Capitulo 33. Prioridades


Mikan se encontró sentada en un lugar en el que no quería estar, tenía miedo de que Yamato regresara, tenía curiosidad por Arashi el misterioso chico que la había ayudado y desaparecido y sobre todo tenía unas enormes ganas de seguir a Natsume, por lo que comenzó a ponerse de pie con calma, una herida en la espalda era totalmente malintencionada, no morías pero podías quedar con muchos problemas, Mikan siguió la única dirección que Natsume y Amaya pudieron tomar, las escaleras hacia arriba, subió aún más despacio escuchando los sonidos de lucha, Natsume se encontraba en uno de los bordes y Amaya en el otro, la chica corría e intentaba bloquear el fuego con su larga lanza pero Natsume era implacable y no la dejaba acercarse en lo mínimo, en ese momento Mikan comprendió porque Natsume pertenecía a la clase de habilidades peligrosas, su fuego era como una enorme pared que no dejaba ninguna abertura para sus enemigos, las llamas crepitando le daban un aspecto peligroso, cierto brillo maligno en sus ojos.

Mikan se acercó con más cuidado, Natsume solo la miro un momento y le tendió una mano que ella tomo, mientras que le paso otra por la espalda para mantenerla firme. – Y no te podías quedar tranquila en el piso de abajo. – Dijo el chico mientras no dejaba de mirar a Amaya que se encontraba acorralada.


En su celda Haruka sabía que su vida se encontraba en su límite, algo se había roto en su interior y sus recuerdos se deformaban, asustándola y dejándola sin aliento por lo que la chica rasguñaba sin cesar su garganta pensando que algo estaba mal con ella.

En su mente sabía que todo lo que había hecho mal era ser un Alice, se abrazó a si misma mientras intentaba dejar de pensar en todo lo demás, intentando dejar de pensar incluso pero cuando abrió los ojos y vio unos restos de vidrio en el suelo, descubrió cual era la respuesta, se acercó despacio y tomo el vidrio más largo y grande, vio sus manos sucias y resecas de sangre y una parte de ella quiso preguntarse "¿Qué está pasando contigo? Así no eres tú" pero nada en ella lo supo responder, su única respuesta fue clavar el vidrio más y más en su garganta hasta que sus manos perdieron la fuerza y Haruka por fin dejo de pensar, su mente se detuvo y ella solo se concentró en el dolor, en el dolor de su muerte.


Mikan sintió el cuerpo cálido de Natsume a su lado y se sintió capaz y protegida, en la mañana había sentido pánico al descubrir a Yamato en su cama pero ahora se sentía bien, las heridas no importaban pues sanarían, el temor se había esfumado y con él, la mayor parte de los recuerdos que había perdido le habían dejado de molestar, suspiro rápidamente y se acercó a las llamas, Natsume la siguió de cerca.

-Amaya. – Dijo Mikan cerca del borde pero la chica de cabello negro la ignoraba pero a la vez las llamas la empujaban más y más cerca del borde, hasta que Amaya la miro de frente solo las separa la pared de fuego.


Amaya se encontró aprisionada por las llamas y vio a una niña en el borde, al mirarla se encontró con su reflejo con un cabello más castaño, Amane la miraba preocupada con rostro serio, sus ojos piadosos le dieron ganas de golpearla pero el fuego se lo impedía.

-Amaya, no sé porque haces esto pero tienes que parar… - La chica paro su plática ante el grito de Amaya, y Amaya noto que detrás de Amane se encontraba Yamato, el Yamato que no era un psicópata, el del cabello castaño y ojos amables pero los ojos de este hico no eran amables y en Amaya se creó una duda, cayó al suelo de rodillas viendo a la chica que tenía en frente, los rasgos anodinos se volvieron definidos y delicados, el cabello castaño fuerte se volvió castaño claro y los ojos negros se volvieron de un extraño color dorado con verde. – Amaya, por favor detente. – Dijo Mikan.

En ese momento sabia porque relacionaba a Amane y Mikan, las dos siempre se salían con la suya, eran amadas y protegidas mientras que ella siempre se quedaba a un lado, toda la rabia de Amaya se enfocó en ella y en la barrera que la estaba haciendo retroceder pero a la vez que el fuego se hacía más grueso al frente de ella, desaparecía de los lados, se puso de pie y en esta ocasión enfoco a Natsume Hyuuga el causante de la barrera de fuego.

-¿Quieres saber porque hago esto? – Dijo Amaya más consciente de lo que estaba en los últimos días, miro la barrera mientras más se acercaba a la niña más se iba acortando de los lados, solo un poco más. – Eres igual a ella…quieres todo para ti, todos te prefieren ¿Por qué no puedo ser yo por una vez? - Dijo con una mezcla de repugnancia hacia lo que ella misma decía.

-¿Igual a quien…? – Dijo Mikan con una mirada más melancólica que nada, la berrera se movía despacio.

-A mi hermana, Amane. – En ese punto la barrera dejo dos aberturas por ambos lados que eran lo suficientemente grandes para que Amaya alcanzara a los dos niños.


Ume traía en sus manos el folder amarrillo que contenía su foto y el folder de Rei Serio, había buscado el número de folio que se encontraba al lado del que debía ser su hermano mediano pero ese folder no existía, no lo encontró por más que busco, así que fue a hacer lo primero que se le ocurrió que fue buscar a Rei Serio su hermano mayor, en la sala de profesores al preguntar por él le dijeron que lo mandaron a un edificio cercano de la sala principal de profesores pues había ocurrido un disturbio, la zona estaba cercada nadie podría entrar entonces ella sugirió que podría ayudar, fue la única forma que encontró para entrar al lugar, cuando entro al edificio miro a la que ella adopto como familia pelear contra su familia biológica, Ryunami se mantenía alejado de Rei pues el soltaba pequeñas nubes oscuras que Kai mantenía contenidas mandando pequeñas burbujas de agua que aprisionaban el tiempo suficiente la nube oscura como para alejarla del chico, Ume se fijó más en Rei Serio y noto demasiadas similitudes, tenían el mismo tono de cabello oscuro, la pálida piel de Ume era un reflejo de la de Rei, los ojos de Rei de un profundo negro oscuro se tintaban de azul marino al usar su Alice igual que los de Ume de un rosado intenso, y se sintió tonta por no haberlo notado, claro que había escuchado de Rei Serio, "La parca" que traía muerte y estaba bajo el servicio de la Gakuen Alice Japonesa, claro que Ume debió de haberlo notado eran tan similares, sintió la sangre hervir como si sus Alice se llamaran, muerte y putrefacción claro que eran hermanos, cerró la puerta con cuidado a su espalda y se encamino hacia su familia.


Mikan la vio acercarse pero con la misma certud de que ella no se podía mover, se sintió inútil al tener ese tipo de herida, en cambio Natsume reaccionó rápido, lanzó una llamarada de fuego a Amaya como si de una flecha se tratara, pequeña y certera pero la chica al tener la lanza evitaba el fuego con esta

Mikan miró su anillo en el suelo, de seguro Amaya lo encontró después de la pelea que tuvo con Yamato en su cuarto, camino intentando ir lo más recta posible pero sabía que su espalda estaba en su límite, tocó la pequeña bolita del anillo, sacando las dos oz pues había perdido las espadas de luna.

-Natsume - grito la chica mientras las lanzaba hacia el chico, Natsume las atrapó en el aire y Mikan se sorprendió al ver como este chico sin entrenamiento tenía un instinto tan grande que usaba las espadas con forma de oz de una forma casi elegante, era lo suficientemente fuerte para contener a Amaya una persona con entrenamiento.

Mikan intento seguirlos pero cada vez se acercaban más y más al borde del edificio, se puso de pie con esfuerzo y toco la última bolita que le quedaba a ella, la pistola solo tenía que acertar pero su mundo en ese momento se empezó a tambalear y supo que no eran mareos, el edificio tuvo una sacudida que la volvió a tirar al suelo, tanto Natsume como Amaya se encontraban en el suelo pero Amaya fue más rápida en recuperarse y soltó un tajo que Natsume casi esquiva, casi, la sangre salió de su pecho y Amaya se acercó más para dar el último golpe, pero Mikan apunto y disparo hacia la mano de Amaya, la oz salió de su mano disparada por los aires.


Mikan nunca había matado a nadie, ella había aceptado a aprender a luchar para defenderse a sí misma, había aceptado el aprender a usar armas para defender a los que quería pero nunca había aceptado el hecho de matar a alguien ¿Qué pasaba cuando esa persona no se detendría hasta verte morir? Miro a Natsume en esa fracción de segundo, lastimado y con la sangre corriendo entre sus manos mientras se intentaba poner de pie ¿Qué pasaría si le hacía daño a el? Mikan levanto la pistola y apunto, Amaya retrocedió un paso, dos pero Mikan se acercó igualmente, despacio sentía que su propia herida en la espalda le exigía sentarse a descansar. – No puedes tener su vida, ni la mía. – Dijo Mikan con voz clara y disparo, ella no pensaba matarla solo un disparo en el brazo que la hizo desestabilizarse pero no conto con que el edificio se volvería a sacudir, Amaya tambaleante cayo por el borde y Mikan corrió hacia ella su mano se mantenía sujeta al borde del suelo.


Kai Ryunami siempre supo que Ume era diferente, de hecho la definía mejor la palabra poderosa y ahora lo podía rectificar, Ume se mantenía ilesa de su pelea con Rei Serio mientras este tenía todo el brazo derecho infectado con un tinte verduzco en su piel, claro que el alejaba la nube negruzca que Rei le enviaba a Ume con su Alice de agua, esos dos simplemente eran sorprendentes pero él sabía que Ume se estaba conteniendo, no utilizaba armas e incluso intentaba hablar con el hombre diciéndole que se detuviera y preguntándole si acaso no veía las similitudes, a Kai nada de eso le importaba pues cada que el hombre fallaba en utilizar su Alice en Ume, el golpe se dirigía hacia el suelo o las paredes del edificio y ahora podía sentir como este aunque ligeramente se empezaba a bambolear, en cambio Ume parecía querer evitar lastimar al hombre, sus ataques de putrefacción también dañaban el edificio aunque en menor medida. Kai estaba seguro que el edificio no aguantaría y como si el lugar escuchara sus pensamientos, los cimientos crujieron y todos sintieron como los pisos de arriba se movían.


Amaya era la mayor y amaba a Amane, la amaba era lógico pues ellas eran hermanas pero al mismo tiempo la envidiaba, en su mente Amane era el constante recuerdo de una persona que era igual a ella en todo sentido, físico, crianza hasta en Alice pero Amane había logrado tantas cosas que ella no, colgada del borde del tejado Amaya pensó que sería su fin pero se sintió bien al saber que por fin había hecho algo mejor que Amane, ella había vivido más tiempo que Amane, hasta que Mikan se asomó por el borde estirando su mano. – ¡Amaya! – Grito la chica y en ese momento Amaya volvió a pensar en ella como Amane, su dulce y pequeña hermana, la envidia era su principal sentimiento hacia ella pero luego venia la culpa, Amaya se estiro intentando tomar la mano de la chica y lo logro, recordando todas las veces que se repitió esta situación, de niñas su madre las abandonaba en el orfanato y Amane tomo su mano, ella la rechazo. Cuando pensó que Amane seria adoptada y ella no, Amane dulcemente tomo su mano sin importarle dejar una buena vida por ella. Amane tomando su mano mientras ella corría escapando del orfanato con toda la libertad por una pendiente. Amaya rechazando la ayuda de su hermana por su envidia, dándole una manzana que le daría a Amaya una oportunidad de triunfar sobre Amane. Amaya tendiéndole la mano a Amane solo para descubrir sus secretos y después traicionarla. Y por último Amaya recordó el cadáver de Amane con su mano colgado de su cuerpo inerte, esa mano que de seguro se intentó defender, miro a su hermana que sostenía su mano ahora, siempre ayudándola pero al mirar su rostro vio una mirada fría como si la niña también hubiera recordado todo su vida juntas y como si se diera cuenta que estaría mejor sin ella soltó su mano. Y Amaya comenzó a caer, no la culpaba como su hermana mayor, acepto que las cosas debían ser así.


Mikan miro a Amaya en el borde, parecía que hacia un gran esfuerzo por mantenerse agarrada y sin pensarlo ella extendió la mano, Amaya luchaba por tomarla y en ese momento Natsume se movió, había quedado inconsciente después de que el edificio se moviera por segunda ocasión, de su herida seguía saliendo demasiada sangre, una parte en la mente de Mikan le recordó que Amaya intentaría asesinarlos nada más se encontrara a salvo, el odio irracional que sentía hacia ella se había extendido a Natsume y ella estaba segura que no se detendría, los dos eran personas importantes para ella, Amaya fue de sus primeras amigas después de Ume y Kai, a su mente vino un recuerdo.


Mikan se encontraba en el cuarto que desde ahora compartiría con las otras chicas de la sección de especiales, habían tres literas repartidas en las tres paredes del cuarto, ella se sentó en la de en medio sintiéndose totalmente inútil, su determinación de proteger a Ume y Ryunami no había servido para nada, Ume había sido asignada a los exterminadores y Ryunami a los generales, ella en cambio no podría protegerlos en ese lugar, su determinación de hacerse más fuerte para cuidarlos había sido inútil y por si fuera poco ahora los vería menos al no estar en la misma sección que ellos, sintió que las lágrimas querían salir de su rostro por lo que se acostó esperando reprimirlas.

-Hola, tú debes de ser Mikan. – Se encontró con una niña de rasgos redondeados y un cabello tan negro como sus ojos. - ¿Qué pasa? – Dijo viendo las lágrimas de Mikan.

-Yo no quiero estar aquí. – Dijo Mikan sorbiendo las lágrimas desde la cama. – Querría estar con Ume y Ryunami.

-Ohh. – Dijo la chica dándose la vuelta mientras ocultaba su expresión. – Sé que son cercanos es una lástima, así no podrán protegerte…

-No quería que ellos me protegieran. – Dijo Mikan y por fin las lágrimas pararon. – Yo quiero protegerlos. – Dijo con toda la seguridad de la que era capaz.

La chica por fin la miro con una sonrisa astuta en el rostro. – Estoy segura de que seremos buenas amigas. – Dijo mientras le tendía la mano y la ayudaba a pararse de la cama. – Mi nombre es Amaya Fukui.


Y lo fueron, fueron buenas amigas hasta que Amaya intento asesinarla pero ahora también intentaba asesinar a Natsume y eso nunca lo permitiría, Natsume era el único que la entendía en este lugar, así que existían prioridades de una vida sobre otra, Mikan quería a ambos pero no permitiría que la demencia de Amaya continuara y acabara con sus vidas y por fin comprendió por qué Ume no dejaba a nadie con vida cada vez que hacia una misión, el rencor y la envidia era algo que solo se paraba con la muerte de esa persona, miro a Natsume aun inconsciente en el suelo, el la apoyaba y había venido a buscarla, ella simplemente no podía dejar que la envidia de Amaya llegara hasta él y lo persiguiera igual que a ella, esa envidia no terminaría hasta que Amaya los matara a ambos, comprendió las prioridades y lo que tenía que hacer.

Mikan soltó su mano y vio como Amaya comenzó a caer, después de eso no quiso ver más, miro a Natsume que parecía dormido Mikan solo pensaba en que había hecho lo correcto por los dos pero que se arrepentiría mucho tiempo.