IN FRAGANTI

Por: Tita Calderón

CAPITULO XXXVII

Se limpió las lágrimas con suavidad, tratando de no maltratarse los ojos, dobló la carta con cuidado de no arrugarla, y la sostuvo un momento entre sus dedos. El mensaje escrito parecía quemarle las entrañas, apretó el papel con fuerza tratando de esconder los oscuros sentimientos que atormentaban su alma.

Levantó la vista y se miró en el espejo, el reflejo le devolvió una mirada asqueada. Se resistió a bajar la mirada tratando de retar a la mujer del reflejo, pero no lo logró.

-Lo sé, lo sé…- sollozó avergonzada.

-Soy una persona horrible – admitió derrotada escondiéndose bajo el brazo para no encontrarse con el reflejo acusador del espejo.

Se suponía que debería estar feliz por su amiga, pero lo único que sentía era una voraz desazón que le carcomía el alma.

Tal vez, por eso mismo, no era tan feliz como debería.

Tal vez, por eso mismo, no llegaba la proposición tan ansiada.

Cerró los ojos unos instantes, buscando en sus memorias desde cuanto llevaba clavada en el alma esa espinita de celos y envidia que no le dejaba compartir de corazón las alegrías de su amiga.

Aquel rencor venía desde niña, descubrió atormentada. Pero no entendía bien porqué.

Tal vez porque todos siempre la quisieron más que a ella, o simplemente, porque siempre quiso ser como ella. Ser, así de feliz, así de desinteresada, así de agradecida con la vida.

Debería ser mejor persona, tal vez así, solo así, sus sueños se harían realidad.

Tomó un respiro desde lo más hondo de su alma, llenándose de valor para tratar de cambiar, abrió el cajón y sacó papel y lápiz.

"Querida Candy…"

Empezó a escribir, pero un golpe en la puerta la interrumpió.

-Señorita Annie – dijo la mucama en cuanto abrió la puerta – La señorita Patty esta abajo.

-Dile que suba.

-Enseguida señorita.

Se miró en el espejo y recompuso el rostro, mientras se preguntaba si había alguien más, sobre la faz de la tierra, que no estuviera feliz con la noticia del embarazo de Candy, o si sólo ella, era el único ser mezquino que se decía ser su amiga y que no compartía por completo su felicidad.

Pero en realidad, Annie, no era la única que tenía esos sentimientos violentos, Margarita se sentía incluso peor.

Aunque hay que recalcar, que Margarita nunca fue amiga de Candy, ni lo sería.

Cuando Margarita se enteró que la esposa de William Andrew estaba embarazada, la realidad la abofeteó con fuerza, era algo que tarde o temprano sucedería, pero ahora que era una realidad palpable se dio cuenta que en el fondo aun albergaba una inútil llamita de esperanza que en ese momento se apagó y dejó su alma sumida en la oscuridad del desamor.

La fuerza del despecho le dio el valor para redactar su carta de renuncia y romper cualquier lazo laboral con las empresas Andrew, era tonto seguir trabajando para un amor imposible.

Caminó, mejor dicho, vagó durante bastante tiempo sin saber qué hacer de aquí en adelante con su vida, ahora que por fin había muerto la última esperanza.

-¡Margarita! – alguien la llamó.

Regresó a ver saliendo del sonambulismo en el que había vagado durante días. Sus ojos encontraron a un chico de pelo negro y mirada amable, era su vecino que siempre la saludaba con entusiasmo, y al que ella apenas y contestaba con un asentimiento de cabeza.

Iba hacer lo mismo de siempre, esquivarlo, pero en ese momento se dio cuenta que si seguía ignorando al mundo por una utopía, la vida se le iría. Sonrió y lo saludó, tal vez no con el mismo entusiasmo, pero si con la convicción de darle una oportunidad a la realidad, a su realidad.

-¡Annie, estoy tan feliz! – dijo Patty en cuanto entró a la habitación de Annie.

-¿Y eso por qué Patty? – Annie sonrió al ver la cara sonriente de Patty.

Patty suspiró desbordante de felicidad, las ideas se le habían borrado de la mente así que estiró su brazo alargando la mano para que viera el anillo que ahora adornaba su dedo anular.

-¡Stear me pidió matrimonio! – dijo colocando la otra mano en el pecho, visiblemente emocionada.

-¡No lo puedo creer! – dijo Annie mientras miraba con curiosidad el delgado anillo que lucía Patty.

-Dijo que no quiere esperar, que la vida es muy corta para andar con largos noviazgos - le comentó radiante de felicidad.

-Oh, Patty estoy tan feliz por ti.

Pero Patty alcanzó a ver la sombra de tristeza que cruzó por los ojos de Annie.

-Archie también te pedirá matrimonio, no lo dudes Annie. Solo dale un poco de tiempo, ya ves, que a él le gusta todo perfecto.

-¿Más tiempo? – preguntó descorazonada - ¿Cuánto? – sus ojos se nublaron de impaciencia.

-La pregunta no es cuanto tiempo, Annie – le dijo Patty tomando sus manos – La pregunta es: ¿lo amas lo suficiente como para esperar?

-Si – contestó Annie bajando la mirada - lo amo con todo mi corazón. – suspiró con fuerza – Pero si él mi quisiera tanto como yo, ya me lo hubiera pedido. ¿No lo crees? – pensó por milésima vez en cómo se sentiría si fuera ella quien llevara un anillo de compromiso. La desesperanza la abofeteó con fuerza.

-Cada persona es diferente.

-Lo sé – corroboró Annie tragando lágrimas amargas – Es solo que…a veces pienso…que nunca me lo pedirá – admitió en voz baja

-Te lo pedirá, Annie. He visto cómo te mira.

-¿Cómo?

-Como si fueras todo para él. – aseguró Patty con una sonrisa mientras a Annie le volvía la esperanza - Y además siempre busca la manera de quedarse a solas contigo – le recordó con una pizca picardía.

Annie enrojeció.

-Estoy segura que cuando están a solas, no te habla de experimentos como lo hace Stear. – Patty sonrió mientras ponía los ojos en blanco, recordando las interminables charlas sobre fórmulas que Stear siempre quería contarle.

Las mejillas de Annie se volvieron púrpuras de la vergüenza y apenas pudo negar con la cabeza.

-Por cierto, ¿ya le escribiste a Candy felicitándola por su embarazo? – preguntó Annie cambiando de tema, no quería que le preguntara que hacían cuando se quedaban a solas.

-El mismo día que recibí su carta. ¿Y tú? – Patty no era tonta y se dió cuenta que Annie quería cambiar de tema. Seguro Archie hacía algo más que hablar, a lo mejor podía darle unos consejillos a su hermano para que hablara menos de inventos y fórmulas. Aunque sabía que hablar de eso, era la manera que había ideado para evitar hablar de la guerra. Y por eso siempre lo escuchaba con atención.

-He sido una desconsiderada – admitió apenada - recién estoy escribiéndole.

-Más vale tarde que nunca. – Patty sonrió - ¿Por cierto ya te enteraste lo de Elisa?

-No. Está tan insufrible desde que se comprometió. – dijo Annie poniendo los ojos en blanco.

No era justo, que hasta la malévola de Elisa estuviera por casarse y ella, a este paso, seguramente se quedaría para vestir santos. Pero al menos Archie daba unos besos espectaculares. Se consoló.

-Pues desde ahora va a estar peor, creo – dijo Patty.

-¿Por?

-Creo que no se casa.

-¿Qué?

-Estaba en la casa de la señora Elroy cuando llegó la noticia que Elisa había sorprendido a su novio y a su amiga, Elizabeth, besándose en el jardín de su casa.

-¡No!

-¡Sí!

-Pobre Elisa. – dijo Annie llevándose las manos a las mejillas para amortiguar el impacto de la noticia.

Elisa había tirado todo lo que había en su peinadora y luego había arrancado las cortinas, tratando de arrancarse del alma. El dolor del despecho se había apoderado de su alma.

En su ira había arrasado con todo a su paso, cuadros, tazas, figuras de porcelana, de plata, las sirvientas y todo aquel mortal que se cruzara a su paso.

Se suponía que Elizabeth era su mejor amiga, pero no había tenido reparos al dejarse besar por su novio, era suyo.

Y se suponía que Donald la amaba, por eso le había pedido matrimonio a ella, no a Elizabeth, pero en cuanto se había descuidado, se escabulló al jardín para acorralar a su amiga, a la mejor, olvidándose de ella y de todo lo que le había prometido. ¡Maldito! ¡Desgraciado! ¡Infiel! Y ella era una ¡cualquiera!, ¡una regalada!

Odiaba a todo el mundo y el mundo la odiaba a ella.

Quería romperlo todo, quería destrozarlo todo, quería arrancarse del pecho el corazón. ¡Quería venganza!

Y lo que más le desgarraba eran las palabras de él cuando le dijo que aquí se terminaba todo.

-De todas maneras, si me casaba contigo, igual no iba a conseguir una alianza con Andrew.

-¿Qué? – Elisa se quedó de piedra con esa afirmación.

-Por favor Elisa, pensaste que me casaba contigo solo por tu linda cara – hizo un gesto negativo con la cabeza.

Elisa se había lanzado para abofetearlo, pero él, era más alto, más fuerte, más calculador, sostuvo con fuerza los brazos de Elisa.

-Piénsalo, en realidad nos he hecho un favor.

Y con esas palabras había salido de la vida de Elisa sin remordimientos y sin regresar a ver.

-No sé qué hacer – comentó consternada Sara Legan a Elroy – Elisa no quiere comer, no quiere hablar, ni si quiera llora. Parece muerta en vida. – sollozó descorazonada.

-Es de esperarse, es una situación muy difícil.

-Ha pasado ya un mes – dijo entre lágrimas.- Y para variar Neil, no contento con agarrarse a golpes con ese infeliz, quiere vengarse a cualquier precio.

Y cuando Neil había asegurado que se vengaría a cualquier precio, en realidad era a cualquier precio. Si tenía que asociarse con la mafia para hundir a ese desgraciado, lo haría, y si tenía que vender su alma al diablo para humillar a Elizabeth en público, lo haría, nadie le hacía eso a su hermana.

-Tal vez si la sacas de aquí, llévala a Lakewood, a Florida, a cualquier lado. – le sugirió Elroy con preocupación.

-No quiere moverse de donde está.

-Déjame hablar con ella, a lo mejor pueda convencerla.

Sara hizo un asentimiento de cabeza agradecida, la altiva señora Legan no era ni sombra de lo que fue.

-Elisa, cariño, la señora Elroy, ha venido a verte.

Elisa ni siquiera pestañó, tan solo miraba al frente sin mirar, concentrada en los puntos invisibles del aire.

Elroy entró y vio que casi no había nada en el dormitorio, a no ser por la cama y los muebles grandes, el resto había desaparecido. Pero lo que más le sorprendió fue el rostro demacrado y el pelo sin vida de Elisa.

-Si piensas que con esa actitud lograrás disminuir el sufrimiento, estas muy equivocada – fueron las palabras secas y sin piedad que Elroy empezó diciendo a Elisa.

.

Candy se paró de perfil frente al espejo y sonrió extasiada mirando la pequeña media luna que ahora era su vientre. Claro que para verlo tenía que presionar el vestido en la parte baja, tanta tela no le permitía ver con claridad su creciente vientre.

Lo acarició una y otra vez con suavidad, ascendiendo y descendiendo con lentitud mientras imaginaba a ciegas el color de la mirada del bebé que crecía en la oscuridad de su vientre, tratando de imaginar sus facciones, el color de su pelo, la calidez de su sonrisa y con cada conjetura su corazón se estremecía de ternura.

Le contó con voz suave que su papá tenía los ojos color del cielo y la sonrisa más hermosa que podía imaginar, que era el hombre más guapo que había visto en su vida, que seguramente tendría el pelo del mismo tono de rubio que su papá y que moría por tenerlo ya en sus brazos.

Albert la miró de paso y se paró un momento para observarla con intensidad en la distancia mientras escuchaba con atención lo que ella le murmuraba a su hijo.

Candy levantó la mirada de su vientre y se topó con la mirada de Albert en el espejo, sonrió ruborizada por ser descubierta, mientras él se acercaba lentamente, como si quisiera detener el tiempo.

-Parece que el tiempo pasa más lento – dijo Candy cuando Albert la abrazó por atrás, abarcando su vientre con suavidad.

-El tiempo pasa igual, es la espera lo que parece detener el tiempo – susurró en su oído.

-Sí.

Candy volvió su mirada y vio el reflejo de los dos en el espejo.

Él tan alto, tan guapo, tan esbelto y ella, ella ya no estaba tan delgada, tampoco es que estuviera gorda, no, pero su barriga ya se notaba.

-¿Y ese gesto? – le preguntó Albert al ver como arrugaba la nariz y hacía un mohín con su boca.

Candy suspiró hondo antes de contestar.

-Sentimientos encontrados – sonrió apenada – mejor dicho, más que sentimientos, diría: vanidades femeninas encontradas. – sentenció dando una honda respiración.

-No te entiendo – Albert la miró desde el espejo.

-Por un lado estoy muy feliz que ya se me note el embarazo, y por otro lado – inclinó la cabeza – me preocupa que…- cerró la boca, debatiéndose en contarle o no sus confusiones.

-¿Qué? – la instó Albert con paciencia.

-Es que mi vientre va a seguir creciendo y creciendo y no sé si me seguirás viendo igual - se sonrojó e inclinó más la cabeza para mirarse los pies.

Albert sonrió y apretó con suavidad su abrazo mientras se acomodaba para susurrarle con comodidad en el oído.

-Eres lo que más amo en esta vida. Para mí, no hay otra mujer más hermosa que tú. Eres hermosa por dentro y por fuera – tomó con suavidad el lóbulo de la oreja entre sus labios. – Eres simplemente…PRECIOSA – le susurró con voz profunda.

Las hormonas se le dispararon. Era demasiado tiempo para seguir con este celibato autoimpuesto. Además el médico les había dicho que su vida íntima podía continuar sin problema.

Giró todo lo que pudo su cabeza para encontrar los sedientos labios de él y empezó un beso suave, que poco a poco se fue profundizando y alargándose, un beso que les recordó que necesitaban más contacto, que les hizo olvidar el motivo de su dilatada abstención.

Unos pasos se acercaron por el pasillo, pero ellos ni siquiera los escucharon, estaban demasiado ocupados en el roce cálido y mojado de sus lenguas.

-Disculpe señor - dijo el mayordomo mientras se aclaraba con un poco más de fuerza la garganta - acaba de llegar este telegrama – miraba al frente como si fuera un soldado.

Albert besó la mejilla de Candy por unos instantes intentando apagar el fuego de deseo que se había encendido en su interior con fuerza.

-Te amo, preciosa. – le susurró antes de girarse.

Candy estaba ocupada flotando en el limbo para darse cuenta que habían sido pillados en medio de tan abrasador beso.

Albert se giró despacio esperando que aquella parte de su anatomía no se notara demasiado.

-Gracias Ben. – por suerte Ben ni siquiera lo miró, solo se dio la vuelta y se fue.

Albert abrió el telegrama tratando de darle tiempo al mayordomo para que se alejara y poder continuar donde se quedaron.

Al darle un rápido vistazo al papel, se le congelaron las ganas.

Lo mejor era sentarse y volver a leerlo con calma.

Respiró profundamente antes de apretarse el tabique con los dedos.

-Te pusiste muy serio – corroboró Candy al ver el ceño marcado de Albert.

Caminó un par de pasos hasta pararse frente a él y muy suavemente pasó sus dedos por el entrecejo de Albert.

El abrió los brazos y la hizo sentarse en sus piernas.

-¿Malas noticias? – sondeó Candy.

-Algo así…

Candy levantó una ceja y lo miró, luego fijó su mirada en el telegrama que Albert sostenía en la mano.

-La tía Elroy viene.

-Eso ya lo sabíamos – sonrió Candy.

En cuanto Elroy había recibido la carta con la impecable letra de su querido William, informándole que el heredero de los Andrew llegaría dentro de seis meses, casi, casi había delirado.

Se pasó la semana entera con una sonrisa de oreja a oreja, y por supuesto no podía quedarse mirando cómo crecen los lirios en Chicago, tenía que ir a cerciorarse que esa atolondrada de Candice estuviera cuidándose y no haciendo de las suyas. Conociéndola era capaz de aun estar trepando árboles y comiendo pasteles de chocolate a diestra y siniestra. Así que sin pensarlo mucho hizo maletas y se embarcó rumbo al viejo continente.

A su favor debe aclararse que su intención era viajar sola, pero al ver la desolación de Elisa y la desesperación de Sara, tuvo que abrir su burguesa bocota e invitarlas a acompañarla.

-Pero no viene sola – Albert tomó aire - viene con Elisa.

Continuará…


Notas de la autora:

Lo sé, lo sé, no debería dejarlo ahí, pero soy bien mala jajaja. Además a estas alturas ustedes ya deben estar acostumbradas a este tipo de final en los capítulos.

No sé, si recuerdan quien es Elizabeth, ella aparece por primera vez en In Fraganti en el capítulo 6 y luego en el Cap. 9 y 11. Si no la recuerdan, chequeen esos capítulos.

Pero de seguro si saben quién es Margarita ¿verdad? Por si acaso, ella aparece en el Cap. 7. A este paso mejor se leen todo de nuevo jajajaja.

Bueno como ven estoy tratando de cerrar con todos los temas abiertos en esta historia, espero no se me escape nada.

Espero sus comentarios.

Gracias por leer.

Tita Calderón