienne, escondida en el rincón más alejado y obscuro del salón—. Y será una Moza fea pero es mi Moza fea—, se dijo, dejándola sin habla cuando llegó para sacarla a bailar, inclinándose ante ella con toda galantería.

— Moza, no me veas así, me haces quedar como un estúpido si no dices nada, ¿quieres bailar sí o no?

— Lord Jaime, es la peor invitación que me han hecho pero acepto —respondió, sonriendo feliz.

Sansa los vio bailar con una radiante sonrisa, a punto de comenzar a golpear a todo el que hizo comentarios sagaces e hirientes sobre su amiga, y fueron bastantes, pues las hermosas jóvenes de las Westerlands no comprendían porqué Lord Jaime perdía el tiempo con ella, no la consideraban mejor que un oso con vestido, y su envidia no hizo más que aumentar al ver que el Señor de Casterly Rock se divertía sinceramente bailando con ella.

— Moza, tienes más gracia para bailar que Robb —rio Jaime, dando una vuelta con ella al son de la música.

— Lord Jaime, soy una chica, sería triste para Lord Robb si tuviera más delicadeza que yo.

— Cierto, a veces lo olvido —Brienne entornó los ojos, pero estaba demasiado feliz como para molestarse en serio. Por una vez en su vida, fue la envidia de las damas jóvenes y casaderas, y las no tan jóvenes también, y lo disfrutó.

Robb tampoco se salvó, él también era un gran partido: joven, atractivo, Master of War de la Reina y listo para retomar el Norte, y las damas de las Westerlands no lo dejaron en paz, claro que él sí rechazó varias invitaciones para bailar, hasta que Sansa llegó a reprenderlo como si fuera su madre.

— Ya sé que no tienes ni lo más mínimo de gracia en la pista de baile, pero haz un esfuerzo que necesitas del apoyo de esta gente si quieres recuperar nuestro hogar —Robb apretó los dientes—. Y antes de que lo olvide, también vas y sacas a bailar a Brienne.

— Pero…

— ¡Sin peros! —y Robb obedeció.

Jaime se detuvo a hablar con Lord Spicer, en cuanto le dieron un respiro, seguro de que los pies se le caerían en cualquier momento, cuando la última persona que esperó ver apareció: Lord Broom del brazo de su esposa, Jeyne Westerling. Y el mundo pareció detenerse en ese momento y todo transcurrió con la misma lentitud de un sueño. Robb también la vio y no supo qué pensar porque no sintió nada, Jeyne jamás significó nada para él y su odio iba dirigido contra su madre, quien tampoco tardó en aparecer detrás de ella del brazo de su marido. Y al ver a Lady Sybell la furia lo quemó por dentro. Sí, Lady Catelyn había muerto por su error, por no cumplir la palabra dada a Lord Frey, pero esta mujer había sido la arquitecta de su caída.

Jeyne se acercó a Jaime con una sonrisa que desapareció tan pronto vio a Robb, a escasos pasos de Lord Lannister y dejó escapar un grito, como una chica que ha visto una cucaracha, llamando también la atención de sus padres. Lady Sybell palideció y dio la impresión de que iba a desmayarse en cuanto vio a Lord Stark, teniendo que sujetarse de su marido para no caer. El tío Kevan, Lady Dorna, Daenerys y Sansa voltearon a ver qué estaba ocurriendo, así como varios de los invitados.

— Buenas noches Jeyne —saludó Robb con fríos modales y la que fuera su esposa se llevó ambas manos a la boca, sacudiendo la cabeza, los ojos desorbitados.

— Tú… tú… estás… muerto…

— Casi lo estuve gracias a tu madre —respondió Robb, con odio mal contenido—. Pero te ha ido bien, veo que ya eres la señora de una casa destacada, nada mal para quien fuera Reina en el Norte, pero supongo que el título fue poca cosa para ti.

— Lord Stark, le pido que no le falte el respeto a mi esposa —habló Lord Broom y Robb rio con toda la burla que fue capaz de invocar, dejando a Sansa sin habla, pues nunca había visto a su hermano así.

— Su esposa —repitió con odio.

— Lo siento Robb… lo siento… yo no sabía… Estabas muerto… y yo… yo merecía seguir con mi vida, yo…. te quise, te quise mucho, pero… Y cuando nuestra hija…

— ¡Basta! No sabes lo que dices —Lady Sybell la interrumpió, sus manos temblando tanto que tuvo que apretarlas, pero hasta Daenerys había alcanzado a escuchar claramente lo que había dicho.

Robb sintió como si lo hubieran abofeteado—. ¿Qué fue lo que dijo? —pensó Jaime, recordando entonces la carta de su hermana—. ¡Los Otros se la lleven! ¿Es esto de lo que hablaba? Después de todo, Sybell Westerling fue su aliada.

— ¿Cuál hija? —preguntó Robb, su voz afilada e hiriente como una daga.

— Lo siento… lo siento… en verdad… —Jeyne sollozó y tartamudeó, y Robb se acercó a ella, furioso, obligando a su esposo a interponerse entre ellos pues estaba seguro de que iba a golpearla.

— Respóndeme Jeyne, ¿cuál hija?

— Éste no es el lugar para discutir esto —Jaime intervino, entendiendo qué tan grave se estaba tornando la situación y consciente de que todos los ojos estaban puestos en ellos. Hasta la música pareció haberse detenido—. Vamos —llevó al grupo completo, su tío Kevan y Sansa incluidos, a una sala privada al lado del inmenso salón de baile, y tras cerrar la puerta, Lady Sybell comenzó a hablar a gran velocidad, atropellando sus palabras hasta que Jaime la calló levantando la mano.

— Lady Sybell, estoy muy consciente de que le da información a mi hermana Cersei —Jaime habló con autoridad—, así que por favor evítese la vergüenza de negarlo, y vayamos al punto de todo esto: ¿Lady Jeyne le dio o no una hija a Lord Stark?

Lady Sybell vio a Jaime asustada, la mano en su cuello, respirando con dificultad, y le dirigió una mirada a su marido en busca de ayuda, pero Lord Westerling no quería nada que ver en esto. Ignoraba en qué problema se habría metido su esposa y también ignoraba que Lord Stark se hallara con vida, pues de haberlo sabido, jamás habría permitido que su hija contrajera matrimonio de nuevo, era un hombre honorable y le había jurado lealtad a Robb cuando era Rey en el Norte, y lo que veía ahora se le antojaba a demasiados problemas con gente demasiado importante. No, no quería nada que ver en esto y su esposa lo comprendió mejor que nadie.

— Te hicieron una pregunta mujer, responde —habló Lord Westerling, frío y tenso, molesto al ser arrastrado a esta situación, y su esposa quiso tragar pero súbitamente su garganta se hallaba seca.

— Sí… sí, Jeyne tuvo una hija de Lord Robb Stark.

— ¡¿Cómo pudiste ocultarme algo así?! —le reclamó su marido, Lord Westerling, tan azorado como el mismo Robb— Mi Señor —le dijo a Jaime— yo no tenía conocimiento de esta situación, y estoy tan contrariado como ustedes, yo…

Pero Jaime no escuchó lo que decía, su vista fija en Robb, quien sentía un hueco en el estómago y una ira helada que lo mantenía inmóvil y sin palabras. Sansa percibió su turbación, y fue quien habló primero, yendo al punto de lo que era realmente importante.

— ¿Dónde está mi sobrina?

— ¡Murió! —lloró Jeyne, ocultando su rostro entre las manos, su presente marido a su lado sin saber qué hacer, tan perdido como su suegro e igual de ofendido de que se le hubiera engañado de esta forma. Pero Jaime tenía más práctica que los Stark lidiando con mentirosos, era gemelo de Cersei ¡Por los Siete! y en el rostro de Lady Sybell vio algo que no lo dejó satisfecho, más aún recordando la última carta de su gemela.

— ¿Eso es verdad? —insistió Jaime— ¿La hija de Lord Stark está muerta? —Lady Sybell se hallaba tan tensa que bien hubiera pasado por una estatua— Porque mi hermana no dijo lo mismo en sus cartas.

Robb vio a Jaime como si no lo conociera, sabiendo que la estaba engañando—. Es una apuesta, y una que estoy seguro que ganaré—, se dijo Jaime y entonces Lady Sybell se rompió, negando despacio con la cabeza y dejando a su hija sin palabras y a Lord Westerling y Lord Broom lívidos.

— Madre… tú dijiste que mi hija… murió… ¿madre?

— Oculté a la niña por años, hasta que su Majestad Real Cersei me pidió que se la enviara a King's Landing, hace un par de meses —confesó al fin y el grito de Robb les pareció más el gruñido de un lobo que un sonido humano. Sansa la hubiera golpeado de no ser porque Jaime la detuvo, tomándola por el brazo, pero no pudo evitar que le escupiera.

— ¿No fue suficiente con haber asesinado a mi madre con su traición, tenía también que jugar con la vida de mi sobrina? —le reclamó furiosa, temblando de pies a cabeza.

— Lady Sybell, la casa Lannister no tiene más soberano que la Reina Daenerys de la casa Targaryen —le recordó el tío Kevan con calma—, y Lord Stark es aliado nuestro, sus acciones nos avergüenzan a todos.

— Lord Stark era enemigo de los Lannister cuando yo lo entregué en la Red Wedding —les recordó Lady Sybell, temblando de ira e impotencia—. Lord Tywin estaba al tanto de todo, él —señaló a Robb— era un rebelde que se había auto-proclamado Rey en el Norte, desafiando al Iron Throne.

— Sí mi Señora, pero mi padre está muerto, Lord Stark ya no es más Rey en el Norte y a la pequeña la entregó ya sabiendo dónde descansa nuestra lealtad ahora —le recordó Jaime—. Desde hace tres años la casa Lannister se deslindó de la corona en King's Landing y eso ya lo sabía cuando recibió la carta de mi hermana.

Lady Sybell sudó frío.

— ¿Cómo se llama? —preguntó Robb, furioso, apenas logrando mantener sus sentimientos a raya, hablando con los dientes apretados— ¿Cuál es el nombre de mi hija?

— E-E-Ellyn… Ellyn Hill.

— ¿Hill? ¿Le puso a la nieta de Eddard Stark un nombre de bastarda? —Robb pudo haberla matado ahí mismo.

-o-o-o-

— Debemos rescatar a mi sobrina —habló Sansa, dando de vueltas por la sala en cuanto Jaime, Robb, tío Kevan, Lancel, Daenerys y Brienne se hallaron a solas, la fiesta olvidada—. No podemos dejar a una niña de cuatro años sola con Cersei.

— Yo debería ir por ella —dijo Robb, aún demasiado tenso y afectado por las noticias.

— Y sabes tan bien como yo que eso sería darle a mi dulce hermana exactamente lo que quiere —dijo Jaime—. Te matará en cuanto llegues.

— Siento tener que darle la razón a mi primo —dijo Lancel—, pero Cersei es despiadada, y va a utilizar a la pequeña Ellyn para acabar con usted, Lord Stark.

— Además, tu lugar está aquí, te esperan tus abanderados en el Norte, no puedes marchar a King's Landing —le recordó Jaime y Robb apretó los puños hasta que se enterró las uñas en las palmas de las manos.

— ¿Serviría de algo negociar con Cersei? —preguntó Daenerys— Yo podría hacerlo.

— Podríamos intentarlo, su Majestad Real —respondió el tío Kevan—, pero no garantizo que funcione, mi sobrina es… voluntariosa y poco confiable —sacudió la cabeza—. Esa mujer va a ser el final de esta familia —se lamentó.

— Yo puedo entrar en King's Landing y sacar a Ellyn —propuso Jaime, dejándolos a todos sin habla—. Puedo hacerle creer a Cersei que acepto ayudarla, entrar, encontrar a la pequeña y salir.

— No puedes marchar ahora, es lo mismo que Lord Stark, tus hombres te necesitan aquí para marchar contra Stannis —le recordó el tío Kevan.

— Iré yo entonces —se ofreció Brienne—, yo puedo hacerlo y nadie me requiere aquí.

— Brienne, no puedo pedirte que te arriesgues de nuevo por mi familia —dijo Robb.

— Sería un honor, Lord Stark —Brienne habló con valentía y la cabeza en alto—. Soy poco conocida, puedo ingresar en la ciudad y buscar a la pequeña.

— Estamos dejándonos llevar por la emoción —dijo el tío Kevan, el mayor en ese grupo y la voz de la razón—. Primero hay que localizar a Ellyn Stark, saber si está en King's Landing con Cersei o si la envió a otro sitio, o si continúa con vida —Robb sintió de nuevo ese incómodo hueco en el estómago—, y para eso necesitaremos de nuestros espías. Una vez que la localicemos, enviaremos por ella. Será como cuando pagué el rescate de Tyrek, es lo más seguro para todos.

Y el grupo estuvo de acuerdo.

-o-o-o-

— ¿Por qué soy tan estúpido? —se lamentó Robb en cuanto estuvo a solas con Jaime, ambos en la cama de la que había sido la habitación de Cersei. Era la madrugada para cuando pudieron retirarse, después de concluida la que ya era catalogada como la mejor fiesta en años— No puedo creer que sea la segunda ocasión en la que hay mujeres de mi familia como rehenes en King's Landing.

— No había forma de que supiéramos que tenías una hija —lo consoló Jaime, recostado a su lado. Levantó la mano para acariciar su mejilla y llevó el índice a su labio inferior—. Lady Sybell fue astuta, le hizo creer a Jeyne que Ellyn había muerto, la casó en una casa noble, la envió lejos y dejó a la pequeña en su propio hogar haciéndola pasar como la hija de la cocinera para poder vigilarla.

— Mi hija trabajando en las cocinas de los Westerling como una bastarda cuando es una Stark de Winterfell —Robb apretó los dientes—. ¿Hasta cuándo va a terminar nuestra mala suerte?

— Pronto, pronto estarás de regreso en tu hogar y con tu familia —le prometió Jaime, porque aunque le vida se le fuera en ello, iba a ayudarlo a recuperar lo que le pertenecía—. Sabemos a dónde enviaron a tu hija, que está acompañada de la cocinera Emma, su descripción física y su nombre así que confía en mi tío Kevan, si hay alguien que sabe cómo obtener información, ése es él.

— Lo haré —Jaime lo besó.

Continuará