38- Brillante
Farolillos de cristales de colores en su habitación. En ellos arden pequeñas velas, brillantes, tiñendo todo de su cálida luz de ensueño anaranjada, verde, flores rojas en una pared, estrellas amarillas en otra... Ambos yacen en cama pasando el tiempo, Falco entretenido en la lectura y Fox agarrando su brazo, leyendo con él aquella novela que le había comprado.
Los brazos desnudos de Fox acarician las alas libres del ave que contesta desviando la mirada a él con una sonrisa y dándole un beso simple. El zorro deja la cabeza en su hombro y la suave esencia de canela en rama de las velas se extiende suavemente por la habitación.
Eran cosas que no comprendía antes de estar enamorado y dejarse llevar por los experimentos e ideas repentinas que surgían cuando paseaba con él.
En la mesilla de noche hay una caracola que el zorro alanza y se lleva a la oreja. Le recuerda a Falco trayéndosela de Zoness luego de pedirle que esperase por él en aquella cala solitaria. A la luz de los faroles parece anacarada y su tono marrón se funde con la luz de color.
Falco deja un momento el libro de lado para mirarlo otra vez. Sus ojos reflejan los brillos de toda la estancia y cree desfallecer cuando sonríe bañado por los farolillos.
Al cabo de unos segundos él reacciona y vuelve a mirarlo como antes, distraído por sus ojos ahora oscuros y anaranjados. Vuelve a besarlo despacio, las manos se deslizan por las fuertes alas brillantes de su mejor camarada y amigo. Es entonces cuando deja de lado definitivamente el libro y lo recibe contra su cuerpo, dejándose llevar otra vez por el enigmático ambiente.
Fox le besa los hombros, el cuello, acaricia su cuerpo con tranquilidad. El faisán lo imita acariciando su pecho y sus costados y los amantes se dejan llevar con la tentación del amor y sus besos.
-Te amo.
-Y yo a ti.
-Amo tus pequeñas cosas. Tu voz, tus gestos, la forma en la que vuelas... Lo amable que eres con la gente y lo mucho que intentas cuidarnos a pesar de todo.
El zorro deja su hocico hacer cosquillas allá por donde pasa entra as plumas de Falco.
-¿Y qué me dices de ti? Lo leal que eres, cuánto te preocupas en secreto de que estemos bien, cómo proteges a los inocentes aunque tu vida corra peligro... Eres perfecto como todo lo que haces.
-No lo soy.
-¿No?
-No... Alguien perfecto no podría aprender nada, y a mi me gustaría aprender más de ti.
Sus cuerpos bañados entre la luz cálida se funden en uno al igual que sus bocas y sus dedos que se entrelazan y sueltan para encontrarse otra vez en otra parte de sus cuerpos.
La calidez del otro se antoja más cálida que los rayos cálidos de Solar que brillan en otro punto de la galaxia sin molestar a los amantes que se dejan querer en los brazos del otro.
