Por fin, inspirada después de ver la película como no se imaginan.
Que lo disfruten
CAPÍTULO FINAL.
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El jefe y la bella.
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—No los entiendo. ¡Hiccup… no los entiendo! —repitió Astrid con tristeza.
Inmediatamente que el agua del lago se esfumó, todos aquellos que habían sido malditos perdieron tal habilidad de comunicación. Y fue un golpe duro, en especial para la reina del lugar.
—Calma Astrid. —pidió Stormfly entristecida, pero lamentablemente su voz no fueron más que gruñidos para su amiga.
—No Astrid, por favor… calma. —consoló Hiccup también angustiado. —Vas a ver que todo estará bien.
La reina entristecida, no pudo, en su cabeza jamás había pasado la idea de que cuando se rompiera el hechizo perdería aquella habilidad de la que nunca reprochó durante el tiempo de la maldición.
—Creo que debemos regresar al castillo, debe descansar. —opinó Toothless, entristecido también, pero firme en que esa nueva etapa no le haría cambiar la perspectiva que tenía de su protectora.
—Toothless tiene razón hijo. —se acercó Valka a donde estaban con los demás jinetes y Liris. — Las personas de allá y ella necesitan ayuda y ropa.
Hiccup entonces observó a los transformados que estaban en el otro extremo, viendo que las mujeres solo llevaban un vestido blanco de tirantes delgados que muy apenas les llegaba por debajo de la rodilla, mientras que los varones, llevaban una camisa de mangas de tres cuartos y pantalones cortos del mismo color, nadie llevaba zapatos, y los más adultos en especial estaban sumamente desorientados.
Después regresó su mirada a Astrid, aún estaba con ella a medio recostar sobre el pasto, y cuando sus ojos quisieron ver si ella vestía de igual manera, se sonrojó al encontrarse primeramente con su escote, donde claramente apreció lo redondeado de sus pechos libres de escamas, luego miró el resto de su cuerpo, cuyo vestido se había ceñido a él, dándole la apariencia como si no llevara nada encima, pues estaba mojado y casi todo se transparentaba.
—¡Ay dioses! ¡Lo siento! —en ese momento la soltó y se giró dándole la espalda sonrojado por haberla visto de una manera que definió como "pervertida".
Astrid, sin comprender lo que había pasado, se cubrió el pecho por inercia, pues los otros dos hombres presentes también se quedaron boquiabiertos al verla.
—¡Ay, cierra la boca Eret!
Vio que otra chica con el cabello rubio, le cerró violentamente la boca al de cabello negro, mientras que la otra chica de también cabello color negro hizo girar al regordete hombre para que le diera la espalda, acto que enseguida imitó la otra rubia.
—Tranquila…—se acercó la mujer castaña a ella y le puso encima su cálida capa. —Soy Valka Haddock, la mamá de Hiccup.
Astrid quedó boquiabierta.
—Pensé que estaba enferma… —dijo preocupada. —¿Ya se encuentra bien?
A Hiccup se le erizó el espinazo al escuchar a su reina.
—Oh, no estoy enferma…—respondió esta sin comprender, luego miró de reojo a su hijo quien estaba completamente erguido dándoles la espalda, le daba la sensación de que había dicho o hecho algo. —Pero no te preocupes, permíteme ayudarte… ¿Puedes levantarte?
La rubia asintió y trató de levantarse, pero por una extraña razón sentía muy ligeras sus piernas, a diferencia de sus pesadas piernas cubiertas de escamas.
—Déjame te ayudo. Heather, Camicazi o Liris… ¿me ayudan?
Astrid se sobresaltó cuando la madre de Hiccup llamó a las otras chicas, las observó, reconociendo quién era quién de acuerdo con las descripciones que una vez le hizo su herrero, y a quien le prestó su atención era a la de cabello castaño, la persona que según Hiccup alguna vez había amado y que al sentir su mirada sobre la de ella, la desvió apenada.
Sin embargo, no tuvo tiempo de pensar mucho en eso, pues la chica Heather fue la primera que se apuntó para ayudar, y junto con Valka la levantaron; pero cuando intentó caminar por su cuenta sus rodillas por algún motivo se doblaron como si no tuvieran fuerzas lo que casi la hace caer.
—¿No puedes caminar Astrid? —preguntó Stormfly.
La pregunta de la nadder hizo que Hiccup se sobresaltara desde su lugar asustado.
—Yo puedo cargarla…—después escuchó esa voz y rápidamente se giró.
Vio que Astrid ya estaba envuelta entre la capa de su madre, y que Eret se ofrecía con su típica galantería a llevarla. Eso lo descolocó un poco, pues su imaginación le proyectó una imagen de Astrid (muy contenta) siendo llevada por los fuertes brazos del soldado.
—Ptsss…Hiccup… ayúdala. —le susurró Toothless haciéndole ademanes para que se acercara.
—Ah… pero…
Algo empezó a sentir el herrero dentro de él que lo hizo sentir muy mal.
—No. —escuchó de repente decir a su reina.
Al volver la vista a ella, esta se mostraba con recelo ante el soldado, que, viéndolo bien no parecía tener malas intenciones, pero, Astrid no deseaba que la tocara. ¿Sería por el acoso que había recibido por parte de Lenny o por lo que alguna vez le dijo que de no se dejara tocar por nadie que no fuera la persona que ella quería?
—Déjame ayudar. —dijo rápidamente para averiguarlo.
A pesar de saber los sentimientos de Astrid, se sorprendió de que a él si le permitiera ayudarla. Y ahí estaba, cargando a su reina como todo un caballero para llevarla de vuelta al castillo, con la ayuda de Toothless quien fue quien lo apoyó.
Sin embargo, el jefe de Berk estaba inquieto, por alguna razón pensó que no era merecedor del amor de una persona como Astrid.
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Días después…
Los días habían pasado y no habían sido fáciles.
Cuando Hiccup, Astrid y el resto de los habitantes del castillo regresaron al lugar de la batalla, no se encontraron precisamente con el paraíso. Parte de las edificaciones del castillo se habían hundido con el terremoto, sólo la estructura principal (que albergaba las habitaciones, cocina, almacén y uno que otro salón) había sobrevivido.
Eso no fue todo, también se encontraron con que algunos cazadores aun rondaban por ahí y que, al ver el castillo vacío, aprovecharon para hurtar los objetos valiosos.
Hiccup, como jefe de Berk, sintiéndose responsable por la presencia de aquellos hombres en la isla se dio a la tarea de perseguirlos hasta capturarlos, con la ayuda de Toothless y el resto del equipo dragón lo logró en menos de un día, sin embargo, durante su travesía también se encontraron con otros pobladores malditos que deambulaban desorientados por el bosque y otras zonas.
Entonces iniciaron las expediciones para encontrar al resto de la población, una búsqueda que fue exhaustiva, cansada y triste en el aspecto de que los habían sido convertidos siendo casi apenas unos bebés se negaban a abandonar sus hogueras, cuevas o pozos donde habían crecido siendo unos conejos, hurones o demás animales pequeños. Mientras que los padres biológicos de estos también los desconocieron, pues ellos aun tenían la imagen de sus pequeños en sus mentes.
Sin embargo, con platicas forzadas y con explicaciones por parte de Astrid, trolls y demás criaturas que fungieron como padres adoptivos esos habitantes lo aceptaron, más no muy satisfechos.
Otra cosa fue que no se encontró a toda la población, Astrid a pesar de no recordar en sí a todos los habitantes, se dio cuenta de que aquellas estatuas que se habían roto antes de la llegada de Hiccup no aparecieron, lo que le dio a entender de que las estatuas si estaban de alguna manera conectadas a los alter egos de las personas.
Supuso que las estatuas que se rompieron probablemente eran de personas cuya vida siendo de algún animal o criatura llegó a su fin durante la maldición, otra creencia fue que Amaru no los consideró dignos y los dejó morir, sin embargo, había muchas disyuntivas, como la de Lenny sobreviviendo al castigo de Amaru, o como la estatua de Ruffnut y demás que se habían roto y nada les había pasado al final.
La respuesta probablemente solo la tenía Amaru. Así que cuando consideraron que no valía la pena pensar tanto en eso, dejaron de mirar hacia atrás para poder enfocarse en el presente.
Había sido demasiado para una semana.
Hiccup se encontraba sentando sobre una roca, reflexionando sobre los hechos pasados, con tanta cosa qué hacer no había tenido oportunidad siquiera de ver a Astrid, su madre le había dicho que había mejorado y que la causa por la que no podía caminar era porque su reina aparentemente había dependido mucho de su cola de bestia para mantener el equilibrio, y al perderla, olvidó cómo caminar como humano.
Rio al recordar aquella cola con la que casi lo mataba una vez. Después dejó de reír, al recordar también que la estaba evadiendo a propósito, pues ahora, le costaba estar en presencia de ella, sin sonrojarse. Seguía pensando que no era merecedor de ella, y le alegraba que ella no recordara que le había declarado su amor cuando pensó que había muerto.
Pero ahora, había sido requerido por ella, y ya no tenía excusas para seguirla evadiendo.
—Ay dioses, ¿qué voy a hacer? —se mordió los guantes de su traje con ansiedad, mientras que sus pies se movían con afán.
—¡Hey, Hiccup!
Se tranquilizó un poco al ver que era Toothless y su familia, y más se relajó cuando Pihc se lanzó a sus brazos juguetonamente.
—¿Qué haces aquí Hiccup? ¿No te había llamado Astrid? —preguntó Stormfly.
Escuchar ese nombre lo hizo enrojecer y el tic de sus piernas regresó.
—¿Qué te pasa?
—Sí, ¿qué te traes? No creas que no me he dado cuenta de que estás evadiendo a BellaAstrid.
—¿BellaAstrid? —repitió Hiccup con una risita nerviosa.
—Sí, ahora le digo así, sólo cuando se ponga gruñona como una bestia le diré BestiAstrid. —aclaró el furia. —Y no me cambies el tema ¿Por qué la estás evadiendo?
—Toothless, ha habido mucho qué hacer. —se excusó de inmediato.
—Pero la estás evadiendo demasiado. ¡¿Por qué?! ¿Qué con la apariencia que tiene ahora ya no te gusta?
—¿Qué? ¡no! claro que no… es sólo que…—apretó a Pihc con frustración entre sus brazos.
—¿Qué cosa Hiccup? Si no nos dices no podemos ayudar. —cuestionó Stormfly con más amabilidad.
—Es que…
—¡¿Es que qué?! Ya habla rápido.
—Es que… es tan hermosa. —explicó enrojecido. —Y… creo que se merece algo mejor que… yo.
—No puedo creerlo. —musitó lentamente Toothless. —¿Hiccup Haddock se siente poca cosa?
Hiccup desvió su rostro molesto hacia otro lado.
—Piensa lo que quieras.
—Explícame algo Hiccup, cuando Astrid era BestiAstrid ¿pensaste que podías estar con alguien como ella? Me refiero a esa cosa fea y azul.
—No digas eso, y pues sí… yo la amo, y no me hubiera molestado, se hubiera visto raro, pero no me importaba.
—Y ahora que es toda una "belleza", según tú. ¿no la mereces?
—Es que Toothless, solo mírame… —soltó a Pihc para ponerse de pie con los brazos extendidos. —Ella obviamente se puede conseguir en un chasquido de dedos a alguien mejor que yo, alguien que sea más apuesto, más varonil, si lo quieres ver así… no conoce nada del mundo, siento que sería egoísta de mi parte tenerla así de segura cuando a lo mejor ella quiere explorar otras opciones ahora que es… quien es.
—Pero Astrid te quiere a ti. —recordó Stormfly. —Y la conozco Hiccup, ella no se fijó en tu apariencia, se enamoró de tu corazón, tu comprensión, tu forma de hablarle. Recuerdo que en un inicio estaba como tú, sentía que eras inalcanzable, y más cuando hablabas de Lady Liris.
Hiccup resopló. Pues Astrid bien enamorada de él y el cómo imbécil platicándole de otras mujeres.
—La cosa es distinta como quiera, Astrid es libre de su maldición, creo que lo mejor para ella es que viva por su cuenta experiencias nuevas.
Toothless y Stormfly se asustaron.
—¿Qué quieres decir?
—No le diré lo que siento. —respondió con firmeza y los evadió caminando rumbo al castillo. — Lo siento. Debo ir a hablar con ella.
—Ushh… pero que tonto. —bufó Toothless molesto al ver que se iba.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Stormfly preocupada.
—Debemos reunir al equipo conquista. ¿Dónde está esa Poppy cuando se le necesita?
—Creo que está con Astrid.
—Bien, hay que interceptarla, pero primero busquemos a los demás.
La nadder tanto Pihc asintieron y se dividieron para buscar a los integrantes del equipo conquista.
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Frente a una ventana de cristal, Astrid veía el paisaje a lo lejos al mismo tiempo que a su reflejo. Después de los primeros días, por fin había recuperado la movilidad de sus pies, y aunque caminaba lento, suponía para ella una gran mejoría ya que no le gustaba sentirse inútil.
Agradecía a ello a la mamá de Hiccup, que estuvo pendiente de ella en todo momento y con quien había tenido la oportunidad de platicar más cosas de su herrero o más bien "jefe de Berk", algo que la sorprendió de sobremanera, pues no cabía duda de que Hiccup tenía los dotes de todo líder.
—Astrid, ¿te gusta así? —preguntó Poppy, terminando de peinarla.
La reina se tocó el cabello, su amiga le había hecho una media trenza y el resto del cabello se lo había dejado suelto, este ahora lo llevaba hasta un poco por debajo de la espalda, habían tenido que cortarlo pues cuando salió del lago le llegaba hasta las rodillas, pero de eso se había encargado Valka. Lo único que sintió que faltaba era la banda que Hiccup le había regalado, y que perdió aparentemente durante su lapsus de bestia, se sentía tonta por haberla perdido, así como al collar, ya no tenía nada de él.
—Está muy bien, muchas gracias Poppy y a las gemelas también. —agradeció con cierta tristeza en su mirar.
Las otras pequeñas se asomaron por los costados, estas se habían encargado de proveerle la ropa, que más bien era una armadura, una versión femenina del traje de escamas de Hiccup, la diferencia es que este era azul por las escamas de la nadder que habían utilizado.
Las trolls sonrieron complacidas por haber sido de ayuda, pero notaban en su reina cierta melancolía, en especial Poppy, cuyo detalle notó al día siguiente en que la maldición terminó; sin embargo, con las cosas con las que habían tenido que lidiar no había tenido tiempo de platicar debidamente con su amiga, pero ahora que estaba ahí no desaprovecharía la oportunidad.
—Eh… Astrid.
En ese momento alguien tocó la puerta un par de veces. Las trolls pudieron sentir como Astrid se tensaba, parecía saber quien era el que aguardaba del otro lado, pero aun así preguntó:
—Sí… ¿quién es?
—Soy yo Astrid… Hiccup. —se escuchó del otro lado.
Las trolls de inmediato vieron la reacción de la reina, quien, tomando aire, adoptó una postura una tanto rígido e incluso frívolo por el tono de voz que había utilizado.
—Adelante…—concedió con cierta diplomacia. —Poppy, gemelas… ¿nos permitirían?
La rosada y las gemelas pese a querer enterarse de lo que pasaría no les quedó de otra más que obedecer y en lo que ellas salían Hiccup entraba cabizbajo y por orden de Astrid cerró la puerta, más Poppy ni sus amigas se retiraron, pegaron sus oídos a la puerta, pues a la rosada algo no le cuadraba.
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—Astrid… ¿me llamaste? —preguntó Hiccup con la cabeza gacha, trataba de mirar hacia algún lado donde no estuviera ella.
—Acércate…
El caballero respiró hondo, como aquello no se podía evitar levantó la cabeza y la vio, y con una fuerza que desconocía controló sus emociones e impulsos que gritaban por dentro al verla, pues Astrid lucía sumamente bella a su parecer, siendo perfectamente iluminada por la luz que se filtraba por la ventana.
—Sí. Aquí estoy.
—Gracias, sólo te llamé para agradecerte lo que has hecho por el pueblo en estos últimos días.
El muchacho respiró disimuladamente, se imaginaba tantas cosas, que había olvidado cómo era conversar con ella con familiaridad.
—No fue nada. Más bien quisiera que me perdonaras. Cuando me fui te mentí sobre el verdadero motivo, y eso complicó algunas cosas.
—Lo sé. Tu mamá me contó, y no tienes la culpa… ese hombre era una abominación.
Hiccup asintió concordando con ella.
—Tu mamá ha sido muy amable conmigo, también te agradezco por ello.
—Ella es así. —sonrió. —Es muy buena persona.
Astrid sonrió.
—También tus amigos esos, que sé que te han apoyado y… tus amigas. —dijo Astrid como no queriendo. —Son como las describiste, es decir… esa chica Camicazi es todo un personaje y Heather ha sido muy amable conmigo también.
Hiccup volvió a asentir, no tenía comentarios para ello.
—Con la única con la que no he podido hablar es con esa chica Liris.
Aquello sobresaltó al jefe, su mente le hizo una mala jugada trayéndole el recuerdo del beso que la seid le había dado.
—Pero sé que ha ayudado también a los pobladores…—continuó Astrid con melancolía.
—Ah… eso… no lo sé. —balbuceó Hiccup apenado, y no pudo evitar enrojecer y bajar la cabeza.
Astrid lo vio de reojo, más no expresó ninguna emoción y volvió su vista hacia la ventana.
—También me enteré de que eres una clase de jefe o líder ahora en tu pueblo.
Hiccup volvió a sobresaltarse.
—Ehm… sí. —levantó la cabeza, pues en su nuevo estatus no podía verse tan tonto como sentía que se veía.
—Entonces ¿puedo pedirte un favor? —preguntó Astrid mirando hacia la superficie, donde varias personas andaban por los destruidos jardines.
—Lo que quieras. —respondió él con gentileza.
Astrid se volvió hacia él, Hiccup tragó saliva pues los ojos de su reina además de ser preciosos imponían también mucho poder.
—¿Te puedes llevar a los pobladores a Berk?
—¿Qué? —aquello descolocó al jefe, que dejando de lado un poco sus emociones, no entendió aquella solicitud.
—Sí. —suspiró Astrid volviéndose otra vez hacia la ventana. —Un vocero del pueblo, para ser preciso, ese chico que solía ser un lobo café vino a mi habitación por la mañana y me lo requirió.
—¿Irse? —cuestionó confundido.
La reina asintió.
—Me dijo que en toda esta semana ha hablado con los habitantes, y que a todos se les ha hecho muy difícil adaptarse a sus formas normales, que es muy doloroso para ellos no poder estar con quienes han amado durante estos 13 años y que lo que menos quieren es lastimarlos, por eso han decidido que lo mejor es abandonar este lugar que pertenece solo a las criaturas que Amaru puso en primer instancia y que nosotros, los humanos, profanamos con nuestra llegada.
Hiccup estaba perplejo, había visto la tristeza de los habitantes, más nunca pensó que optarían por aquello cuando de cierta forma todos podían coexistir en armonía ahora que eran normales, pero luego lo reflexionó, eso sería difícil dado a que habían perdido su habilidad de comunicación, y si él había sentido pesar cuando no podía entender a Astrid en su forma de bestia, no se imaginaba como debía ser para esas personas no poder escuchar las palabras de los seres que los habían acogido.
—Por eso te pido ese favor Hiccup. —interrumpió Astrid sus pensamientos tomando sus manos.
Aquel tacto lo hizo enrojecer de inmediato, y más su cercanía.
—Eh… yo…
—Tu eres jefe de Berk, sé que los podrás ayudar, así como ayudaste a todos aquí, me gustaría que los apoyaras, sólo hasta que ellos encuentren su propio camino.
Hiccup enrojecido, entendía ciertamente la petición de su reina, pero algo que no terminaba de comprender era que ¿ella quería que él también se fuera?
—¿Y tú? —preguntó cabizbajo apretando sus manos con la de ella. —Es decir… ¿tú también…vendrás?
En ese momento ella lo soltó.
—No. —respondió fríamente. —Yo me voy a quedar… este es mi hogar
—Pero… acabas de decir que este lugar pertenece a las criaturas de Amaru.
—Sí, pero aun así me quedaré. —repitió ella con indiferencia.
—Pero, pero… no tienes que… es decir, todos son bienvenidos en Berk, si tu quieres, incluso podemos llevar a los dragones, Toothless, Stormfly, Pihc, Poppy, Branch… ¡todos!
—Pese a que me gustaría aquello, no creo que un lugar habitado por más humanos sea lo mejor para ellos. —replicó Astrid. —A Toothless sé que no lo puedo detener, si él quiere ir contigo puede hacerlo y sé que se llevaría a Stormfly y a Pihc, sólo te pido que sean lo más discretos posible, nadie debe saber sobre la existencia de esta isla, y lo digo también por los prisioneros vasallos de ese hombre, que quieran los dioses no se atrevan a volver aquí o les pesara.
Hiccup negó con su cabeza, no entendía porque Astrid decía aquello, y en especial, porque de cierta forma lo rechazaba.
—Lo siento, no termino de comprender… ¿por qué haces esto? —preguntó con cierta molesta. —¿Por qué te quieres quedar sola en este lugar?
Astrid sólo se encogió de hombros, viéndolo con indiferencia, eso lo molestó más.
—Así son las cosas, si lo que te preocupa es que vaya a estar sola, no lo estaré… ya yo después sabré cuándo irme.
Hiccup quedó boquiabierto, lo comprendió en ese momento, y sus miedos no eran más que una confirmación de lo que pensaba, Astrid, ya no lo necesitaba, nunca lo había necesitado en primera instancia, pues la clave para romper el hechizo siempre había sido el mismo Toothless, y ahora que era hermosa, obviamente deseaba expandir sus opciones.
—Está bien. —aceptó Hiccup apretando sus labios contra su boca. Le dolía, pero al mismo tiempo aceptaba que era lo mejor para ella. —Me los llevaré.
Astrid suspiró aliviada y esbozó una leve sonrisa, mientras tomaba nuevamente sus manos.
—Realmente te lo agradezco. —dijo con más amabilidad.
¿Cómo enojarse con ella? Hiccup también le sonrió, la soltó de las manos y la abrazó con fuerza. Lo único que quería era que ella fuera feliz, aunque fuera sin él. Mientras que Astrid, atrapada entre sus brazos, evitó llorar, pues confirmaba que Hiccup solo la veía como una amiga, y estaba bien con ello, pues lo único que quería de él, era que estuviera a salvo de algo que aun no terminaba.
Al separarse, ambos fingieron estar bien entre ellos.
—¿Me acompañarías a donde está el Roba huesos? —preguntó ella con una sonrisa. —Él los puede apoyar con los barcos para trasladarlos.
—Vamos entonces… —Le abrió paso Hiccup para que pasara.
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Del otro lado de la puerta, ni Poppy ni las gemelas podían creer lo que acababan de escuchar, y cuando se percataron que Hiccup y Astrid se dirigían a la salida, rápidamente huyeron.
—Debemos convocar al equipo conquista. —pidió la princesa asustada.
Las gemelas y ella se deslizaron a toda velocidad por las escaleras, y apenas llegando a la salida que conducía con los jardines, se toparon inesperadamente con Toothless y los demás miembros.
—¡POPPY/TOOTHLESS! —gritaron al mismo tiempo. — "NO SE QUÉ ESTÁ PASANDO, PERO ASTRID/HICCUP…"
—NO LE DIRÁ LO QUE SIENTE. —gritó el dragón.
—¡QUIERE QUE SE VAYA! —gritó la troll.
—Y la trama se complica. —terminó Snotlout rascando su barbilla.
Ruffnut, Fishlegs y Tuffnut, que aun siendo humanos seguían siendo parte del equipo miraron con extrañeza al que solía ser el fantasma, todos lo vieron, y aunque no les gustara era verdad lo que había dicho, por alguna extraña razón, todo se estaba complicando.
—Tenemos que hablar. —gruñó Toothless.
—En un lugar privado. —concordó la troll, sin embargo.
—¡Hey amigos! —saludó Hiccup a todos los presentes, junto con él venía la recuperada Astrid.
—¡Astrid! —se lanzó Stormfly contra ella, al igual que Pihc que se lanzó a sus brazos.
—¡Te extrañamos! —restregó el dragoncito su cabeza contra su pecho.
—¡Ay, que entusiasmo! —los mimó la reina. —¿Qué es lo que dicen?
—Ah… dicen que te extrañaron mucho. —tradujo Hiccup.
—Aw… yo también los extrañé. —siguió acariciando Astrid al pequeño y a su amiga. —Ruffnut, Tuffnut, Snotlout, Fishlegs ¿cómo están ustedes?
Los aludidos, balbucearon antes de responder.
—Ah… es raro, soy más alta, requiero mucha comida y no puedo volar… creo que es lo único desesperante de esta forma. —respondió Ruffnut.
—Pues yo sigo con mis tradiciones trolls, sólo que ahora ensordezco a todos con este espantoso tono de voz. —dijo Tuffnut.
—Yo choco con las paredes, me olvida que ya no puedo traspasarlas. —contó Snotlout.
—Yo aun no sé dónde plantar esto. —dijo Fishlegs que llevaba consigo una pequeña maceta con la rosa que le había salido en su último día como gnomo.
El jefe y la reina vieron con pesar a sus amigos, y el primero comprendió un poco más del porque la petición de los habitantes, ya que en realidad si habían perdido mucho con sus transformaciones.
—¿Y qué hay de ustedes? —preguntó Branch como no queriendo.
—Iremos a donde está el roba huesos ¿nos acompañan? —respondió Hiccup.
Poppy y Toothless se vieron con disimulo, pues todo parecía indicar que la platica del equipo conquista se tendría que posponer por el momento.
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—¡Reina Astrid, Jefe Hiccup, líder Toothless y princesa Poppy! ¡Que gusto verlos aquí! —saludó Huesitos
Este, al igual que todos los escaldarones también se recuperaban de la mala pasada que le había hecho Drago, en especial el roba huesos, ya que no podía hacerle mucho honor a su nombre, pues parte de su armadura se había perdido, pero siempre se podía empezar de nuevo y comenzó la reconstrucción de esta con un objeto en particular, cuyo interior tenía a alguien no muy agraciado.
—¡Princesa Poppy! ¡Reina Astrid! Por favor. —chilló Arroyin, quien aún en la jaula de ratón ahora formaba una pequeña parte de la armadura de su dragón, la cual colgaba sobre uno de los huesos que se ubicaban en las costillas.
—Ay, me pareció escuchar algo. —se burló Branch de su infortunio.
—Sí, a mi también. —se rascó Poppy las orejas. —Debe ser el viento.
—Siempre soplando. —complementó el roba huesos ignorándolo. —¿Qué puedo hacer por ustedes?
—Huesitos, veníamos para saber si nos puedes proveer con barcos.
—¿Los barcos de la cueva?
Astrid asintió.
—Su majestad, esos barcos le pertenecen, siéntase con la libertad de tomar lo que usted quiera.
—¡¿Qué?! —gritó Arroyin espantado.
—Ay, esperen… creo que tengo una bacteria en mi costado que debo quemar…—amenazó el roba huesos con su fulgor al espantado troll, que guardó silencio de inmediato.
—Ay, esa bacteria debe ser realmente molesta ¿Por qué no te deshaces simplemente de ella? —sugirió Toothless
—Así no es mi naturaleza, por lo pronto le daré a esta bacteria el mismo trato que me dio a mí.
—Uy, eso es malvado… me gusta. —rio Ruffnut.
—Un poco de ¿cómo lo decía ese troll cuyo nombre no recuerdo? ¿Ka-Karma? —dijo Branch con sarcasmo. —No le haría daño.
Arroyin desde su jaula, no podía hacer nada más que permanecer en silencio, sabía que se había ganado a pulso ese castigo por ser avaricioso, sólo esperaba que algún día todos lo pudieran perdonar, pues estar encerrado ahí le mostraba día a día que los más valioso que siempre había tenido era su misma libertad.
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Por la noche habiendo llegado al castillo, Hiccup se propuso a organizarse con su gente y demás pueblerinos para la reconstrucción de los barcos, cuyos daños por los terremotos eran varios, pero que juntos podrían resolver en pocos días si se lo proponían.
Viendo que el jefe estaba ocupado con el resto del pueblo, el equipo conquista optó por interceptar primero a Astrid, quien después de llegar de con los limpiadores se alejó de todos para acudir a las ruinas que habían quedado de su torre.
—¡Astrid!
Escuchó unas cuantas voces, así como gruñidos, resopló, ya esperaba que pasara aquello, sospechaba que Poppy no se había ido del todo por la mañana.
—¡BestiAstrid! —gruñó Toothless a sabiendas que no podía entenderla.
La guardiana, sólo se giró lentamente hacia donde todos estaban.
—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué vas a dejar ir así a Hiccup?!
Pese a no entenderlo, Astrid supuso que Toothless le recriminaba algo.
—Reina Astrid, Toothless, "muy amablemente" pregunta ¿porque va a dejar ir así al herrero? —tradujo Branch con precaución.
—¿Amable? —rio Astrid no creyendo aquello, más cuando Toothless bajó la cabeza bufando.
—Sí, Astrid… ya eres bonita, además que…
—Shu…—tapó Fishlegs la boca de Ruffnut para evitar que hablara de más, pues los sentimientos del herrero sólo debían ser dichos por este.
—Concuerdo con Lavander, digo Ruffnut. —dijo Poppy. —Y pregunto lo mismo que Toothless ¿Por qué lo vas a dejar ir? ¿Por qué no le dices lo que sientes? ¡¿Por qué no te vas con él?!
—¿Acaso se enteró de algo? —interrogó Branch temeroso de que hubiera descubierto un secretito del herrero.
—No, no creo que sepa del beso…—susurró Toothless.
—¡¿Cuál beso?! —exclamó Poppy espantada.
Hasta ese momento, Astrid no había comprendido la pregunta del troll ni lo que había dicho Toothless, pero de repente cuando Poppy exclamó aquella, le entró gran curiosidad.
—¿De qué beso hablan? —preguntó al dragón y troll que a su parecer sabían muy bien.
—Ah… es que…—balbuceó Branch. —Ya que como Toothless no podía ser entendido las cosas recaían en él.
—La chica Liris esa besó a Hiccup, pero no significó nada para él.
Astrid sólo escuchó gruñidos, por lo que mejor se enfocó en el sudoroso troll.
—Ehm… esa chica Liris, besó al herrero y todo parece indicar que lo ama… pero… pero…
Aun no terminaba, y Poppy, Stormfly y Ruffnut estaban que se desmayaban por apenas enterarse de eso.
—Pero… pero…
—¡No significó nada! —brincó Pihc deseoso de que lo entendiera su reina.
—Pero…
—No, mejor no quiero saber. —detuvo Astrid el parloteo del troll.
Y pese a lo que los demás pensaba que pasaría, su protectora estaba muy tranquila.
—¡Explícale! ¡Que no significó nada para Hiccup!
—Ah… yo se lo digo. —gruñó Poppy al ver que Branch solo balbuceaba. —Astrid, Hiccup…
—Por favor, no quiero saber. —insistió esta con tranquilidad. —Es lo mejor…—suspiró cabizbaja.
—¿Por qué? —se preguntaron todos sin comprender.
De repente escucharon un sollozo por parte de la reina, quien con melancolía observó a todos sus amigos.
—Amigos, aún estoy maldita…
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Días después.
Faltaba poco para el solsticio de primavera, Hiccup creía que podrían partir una semana antes de esta, los pueblerinos y dragones habían trabajado bien en conjunto y los barcos estaban estables para un largo viaje.
Estando ocupado en la petición de Astrid, muy apenas la había podido ver, ya que tampoco era requerido por ella, ni su madre, ni Heather, ni Camicazi, mucho menos Liris que seguían apoyándolo en todo.
Ver cómo se reconstruía los barcos, lo ponía melancólico, no se daba a la idea de que tuviera que abandonar esa isla por segunda vez, que tuviera que decir adiós nuevamente, no sólo a Astrid, sino a todos sus amigos, los únicos humanos que se quedarían eran Ruffnut, su hermano, Snotlout y Fishlegs, más estos le dijeron que sólo sería por un tiempo, en lo que arreglaban ciertos asuntos pendientes, que incluían algunos aspectos con sus familias adoptivas.
Pensando en las familias, vio a Toothless, este en ratos ayudaba arduamente junto con su familia en la reconstrucción de los barcos; y ahora que lo pensaba, aun no sabía si él se quedaría o lo acompañaría. Le causaba duda aquello, puesto que Astrid le había sugerido que Toothless se quería ir con él.
—¡Toothless!
El dragón dejó de hacer lo que hacía para correr hacia él.
—¿Qué pasó chico deprimido? ¿Ya le dirás a BellaAstrid lo que sientes? —preguntó con sonora burla.
—Toothless, ya hablamos de eso. No le diré. —espetó molesto. —Más bien quería saber, si… bueno, Astrid lo sugirió… ¿quieres ir a Berk a vivir conmigo?
—¿Vivir en Berk contigo? —se sorprendió Toothless. —¿Stormfly y Pihc?
—Ellos también pueden venir por supuesto, de hecho, todos los que quieran… aunque Astrid piensa que no sería buena idea, solamente tú y tu familia… claro, si quieren.
—Hiccup, eres mi mejor amigo.
Sinceró el dragón halagado, y entristecido de cierta forma porque él no quería que su amigo se fuera, y menos en las circunstancias de su protectora, a la cual, muy a pesar le había prometido no revelar el secreto que la acongojaba.
—Entonces… ¿eso es un sí? —preguntó Hiccup entusiasmado.
Pero Toothless negó con su cabeza.
—Lo siento Hiccup, no puedo… no podemos ir contigo.
El jefe ahogó un grito por la respuesta tan seca y directa, pero él siendo como era, tuvo que aceptarlo, así que asintió con la cabeza sin decir nada más, y así como con Astrid se sintió más que rechazado, comprendió que ya no había lugar para él en esa isla, por lo que sin más regresó a lo suyo dejando a Toothless con el corazón acongojado.
El dragón, sintiendo como si perdiera nuevamente a su mejor amigo se alejó, tratando de reprimir el secreto que no permitía a sus amigos ser felices, así como a él.
—Estúpida maldición.
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—¡¿Cómo que maldita?! —cuestionaron todos.
Astrid se limpió las lagrimillas que se acumularon en sus ojos.
—No le había dicho a nadie sobre esto, pero… Amaru se me apareció la primera noche en que todos volvimos a la normalidad.
—¡¿Qué?! ¿Y qué te dijo?
—Sí, ¿qué te dijo? —tradujo Popppy por el dragón.
—Me dijo que sólo había devuelto a la vida para que siguiera siendo la guardiana de esta isla, por lo que… nunca podré salir de aquí. —explicó con melancolía. —Y no sólo es eso, me dijo que la maldición, la primera, aun no ha terminado, que aún falta algo más por hacer.
—¡¿Qué cosa?! —cuestionó Toothless desesperado.
—Sí, Astrid… ¿qué cosa? —preguntó Poppy en el mismo estado.
La reina negó con la cabeza.
—No sé, no sé lo qué es… pero me dijo que, si no lo resuelvo para el tiempo que nos dio, toda esta isla se desmoronará poco a poco, hasta que no quedé nada más que un hueco en el océano.
—¡¿Qué?! —gritaron todos.
—¿Nosotros también? —preguntó Branch asustado.
—Todo aquel que quiera puede irse… por eso le pedí a Hiccup que se llevara a todos los humanos, ¡que él se fuera!… y para ustedes, en el caso de que no resuelva lo que falta he arreglado con el Roba huesos que los ponga a salvo en los lugares inhóspitos que conoce y que está libre de humanos, que aun que me duela admitirlo, no creo que estén preparados para que convivan con ustedes.
—Pero ¿qué hay de ti? —preguntó Snotlout espantado. —¿Cuándo esta cosa se desmorone podrás irte?
—Sólo si me llevo hasta la última hormiga de esta isla. —respondió Astrid entristecida. —Fue la condición de Amaru para que yo pueda salir de aquí.
—¡Que injusto! ¡Que injusto! —chilló la nadder negando con su cabeza. —No puedo creerlo.
—No sé preocupen. —miró Astrid la desesperación de la nadder. —Aún tengo unos días para resolverlo, pero necesito que Hiccup se vaya con los demás, si no... no me puedo concentrar en lo que falta.
—Nosotros te ayudaremos BestiAstrid. —se acercó Toothless dándole un toquecito en su mano con su nariz.
—Toothless dice: que él también te ayudará. —tradujo Branch.
—Muchas gracias Toothless. —lo acarició Astrid con una leve sonrisa.
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Sólo tenían hasta el atardecer el día del solsticio.
Se detuvo Toothless mirando hacia el cielo, tenían sólo 10 días para resolver lo que les faltaba para romper la maldición.
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—¡Terminamos! —anunció Hiccup a la feliz multitud que viendo su esfuerzo en los renovados barcos dieron un gran aplauso y se felicitaron los unos a los otros.
—¡Jefe Hiccup! ¿cuándo partiremos? —preguntó Heather con cierta burla al llamar a su amigo con su nuevo título.
Hiccup sonrió levemente.
—Mañana al alba. —asintió convencido. —Preparen todo.
Dando aquel aviso, bajó de la roca a la que se había subido, y cabizbajo se dispuso a abandonar la cueva donde estaban los barcos. Tanto Valka como Liris notaron aquella actitud extraña, ya lo habían visto melancólico, pero no tanto como lo veían ahora.
—Hiccup, hijo… ¿pasa algo? —lo detuvo su madre antes de que se alejaran.
—¿Vas con la reina? —preguntó Liris con precaución.
—No.
—¿No tienes que avisarle que se prepare? —preguntó Valka sin comprender.
—Ella no vendrá mamá, y si me permiten, tengo cosas que hacer… el vocero se encargará de avisarle a ella, una vez que pase a visitar a su familia adoptiva.
—Pero Hiccup ¡Espera! ¿cómo la vas a dejar así? —insistió Valka.
Liris también estaba expectante, en cierta manera, esperanzada de que aquella relación hubiera llegado a su fin, más no le gustaba ver a Hiccup tan triste.
—Mamá, necesito que apoyes a los demás con las provisiones, Liris… ¿Por qué no acompañas a Heather o a Camicazi a sus guardias? —las ignoró Hiccup dándoles la espalda.
Valka, aun sin entender, no lo quedó de otra más que soltar a Hiccup, mientras que Liris, apretó sus puños con impotencia, pues no, Hiccup, aunque se fuera no dejaría de amar a la reina, y al igual que a la madre de su amigo, no le quedó de otra más que obedecer.
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Minutos después.
—¡Anda Liris! Ya dinos… ¿puedes predecir nuestro futuro? ¿Sabes si Eret escogerá a una de nosotras? —preguntó una de las valkirias tomando a la seid por un brazo, mientas caminaban por los senderos que habían quedado por los jardines del castillo.
Las valkirias desde días atrás tenían jordanas de vigilancia en ciertos puntos de la isla, esto con la mera intención de cuidar que nadie de los malvados siguiera merodeando por ahí.
—¡Camicazi! Eso no se debe preguntar, pero Liris… si lo sabes…—insinuó Heather tomando su otro brazo.
—¿Cómo me metí en esto? —resopló la fastidiada seid.
—¡JA! pues fácil… por quedar bien con Hiccup lo obedeciste en lo que te ordenó. —recordó la rubia. —Y si me piensas acompañar a mí el resto de la tarde en mi lugar te atosigaré hasta que me digas.
—Pero puedes ir a mi zona de vigilancia…—ofreció la azabache. —Ahí podremos hablar con más tranquilidad.
—Chicas, chicas…—se separó esta de ella para encararlas. —No les diré nada.
—¡Ajá! ¡Eso significa que si sabes! —dedujeron ambas valkirias al mismo tiempo.
Liris tragó en seco.
—¡Pues sí! —admitió avergonzada. —Y dado a que tal vez no les guste la respuesta no diré nada.
—Oh… ¿eso significa que no es ninguna de nosotras? —preguntó Heather con más seriedad.
—Ay no, ¿no me digas que a Eret le gusta la reina? —resopló Camicazi.
Liris no respondió
—¡Te lo dije Heather, te lo dije! Que se le quedó viendo todo embobado cuando nos presentaron. —recordó con molestia cómo le había tenido que cerrar la boca.
—No, para nada…—aclaró Liris. —Y bueno pues Eret es un hombre, y creo que más de uno se quedaría con la boca abierta al ver a… ¡alguien como ella!
—Liris ¿te duele que Hiccup la haya elegido a ella? —preguntó Heather con precaución.
—Yo contribuí para que pasara… y está bien, lo acepto. —dijo rendida.
—Pero ella no vendrá con nosotros, creo que todavía tienes oportunidad. —insinuó Camicazi.
—Sí. Hiccup se enamoró una vez de ti, puede volver a hacerlo. —animó Heather. —No pierdas las esperanzas.
La seid sonrió levemente, y mirándolas, reflexionó sobre las dudas que sus amigas tenían con respecto a su hombre soñado, del cuál sabía perfectamente a quién prefería. El soldado era lento y tímido en cierto aspecto, probablemente la declaración tardaría un poco, por lo que no se le hizo justo que una de ellas estuviera a la expectativa.
—Muchas gracias chicas, y dado al apoyo que me han dado, he decidido decirles.
—¡Sí! —brincaron ambas valkirias al mismo tiempo.
—¡Sólo quiero que me prometan algo! —detuvo Liris su ajetreo.
Heather y Camicazi asintieron con más madurez.
—No quiero que dejen de ser amigas…
—¿Eso quiere decir…? —cuestionó Camicazi intrigada.
Liris asintió.
—Así es, Eret corresponde a una de ustedes… sólo que es medio tonto y le da pena decirlo
—¿Quién es? —preguntó Heather esperanzada.
—No les diré tal cual, pero vayan a su lugar de vigilancia, ustedes sabrán quién es cuando él alcance a la elegida a su lugar.
Ambas valkirias se miraron con intriga, ambas deseosas de ser la elegida, pero también temerosas de no serlo y sobre todo de perder su amistad, pese a la condición de la seid.
—Pues vamos. —suspiró Camicazi. —Pase lo que pase, siempre serás mi amiga, y quiero que siempre seas feliz. —le tendió la mano a Heather.
—Lo mismo. —la estrechó esta. —Siempre seremos amigas.
—Gracias Liris. —agradecieron ambas al mismo tiempo a la seid y se retiraron para ir a sus respectivos lugares.
Liris respiró aliviada, esperanzada de haber hecho lo correcto, y como ya sabía quien era la que sería rechazada, se propuso a hacerle compañía, solamente que necesitaba tomar un atajo a su lugar de vigilancia para no verse tan obvia, así que corrió del lado contrario a donde las valkirias se fueron, sin embargo, al doblar en una de las esquinas de los jardines del castillo, se topó con alguien.
—¡Reina Astrid!
Rápidamente hizo una reverencia, al ver a la rubia con la que casi chocaba, después de días de no cruzar palabras con ella, precisamente en ese momento se le tenía que aparecer.
—Levántate. —ordenó la reina.
La seid tragando saliva levantó la cabeza en alto, más no con el porte que le gustaría, puesto que la mujer que tenía frente a ella imponía de una manera increíble, que deducía que por eso le gustaba a Hiccup, por el porte y la fortaleza que esta tenía y que también intimidaba y mucho.
¿Qué debía decirle? ¿Cómo decirle que tenía que irse con una de sus amigas? Si la reina parecía que la analizaba con la simple mirada. Odiaba que sus dotes no la ayudaran, en esa isla todo parecía estar controlado por el ser que la había poseído y por la reina misma.
—Liris ¿verdad?
La seid asintió.
—Así es, su majestad…
—¿Podemos hablar? —preguntó Astrid sin perder aquel porte que era digno de una reina.
Liris tronó los dientes por dentro de su boca, pero como no podía desairar "a su majestad" accedió a su petición, temerosa de que se presentara un tipo de rencilla, como solía ver en Berk cuando mujeres se peleaban por un hombre, peor a Camicazi y Heather.
Sin embargo, Astrid no mencionó nada y la condujo hacia el interior del castillo, específicamente hacia uno de los salones, donde últimamente se llevaban las sesiones.
—Reina Astrid. —llamó al ver que esta solo acudía hacia donde estaba una ventana que daba al exterior. —Reina Astrid… ¿Por qué me ha traído aquí? —preguntó tratando de no sonar fastidiada y mucho menos como una mujer despechada.
—Tú amas a Hiccup ¿verdad? —cuestionó Astrid encarándola y yendo directamente al grano.
La seid tragó saliva, y aunque la reina la intimidara, no se dejaría insultar por ella.
—Sí. —admitió sinceramente. —Lo amo y mucho, su majestad. —aclaró con cierta prepotencia, tomando con fuerza el collar que él le había hecho.
Astrid sólo sonrió levemente, y se volvió a la ventana para que la seid no viera su rostro de obvia decepción al enterarse de aquello. Respiró.
—¿Te puedo pedir un favor? —preguntó tratando que su voz no saliera entre cortada.
Liris se sobresaltó, pensó que su rival le diría algo como "él es mío", "No te entrometas" o algo por el estilo, pero ¿un favor?
—¿Reina? —susurró con más amabilidad.
En ese momento, Astrid volvió a encararla y se acercó a ella. Tomó sus manos.
—¿Puedes cuidarlo? —pidió esperanzada. —¿Amarlo con todo tu corazón? ¿Siempre estar ahí para él?
—¿Qué? —susurró la seid sin comprender, y sintió un vuelco en su corazón que amenazó con hacerla llorar.
—Prométeme que lo harás muy feliz, él se lo merece, merece estar con una persona que lo ame con cada latido de su corazón, ¿sabes? él me dijo una vez que te amaba.
Liris lo negó, eso no era posible, ¿cómo era eso posible si en ese momento Hiccup se desvivía por ella?
—Sí, te ama. —insistió Astrid, creyendo lo que no era.
—No, es que…
—Por favor, prométemelo, Hiccup es mi amigo… y lo único que quiero es que sea muy feliz.
La seid sintió cómo poco a poco la reina zafó su agarre, aun estaba atónita, su cabeza quería que le gritara a la reina que lo que había dicho era una total mentira, que a quien Hiccup amaba era a ella, pero su corazón esperanzado, la hizo decir otra cosa.
—Se lo prometo.
—Gracias. —exhaló Astrid viendo hacia el techo para evitar que sus traicioneras lagrimas se le salieran. —Es todo lo que te quería decir… —y sin decir más, se retiró rápidamente de ahí.
—Ay dioses. —se dejó caer la seid sin creerlo. —¿Qué he hecho?
¿Pelear por Hiccup o decirle a la reina que ya había sido rechazada por él? ¿qué debía hacer? Estaba muy confundida. De repente, una nube pasajera ensombreció un poco la habitación en donde se encontraba, Liris vio a través de la ventana, que faltaba poco para que una de las valkirias fuera rechazada.
Dejo de lamentarse con lo que había hecho y rápidamente se dispuso a acudir con la que de seguro necesitaría un poco de consuelo.
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Camicazi se encontraba en lo alto de acantilado, desde ahí tenía una perfecta vista de lo que acontecía en las zonas rocosas, con ella estaba Fire, el dragón que desde su salida de Berk la había acompañado.
—¿Y tú que piensas amiguito? —le acarició la cabeza al nadder. —¿Crees que yo sea la elegida?
—Pues no, si tienes mi misma suerte. —respondió el dragón entre gruñidos.
—Ay, que lindo eres… muchas gracias. —se apretó la valkiria contra este pensando que le estaba dando buenos ánimos.
—Ay, pobre niña… pero espero que tú seas la elegida. —deseó Fire aceptando felizmente los mimos que le daba.
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Mientras tanto en la playa.
Heather y Windshear hacían su vigilancia en la orilla del mar. La valkiria no podía dejarse de jalar la trenza por la ansiedad que sentía, y las expectativas que tenía. Realmente deseaba ser la elegida, la persona que Eret amaba en secreto.
—Ay Windshear… no puedo con esta ansiedad.
Así lo veía la dragona, su jinete no dejaba de mover las piernas por tal emoción
—¿Crees que Eret me elija?
—Eres una chica linda, sería tonto sí no… aunque está muy feo para ti.
—Es que es tan apuesto.
—Creo que estás cieguita, pero supongo el amor nos hace ciegos.
—Ay no puedo, no puedo…
Brincó Heather en círculos desde su lugar, cuando de repente escuchó a Windshear gruñir, lo que la hizo detenerse abruptamente con el corazón alborotado al sentir que no estaba tan sola del todo.
—Ah… ¿hola? —saludó el recién llegado.
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—Camicazi…
—¿Eret? —se sorprendió la valkiria al ver llegar a su hombre soñado junto con SkullCrusher. —Eh… eh… ¿q-qué… qué haces aquí? —preguntó con el corazón alborotado.
—Inspeccioné mi área de vigilancia, y vi a tu dragón y decidí pues venir… a preguntar si no se te ofrecía algo.
—"Sorpréndete" —susurró el nadder detrás de Camicazi a la que le dio un empujón para que reaccionara.
—Aahh…—fue lo único que alcanzó a decir esta, mientras se echaba el cabello detrás de las orejas. —Estoy bien…
—Uhm… bueno, me alegro… entonces creo que yo… iré, no sé, regresaré.
El nadder volvió a empujar a Camicazi para que reaccionar.
—¡No espera! —gritó esta asustando a todos. —Lo siento, ehm… ¿no quieres acompañarme? Supongo que nunca has visto un atardecer desde aquí.
—Mmm no…—dijo Eret como no queriendo. —¿Puedo?
—Sí, sabes que sí. —lo empujó Camicazi contenta, siendo quien era y dejando que las cosas fluyeran como debían ser.
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En la playa.
Heather se decepcionó al ver quien habían llegado era Kaiser junto con el vocero del pueblo.
—Eh… no fue nuestra intención interrumpir. —se disculpó el muchacho al ver que de repente la valkiria dejó atrás ese raro animo que tenía.
—Descuida. —suspiró esta cabizbaja.
El muchacho y Kaiser se vieron sin comprender qué pasaba con ella.
—Disculpa. ¿Te sientes bien?
—Sí, sí…—respondió esta sin mirarlo, agitando su mano con desanimo.
Kaiser le dio un empujón al muchacho, quien traía un canasto lleno de manzanas entre sus manos, y otro de pescado colgando en su espalda.
—¿Una manzana? —invitó el muchacho interpretando así el empujón que el lobo le dio.
Kaiser asintió, felicitándolo por hacerlo.
Heather entonces los miró, y para no desairar al que se conocía como el lobo alfa de la isla se acercó para aceptar la manzana del vocero.
—Gracias.
—Mi nombre es Spinel, bueno ese es mi nombre de humano. —se presentó el muchacho. —Y él es Kaiser…—presentó al lobo.
—Sé quién es él, y a ti te había visto con los pueblerinos, la gente te eligió como vocero ¿no? —dijo Heather mordiendo la manzana para desatorar su nudo en la garganta.
—Uh… sí. Eso después del hechizo, pero pasé años siendo un lobo de las arenas.
—Wow…—suspiró Heather sintiéndose patética, pues ese muchacho había pasado más que ella con su decepción amorosa.
—Sí, y dado que hoy es nuestro último día en la isla, vine a dejarle esto a Kaiser. —señaló las manzanas. —Y los peces para el resto… Kaiser es vegetariano. —susurró en secreto.
—Oh… que lindo. —acarició la valkiria al lobo.
Este emocionado comenzó a dar piruetas para animarla.
—Te ves tan tonto. —dijo Windshear.
—Sólo trato de animarla… —aclaró el lobo siguiendo con los jugueteos. —además ¿no crees que este muchacho se ve bien con ella?
—Pues está más lindo que el otro. —observó la dragona, y juguetonamente empujó a Heather, que casi se cae encima del muchacho.
—Ah… lo siento, no sé que le pasó. —dijo esta viendo refunfuñonamente a su dragona que se burlaba claramente de ella.
—Descuida. ¿quieren acompañarnos? Kaiser y yo iremos a ver la manada, a la familia que me cuidó mientras fui lobo, y que ahora estará bajo la protección de la reina y de Kaiser.
La historia del muchacho se le hizo muy linda a Heather, que aceptó sin más, sin sospechar ni un poco que aquello podría ser una interpretación diferente a lo que había visto la seid.
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Liris llegó agitada a la playa, como sabía que Heather no era la elegida, quería estar en ese momento con ella, ya que esta fue una de las que creyó en ella cuando nadie más lo hacía. Sin embargo, al llegar a donde acontecerían los hechos, se sorprendió al ver que no sería requerida ya que su amiga se estaba yendo con un muchacho y aquel lobo al que todos le decían Kaiser.
Internamente se alegró por ella, sin embargo, verla le hizo suponer que no todo debía ser cómo ella lo veía en sus premoniciones. No si cambiaba algo, el destino se veía alterado, entonces concluyó que si la reina dejaba ir a Hiccup podría ser una nueva oportunidad para ella, pues en un momento ella también había hecho lo mismo.
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Al día siguiente.
Un montón de criaturas de muchas especies se despedían entre sollozos de los habitantes que alguna vez consideraron sus enemigos; los humanos también entre lágrimas aceptaban los crímenes de su pasado, y aceptaron con tristeza su destino. Honorablemente juraron a la reina, nunca mencionar nada de la isla y sus criaturas, a quienes les desearon una larga vida llena de paz.
Los jinetes de Berk, también se despidieron de sus respetivos dragones. Fire chillaba con Camicazi pues no quería que se fuera, pero le alegraba que no hubiera sido la rechazada, y más que nada que su hombre soñado se le declarara el día anterior. Al menos sabía que estaría bien cuidada.
Eret y SkullCrusher se despidieron recatadamente, ambos eran machos y fuertes que definitivamente se extrañarían, lo mismo pasando con Gobber, quien extrañaría al saco perezoso con el que había convivido, y al roba huesos que le había arrancado accidentalmente ciertas partes de su cuerpo, por fin después de tanto conocía a ese dragón.
Mientras que Heather, acariciaba sutilmente a Windshear viendo de reojo, como Camicazi disfrutaba de una nueva etapa en compañía de Eret. Estaba feliz por ella, más todavía tenía mucho que cicatrizar, sin embargo, al voltear a su otro extremo para evitar verlos, vio a ese muchacho Spinel, cuya familia de lobos y Kaiser también había acudido para despedirlo, y que al notar que lo miraba la saludó con familiaridad.
Se apenó que lo hiciera que mejor volvió su mirada a Windshear, mientras que Camicazi, atenta a lo que hacía miró picaronamente aquello, ya tendrían mucho de que hablar una vez zarparan los barcos.
Por otro lado, Valka se despedía de Brinca Nubes, a quien no importó cuantas veces se lo dijera la seguía llamando: Valka, señora mamá de Hiccup, y por ende todos los dragones le decía así. Se abrazó a él, lo extrañaría, así como todo lo que había aprendido de ellos en tan poco tiempo, le resultaba fascinante y entendía porque su hijo tardó tanto en regresar a su hogar, y pensando en este, lo vio de lejos, se despedía de Toothless y su familia, dándoles a todos un abrazo, en especial al furia nocturna que a simple vista no quería que se marchara.
—Hiccup no te vayas. —pidió Pihc llorando. —La reina…
Stormfly lo tomó del hocico a su hijo para impedir que de nuevo hablara de más.
—La reina Astrid, así lo quiso. —terminó Toothless por él. —Te vamos a extrañar amigo.
—Y yo a ustedes. Pero supongo puedo volver, no sé, a visitarlos… no debemos decirnos adiós para siempre, es decir, seguimos siendo amigos ¿no?
—Sí. —asintió el dragón no creyendo que aquello fuera tan posible, si su protectora no descifraba qué era lo que Amaru quería con ella.
—Cuídate mucho Hiccup. —deseó Stormfly. —Y que seas muy feliz, con quien tú quieras.
Aquella insinuación caló en Hiccup, pues él claramente quería a Astrid, quien por cierto no la veía por ningún lado.
—Está muy ocupada, la vi saliendo con Poppy, Branch y sus demás locos amigos antes de que todos se levantara. —dijo Toothless al notar que buscaba algo.
—Es una chica energética.
Se decepcionó de no verla, sin embargo, de repente todos guardaron silencio, Hiccup no entendió lo que pasaba hasta que vio en una de las entradas de la cueva a la agitada Astrid junto a todo el sequito que siempre la acompañaba.
Los presentes, solo alcanzaron a ver cómo esta corría hacía donde estaba el jefe de Berk, Liris también la observó, ella ya se encontraba en el barco y le dio la impresión de que Astrid se lanzaría apasionadamente encima de Hiccup, pero no pasó.
La reina sólo se detuvo frente él, completamente agitada por la correteada.
—Astrid…—nombró Hiccup apenado de verla frente a frente.
—Adiós. —dijo ella abrazándolo para sorpresa de todos los presentes. —Buen viaje. —le susurró al oído, antes de separarse de él.
Dando por terminaba su relación en ese punto, Hiccup asintió viendo que no había marcha atrás y rendido, se subió en el barco donde Liris había sido una espectadora de aquel acontecimiento.
Para antes del alba, los barcos habían zarpado llevándose a casi todos los humanos rumbo a Berk.
Ruffnut, Snotlout, Fishlegs, Tuffnut y Astrid fueron los únicos que se quedaron, esta última viendo con tristeza a los barcos que se alejaban, pero a diferencia de la primera vez que se sintió morir de amor, esta vez sólo se giró decidida a descifrar lo que faltaba para romper la maldición antes de que fuera demasiado tarde.
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¿Un intruso merodeando? ¿Una criatura causando conflictos? ¿Algo que estuviera dañando a criaturas que no conocía?
Faltaban sólo tres días para que el tiempo estimado para la maldición terminara, y este se empezaba a resentir en los temblores y replicas que se comenzaron a sentir. Astrid y su equipo no daban con lo que faltaba, y aquello empezó a desesperar a la reina.
—¡Me rindo! ¡No sé lo que quiere! Ya buscamos por cielo y tierra que no quedaran más vasallos de ese hombre, hemos buscado incesantemente que no haya criaturas como Kiba o humanos como Lenny, que al fin y al cabo eran la misma cosa. ¿Qué quiere entonces?
—¿No te ha venido a visitar esa diosa? —preguntó Ruffnut preocupada. —No sé, para darte una pista.
Astrid negó frustrada.
—Si no fuera porque medio nos perdonó ¡la golpearía! —blasfemó Snotlout chocando sus puños
—Ay, mejor cállate no la provoques. —dijo Fishlegs asustado. —Pensemos… ¿qué es lo que no estamos viendo?
—La maldición. —susurró Tuffnut escabrosamente.
—Ya la analizamos una y otra vez. —regañó Branch. —Y ya descartamos todo, la reina amó, es amada, se sacrificó con su vida. ¿Qué es lo que más le falta?
—Que sea feliz. —resopló Poppy con sarcasmo. —Pero así ni se puede.
—Poppy ¿eso es sarcasmo? —preguntó Tuffnut espantado, tal cual Copper una vez lo había hecho.
—¡Sí! Y me enoja todo esto… ush…—resopló la princesa. —¿Por qué las cosas no pueden ser como los cuentos?
—Porque lamentablemente la vida no es un cuento de hadas. —dijo Toothless.
—¿Qué dijo? —solicitó Astrid la interpretación del dragón.
—Que la vida no es un cuento de hadas. —bufó Branch de brazos cruzados.
Astrid, bajó la cabeza.
—Cierto, no es un cuento de hadas donde todo termina con un hermoso baile, y con el vivieron felices para siempre.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Ruffnut preocupada.
—Ustedes saben lo que tienen qué hacer. —respondió Astrid. —Un par de barcos esperan con el roba huesos, vayan por sus familias adoptivas, por Kaiser, debemos empezar a asegurar a todas las criaturas que podamos salvar. Ustedes deben de encargarse de ponerlos a salvo.
—Eso no es una opción BestiAstrid.
—Toothless tiene razón reina, esa no es una opción todavía… —tradujo Branch.
—Lo será en cuanto anochezca y sólo falten dos días. —replicó Astrid golpeando la mesa. —Por favor, obedezcan… ¡obedezcan! —pidió con ruego.
Los demás se negaron a acatar tal orden, por lo que Astrid, enfurecida, se retiró de la habitación azotando la puerta tras de sí.
—No podemos permitirlo. —gruñó Toothless frustrado.
—Pero ¿qué podemos hacer? —preguntó Stormfly entristecida.
—Traducción por favor. —Pidió Tuffnut al escuchar puros gruñidos.
—No tiene caso. —dijo Branch. —Creo que no nos queda de otra.
—No, no lo sugieras. —pidió Poppy. —¿Cómo vamos a ser felices así?
—Sí tan solo el lindo Hiccup estuviera aquí, tal vez con esa cabezota que tiene daba con lo que faltaba. —se lamentó Ruffnut.
El furia nocturna se sobresaltó al escucharla.
—Puede ser…
—¿Qué? —cuestionó el amargado.
—Que tal vez sea la clave.
—No lo creo, y Astrid no querría que lo trajeras, correría peligro si lo haces. —recordó Poppy.
Toothless bufó sabiendo de esa posibilidad, pero ¿qué más podía hacer?
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Al día siguiente, faltando aun menos para que la maldición culminara, Astrid salió temprano del castillo, en busca de alguna pista que pudiera revertir la desgracia que se aproximaba.
—¡Hey, BestiAstrid!
La reina reconoció aquel gruñido, casi era como si ya pudiera interpretar cuando Toothless la llamaba "BestiAstrid".
—Toothless… eh… ¿quieres acompañarme? —trató de interpretar lo que hacía ahí.
El dragón asintió.
—Pues andando. —apresuró esta, corriendo rumbo al acantilado donde se podía divisar las zonas rocosas.
Pese a que Toothless se ofreció a llevarla, esta se negó a montarla y prefirió correr por el bosque donde más de una vez tropezó por pensar que podía sostenerse de la cola, algo de lo que Toothless no pudo evitar reírse.
—Estúpida cola.
—Que orgullosa eres BestiAstrid, pero noooo, quieres hacerlo todo tu sola, no tendrías que estar caminando por este peligroso camino si aceptaras mi ofrecimiento.
—Cierra el hocico Toothless. —refunfuñó la reina al escuchar puro balbuceos del dragón, algo que le decía que no hablaba bien de ella.
—Ya, no seas orgullosa, ¿no ves que esta cosa se pone más peligrosa? —se asomó por el camino al acantilado, el cual ya tenía una altura considerable de unos 20 metros.
—Ya mero llegamos. —corrió Astrid más rápido por el delgado camino.
Toothless la siguió presuroso, lo bueno es que podía volar, así podría salvar a la terca BestiAstrid, si la tonta se caía.
—Ay dioses. —la escuchó decir de repente.
Tanto ella como él se detuvieron, el dragón de repente sintió como por debajo de sus patas la tierra comenzaba a temblar.
—¡Terremoto! —advirtió a su protectora, quien aún quieta veía hacia lo alto.
El atónito dragón, vio todo aquello tan rápido, una avalancha de rocas que caerían sobre su reina.
—¡BESTIASTRID!
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BERK
Hiccup se levantó sobresaltado de su escritorio, habían pasado unos días desde que llegaron a la isla. Como el jefe que era, lo recibieron como tal, el orgullo de Berk, el que había logrado derrotado las fuerzas de Drago, domador de dragones y quien sabe que otros títulos le habían adjudicado.
Los ex pobladores de la renombrada Vanaheim, también fueron bien recibidos, más algunos habían optado por buscar otro tipo de hogar dado a lo pequeño que era ahí, además de que Berk habían sufrido gran afectación por el incendio provocado por Drago, hasta algunos berkianos dudaban de seguir viviendo en esa isla.
Los que querían seguir ahí, confiaban plenamente en que él restauraría todo a cómo era antes, lo que lo tenía trabajando como loco casi de día y de noche y lo que lo hacía cuestionarse constantemente si esa era la vida que le esperaba.
No entendía por qué se lo cuestionaba, en el tiempo que duró viviendo en Vanaheim le había tocado restaurar casi un castillo completo, aunque obvio, allá había dragones, trolls, hadas, gnomos, lobos y por supuesto…
—La extrañas ¿verdad?
—¡Ay mamá! Que susto. —refunfuñó molesto. No le gustaba que lo sorprendieran así, aunque últimamente se irritaba por todo.
—Perdóname… pero Hiccup, ya no puedo verte así.
—Así ¿cómo? —lo ignoró este.
—¡Triste! Mírame a los ojos. —exigió Valka moviendo su rostro hacia ella. —No eres el mismo Hiccup de antes.
—Tienes razón mamá ¡Soy Jefe! No puedo pensar en mí, si no en todo los demás. —se apartó con molestia de ella.
—Pero a veces debes de dejar de pensar en los demás, para concentrarte un poco en ti. Y a ti querido hijo lo que te hace falta es una reina.
Hiccup se estremeció.
—¿Es acaso una indirecta para que me case o algo por el estilo?
—No, sabes a que reina me refiero.
—Mamá, eso es imposible… ella tomó su decisión y yo la mía.
—Pero ella te quiere hijo.
—Ella se enamoró de lo único que tenía al alcance, y no me es justo.
—¿Y qué tal si te equivocas y desde un inicio estabas destinado a ella? ¿No te lo dijo así una vez Liris?
—Liris dijo muchas cosas, y al final hasta resultó que ella me amaba. Un poco contradictorio ¿no lo crees?
—Contradictorio sería que le correspondieras a Liris y te olvidaras de Astrid.
—Lo que supongo a ti te pondría feliz, ¿quieres que me quede con Liris?
—Quiero que estés con quien amas, y esa, hijo mío, no es Liris.
Hiccup tragó saliva.
—Las dos me agradan, las dos tienen lo suyo. —dijo Valka. —Y te había visto interactuar con Liris y te comportas con ella como con Heather o Camicazi, pero con Astrid, eres completamente otro, y me bastó con ver cómo le llorabas esa vez en el lago para saber cuánto la amabas.
Hiccup lloró al recordar ese trágico momento donde desesperadamente rogó porque ella no muriera.
—Mamá…—sollozó.
—Eres Jefe de Berk por herencia hijo. —consoló Valka acariciándole el cabello. —Pero no es tu obligación aceptar tal puesto, creciste siendo como todos los demás pueblerinos, y que se te imponga así de repente… no se me hace justo.
—¿Qué puedo hacer? ¿Qué haría papá?
—Tu papá de seguro se quedaría.
Hiccup resopló bajando la cabeza.
—Pero tú no eres Stoick. —lo hizo levantar su cabeza. —Tu deseas más que esta vida provincial… ¿no es así?
Hiccup asintió recordando aquellos días cuando era un simple herrero con ideas locas de viajar y tener aventuras.
—Entonces haz lo que tu quieres hijo, ve con quien amas y vive tus propias aventuras, sé que el pueblo tal vez no lo comprenda, pero, así como tú te preocupas por ellos, yo me preocupo por ti, y lo que más quiero es que seas feliz.
Hiccup sonrió, y se abrazó a su madre con fuerza. Ella tenía razón, a veces tenía que dejar de ver por las necesidades de los demás para atender las suyas propias.
—¿Qué hay de ti? No creas que no vi que te agradó estar entre dragones. —preguntó sin soltar su abrazo.
—No puedo negarlo. —lo apretó Valka. —Pero quiero que seas independiente… sin tu mamá gallina detrás de ti.
—Eso sonó extraño. —se separó Hiccup de ella.
—Es sólo la verdad, confío que estarás bien, y cuando crea yo que es el momento, tal vez te alcance.
—Gracias ma.
—Bueno, ¿qué estás esperando? —acarició su mejilla. —Tienes una reina que te espera.
—Empacaré y me iré. —aceptó Hiccup más convencido que nunca.
—Veré que te preparen un barco. —se apresuró Valka a salir, pues de seguro su instinto maternal no lo dejaría ir tan fácilmente.
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Después de haber vuelto a Berk, Liris no había cruzado palabras con Hiccup, en el barco este estuvo ausente durante todo el viaje, sólo viendo por las necesidades de los pueblerinos de Vanaheim, y al llegar a Berk las necesidades de todos.
Los que lo conocían bien, lo veían frustrado, cansado e incluso irritado.
—Ándale Liris. —le había dicho Camicazi para ella se animará a interceptarlo. —Necesita mucho amor. —le dijo la descarada, refiriéndose obviamente a cosas que antes no se imaginaba.
Pero ahí estaba, dando vueltas como tonta detrás de una cabaña en lo que se decidía a ir con él.
—Bien, es el momento. —respiró profundo y dio unos pasos hacia adelante, aunque se detuvo abruptamente al ver a Valka salir presurosa de ahí. —¿Qué habrá pasado? —Pues su "suegra" parecía tener mucha prisa por ir al muelle.
Asegurándose que nadie la viera, corrió a la casa del jefe, cuya puerta habían dejado abierta para su suerte, pues así pudo internarse sigilosamente. El corazón le rebotó con alegría al ver inmediatamente a Hiccup, quien llevaba cargando cosas que luego metió en una bolsa de cuero.
—Hiccup…—llamó, pues este estaba tan concentrado que ni siquiera se percató de su presencia.
—¡Liris! —se sobresaltó este espantado tirando lo que llevaba en brazos.
¿Ropa? Se extrañó la seid, más lo que le impactó realmente fue ver a Hiccup con ese traje de caballero negro.
—¿Te vas a ir? —preguntó con angustia. —¿Con ella?
El jefe asintió, no deseaba mentirle a quien consideraba una buena amiga.
—Oh… ¡Wow! —exclamó tratando de no verse tan impactada. —Ya era hora que lo hicieras.
—¿Por qué lo dices?
La seid sonrió fingidamente.
—Ay… porque es obvio que la amas y no puedes dejarla, así como así, y por supuesto que ella también te ama. ¿sabías que te ama tanto que me pidió a mí que te cuidara?
¡Por fin! Por fin había podido decirlo, pero hacerlo le dolió demasiado, que no sabía si podría seguir fingiendo que todo estaba bien.
—¿En serio? —preguntó Hiccup sorprendido.
—Sí, la pobrecilla… ella piensa que tú estás enamorada de mí y… y…
—Liris basta, no es necesario. —pidió el jefe con melancolía.
—Está bien Hiccup, yo de hecho… apenas venía a decirte que pensaba continuar con mi profesión de seid.
—¿En serio? —cuestionó este sin poder creérselo del todo.
—Sí, realmente creo que con lo de Drago, Johann y todos esos tipos me decepcioné un poco, pero, bueno… fui poseída por una deidad, lo que definitivamente me hace creyente y que mi labor debe continuar.
Hiccup sonrió levemente, algo podía ser cierto de lo que le decía la seid, pero también sabía cuándo le mentían.
—Liris, te deseo lo mejor entonces… en lo que sea que optes por hacer.
La muchacha con el corazón roto asintió derramando unas lágrimas, mientras que sus manos temblaban con el collar de lirio entre ellas.
—Hiccup. —se quitó el collar. —Ve con quien más amas… a quien pertenece esto. —se lo entregó.
—Este lo hice para una buena amiga…—se lo devolvió. —A la cual siempre le agradeceré por guiarme hacia mi destino.
Liris sonrió limpiándose las lágrimas; triste, por un lado, pero tranquila por el otro. Había sido un tanto egoísta con sus sentimientos, pero ya no más, era momento de hacer lo correcto.
—Bueno… ¡¿Y qué te falta?! Tu reina aguarda. —se apresuró a ayudar a su amigo con su equipaje.
—Ah… bueno…
Tomó Hiccup lo que se le había caído para guardarlo en la bolsa, cuando de repente…
—¡Hiccup! —entraron Camicazi y Heather gritando como locas —¡Tienes que ir al muelle de inmediato!
Tanto Liris como Hiccup se vieron entre sí, este último sintiendo un mal presentimiento.
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—¡Toothless! ¡Branch! —gritó el jefe asustado, viendo a sus amigos agotados, justo en el muelle de Berk.
Junto a ellos, estaba Valka, quien trataba de calmarlos, y otros pueblerinos que se habían acercado con algunas cosas para atenderlos.
—¡¿Qué pasó?! ¿por qué están así?
—Hubo un terremoto. —contó el troll agitado.
—Un derrumbe… no encontramos a BestiAstrid. —terminó Toothless.
Al jefe casi se le para el corazón con aquella noticia, y su imaginación pronto le proyectó una imagen de su hermosa reina cayendo hacia un vacío infinito.
—¡Dense prisa hijo! —apresuró Valka alarmada.
Hiccup no dudó ni un momento y rápidamente subió al dragón que, con renovadas fuerzas, se preparó para el despegue.
—Mamá…—se despidió Hiccup.
—Ve… ya lo hablamos hace unos momentos… ¡ve! —dijo esta con lágrimas en los ojos.
Hiccup asintió, y despidiéndose visualmente de todos sus amigos y pueblo, ordenó al dragón alzar el vuelo, cuyo despegue sobre el agua del mar se abrió con un camino de bruma. Los que se quedaron en la isla vieron con tristeza su partida, pero Valka entre lágrimas, emitió una pequeña risita y enseguida de ella Camicazi, Heather y demás pueblerinos que rieron como si supieran un secreto.
—Ok, ¿de qué me perdí? —preguntó Liris sin comprender lo que pasaba.
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El trayecto a la isla de Vanaheim estaba siendo una tortura para Hiccup, y en especial porque Branch y Toothless estaban muy apresurados por llegar también, que no se concentraban siquiera para poder conversar, sin embargo, cuando después de unas horas aquella isla fue visible a los ojos del jefe, sintió tranquilidad, más no del todo, no hasta encontrar a su reina perdida; pero, conforme se aproximaban a la playa, Toothless perdió velocidad.
—¿Qué pasa amigo? —preguntó pensando que se había cansado, pues en Berk no le había dado siquiera oportunidad de descansar.
—Nada, que ya llegamos…—respondió este descendiendo en dirección hacia la arena.
—¿Aquí fue el derrumbe? —cuestionó Hiccup sin comprender.
—Sí, en esa dirección. —apuntó Branch al interior del bosque.
Hiccup como aquella vez cuando Astrid murió no se esperó a que Toothless aterrizara, sólo se lanzó de su lomo para apresurar las cosas, sin embargo, al sólo pisar la entrada a lo que era el bosque su corazón casi se detiene con lo que vio frente a él.
—Stormfly ¡¿qué es lo que sucede?!
Su refunfuñona reina siendo empujada por la nadder.
—Astrid…—susurró sintiendo como el corazón se le quería salir por de entre el pecho.
Al escuchar esa voz, la reina refunfuñona se paró en seco, Poppy le había dicho que había encontrado una pista para el hechizo en la playa y de inmediato Stormfly la arrastró hasta ese lugar.
—Hiccup. —susurró espantada de verlo. —Eh… ¿q-qué haces aquí?
—Estás bien. —afirmó este acercándose, aun no se recuperaba del impacto.
—Yo… yo estoy bien. —respondió esta nerviosamente pues Hiccup la analizaba y había tomado sus mejillas, buscando no sé qué cosa en su rostro.
Tenía que cerciorarse, Hiccup la observó detalladamente buscando si no tenía alguna herida, pero esta estaba tal cual como la había dejado unos días atrás.
—Me dijeron que hubo un derrumbe que tú…
—¡Ah, eso! —interrumpió Branch. —Toothless me manda a decirte qué él la rescató. ¡UPS! perdón, creo que olvidamos decírtelo.
¿Lo habían olvidado? Hiccup se sintió hervir por la ira.
—¡¿LO OLVIDARON?!¡¿ESTÁN BROMEANDO?! ¡CON ESO NO SE JUEGA! —reclamó con lagrimitas en los ojos y la respiración agitada. —¡CASI ME MATAN DEL SUSTO!
—Pero no moriste… amargado. ¿Puedes decirles el resto de mi mensaje? —pidió el dragón restándole importancia a los paros cardiacos de su amigo, mientras que Astrid sólo los veía sin comprender, cuando la situación en el interior de la isla era muy crítica.
Branch se aclaró la garganta.
—Toothless les tiene un mensaje, y quiere ir directo al grano: Hiccup, amas a Astrid, Astrid tú lo amas a él, dejen de complicarse tanto las cosas y confiésense de una vez, y ahórrenos tres capítulos del cuento de recortes que está haciendo Poppy.
Los aludidos se sonrojaron con tal mensaje, y evitaron verse por la pena que sentía.
—Hiccup, ya dile a Astrid que la razón por la que la evadías es porque te sientes poca cosa a lado de ella. —continuó Branch haciendo que el jefe se abochornara de sobremanera. —Astrid, ya dile a Hiccup que la razón por la que lo mandaste a casa es porque aun estás maldita.
—¿Qué? —se sobresaltó el jefe al saberlo.
—No tenían derecho. —recriminó Astrid apretando sus puños, evitando verlo a él. —¡Y ahora a él también lo han puesto en peligro!
—No lo sabemos. —replicó el troll. —El herrero o más bien jefe, ya nos ayudó una vez, tal vez pueda lograrlo otra vez.
Astrid negó con su cabeza no creyendo que eso le estuviera pasando, cuando cuidadosamente se había encargado de ponerlo a salvo.
—Astrid…—se acercó Hiccup a ella, tenían que aclarar eso último que habían dicho sus amigos.
—Y nosotros los dejamos. —se retiró Toothless conforme de lo que había hecho, esperanzado de que aquellos dos dieran con lo que faltaba para liberar a su protectora al menos de una maldición.
Estando ya solos, Hiccup tomó las manos de su amada, quien aún se rehusaba a verlo.
—¿Por qué no me dijiste?
—¿Para qué? No hay solución… tienes que irte, y sirve que convences a esos tercos. —gruñó enfurecida.
—Astrid explícame… ¡es que trato de entender!
—¡Es que no tiene caso! —gritó. —La isla se desmorona por el hechizo de Amaru, y yo no puedo salir porque estoy condenada a ser guardiana, sólo lo puedo hacer si logró sacar hasta la última criatura, ¡bichito de aquí!… ¡algo que es imposible! ¿comprendes?
Hiccup vio y sintió su desesperación, ciertamente la situación era muy grave, pero aun en medio de tanta desgraciada, no había lugar en donde quisiera estar en ese momento más que con ella.
—Hiccup vete…—rogó Astrid, pues este no dijo nada. Sólo acarició su mejilla.
—Te amo Astrid. —dijo sin más. —Con todo mi corazón, y si tú te hundes con esta isla… yo estaré contigo.
—No… no puedo permitirlo. —dijo esta tan acongojada que la emoción por ser correspondida no fue suficiente. —Vete…
—Cántame esa canción…
—¡¿Qué?!
—Sé que me hiciste una canción. —contó Hiccup tomándola de la cintura para acercarla a él. —Quiero que me la cantes. —pidió juntando su frente con la de ella.
Astrid se estremeció con sus caricias, frustrada por no poder disfrutarlas como se debía por sentir cómo la tierra temblaba por debajo de ella. Pero Hiccup la sostenía tan fuerte que no sentía que caía, al contrario, se sentía a salvo a un lado de él, así que, separándose un poco de él, le tomó de su mejilla e hizo lo que en días pasados no pudo hacer:
Yo, yo nunca había sentido el amor.
Pensé que eso no existía.
Y que sólo eran fantasías.
Todavía… me resulta extraño
Es muy nuevo para mi
Este sentimiento.
No… no sé qué me hiciste
Quien pensaría que tú… cambiarías mi vida para siempre.
Yo… yo te quiero siempre cerca de mí.
No me dejes cariño… yo nunca lo haré…
Tú me animas, me iluminas, me complaces, me haces feliz
Eres alguien de quien he aprendido mucho
TE AMO, TE ADORO
Mi vida no era nada antes de ti.
Y cada día te amo más y más.
Y finalmente parecen que mis solitarios días quedaron atrás
Siempre te estuve esperando.
Preciosa, así definió Hiccup a esa canción, así como a la que la había cantado, viendo a los ojos de Astrid no importaba si se hundía toda la isla, lo único que le importaba era ver esa sonrisa que ahora ella esbozaba y que combinaban con sus destellantes ojos azules.
—Te amo Hiccup… y no eres poca cosa para mí. —terminó Astrid acariciándole la mejilla.
El jefe rio, sintiéndose tonto con su baja autoestima.
—Entonces no se diga más mi Lady, enfrentemos juntos esto.
Astrid asintió, sintiendo un gran nerviosismo cuando Hiccup sutilmente comenzó a acercarse a ellas con sus ojos cerrados, instintivamente ella hizo lo mismo esperando ese ansiado contacto hasta que…
—Ay ¡Ya lo van a hacer!
¿Qué había sido aquello?
Se separaron el jefe y la bella apenados.
—Shuuu… tonta, te escucharon.
—¿Ese es Branch y Poppy? —reconoció Hiccup.
—Y creo que no sólo ellos —gruñó Astrid entre dientes, viendo claramente que no eran los únicos, pues en unos arbustos a unos metros de ellos, sobresalía la inmensidad de los traseros de Fishlegs, Ruffnut, Tuffnut y Snotlout.
—Ay, creo que ya nos vieron. —dijo la ex hada, tratando de agacharse más. —¡Es el problema de ser tan grande!
—En estos casos sería bueno desaparecer como fantasma. —dijo Snotlout
—O ser pequeño como un gnomo. —concordó Fishlegs
—O ser hábil y sigiloso como un troll. —se asomó Tuffnut entre el arbusto mostrando su rostro pintado de verde.
—Oigan ustedes, ya dejen de arruinar todo. —regañó Toothless, aunque claro, que tampoco estaba del todo escondido, al igual que Stormfly.
Los humanos, como no entendía los reclamos del dragón, siguieron tratando de acomodarse en sus respectivos escondites, mientras que los amantes, se sobaban las sienes con fastidio, pues ni con la isla desmoronándose frente a ellos, estos cambiaban.
—Creo que no se van a ir. —rio Hiccup con aquellas escenas.
—Que vergüenza. —se cubrió Astrid el rostro.
—Déjalos. —la acercó el jefe nuevamente hacia ella. —¿Qué tal si les damos lo que quieren?
La reina no entendió a qué se refería.
—Vamos a darles su final de cuento de hadas, mi lady. —Le susurró coquetamente en su oreja.
Astrid apenas tuvo tiempo de suspirar cuando Hiccup, sin importarle el montón de espectadores se inclinó gentilmente hacia ella con sus ojos cerrados, y ella tampoco lo postergó más y gustosa recibió sus labios con los de ella.
Los mirones saltaron emocionados desde sus supuestos escondites, viendo cómo inesperadamente sus amorosos amigos, los protagonistas de sus cuentos, el herrero y la bestia o más bien, "el jefe y la bella" resplandecían mientras se daban su primer beso de amor verdadero.
—¿Qué es eso? —observaron todos maravillados aquel resplandor que poco a poco los sobrepasó.
Aquella luminosidad se expandió por toda la isla y lo destruido, inesperadamente comenzó a ser reconstruido, lagos y ríos se restablecieron en nuevos cauces, árboles y plantas muertas resucitaron, y los que aguardaban en el castillo fueron testigos de la renovación de este, cada muro caído volvió a su lugar y más resplandeciente que nunca.
Los salones, la torre, todo volvió a la normalidad. La isla entera recuperó un nuevo y esplendoroso brillo jamás antes visto por criaturas y humanos.
—¡El beso era lo que faltaba! —saltó Poppy apreciando cómo todo a su alrededor se restauraba. —Creo que al fin y al cabo esa Amaru es una romántica.
—Puede ser… —apreció Branch asombrado. —Pero Poppy…
—Lo sé, lo sé…no todo es como los cuentos de hadas. —aceptó la rosada con una sonrisa.
—Pero sea como sea… me alegro de que, al fin, esto terminara. Amigos, estamos salvados. —suspiró Toothless aliviado, contento de haber podido lograr algo que padre deseó con fervor en el pasado: Paz y seguridad.
—Sí, ahora es tiempo de disfrutar y ser felices. —concordó Stormfly restregando su cabeza con la de su dragón. —Por cierto, ¿Creen que ya lo hayan notado? —preguntó con una risita viendo que Hiccup y Astrid seguían besándose lejos de ellos.
—Ne… creo que ellos ya encontraron su propia felicidad y belleza en los labios del otro. —sonrió Branch al verlos.
—¡Ay, que poeta! —lo abrazó Poppy con fuerza. —Y saben, siento tanta felicidad que…
—No me digas… ¿tienes ganas de cantar? —balbuceó Toothless con fastidio.
—Síp.
—Pues entonces canta rosadita… porque con la emoción hasta a mi me dieron ganas de bailar. —admitió el dragón para sorpresa de todos. —¡¿Qué?!
—¡Entonces dale!
Los humanos mirones, más trolls, incluso el sigiloso Pihc salieron de sus escondites al ritmo de que una melodía comenzaba a sonar.
"No puedo detener ese sentimiento".
Cantaron los saltarines trolls al compás que sus amigos: dragones, humanos, gnomos, hadas, lobos y cuanta criatura quisiera los seguían durante el camino hacia el castillo, rebozando alegría y felicidad por tener de vuelta su hogar.
Mientras que, con los amantes, como había dicho Branch, habían encontrado su propia felicidad en el uno y en el otro. Al separarse de tan maravilloso beso, el jefe y la bella se vieron a los ojos con una gran sonrisa que desbordaba más que felicidad, reflejaban esperanza y ganas de vivir con la nueva oportunidad que se les había concedido.
FIN.
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Epilogo.
Años después…
—¡Hey, Hiccup! Wooo…. ¡Por fin llegamos! —saltaron las animadas valkirias de un barco que apenas se estaba siendo anclado por dos varones.
—Heather, Camicazi… tan escandalosas como siempre. —saludó el jefe abrazando a sus amigas, que a pesar de los años lucían igual de bellas, aunque con algunos pequeños cambios.
Heather, por ejemplo, dejaba ahora su cabello suelto, sólo adornado por una pequeña peineta aun costado. Mientras que Camicazi, tenía el cabello más aplacado, sujeto a una diadema/trenza.
—Y a ti qué te pasó. Ese intento de barba como que no te queda. —se burló la rubia de la apenas creciente barba que tenía su amigo.
—¿Y ese cabello de ñoño? —se lo alborotó Heather.
—Oigan ¡ya!, no me importa su opinión.
—¡Sólo el de ella! —recitaron ambas valkirias al mismo tiempo con burla.
Hiccup se apenó de ser tan obvio.
—¿Y mamá?
—Ah… aún está en el barco, y es que no te imaginas la gran cantidad de cosas que trajo. —susurró Heather, mientras que su acompañante llegaba detrás de ella, y la abrazaba.
—Mucho gusto jefe. —saludó el muchacho que Hiccup recordaba bien con el vocero del antiguo pueblo de Nomen.
—Hola, ¿qué tal? Kaiser estará feliz de verte—saludó el aludido, viendo como sus amigas eran felices con sus respectivas parejas.
Eret con Camicazi y Heather con ese chico que parte de su vida la había vivido como un lobo.
—¡Hola pescadito! —Saludó Gobber desde lo alto del barco. —Ya mero bajamos, sólo que tu madre parece que se trajo a todo Berk en su equipaje.
—No es cierto. —apareció la mencionada detrás del herrero. —¡Awww hijo! ¿Cómo estás? —saludó entusiasmada.
—Pues aquí ma,… esperado a que bajes. —balbuceó para sí mismo. —¿Y sólo ustedes vinieron? —preguntó a sus amigas cómo no queriendo.
—Si quieres preguntar por Liris, ella no vino… nos dijo que le hubiera gustado, pero como pronto iba a ser la fiesta anual de la cosecha no podía faltar, ya sabes como es la gente de supersticiosa y esperan que ella les dé bendiciones a todos. —contó Camicazi
—Pero te manda un regalo…—dijo Heather sacando una pequeña cajita. —Bueno, en realidad no es para ti… sino para ya sabes…
—Entiendo. —lo tomó Hiccup con cuidado, viendo que era un collar con una pequeña piedra color rojo.
—Nosotros también trajimos regalos. —canturreó Camicazi. —Eret, amor… ¿por qué no los traes? Y de paso a la señora Valka. —pidió con impaciencia.
—Ya, ya… ya terminé…—saltó la nombrada del barco. —Sólo que necesito ayuda con todo lo que traje, ya saben que me mudaré aquí.
—¡Por fin! —celebró Hiccup acudiendo con su madre para saludarla.
—Que exagerados. —lo apartó esta para ver qué tan cambiado estaba. —Ay, te ves tan guapo hijo… tanto como tu padre con esa barba.
Hiccup se sonrojó sintiéndose halagado.
—Ay sí, como no. —se burló Camicazi, aunque rápidamente fue silenciada por su amiga.
—Y bien, ¿qué estamos esperando? ya quiero conocerlo. —pidió Valka entusiasmada.
—Por supuesto. ¡Amigos! —gritó Hiccup mirando hacia al bosque.
De entre la maleza varios dragones conocidos por los recién llegados salieron. Windshear, SkullCrusher, Grump, Fire y Brinca Nubes corrieron hacia sus respectivos jinetes para saludarlos, estos los recibieron emocionados con calurosos mimos, regalos y caricias, pues desde cierta boda no los veían.
—Amigos, ayúdenme con todo el mugrero que trajo mamá. —pidió Hiccup, una vez que todos se saludaron.
—¡Oye! —lo golpeó Valka en el brazo. —Son regalos. —aclaró molesta.
—Está bien, está bien. —se cubrió Hiccup temeroso.
Dejando la graciosa pelea entre madre e hijo, los dragones se encargaron de llevar todas las cosas de la mamá de Hiccup, y una vez listos los jinetes alzaron el vuelo en dirección al castillo.
—¿Y cómo está Astrid hijo? —preguntó Valka ansiosa por llegar.
—Ha estado muy agotada. La verdad no fue fácil, pero entre todos la cuidamos.
—Descuida, de seguro con la señora Valka se van a alivianar un poco más. —comentó Heather.
—Eso espero. —suspiró el jefe, divisando el lugar donde aterrizarían.
Al descender, ya se encontraban en el lugar Poppy y Branch que, a pesar de los años, seguían actuando como "mejores amigos", siempre decían.
—Bienvenida, señora mamá de Hiccup y amigos. —saludó la reina Poppy, su padre desde algunos años ya le había cedido la corona.
—Díganme sólo Valka. —pidió la mujer bajando del dragón. —¿Y dónde está Astrid? —preguntó ansiosa por verla.
—Pues en su habitación descansado, supongo, la verdad es que acabamos de llegar. —respondió Branch.
—Yo iré por ella, mientras tanto si quieren ponerse cómodos. —dijo Hiccup corriendo hacia el interior del castillo.
—Ay, que mal anfitrión. —se quejó Camicazi, pues su amigo los había dejado en los jardines.
—Ha estado muy hiperactivo desde que empezó con esta nueva etapa, y estando él sólo con Astrid pues…—trató de explicar Poppy.
—¿Y los amigos de ella? —preguntó Valka.
—Vinieron hace unos meses, se quedaron unos días y luego se marcharon y es que ellos ya hicieron sus vidas también fuera de esta isla.
El grupo asintió comprendiendo, pues Ruffnut, Tuffnut, Snotlout y Fishlegs después de Astrid y Hiccup se declararon había optado también por buscar sus propios destinos fuera de Vanaheim. Eran humanos, eran curiosos, su mismo instinto los había llevado a tomar esa decisión.
—Como quiera no se olvidan de su amiga y cuando la vinieron a visitar trajeron unos hermosos regalos para ella. —siguió contando Poppy.
—Pues espero que no tan bonitos como los míos o me sentiré tonta. —susurró Camicazi para sí misma.
—¡Hey, chicos! —salió de repente Hiccup del castillo. —Astrid no está la habitación. —dijo preocupado.
—Pues entonces busca a Toothless, a él siempre se la encargas cuando tienes que hacer algo ¿no? —dijo Branch.
—Cierto, cierto. —corrió Hiccup a buscar a su amigo. —¡Pónganse cómodos! —repitió a sus invitados que del jardín no pasaron.
—Que tonto. —se burló Heather.
—Ay, es que está enamorado y muy emocionado. —dijo Poppy ensoñada. —Pero adelante, mejor pasen al interior del castillo… ese bobito de seguro les aventará un sermón a su amigo y esposa cuando los encuentre.
Los invitados siendo guiados por los trolls se internaron al interior del castillo, esperando impacientemente porque sus anfitriones llegaran con aquella nueva vida.
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—Bien, arriba, abajo, arriba, abajo… y cuando estén listos. ¡corren! —explicó Toothless agitando las alas.
—¿Así papá? —preguntaron tres dragoncitos pequeños al unísono, mientras agitaban sus pequeñas alas.
Los tres diferían de colores, mientras que uno era negro con destellos azules, con cuatro patas y sus dos alas, el otro era azul con destellos negros, con dos patas y sus dos alas, mientras que el tercero era complemente azul con sus cuatro patas, alas y cuernos
—No, así…—explicó un dragón color negro que era tan grande como la nadder que veía aquella práctica.
—¡Muestrales cómo Pihc! —alentó Stormfly al mayor de sus hijos.
El mayor de los hermanos tomó posición y tal cómo él había aprendido de pequeño, corrió y voló mostrándole a sus hermanos menores cómo debía hacerse. Ya no era más un pequeño dragón que cabía en el regazo de una persona, no, era tan grande como su madre y tan veloz como su padre.
—¡Bien hecho, hijo! —felicitó Toothless cuando este descendió siendo alabado por sus pequeños hermanos.
—¡Ay, Toothless!
Los dragones se giraron, hacia aquel que había hablado, Hiccup estaba agotado de tanta carrera y subida y bajadas de escaleras.
—Hola… Hiccup ¿qué te trae por aquí?
—¿Tú que crees?
—Ah… ¡BellaAstrid! —recordó Toothless fingidamente. —Está en lo alto de la torre.
—¡¿Subió sola?! —exclamó Hiccup espantado.
—Y corriendo. —afirmó el burlón dragón.
—Ay dioses… ¡Pero les dije que…!
—Calma Hiccup, Toothless la llevó hasta allá y está SANA y SALVA. —aclaró la dragona antes de que su amigo les diera un sermón.
—Ush… bueno iré por ella, que mamá ya llegó y quiere verla…
—Uy, la señora Valka mamá de Hiccup, nosotros te acompañamos.
—Claro, sólo iré por mi esposa y mi bebé—dijo señalando la torre.
—Que exagerado. —se rio Toothless al verlo ingresar en la torre.
—Ay, tú estás igual… —se burló Stormfly.
—¡No, no es cierto!
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Aun escuchando la pelea de la nadder y furia nocturna, Hiccup se apresuró a subir el montón de escaleras que conducían a la torre más alta; después de casi cinco años a Astrid no se le quitaba la costumbre de vigilar desde ahí.
La vida después de todo no era un cuento de hadas, siempre decía ella. Y no estaba de más, Vanaheim se había restaurado, pero ella seguía condenada a ser su guardiana por siempre.
Las implicaciones que esto causaba no parecían ser graves cuando se tenían el uno al otro, pero Hiccup en un inicio quería que Astrid conociera más del exterior, pero esta solo se conformaba con escuchar su voz y las anécdotas que él podía contarle, eso le alegraba, pero hasta la fecha aún le parecía injusto.
El conocimiento no era nada más el problema, también aquellos momentos terribles en que ella enfermaba y el no poder sacarla de la isla o traer una curandera le complicaba a veces mucho las cosas. Porque cuando Astrid enfermaba era muy grave, había vivido tanto tiempo con otro cuerpo, que sus defensas lo resintieron, al grado de que una simple gripe la ponía casi al borde de la muerte.
Pero trataba de verle las cosas buenas también, no cabía duda de que pasaban más momentos maravillosos que malos. Hiccup aun se sentía sonreír como un tonto, cuando recordaba dichos momentos, en especial cuando él fue quien se enfermó del estrés que le causaron los trolls cuando torpemente lo ayudaban en su propuesta de matrimonio.
Sus amigos, suspiró al pensar en ellos, esas criaturas curiosas que se metían mucho, ¡demasiado! en sus vidas privadas; Astrid y él prácticamente se tenían que esconder o resguardarse cuidadosamente cuando querían estar a solas. Que era generalmente con mucha frecuencia pues ambos adoraban "divertirse" de esa manera, claro que en un inicio no fue así, recordó el jefe, pues él y su esposa si habían tenido ciertas dificultades para consumar el matrimonio después de que se casaron.
Pero con mucha paciencia y sobre todo "amor" por fin veían los frutos de su esfuerzo. Pero esa nueva etapa no sería sencilla, empezando por la inexperiencia de ambos, pero sobre todo por la experiencia paterna de su esposa y sus antepasados que a la fecha a veces la atormentaban.
"Yo, yo nunca había sentido el amor…"
—Ah… mi canción. —reconoció Hiccup la melodía, así como la hermosa voz de su esposa.
Siguió subiendo las escaleras deleitándose con la canción, que ya no era muy suya, puesto que ya la compartía con alguien más. Asomándose cuidadosamente por la entrada de la puerta, observó a su hermosa esposa, que arreglada con un vestido color azul, le cantaba apaciblemente al bultito que llevaba en brazos. Su voz era armónica y melodiosa, que Hiccup se sentó en la orilla deleitándose con esta.
"Te juro que seré una buena mamá"
"Siempre te voy a querer"
Hiccup sintió un nudo en la garganta al escucharla; después de todo, Astrid no había tenido buenos padres y durante el embarazo ella le confesó que le asustaba que la maldición y crueldad de los Hofferson se reflejara en su hijo, el cual había deseado que no se pareciera a ella, pero que, al nacer, pues resultó ser una viva imagen de ella, así como de sus antepasados, a excepción por los ojos, que ella aseguraba serían igual a los de él. Sin embargo, él constantemente le repitió que su hijo no sería como los Hofferson del pasado, porque para empezar a ese bebé lo habían concebido con mucho amor.
—Yo si te voy a querer hijo. —la escuchó susurrar con melancolía, mientras besaba la cabecita de su bebé. —Tú padre y yo si te vamos a querer. —le aseguró con dulzura.
"Así sería."
Sonrió Hiccup desde su lugar y no lo postergó más, se levantó y entró a la habitación de la torre con su esposa e hijo, para acompañarlos y amarlos como ellos se merecían.
Fin.
Bien, espero que les haya gustado, probablemente se estarán preguntando algunas cosas, XD, igual yo. pero debo decirles que este es el fin del herrero y la bestia, más aún no termina del todo, hay cosas que se insinúan en el epilogo y que pondré en una serie de nuevos One shot que haré , hasta al momento llevo tres pensadas.
Futuros proyectos, si tengo… jiji la película me dejó más que inspirada, tengo los piensos para una historia que se llame tentativamente;" La maldición que nos une", aunque ese nombre ya me suena que esta en otro fic. Y otro que estará basado más que nada ciertas cosas de la película y que se llamará "Cartas a Toothless" pero este lo haré cuando crea que ya todos vieron la película.
En fin, sección agradecimientos.
Vivi, Kuronojinsei, Aki electric, Michell Aloy, Astrid Fan girl, Aglae, Nerfertari Queen, Maylu liya, Nat, Dragon viking, Daglass, Flymanfly, PamSg, Amai do y muchas más.
Lectores anónimos, seguidores y favoritos, gracias por llegar hasta este punto, y nos leemos en los siguientes proyectos.
See you Next Time.
04 de febrero de 2019
