Me gustaría llorar pero la pena es una estupidez.
Me gustaría creer pero la fe es un cementerio.
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37
Otra noche más sin dormir, las ojeras moradas ya reflejaban su mal descanso. En esta oportunidad, Hinata, había tenido una pesadilla. Una de las que desaparecen apenas uno despierta y las olvida, pero el sudor en todo su cuerpo evidenciaba aquel mal descanso.
Saltó por la ventana y comenzó a caminar sin rumbo fijo aun aturdida por el relato de Kurenai quién no escatimó en detalles y fue lo suficientemente cruda y realista, la mujer estaba segura de que Hinata debía saberlo todo para conocer la realidad a la que se enfrentaría si realmente tenía sentimientos por Uchiha Sasuke.
Mientras vagaba solitaria por los callejones oscuros de una aldea donde solo el silencio nocturno invadía, ingresó a una zona boscosa. Con la mente en blanco recorrió un camino empinado. Finalmente pudo reconocerse a si misma sobre una de las cabezas pedregosas del monumento a los hokages. Allí se sentó y con los ojos, en completo mutismo, recorrió las tenues luces Konoha, especialmente la calle principal, la calle del té, sobre la cual había vivido tantas experiencias a su joven edad. Siguió recto su recorrido visual hasta que se topó con las ruinas del distrito Uchiha. Tragó en seco y con un impulso desconocido activó su Byakugan y comenzó a husmear, desde la distancia, las inmediaciones y a la vez que recordaba la historia de la caída del clan.
Lo pudo ver todo en esas callejas: a Sasuke, un niño dulce y alegre regresando a su hogar para presumir a su familia sus progresos de ninja, para recibir el cariño y el abrazo de su hermano; y todo lo que encontró fue muerte y destrucción, traición, sangre.
¿Qué motivos le quedaban para vivir, cuando se lo habían arrebatado todo? Desde una tierna e inocente niñez hasta un futuro brillante. ¿Cómo hacía para borrar de su mente la imagen de los cuerpos mutilados de las personas que más amaba?.
Ahora comprendía tantos por qué. Entonces fue como si realmente viera a ese pequeño niño llorando destrozado en aquel lugar, corriendo horrorizado, clamando por su vida. Se llevó la mano a la boca para contener un eufórico llanto que amenazaba con treparle la garganta. Subió la vista por uno de los edificios y allí encontró el símbolo Uchiha despintado.
Ya nada quedaba.
—¡Mierda injusta!— blasfemó quizás por primera vez en su vida, con su suave voz pero en un grito desgarrador que le nubló la vista, apagó su Byakugan y hundió la cabeza entre las rodillas.
Lloró, lloró con todas sus fueras. Lloró en espasmos que le hacían doler el estomago y la garganta. Lloró porque Uchiha Sasuke no lo merecía, lloró por la impotencia que le generaba.
Lloró tanto...
—¿Qué se supone que estas haciendo, Hyuga?—las palabras del Uchiha detrás de ella le erizaron los vellos de la nunca y detuvieron sus espasmos abruptamente. Hubiera permanecido con la cabeza escondida toda la noche pero aquella voz la obligó a voltear.—¿Qué había en el distrito Uchiha tan importante para que lo revises con tu Byakugan y luego te largases a llorar de esa forma tan dramática?.
—Yo... solo... me enteré...—intentó explicar ante los expectantes y oscuros ojos del muchacho, a quien ya no temía más.
Sasuke solo alzó una ceja, irónicamente Hinata era la primera de sus compañeros que de alguna forma se había enterado la verdadera historia y no era casualidad, la presencia de su hermano mayor había dado qué hablar a toda la aldea.
—¿Qué?— murmuró nervioso él, esperado una respuesta que nunca llegó porque en una reacción inesperada para ambos Hinata se movió de su posición y corrió hacia él, le rodeó la espalda con los brazos y apoyó su rostro en su pecho. Volvió a llorar.
El contacto de esa muchacha fue comparable con un rayo atravesándole el cuerpo. ¿Por qué se sentía así? no era lo mismo qué Sakura trepándose a su espalda o Ino colgándose de su brazo. Era... una sensación que no vivía desde pequeño, era como el abrazo de su madre.
Hacía tanto que no se sentía así que lo había olvidado por completo.
—No te atrevas a volver a tocarme—le indicó con tono hostil y la separó tomándola por los hombros. El rostro congestionado de la Hyuga se elevó a observarlo en un gesto de sorpresa—.Prefiero que me detesten a que me tengan lastima—agregó con odio.
—Yo... jamás sentiría pena por usted. Me han mirado con lastima toda mi vida ... —reconoció y él apretó los labios—.Solo siento impotencia del pasado, usted no merece nada de esto, es una buena persona.
Sasuke desvió los ojos, invadido por la vergüenza y la frustración—No me interesa serlo. Soy un vengador, Hinata. No debe preocuparte que merezco.
—Me preocupa tanto como yo le preocupo a usted—confesó con una tierna sonrisa, mirándolo fijo con un valor desconocido.
El Uchiha soltó sus hombros como si le quemaran—No... sé de que hablas.
—Si lo sabe, Uchiha-san— afirmó—.Si usted no hubiera alertado de mi desaparición al shinobi arbitro, hoy estaría muerta. Si no me hubiera dado su confianza en los exámenes, yo no lo hubiera logrado y el consejo de mi clan me hubiera devastado... Gracias, Sasuke— concluyó antes de girar y retirarse generando un extraño temblor en el cuerpo de él.
—Hinata— la detuvo. Ella giró a observarlo mientras secaba los vestigios de lagrimas—.Tu no eres como las demás... tú no estás solo interesada en ser mi ...—le costó terminar la frase.
Pronto un enorme sonrojo la abordó y toda la valentía de segundos atrás desapareció—Eh.. am... no-no... ¡yo a usted lo considero un amigo!— negó frenética con ambas manos antes de escaparse corriendo.
Sasuke observó alejarse la pequeña silueta iluminada por la luz lunar, sonrió de medio lado sin ningún vestigio de sarcasmo, fue una leve sonrisa sincera—Jamás podremos ser amigos.
