Los derechos son compartidos entre RICHELLE MEAD y nikkafuza.
Capítulo 36. Epílogo
Every time I look at you, baby, I see something new
That takes me higher than before and makes me want you more
I don´t wanna sleep tonight, dreamin´s just a waste of time
When I look at what my life´s been comin´ to
I´m all about lovin´ you
All About Lovin´ You – Bon Jovi
POV Dimitri
– ¿Estás segura de que es buena idea salir hoy? – Le pregunté a Rose al notar la nieve que no paraba de caer en el exterior.
– Es Navidad, Dimitri – Ella se encogió de hombros, terminando de arreglar la bolsa mientras impedía que Gatito saltara dentro – No vamos a quedarnos encerrados en casa; tenemos el coche.
– Tus padres lo entenderán – Insistí.
– No te preocupes, camarada – Se acercó, estirándose para besarme.
Era bueno verla caminando y a pesar de que manqueaba un poco a veces, era como si el accidente nunca hubiera ocurrido. Rose consiguió volver a caminar tres meses después del percance; siempre recordaría el día en que dio sus primeros pasos sola, su expresión, sus lágrimas, su felicidad…
– No estoy preocupado – Le aseguré, envolviendo su cintura.
– Dimitri, ¿estás tratando de huir de la fiesta de Navidad de mi baba? – Me miró con diversión.
– ¿Qué? – Sonreí pese a que era exactamente lo que estaba pasando – De ninguna manera.
– Él prometió comportarse – Garantizó, dirigiéndose al cuarto contiguo al nuestro; terminamos nunca volviendo al piso de arriba.
– Sabes que Eric estará ahí y eso es prácticamente imposible – Tomé la bolsa y las llaves del coche – ¿Y los regalos?
– Los metí al auto más temprano – Aseguró, volviendo a la sala con el pequeño paquete en sus brazos.
– ¿Despertó? – Me acerqué a observar si la pequeña bebé de dos meses estaba bien abrigada.
– No puedo creer que estoy consiguiendo cuidarla – Rose sonrió, contorneando delicadamente el rostro de Zazie con la punta del dedo – Ella es tan pequeñita – La niña abrió los ojos, frunciendo el ceño ante el toque de la morena. También alisó su cabello cobrizo, mirándola totalmente encantada – ¿Sabes lo que hubiera dado por haber obtenido ese cabello? – Suspiró – Suertudita.
– Me gusta tu cabello – Besé su mejilla.
– Tú no cuentas – Ella sonrió.
– Será mejor ponerle el gorro – Instruí – Está frío afuera.
– Iré por uno, sostenla – Me entregó a mi niña, caminando a la habitación.
Sentí las patas de Libby en mi pierna, oyendo un pequeño ladrido a continuación, miré hacia el suelo, observando a la corgi que me miraba suplicante – No empieces – Murmuré – No vas a quedarte tanto tiempo sola – Una pequeña pata tiró de mi brazo, mi mirada se volvió hacia el reposabrazos del sofá, en donde Gatito se levantó en sus patas traseras, estirándose para intentar ver lo que estaba sosteniendo. Zazie se quejó un poco, aumentando su curiosidad por el origen de aquel sonido – Conoces muy bien lo que está aquí, no necesitas ser tan curioso – Me alejé.
– Ella necesita más gorros – Rose regresó – Casi no tiene…
– Estoy seguro de que tiene suficientes, Roza – Aseguré, observando la mueca de la bebé mientras Rose le ponía la gorra – Y por favor, no hables de esto en cualquier lugar en donde sea posible que tu padre oiga.
– ¿Puedes olvidar la historia de las niñeras electrónicas? – Rodó los ojos, tomando a Zazie de mis brazos.
– Rose…
– Si uno se estropea, tenemos la reserva – Se encogió de hombros rumbo a la puerta.
– ¿Necesitábamos tener cinco reservas? – Apunté.
– Cuatro – Corrigió – Una se quedó en su casa.
– Comentaste que solo nos faltaba comprar la niñera electrónica y él apareció con seis modelos diferentes – Cerré la puerta al salir, escuchando las protestas de Libby al interior.
– Necesitas pasearla después – Rose comentó – Hace dos días…
– No voy a salir con ella en la nieve – Suspiré.
– ¿Por qué no? Estoy segura de que va a divertirse.
– No cambies el tema – Reñí.
– Ok, ok… no voy a decir nada acerca de eso – Rodó los ojos. Las puertas del ascensor se cerraron y bajamos al garaje. Normalmente caminábamos a casa de Abe, pero hoy estaba nevando y no saldríamos en la nieve con la bebé – ¿Cómo puede ser tan perfecta? – Suspiró.
– Simple, tiene una madre perfecta – Sonrió – Ella es tan hermosa como tú.
– ¿Bromeas? – Se rio – La atrevida no tiene nada mío… ni el color…
– Estás exagerando – Reí, colocando la bolsa en el asiento del pasajero mientras Rose entraba detrás, acomodando a la bebé en su sillita.
– Dime una cosa que esta niña tenga en común conmigo – Desafió, mirándome a través del retrovisor – Es blanca igual a ti, los ojos aún tienen un color indefinido, el cabello de mi madre…
– La nariz… – Sugerí.
– No… – Me cortó.
– La boca. Siempre he creído que su boca es parecida a la tuya – Me encogí de hombros mientras salíamos con el coche.
Rose se inclinó sobre la sillita para observar la boca de la bebé.
– Se parece un poco – Se dio por vencida.
– Mi madre le encuentra parecido con Sonya – Provoqué.
– ¿Lo ves? – Exclamó – ¡Esta ingrata salió parecida a todo el mundo, menos a mí!
Me carcajeé ante la indignación de la morena. No tardamos en llegar a casa de Abe; ellos no celebraban exactamente la Navidad, pero él nunca rechazaba una fiesta.
El año pasado la Navidad fue en casa de Eric, lo que generó cierta incomodidad ya que Natasha había sido invitada a causa de Christian, que no quería dejar a su tía sola en esa fecha. Afortunadamente este año ella iría a la casa de su nuevo novio, por lo que no corríamos el riesgo de encontrárnosla.
Janine abrió la puerta antes de que Rose pudiera tocar el timbre, sorprendiendo a la morena al arrebatarle a Zazie de sus brazos.
– Gracias a Dios que llegaron – La mujer exclamó aliviada antes de caminar dentro con la bebé – ¡Tu padre me está volviendo loca!
– ¡Pero, espera! – Rose corrió detrás de su madre, dejándome solo. Cerré la puerta, siguiéndola y casi chocando en ella cuando se volvió apresurada – Tomó el ascensor y me dejó atrás – Exclamó antes de correr hacia las escaleras.
– Rose, no es como si la hubiera secuestrado – La seguí – Probablemente están en la sala…
– Pero…
– Vamos, aprovecha para descansar un poco – Sugerí, pasando el brazo alrededor de sus hombros, subiendo con ella las escaleras.
Cuando llegamos al segundo piso encontramos a Janine en el hall.
– ¿Dónde está Zazie? – Rose preguntó.
– Con tu padre – Janine se encogió de hombros – Hola Dimitri.
– Es bueno verte, Janine…
– ¡Mamá, no puedes desaparecer con mi hija cada vez que vengo aquí! – Rose insistió.
– Vasilisa anunció su embarazo y tu padre me estaba enloqueciendo – La mujer suspiró – Deja que se distraiga con la bebé y olvide esa historia.
– ¿Lissa está embarazada? – Rose se sorprendió – ¿¡Y no me lo contó!?
– En realidad fue Eric quien lo dijo; parecía que ella quería que fuera una sorpresa – Explicó guiándonos hacia la sala.
Christian y Lissa se habían casado hace cerca de un año. Para desesperación de Abe, Lissa mantuvo el apellido Dragomir y Eric no le dejaba olvidar eso.
Y ahora un bebé…
– Estoy seguro de que será un niño – Eric declaró orgulloso – Un niño que llevará el apellido de la familia.
– Será Ozera – Christian interfirió.
– Nosotros no sabemos si es un niño – Lissa gimió.
– No me importa – Abe alzó a Zazie, librándola de la manta que la mantenía envuelta – Dudo que sea tan bonito.
– ¿Qué estás haciendo con mi hija? – Rose gruñó.
– ¿Ves de lo que te hablo? – Janine llevó su mirada hacia Abe – Dame a la niña.
– Él dice que el bebé será un niño – Abe se justificó – Rosemarie, ¿cuándo tendrán un niño?
– Estoy celebrando el hecho de haber logrado mantenerla viva por dos meses, ¿y tú ya quieres que planeé el próximo? – Levantó la voz – ¿Por qué no pueden por lo menos fingir que son normales?
– ¡No sabemos si será un niño! – Lissa insistió.
Me apoyé en el marco de la puerta, observando a Rose ir hacia donde su padre se quejaba de lo injusto que era no tener un niño Mazur mientras que Eric tendría un niño Dragomir. Lissa continuaba repitiendo que no sabían si sería un niño, a la vez que Christian intentaba explicar que sería un niño Ozera y no un niño Dragomir.
– En momentos como este le agradezco a Dios por haberte elegido como el Señor Rose y no a mí – La voz de Adrian me sorprendió – Esta familia está loca, apuesto a que estás pensando en dónde te metiste.
– No exactamente – Abrí una pequeña sonrisa – No es tan diferente de mi familia en Rusia.
– Pobre Zazie – El muchacho suspiró.
– ¿Dónde está Avery? – Pregunté.
– Fue al baño – Explicó.
Ambos también terminaron casándose luego de un fin de semana en las Vegas. Fue el último viaje que hicimos juntos a principios de año. Rose aún no había descubierto el embarazo y fue una sorpresa cuando los dos llamaron a nuestra puerta en la habitación del hotel, en medio de la madrugada, completamente borrachos para invitarnos a celebrar la boda.
Daniela y Nathan fliparon cuando volvimos a casa y vieron a la chica con una alianza improvisada en el dedo, pero de alguna manera ellos consiguieron mantenerse. Avery asumió el lugar de Mía en la editorial, ya que ella se mudó a Pensilvania luego de la muerte de su madre para ayudar a su padre. Mientras que Adrian… bueno, no sé exactamente lo que hace, o si él está haciendo algo.
– Si yo fuera tú, alejaba a la pobrecilla de él – El chico sugirió cuando la bebé comenzó a protestar debido al ruido y por estar pasando de brazo en brazo.
Me acerqué discretamente a Rhea que estaba sosteniendo a Zazie, mientras Rose le explicaba a su padre el motivo de no ponerle su apellido a nuestros hijos. Tomé a mi hija en brazos saliendo de la habitación enseguida, tratando de calmarla en lo que ella ensayaba llorar. Noté a Avery acercándose junto a Adrian para verla mejor.
– No creo que yo pueda hacer eso – Avery comentó.
– Estoy seguro que no – Adrian la miró.
– Rose tampoco lo creía – Provoqué mientras acunaba a la pequeñita – En realidad ella está celebrando el hecho de haber conseguido mantenerla viva por dos meses.
– ¿Llorará si intento sostenerla? – Avery se mordió el labio.
– Adrian, ¿¡puedes venir aquí y explicarles que no voy a tener un niño!? – Lissa lo llamó a la sala.
– Están solicitando mis servicios – Guiñó antes de alejarse, a la vez que Avery intentaba sostener a la pequeña bebé.
– Creí que iban a pasar Navidad con los Ivashkov – La miré.
– Adrian también lo creyó, pero su padre le dijo que tal vez sería mejor si no apareciera conmigo – Avergonzada desvió la mirada – Daniela aún no lo acepta del todo y él no quería causarle más molestias.
– ¿Más molestias? – Fruncí el ceño.
– Ella no se adaptó bien a Tulsa – Explicó – Considera inferiores a las mujeres de allá, por lo que no hizo amistad con nadie y también tuvieron que bajar su nivel de vida…
– No debe ser la compañía más agradable en este momento – Comenté.
– ¿Ha sido agradable alguna vez? – Avery hizo una mueca, abriendo los ojos cuando Zazie empezó a llorar – No es fácil para Adrian.
– Imagino que no – Tomé a la bebé de sus brazos.
– Creo que es mejor que me aleje de ella – Se mordió el labio al notar que la bebé no paraba de llorar. Se fue antes de que pudiera responder, dejándome con mi princesita.
– Vamos, puedes dejar de llorar, solo somos tú y yo ahora – La erguí, mirándola a los ojos. Acerqué mi nariz a su cuello, respirando profundamente para absorber su aroma a bebé, antes de besar su cara.
– ¿Por qué estaba llorando? – La voz de Rose llamó mi atención.
– Solo le extrañó tanto movimiento – Le expliqué – Ya pasó.
– Pasó porque se trata de ti – Hizo una mueca – Yo nunca puedo hacer que ella deje de llorar tan fácil.
– ¿Estás celosa, Roza? – Provoqué, volviendo a observar a mi niña.
– No – Se rio apoyando la cabeza en mi brazo – Al final de cuentas, yo era así con mi padre.
Me alejé lo suficiente para envolverla en un medio abrazo, besando su cabeza mientras ella observaba a nuestra hija.
Hubo una época en la que creí que tenía la vida perfecta. Hoy veo cuán incompleta era sin mis dos chicas, sin mi familia.
Fin.
Aww! ¿Alguien más muere de amor?
Espero que les haya gustado el capítulo y que no les dé un ataque al leer que es el fin, puesto que no es así, aún hay dos capítulos más.
Gracias por leer, seguir y comentar.
Besos, Isy.
