DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

SUEÑOS AJENOS

CAPITULO 36

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Diciembre 14, 2005

¿Y ahora qué?

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Los dedos de Bella recorrían su pecho acariciantes y poco a poco fueron despertándole.

- Mmm, Buenos días – gimió volviéndose hacia ella y apretándola contra su pecho.

- Buenos días – ronroneó ella besando su cuello mientras lo rodeaba con sus brazos para apoyar las manos sugerentemente sobre sus glúteos.

La empujó para dejarla recostada sobre la cama y se tumbó sobre ella escondiendo su rostro entre el cuello y el hombro de la chica.

- Parece que alguien se ha despertado un poco juguetona

- Parece que sí – confesó seductora y le hizo reír

- Te amo, cielo – confesó antes de mirarla fijamente

- Demuéstrame cuánto

La carcajada feliz de Edward resonó en el departamento.

- ¿Cómo quieres que te lo demuestre?

- No sé. Teniendo en cuenta que estamos en la cama y ambos estamos desnudos...

- Ya – dijo burlón recostándose entre sus piernas – Tienes suerte de mi erección mañanera...

- Tengo suerte – rió a su vez antes de volcarse sobre sus labios.

Una hora después estaban sentados a la isla de la cocina, frente a sendos platos con suculentos desayunos.

- Creo que estoy engordando – comentó Bella tragándose sus tostadas francesas

- ¡Qué va! Estás perfecta.

- No lo creo. No me creo capaz de meterme en uno de mis maillots.

- Pues compraremos maillots nuevos.

- Para cuando el doctor Gerandy me autorice a retomar mis ensayos, sólo cabré en sacos de patatas.

- Exagerada – rió divertido

Abatida apoyó la frente sobre la fría superficie de la mesada.

- Dios, Edward. Tengo que hacer algo. Debería ponerme a dieta, o al menos dejar de comer así.

- No digas tonterías, Bella, no estás gorda.

- Para ser un ser humano tal vez no, pero para ser bailarina, tengo al menos tres o cuatro kilos de más.

- Nunca entenderé por qué las bailarinas tenéis que ser tan canijas.

- No tenemos que ser canijas, pero si pretendes que un bailarín te levante con un brazo y te haga dar giros por el escenario sin perder la sonrisa ni el aire de los pulmones, debes intentar hacérselo tan fácil como sea posible.

Edward comprendió su preocupación. En ese último mes, aunque no lo había expresado abiertamente muy a menudo, se había estado afligiendo mucho pensando en lo que pasaría con su carrera.

- El médico dijo que tardarías al menos dos meses en poder regresar...

- Sí. Llevo un mes y he subido muchísimo de peso, no quiero imaginar lo que puede suceder en un mes más.

- Muchísimo – dijo incrédulo – No has subido muchísimo, cielo, pero si de verdad te preocupa, que veo que así es, nos pondremos a dieta.

- ¿Nos pondremos a dieta? – inquirió mirándolo sorprendida – ¿Tú también?

- ¿Acaso no he comido tanto como tú en este mes? Pues ahora ambos haremos un régimen. Aunque debes imaginar que, como médico que soy, no te permitiré bajar de peso a cualquier coste. Haremos un régimen controlado. Estoy seguro que en un mes podrás bajar lo que has subido de más. Además, a medida que el médico te lo permita, iremos incorporando una rutina de ejercicios. – rió mirándola lascivamente – Aunque el ejercicio como el de hoy a la mañana no lo hemos descuidado y se supone que es buenísimo para bajar de peso.

- ¿Harías eso por mí?

- ¿Hacerte el amor? Cuantas veces quieras.

- No. Dieta.

- Claro que sí, cielo. Estamos juntos en esto, ¿no?

- Te amo, Edward – aseguró feliz yendo hasta él y sentándose en su regazo

- Te amo, Bells. – la besó buscando borrar todas sus dudas y temores

- Hoy tengo consulta para ver los resultados de mis analíticas. – informó cuando se separaron

- Todo estará bien.

- Espero que sí. Se supone que si el nivel de oxígeno en mi sangre ha mejorado al igual que mis pulmones, podré comenzar con ejercicio suave, con los ensayos...

- Verás que así será. ¿Te reunirás luego con Quil?

- Sí. En función de lo que me digan en el hospital, veremos qué hacer con la temporada.

- Entonces te veré a la tarde cuando vuelvas a casa.

- Aquí te veré – aseguró antes de dejarle marchar.

Su teléfono sonó cuando salía de la ducha.

Edward se había marchado hacía un par de horas y en un par de horas más ella tenía cita en el hospital con su médico.

- ¿Diga? – respondió agitada por haber corrido hasta el teléfono

- Isabella – la voz de Renée resonó estridente al otro lado de la línea

- Renée.

- Al fin te dignas contestarle a tu madre. ¿Dónde diablos te has metido? Llevo semanas buscándote.

- Te lo dije, Renée. Te dije que me tomaría unos días y es lo que estoy haciendo. Te he dejado mensajes diciéndote que estaba bien, que no tenías que preocuparte.

- Sí, claro. ¿Cómo quieres que no me preocupe? No sé nada de ti. No sé dónde estás ni con quién, aunque puedo imaginármelo. He estado a punto de ir al hospital a buscar a ese chico para que me dijera dónde estabas.

- No tienes derecho, así que espero que no lo hagas.

- Hablé con Sasha y me dijo que le has dado unas vacaciones pagas.

- Simplemente le he dicho que no necesitaba ir a mi departamento cada día. Sasha se ha estado encargando de limpiar dos veces a la semana, regar mis plantas y recoger el correo. Estoy de vacaciones, Renée. De momento no puedo bailar así que no veo por qué tenía que seguir con mi rutina habitual.

- Garrett me ha llamado y me ha dicho que no se ha podido comunicar contigo tampoco. ¿Qué diablos estás haciendo, Isabella?

- Garrett y yo hemos terminado. No tengo nada de qué hablar con él, así que su preocupación – comentó con sarcasmo – está de más.

- Oh, por Dios. Cuando te saques las ganas con ese doctorcito te darás cuenta que no puedes estar lejos de Garrett.

- Supongo que debería coincidir con el momento en que Garrett se saque las ganas con esa bailarincita de Kate LaBow

- ¿Qué dices?

- Por si no lo sabes Garrett tiene un lío con Kate

- Oh, por Dios, eso son niñerías. Lo hace porque se siente despechado, no tiene nada que ver con que haya dejado de sentir algo por ti...

- Me importa una mierda. Garrett y yo terminamos. Yo estoy con Edward y pienso seguir así, y lo que haga Garrett me tiene sin cuidado.

- No puedes hablar en serio.

- Adiós, Renée. Tengo que colgar.

- Ni se te ocurra colgar, Isabella

- Lo siento, Renée, tengo consulta en el hospital.

- Ah, eso ¿cómo te encuentras?

- ¿AH, ESO? – gruñó – ¿Eso es lo que vas a decir? ¿Eso es todo lo que mi madre se preocupa por mi salud? Vete al infierno, Renée – espetó furiosa antes de cortar la comunicación y desconectar su teléfono.

Cuando al fin llegó al hospital su furia se había apaciguado.

La enfermera la hizo pasar al consultorio y se encontró con el Doctor Gerandy que se levantó para estrechar su mano.

- Señorita Swan – le saludó con amabilidad – ¿Cómo se encuentra?

- Muy bien

- Me alegro. Siéntese, por favor – dijo señalándose la silla frente a él. – Bueno, señorita Swan – dijo mirando los papeles que tenía sobre su escritorio – sus analíticas son buenas.

- ¿De verdad? – suspiró recostándose contra su silla

- Sí, sus pulmones están claramente recuperados aunque, como ya comentáramos anteriormente, me gustaría que fuese comenzando con el ejercicio físico lentamente.

- Entiendo.

- No obstante – replicó el médico cuando dos golpes sonaron en la puerta del consultorio – Discúlpeme – dijo levantándose de su asiento para abrir la puerta

Después de una conversación en voz tan baja que Bella no se enteró de nada, el médico hizo entrar a alguien al consultorio.

- Señorita Swan – le llamó y Bella se puso de pie para encontrarse de frente a Tanya Denali

Su rostro palideció y sintió un leve mareo que la obligó a sujetarse del escritorio.

El médico les hizo señas y Tanya se sentó en una silla junto al hombre a la vez que Bella volvía a su lugar.

- He hecho venir a la doctora Denali, porque entiendo que es su ginecóloga... – expuso esperando el consentimiento de Bella.

Sólo pudo asentir ante el intenso escrutinio al que se veía sometida.

- Bien, como ya le comentara, la neumonía está completamente curada, pero sus análisis de sangre han revelado que está usted embarazada – explicó haciéndola estremecer


WOW! Capi cortito, pero lleno de emociones. Embarazo, como ya muchos se lo imaginaban.

Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por seguirme siempre.

Espero los reviews que seguro tenéis en la cabeza.

De momento dejo el adelanto del próximo:

Le preguntó datos sobre la fecha de su última regla, algún síntoma o malestar y demás, a lo que Bella respondió con timidez.

- Muy bien. Fijaré una cita para dentro de cuatro semanas. Mientras tanto te recetaré ácido fólico y unas vitaminas prenatales. – explicó completando el formulario correspondiente – Desde luego debes suspender el uso de los anticonceptivos o cualquier tipo de medicación. Y ante cualquier cambio, no dudes en consultar.

- De acuerdo – aceptó incómoda – Tanya, yo... – comenzó pero la chica volvió a interrumpirla

- ¿Edward es el padre? – preguntó a bocajarro mirándola con dureza

Bella levantó la mirada sorprendida pero no pudo contestar.

- ¿Es de Edward? – repitió la mujer

Besitos y buen finde!

P.D.: Ya visitaron mi nuevo fic ¿DIFERENTES? Les espero por ahí y hoy subo otro capi.